No significa que lo esté haciendo todo por ella. Tampoco significa que lo esté haciendo todo por mi. Soy propenso a perder el norte. Perderme en el norte de mi propia mente. Pensando que tal vez sólo fue esa vez, que sólo fue aquella única y finita entrada a mitad de abril. ¿Fuí capaz de verlo? ¿Fuí capaz de ver la entrada de la antesala a todos los escarceos? ¿Los que constantemente se usan para limpiar la evidencia de las cuentas pendientes?. Lo que mitiga mi mente, la que desmejora con cada palabra. La que empeora con cada frase. Con cada renglón plateado cortado en alcohol, de espuma en fondo de acrílico, de un pentagrama de rojo carmín. Escritos por el rabillo y empapado en cerveza, trazado con la intención de erupcionar como el Edna.
Quizá fuí yo, pero... eso es darme demasiado crédito; yo no poseo el derecho a adquirir aquél corazón mellado de sensible belleza. Inconcebible, irrepetible. No. Yo sólo lo he confiscado. Como quién utiliza el don de la palabra para hurtar un colchón o una subasta que va el más galeno. ¡Lo he tenido a espensas para producir un fulgor en mi!. Ese fue mi cometido. Le pregunto a mi consciencia si esa es la verdad y ésta acude a inconsistencias más lejanas que pierden el norte.
Ya no lo sé. Quizá soy poco sensato para saberlo y con carencias de humanidad, para quererlo, hace falta una mitad de la mitad, de los que sienten. De los que son felices. Yo no poseo esa gracia. ¡Quisiera también obtenerlo por rabia! porque tampoco poseo el don para que nazca, un orígen. Una pregunta, por canalla: ¿Donde dan gracias a un don nadie? ¿Donde muere un don dando gracias a san muerte?. Luzbelito el lamento donde yo vaya, donde yo cree la corriente; y la sangre que bombea al torrente, de corazón a corazón 'sintiente'. Operación sin compasión latente.
Corazón delator. Fuera de toda razón. No complejiza su deterioro, sólo lo expone al exterior en forma de ojeriza. Cansado de repetirlo estuvo, un debate mental, abrevia. Mi culpa fue, pero no puedo darme todo el denuevo, la mala hierba, la hortaliza. Cuando pedí mi particular oprobio fue como golpear un gachaponk doki en Tokio. Quería estar con él, no confundirlo con el kiosko. No quería pedirle más *pero lo hice. Lo antepuse porque no quería sentir más miseria. Como un blanco con diez millones de negros, su corazón estaba en las tinieblas. En la cárcel mental de la tortura del preso mi razón elevaba su luna. La exposición etérea del ego suma (desde la ingravidez) diez millones de plumas.
Si pudiese volver el tiempo atrás haría todo de nuevo, exceptuando las partes en las que le digo "te quiero". Mis sentimientos fueron cada vez más severos. Como una cascada de fango embarró todo lo bueno. Mejor dicho, arruinó todo a su paso como una avalancha de fuego. Como un tsunami asfaltando la avenida de los dioses sagrados. Primigenios. Yo he primado el afecto emocional por encima del cansancio. Se cansó rápido. Ahora primaría el cansancio por encima del afecto palaciego. No sentiría el amor, sólo puntilladas pequeñas de lo que pudo haber sido. Lo que yo sentí de él, asedio. No es una pena máxima, después de todo ya sintió el ennui, el sopor.
El abatimiento, la tristeza, la ignominia, la ataraxia. Las pocas ansias de vivir, de sentir más, de querer ir más allá. Todo ese umbral de cosechas invisibles de entes inhospedables, insospechados, inconfesables. Ahora mismo me siento Lovecraft a punto de sembrar la cal de cientos de crías del monstruo, en su nombre. Yigurath. Yog sottoh. Es el traspaso de un versículo hecho a medida. Un tatuaje que contiene la inscripción para abrir la puerta debida al ser vital del olvido: la mente.
