miércoles, 27 de febrero de 2019

Detrás de cada gigante



Detrás de cada gran artista, gran máquina, gran interprete. Sea un referente en lo que hace y en lo que intenta, en lo que puede llegar a desafiar y establecer, corregir o evolucionar, detrás de cada intento fallido, de cada empuje que consiente una victoria para uno mismo; hay un engranaje de movilidad. Llámese motivación, inspiración, o simplemente ego por venirse arriba. Corresponde a todos nosotros, como individuos, el querer sobresalir, el querer ser la mejor versión de nosotros mismos o, bueno, cumplir nuestros sueños más sinceros. Ser como aquel que te inspiró y marcó camino, sin importar qué, sin importar quién, todos tenemos una razón. Dostoievski tenía unas cuentas que pagar, tanto con su dolor emocional como sus recibos de mes, y su inspiración para escribir venía de su entorno poblado de sendas miserias económicas y la de gente que las padecía día y noche.

Picasso tenía una Musa. Aquella niña que muchos palidecieron al comprender el vínculo que llevaba con el afamado pintor, coronado el asunto de una repulsa y odio por el artista y dejando a la muchacha en los bastidores del caso. Esa motivación prohibida y sacrílega que todos quieren borrar de sus cabezas por emborronar la obra del pintor de málaga. Aquella mujer, en nuestros tiempos, donde el vínculo es reciproco e importan tanto las partes más vistosas como las menos llamativas, se dice, tiene su propia historia. De esta obra de Deconstructeam, se verá la pintura escurrirse y el lienzo quedará impregnado en culpa y una voz que pide a agónica ser escuchada.
No tengo boca y debo gritar.

Gabriel, un hombre con aires de grandeza, escritor, pintor y quién sabe con cuantas disciplinas pasionales dominadas a lo largo de su vida, dice sentirse abrumado por el peso de su propia figura. En la primera conversación del juego le vemos decirle a su mujer, Victorine, que es "su musa", añadiendo que la quiere muchísimo (de forma abrupta) y que sin ella, él probablemente se hubiera suicidado (de nuevo, poniendo a su mujer en una posición incómoda por la carga emocional que esas palabras implican). La pobre solo puede agradecerle y decir que no es para tanto, pero aquí está el asunto, él le dice que su Psicólogo le recomendó ser más comunicativo con ella, demostrando, de nuevo, que en realidad es un insensible incapaz de demostrar cariño por sí solo. Y esta cegera permea en todo lo que dice. Porque incluso si sus palabras fueran "bonitas" en cierto sentido, están vacias. Y como ya sospechamos más adelante, estas mismas oraciones no significarán nada. Porque no tenemos opción, Victorine siendo receptiva a ellas, no tiene opinión. Porque Victorine es solo lo que él quiere ver. Nada más.

A partir de aquí tomamos el control de Victorine y vemos su vida como ama de casa. Ella no tiene aficiones más allá de ver Internet, leer y fumar. Además de esas fugas ocasionales no tiene potestad, solo existe para el hogar: Limpiar, planchar, regar, cocinar y un montón de tareas que no sirven para ningún motivo más allá que cumplir con su marido, con el espacio que le fue brindado, únicamente "haciendo" en lugar de "siendo". Ella sabe que está atorada, sabe que cada vez que abre la boca tiene que morderse la lengua. Y ocultando sus emociones y oprimiendo sus opiniones, cada día, termina explotando.



El juego sabe expresar por medio de las dimensiones, que se ensanchan y se encogen a medida que Victorine se siente engullida por la angustia o liberada por un placebo momentáneo. Pero al igual que la vida real, el tiempo tiene su sitio en esas paredes. Con cada acción ejecutada pasa una cantidad invisible de horas y cuando te quieres dar cuenta ya acabó tu plazo de interacción. Y esto, representa el epítome de la asfixia que busca salir.

Unos días vendrán los padres de Gabriel, una señora desdeñosa y un viejo lerdo e ingenuo que no paran de importunar a Victorielle y ponerla más contra las cuerdas en cada conversación en la mesa.

