Detrás de cada gran artista, gran máquina, gran interprete. Sea un referente en lo que hace y en lo que intenta, en lo que puede llegar a desafiar y establecer, corregir o evolucionar, detrás de cada intento fallido, de cada empuje que consiente una victoria para uno mismo; hay un engranaje de movilidad. Llámese motivación, inspiración, o simplemente ego por venirse arriba. Corresponde a todos nosotros, como individuos, el querer sobresalir, el querer ser la mejor versión de nosotros mismos o, bueno, cumplir nuestros sueños más sinceros. Ser como aquel que te inspiró y marcó camino, sin importar qué, sin importar quién, todos tenemos una razón. Dostoievski tenía unas cuentas que pagar, tanto con su dolor emocional como sus recibos de mes, y su inspiración para escribir venía de su entorno poblado de sendas miserias económicas y la de gente que las padecía día y noche.
Picasso tenía una Musa. Aquella niña que muchos palidecieron al comprender el vínculo que llevaba con el afamado pintor, coronado el asunto de una repulsa y odio por el artista y dejando a la muchacha en los bastidores del caso. Esa motivación prohibida y sacrílega que todos quieren borrar de sus cabezas por emborronar la obra del pintor de málaga. Aquella mujer, en nuestros tiempos, donde el vínculo es reciproco e importan tanto las partes más vistosas como las menos llamativas, se dice, tiene su propia historia. De esta obra de Deconstructeam, se verá la pintura escurrirse y el lienzo quedará impregnado en culpa y una voz que pide a agónica ser escuchada.
No tengo boca y debo gritar.
Gabriel, un hombre con aires de grandeza, escritor, pintor y quién sabe con cuantas disciplinas pasionales dominadas a lo largo de su vida, dice sentirse abrumado por el peso de su propia figura. En la primera conversación del juego le vemos decirle a su mujer, Victorine, que es "su musa", añadiendo que la quiere muchísimo (de forma abrupta) y que sin ella, él probablemente se hubiera suicidado (de nuevo, poniendo a su mujer en una posición incómoda por la carga emocional que esas palabras implican). La pobre solo puede agradecerle y decir que no es para tanto, pero aquí está el asunto, él le dice que su Psicólogo le recomendó ser más comunicativo con ella, demostrando, de nuevo, que en realidad es un insensible incapaz de demostrar cariño por sí solo. Y esta cegera permea en todo lo que dice. Porque incluso si sus palabras fueran "bonitas" en cierto sentido, están vacias. Y como ya sospechamos más adelante, estas mismas oraciones no significarán nada. Porque no tenemos opción, Victorine siendo receptiva a ellas, no tiene opinión. Porque Victorine es solo lo que él quiere ver. Nada más.
A partir de aquí tomamos el control de Victorine y vemos su vida como ama de casa. Ella no tiene aficiones más allá de ver Internet, leer y fumar. Además de esas fugas ocasionales no tiene potestad, solo existe para el hogar: Limpiar, planchar, regar, cocinar y un montón de tareas que no sirven para ningún motivo más allá que cumplir con su marido, con el espacio que le fue brindado, únicamente "haciendo" en lugar de "siendo". Ella sabe que está atorada, sabe que cada vez que abre la boca tiene que morderse la lengua. Y ocultando sus emociones y oprimiendo sus opiniones, cada día, termina explotando.
El juego sabe expresar por medio de las dimensiones, que se ensanchan y se encogen a medida que Victorine se siente engullida por la angustia o liberada por un placebo momentáneo. Pero al igual que la vida real, el tiempo tiene su sitio en esas paredes. Con cada acción ejecutada pasa una cantidad invisible de horas y cuando te quieres dar cuenta ya acabó tu plazo de interacción. Y esto, representa el epítome de la asfixia que busca salir.
Unos días vendrán los padres de Gabriel, una señora desdeñosa y un viejo lerdo e ingenuo que no paran de importunar a Victorielle y ponerla más contra las cuerdas en cada conversación en la mesa.
—¿Por qué no cocinaste algo mejor?, -Querida estás gorda -Las plantas están marchitas, ¿no aplicaste los consejos que te dí en facebook?
Y así hasta colmar nuestra paciencia, con más y más replicas, reduciendo toda la responsabilidad y nuestra angustia a un punto chiquitito que en realidad es una olla a presión.
No importa qué decidas hacer durante el día, siempre terminaran criticándote y Victorine acabará llorando, ocultando su llanto en la habitación más apartada de la casa. No importa cuanto te esfuerces, cuanto tiempo inviertas en hacer, al final, nunca es suficiente.
El circulo se acaba cerrando y nosotros acabamos ahogándonos sin posibilidad de escape. Porque en realidad no existe una salida, la musa debe inspirar, jamás ser inspirada.
Y al final, morir para ser recordada,
detrás de cada gigante, inmóvil, bella, perfecta,
para toda la eternidad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario