Capitulo I
Si volvieran los antiguos y se plantáran en la esquina comerían asado con los pibes. Mejor dicho, si volvieran los antiguos pasarían el tiempo discutiendo con la juventud sobre la salida del nuevo Grand The Auto.
«El GTA VI va a ser una locura» dijo alguien, pongamos un chico, adulto joven, con cierta chispa para decir boludeces.
«Va a salir cuando aprendas a dividir, osea, nunca» respondió una chica joven, riendo. La chica tenía el pelo corto oscuro, unos anteojos rosa, jeans desgastados y una campera blanca con dibujos florales monocromaticos.
«Si no tenés fe, quién lo va a tener» respondió de vuelta el chico, mientras seguía caminando.
«Si yo no tengo fe, es porque tengo los pies en la tierra, no puedo pensar en cosas que aún no puedo ver, es peligroso» volvió a retrucar, mientras miraba un semáforo para cruzar la calle. «Además, el cinco fue malo».
«Fue masomenos, no estuvo mal del todo» le siguió por atrás el chico. Los dos caminaban a un ritmo descompensado, ninguno estaba realmente en la cuadra, sino en otro lugar: una ruta mental. Pero sus piernas no hacían caso a su cabeza y siguieron caminando hasta llegar a una parada. La chica miró el celular para saber la hora.
«Bueno» dijo, «Me despido. Fue un gusto» El chico la miró y le sonrió, le dio un beso en el cachete, se subió a la linea y se marchó, dejando a la chica en la calle.
«Estuvo bien, creo» volvió a mirar la hora, después respondió algunos mensaje e hizo su camino de regreso. En el trayecto apagó el celular y lo dejo en el bolsillo. Bostezó. Se fijó en la linea de departamentos hasta bajar la vista y ver a los quioscos. «Deberia comprar algún mentolado» dijo después de volver a bostezar y notar cierto regusto ceniciento. Pero, inmediatamente, sus ojos se posaron en un lugar aparte que llamó su atención.
Entre un edificio y otro había una extraña reja negra. Parpadeó un par de veces para notar bien si lo que estaba viendo era correcto: desde el exterior se podía marcar todos los escondrijos desde una buena distancia con la vista, pero detrás de esos barrotes parecía oscurecerse, como un sitio mal iluminado por el sol. Se extrañó de esa condición; la gente al pasar no parecía darle importancia. La chica se acercó al quiosco para comprar los caramelos, después se giró para observar aquella enigmática reja.
«Que extraño». La reja era pequeña, no le llegaba a la altura del pecho, intento ver si detrás había algo interesante, y se sorprendió.
Detrás de la reja había un pasillo, muy parecido al de los callejones de Constitución, pero al final se erigía un edificio pequeño, tenía una extraña puerta con vidriera y la persiana baja. No parecía el típico quiosco con las lucesitas, sino el frontón de una vivienda.
«¿Será la casa de alguien?» Se acercó de nuevo al quiosco y le preguntó al vendedor de acerca de ella (o si la había visto siquiera, nunca se sabe).
«Es de un tipo, antes vendía cosas ahí, relicarios, remaches»
«Ah» dijo la chica, después de pensarlo un poco, «¿Es una mueblería entonces?» preguntó con aire interesado, más por la extrañeza de la ubicación que por el comercio en sí.
«Si, es un negocio que vende muebles» El hombre se quedó con aire pensativo, parecía no verla de frente, sino mirando a través, como si estuviese rememorando algo sustancioso.
«¿Y por qué está tan lejos de la cuadra? no va a vender nada si nadie se acerca» Sentenció. En su pecho se formó la necesidad de que su duda sea resuelta, «¿No?».
El hombre sonrió y se alejó unos pasos, su voz se escuchó por detrás de un estante lleno de chicles sugus de sabor frutal «Tenés razón, no se puede ver a simple vista», regresó con una cajita pequeña, muy sucia. «Pero eso no quiere decir que no vaya a vender nada, o que nadie se acerque».
El tipo abrió la cajita y sacó una pequeña llave metálica. La chica al principio no le dio importancia, pero se percató al instante de lo diminuto, más que para abrir una cerradura parecía para un candado de motocicleta.
«Esto se lo debo» dijo el hombre, agarrando la extraña llave. «Si no te importa «podes entregárselo?, Yo ahora estoy atendiendo, no puedo salir hasta cerrar».
«Y por qué no hacemos a la inversa» Dijo la chica, riendo, poco convencida de todo. «Por qué usted no sale, le entrega la llave y yo me quedo cuidando el quiosco?».
El hombre sonrió de nuevo, su sonrisa era más una mueca que una auténtica señal de agrado, «Digamos que con el hombre tuve una disputa hace algún tiempo, no puedo regresarle lo que es suyo».
«¿Por qué confía en mí para hacerlo?» La chica cada vez se mostraba más escéptica.
«Porque sos la única que puede hacerlo» dijo el hombre. Esta respuesta dejó a la chica más perpleja aún.
«¿Ah?» dijo la chica «¿En serio esa es su respuesta?».
«¿Necesitas más justificación acaso?» El hombre seguía calmado «Es un recado simple, de regreso si quieres te puedo dar lo que quieras del quiosco».
«Tampoco me entusiasma eso, señor, creo que me confundió con un nenito fantasioso o algo así».
En el fondo tenía curiosidad, no tanto por saber que se escondía detrás de ese recado (podría ser cualquier cosa) pero de verdad pensaba que sería una estupidez y queria saber qué tan a fondo podía llegar con esa fachada.
«Señor, ya en serio, no creo que sea adecuado que me ande pidiendo un recado, además, tengo cosas que hacer y no tengo tiempo».
«Está bien, no te obligo a hacerlo» el viejo guardó la llave en la caja y saludó con la mano.
La chica se alejó del quiosco y se quedó plantada. Prendió el celular y se fijó en el tiempo. «Todavia me faltan tres horas para volver» se lamentó, «Por qué carajo llegué tan temprano», lo apagó de nuevo y se puso a mascar chicle. Después de un rato se giró y volvió a ver la reja.
No parecía algo difícil, si era un comercio solamente tenía que entrar y darle la llave. Además el señor le retribuirá; si pedía dinero podía ser una buena jugada. «No. ¿Qué estás pensando? Podría ser una trampa, entro y me degollan o que se yo, además ya estoy perdida, tres horas sin nada que hacer...» Miró la reja y suspiró, «La pura verdad, no me importa la recompensa, solo quiero saber qué carajo es eso». Volvió a mirar el celular, la parada más cercana estaba a un par de cuadras.
«¿Perdón me pueden acompañar?» Le dijo a una pareja de jóvenes que cruzaba la calle. «Sé que es un montón, pero quería que alguien me acompañase al final del pasillo ese de la reja aquella, el quiosquero de la esquina prometió darme un montón de alfajores, cajas de birra; todo gratis, si no me creen vamos a hablar con él».
Los jóvenes rieron, por su buen habla y su aspecto lindo y agradable confiaron que no estaban frente a una punga, así que la siguieron. El viejo la miró con cara de pocos amigos, pero ella estaba decidida. O entraba con ellos o no entraba. El tipo cedió y le entregó la llave.
«La reja siempre está abierta» dijo y la chica le sonrió.
Con un suspiro prolongado giró el picaporte y entró.
Capitulo II
El camino se sintió más largo de lo que parecía. Se giró para ver si la pareja le seguía y lo hacian (a lo mejor se iban por el miedo). Ambos levantaron el pulgar en señal amistosa. «Espero que el viejo cumpla, anda a saber como les voy a pagar a estos sino».
Llegaron hasta la fachada del lugar. Se fijó por el hueco de la ventana. Dentro había una luz tenue, semi-apagada; no vio nada mas.
«Vamos a entrar» anuncio a quien sea. Al mover la puerta esperaba que sonase el tañido de una campanita de tienda, pero no escuchó nada.
La chica se acercó a un mostrador que había cerca de la entrada (de resto todo parecía difuso) y apretó un timbre que había en la mesa. Sintió un escalofrío recorriendo la espina al escuchar el tintineo. La pareja se quedó más atrás, pegados a la puerta. La chica les instó a acercarse más contra la luz en caso de emergencia, cuando volteó su cabeza un sujeto apareció detrás de la repisa.
«Hola ¿Qué se les ofrece?» dijo, con un tono neutro. Su voz era profunda y constante, como el que produce la madera de roble al derrumbarse. La chica tragó saliva.
«Le traje esta llave, es del quiosquero de la esquina; me dijo que lo entregase a usted. Señor...?»
El hombre sonrió y sacó una pipa antigua de los pliegues de su camisa. Después encendió una cerilla y quemó el contenido (La chica intuyó que se trataba de tabaco, cosa que confirmó después de sentir la fragancia amarga).
«Señor Coleman, Victor Coleman» dijo con la pipa en los labios «Y ustedes son...?»
«Yo me llamo Roni, ellos no lo sé».
«Un gusto Roni y señoritos “no lo sé”, oh, pero qué modales son los míos, ¿Quieren acercarse a los sillones? Allí hay más luz»
La pareja de atrás negó con la cabeza, diciendo que solo venían para acompañar a la chica, pero ya se iban. La chica se quedó en la puerta hablando con ellos un poco. «Díganle que la llave ya fue entregada y reclamen la recompensa, yo me quedo acá un poco más» los jóvenes no parecían muy confiados del sujeto (precisamente por eso la urgencia de irse) pero tampoco podían quedarse más tiempo debido a que tenían prisa. Se despidieron y se fueron.
«¿No te vas con ellos?» mencionó Coleman, con un hilo de voz.
«Si le soy sincera, quiero saber de qué se trata todo esto, si es una trampa al menos sabré que ese quiosquero se quedará con la mitad de la despensa vacía» Dijo suspirando.
«¿Trampa? No te preocupes, no es nada de eso. Al menos no lo que piensas. Ven acompáñame».
Roni le siguió hasta el fondo de la sala. El interior parecía una suerte de biblioteca, de lo inmenso del techo y lo angosto de los pasillos. Los estantes estaban colmados de libros y un montón de reliquias que no alcanzó a entender. Después de un rato vislumbrando, llegó hacía unos cuantos sillones de gamuza de cuero negro repartidos en un corro. Parecía los sillones que usan los ricos en las películas.
«Sientate» dijo, Roni se sentó.
El hombre se apoltrono en la mas cercana de ella. Tenía una reliquia esférica entre sus manos, la chica apenas se había percatado de ello.
«¿Este lugar es una mueblería? Perdón que lo diga pero es bastante rara, parece una biblioteca». Se percató de la mirada cómplice del hombre, al parecer entendía su duda.
«Se que es excepcional, pero hace mucho tiempo esta zona era un pasillo comercial como cualquier otro, por cambios de estructura la casa quedó apartada del resto de la calle. Como ya sabrás, cuando el agua de una corriente se queda estancada, no se renueva, y por tanto se muere: lo mismo pasa con cualquier tipo de circulación; agua, sangre, privada o pública, comercial...».
«¿Hace cuánto está aquí?» volvió a preguntar, con un deje de fastidio. No dejó de mirar el extraño objeto (sabía que tarde o temprano tendria que entrar en la conversación).
«Unos cuántos años... Décadas, siglos». Soltó una calada de su pipa la cual llenó la sala de humo gris espeso, parecía neblina.
«Me está tomando el pelo». Dijo la chica. «Mire que no soy tan ingenua como piensa, no puede engañarme».
«No lo hago. Soy los que llaman un tipo... anticuado» dijo con suficiencia.
El tono calmado del sujeto comenzó a fastidiar a la chica, sentía que la conversación estaba yendo muy lento para lo que deseaba. A leguas se notaba que el hombre era un arrogante.
«Mire, honestamente no me interesa lo que usted sea, incluso aunque sea un asesino en serie, no me importa».
«¿Ah no?». Soltó otra calada. Lo que más le irritaba a la chica es que su tono de voz (neutro) no cambiaba. Ese tabaco debía tener algo más fuerte metido, aunque no podía asegurarlo.
Para ahondar más en la situación, aún no se describió el uniforme del sujeto. Llevaba una levita negra con un pantalón de corte antigüo, muy extravagante para un comerciante y muy elegante para un "mueblista" moderno. Es gracioso pensar que cuando habla de ser anticuado (¡por siglos!) se reafirma con su look.
El tipo dejó la pipa en la mesa y tomó el objeto. Metió la llave diminuta en un hueco y lo dio vuelta.
«¿Que es eso? ¿Es donde va la...?». Dijo, demasiado tarde.
La esfera se abrió.
«Exacto, es un pequeño cofre». Puso la esfera encima de la mesa (El sonido de algo pesado golpeando contra la madera sonó como un estruendo [Esa cosa no era liviana]).
«Dentro hay tres artefactos que seguro conoces bien». Dijo.
Le echó un ojo. Por dentro había tres estuches del tamaño de una vara, muy parecidos al del quiosquero, solo que estos tenían lazos de distintos colores envolviendo las cajitas; parecían mas ostentosos.
«Si quieres te dejo abrir el primero» dijo el hombre.
«Con su permiso». Quitó el lazo y abrió el estuche. Dentro había una llave de color marrón rojizo que, por su textura y sonido, parecía de algún tipo de corteza de sauce.
«¿Es una llave de madera? ¿Qué abre esto?, ¿La casa de los pitufos?» dijo con ironía, era obvio que la conversación aún le incomodaba.
El hombre, ignorando la pregunta, apartó el lazo de los otros dos estuches y sacó las otras llaves.
«Esta es la llave de bronce» Dijo alzando una pieza de color oscuro bordó «Ésta otra de plata» dijo alzando otra grisazulado. «Las tres abren las puertas que ves al fondo».
La chica se ajustó los anteojos, en la distancia notó una hilera de puertas. Las tres estaban separadas por varias pulgadas, (cosa extraña), pero además se percató de que no tenían goznes, o no parecía tenerlos a simple vista. Parecían puertas de muestra, muy apropiados para un bloque de departamentos, poco para una tienda. La chica sintió vértigo, como si estuviese en la altura. El hombre volvió a hablar.
«Este lugar servía como sala de operaciones, los demás sillones pertenecían al resto de nuestro club».
«¿Club?».
«Aqui estaba la gente de la antigüedad, ya sabes, la edad donde todo se formó, como sociedad; yo estuve aquí con ellos cuando la sociedad nació y estuve cuando se disolvió. He presenciado cientos de reuniones en varias décadas, incluso participé en algunas de las decisiones, sin aspavientos: fui una pieza clave para encauzar el cometido de nuestro convenio».
Roni sintió gran impresión, el sujeto no estaba hablando de una reunión de cuatro amigos para echarse unas cartas mientras esperaban el tren: aquí pasaba algo importante. De por sí las puertas en la pared eran un indicio inequivoco de que algo extraño sucedía. Las mismas no eran "naturales", había ciertas grietas a su alrededor que daban una sensación liminal. Como si hubiesen sido puestas, no colocadas, sino puestas; a la fuerza. Quiso echarle un vistazo más detallado pero el humo del tabaco no la dejaba ver bien.
«¿Qué son ustedes? ¿El quiosquero formó parte? ¿Que sabe él de este asunto?»
«El quiosquero no formaba parte, a él lo conocí mucho después cuando todos se fueron. Lo único que sé de él es que tenía la llave maestra (la que me entregaste), pero por lo demás, es solo una persona que se topó con un cacho y decidió arrebatarla hace mucho tiempo. Con respecto a que somos... nosotros somos exploradores. Nos encargamos de viajar por debajo de la tierra buscando reliquias valiosas, todo lo que encontramos lo dejamos por acá y lo que nos parecía más adecuado lo vendiamos; así subsistió nuestra empresa». Volvió a dar una calada profunda y exhaló una nube gris, que por un momento congestionó parte del aire. «¿Quieres saber de las llaves?».
«Si insistes...» se animó, sabía que tarde o temprano llegarían ese punto. Aún tenía la de madera entre las manos, frotandola como un tesoro.
«Las encontramos en un viaje a Shangai. Se las conoce como las tres siamesas, no son instrumentos comunes. Las llaves abren puertas que van a otra parte, a otro lugar distinto. Fíjate bien: las puertas son diferentes».
Ahora que lo mencionaba las tres puertas estaban hechas de materiales distintos.
«Eso es porque las tres llevan a tres zonas distintas. Y no te confundas; no hablo de que una conduce al sótano y la otra la azotea, eso es particularmente el mismo espacio, dividido en zonas, hablo de lugares muy profundos y muy lejanos, como el Pacífico».
Roni se quedó pensando, "¿Esto es en serio? Miró la pared con las grietas, había crecido alguna maleza que trepaba hasta la columna del techo. El sujeto despidió otra bocanada que colmó el ambiente. Volvió a sentir vertigo: era como estar dentro de una planta con enredaderas y maleza que acababan en un gran árbol sagrado, teñido con el humo, polvoroso, asfixiante, de una iniciación pagana; un incendio anunciado que lo envolvía todo. Le vino a la mente la imagen de un ventriculo arterial de un ser vivo: allí delante estaban las aperturas al resto del cuerpo, detrás el agente externo que debe ser expulsado (ellos) antes de que ocurra el colapso. Miró al hombre sonriente. "Definitivamente tiene algo de porro". Se frotó la cara y suspiró.
El extraño sujeto se levantó y tomó las tres llaves y se acercó a la pared, la chica hizo lo mismo. Después de estar cerca de ellas el tipo alzó la de color oscuro bordo.
«Haces los honores».
Le tendió la llave. La chica lo tomó y se acercó a una de las puertas. Se dio cuenta que tenía un símbolo: "★".
«Oiga si lo abro, ¿no saldrá nada raro de ahí verdad? ¿No hay gas butano esparcido detrás de esa puerta?».
El hombre llamaba al silencio. fumaba con aire ausente. La neblina alrededor hacía parecer que no estaba ahí del todo. Como un espectro.
La chica suspiró y puso la llave en la cerradura. Embonó. Después de girarla escuchó un click del lado del cierre. Tomó el pomo y la empujó.
La puerta se abrió.
Detrás de ella había un pasillo de ladrillos viejos y escalinatas que daban un descenso rampante, de un metro y medio (no mucho más) y al fondo se encontraba otra puerta. La chica volvió a mirar atrás. El hombre seguía ahí, con aire tranquilo.
«¿Quiere que vaya hasta ahí?».
«No te estoy obligando a que vayas, pero seguro tienes curiosidad».
«¿Me juraría por su vida que no hay nada malo?».
El hombre sonrió.
«Lo juro».
«¿También me jura por su vida que no me va a dejar encerrada ahí dentro?».
«Lo juro» repitió, con la misma cadencia.
"Que poco confiable es, incluso cuando jura. Pero bueno, si me encuentro una araña gigante o pequeña ya es motivo suficiente para mandar todo al diablo, así que se regaló. Si hay algún karma este es el momento en que debería trabajar para mí" pensó, para darse aliento.
Empezó a descender hasta llegar a la puerta. Sus pasos daban un eco inusual. Más propio de un espacio más amplio. Llegó hasta el fondo y tocó con educación.