—¿Por qué no cocinaste algo mejor?, -Querida estás gorda -Las plantas están marchitas, ¿no aplicaste los consejos que te dí en facebook?

Y así hasta colmar nuestra paciencia, con más y más replicas, reduciendo toda la responsabilidad y nuestra angustia a un punto chiquitito que en realidad es una olla a presión.
No importa qué decidas hacer durante el día, siempre terminaran criticándote y Victorine acabará llorando, ocultando su llanto en la habitación más apartada de la casa. No importa cuanto te esfuerces, cuanto tiempo inviertas en hacer, al final, nunca es suficiente.

El circulo se acaba cerrando y nosotros acabamos ahogándonos sin posibilidad de escape. Porque en realidad no existe una salida, la musa debe inspirar, jamás ser inspirada.

Y al final, morir para ser recordada,
detrás de cada gigante, inmóvil, bella, perfecta,

para toda la eternidad.

domingo, 17 de febrero de 2019

Kingdom Heart 3: que no te duerman con cuentos de adas






Kingdom Hearts 3 está roto.

No soy fan de la saga, pero lo que a Nomura le sobra de diseño pomposo, le falta de talento escrito, y de dirección, y de sentido común.

Dije que no soy fan de la saga porque soy ajeno a todo el hype que se montó a través de catorce (14) años que este juego se lleva esperando. Pero después de ver resúmenes y bibliográficas, estar más o menos al día en qué punto se quedaron, cuantos clones tiene Xehanort y qué es la organización trece y sus múltiples facetas, se podría decir que ya venía preparado para el gran desenlace; solo me faltaba portar una llave espada para mimetizarme con Sora y así reírme en la cara de Goofy y Donald.

Y cuando el juego comienza ni con esas entiendes nada. Porque te avientan al inicio del trayecto y este empieza a escupir sangre por el impacto. El titulo no es capaz de mantenerse claro, sobre todo con los villanos y momentos álgidos: entre viajes en el tiempo, entre receptáculos mágicos, sacadas de chisteras y más idas olla no solo pierde seriedad, sino que también un tono esclarecido: todas las vigas de este guión se mueven como si lo poseyera un poltergeist epiléptico. Y no solo hay Plot holes; también hay Deux ex machina, mujeres en refrigeradores y mala manufactura de escenas. Ni siquiera se puede disfrutar como Kojimada peliculera porque todo está tan mal fraguado que la mayoría del tiempo vas a citar aquel momento y aquel personaje que sabes que te metieron en el bolsillo porque si. Ese Roxas que sale de la maldita nada excusando su prescencia a lo niño que no sabe mentir o ese Eraqus que se malmete en el cuerpo de su estudiante y en el clímax se saca la ***** en frente de todos para regalarnos un final feliz. 

Y todos nos la tragamos, porque a Nomura así le gusta.

Hay ciertas similitudes entre este juego y el otrora polémico título de Square que tardó década en salir: Final Fantasy XV. Porque lo hace el mismo tipo, si. Pero también porque hay una sensación de sinestesia y amnesia colectiva. Incluso yo siento atracción por el juego de los fackaboys del descapotable negro. Hay cierta impresión de profundidad en su mundo abierto. Te da la sensación de que es hogareño y que serás bien recibido. Un lugar dónde vas a desconectar, sabiendo que el juego es malo y sabiendo que pudo haber ido a más, te quedas con lo que tiene que ofrecer. Una de mis reseñas favoritas de todos los tiempos es este pedazo de texto recogido en un recopilatorio de los GOTY de Anait en el año 2016. Con mala baba, encapsula el amor-odio que se tiene a este juego:


Sinestesia porque es un cúmulo de expresiones meramente sensoriales erradas: olores, paisajes, sonidos, e incluso recuerdos. Es un juego que tira por tierra su jugabilidad, con un mal manejo de cámara y una dificultad demasiado imparcial, con momentos que te mueves por todo el escenario agitado de tanto reaccionar y otros en los que solo necesitarás la ayuda de un solo botón para ser funcional. Una trama hueca con impulsos mesiásticos convenidos y unos personajes simplones, sexualizados para el eye candy y relajarte. Es como una veinteañera hija de papi, consentida ella, que te cae en gracia, pero no sabes porqué. Todo en ella respira arrogancia, pero es atrayente en su estado más puro. FFXV corre esa suerte con todo lo que contiene, y el apartado sonoro lo refuerza, por supuesto.

