
Digamos que si, que fallé.
Fallé en ser un buen tipo: En presentarme como es debido, en tratarme como es debido. Lo hice todo mal. Tal vez debía prestar atención a las señales, o las pautas que estableciste. No lo sé. Pero si hay un pensamiento que gobierna mi mente en estas frías noches de primavera, donde no tengo cuartel y todo lo que existe viene de una tablilla, un presunto lápiz y un papel de hoja, es la idea de, lo que fue, lo que es -si ha de ser- será grabado y reproducido.
Igual no es la palabra adecuada. De “Grabar” hoy estimamos un reproductor más que un trazo, parece que la connotación de grabar viene atada a un medio audiovisual. “Grabar vídeo” “Reproducir audio” no es a lo que me refiero. “Grabado”, de tallar, de dejar una pincelada, una huella. Un marco y un dibujo. Un retrato, un recuerdo.
Vamos dejando grabados un recuerdo o vivimos uno, dos o unos cuantos. Quizá hacemos varios al mismo tiempo. Podemos ser felices, ignorando estas palabras o podemos tomar la píldora roja y bajar una lineas mas para aceptar este hecho:
Lastimamos todos los días. Si, dañamos a diario. A un joven, a un anciano, un individuo, quién sea. Sabremos identificarlos como familiares, amigos, parejas, gente con la que tenemos un vínculo, porque lo queramos o no. Quizá nunca lo quisimos, pero así fue, así es.
Seguro lastimaste a alguien hace poco, quizá estés hiriendo a alguien ahora mismo.
Ya habrás oído la frase de que “sentimos lo que el otro”, quizá eso es lo que nos dicen para acallar las voces internas. Si es verdad, no lo sé. Pensamos que tenemos el control, pensamos que podemos conseguir un acuerdo o un trato “optimo” o estable. porque fuimos instruidos para mercenarios, no para juglares. Nosotros salimos a machacar, no a padecer la paliza.
Somos viles engendros, monstruos consumidos ya ni por la codicia o la ambición, sino por la sensación de estar cómodos. Pasaremos quince días como reyes y no soportaremos una sola puesta como plebeyos porque jamás fuimos realmente nobles. No permitimos que lo seamos, nunca. Porque aquí se viene a ser el centro de la vía láctea, del universo o de una fría noche de primavera, donde solo se tiene una tablilla, un lápiz y una hoja blanca, escribiendo la frase que sigue y la siguiente y la siguiente…
He fallado como persona. Ya me dí suficientes palizas, no aguanto otra más. Ojalá pudiera refugiarme, pero no tengo cómo. Ojalá alguien pueda leer este grabado, aunque no sepa dónde dejarlo. No hay nadie alrededor, únicamente puedo mirar al cielo y solo veo un enorme vacío.
En una noche así, nadie se va a compadecer de mi y mi única amiga solamente es la nocturnidad de mis palabras, pero ni la luz que me brindan de arriba es segura para escribir. Las estrellas están lejos, juzgando el paso del tiempo con indiferencia y la luna es una daga manchada de alquitrán.
El universo está en un recuerdo que aún se obstina en reproducir.