Capitulo III
Tras la puerta se escuchó unos pasos cortos y alguien diciendo a escondidas algo frenético a los gritos.
La puerta se abrió y una chica apareció del otro lado.
«Hola» dijo la muchacha con ojos muy abiertos. Tenía rasgos nipones.
«Hola» dijo Roni de regreso.
La muchacha se apartó para que pase.
Roni se percató del lugar donde estaban: había una mesa llena de paquetes de comida rápida, un par de platos sin lavar y una ventana. Afuera estaba nublado.
«¿Sigo en Buenos Aires?».
«¿Buenos Aires? ¿Donde es eso?».
«¿Qué?».
Un joven se acercó a ver lo que pasaba. Llevaba pantalones cortos y no parecía bien aseado. También tenía rasgos asiáticos.
«¿Quién eres?».
«Lo mismo pregunto, ¿Quienes son ustedes dos?».
La chica volvió a mirar tras la puerta (a pesar de haber unos escalones allí, no pareció fijatse en ellos) y antes de cerrar la puerta arrancó detrás de ella una hoja de papel y cerró nuevamente.
«Me llamo Kazuo» dijo el chico y señalando a la niña «ella es Youko». La chica hizo una pequeña reverencia.
«Esto es... Ustedes son...» Verónica empezó a sentirse acelerada, nada de esto podía ser lo que pensaba, pero entonces ¿Que podía ser?.
Se acercó violenta para mirar por la ventana. Descorriendo las cortinas para que entrara más luz; estaban a cierta altura y había un pequeño pasillo que daba con otras entradas a los lados. Era una zona departamental. Por debajo de eso veía a la gente pasar y los autos que eran más pequeños.
No había duda: Estaba en Japón.
El joven le tocó los hombros, cosa que la hizo sobresaltarse y empujarle por reflejo.
«¡No te me acerques!».
El joven pusos sus manos en alto. Parecía terriblemente angustiado.
«Tranquila, no vamos a hacerte daño, soy el dueño del piso, no soy un ladrón».
Roni sopeso sus palabras. «¿Eso que tiene que ver?».
La chica llamada Youko habló, para sorpresa de Roni tenía una voz calmada y hablaba con mucha coherencia.
«Lo que te intenta decir es que no deberías sentirte mal si hace contacto, ya que el dueño del piso tiene permitido hacer contacto visual o corporal con la intención de ponerte en sobreaviso».
«¿Sobreaviso?».
«Si. No hagas mucho ruido porque... La policía me busca».
«... ¿Qué?»
Se alejó unos pasos y miró otra vez la casa: era un completo desastre.
«No estoy entendiendo nada de lo que está pasando aquí».
«Yo tampoco y ¡no por eso estoy gritando! [lo dijo gritando] ¿puedes bajar la voz?».
«NO».
«Shhh está bien, grita! ¿pero puedes por favor calmarte?, estamos intentando entender la situación y no está siendo fácil».
La chica se sacó los anteojos y se froto las sienes. «Esta bien, me voy a calmar». Dio un largo suspiro.
«¿Quieres sentarte?».
La chica asintió.
Al rato los tres se quedaron sentados en silencio. La pequeña mesa de madera estaba llena de bolsas de comida enviada por delivery y podía jurar que vio pasar una cucaracha en el aseo. Si ellos decían haberse chocado con un piso de deshauciados les creería.
«¿Eres occidental?» Preguntó Kazuo.
«Si. La puerta de atrás me llevó a este lugar, no sé cómo, vengo de una casa de un tal Coleman, ¿les suena?». Los jóvenes negaron con la cabeza.
«Detras de esa puerta no hay nada, pero encontré esta nota. Dice: Busca la estrella». dijo Youko, le pasó la nota a Roni.
«Esperen, ¿Ustedes no ven la escalera?». De nuevo negaron.
«Pasamos cosas raras con fantasmas, pero escaleras fantasmales no tuvimos». Dijo Kazuo.
Después de leer la nota se fijó en la firma, podía ver "Coleman" escrito de forma muy estrepitosa. «No estoy entendiendo nada, primero un señor con una pipa de juguete fumando como un condenado y ahora unas puertas que llevan a otro país, me rindo». Tiró las llaves en la mesa y ocultó su rostro. «¿Que estrella?».
«Perdona, ¿me dejas ver... las llaves?» Dijo Youko, apremiante.
Roni le pasó el set. La muchachita las Inspeccionó una a una.
«Que extraño, estos modelos no se fabrican. No son llaves convencionales».
«Ya me di cuenta, ¿Sabes mucho de llaves?».
«Sé más de monedas que de llaves, pero definitivamente son raras». Las volvió a dejar en la mesa. «Sobretodo esos símbolos».
Roni le señaló llave con el símbolo de la estrella.
«La llave que me trajo aquí tiene este símbolo, ¿les suena de algo?»
Los dos la miraron y negaron con la cabeza. Kazuo miró otra vez la nota.
«Busca la estrella, imagino que se referirá a la estrella de la llave, pero ¿Existe?, Sea lo que sea debe ser algo arcano, parece la estrella del sur, o de Belén, o puede ser Sirio, la estrella de los luceros... la estrella de la mañana, la del demonio... podríamos tardar años en inspeccionar todos los lugares que tiene tallado una estrella como esta, es imposible».
Roni se percató de algo, entre las bolsas había un símbolo que reconoció al instante.
«¿No es eso?».
«¿Ah?». Dijeron al unisono los dos.
En la bolsa de papel estaba el dibujo de una estrella.
«¿Entonces el símbolo de la estrella del demonio es del Mcdonalds?». Dijo Kazuo, ligeramente sorprendido.
«A estas alturas... Creo que ya estoy curada de espantos». Añadió Roni.
«Debemos ir ahí, si le mostramos la llave quizá nos digan algo» terminó Youko «Hay una sucursal de Mcdonalds cerca».
«Yo no dejo la casa ni loco».
«Kazuo... Debemos ir».
«¡Me persigue la poli! Sabes lo estúpido que fue mi amigo, no puedo arriesgar mi vida así, la libertad es un privilegio para mí».
«A todo esto» añadio Verónica, un poco asqueada por la actitud de Kazuo, «¿Que hiciste para que te sigan?».
«Estuve en el lugar equivocado en el momento equivocado, dejémoslo ahí».
Si robar un helado era un delito, comprendía que Kazuo quiso pasarse de listo un día. Parecía la típica persona que expandía los problemas mundanos hasta el hartazgo.
«Como sea, yo necesito volver a mi país, tengo gente ahí, así que vamos al Mcdonalds».
«Esta bien, espera que me abrigo» dijo Kazuo saliendo por la parte de atrás donde había una cama. No había separación entre el comedor, la cocina y la pieza, era un monoambiente relativamente espacioso. Como un galpón mediano, así que se veía todo. Las chicas vieron como Kazuo se desvestía hasta la ropa interior y se ponía ropa nueva.
«Es un hikkikomori, ¿no?» dijo Verónica por lo bajo, «¿Cómo acabaste con él? ¿Es tu hermano?».
«Es complicado» dijo Youko, « y lo creas o no, tiene novia».
«¡Imposible!».
«Te lo juro».
Roni la miró largo rato.
«¡No soy yo!». Hizo un puchero.
«No dije nada, solo que los japoneses tienen una costumbre rara con preadolescentes».
«¿Qué costumbres?».
«Digamos que...».
«Solo estoy bromeando, sé a lo que te refieres». Youko sonrió. Era como una golosina agri-dulce, conmocionaba el paladar. A Roni no le caía mal, pero la dupla le parecía una rareza. Le hubiese gustado saber la historia, con un poco más de tiempo quizá hasta se hubiese planteado la posibilidad de preguntarlo, pero sólo después de recorrer Japón.
Kazuo apareció ya con su pilcha rara de hombre encubierto (con gabardina incluída).
«Ya estoy listo».
«Con eso mas que repeler llamaras la atención». Dijo Roni.
«Cada vez que tuve que ir a comprar salía así y no me han capturado aún». Sorprendente, pero cierto.
«¿Estas seguro que te sigue la poli?».
Youko miró el reloj de pared y señaló la salida.
«Tenemos que irnos, ya es la hora pico».
Kazuo se acercó a la puerta y la abrió despacio. Miró por fuera e hizo una señal para que las chicas se acercasen. Luego la cerró con mucho cuidado. No sin antes fijarse en la cuchara que cayó en la pileta de la cocina. Después de un rato pensando en si tenía micrófono, descartó la posibilidad y la cerró despacio.
Capitulo IV
Roni estaba entusiasmada, a pesar de haber entrado por la puerta de atrás, estaba en Japón. Tenía ganas de ver las calles y disfrutar un poco de las vistas. Le echó un vistazo a las calles y las tiendas de electrónica, incluso a las de souvenirs deseando poder llevarse un peluche de My melody. Es una pena que no pudiese pagarlo.
«Somos demasiado morbosos en Japón» Dijo Youko de repente. «A veces nos gusta ver en la televisión distintos programas donde informan accidentes de tráfico deseando que pasen las imágenes. Es repugnante».
«Nosotros somos iguales, deseamos ver el mundo arder solo para quitarnos las ganas». Dijo Roni.
Youko rio irónica. «Es una condición humana donde no tenemos escapatoría. Desde que nació el hombre deseó tres cosas: la osadia, la libertad para ejercerla y por encima de la pirámide su propia aniquilación. Una auténtica distopia».
«Chill, Youko, ¿No eres muy joven para ser tan edgy?» Roni se rió.
«Es moneda corriente». Youko se disculpó. «Te vi animada y me dieron ganas de apagarte un poco, es una costumbre».
«No te preocupes» Dijo Roni.
"Ésta niña es un encanto hiriente, espero que no lea a Bardugo sino tendríamos a un ejemplo claro de adolescente de verdad".
Kazuo iba por delante de ellas tapándose hasta el cuello con la gabardina.
"Y este chico es un perfecto ejemplo de 'la re vivís, Scooby'"
«¿Cuánto falta?» preguntó Roni.
«No lo sé, debería estar al caer» Dijo Kazuo.
«Es en la siguiente calle» acotó Youko.
En efecto, en la siguiente parada pudo verse en todo su esplendor. Se acercaron al Mcdonald's y entraron. Para sorpresa de Roni, no estaba (tan) lleno de gente como esperaba. Las ordenes volaban, y todos querían disfrutar de una buena hamburguesa con queso cheddar y bacon. Las sartenes crepitaban por el aceite y los que ya tuvieron su pedido degustaban, mordida a mordida, de un pan esponjoso y una jugosa carne.
A Roni le empezó a crujir el estómago.
«Bueno, ¿quién pregunta?». Empezó Kazuo.
«¿No podemos comer algo antes?» Suplicó Roni «Un poquito ni que sea». Youko se quedó con los brazos cruzados, como si no estuviese interesada en entrar en la conversación, pero también con cierto deseo de pedirse algo tentado.
«Está bien, pero me debes una» Dijo Kazuo «No pienso quedarme sin dinero por tu culpa, tengo anotados los nombres de los tacaños, así que no te relajes».
«Que pibe, ¿Nunca invitas por cortesía? ¿Como es que tenes pareja?» Reclamó la chica de pelo corto.
«No lo sé ni yo. Vayan sentándose» Kazuo se acercó a la caja.
«Este chico es un plomo, no sé como lo aguantas» dijo Roni después de sentarse. Ya sentía el saborcito de la carne (y le encantaba).
«Se hace lo que se puede, tampoco es tan malo como parece; es más un fantasioso que un lunático» dijo Youko «Todos tenemos tachuelas en nuestro cerebro».
«Puede ser un loco, un fantasma o un marciano, no me importa: mientras no sea un pesado y traiga una excelente hamburguesa» Acotó Roni, frotándose las manos «Ya traen la comida».
Un rato después Kazuo llegó con tres hamburguesas. Youko y Roni le entraron como piratas hambrientos, mientras que el chico se quedó quieto, mirando las vidrieras como un polizón marino.
«No vas a terminar eso». Dijo Roni.
«No. Si quieres comela». Se la pasó.
«No quiero que te quedes sin comer».
«Insisto. Presiento que tengo que dártelo, además ya tengo una tarta esperando en casa».
«No sé que presentimiento es ese, pero amén» la chica se repartió la hamburguesa con Youko, que también quería un poco, aunque no iba a admitirlo nunca.
Después de comer (e ir al baño) los tres fueron a preguntar por el símbolo.
Al tipo que atendía de repente se le cambió la faz. Y se fue hacia la cocina sin decir nada.
«No entiendo de que se asustó» dijo Roni.
«¿Deberíamos seguirle?» preguntó Kazuo «Tal vez me reconoció».
Pero en seguida volvió y avisó en la caja que el local había cerrado. De repente, sin dar más explicaciones. Los clientes salieron como pudieron, llevándose la comida hasta con la boca, mientras los de seguridad los instaban a marcharse.
«Quédense aquí, ya vuelvo» Les dijo a los tres y otra vez desapareció detrás de la puerta. El resto del personal los miraba atónitos, sin entender nada.
«No llamen a la policía, por favor» rogó Kazuo.
Detrás de la puerta apareció un anciano con la gorra de empleado. Tenía un aire de sabiduría de sensei, con una túnica de monje y una barba muy pronunciada que le caía por los costados. El viejo tenía una bolsa entre sus manos y la llevaba con las dos manos, como si fuese algo valioso. Se acercó a una mesa y la dejó encima. Dentro había un paquete; le dio unas palmadas, miró a Roni y le pidió que se acercase. Con mucha solemnidad el hombre se inclinó para dar una reverencia y dijo:
«Llevaselo. Mi trabajo aquí ha concluido» y en un susurro añadió «Por fin podré descansar...». Dicho esto salió por la puerta principal andando, y unos segundos después dobló la esquina.
«¡Maestro!, ¡Maestro!» un empleado fue tras él, corriendo.
Ante la confusión general de todos y entre medio de que nadie sabía que decir otro empleado se acercó a los chicos y les pidió algo.
«Por favor, váyanse, si mantengo cerrado el local un minuto más me cortan las bolas».
...
Al rato llegaron al departamento con la bolsa fría (si es que alguna vez estuvo caliente).
«¿Entonces la caja feliz es parte de un complot secreto que involucra a un tipo de Argentina?».
«Todavia no lo sé». Dijo Roni. «Quizá solo tiene hambre».
«¿Vas a abrir la caja?». Dijo Youko.
La abrió y dentro había una hamburguesa.
«Un cuarto de libra con queso». "Impresionante".
«Si un tipo te hizo viajar hasta otro continente para llevar una hamburguesa igual es cierto eso que dicen que los occidentales. Todos están de la cabeza».
La puerta de atrás se abrió de repente. Las escaleras aparecieron (pero ninguno de los residentes pudo ver nada. Solo Roni pudo ver el pasillo).
«Supongo que esa es una señal para despedirme».
Los dos jóvenes le acompañaron hasta la puerta.
«Fue un gusto conocerte, Roni». Dijo Youko.
«Igualmente» Concluyó ella.
«Espera aquí» dijo de repente, como si se acordase de algo. «Ya vengo».
La chica se quedó con Kazuo. Después de un rato de silencio provocado por la inseguridad el chico quiso decir algo, pero cerró la boca.
«Creo que fue un lindo paseo, ¿no?» Dijo Roni para salir del paso.
«Algo» Se hizo el desentendido.
«No me molestaría volver algún dia, quiero decir, me lo pasé bien, fuera de las rarezas».
«Fue divertido, si» Kazuo se frotó la nuca «Espero que podamos volver a vernos; aunque sea por escrito».
Antes de que pudiesen añadir nada más Youko volvió con un peluche.
«¡Melody! Ohhh ¡Gracias!» dijo Roni entusiasmada.
«Lo tenía desde el otro día, me olvidé de decirte» Dijo Youko.
«Es muy bonito».
«Y tiene una sorpresa dentro» terminó Youko, ya lo sabrás cuando lo abras.
«Pero no tiene cierre por ningún lado».
«Ya lo sabrás cuando lo abras» guiñó un ojo.
Los tres se despidieron.
Youko y Kazuo se quedaron sentados y alguien tocó el timbre.
«Debe ser tu novia».
«Mi novia no viene hasta las seis».
«Entonces es...»
Se escuchó unos golpes y alguien dijo:
«Se que están ahi, me estoy congelando ahí fuera, abran».
«En fin, la historia de mi vida» concluyó Kazuo.
Capitulo V
Salió por la escalera y subió otra vez.
Volvió hacia el salón de casa, la neblina había espesado el ambiente; ya no era tan fácil respirar, parecía un bar de ruta.
Roni se sentó y dejó la caja en la mesa -junto al peluche-.
«Ya tengo el pedido, no tardes mucho que se enfría» dijo tratando de rebajar la tensión. El hombre seguía de pie en un rito al consumo del tiempo.
«Lo hiciste bien» dijo. Se le acercó y le tendió una moneda. La sopesó (Era pesada para su tamaño).
«¿Es lo que creo que es...?. Preguntó con interés.
«De oro. 22 quilates, cotizado en más de seiscientos euros».
Con esto le quedó claro porqué estaba tan calmado, "con una bolsa llena de esas... cualquiera se estalla".
«Increible, la verdad que esto me va a generar un alivio económico, gracias».
«Te recuerdo que aún faltan dos puertas por abrir».
Roni suspiró, pensó que la cuestión no era simplemente por recaderia: obviamente había algo más.
«¿Por qué no la podes abrir vos?» dijo, con un deje de molestia.
«Tengo prohibido el acceso» dijo Victor sin complicarse.
«Sabe, no quiero cuestionar su buena voluntad ni nada, pero sigo sin entender como es posible que una puerta me envie tan lejos, ¿me estoy volviendo loca o es un sueño?» acotó aprisa. El extraño vapor de nicotina le estaba afectando, por cada rincón veía una bruma espesa que emborronaba los estantes. Parecía un sueño.
«Ni lo uno ni lo otro. Las llaves son especiales y las puertas también» dijo sin más detalle.
«¿La hamburguesa por qué es? ¿Tiene algo especial dentro? ¿Está hecho de oro?».
«Te lo diré después, toma».
Le dió otra moneda. Junto ambos peniques y los miró. Si sus calculos no le fallaban con eya tendría medio millón de pesos en su palma. Le tembló la mano.
«Cuando me traigas el segundo objeto daré otras dos» dijo Victor.
«Estaria bien, pero creo que pasé más de seis horas dentro de la puerta, ya debe ser de noche» Respondió Roni.
«En realidad fueron unos segundos» Sonrió Victor.
"¿Como dice?" No lo dijo, pero su cara de extrañeza respondía sola.
"¿Es una treta? Por eso está tan tranquilo, me quiere ver la cara, no se lo dejaré".
«El tiempo de este lado no funciona igual al tiempo del otro, digamos que cada lugar tiene su propio tiempo. Relatividad».
Hasta los sueños tienen una perspectiva del tiempo distorsionada, pero una vez despierto, calculas el peso de las horas en lo duro que quedó el cuello. Cuando litronas botellas y cedes se dice que "el tren pasó por encima tuyo", un tren de treinta k' por horas de cerveza.