Kingdom Hearts III es todo eso, pero con el añadido de avejentado. Sus mecánicas son increíblemente anticuadas y todo lo que intenta ya lo han hecho antes otros, y mejor. Es un producto que si hubiera salido en 2010 tampoco nos habría sorprendido. Lo que lo hace especial, lo que hace a este juego ser querido y tener un 80 en metacritic, no es otra cosa que la magia Disney Channel. Digo, la nostalgia de cuando veíamos Disney Channel. Porque el concepto que quiere capturar es de pasado, y me temo que los crossovers con películas de Pixar solo empeora la percepción. Y con la trama edulcorada ya lo aniquila. Quiere robarte la sensación del primer beso, del primer amor, del nerviosismo en tu primer día en clase, de toda tu agridulzura; pero por más que absorba, se queda vacio. Nomura intenta con todas sus fuerzas escribir un guión emocional y se queda en el fanfiction de un primerizo. Saca trazas de aquí y allá y todo se le quema. La jugabilidad es repetitiva, las mecánicas están rotas, el ritmo es nefasto, los diálogos son monótonos, las escenas están mal ubicadas, los personajes están mal dirigidos y no tienen personalidad... y después está Kairi. Dios santo con Kairi.

El juego te dice que la fuerza más poderosa del universo siempre es el poder del amor y la amistad, pero el tiempo pasa y ya no me siento interesado en creer, hace tiempo que ya no me duermo con cuentos de adas.

No seas Nomura, olvida tu primer fanfiction, fue basura. 

jueves, 7 de febrero de 2019

El Instigador de Marcelo Adrián Lillo. Análisis, Crónica y Ensayo caprichoso.

PROLOGO

En 1997, Cerca del mediodía, en los terrenos de londres, más concretamente en un castillo que se ve oculto ante los ojos de curiosos e indignos según la ley mágica, ocurriría el duelo del siglo: los seguidores del lord oscuro más temido de todos los tiempos, de indudable reputación llamado "Voldemort" y sus seguidores llamados "Mortifagos" penetraron el castillo de Hogwarts de magia y hechicería. Y, comandando una legión de criaturas mitológicas, los mortíferos hombres y mujeres con varitas mágicas tenían un enemigo a batir: un chico de 17 años con gafitas redondas. Este chico, que se llamaba "Harry Potter" junto con sus amigos y profesores más el añadido de los "aurores" (personas que se encargan de la protección mágica) debían aguantar cuanto podían el asalto de los temidos enemigos. La misión (que de simple no tenía nada) era, sin que los aurores y los demás defensores de la luz lo quisieran pronunciar, un suicidio impuesto. Porque ellos sabían que a pesar de poder vencer a unos cuantos lores oscuros y cortar el paso a terribles y mortales criaturas del bosque, cundía el temor por El-que-no-debe-ser-nombrado. Porque a ellos no les correspondía luchar cara a cara con él. Quién si tenía que afrontarlo, quién tenía que destruirlo de su propia varita era aquel muchacho desgarbado que hace 7 años atrás dormía en la alacena de sus tíos. Aquel joven que ahora estaba más decidido que nunca, luciendo imperturbable en toda su aventura. 

La batalla de Hogwarts duró una noche y la mitad de un día. No es cuando hasta que un error del Innombrable Lord deja en evidencia su punto débil que Harry Potter no tiene su duelo final. A diferencia de toda la preparación, a pesar de todas las descripciones volcadas en el último libro a que este sería el final de toda la historia, no es hasta una de las últimas páginas de uno de los últimos capítulos donde vemos ese enfrentamiento de pares. Al final el chico a lo pistolero mind west arremete y sale victorioso, pero aquí nos damos cuenta de lo rudo que fué para la autora querer hacer una batalla sin que el héroe intervenga en absoluto. Como dije, los Aurores tenían que aguantar las embestidas de los deplorables enemigos. A veces, incluso no abandonando su posición, como si fueran los propios muros del castillo que poco a poco van desmoronándose, destruidos ladrillo a ladrillo. La razón de por qué el héroe no fue de bruces desde un comienzo era que, con sus dos amigos tenían en su encargo el destruir metafísicamente a Voldemort. Arrancando los pedazos de alma de las baratijas y reliquias dónde él depositó una parte. El duelo de pares, se da luego de concluido la última tarea. Lord Voldemort  muere y el mundo mágico queda a salvo, con algo de tardanza eso sí.

PARTE I

Pero como las grandes epopeyas que se nombran a pie de página, esta no es la canción que nos toca cantar. La historia del libro que nos reúne no ocurre en 1997 en londres, ni tampoco en tiempo pretérito, ocurre (posiblemente) en un futuro indeterminado entre 2007 y 2010. En una pequeña localidad de Buenos Aires, Argentina. Un Psiquiatra de unos 30 años llamado "Gabriel Delemont", decide que vuelve a el pueblito donde se crió. Porque como toda buena historia de héroes entrado en años, la aventura no puede iniciar desde el hogar, sino que tiene que venir equipado con él. Y cómo una buena persona porteña, no puede dejar de recordar el barrio. Allí está la placita y en otra parte está la biblioteca, en otro la Universidad Pública y cerca de su casa, más cerca de su vereda está la iglesia y al lado, un quiosquito atendido por un viejito simpático. Allí es donde nuestro héroe hace su primera parada relámpago. Dejando un par de billetes en un periódico, mira cómo una mujer de su edad se acerca para hablar con "Don Almicar" el dueño del pequeño negocio. En un rifi rafe de pequeñas viñetas de conversación capciosa nos damos cuenta que la chica se llama "Judith" y que está soltera. Luego después de despedirse del hombre, Gabriel se vuelve a la casa de sus padres, un poco maltratada con los años, pero aún conservando atractivo. Decide pasar ahí la noche, un poco intranquilo, porque en el periódico matutino leyó que hace una semana atrás, al lado de la morada, ocurrió un crimen que involucra un hombre, una mujer y unas pistola; el hombre, asesinó a su mujer para luego terminar con su vida de la forma más miserable posible: pegándose un tiro. ¿La razón de tan determinante acto? unas luces que pusieron al tipo nervioso.

Hay muchas maneras de capturar la atención de un lector nada más empezar una obra. Pero la razón de que un hombre decide quitarse no solo su vida sino también la de su esposa, sosteniendo una pistola agitado y medio adormilado, viendo unas luces, es, cuanto menos muy vago ¿no?.

