Si estás leyendo esto que sepas que te perdono.
Te perdono por perdonarme todas las falencias que tuve, por todos esos incuestionables atrasos y malas excusas. Soy consciente de mis errores, cada vez más y más. También soy consciente de mi impaciencia que desborda, cada vez más y más. Soy una mecha que se prende y explota. Cuando lo hago, solo yo recibo el fogonazo de las llamas. Solo yo estoy dispuesto a carbonizarme lentamente, con tal de que mi voz no suene dolorosa, ni mis palabras afiladas. A veces se me va la lengua o el río de pensamientos que son como un torrente fluvial moja la calidez con la que siempre me tratas. Apagando tus palabras cálidas para dejarlas rugosas, débiles, apocadas sin alma ni cuerpo, sin destino ni sentido. Fue bastante malo haber dejado una fuga tan grande por tanto tiempo, no encontraba la salida adecuada.
Qué hacer ahora que ya he perdonado tu perdón. Toca resarcirme y obrar por mis actos. Tratar de desmenuzar todas las piezas, lubricar las eficientes, reparar las malas y tirar las huecas. Tal vez deba cambiar la ingeniería interna, o quizás solo necesito un engrase, bah, no importa. La maquinaria es así; suele fallar a menudo. Viene de fabrica. Si alguien lee la etiqueta, sabrá a lo que se abstiene al ponerlo en marcha. Solamente funcionará una vez en la temporada antes de quedar en desuso, necesito cuidarlo; Los repuestos son caros y difíciles de conseguir. Si eso más difícil de encajar.
Y ahora que he perdonado y reparado, me toca lo más complicado. Muchos entenderán cómo funciona: te pasas toda la vida comiéndote la cabeza analizando, para al final irte por la desesperada. Nunca fui bueno en el ajedrez, eso de pensar en estrategias se me dificulta. Pero la movida que siempre me pareció valiente es la del peón. Sabiendo su poco valor se pone en sacrificio para que los alfiles las torres y los caballos aterricen y desplieguen los movimientos remarcables. Todo peón es útil, pero casi siempre habrá en la mesa uno o dos fuera nada más empezar la jugada. Es una pieza limitada, llegará lejos, pero sólo cambiando de forma, nunca siendo ella misma.
Hay que saber sacrificar un peón, hay que saber quitarla del medio. Y con eso quiero decir que hay que olvidar. Reparado lo dañado y llorando en la herida, toca olvidarle. Pero no puedo hacer eso. No puedo llegar a ese tercer punto. Lo siento, pero si hay algún día en que me olvide de escribir, de redactar, ese día habré perdido facultad, y solo tal vez, ese día me habré quitado del medio. Pero jamas antes de perder una cuantas piezas en mi tablero.
Soy una persona defectuosa y limitada, solo puedo avanzar dos casillas por partida.