"Sigue sin tener sentido, veamos que puedo acotar, ah si"
«¿Está completamente loco?» más que una pregunta era una firme acusación de insanidad mental.
Victor ni se inmutó.
«Desarrolla eso» pidió.
«A ver, estuve en Japón, si bien el tiempo allí es distinto al de aquí -por la diferencia horaria-; sigue siendo el mismo planeta. Estuve allí unas cinco o seis horas, en teoría debería haber pasado el tiempo de igual manera aquí... ¿no?».
«Esa pregunta se responderá cuando cruces la segunda puerta» dijo, sin dar más explicaciones.
Por más que le crispen los pelos, debía admitir que estaba dentro del juego. Le había dado una valiosa recompensa y prometía darle más si seguía en él. Además, por ahora, no parecía desentrañar peligro alguno: la hamburguesa no tenía mayor riesgo que unas seiscientas calorías extra; solo a un enfermo coronario le podría afectar. Si no había pasado el tiempo entonces no llegaba tarde a ningún lugar... No tenia porque sentir culpa. «¿Tal vez la hamburguesa esta envenenada? No, hay demasiado sin sentido ahí. No hay nada de malo en una hamburguesa. Dentro del sin-sentido que es traerla de Japón no es un sin-sentido malvado. Creo».
«¿Vas a ir?» presionó Victor.
Roni lo pensó. "Este hombre no me está diciendo mucho y lo poco que sé es que pertenecía a un club Bilderberg que dejó una fortuna enterrada en una mueblería apartada de la calle. Lo que me pide y lo que me da es equivalente a vender una bombacha en Ebay por un millón de dólares. No tiene sentido. Pero existen esos locos que lo compran, ¿Por qué no podría existir éste loco? Sería uno mas... Lástima todo el asunto paranormal de las llaves, pero puede ser algo aparte, que se juntaran un loco y la magia puede ser coincidencia, puede pasar... Puede...".
«Está bien, mientras siga en esta corriente absurda pero inofensiva le traeré lo que pida» Dijo de corrido.
«Cuando quieras» Victor se alejó y se sentó en un sillón aledaño, puso sus pies en la mesa y volvió a fumar, susurrando algo inentedible.
La chica se levantó y se acercó a la puerta del medio, por el color intuyó que la llave que abría era la grisazulada. Esa pieza de metal tenía grabado este símbolo: †. Le dio mala espina al verlo.
La puso en la cerradura y entró.
Dentro había un pasillo y escalinata parecida al de la primer puerta, pero en lugar de descender, ascendía.
«De Highway to hell a Stairway to heaven, gracioso".
Capitulo VI
Subió hasta llegar a la segunda puerta. La que enseñaba el otro lado. Se extrañó ya que no tenía picaporte. Lo tocó. Daba un sonido hueco, como de madera. La empujó.
Del otro lado escuchó un sonido metálico que la asustó. No pudo evitar que se le escapase un grito de la sorpresa.
«¿Que carajo?».
Había un barbudo en overol levantando lo que parecía una maza, la miró y detuvo su brazo a mitad de recorrido. Roni levantó la mano sin saber si saludar onpedir indicación. El hombre se levantó y puso pies en polvorosa.
«Bueno, esa reacción no me la esperaba».
Cerró la puerta (Que era un cuadro gigante de un hombre sentado en una silla, sus ropas parecían de la edad media).
«Herreros y cuadros viejos, no me digas que...».
De pronto unos hombres aparecieron en tropel. Eran un grupo con armadura de latón y sables de acero desenvainados. Su porte era la de soldados entrenados.
«Alto ahí missabella».
La chica levanto los brazos y dijo:
«¿Miserere?».
Los soldados se miraron entre sí.
«No entiendo nada, ¿que lenguaje ese?, de que parte de normandia es usted ¡Esplayese!».
Levantaron sus espadas.
«No soy de aquí, señores, soy una extranjera». Pensó para sus adentros "Maldito viejo, si salgo viva espero que me pague ochenta monedas mínimo, argh otra vez eso, hay cosas que tengo que resolver".
«Apartaos» Un hombre apareció entre la multitud de lata; tenía una flamante armadura con piezas relucientes. La chica intuyó que era un sujeto de alto rango dentro de la milicia. «Nombre de la señorita con ojos de dulce otoño».
"¿Otoño?" «Me llamo Roni y usted es...?»
«Señorita Romi de más allá del cuadro, si no le importa me gustaría que me acompañe...».
«¿Por qué? ¿Estoy jodida?».
«No entiendo su dialecto, señorita. Por favor acompañe a mi patrulla, ellos le guiarán hasta su aposento». Dijo el hombre con aire de general instruido, pero con el corazón de un joven galante.
La cuadrilla de latón la llevó hasta una sala gigantezca lleno de adornos de plata. Vasos, vajillas y decorados en el techo. Alrededor había sirvientes vestidas de maid francesas y hombres con frac, era una mezcla entre medieval y steampunk.
Siguieron caminando hasta llegar a un cuarto, la cuadrilla les dejó sola junto al caballero.
«Usted sabrá disculpar a mis hombres por la brusquedad, es la primera vez que ven a alguien de fuera».
«No se preocupe por eso, al contrario: fueron amables». Miró alrededor, los cuadros de mujeres en corsé decoraban la habitación. "¿De verdad estoy en la edad media?".
«¿Edad media? Si no le importa mi atrevimiento, yo diría que usted es de una edad mucho menor a la media». Carraspeó teatralmente y prosiguió «En la edad donde las rosas relucen con un brillante zircón rojizo, y entre espejuelos de pétalos mojados de rocío es donde usted se ubica perfectamente, mi señorita».
«Es bastante amable, gracias». Roni estaba con esa incertidumbre de no saber si era el siglo de oro o (solo) lo terciaba. La edad media se caracterizaba por momentos donde alguien recitaba analogías de bellas flores y en otro donde el cuello se separaba de tu clavícula en un divorcio conyultural por un mal-nacido. Un poco como ahora, pero legal. El miedo era palpable. «M-me refería al calendario, ya sabe, ¿que año estamos?».
«Segundo siglo bisiesto después del ascenso de la reina Victoria, si no me falla la memoria».
"Ah, ni put# idea".
«Perfecto, gracias». Dijo levantando el pulgar.
«Levantar el pulgar es una seña muy conocida de posadero de tabernas, ¿usted bebe, señorita?» soltó el caballero.
«Vaya pregunta... si y no, me gusta beber pero no me considero amante de la bebida, me da un poco lo mismo realmente. Si no bebiese jamás no me quitaría el sueño, creo».
«¿Entonces no trabaja en la taberna seis cisnes, verdad?, Había escuchado que hace poco incorporaron a una bella dama, no me sorprendería que fuese usted».
"Siglo de oro o no es obvio que este sujeto me está tirando fichas, estoy en una posición de desventaja aquí, así que mejor lo voy a pasar por alto por ahora".
«No, no trabajo en una taberna, ¿si no le importa puedo hacerle una pregunta a usted?». Dijo apremiante, esperando que con eso pudiese voltear la conversación siendo la activa.
«Luego. Antes me gustaría hacerle otra pregunta, ¿que clase de magia uso para llegar hasta aquí? si no le molesta mi curiosidad». El tipo se sentó, la armadura hizo un tañido metálico. «Asustó al herrero allá atrás».
"Como si matase a un mosquito: así de fácil se deshizo del compromiso de responder el hdp".
«Ahora yo estoy más asustada. Mejor dicho, estoy más confundida. ¿Donde es Normandia?» cruzó los brazos, intentando mostrarse sería.
«Crei que lo sabría usted, después de todo usted ha llegado hasta aquí».
«Vengo de un mundo distinto, allí hay electricidad, plantas nucleares y tecnología».
«¿Plantas nucleares? ¿Son como las plantas de abedul o de arce?».
"Es demasiado tonto tener una plática de tecnología con un guerrero. Es como hablarle de álgebra a un político". La chica río. "Debería mostrarme más relajada, tal vez así el ambiente se destensa y pueda sacar mas cosas en claro".
«No exactamente» dijo en voz alta, «Es otro tipo de planta. Perdón ¿puedo quitarme el abrigo?, hace calor». Sin esperar respuesta se sacó la campera, quedándose con una remera color rojo tenue. Tenía un collar de cadenas que adornaba muy bien su cuello.
«Esas ropas son de una bonita composición». Dijo el caballero.
«Gracias». La chica se sentó.
«Sabe, podría entregarle un obsequio muy bello si lo desea, un vestido muy bello de seda».
«No estoy ahora para vestir esas prendas, pero gracias. Sabe, si me da una armadura como la suya podría agradecerlo, ya sabe, aún siento que no estoy segura en esta epoc- digo lugar».
Otro hombre en armadura apareció y le dijo algo al oído mientras le tendía un papel amarillento.
El caballero lo leyó y asintió lentamente.
«Tal parece que tienes una misión, señorita».
«¿Como dice?».
«Este trozo de papel estaba pegado en la parte de atrás del cuadro, por lo que se lee en el, alguien le manda a traer el elíxir sagrado, tal parece ser una búsqueda del tesoro».
"Me olvidé de la nota, fuck".
«Ahora que lo menciona, esa es la forma de avisar del sujeto que me envía aquí».
«¿Me puede decir quién le envía?».
«Es un hombre avejentado, con una pipa y una greñas, tiene una mirada extraña, siempre anda fumando, ¿Lo conoce?». La pregunta no recibiría una respuesta satisfactoria, lo sabía, pero quería ser la que comande las preguntas -aunque sea por dos minutitos-.
«Hay muchas personas que cazan con esa descripción, pero no tuve el placer de conocer a ese tipo que menciona, de todos modos tengo la sensación de que no nos llevaríamos bien».
«¿Por qué lo dice?».
«Este estilo de caligrafía no es propia de un hombre docto en el lenguaje, parece la caligrafía de un salvaje».
"¿Un salvaje? ¿No era un explorador?"
«Pensaba que los soldados de la antigüedad no sabían leer» dejó caer.
«Los soldados no saben, así como todos los campesinos y algunos nobles, pero los de la realeza si».
«¿Es usted de la realeza?».
El soldado volvio a susurrar algo al oído de su capitán. Este se levantó de repente con aire resuelto.
«Bueno, tal parece que está de suerte. En unos días nos iremos a la zona donde se encuentra la fuente del elixir sagrado» Hizo un ademán de la nobleza. «Principe Catriel a su servicio señorita Rocío».
Capitulo VII
De salida a la habitación Roni dio una vuelta por el castillo. Los hombres elegantes pasaban a su lado como si estuviesen en una fiesta de disfraces. El olor a margarita perfumaba el palacio. Alguien rasgaba un piano en una nota lirio, dando más la sensación de estar en un cuento de fantasía. Al principio pensó que de verdad era la edad media, pero después de ver ciertas vestimentas y sentir los aromas a terciopelo, jabón y perfume supuso que esto no podía ser la época ecuestre. De verdad debía estar en otro lugar. (Quizá) otro mundo.
«Debes ser la nueva» dijo alguien a sus espaldas.
Se dio la vuelta y vio a una chica pelirroja despeinada, vestía una armadura ligera, como de arquero. Su mirada era severa, con ojos de un noble verde oliva. Había ciertas marcas que endurecían su perfil.
«Hola, me llamo Roni». Dijo no sabiendo bien con que tono comenzar.
«Creí que tendrías uno mejor, me llamo Kassandra». Dijo la chica, con un tono despectivo.
«Roni es mi apodo, no le doy mi nombre real a cualquiera. De cualquier modo creo que nuestros nombres no se alejan mucho, el tuyo es de vieja. Es como Helen y Heather, los dos son parecidos pero uno es más anticuado y el otro más joven». Dijo Roni a la defensiva.
«Como digas». Sacó una espada de su funda «¿Sabes usar una de estas?» dijo Kassandra con un tono deliberado.
«No estoy familiarizada» respondió Roni, pensando que su comentario tal vez fue demasiado lejos.
«Te puedo enseñar, Heather» Acotó Kassandra.
«Asi que realmente entendiste el ejemplo» dijo Roni, con una sonrisa irónica.
«¡Cállate!» le apuntó al cuello. Roni se quedó quieta un segundo, Kassandra lo retiró despacio.
«Eres muy sumisa Heather, como una niña».
«Tienes un cuchillo gigante, yo no tengo nada. No es justo» Roni bajó los brazos. «Si fueses justa deberías darme una de esas para tenerlo».
Kassandra miró para los costados. «Sigueme Heather».
"¿Me va a llamar Heather todo el día?".
Las dos caminaron hasta llegar a la sala del cuadro, allí se encontraba el herrero que había asustado Roni.
«Hola. La niña busca un arma». Dijo en voz alta.
«¿Puedes parar con eso? De verdad no fue a malas».
El herrero tosió.
«¿Tienes con que pagar?» Acotó el herrero, sin quitar la vista del yunque.
"Tengo dos monedas de oro, pero sería una lastima perderlos. Maldita sea".
«¿Tienes algo encima Heather?» Dijo Kassandra apoyada en la pared con los brazos cruzados.
Roni sacó las dos monedas de oro. El herrero dejó de mirar el Yunque por primera vez, atónito. Hasta Kassandra parecía sorprendida.
«¿Eso es... Oro?». Dijo el herrero con una partición de suspiro.
«Solo dos monedas, espero que sea suficiente». Dijo Roni poco confiada.
«Heather, una espada profesional de acero personalizado cuesta sesenta drablines de hierro, que equivale a un talento de plata, tú tienes dos monedas de oro equivalente a dos marcos. No existe nada en este condenado reino que cueste tanto por su cuenta».
«¿Qué?» Roni se sorprendió. «¿Eso quiere decir que un terreno aquí sale menos que una moneda de oro?».
«Uno en el reino son sesenta Marcos. Siento romper tu sueño de acaudalada princesita, Heather».
«Solo me guiaba por tus palabras, no tienes que ser tan grosera, Helen». Dijo con tono zafio. Se dirigió al herrero «¿Me puedes hacer una espada? Y unas piezas de hierro, ya que estamos». El herrero aceptó. «¿En cuanto tiempo estará todo listo?» temía la respuesta.
«Unas cuantas horas».
«¿En serio? ¿Trabaja tan rápido?».
«Por un marco de oro soy más rápido que el rayo».
«Ahora que se los equivalentes no le voy a dar una moneda de oro, lo siento».
«¿Que le darás entonces Heather? No tienes más que eso».
«¿Existe algún banco donde pueda intercambiar la divisa o algo así?».
«Por supuesto, sigueme».
«¡Espera! Tampoco pienso quedarme mucho tiempo, no creo que tener tanto dinero me sirva de algo, no voy a poder disfrutarlo». El Herrero volvió a martillar la pieza de metal, como si fuese su estado de reposo natural.
"La re put# madre que lo parió, ¿que hago?".
«Decídete de una vez» apuró Kassandra.
"Está bien, vamos al banco» suspiró Verónica.
Las dos dejaron al Herrero golpear el metal en el silencio de la gran habitación del castillo.
...
Pasó mediodía. Roni ya tenía ciento veinte talentos de plata (con la espada y las piezas le había quedado ciento dieciocho). Además de eso se compró algunas prendas para vestir. Una camisa de tela rosa de mangas largas, guanteletes negros con hebillas, unos pantalones holgados estilo medievo y unas botas de cuero altas de suela plana. Kassandra le había comentado que el principe no quería que se fuera muy lejos (porque seguía siendo una extranjera y tenía un pase limitado), asi que se quedó en la taberna más cercana. Se pidió un aguardiente y se quedó apartada, junto a Kassandra. La chica se pidió un vaso de agua, reticente a gastar más de lo debido.
«No es necesario que estes siguiéndome a cualquier lado que vaya» dijo Verónica, sintiendo la incomodidad de su compañera. «Puedo manejarme sola, aunque sea un nuevo país (o mundo)».
«No es que quiera pero el principe me mandó a que sea tu custodia, no tengo otra opción».
«No necesito custodia, ya tengo un espada y una armadura ligera» se tocó el brazalete de la muñeca, era sorprendentemente lisa, como un adorno.
«Por ley no tengo de otra, Heather».
«Las normas fueron hechas para romperse». Dijo Roni, por decir algo.
«Eso será en tu país, aquí cada uno necesita cumplir con la Ley sino el castigo es la orca».
«Santo dios, más que tú resguardando mi vida parece que yo resguardo la tuya».
«Interprétalo como quieras, de aquí no me muevo» acotó Kassandra y bebió de su jarra.
«¡Hola Kasey!, ¿Como estás? Mucho tiempo que no te veía» Una chica se acercó y saludó a Kassandra en tono amigable, tenía unos pantalones bombachos, una camisa de tela celeste y unos guantes marrón oscuro. Su cabello era rubio y tenía unas trenzas muy cuidadas, además de lazos en algunos mechones. Sostenía una jarra de burbujeante espuma, Roni intuyó que era cerveza.
«Hola Princesa, ¿Escapó de nuevo del cuidado de vuestro hermano?».
«¡Shhh! No le cuentes que estoy aquí, ¿esta encantadora muchacha quien es, Kasey? ¡Es preciosa!
«G-gracias» Roni tartamudeo por primera vez. De quién se trataba y su elogio tan directo la tomó por sopresa.
«Estoy para resguardar su integridad, Princesa, incluso de usted».
«¡No tienes que ser tan brusca Kasey!, Un gusto amiga mía» Le tendió la mano (para sorpresa de Verónica no fue con el dorso) ella lo tomó en un apretón suave «Un gusto, me llamo Roni, pero no mi nombre real».
«¡Que bonito apodo!, ¿dijiste "nombre real"?¿Eres de alguna realeza? Yo me llamo Judith, como Jules o Julia, pero más western» se rió por su propia broma.
«Princesa no son horas para alguien tan joven de la realeza estar fuera, debería estar en su apocento».
«Que aburrida eres Kasey, así como la ves, Verónica ella está siempre queriendo atizar a sus amigas, deberías soltarte un poco, no estamos en la guerra». Dijo riendo, estaba visiblemente afectada por la bebida.
«Por ahora» acotó Kassandra. «De cualquier forma debemos irnos, el toque de queda empieza en una hora».
«Espera, ¿donde dormiré? ¿puedo alquilar algo?».
Kassandra suspiró.
«Puede, pero tengo que estar contigo».
«Aawww ¡Que romántico, Kasey! Roni, si quieres puedes quedarte a dormir en mi cuarto, tengo una cama doble y un montón de peluches» dijo Judith.
«Es muy amable, de verdad, pero no quiero meterla en un compromiso, además ya metí en suficientes problemas a Kassandra estado aquí».
«Esta bien, Roni, cualquier cosa avísame ¿si? Yo estaré un rato por aquí».
"Que princesa tan dulce, es como la dulce princesa o algo así" pensó Roni.
«Si no le molesta a la princesa» Empezó Kassandra «Nosotros ya nos vamos, mi recomendación es que haga lo mismo, si no quiere sufrir consecuencias imprevistas» dojo lo último con una mueca sardonica.