Y aquí empiezan los problemas con este libro. Porque nada más arrancar la lectura tenemos un misterio que si bien puede parecer prometedor, no deja de ser vago e inconexo. Porque sí; hay un colapso que va ocurriendo día tras día en el barrio. Pero cuando llega la hora de enfrentarse al mal en Mayúscula el autor no es capaz de describirlo de forma satisfactoria. Unas luces, unos ángeles guardianes que son tres viejos que hablan en forma de código y un montón de muertes sin sentido. Dos misioneros extranjeros que se pierden en un bosque y un psiquiatra que extraña a su mujer. Un niño enfermo, una niña psicótica y un montón de pistas en formas de cuadros lleno de simbolismos que terminan siendo evidentes para todos menos para Gabriel. Hay algo que decir a favor del relato y es que sabe cómo mantenerse estático. Sabe cómo narrar el paso de las acciones cotidianas. Sabes qué ocurre y qué va a ocurrir. Los sucesos por lo general son pocos y cada uno está bien puesto, sin romper mucho el ritmo. Pero cuando llega la hora de narrar el "otro mundo" la suspensión se rompe. Porque no sabe cómo hacerlo. Por ejemplo, en un capítulo, Gabriel se queda dormido por un día entero en un parque. Muchos dirán que bueno, con tanto tiempo en el mundo de morfeo seguro tendrá tiempo para describir algunas imagenes impactantes ¿no? ¡no! unos cables pelados y pájaros que se queman: Eso es todo. No hay más. Si el maestro de providence nos enseñó algo con sus escritos lleno de adjetivos y nombres arcaicos y de ultratumba, es que un sueño es el paso a otra vida paralela. Hay veces en las que sus personajes no saben si están despiertos o dormidos. Y hay veces, en las que prefieren destruirse con heroína al riesgo de quedarse sobando, porque saben que van a  sufrir una pesadilla, y eso, lo cambia todo. El paso a lo incomprensible, lo inescrutable, es aterrador para nuestro entendimiento. Además, de que un una hora durmiendo puede significar una temporada entera de sufrimiento. Y quién sabe si de hecho, nunca llegaron a despertar. Todo con una hora de relato. Gabriel se quedó dormido 18 horas, y solo unos pájaros quemados supusieron la sacudida de su cordura. El pobre ni con vodka destilado en una petrolera va a espabilarse.

PARTE II

Sí empecé este texto con un extracto de lo sucedido en Harry Potter no fue por el simple causal de entrometerme con uno de las historias más leídas a lo largo de las dos últimas décadas (que también) Sinó porque ese extracto viene a suponer el enfrentamiento final de una saga tremendamente lenta. Porque si algo se le puede achacar a la obra de Rowling es la perezosa sucesión de eventos. Al igual que "El Instigador" la novela de Rowling se complementa utilizando una narración pausada, comedida. No es hasta el último capítulo donde todo estalla, soltandonos clímax tras final tras desenlace. En "El Instigador" Gabriel vendría a ser un héroe similar al chico con la cicatriz. Solo que en vez de interpelar a la gente a base de comentarios de ira o siquiera unir cabos sueltos que le va soltando el destino en los sueños (como ocurre en la orden del fenix), nuestro gabo decide pasar de todo y quedarse rezagado hasta que el último tonto se va de la estación. Todo a su alrededor se cae a pedazos (muertes, desapariciones, mensajes extraños) pero sin embargo no es hasta el penúltimo capítulo donde decide tomar represalias por su propia cuenta. Y es porque un personaje le da una cachetada de realidad, diciéndole que de una vez interprete las malditas señales. 

Y cuando finalmente actúa, ya se fue todo al demonio. 

Es desconcertante el descubrir que el autor de esta novela suelta un misterio que -supuestamente- significa algo para al final quedarnos con que realmente hay luces asesinas, movidas por un villano que viene a ser un Voldemort de pacotilla. Un viejo cualquiera que podría ser plantado de cualquier forma, puesto que solo aparece en dos páginas y luego se va. El quiosquero que a principios de la novela fue quitado de la forma más torpe que recuerdo, vuelve como si fuera una especie de resultado divino del destino. Dice que el "instigador" tendrá un heredero y que no se preocupe, él se encargará no sé cómo corno de resolver todo el paripé que armó el otro viejo. ¿Y qué opina Gabriel de esto? como dicta el pasaje:

"Gabriel no se sorprendió volver a ver a Don Almicar. Después de lo acontecido en la iglesia,  no se sorprendería aunque un basilisco está paseado por la vereda encima de un centauro" (ahora entienden cierta relación con HP ¿no?).