Los demás ya lo saben y lo dijeron. Pensaron que había que plantar. Pero no vivo para dejarlo todo en el ruego. Yo vine a ganar. Por eso pienso que me saqué la lotería. Sigo creyendo lo de los diez millones... eso no me lo quita nadie. Ni siquiera él. Y no es por querer decrecer su palabra. Soy secular ateo pero creo en los milagros. En los accidentes consecuencia de la causa. Casufactica, casuistica ¡Es todo dialéctica! Dejás caer una piedra en el pozo ponderante del mundo y saldrá un pez koi con la aleta brillante. ¡Causa y efecto!. La fortuna también es ciencia y la ciencia le sonríe a los que meditan. Como un monje a los que riegan, no como un noble a los que ruegan.
Cuántas veces he rogado a la providencia. Cuántas noches llorando con lágrimas surcadas por mis mejillas hinchadas. Una imagen espeluznante. La telenovela que viví en mi cabeza sigue, como la fuerza más dolorosa de todos los vivos: en emisión. Pero no soy capaz de ponerlo en off, lo intento como una explicación que doy. Me sigue doliendo, pero no me voy.
Me duele con bronca. Que zozobra los decapitados de los bravos y los ciegos; no saben lo que es la desesperación de la espera. ¿Y los jinetes? que envidia cuando les llega la hora del entierro, en segundos les atraviesa lo peor; la muerte. ¿¡y a los cielos!? ¡finiquito!. ¡Yo sigo vigente en tantos conatos que el último halito lo espero impaciente!. Deseo a lucero pero no se apronta, repito; reiterativo: a mi costa no se agolpa. Diciendo "ven conmigo" y él "quiero el gota a gota"; que suelte ya la hoja. Es un duelo infinito.
Mesmerismo. Estoy en la taberna y les digo: voy a nublar mi juicio. Quiero creer que no es una carta de amor, sino de pánico. Un elemento catartico. Lectores que se angustian tanto como ella la última vez que me leyó. Aquella vez me espetó con ansiedad que deseaba paz. Que no quería tratar con más de lo mismo. Me siento mezquino. No por la situación sino por el amor. Ya no tengo energía para tratarlo y ella, más energía para admitirlo. ¿Te vas? cretino... oh ¡Hola! Como estás, siéntate, sigo bebido; como iba: si lo intenta se quema, y no quiere vivir a dos velas. Infiere a quedarse con los pocos que ya la toleran. Más o menos, lo suficiente. No voy a recobrar el anhelo de estar con ella para siempre. Canalizandolo prefiero vivir con la mente metida en desvela. En el ruido blanco mi amigo, chin chin al olvido.
No quisiera perderla y alejarla en desvanes pero no hay solvencia. Sólo soy un receptáculo de mis propios rasguidos, un azulejo en la moqueta. Para ella, reminiscencia de un pasado tormentoso donde todo daba vueltas y no alcanzaba a protegerla. "No tiene sentido seguir así" me dijo, quiere que sea feliz en un reinicio de Adan a Eva y después, desvanescencia. No por mí ni por ella sino por nuestras promesas; ahora roto, solo es un visillo donde vigílo para no sentirme solo. Late, paso de la caja torácica a los recuerdos, ocultando negativos —como el polo— atraso la centella. Sus ojos; trueno-conducto de su mente. La caja de tormentas.
Y no tengo ganas. Pero así como no tengo ganas quiero ser feliz y cuando más tiempo pasa más me doy cuenta de lo futil del deseo. De lo inútil de mi empleo. No voy a conseguir nada avanzando. Pero tampoco tengo ganas de azorar mi cuerpo. No quiero morir desangrado. Por eso quiero que si hablamos —de tét a tét— no me pidas que no lo vuelva a intentar. Porque como un enfermo victimal del té o cé no voy a poder evitar que las cosas vuelvan a su lugar. Voy a arrancarmelo y a quedarmelo. El amor de los que ya no son nada, que sigue latiendo en mí. No tengo ganas de seguir pero tampoco tengo ganas de parar. Quería que por fin fuese mi turno. Por fin fueses mi mundo. Lo dejé al azar y perdí. Pero, como en una canción, no tengo pensado hundirme acá tirado, y no tengo planeado morirme desangrado.
No me pidas que no vuelva a intentar
Que las cosas vuelvan a su lugar.