Judith suspiró.
«Como sea, Roni, un gusto».
Las dos chicas salieron del bar.
La noche se hacía cada vez más presente tras el ocaso de la tarde. Las dos chicas marchaban más aprisa. La primera porque parecía enfadada y la segunda quería seguirle el paso.
«Es una princesa muy amable» Comenzó la Roni.
«Es una irresponsable» Acotó "Kasey".
«No creo que salir un rato a despejarse sea irresponsable, es la princesa, está en su derecho».
«Tiene un deber, no puede hacer como si fuese una cualquiera yéndose a cualquier hora, es peligroso».
«Creo que eso precisamente es lo que necesita» aseveró Roni «Tal vez está siendo muy vigilada y no puede respirar, a mi también me irrita que estés en mi espalda todo el día cuando no te lo pedí».
«Todos tenemos un deber, Heather, si no puedes entenderlo no es mi problema, mi problema eres tú, en más de un sentido además» Sonó cortante.
«Como digas, Helen». Soltó Roni fría.
«Ya llegamos, paga al estúpido de la recepción y vete a dormir».
«¿No vienes conmigo al cuarto?».
«No. Tengo que vigilarte, no acostarme contigo. Si estás necesitada no es mi problema, Heather».
«No me refería a... Olvídalo» Roni se despidió de "Helen" y se fue hacía su cuarto. Kassandra se quedó en la entrada patrullando.
Capitulo VIII
A la mañana siguiente Roni volvió al castillo, dando zancadas por el camino para estar lejos de Kassandra. La chica entendió la indirecta y se mantuvo a paso moderado, alejada en todo momento.
Roni se topó con el Principe Catriel, que dio la orden a Kassandra de tomarse el dia libre.
«¿Como le fue en el pueblo? Espero lo hayas pasado bien» dijo el principe.
«Fue interesante» respondió Roni, no muy convencida.
«Espero que el trato de Kassandra no le haya supuesto un problema, es un poco inflexible algunas veces. Creo que no le tiene alta estima a los turistas».
«Es una imbécil, pero no la odio» Dijo Roni con un deje de cansancio.
«Hace bien su trabajo, eso es lo que cuenta».
«Supongo que su trabajo y el tuyo difieren muy poco. Ninguno tiene que ser agradable, pero tampoco estaría mal que lo fuera una vez».
«Si no le apetece no tienes porque obligarla, nadie está obligado a nada en Normandia, salvo a cumplir con la ley».
«¿Entonces eres agradable conmigo porque asi lo quieres?».
«Por supuesto». Dicho esto le dedicó una sonrisa perlada. Roni se preguntó como serían los dentrificos en esta tierra que ninguno tenía malos dientes. Se imaginó una ley obligatoria que le instaba a cepillarte los dientes do veces por día y se rió internamente.
«Veo que le hago gracia» dijo el principe ocultando sus dientes por fin.
«No es eso» carraspeó «¿Cuando iremos al manantial? ¿Tienes todo listo?» preguntó cambiando de tercio.
«Mañana a primera hora tendremos lista la caravana y los caballos, ¿Sabes montarlos?».
«¿Montar a caballo? Si claro, mi familia es terrateniente, tenemos un montón de establos en nuestros dominios».
El principe soltó una risa argentina. Roni no supo si se lo creyó o no.
Una chica que venía de unas de las habitaciones se aproximó desde las columnas que daban al jardín.
«¡Hermano! ¿Viste mi camisa de nubes? ¡Oh! ¡hola!» Judith se acercó por la esquina para hablar con Catriel y saludó a Verónica. Parecía tan alegre como en la taberna, aunque menos pizpireta.
«¿No estaba en tu cuarto?». Dijo el principe visiblemente molesto.
«La otra vez encontré un corpiño en la cocina, uno de tus hombres se está pasando de listo» dijo Judith, molesta.
«Hablare con el general, mientras tanto no deberías salir a oscuras por ahí».
«¿Que? ¿Quién fue?» Dijo la princesa.
«Soy el principe, tengo ojos por toda la ciudad querida hermana».
«Por supuesto, como siempre tan pesado» le sacó la lengua.
«Tengo cosas que hacer, mañana nos vemos Roni» inclinó su cabeza y se marchó.
«Es muy pesado, ¿verdad?» Dijo Judith.
«Algo. pero sus razones tendrá, aunque no son de mi incumbencia».
«¿Como llegaste aquí? Mi hermano me dijo fue a través de un cuadro, ¿eso es posible?».
«Hasta hace unos días pensaba que no»
«Tienes que enseñarme tus trucos, aquí todo es aburrido como una ostra, no puedo hacer nada».
«No creo que sea adecuado que vengas, en realidad no creo que puedas, solo yo puedo pasar».
«Eso es impresionante, una jurisdicción que solo posees tú».
«No te creas, no es nada glamuroso, de por sí solo puedo estar por tiempo limitado, hasta cumplir mi objetivo. Después me largo».
"Si no me voy por donde vine ¿que sucederá? Imagino que abro cualquier puerta y aparecen unas terribles escaleras o alguien me jala los pies mientras duermo, prefiero no descubrirlo».
«Al menos tienes libertad, yo no puedo ni salir hasta el pasillo sin que me vigilen».
«Suena angustiante».
«No tienes ni idea... Oye, ¿quieres pintarte las uñas? Tengo unos esmaltes divinos».
«No tengo nada que hacer así que».
La princesa tomó la mano de Verónica y la condujo en lo alto del castillo.
Capitulo IX
Las dos pasaron el día juntas. Judith le enseñó su colección de perfumes con aroma a lavanda, vainilla, coco y otros más extraños como madera rupestre (A Roni le recordó el olor a madera mojada) y frutillas con crema. Después le colocó una hebilla en el cabello con forma de paloma blanca.
«Esta tarde hay feria en el pueblo» dijo Judith «¿Quieres acompañarme?».
Roni asintió y por la tarde ya estaban de camino.
Las grandes urbes a las que Roni estaba acostumbrada tenían un aire excepcional -imponentes, gigantescos y coloridos- pero pensaba que las pequeñas casas tenían un toque único. No importaba si la fachada fuese de un simple color tamizado porque creía en el valor de la simpleza, por eso al ver el pueblo de Norlandia le vino a la mente esas edificaciones que, más que buscar los cielos, tocaban los suelos, cerca de la sencillez de las cosas. Entendiendo la naturaleza humana -en un porcentaje muy elevado- eran igual de importantes.
La chica de los rizos dorados la llevó a la feria y la hizo probar un kimono japones. Roni se sintió más ligera que antes.
«No sabía que existian aquí» dijo. Judith se rió, mostrándose interesada. «Kiotin es un reino vecino, sus gentes son muy ceremoniales».
Las luces del pueblito parpadeaban con la gracia de una canción. Bajo ellas los comerciantes hacían pequeñas artesanías con caramelo. Las chicas compraron unos palitos que ensartaban galletitas blandas con forma de pescaditos; su relleno era almidonado. Roni al probarlos no le pareció desagradable, le gustó más que las manzanas y las nubes de azúcar (muchísimo más). Después fueron a dar una vuelta por los distintos puestos que había en circulación. Roni se fijó en uno muy sencillo de azar en el que un tipo escondía una bola dentro de tres vasos, si acertaba en cuál, le regalaba la pelotita. «¿Que tiene de especial?» preguntó Roni, curiosa.
Las dos jugaron, Roni consiguió adivinar donde se hallaba al segundo intento. Le dieron la bola. «Tienes que apoyarla en la boca y darle un mordisco» dijo Judith, «Veras lo que causa, es divertido». Roni hizo caso y al morderla sintió como un jugo de sabor amargo le recorría el paladar; era como un durazno prematuro. Casi lo escupió pensando que era un chiste de mal gusto, pero le empezó a acelerar la respiración, sintió sus manos más sensibles; sus sentidos se agudizaron: Veía los colores más vivos y el pasto más agreste. Las luces parpadeaban con el ritmo de un clásico vals. Azul celestino, rojizo carmín y dorado, además de un naranja que plizaba el amarillo del oeste... todas esas imágenes correteaban por los ojos de Roni haciéndole ver una aldea tecnicolor.
«Te lo dije» rió Judith.
La mente de Roni empezó a trabajar como una máquina de aceleración térmica. Cada vez con más agitación. Se rió.
Graciosos son algunos resultados de la naturaleza: El alba y el ocaso palidecian frente al espectáculo incandescente de una pelota con sabor amargo. El simiente del sol proporciona un poco de la energía del padre, desgastante para las especies más veloces pero inmutable en las plantas, hijas quietas, zagazes y tranquilas. Apolo al traer la luz de la primera llama se dio cuenta -tarde- que la llama original ya se encontraba en el hueco de un tocón y la mordida plácida de una cereza. Las personas la tenían en su estómago, como un sello. Los árboles eran los albeolos de la llama original, no Zeus, Heracles o Júpiter. Todo lo que hizo el demigod fue sajar una palmera y dejar caer la primera fruta de la temporada: así nació el segundo hilo del destino. El fuego de la vida es una pelotita, con textura crujiente y sabor amargo. ¡Un durazno incomible!. Roni se estalló de risa.
"Pero que estoy pensando, ¡dios que potente es esta mierda!".
Mientras se calmaba le pidió a Judith si se podían sentar en un banco, le empezó a entrar un leve mareo después de reír tanto. La chica la llevó a la primera que vio y las dos se recostaron bajo un gran árbol con hojas inmensas; si fuese de día esas hojas taparían los molestos rayos de luz.
Roni sonrió, miró a las personas pasar: todas ellas reían o sonreían, no sabía si habían probado la fruta o estaban contentos. En cualquier caso rió con ellos; no sabiendo si era por lo primero o lo segundo tampoco. Todo era muy confuso. La boca le sabía a aserrin.
«La fruta es demasiado fuerte ¿Como puede la gente comerla?» preguntó a una risueña Judith.
«Uno se acostumbra a cualquier cosa, hasta lo excepcional es aburrido a la larga» dijo Judith «Por eso odio mi posición, no tiene nada de especial».
Roni intentaba concentrarse pero el espacio de lucidez que encontraba se lo arrebataba la risa, ahora entendía al Joker.
«No tengo ningún motivo para achacarte nada, Judith, pero si ostentas un poder que no te interesa podrías cederlo» dijo por fin al despejarse un poco.
«No me dejan renunciar a mi cargo, soy hija de los reyes» dijo Judith en tono solemne «Hasta que no sea Reina, no puedo cederlo».
Las dos se pararon y siguieron caminando.
«Que está pareciendote el paseo» dijo Judith de repente, mientras daba saltitos por un charco de agua, acumulado por una lluvia de antaño.
«Me gusta. Esta zona tiene su encanto y a pesar del quilombo y el gusto a podrido todo es hermoso» "¿Será por la droga?¿?".
«Todos están contentos aquí, no hay razón para poner caras largas, o estar mal de una enfermedad, todo se cura de un paseo y un abrazo».
«Imposible» Acotó Roni.
Judith rió.
«Solo bromeaba, pero si es bonito».
Las dos llegaron a un área con postes improbos de una marca roja. Judith le dijo que servían como límite seguro. A partir de ahí, todo se volvía menos "agradable".
«Es una señalización tonta, estuve varias veces allí y no pasó nada».
«Supongo que lo hacen para tener en vista ciertos lugares con mayor valor reditual» aportó Roni.
«No lo pensé así, pero mi hermano suele tener el ojo puesto en estas partes prohibidas. Me gustaría explorarlo sin tantas restricciones.
«No lo recomiendo. Pero si quieres ir, te podría acompañar cuando gustes, lo pasé muy bien esta noche».
«¿De verdad? ¡Que gusto!, pero aún no acaba: hay partes que quiero que veas.
"¿Partes?".
Las chicas se alejaron de la zona "roja" y se acercaron a un local donde había un montón de baratijas y pulseras. Judith la hizo probarse todos los que su sueldo disponía -todo- y comprarle el que más le gustase. Después fueron a uno donde vendían gorritas de animales, tomó uno que le recordó a Lain, y se lo llevó.
Al pasar las horas la gente se iba disipando y ellas seguían allí, riendo. Consiguió otra pelotita -un poco más grande y de color azulado- que al morderla sintió el sabor de la ananá. Hizo el esfuerzo de tragarlo y después volvió a notar que sus sentidos rivalizaban con la de una planta eléctrica.
Miró a gente con máscaras Oni que se aproximaban desde el sur, algunos iban en carretas y otros a pie.
«¿Esto está pasando o solo estoy drogada?» dijo Roni, mientras el conjunto empezaba a corear y dar piruetas por los aires.
«Son un grupo ambulante que se dedica a regalar entradas a zonas innacesibles de la ciudad. Idea de mi hermano».
Un sujeto con la cara de diablo le dio dos tarjetines a las chicas, mientras dio una voltereta para despedirse. «Esto es de un... Estanque»
«¿Por qué un estanque es una zona prohibida?».
«Ya lo verás, sigueme».
Roni veía las estrellas a lo lejos, cada una tenía un color diferente, verde, rojo, púrpura, todas ellas danzaban por encima de las farolas, al otro lado de la luna en quie-
«Ya llegamos» Dijo Judith.
«Que rápido» respondió Roni, queriendo quitarse los pensamientos líricos de la cabeza.
El lugar era una plazotela grande que centraba con el conjunto de varias casas, las mismas tenían carteles que ponían «Escenario» en ellas. Posiblemente inaccesibles por ordenes imperiales. Una fuente blanca marmolada despedía agua transparente de sus columnas.
«Que hacemos aquí».
«Mira la fuente, en seguida empezará».
Roni se quedó quieta, aguardando algún efecto residual de los chorros de agua. Conocía algunos. No estaban mal, pero no le impresionaba.
Luego de un rato, el agua dejó de aparecer y del estanque empezó a surgir algunas burbujitas.
La chica parpadeó un poco. Vio que las burbujitas empezaban a ascender por el aire como pompas de jabón. Varias estallaron y otras continuaron su ascenso. Se dio cuenta que las burbujas cambiaban de color, y cada vez el tamaño era de globos. Vio una rosacea interponerse frente a otras y de ella notó algo que brillaba en su interior. El brillo rosa blancuzco invadió la plaza con la energía de un proyector, Roni se tapó los ojos.
Escucho que la pompa reventaba haciendo “Plop” y la luz de la cuadra bajó en intensidad, volviéndose de un color tenue.
«Que carajo».
Un pescado de aletas color rosado brillante empezó a navegar por el aire, haciendo que las pompas se vuelvan hacía él y le persiguieran como palomas. Judith empezó a reir dulcemente.
El pescadito coral hizo varios giros en el aire como un cometa dejando un destello malva. Los carteles se tintaban de lavanda, incluso las luces se volvieron de un claro llamativo.
El pescadito rodeó a las muchachas y sus kimonos adquirieron un tinte pálido parecido al de la criatura.
El pescadito siguió su trayecto, girando por todo el estanque y haciendo que todo el agua ascendiera en forma de redondas esferas brillantes. Después de un rato retozando se fue al cielo y desde allí ocurrió un estallido pirotécnico.
«Roni, ¡mira!».
La chica se quedó perpleja: las estrellas que antes danzaban de colores se quedaron de un tibio fresa liquido, como rosedales incandescentes.
«Esto es increíble» dijo Roni finalmente.
Las luces restauraron su color habitual y el estanque volvió a echar agua.
«¿Esto es una ilusión?» preguntó Roni.
«Es un espectáculo» corrigió Judith.
Volvieron al paso con el ticket cortado. Judith sonreía muy agusto.
«¿Y todas estas zonas tienen algo parecido?».
«No todas, algunas son puntos para avistar retratos o acueductos para besarse. Cosas de enamorados. No mucha gente se queda hasta esta hora para las atracciones ambulantes» Dijo Judith, orgullosa.
Se frotó los ojos, por un momento temió que podría afectarle de algún modo, pero no se sintió diferente más allá de sus posibilidades.
«Es bastante glamoroso, aunque ir con los efectos alterados contribuyó a que todo se vea más loco. Las estrellas rosas por ejemplo me parece algo muy sofisticado».
«¿Rosa? ¿Lo viste así?, ¡Yo los vi magenta!».
«¿Ah?» El 'rintintin' en la voz de la chica le aturdió.
«Cada uno las ve de un color distinto, es genial, ¿no?».
«Seguro. Podrias bajar un poquitín la voz, creo que me encuentro muy borracha».
...
Siguieron caminando hasta llegar al castillo. Roni echó un último vistazo a las inmediaciones. Las casas acabadas en un tono oscuro debido a la ausencia de luz y la luna de fondo, era un retrato. Las chicas se colaron por el jardín, esquivando a los guardias. Judith conocía muy bien los caminos por donde ellos pasaban - después de todo, pudieron llegar al pueblo ilesas-.
«Estos cuervos, todos intuyen donde estoy pero ninguno acierta, es parte de mi truco» dijo Judith con un tono de blanca navidad.
Llegaron hasta un claro, cerca del patio y se echaron para ver el cielo. A pesar de ya no desprender colores estereocopicos seguían siendo una maravilla incalculable.
«Que bonito es el cielo». Sentenció Roni. "Y pulposo, como una fruta de sabor a brócoli".
«Cuando era chica mi padre me dijo que cada punto brillante que veía era uno de mis ancestros, y que todos me observaban en la noche... Era terrorífico».
"Cuervos, postes y hasta las luces de las estrellas. A esta chica la han traumado con ganas".
«No sé si gano algo con decirte que no son tus ancestros pero... No lo son» Dijo Roni, aún con la vista un poco alterada. El cielo dejó de ser pulposo.
«No te preocupes, ya no lo creo: tengo profesores de astronomía». Dijo Judith suspirando.
Las dos se quedaron un rato en silencio. Roni miró el cabello rubio y las pupilas azules de la chica, su respiración inflaba su pecho erguido y prominente. "Es hermosa" pensó para sus adentros.
«Asi que nunca fuiste más allá del castillo y el poblado?» Dijo Roni, curioseando.
«Con mi hermano si, pero nunca sola. Debe ser emocionante» se giró para encarar a Roni con sus ojazos de azúl cristal que estaban empañados. «¿Puedo ir con ustedes mañana? Sé defenderme, me enseñaron a blandir una espada».
«No soy tu tutora, vas a tener que preguntarle a tu hermano». Se masajeo las sienes, cansada.
«Seguro encuentro alguna manera de convencerlo, se de sus salidas nocturnas a las posadas, no será difícil hacerlo entrar en razón con una amenaza».
«Eres maquiavélica» Roni bostezó.
La princesa rió.
«¿Maquiavela? ¿Qué significa eso?».
«Medio mala, egoísta que teje la situación donde le conviene. En realidad era un tipo que escribió unos libros que pasaron a la historia y tenía una mentalidad ambivalente, pero era otra época, no debía ser ni la mitad de mal tipo que muchos en aquellos tiempos. O a lo mejor si, pero lo que quedó de él fue su pensamiento maquiavélico».