 Quitando la ridícula metáfora, vamos a pasar a Benito Leyva, nuestro Voldemort particular. ¿Que lo mueve como villano?, francamente no lo sé. Se supone que era un enfermo del hospital psiquiátrico que tenía un hijo universitario que no se quería hacer cargo de su salud. Pero además de eso, se supone que podía obrar milagros. Tenía la capacidad de ver el deseo más oculto de los personajes. Porque como él dijo, nuestros deseos son lo que somos en realidad. Según Pascal "El corazón tiene razones que la propia razón nunca entenderá" y según cuestiones filosóficas nosotros somos egoístas por naturaleza, pero entonces, la idea de este villano es: ¿obrar por los demás sacando lo peor de uno mismo? y de ahí subyugarlos para que le sean de utilidad. Para algo, yo que sé, cumplir deseos de la gente. Porque su razón de ser viene a ser el genio de la lámpara o la piedra de la resurrección de la mentada saga del mago, pero alimentándose del espíritu de un individuo una vez que el deseo es cumplido. Para que al final se vuelvan tarados y se fusilen ellos solos. Porque, tiene razones que no atiende a otras razones más lógicas, supongo. Pero lo mejor no es eso, lo divertido es la forma de que tiene de ocultarse: Según el doctor RIvero, antes de pegarse un fogonazo (para que vean qué tan mal estaba) dijo que el Instigador se puede ocultar en cualquier hueco, en cualquier viga, en una ventana, en el cráter de un volcan, en las cuencas oscuras de un cráneo, en la heladera: ¡En donde sea! Pero resulta que vive debajo de un árbol. Leyva se enorgullece de sí mismo por su buena forma de camuflarse de la gente. Y decide ocultarse en un árbol sin hojas, completamente seco. Pero no parece alguien corpóreo, él murió hace mucho tiempo. ¿Por qué necesita un escondite? para empezar ¿Por qué se dice que hay un escondite? es un ser ambiguo, puede estar a catorce metros bajo tierra como en mitad de una plaza pública llena de gente. Si su escondite señala su fuente de poder, ¿Al final entonces no sirvió para nada? porque Judith y Gabriel se van. Supuestamente dejando a cargo del lio a Don Almicar y un par de viejos. ¿Qué coño es eso?. En cualquier caso, Benito leyva no es un buen villano. Es un desastre, como idea es un despilfarro y se nota muchísimo que está construido a medias.

Todo en esta novela está construido a medias: Marisa, el primer cruce de peatón viviente que advierte al protagonista de que algo no va bien, es, muy tristemente, un personaje desaprovechado. Actúa de forma muy interesante. Sus punzantes palabras harán más de una vez incomodar al lector con acertijos que devienen en sucesos inexplicables. Pero más allá de su figura profética, no deja de ser un personaje extrañamente elaborado. Como si fuera un dibujo algo deforme, que sabes que lo está pero decides seguir con él y acabamos llamándolo diseño abstracto porque ¿cómo osas cuestionar mi arte?. Ella es una suerte de lucero que guía al protagonista hacia las pistas, pero luego, cuando el personaje muere, su figura se difumina. En una parte de la novela se supone que con sus poderes psíquicos poseyó a Judith para darle pistas a Gabriel y luego llevarla hasta la arboleda donde se hallaba Benito Leyva. Pero si ella es psíquica, entonces ¿por qué Judith sigue dando pistas a Gabriel luego de la muerte de Marisa? ¿No se supone que la había poseído para actuar así y que ahora que ha fenecido se debería revertir ese milagro? y espera, al final dicen que ella es la encargada de luchar contra Benito y es la luz misma encarnada, entonces ¿Por qué desoyó a su madre? ¿obra de Benito?, es algo que no termina de estar claro del todo a pesar de que te lo expliquen. Lo mismo pasa con el Doctor Rivero y el Padre Natas, ¿Cómo se supone que Benito iba a controlar a uno para que mate al otro?, con el doc se entiende, por el tema de su esposa que ha muerto, solamente le dió una promesa de resurrección; pero el deseo del padre Natas era tener a Judith, ¿como se las arreglaría Benito para que se uniera a su tropel de descerebrados si Judith seguía con vida? ¿Le convencería con alguna excusa?, no termina de quedarme claro el modus operandi que tiene Benito Leyva sobre otros sujetos. Y la muerte del Doctor Rivero sigue sin convencerme: cuando se convierte en texto expositivo hecho persona en el cementerio entiendo que es para darle un arranque a la historia que había estado girando sin rumbo exacto, pero ¿por qué el tiro? parecía bastante cuerdo al decirle a Gabriel que ponga el auto en marcha. ¿Por qué pegarse un tiro después?. ¿Por qué, ya que se dio cuenta que su mujer seguía muerta, mandarlo todo al carajo y unirse a Gabriel para batallar a Benito hasta morir? yo qué sé, parece un capricho porque sí.