«Seguramente era un sujeto con una presión muy grande sobre sus espaldas» suspiró, consternada «Pero en fin. Mi hermano me lo debe por dejarme bloqueada una temporada». Volvió a reír.
«¿Bloqueada?» La palabra le supo a mañana, tarde y noche. El uso de las redes sociales hizo que el significado sea curioso de encajar en otro contexto que no sea Twitter, Instagram o WhatsApp... -Teletram, youtube, Twitch, Line. Internet-.
«No quería que fuera con mis padres a los viajes por el monte nevado. Dijo que era demasiado pequeña para eso».
«No te ves pequeña» Dijo Roni; y no se equivocaba, la Princesa pese a su actitud juvenil e impulsiva tenía más años que Roni -uno o dos más- no sabría definirlo con certeza.
«Todos me tratan como si lo fuese y estoy cansada, sospecho que hay gente que me odia pero no entiendo el porqué».
«Maria antoñieta y sus pasteles: Maria Magdalena» Dijo Roni para si, sabiendo que Judith no lo entendería.
«Princesa» escucho en la distancia, Roni supo enseguida de quién se trataba « Es hora de entrar, su hermano la estuvo buscando por todo el castillo». Kassandra se acercó al patio con su rictus de soldado.
«Bueno, mañana nos vemos». La chica se levantó y caminó hasta la entrada. Kassandra miró a Roni con aire desdeñoso.
«Podrias dejar de mirarme así, no voy a escupirte» dijo la chica de cabello corto.
«Ya te gustaría, Heather» La muchacha tenía llamas en la cabeza, o era su cabello rojizo (aún veía ciertos colores alterados).
«No, no le veo sentido a pelear contigo».
«Yo sí, pero debo seguir órdenes. Por cierto, deberías marcharte, de noche es peligroso pasear por ahí». Kassandra se alejó.
Roni se quedó mirando el cielo como una perla. Volvió a sentir la respiración (lenta). Los sentidos drenados de energía. Los recuerdos le revolotearon como abejorros de miel. Deseaba divertirse en un ataque de confites y conos de chocolates. Hoy y, (seguramente), mañana habría de lamentarse. Pero no podía: aún estaba dentro de un marco que enseñaba otro cuadro, ajeno. Ni el suyo, ni de su vida en común: tenía una responsabilidad que quería cumplir por el bien de esta gente.
El durazno en su vientre maduró mientras le exigía a las estrellas.
Cuando se levantó para irse, la llama del placer se extinguió con el alikal y el aguarrás de la salida.
Capitulo X
A la mañana siguiente Roni se despertó en la posada. Alguien golpeaba la puerta.
«¿Quien es?».
«Ponte tu armadura» Dijo Kassandra con tono de orden.
«¿Otra vez tú?» Roni soltó un suspiro de fastidio.
«El Principe me envió a avisarte, ya esta todo listo para el viaje. Te espera en la explanada, fuera del pueblo».
Roni se puso los pantalones y la camisa. Escuchó el sonido de un metal chocando contra la madera.
«¿Vas a estar detrás de la puerta hasta que salga?».
Se quedó callada un momento, hasta que después de un carraspeo dijo:
«¿Te pusiste la armadura?».
«En serio que eres imbécil».
«¿Como me llamaste? Repite eso».
«No. Enseguida salgo».
"Por lo menos dame tiempo de desayunar, Jesús".
Las chicas se cruzaron en la puerta. Kassandra tenía el semblante endurecido como albañil.
«Aun sigo molesta por lo del otro dia» dijo Roni.
«Solo hice mi trabajo, no tienes que darle arrebujo al rencor».
«Fuiste abusiva».
«Cuanto lo siento» dijo "kasey" en un tono sarcástico.
Finalmente la chica de cabello carmesí fue la primera en bajar.
"No entiendo porque tiene que ser así. Quisiera empatizar en lugar de mandarla a la mierda pero cada vez le pierdo mayor interés a las palabras y más gusto a las patadas" pensó Roni mientras veía la melena roja de la muchacha que la escoltaba.
...
Las dos se dirigieron al punto de partida, allí El principe Catriel estaba con una tropa armada y una caravana. Judith montaba un caballo.
«Ya estamos todos, enfilemos los caballos, que el camino será largo».
En el camino Roni cabalgó un corcel blanco, era más sencillo de lo que se figuraba. Aunque a veces le costaba dar giros.
«Ahora es propicio descansar». Dijo el principe.
Se detuvieron en un claro, allí Verónica se echó un poco de agua de una cantinplora.
«Maldito calor».
«No malgastes el agua» Pasó Kassandra con ese comentario y se alejó.
«Lo que digas, pesada» sacó el set de llaves para distraerse, se preguntó cuántos marcos le podrían dar por las tres.
«¿Esas son las tres llaves siamesas?» dijo Judith acercándose.
«¿Las conoces?».
«Escuche historias, pero no pensé que fuesen reales» La miró sería, era la primera vez que ponía esa cara frente a Roni.
«¿Sabes que significan los símbolos?».
«Solo este (†) es el símbolo de la casa de la familia, la creímos perdida hace unas décadas, mi padre la dejó en una gruta y desapareció, alguien se la llevó».
Roni recordó las palabras de Victor Coleman. "Un grupo de exploradores" tenía sentido que esas personas pudieran haber hecho contacto con este mundo y consiguieran extraer la llave.
«Creo que sé quiénes la llevaron. Pero ya no están aquí, al menos que yo sepa».
«Dijiste que te envió aquí un hombre» presionó Judith.
«Un hombre, si, me dijo que buscase el agua sagrada».
«Es muy extraño, ¿no te parece?».
«Si contase cual fue el primer "objeto" no te lo creerías, pienso que solo es un loco con mucho dinero, pero nada más». "Espero que no sea nada más".
«¿Me dejas ver tu firma?» dijo Judith.
«¿Firma?».
«Ya sabes, como escribes, tengo un papel».
Ambas escribieron su nombre de la forma mas estilizada posible.
«Tienes una letra muy bonita» Dijo Judith.
«Gracias, la tuya también es muy buena».
La princesa sacó una nota del bolsillo y la plego.
«Esta por el contrario es muy extraña, "Coleman" tiene una terminación rara, consulté con mi profesor el día que me enseñó la hoja mi hermano y él me dijo que jamás había visto unos rayones tan marcados, es como si lo hubiese hecho con tinta indeleble...
«...O ceniza» terminó Roni.
«¿Como dices?».
«Nada, realmente no sé nada de esto, pero desde luego que hay algo raro».
«Espero que no estés en peligro».
"¿Tanto así? Era una put# hamburguesa..."
«Chicas, vuelvan a sus caballos. Volvemos al camino».
«Hablamos luego Roni».
«Está bien».
"Me pregunto que tanto se podría saber con el modo de escribir. Pero yo tengo más de donde averigüar lo que oculta; cuando regrese trataré de hablar con él mas a fondo".
Ambas se levantaron y volvieron a los caballos.
...
Después de un tiempo cabalgando llegaron hasta el saliente de una montaña. Las praderas estaban llenas de naturaleza silvestre. Allí todos desmontaron y caminaron hasta acercarse al hueco.
«Aqui estamos, solo queda caminar hasta llegar a la fuente, hagamos u a división, Judith quédate con patrullando, la cuadrilla te protegerá». Dijo el principe.
«No lo haré, iré dentro».
«Ni lo pienses».
«Ire, te guste o no» la chica se evalentono y fue la primera en entrar al cráter.
«Maldición, ustedes, hagan guardia» Dijo señalando a un grupo de soldados «El resto, siganme».
La mitad de la caravana esperó afuera mientras que la otra mitad se internó en el cráter de piedra.
Capitulo X
Después de una larga caminata, todos llegaron hasta un espacio angosto Roni sintió que caía un líquido de arriba. Lo tocó y notó que era semi espeso.
"¿Será parte del elixir sagrado?".
La princesa apareció iba delante de todos, seguido de Roni y Kassandra.
«No vayas tan deprisa princesa» dijo Kassandra «Podriamos perder al resto de la tropa».
«Eso es precisamente lo que busco,estar lejos de mi hermano».
«Te lo advierto, si seguimos a este ritmo vamos a perdernos y no voy a ayudarle a regresar».
Roni miraba la parte alta de la zona, notaba como la piedra temblaba.
«No quiero entrar en pánico pero algo está pasando» Dijo al fin.
Las dos chicas de delante se detuvieron, de repente una gran roca se desplomó cayendo en picado. Verónica empezó a correr para esquivar la zona de impacto. Se escuchó el estallido en toda la mina. Roni chocó contra el suelo y quedó inconsciente.
"Mi cabeza..."
Una nube de polvo tapó el campo de visión de Roni. Tenía la armadura llena de tierra. se levantó sin poder ver apenas nada. Después de toser escuchó la voz grave de Kassandra.
«Eres una irresponsable, ¡te dije que te detuviéras! Ya llevamos una hora aquí y no podemos salir».
«¡Ya te dije que lo siento! Solo quería perder a mi hermano, no sabía que se iba a caer un trozo de pared».
«Tu nunca sabes nada, por eso todos andan tras de ti para limpiar tus miserias».
«¡Ya pedí perdón! ¡Ya no me tortures!.
Roni habló en voz alta para callar los gritos.
«Chicas, ¿qué ha pasado?»
Judith estaba visiblemente enfadada, al ver a la chica de cabello corto se alejó de Kassandra y trató de empujar la roca».
«Paso que la princesita aquí nos encerró en una gran roca, por su irresponsabilidad ¡Ahora estamos atrapadas y con riesgo de morir! Kassandra tomó el brazo de Judith para que se detenga, la presión hizo que la princesa gritara «¡Suéltame!».
«¿Oh acaso lastimé los sentimientos de la princesa? Cuánto lo siento». Soltó irónica Kassandra.
«Si le cuento como me trataste a mi hermano te echara a la calle, por favor detente».
Kassandra apretó los puños.
«Si hace eso con gusto te daré tu merecido».
«¡Hazlo ahora!». Gritó Judith, con la voz quebrada «Ya no me importa».
«¡Calmense las dos! Esto no ayuda» Dijo Roni.
«Oh tú también, la princesita estrellada a la que tuve que tolerar, tú tampoco te salvarás» Dijo Kassandra a punto de perder la cabeza.
«Mira, sé que has sufrido, pero tratando mal a todas no vas a solucionar nada. Tenemos que salir de aquí» atajó Roni.
«Eso piensas, pero no es verdad. No te haces una idea de lo irritante que es tener que ir obligada a tener que hacer guardia hasta la madrugada por alguien que apenas conozco, mientras dormías a pierna suelta en una cama caliente yo estaba en medio de la calle, ¡de pie toda la noche!».
«Yo te ofrecí entrar, pero te comportaste como una imbécil ¿Que pensabas que haría? Que dijera “oh la entiendo, le pasaron cosas malas” mientras me seguías insultando? Yo también tengo mis problemas, ¡ella también los tiene!».
«Si claro» dijo Kassandra por lo bajo, se puso contra una roca, de cara a Roni «La princesa de un reino tiene problemas, lo que tiene son pájaros en la cabeza, no problemas».
«¡Será una princesa que no salió nunca del castillo pero es bondadosa! ¡No busca tu mal, ni el de nadie!».
Kassandra escupió contra el suelo.
«Es una idiota. Se piensa que sus acciones no tienen consecuencias, quiso jugar a la rebelde por la diadema y nos arrastró a nosotros hasta este pozo, maldita mimada asquerosa».
«Cada uno tiene su forma de desfogarse: la de ella es comportarse como una rebelde y la tuya es comportarte como si la gente debiera su vida».
«¡Me lo deben!» Gritó, poniéndose un pulgar en el pecho «¡El rey deshaució a mi familia y ahora ellos trabajan para la suya como yo! ¡Me quitaron mi hogar! Jamás les perdonaré...» unas lágrimas surcaron su mejilla y perlaron su rostro «Son unos bastardos, me rebajaron a ver como se alimentaban, se vestían y disfrutaban a costilla nuestra, maldita sea. Nunca pude tener una infancia normal, toda mi vida fuí soldado».
Roni se quedó en silencio, procesando la información.
«Ahora no solo tengo que servirles sino que también tengo que servir a una extranjera que lo único que hace es pasear con todo el dinero del mundo ignorandolo, como una turista. ¡Princesa estrellada!» gritó.
Roni siguió en silencio, escuchó como las visagras repetían el eco de la muchacha herida. Su interior era hostil como la roca, pero no inflexible.
Roni quería ser asertiva.
«Solamente ves algo parcial» empezó «Aquí entré gratis y no debería estar para empezar, tienes razón pero no lo justifica tu actitud, no endereza las cosas. Me caí contra la roca, no quiero reclamar algo que no es mío, ni tampoco pienso quedarme en este mundo: yo tengo el mío y alli lidio, como todos, si vine estrellada a este fue por un accidente; pero no soy una princesa estrellada. Te lo podría contar en detalle, pero prefiero ahorrarme las ganas porque sé que arrancarme el corazón para compadecernos no servirá si luego medimos nuestro dolor en base a un pasado que no remedia nada». se acercó a Judith, mientras seguía mirando a Kassandra «La princesa cometió un error pero se siente muy arrepentida por ello, sé que no puedes amigarte con ella porque tu condición de vida te lo impide, pero ella no te molesta, ni te hiere... Ni yo tampoco. Ni Judith ni yo somos culpables de lo que te hizo el Rey. Por favor no nos odies».
Kassandra se quedó en silencio esquivando la mirada de Roni, el golpe pareció perforar algún saliente de su marcado rostro, porque este cambió. Judith seguía llorando, pero intentó detenerse.
«Es mi culpa, Rlni, por mi culpa Kassandra me odia, soy una imbécil».
«No lo eres y tampoco te odia, solamente intenta ponerse de pie pero no sabe como hacerlo».
"Maldita sea Victor, me vas a tener que pagar demasiado después de esto".
La chica de cabello escarlata se quedó contemplado la roca, después de un momento de inspección tomó su espada y se acercó a las chicas. Verónica dijo:
«¿Que haces? No pensarás...».
«A un lado». Cortó Kassandra.
Las dos se apartaron, la muchacha clavó la espada en un saliente hasta el fondo y este se empezó a resquebrajar. La imponente columna de mineral se rompió en miles de pedazos. Kassandra volvió a enfundar la espada.
«Lo conseguiste Kassandra» dijo Judith, más animada.
«¿Como es posible?» preguntó Roni.
«Mire un fragmento quebradizo y seguí la linea hasta dar con el hueco más grande». Enfundó la espada «Sigamos».
Verónica y Judith la siguieron por un hueco oscuro y húmedo, el mismo líquido espeso volvió a caer del techo. "¿Qué demonios es eso?" Pensó Roni.
Kassandra detuvo a las chicas y apuntó su espada al frente.
«Desenfunden» Acotó Kassandra.
«¿Qué sucede?» preguntó Roni.
«Un sujeto adelante».
No pudo verlo a simple vista, escuchó el suspiro de Judith y un «Es verdad» sorprendida.
Agudizó más la visión y, de repente, lo vió. Había un hombre parado en medio de la gruta. Tenía un atavio oscuro que le tapaba la cara. Lo único que se podía ver era una sonrisa pequeña marcada por las arrugas de la boca.
Parecía un hechicero de cuento.
«Santo y seña». Dijo el hombre, con vos cascada.
«No tenemos tiempo para esto, anciano, déjenos pasar» Dijo Kassandra.
«Sin el santo y seña no podrán pasar».
La princesa parecía preocupada. Verónica se acercó a su lado y le susurró al oído:
«Somos más, ¿no podemos simplemente darle un rocazo o algo así?».
«Es un terreno sagrado, no podemos transgredir las reglas, nos podría caer una maldición» dijo la princesa.
El anciano de repente dijo:
«Pueden venir las tres personas a resolver un acertijo verbal, quién sepa la respuesta le dejaré ver la fuente».
Kasandra enfundó de nuevo.
«La prueba será difícil, pero si lo conseguimos tendremos acceso, lo veo justo» Dijo la princesa.
«¿Entonces quién va?» preguntó Roni.
«Voy yo» Dijo Kassandra, «si es una trampa les daré tiempo y así pueden escapar».
«No, iré yo».
«Princesa...».
«Mi familia se lo debe, Kassandra».
«Princesa no tienes que pagar por tus padres».
«Por favor déjame hacerlo, quiero hacerlo primero» Dijo Judith decidida.
«Esta bien, estaremos aquí». Dijo Kassandra.
Judith se acercó al sujeto. El hombre inclinó la cabeza y le susurró algo al oído. Después de oír la frase Judith puso una cara extraña. "No puede ser" pensó Roni. A leguas se veía que no sabía la respuesta. Dio media vuelta y se encaminó al resto, abatida.
«No tengo ni idea, lo siento» Dijo.
«¿Puedes decirnos de que se trataba el acertijo? Así tenemos tiempo para pensarlo» preguntó Roni.
«Lo siento, pero me aclaró que si se lo decía a otra persona se bloquearía el paso».
«¿No puedes decirnos nada?» preguntó Roni. Judith negó con la cabeza.
«Bueno, ahora si iré yo, lo que dije se mantiene... Supongo».
Kassandra se aproximó al anciano. Fue la segunda en escuchar al anciano susurrar. Su cara hieratica se vio de repente sorprendida por la pregunta. No parecía saber tampoco la respuesta.
«Tiene que ser una broma» dijo Roni, «¿Acaso es una ecuación de álgebra, un chiste de pedos o porque ni siquiera intentan responder?».
La chica regresó y negó con la cabeza.
«Bueno» dijo Roni, «Me toca a mí, que sea lo que dios quiera». La chica se estiró, algo emocionada y algo asustada. Si no lo resolvía ella, temía que tuviesen que quitarle la fuente a la fuerza, pero las alternativas se agotaban.
Se acercó al anciano. El peso de su espada se sentía sobre su cintura con cada paso. Sus ojos miraron a esa capa negra que solo dejaba ver un gran fondo. Era como enfrentarse a la inmensidad del oceano. Siguió caminando hasta estar de frente. El viejo se le acercó al oído, escuchó las espadas desenfundar atrás, también la tos incomoda de Kassandra, muy ahogada en la distancia. De pronto lo que su oído captó fue un “Eeeh” cascado, después:
«De los siete patos metidos en un cajón, ¿cuantos dejo fuera?»
La chica se quedó procesando la pregunta.
«¿Es en serio?»
«De los siete patos metidos en un cajón: ¿Cuántos dejo fuera?».
«Ya te escuché, es solo que no puedo creer la pregunta, ¿eso es todo?».
«... De los siete patos me-».
«CINCO» dijo en voz alta.
De repente se encendieron las antorchas del fondo de un añil tinto. Las otras se alejaron dos pasos ante la repentina llama divina. El anciano dejó pasar a la chica. Verónica se acercó a la fuente y sacó un frasco de su bolsillo. Con el cristal se dispuso a tomar un poco del elixir sagrado. Justo antes de tocar la fuente se detuvo. Notó el color oscuro y la espuma blanco limonita. Giró para ver al anciano con una mirada aún mas consternada si cabía.
«¿Esto es... Coca?»
El anciano ensanchó su sonrisa.
hundió el frasco hasta llenarlo. Luego se alejó, junto a las chicas.
El anciano seguía en silenció, sonriendo.
....
Después de hacer el camino de regreso, escuchó a un estruendo más al fondo. Pudieron ver al principe Catriel con una tropa de soldados. Al ver a la Princesa fue corriendo tras ella.
«Ya no tendremos que echar una lloradita por la roca» Dijo Roni, aliviada.
CAPITULO XI
El frasco fue llevado en un carromato aparte con las custodias y el armamento más pesado.
«La gran fuente sagrada es Coca-cola» Soltó Roni mientras cabalgaba.
«¿Eh? ¿Lo has probado? Dicen que quien lo bebe se le prolonga la vida, pero no puedo dejar de beberlo o de lo contrario, muere» Dijo la princesa.
«Es por la cafeína... Y el azúcar» terminó Roni.
...
Llegaron al castillo. Roni y Judith se quedaron hablando en el patio trasero, cerca de las fuentes de las fuentes.
«¿Ya te vas?»
La princesa parecía afectada. Le había llenado el corazón de una pequeña gran felicidad y no podía ocultarlo.
«Tengo que irme, hay cosas que tengo que hacer en mi mundo».
«De verdad voy a echarte de menos».
La chica se tocó la hebilla del pelo para sacarlo y tenderselo; pero la princesa le rechazo.
«Llévatelo contigo, es de un material exótico de más allá de las montañas, como la armadura, traerá suerte».
«Gracias Judith, por todo». Se abrazaron.
Roni se alejó de la fuente donde ningún pescadito esperaba salir y hacer cabriolas en el aire. El principe estaba en una esquina observando la escena. Cuando concluyeron Roni se acercó a él. La instó a acompañarla. Por el camino vio a los sirvientes atendiendo a los invitados, tal parece que el Rey era una persona de muchos lazos extranjeros.
Llegaron hasta la habitación donde tuvieron su primera charla, parecía un siglo de aquello.
«Veo que te llevas bien con mi hermana. Es una buena chica» dijo cerrando la puerta después de que la chica pasara y se ubicara.
«Lo es. Deberías darle su espacio, está conociendo su lugar en todo este mundo» dijo Roni.
«Tratare de darle coba, espero que no se encapriche con la libertad».
«No es de esas personas, lo llevará bien» "Aunque las cosas no están del todo bien, pero en fin".
«Dime una cosa, ¿Por qué me ayudaste?» preguntó de repente «Sali detras de un cuadrode una forma extraña y lo primero que haces es ayudarme, ¿por qué?» interrogó roni.
«Porque quería hacerlo. Creo que tu misión es interesante y soy muy curioso al respecto» respondió el principe.
«¿No hay nada más al respecto?».
«Solo me gustan las damas, esa es la verdad». Pareció sincero. A Roni no le sorprendió, conocía las historias de los príncipes y las doncellas en apuros. Imaginó que esos clichés eran los que imperaba en la cabeza del principe, como gaviotas alrededor de una boya de mar.
«¿Sabes algo mas de Victor Coleman?» Preguntó de nuevo.
«Lo justo y necesario, me temo que estas por tu cuenta en esto. Lo siento».
La familia real esconde algunos secretos bajo llave. Pero era un asunto que requería tal dedicación que Roni no estaba para la labor. Simplemente no era asunto suyo. Pero tenía que hacer algo por Kassandra, lo sentía adecuado.
«la familia de Kassandra». Comenzó de repente.
«¿Qué pasa con ellos?» Soltó el principe.
«Eso te pregunto yo, ¿qué con ellos?».
«Bueno, Don Kassandra ya lo conoce, es el herrero real; Doña Kassandra tristemente partió hace unos años, era la mucama de Judith -que en paz descanse- buena mujer. Ella no tiene hermanos, más allá de ellos, se hizo a ella misma».
"Así que el herrero, ¿eh? Esa si no me la esperaba".
«¿El padre de Kassandra tiene un hogar?».
«Duerme en un rincón cerca de la cocina, en una cama por supuesto».
«¿Por qué no le dan una casa?».
«Mis padres se encargan de esos asuntos, no será fácil convencerlos de que sea buena idea. Sé que Kassandra intentó convencerles pero su autoridad no le permitió tener una cita formal».
«Podrias intentarlo tú, si pudiste llevar a una tropa entera a una expedición por capricho podrías hablar con tus padres acerca de esto. No creo que sea muy difícil».
«Lo tendré en cuenta Miss Romi».
«Mi nombre no es Romi, mi apodo es Roni y es un diminutivo de Verónica, así que no tiene caso que sigas llamándome así».
«Como desee, Miss Verónica».
«Creo que ya me despido. Me llevo el frasco, ah y por favor no le des a Kassandra mas misiones de escolta, las detesta con el alma».
Roni se paró y abandonó el cuarto. Antes de eso el principe le entregó una carta perfumada.
«Un pequeño poemario, lleveselo con usted por favor» Dijo Catriel.
«Te lo agradezco, pero no estoy interesada. Pero la próxima vez que quieras llevarme a un lugar, que sea Mostaza».
«¿Qué es eso?».
«El Edén de la panza» cerró la puerta y se alejó.
«No te vas sin despedirte ¿o si, Heather?».
Kasandra la acompañó.
«Pense que ya no tenías la misión de escoltarme».
«No es por deber, lo hago porque quiero».
Ambas llegaron hasta la sala del herrero.
«Hola pá» Dijo Kassandra.
«Hola, hija del demonio» soltó el herrero.
«Siempre tan dulce» soltó irónica Kassandra.
"Ahora entiendo parte de su carácter" pensó Roni.
Se acercó al cuadro. Este al notarla se abrió por si solo. "Es la segunda vez que pasa, no entiedno su sistema" pensó.
«Bueno, me despido» Saludó al padre de Kassandra y le tendió una bolsa.
«¿Esto es...?» dijo el padre con brillo en los ojos.
«Te lo debía, además... no me sirve la moneda de otro mundo en el mío».
«Que amable eres, le das eso porque no te sirve, igual que darle sobras a un perro» soltó Kassandra.
«Es eso o dejarla toda en el banco, así que... En fin».
Kassandra sonrió.
«Lo valoro en serio, gracias Heather».
«De nada, Helen».
Las dos se abrazaron y Roni entró en el hueco del cuadro. Padre e hija la saludaron mientras el marco se cerraba.
"Ahora de vuelta a la confusión" pensó Roni avanzando hacia la oscuridad.
Capitulo XII
Al salir por la puerta no pudo evitar toser debido al aire viciado. Los ojos le lloraban por el humo. Cerró los ojos. Antes podía ver los muebles, los estantes... ahora estaba totalmente difuso. Era como si alguien hubiese encendido una gran pira de madera vieja.
«¿No tenés un ventilador?» Dijo tapándose la boca. Se miró la mano y se dio cuenta que ya no tenía el guantelete, sino la campera blanca (además de los jeans gastados y las zapatillas). La armadura de su cuerpo había desaparecido.
«Solo algo que está en ambos mundos conformado con la misma materia y volumetria puede existir en dos lugares a la vez. Tu abrigo, aunque aún no está confeccionado, puede existir en Normandía. Pero la armadura que está hecha de meserbon (material inexistente en este plano), no». Dijo Victor, con tono altivo.
«Explicas lo que viene en gana, ¿no? ¿Por qué no me explicas la comida? ¿Hay algo oculto ahí?».
El hombre siguió con su semblante tisico.
«Porque tengo hambre. Te los hago traer desde lejos porque los ingredientes no vienen mixtas en toxinas, y saben mejor». Dijo alzando una mano, para representar lo que decía.
«¿Te sientan mal los conservantes?».
«Digamos que me producen... Alergia».
La chica dejó el frasco en la mesa, al lado de la “cajita feliz”.
«No puedo creer que lo que esté trayendo sea tu almuerzo».
«Es solo un recado».
«¿No puedes salir a traerlo por tu cuenta? ¿O te dan alergia las puertas?»
«Ah no, una puerta es una puerta, la Coca es la coca, y la hamburguesa es la hamburguesa» dejando esa frase en el aire le dió otra moneda de oro.
«Hiciste un buen trabajo, otra vez».
Miró la moneda, recordó la frase de Judith, acerca de la firma. "Es de algo que no había visto antes".
«Las cosas que no ves, no las puedes creer» Dijo Roni, dejando la frase en el aire.
«¿Sucede algo?».
«Si, ventila esta zona, por favor».
«Mas tarde, ahora tengo cosas que hacer, y tú también».
«Dime una última cosa. esa gente que me da los objetos, ¿Son compañeros tuyos? ¿Son parte de la logía?».
«Digamos que son una parte de algo que hubo antes, si». Inhaló profundamente y soltó más humo. Si no le importase, Verónica pensaría que fue un ataque directo. La zona ya no parecía un bar, sino un fumadero de opio en plena china.
«Ten». Le tendió otras dos monedas. Se alejó caminando. La chica se estaba por dar la vuelta, cuando vio en su circunferencia un proyectil lanzado desde una gran distancia: otra moneda. La consiguió atrapar a tiempo.
«Buen ojo» Dijo Victor en la distancia.
«Uso anteojos».
El hombre le sonrió y se alejó hasta llegar al mostrador, cerca de la entrada.
Roni se encaminó hacia la última puerta. Metió la llave con el símbolo "∆" y destrabó la cerradura, abriéndola por completo.
Dentro había un pasillo estrecho, parecido al resto (pero sin escalinatas y al fondo de todo una puerta).
«El primero bajaba, el segundo subía, este va recto, suena lógico. Espero que sea la última, estoy exhausta».
Capitulo XIII
Cuando pasó del otro lado y acercó la cabeza para ver que había del otro lado una persona pasó corriendo y casi la empuja. «¿Cual es tu problema?». El sujeto dobló la esquina y se perdió de vista. No le dio tiempo a confrontarlo. Parpadeó varias veces, había luz artificial de un color blanco transparente. Caminó un poco por el pasillo. El suelo era cerámica, pudo ver su cuerpo brumoso debajo de los pies reflejado. Las paredes estaban llenas de vidriedas de un oscuro cristal. Más personas salieron corriendo en la dirección donde fue el primero.
«Llevan batas, esto parece algún centro de investigación o algo así» dijo Verónica. «Supongo que debería seguirles, pero un momento». Antes de dirigirse por donde el resto quiso cersiorarse de algo.
Regresó a la entrada y, en efecto, allí estaba pegada una nota. Era la primera vez que capturaba una por su cuenta.
«Busca la roca en la sala B12». De nuevo la letra extraña que le habían advertido los príncipes. «Que demonios significa».
Caminó en la dirección donde se habian precipitado las personas con las batas. Tenía una leve certeza de donde quedaba la sala B12.
Un montón de personal estaba pegando sus caras por cristal como si estuvieran viendo una atracción. Quiso saber de que se trataba pero había demasiada gente y la zona de desplazamiento era mínima. Aprovechó para ver las placas de las esquinas.
«B11...» se volvió y miró la que había multitud de personas agolpadas. «B12. La re put# madre. ¿Cómo hago para pasar?»
Una persona detrás de ella le tocó el hombro.
«¿Eres la geologa?» dijo un tipo.
«Eh si, ejem, ¿Se nota mucho?» respondió rápida. «Vengo a inspeccionar la roca, imagino que ya sabrá de cual roca hablo, ¿no? Todo el mundo sabe que roca es, no cualquiera puede verla si no es detrás de un cristal».
«Sigueme. Te pondremos la bata».
«Ya era hora, llevo esperando una eternidad» siguió con el teatro.
Después de ponerse el equipo reglamentario saludó a unos científicos que estaban allí, entre ellos destacaba un anciano con el cabello cano y unos lentes de microscopia.
«Por los clavos de cristo» dijo el sujeto.
«¿Disculpa?».
«Tienes un montón de partículas espacio-temporales, ¿eres de otra dimensión? ¿Es posible que seas de la tierra?».
Era la primera vez que alguien entendía a pleno de donde venía Roni "¿Sabrá por qué estoy aquí? Tengo que hablar con él".
Una persona se interpuso en el camino del científico y ella.
«Perdone, pero rellene estas formulas con sus datos personales».
«Si, como no». Tomó el bolígrafo y empezó a rallar la hoja esperando que algo de lo que metiera tuviese un mínimo de sentido.
DNA: 17273722883
Campo: Geología
Posición familiar: Biólogos
Institución: San Pedro
Tipo de sangre: A++
Le entregó la carpeta al científico sonriéndole. Al irse suspiró «Mientras indagen el asunto yo ya me abre ido, espero». Miró para ver si el anciano estaba por la sala, pero no lo encontró.
De pronto alguien la tomó del brazo y la apartó del resto del grupo.
«Por favor puedo explicarlo» se asustó.
«Eres de la tierra, ¿no?» dijo el anciano que vio antes.
«¿Conoces la tierra?».
«Vengo de allí, me crié allí, conviví con mucha gente en una universidad y después sucedieron cosas malas, pero me estoy adelantando. ¿Quién eres? ¿Como llegaste aquí?».
«Vine de Buenos aires, llegué aquí por una puerta mágica».
«Asi que las llaves siamesas, ¿verdad?».
«¿Las conoce?».
«Por supuesto, yo fuí uno de los que las halló» se alejó unos metros y cerró la puerta, «Vas a tener que tomar asiento, es una historia larga».
«Tampoco quiero que me cuente su vida, señor, solo vaya por las partes que tienen que ver con las puertas».
«Es que todo tiene que ver con las puertas, como bien sabrás, los mundos están conectados, por medio unos conductos espacio-temporales. Antes de entrar en este lado, fuí un explorador que investigaba las distintas propiedades de ciertos tesoros antigüos. Ya sabes, el sueño tonto de cualquier fantasioso que desea tener una aventura. Los rastros de mis viajes fueron localizados por otra gente, ellos me ofrecieron su ayuda y a cambio yo podía ayudarles a ellos. Eramos una asociación de muchachos jóvenes con ganas de ver mundo. Después de un viaje a China encontramos las llaves siamesas, allí todo cambió».
«¿Las llaves mostraban ese poder que tienen ahora?».
«Al principio no, pero después de pasar un tiempo con nosotros empezaron a hacer cosas raras. No sé si te has leído un relato de Lovecraft pero era esa clase de terror cósmico inaudito que relataba ese pobre diablo. Teníamos visiones, pesadillas, escupitajos con algo verde. Un horror. Después de pasar con fiebre varios días volvimos a nuestro local en Buenos Aires, allí las llaves se perdieron. Desconocíamos el motivo, pero después descubrimos que siempre hubo una relación entre las llaves y otros mundos. Era como una línea que conectaba ambas esferas: allí se generaron las puertas».
«¿Las llaves se perdieron dice? ¿Desaparecieron sin más?».
«No desaparecieron, volvieron a la fuente de creación original. Los mundos donde fueron forjados. Después de traspasar el umbral de cada una de ellas descubrimos una matriz, gente de otra dimensión y distintas fuerzas que sobrepasaban las leyes de la física, no pudimos escapar. Estábamos en una maldición».
«¿Una maldición? ¿Por eso no puede regresar a la tierra?».
«Eso es. Suponte una atadura, algo que nos amarra y nos jala cada vez más y más... eso es lo que nos pasó, las llaves tenían una sinergía con la persona que interactuaba con ella. Cada vez que recuperabamos una, uno tenía que quedarse atrás. Así fue como yo me quedé en este plano, sin saber del resto. Pero sí contacté con algo, una carta que me decía que tenía que esperar el momento indicado, a mi me mandó el plano de una roca, con el tiempo llegué a la conclusión de que el resto de mis compañeros recibieron instrucciones similares».
«Ahora entiendo quienes eran esas personas "y el condenado acertijo del patito de hule", ellos fueron los exploradores. Todo tiene sentido ahora». Verónica sacó la hoja de papel con apremio y se lo entregó al hombre.
«Esto me lo entregó Victor Coleman, ¿Reconoce la letra? Él fue uno de sus compañeros».
El hombre tomó la hoja usando el lente para ver a nivel microscópico.
«¿Victor Coleman dices? ¿Ese es el hombre que te trajo aquí?».
«¿No reconoce su letra?».
«La letra la conozco, es la misma que me llegó a mi en el pasado con las instrucciones. Esas rayaduras tan extrañas son inconfundibles, pero mis compañeros se llamaban Pedro y Sigmund, un marplatense y un japonés, no sé quién demonios es Victor Coleman».
A Roni se le erizó la piel. De pronto sintió que algo no encajaba en la viga de su mente.
«Si Victor Coleman no fue un colega suyo... ¿Entonces quién es?».
El científico le miró largo rato. El aparato que tenía en los ojos le daba un aspecto inhumano, lo cual hacía que su expresión se sienta más severa.
«Escuchame, debes...»
Se escuchó unos golpeteos del otro lado de la puerta.
«¿Eric? ¿Estás aquí? Necesitamos tu ayuda, la geologa desapareció y necesitamos que alguien nos de una mano.
Verónica le miró, como diciendo: " ¿Está el elefante en la habitación?".
«Ya salgo». Dijo Eric.
El hombre se fue.
«Dime una cosa muchacha, ¿Sabes usar un martillo?».
«¿Eh?».
Capitulo XIV
Tanto Roni como Eric ingresaron a la sala de pruebas. La roca estaba puesta encima de una mesa blanca de acero inoxidable. Roni se sentía consternada "¿Como demonios voy a sacarla de ahí?" Pensó mordiéndose el labio. Trató de pensar en estratégias eficientes para poder agarrarla y salir, pero le resultaba imposible sacar nada en claro. La única solución sería intentar convencer a todos de que necesitaba la roca para inspeccionarla por su cuenta y ahí rajar, pero no iba a ser fácil. Todos estaban mirando, expectantes.
«Esta roca de donde es?». Preguntó para romper la incomodidad.
«La luna, cayó de un meteorito hace una semana y desde entonces estuvimos haciendo pruebas».
«Ok... Ahora entiendo el interés de todos estos tipos». Dijo la chica "¿Como la sacó?"
«Muy bien, aquí le entrego las herramientas» Eric le tendió un martillo de gran grosor.
«¿Para que esto?».
«Para la fase 'desmantelamiento'. Ya sabe, romper el excipiente para extraer el material».
«Pero necesitamos la roca intacta».
«No nos queda de otra, la prueba ya está firmada por los directivos, o lo hacemos nosotros o lo hacen otros».
Roni asintió con la cabeza y se quedó de frente al martirio.
«¿Sabes como romperlo?». Dijo Eric.
«Soy mineraloga y mi papá fue un carpintero».
«En tu formulario pone que tus padres fueron biólogos, nadie se tragara eso. Eres rápida para los subterfugios, pero aquí vas a tener que hacer prácticas. No te preocupes, yo te guiaré, escúchame: tienes que darle en medio, bien en el centro de gravedad».