Otra cosa que me molesta son las constantes pistas que, al final, sirven para un carajo. Porque con la única que Gabriel habla sobre ellos es Judith y ella la mitad del tiempo no le cree y la otra mitad no termina de creérselo. Y puedes pensar que Gabriel actuará por su cuenta, pero la cotidianidad le termina devorando y no sé para qué preguntar a ciegas. Judith pinta un cuadro, Gabriel ve las señales, piensa que raro todo, luego se olvida de ello hasta que un personaje muere o desaparece: vuelta a empezar. Así hasta el final. Al menos al principio Gabriel estaba convencido de que las pistas llevaban a un evento, pero la indiferencia de los demás personajes terminan permeando en su actitud y todo regresa como un ciclo sin fin. Solo es una boba excusa para pensar que el protagonista está haciendo algo. Porque es el prota, y tiene que estar involucrado. Aunque sea de la forma más rebuscada y obtusa imaginables. Sobre esto, me quedo con la escena en la iglesia, dónde Gabriel ve, medio pedo, que alguien parece querer darse un balconazo (que se quiere suicidar, jope). Pero decide no involucrarse porque lo atribuye a su nublada imaginación fiestera. Ese momento representa muy bien la nula intervención de Gabriel Delemont, Psiquiatra que llega tarde a sus deberes, poeta ocasional y un embudo de situaciones interesantes. Todo un caso perdido.

(Dramatización innecesaria)

Gabriel está lavando su peugeot con 39 de térmica afuera de su casa

—¿Usted es Gabriel? 
 —Si soy yo, pero no soy religioso, no quiero nada 
—No soy un mormón 
—Sí pero no me interesa lo que venda 
—No vendo nada 
—Ya veo, la ruta que busca está por allá, gracias 
—No vengo a pedir indicaciones -se pone dramático y apunta con el dedo a espaldas de Gabriel- ¡Venía a avisarle que hay una persona quemándose allá!, usted tiene que hacer algo! tiene un balde de agua aquí 
—Sí, pero oh, ¡qué cosas!, es para mi auto, además no es mi problema, adios 
—Pero 
—ADIOS! 

FIN DEL CAPITULO 15

(Esta situación se podría haber producido perfectamente si el autor hubiese sabido enfocar a su protagonista como un cretino. Hubiese funcionado, lo prometo.)


ENDING


Es una pena que todo acabe tan vacío e incomprensible. El relato está bien escrito y se nota que el autor maneja bien la pluma para narrar escenas con personajes interactuando. Pero le falta imaginación. Le falta agallas para ir más allá. Es una persona que parece acostumbrada a escribir sobre un tema diminuto y tirar con lo que tiene sin llenar más el tanque. Según tengo entendido esta fue su primera novela y antes de esta había hecho solo relatos cortos. Se nota. Es una lastima. Sin más, realmente tampoco puedo quejarme, me entretuvo hasta el final. No me aburrí y si bien todo es fachada, la aventura de Gabriel y Judith tiene sus momentos de impacto. Como novela, no llega a aguantar su tipo, pero como relato, gana enteros por su prosa. Simple, pero bien lograda. Lineal, pero no floja. Entretenida sobre todo. Los deseos del corazón solo son eso, deseos. Y no puedo desear que esto sea más de lo que fue. Fue lo que pudo, y así como está, fue una experiencia. Si Gabriel Delemont se hubiera comportado más como un héroe y menos como un poeta, tal vez hubiéramos hablado de otra cosa. Pero, imitando a Harry Potter, decidió esperar hasta el último segundo para quitarse la capa de invisibilidad y batirse contra Voldemort 

solo que esta vez, no hubo un Hogwarts ni un mundo mágico que salvar.