«Eh... aquí». Dijo apuntando donde ella (suponía) era el medio.
«No, un poco más a la izquierda».
«Aqui».
«No... un poco a la derecha».
Giró el martillo y miró al viejo, el hombre negó con la cabeza de nuevo.
«¡¿Aqui?!?».
«No exactamente pero...».
«¡Al carajo!»
Le dió un topetazo con todas sus fuerzas y quebró la piedra. Todos los que veían se quedaron en silencio. Roni se apartó al notar que algo que se movía dentro. De pronto asomaron unas orejas blancas como la nieve con unos ojos rojos y pupilas negras.
«Aw, es un conejito, que lindo».
El anciano la apartó, el conejito salió de la roca y saltó al suelo. El resto del personal entró para ver al animalito (y acariciarlo).
«Aqui mas de una leyenda oriental tiene fundamentos fuertes para existir, ver para creer».
"Ver para creer...".
Eric sacó una bolsa y se acercó a la mesa «Mira ven».
La chica se acercó, dentro de la roca había quedado restos de pulgadas brillantes color dorado, parecían...
«Papas fritas» Dijo Roni. tomó unas cuantas con los guantes de latex «por qué no me sorprende». Eric quedó aturdido pero se repuso de inmediato. Tomó una y se la echó en la boca.
«Están buenas».
»No deberías comer eso, puede ser peligroso».
«Ya estoy maldito, nada mas me puede pasar, además no tienen aceite, ni sal».
«¿No tienen sal?»
«¿Eso es extraño? De por si todo es extraño *comió otra*».
«Supongo. Ayúdame con esto».
Agarraron todas las papas mientras el resto del personal inspeccionaba (y acariciaba) al conejito.
Los dos volvieron a la habitación y Eric cerró la puerta.
«Escucha» empezó Eric «Necesito que me hagas un favor»
«¿Un favor?» ¿Que clase de favor?
«¿Puedes ir a esta dirección? Necesito que me traigas algo de aquí, pregunta por este tipo y el sabrá que darte» le entregó una nota.
«¿De verdad?»
«No te lo pediría si no fuese urgente; por favor».
Roni dió un largo suspiro.
«Esta bien, pero debo saber como es este mundo».
«A diferencia del nuestro; avanzado».
«¿Avanzado?».
«Futurista».
«Oh no, ¿futurista cyberpunk o futurista bien?».
«Un poco de esto y un poco de aquello, ya lo verás. Al otro lado encontrarás una puerta que te lleva a la calle, de allí pode indicaciones. Tranquila, es cerca».
Roni suspiró.
«Me lo debes».
Se alejó caminando y procurando no ser vista.
...
Roni salió por las aceras de la gran ciudad. Todas las calles tenían señalado algún tipo de barrera de protección hecho por holograma. Además de que los autos tenían propulsión eléctrica. Primero pensó ver pájaros en el cielo; una bandada inmensa, pero eran drones que iban y venían en grupo, incluso algunos llegaban hasta las aceras. La gente se acercaba a ellas y se les desplegaba un menú donde aparecían unas imágenes, habiendo algún tipo de difusión, como televisión.
Se acercó a una parada de semáforo. El color verde estaba encendido pero nadie cruzaba: todos se quedaban mirando el celular. Después cambió a rojo y ahí sí todos cruzaron. Roni iba a cruzar con ellos pero una mano la detuvo. Era de un brazo mecánico.
«Eh, hola» se presentó Roni
El sujeto le preguntó de donde venía y Roni le explicó que estaba en una misión que requeria suma discreción.
«¿Pero me puedes decir donde vas?».
«Goldan 123 ¿Conoce?».
«Si claro, es por el lado opuesto al que estás yendo, si no quieres perderte te sugiero que sigas las indicaciones de los androides y no los que están pintadas; hace años que están desactualizadas.
El tipo se fue y paró a otra persona que estaba por cruzar otra acera. Su código de honor le impedía que la gente se perdiese por la calle.
Roni se acercó a un edificio llena de luces moradas y lilas, le recordó al pueblo de Norlandia.
Allí unos tipos se alejaban con una pinta o dos encima, además de un par de tragos.
Se acercó al local.
«¿Es un bar?».
Al pasar y decir eso, todos la miraron, desconcertados.
«Busco a Drane».
Seguían observándola, sin decir nada.
«¿Tengo algo en la cara o qué? Dije que busco a Drane».
«¿Hay alguien fuera?» dijo de repente uno, el otro le acotó sagaz «Alguien nuevo». Ninguno se miraba directamente. Parecían estar viendo algo más allá de las paredes.
«¿Qué demonios está pasando?».
De nuevo alguien le tocó el hombro, era otra mano mecánica.
«Señorita, ¿qué solicita?» dijo una voz robótica y servicial como el Robot dorado de Star Wars.
«Quiero ver a Drane».
«Un segundo, ya le avisaré».
Se alejó un momento y después apareció otra vez con una persona joven que tenía una barba de puber descuidada y un chalequin de bartender. Su cabello estaba recogido en una coleta. Bajo ciertos estandartes era bien parecido.
«¿Usted quién es?» dijo con un tono cansado.
«Vengo por parte de Eric, usted lo conocerá ¿No?».
«Ah, si, Eric. Pase por aquí, no pise los cuerpos, ¿Le sirvo algo?».
«Un poco de agua no me vendría mal».
«¿Agua? ¿Que es eso?».
«H²O, water, awa; ¿no hay de eso aquí o como le dicen?».
«Ah, se refiere a ese líquido incoloro que produce una regulación en nuestro organismo, el agua» describió con un deje perezoso.
«¿Me está tomando el pelo o se golpeó la cabeza?»
«No es eso, aquí el hidrógeno dejó de existir hace un par de siglos, no recuerdo cuantos».
«¿Entonces qué lo sustituye?».
»El alcohol y el hidronio, ¿cuál prefieres?».
«Si el hidronio es como el hidrógeno, entonces esa».
El robot se fué detrás de la barra con el pedido.
«Como te llamas, si es posible saberlo» dijo el joven.
«Me llamo Verónica, pero me apodo Roni».
«Como los Samurai».
«No. Ese es Ronin».
«Como sea, son parecidos» Suspiró. Roni no sabía si lo decía por desgana o por sonar desmotivado. Sus ojos tenían dos manchas negras a cada lado, tal vez solo estaba cansado.
Roni miró la barra, era de un marrón mate elegante. Detrás había toda clase de bebidas, jagger, wiskhey, cerveza, incluso algunas que jamás había leído "¿qué es jaggerpunch?" Luego miró a los cuerpos tendidos, imaginó que les dieron una droga potente; tal vez ese jaggerpunch los dejó punch out.
"Que bromita más mala".
«Si te preguntas qué les pasa...» El sonido la sorprendió, «Ellos encontraron el tesoro de la raza de caín, el marhmellon del reino; normalmente no están tan animados».
«No entiendo que dices, ¿Están dentro de un juego?».
«No».
«¿No? Podría jurar que es idioma de gamer, como una realidad virtual, ya sabes, ¿entonces de qué me hablaste?».
«De una sidequest del Baldurs Gate XV».
«entonces si es de gamer, ¿Donde lo juegan?».
«En sus casas. Vienen aquí para despejarse».
Uno de los "zombies" se levantó como si nada y se fue al baño.
«En fin, ¿que quiere Eric?» preguntó Drane con el monótono.
«No lo sé».
«¿No lo sabes? Que increíble».
«Me dijo que una vez te contactara me dirías la respuesta, yo no tengo ni put# idea».
«Shh, está bien, yo sinceramente no tengo ni idea tampoco. La muchachita vino en vano, que pena me da, vaya» dijo todo con el mismo tono cansado.
"Este tipo es un gañan, casi un imbécil" pensó Roni.
Le trajeron un vaso de Hidronio y se lo bebió para escupirlo de inmediato; sabía a naftalina.
«Esto es una mierd#».
«Por eso te ofrecí el alcohol primero, el hidronio es un hidrocarburo que beben los robots».
Las mejillas de la chica se incendiaron de ira.
«¿Por qué no me lo dijiste?».
«Pense que querías probar cosas nuevas, ya sabes, goma de mascar sabor pomelo, saltarse la cola en el súper, hidrocarburo con sabor a sudor... cosas que hacen las adolescentes».
«Mirá, yo tengo mucha paciencia, pero me la estás colmando. Se supone que esto es un bar y soy cliente; me tienes que atender bien, además, vengo de parte de alguien que no me dijo quien eres y estás perfilandote para ser un perfecto imbécil, más te vale que sepas bien qué decides responder de ahora en adelante».
«Lo siento, hoy no fue mi día» se frotó el rostro para quitarse para aflojar la tensión y continúo «Eric, ese Eric quería unas baterías, creo que las guardo en la guantera, Tornillo, aquí».
El chico tronó los dedos; El Robot platinado se presentó.
«Revisa el compartimento del coche, allí tengo unas pilas, traelas».
«Si, señor».
Después de marcharse los sonidos de las rocolas se atenuaron con música clásica, las luces bajas daban un aire a restaurant de gente responsable, Roni pensó que si este era el ambiente general entonces era el lugar hedonista mas tranquilo del mundo.
Los dos se quedaron en silencio. Roni miró las estanterías y la gente echada. Solo faltaba el cartel del estanque medieval que ponía "Escenario" en la puerta y un filtro telefunken para que parezca un montaje de los Monty pyton.
«Se lo que estás pensando» Dijo Drane de repente.
«¿Ah si?».
«Si. Te preguntas como alguien como yo pudo haber acabado en un garito como este».
«En realidad no. Pienso que el garito te queda perfecto. Pero no por ser mala, de verdad no creo que sea mal lugar para tí».
«Bueno, yo tenía otros planes: iba a graduarme de la universidad y tener un puesto en la sala de investigación de Eric, pero un incidente hizo que todo se fuese a pique; ahora sirvo a costales tirados que buscan en el piso comida; mientras espero que un robot me traiga unas doble a para dárselo a una chica».
«Es gracioso como lo planteas, porque la mayoría pensaría que esperar a que un robot traiga algo que pediste para una chica es un plan interesante; hasta romantico, si no añades el detalle de las pilas».
Drane suspiró.
«Todo depende de como lo veas, al parecer».
«Si te soy sincera me da un poco igual que no hayas pasado la universidad. Es una pena, pero, no lo sé, no parece mal local, ¿Ganas muy poco?».
«Lo justo y necesario, nada más».
«Tienes un sirviente robot, eso no es poco».
«Tornillo no es mi sirviente, es del local, le sirve a todos los empleados».
«No está mal, podrías no tener a nadie y estar en apuros».
«Qué diplomática. ¿Siempre eres así?».
«A veces lo soy para no mandar a la mierd# a la gente: como en este caso».
Drane tragó saliva. Se dió cuenta que Roni tenía una fiereza en la mirada muy bien domesticada. Miró para el costado.
«Oye, Tornillo se está tardando mucho, donde está ese pedazo de hojalata...».
En ese momento el robot apareció con una batería gigante, encima otra más pequeña y en su mano derecha tenía un bate de béisbol hecho añicos.
Drane abrió los ojos como platos. Era la primera vez que se veía alterado.
«¡Qué demonios hiciste hojalata!»
«Me dijo que busque unas baterías, en el automóvil hay dos tipos de batería, uno en la guantera y otro en el motor. Saqué las dos para entregárselo. El bate lo use para desmenuzar la puerta que estaba atrancada debido a su excelente seguridad Fiat».
«¡Le diste batazos a mi coche! ¡No puede ser!».
El chico salió corriendo por la puerta de atrás. Roni estaba a punto de seguirle pero lo pensó mejor y se quedó en su sitio, por dentro se estaba riendo muchísimo.
Después de un rato un tipo con el brazo y el ojo en una prótesis apareció, tenía el semblante serio. Llegó hasta la barra y tocó la campana.
«¿Donde está el bartender?» preguntó después de un segundo.
«Ya no está» dijo la chica, casualmente.
El tipo dió un gruñido de macho alfa.
«Dejar su puesto de trabajo en servicio sin un ayudante es un delito, me temo que ese truhán no volverá a pisar otro establecimiento en su vida, informaré de esto a la seguridad».
La cara de Roni palideció.
"Mierda, no puedo hacer que lo echen así como así, piensa ¿Qué haga?".
El sujeto estaba tocando su brazo que servía como comunicador cuando de pronto la chica se lo bajó.
«Eeh disculpe, quise decir que no está disponible ahora, pero volverá en breves».
«Si no ha puesto un ayudante, entonces es delito y se le confiscarán sus pertenencias, incluídos instrumentos de trabajo y su hogar».
Roni parpadeó, estática.
«Yo soy su ayudante» dijo en seco.
"Me cago en..."
El hombre la observó detenidamente y bajó el brazo lleno de botones eléctricos.
«En ese caso no será necesario que llame a las fuerzas, sirveme un trago».
Roni tragó saliva.
»Esta bien».
Se puso detrás de la barra, el hombre le seguía con la mirada.
"Tendría que haberlo dejado que se joda, ahora ya es tarde" se lamentaba.
«Que se le ofrece».
«Un Suggar Daddy».
«¿Un qué?».
El hombre no repitió la fraseSu cara de enfado lo decía todo por él.
«Oh, quiero decir, sí, un Suggar, ahora mismo».
Con su mano palpo debajo de la barra para ver si arrancaba algún libro de recetas de algún lado.
«¿Todo bien?» Dijo el hombre sin dejar de verla.
«Oh si, solo metía la mano en agua».
Sacó de la baraja y tomó un pequeño volumen, la ojeó un poco, hasta que dió con la bebida en cuestión.
«¿Es su primer día?» dijo el hombre mirando su brazo, cerciorandose de que estuviera mojado.
«No, claro que no, es solo que no estoy habituada a trabajar mientras me juzga un completo extraño».
«Si quiere puedo desactivar mis circuitos por un momento».
«¿Puede hacer eso?» la chica se calmó.
«Si. Lo único que necesito es ajustar el cronometro interno y, ahí está». El sujeto tocó algo en su ojo y se acomodó y se desplomó en la barra como noqueado.
«Tanto trote para nada». Roni dejó el libro de recetas y suspiró.
Estaba por salir cuando otro tipo apareció, tenía la misma corpulencia de personaje de Street fighters, solo que era de un color más oscuro.
«Un trago».
Roni se quedó quieta.
«Lo siento, pero no estoy para la labor, no soy bartender».
«En cuyo caso deberías quedarte ahí, ya mismo voy a contactar con las autoridades para que clausuren el local y llevarte bajo arresto por falsificación y-».
«Lo siento, tonta de mi, quise decir que no soy una bartender convencional, yo sé cuándo alguien tuvo un día largo, es intuición, ya mismo le preparo su trago, ¿que desea?».
«Suggar sunday».
«Como gustes, voy a chequear el libro de recetas que aquí tengo anotado los precios, ya sabe, la inflación hace que a una se le olvide hasta qué dia vive, ja,ja,ja» trató de sonar lo más natural posible. Su espalda era un rio de sudor.
"Suggar Sunday, suggar sunday, aqui. Jugo de limón, de mango y Vodka; edulcorante amarillo... perfecto. No tengo ni idea de dónde está todo eso. Estoy muerta».
«Algun problema».
Roni casi se atraganta.
«No... Nada».
Entre tanto otro sujeto apareció detrás, llevaba las mismas pintas de hombre rudo que los dos anteriores. Pero este tenía el cabello -de un corte cepillo- tintado de verde.
"Saldré de esta situación, solo necesito... ¡irme de verdad!".
Drane apareció por la puerta de atrás, vió a Roni detrás de la barra con el libro marrón hecha un cristo, unn tipo deshecho en la mesa y otros dos que aguardaban, primero abrió los ojos, analizando la escena como intentando encajar las piezas, luego siguió caminando con una mano en el bolsillo hasta donde estaba la chica.
«Buenas» saludó a los presentes.
Roni estaba con una cara de susto, suplicando por su vida.
«¿Bonita tarde eh?» siguió, como si nada.
«¿Tu eres el bartender?» dijo el pelo verde.
«El mismo» contestó, un poco menos tranquilo.
«lindo colgante» dijo el otro sujeto.
No llevaba ningún colgante. Drane tragó saliva; era una señal de peligro.
«Si me disculpan me llevo a mi compañera por la parte de atrás un momento». Tomó a Roni del brazo y la llevó al baño.
«Qué hiciste» dijo con un tono moderado.
«Salvarte el trabajo».
«No me refiero a eso... Mira, en fin, ahora mismo tienes un problema ahí fuera».
«¿No los puedes atender?».
«Me temo que no. Ellos te han visto, saben que eres mi compañera y estabas detrás de la barra: eres la bartender oficial».
«¿Por qué? ¿Que clase de regla de bartender es esa?».
«No es regla de bartender, ellos son miembros de la fuerza de seguridad de bling city, tienen un rastreador y un comunicador, están sacando muestras de todo lo que ven y si algo se sale de la norma, me cortarán en pedacitos, ahora mismo lo único que te toca es seguir el juego, ¿Solo eran ellos tres no? Entonces adelante».
«Pero... ¿¿Me vas a ayudar no?».
Drane suspiró.
«Haré lo que pueda».
«Esta bien, entonces todo bien, si no te molesta ¿me puedes prestar un chaleco? Mi camiseta está echa un asco».
Después de cambiarse en privado salió para saludar a los sujetos.
«¿Dónde te quedaste?» susurró Drane ensanchando una mueca terrible.
«Sugar Sunday».
Drane sacó un par de botellas de atrás mientras Roni sonreía para los muchachos, que ya se pusieron a hablar entre ellos. Después de un rato, Drane ya tenía todo lo necesario.
«¿Lo voy a preparar yo?» preguntó Roni.
«Eres la bartender oficial (para ellos), no puedo cambiar Roma».
Después de lamentarse, Roni hizo la mezcla, le quedó una bebida con una coloración llamativa, después de servirle en una jarra el sujeto le dio un trago profundo.
«No está mal, dame otra».
La preparó otra vez y la sirvió.
«Gracias, ya meeeee voy» se levantó -tambaleado- y se marchó. El de cabello verde se acercó.
«Un Suggar Dash».
«¿Todas las bebidas son Suggar algo?» Pregunto Roni por lo bajo a Drane.
«La policía y sus rosquillas, nunca cambian» dijo este.
«¿Que han dicho?».
«Quiero decir, que siempre tienen un atuendo esplendido, nunca cambien».
«Mejor».
«Un Suggar dash se prepara con coloración de pepino, un par de limas y un Vodka sandía»
«¿En lugar de decirme todo eso, por qué no lo traes?».
«Cierto».
Roni preparó la bebida y la sirvió, el peli-pinto lo tomó y pidió otra. Luego se marchó.
«Maldita sea, eso estuvo cerca» Drane se destensó «¿Ese te ha visto?» apuntó al tipo de la barra.
«Si, pero no creo que pase nada, está dormido».
Como si estuviese programado el tipo se despertó de un salto. Fue tan repentino que Roni pegó un grito.
«Dios que sueño, dame algo fuerte» dijo.
«Que tal una patada en el...» Drane se contuvo.
«¿Que le servimos?» susurró Roni a Drane.
«Ante esta situación lo mejor es que se despeje, así que un suggar punch».
Drane bajó varias botellas. Jagger, edulcorante de frutilla, jugo de fresa y arándanos.
«Añadele red bull y tendrás el Suggar punch».
Roni lo preparó y le sirvió la bebida de color de sangre.
Se lo bebió de un trago y dió un brinco en la silla.
«Eso me sirvió, quiero otro».
Roni estaba por hacerlo cuando una mano la detuvo; era el sujeto.
«No, espera, mejor un suggar... apocalypse».
«Vaya, vaya, veo que no anda corto de sueldo este mes jefe, espero no salga de aquí en camilla» dijo Drane.
«¿Que es un Suggar apocalypse?».
«Es una bebida con color oscuro, se mezcla Whisky, café, red bull, edulcorante de cacao y una pisca de hidronio».
«Pero el hidronio sabe a mierd#».
«La preparación entera sabe a mierd#, pero lo toman para tener los sentidos a todo trapo».
Sacó las botellas y una cafetera. Roni mezcló todo y lo sirvió en un vaso, su color era tan oscuro que rivalizaba con el petróleo.
El sujeto se lo tragó entero.
«Dios, ya estoy en las nubes» se levantó sin decir nada y se marchó.
«Ninguno de ellos te pagó, sabes».
«Lo hicieron con su wallet, me llegará todo el martes, que es primero de mes».
«Con eso ya estaría, ¿verdad?».
«Si quieres seguir atendiendo no tengo drama».
Roni se sacó el chaleco y se lo aventó al chico en la cara. Después se fue al baño a ponerse la camiseta.
Volvió y se colocó en la barra, como un cliente más.
«¿Por cierto que le pasó a tu auto?»
«Destruyó la puerta delantera. Maldita sea, al menos tengo seguro, si prendo fuego a esa hojalata y digo que fue un accidente cobro el seguro del Robot».
«Es una ganga, pero no creo que puedas con él» aportó Roni.
«Además de que me despedirán, nadie se creería que el robot se incineró por accidente... maldición, en fin, como sea».
Los dos se miraron. Roni creyó que por fin empezaba a ver en él algo que le gustaba, eso mejoró su animo.
«Ya me despido» dijo la chica.
«Fue un placer, compañera».
«El placer fue mio, perdón por causarte problemas».
«Tecnicamente me salvaste el cuello, así que no me puedo quejar. Envíale saludos al profesor de mi parte».
Roni salió a la calle con la batería a cuestas.
...
Después de una larga caminata -anotada, para Coleman- llegó al centro de investigación y le entregó al "profesor" el recado.
«Ya tienes lo que querías, solo queda escapar».
«¿Como te fue?»
«Mas o menos, tu antigüo estudiante fue bastante repelente al principio, me dio de beber gasolina, pero después se comportó mejor».
«A veces hace esas cosas, no disfruta su tiempo como debe».
«De todos modo le di su merecido, alteré las funciones de su robot para que destruyera el auto»
«¿Que hiciste que? ¿Como?».
«El robot tenía un botón que ponía "automático" imagino que es como el manos libres del auto, si no se cumplen las condiciones de la carretera: lo estampas y al carajo. En realidad no esperaba que sucediese eso. Solo quería devolversela y al robot se le fue la mano, pero fue mi culpa. De todos modos intenté reparar el daño sacándolo de un apuro, algo es algo, supongo».
«Deberias tener más cuidado».
«Lo tendré en cuenta, pero aún tengo que componer varias piezas del puzzle. Todavía no me dijiste ciertas cosas, ¿Hace cuánto que recibiste la nota?.
«Un par de décadas. Estaba en mi cama cuando apareció por la puerta de entrada, pensé que era de mi joven esposa, pero resultó ser de quién te dije: Coleman».
«Un par de décadas podría ser unos segundos en mi plano» Dijo intentando comprender. «La hamburguesa y la Coca lo entiendo pero ¿Como sabía que habría una roca? Mmm».
«Tal vez haya visitado este mundo y pudo ver los datos de los próximos avistamientos de meteoro y solo hizo un cálculo».
«Aun así... Con una semana de diferencia...».
«¿Que es lo que quieres dilucidar?».
«Puede ser una casualidad pero después de tanta extrañeza... arrgh olvídalo, solo quiero volver a mi casa, esto me tiene cansada».
Se levantó y se sacó la bata, volvió a ponerse la campera y abrió la puerta.
«No creo que haya nadie vigilando ¿o si?»
«Deberías escabullirte por el lado oeste, hay menos gente».
«Mejor volver por donde he venido, cerró la puerta, hm, oye, ¿Por qué estas tan tranquilo? Digo en general: a pesar de saber que estar atrapado en este lugar... Respondes y trabajas como un personal mas».
«Porque hice mi vida acá, ya no tiene caso sentirse mal».
«¿No extrañas la tierra?».
«A veces, pero ya no siento el apego que sentía antes, ahora lo veo como un pasado casi histórico, insisto: aquí no se está mal tampoco».
Roni se imaginó viviendo en un lugar lejano por mucho tiempo, al final se acabaría por acostumbrar, pensaba, pero tener a gente a tu lado lo hacía más fácil. Además que la mente suele construir sus barreras para tranquilizar el ansía de lo inasible del vacío, la incertidumbre. Algo inmediato y mundano, que pudiésemos ver y juzgar... Nos hacía un punto de partida, nos hacía creer.
«Ver para creer».
«Ese lema es pragmatico. Muy científico. Si le das la vuelta se vuelve otra cosa».
«Lo sé... Solo estoy pensando en voz alta... Creo que ya tengo la razón de por qué él lo sabía, es muy extraño pero creo que cobra sentido con la diferencia de tiempo».
«Bueno, ya te tienes que ir, estoy detectando fuentes de calor que vienen hacía esta dirección en un rango de velocidad mayor a un cero con cinco».
«¿Es en serio?».
«No: te estoy jodiendo».
Se escucharon unos golpes en la puerta.
«Abran! Abran! Se que la ocultas ahí!».dijo alguien del otro lado, venía acompañado de otras voces que gritaban lo mismo.
«Mierda ¿Que vamos a hacer?» dijo Roni.
«Escóndete en el clóset» Verónica corrió y se ocultó en un rincón. Eric abrió la puerta. Escuchó a alguien decir «Se que está por aquí». La voz de Eric se notó sobrepasada y los pasos se volvieron más fuertes, hasta que alguien abrió el placard.
«¡Aqui estás!»
«Puedo explicar...»
El hombre agarró una bolsa pequeña de lo que parecía pienso para conejos.
«Roberto necesita alimentarse». Todos se marcharon. Roni salió del Placard.
«Que situación tan overhead» dijo, usando una expresión que seguramente nunca utilizó para una situación que nunca estuvo antes.
«Por lo menos no te usaron a ti para alimentar al consejo» Dijo Eric «Hubiera sido gracioso vivir en esa dimensión».
Roni se alejó con la bolsa de papás fritas.
«Ya casi estoy».
Un hombre la interceptó en una esquina.
«Hey ¿a donde vas con eso?».
Roni empezó a correr hasta doblar la otra esquina. Sentía que un montón de personas la seguían detrás. Llegó hasta la puerta que empujó, pero no pudo cerrarla. Empezó a correr por el pasillo hasta que cruzó la última puerta y la cerró tras de sí.
Silencio. Ya nada se oyó del otro lado.
Capitulo XV
Silencio.
Escuchó su respiración acelerada, con cada latigazo el corazón le irrigaba. No sabe por qué pero en ese momento recordó la charla con Youko. Varias veces se le había venido frases en toda la aventura, y ahora era aquella insistente pregunta. “Perdón ¿me dejas ver... las llaves?”. Llaves. De cobre, plata y madera. ¿Por qué la última era de madera? ¿Acaso tiene un significado?, más allá de lo obvio de la magia. Es un material muy extraño para hacer una llave. Su hendidura tiene que ser muy simple, de lo contrario se romperá al segundo giro. Además no es durable. Si no se resguarda en un lugar adecuado podría acumular moho y bacterias que lo destrocen; pero: la llave estaba intacta. Como recién salido de la fábrica. Como recién salido de la imaginación, colocada en un estuche, impoluto. Las insignias de las llaves eran "★" "†" "∆", todas pueden representar algo distinto. La estrella del sur, la daga de Damocles y The dark side in the moon...
"¿Quise traerlas o estaba condicionada?, no, quise saber qué pasaba, nada más".
Recordó la frase de Kassandra:
“Es mi deber”.
"Kassandra pensaba que tenía que hacerlo porque estaba condicionada a perder el cargo... y a su padre. Ese era tu deber como soldado, Kasey, pero como individuo... No le debías nada, no debes".
Escuchó pasos.
Roni se levantó asida a la bolsa como un amuleto. No percibía nada, aún con los ojos abiertos; las paredes, los estantes, los sillones, la mesa... el humo de la pipa se lo había robado –casi– todo. La humareda dejaba un pequeño palmo en su nariz, responsable de unas pulgadas de luz. Un preconcepto. Era como si madrugase aislada en la montaña o se metiera de lleno en la olla, con un ardor suave, lluvioso. Si caldease un sucio nubarron de lluvia, correría una catarata de rimel por debajo de sus pestañas. En los costados divisaba una silueta negra que se desmarcaba, cada vez que daba un paso, desvaneciéndose. Era una presencia fantasmal: un desdibujámiento o un retumbe, como la leyenda de internet de slender man y los tambores. Golpe trás golpe: quebradizo, frío. Siguió caminando. Creia saber donde se hallaba la mesilla pintada, pero por mas que andase no se aprontaba. La distancia entre los objetos no eran aparentes: como el vértigo de pisar fondo. El espacio parecía haberse expandido con el mismo resorte que impulsa el colchón de los planetas. Se expandía. Se alejaba. Quebraba. Un extraño eje de movilidad infinito.
«Traje las papas». Dijo, esperando que con lisonja algo alumbrase. La figura volvió a aparecer a un costado, si, para luego desvanecerse y aparecer en otro. Se movía por vías aéreas –o eso parecía– a su antojo. En un cambio de 'frame-rate' de un segundo pudo distinguir la mesa, se impulsó hacia ella y al llegar dejó las papas encima. Allí seguía la hamburguesa y la Coca-Cola como lo pudo comprobar al palpar los paquetes.
«Ya terminé, ¿verdad?». Dijo con anhelo en la voz.
La extraña figura estaba detrás de ella, no podía ni verle la cara. Solo podía ver un ente oscuro, la neblina tapaba el resto. Ella se apartó de la mesa y la figura desapareció y reapareció sentado al lado de la mesa. Se escuchaba como empezaba a hurgar en los paquetes.
«Buen provecho». Dijo, no muy convencida de que agregar.
La figura se levantó, después de un rato y aplaudió. Este gesto extrañó a la chica.
«Gracias, ya estoy lleno» dijo Victor.
«Me alegro».
La silueta levantó una extremidad y en un segundo una ráfaga de viento sacudió el salón. La mesa se cayó del impulso y Roni tuvo que sostenerse para no ceder a la atracción. Todo el aire viciado quedó en una esfera oscura que se hallaba flotando en la palma de la silueta, que ahora podía verse en su totalidad: su rostro describía unas marcas pronunciadas, como cicatrices, y sus ojos ebullian en un resplandor rojizo. Era como ver al mismísimo ser de las tinieblas.
«Ahora que ya comí voy a destruir al mundo». Dijo con arrastrando la voz.
«Espera, ¿Qué?»
Elevó el brazo en vertical y la esfera oscura de su brazo salió despedida hacia arriba. La bola de humo dejó un hueco en el techo y se disolvió con el co² de la atmósfera.
Unos momentos después, una gran explosión sacudió los cimientos del local. Roni cayó al suelo en una repetición cartunezca.
«¿Puedes adivinar por qué estás aquí?» dijo el hombre, con un tono mordaz.
«Porque me lo pediste».
«No me refiero a eso» se alejó unos pasos. Roni escuchó otra explosión y cómo empezó a arder un sillón.
«Podria habérselo pedido a otro, pero te necesitaba a ti, ¿sabes por qué?».
«Ya no voy a hablar contigo, métete la pregunta por el cul#».
«Este local explotará en cinco minutos, si no encuentras la manera de escapar a tiempo...» hizo un ademán y al siguiente segundo desapareció.
«Hijo de put#» dijo Roni, incorporando su pose. Miró la puerta de salida. Fue hacía ella, pero al intentar abrirla sonó *clack* y no se abrió. La golpeó varias veces pero no cedió. Tardaría mucho en echarla abajo.
«Mierda, piensa, piensa» si lo que Víctor dijo es cierto, ya había perdido mucho tiempo valioso.
Se fijó en las puertas de las llaves, corrió hacía ellas e intentó abrirlas, pero estaban cerradas.
«Las llaves las tiene él» pegó un grito de frustración.
«¡Piensa!».
En cualquier momento todo explotaría y ya no podría escapar. Se estrujaba la consciencia. Moriría e iría al cielo... Conducida al cielo.
"Stairways to heaven" pensó de repente. "La primera bajaba, la segunda ascendia y la tercera iba recta, entonces".
De pronto se levantó dando con una resolución.
«La cuarta dará media vuelta y volverá. Pero no existe la puerta a ese lugar». Miró la puerta de entrada, con la respiración a mil por hora «No, si que existe... Lo que no existe es la llave que lo abra, eso significa que...».
Dio un salto y salió corriendo con todo lo que pudo hasta la puerta de entrada, empujándola.
la puerta se abrió y cayó al suelo; tomando fuerzas de donde no tenía y se volvió a levantar, vio la zona de dos edificios en un baldío que recordó haber visto en la salida del local desde el lado de la reja y al fondo, el mismo local (duplicado) empezó a correr hasta alcanzarlo.
Detrás de ella el edificio que abandonaba explotó, justo cuando ella entró al nuevo.
"Put# madre".
Tenía algunos moretones en los brazos por la caída.
"No hay llave porque no creo en ella" Pensó mientras volvía a ponerse de pie.
«Felicidades. Lo has entendido» dijo una voz etérea de ultratumba. «La puerta había que encontrarla».
«No existe la llave pero si la puerta» repitió para estar segura. «Ahora entiendo porque estoy aquí; yo no creo en algo que no veo, por eso pude acceder al local y a las puertas. No estabas esperándome a mi, sino a alguien con mis valores, alguien que juzga constantemente la realidad. Solo así podrias hacerme creer en todo, si me enseñas los fundamentos suficientes las aceptaría, porque no creo en algo intangible, solo lo que veo. Ver para creer» dijo al final.
«Pero todo ese descubrimiento no te servirá de nada contra mi» dijo la voz «Este mundo ya está condenado, en el momento que me alimentaste recuperé todo mi poder» dijo Victor con unos desibelios tan graves en la voz que parecían un eco bajo tierra.
«No estés tan seguro» Comenzó de nuevo Roni «Hay algo que he ido averiguando conforme pasaba el tiempo, y es a distinguir tu aura de tu figura. Ambas dejan una marca imborrable. Para empezar no eras uno de los exploradores originales, te apropiaste de su historia para convencerme».
«Una argucia menor» se reafirmó la voz.
«Pero fracasaste» dijo Roni, ignorando la estruendosa voz, apagandola con la seguridad de la respuesta. «Tus notas no fueron escritas por alguien que sea un letrado sino al contrario. Tu caligrafía es una mierd# muy poco común, nadie podría hacer eso... ¿Qué clase de bestia podría pasarse por un humano de clase alta sin saber escribir?, Lo que me dió con la clave fue tu alergia. No es que eras intolerante a los conservantes por un efecto de reacción, sino porque tu metabolismo no estaba hecho para recibirlos en primer lugar. Es como darle chocolate a un perro ¿Verdad que sería destructivo?. En este caso una comida hecha para consumo humano para un no-humano, ¡sería mortal!». La respiración de Roni se entrecortaba, estaba tomando poco aire producto del sentimiento «Chocolates..., ¿Pero dime que clase de animal (o monstruo) podría sobrevivir tanto tiempo sin comer? un oso en la temporada correcta podría: pero los osos no despiden humo a bocanadas... ¡solo un ser que pudiera sobrevivir fuera de nuestra linea de tiempo, que tiene oro, que es solitario, ambicioso, elucubrador podría! en otras palabras...
Se escuchó un rugido y el local tembló, Roni se tambaleó pero no cayó. Una criatura con gran cornamenta y escamas negras -que hicieron tope con el techo- apareció delante de las puertas.
«...un dragón».
La criatura volvió a rugir, el sonido chocó contra las paredes y Verónica se tuvo que tapar las orejas.
«Me has impresionado» Dijo el Dragón «Veo que venías digiriendo la información como una presa por el camino, pero saber todo eso no te servirá de nada» dijo con un tono arrogante «Ya que nada de eso te preparó para hacerme frente, ¡ni a ningún humano!» soltó una llamarada con la cual incendió los estantes, empujados por el propio brío del fuego a caer violentamente. Roni se apartó hacia un costado para evitar que uno se le viniera encima. La miriada de páginas caían en tiras incendiadas dando la imagen de lluvia negra producto de la nube de un volcán despierto. "Tiene razón el maldito, ¿Que puedo hacer?" Dijo Roni fatigada.
El Dragón dió coletazos y tiró el resto de estantes que se hallaban de pie, destruyendo las pocas vigas para ocultarse.
«Ahora serás mi aperitivo, antes de salir a destruirlos a todos».
"Mucha suerte con las bombas de las milicias, maldito desgraciado" pensó Roni en un fogueo. De un vistazo atisbo el peluche que le dio Youko, lo había olvidado por completo. Recordó las palabras de la niña:
“Hay una sorpresa dentro”.
«No hay nada dentro excepto algodón, lo comprobé...".
“Lo sabrás cuando lo abras” recordó la frase.
"Lo sabré cuando lo abra...".
La voz de Eric e invadió su consciencia.
“Si le das la vuelta...”.
«... se vuelve otra cosa».
De pronto sintió que todo tenía sentido. La dopamina la hizo elevarse del suelo y pararse frente a la bestia.
«Esta bien» dijo Roni. «Me rindo».
La criatura dio un colatazo al suelo, partiendo un gran trozo.
«¡Rendirte!».
«No puedo vencer» siguió Roni «Solo quiero largárme, pero no me dejarás, así que quiero unirme a tí, por favor acepta mi oferta» mientras decía esto se acercaba lentamente al peluche.
«No me hagas reír, solo te necesitaba para recuperar fuerzas, ahora ya estoy completo».
«Estoy de acuerdo, tienes razón, no hay nada que no pueda darte como refuerzo, pero si se cosas, asi que no te conviene atacarme».
El Dragón volvió a rugir, ya tenía decidido su ataque final.
«Me temo que el conocimiento aquí no sirve de nada» dijo el dragón, casi escupiendo las palabras.
«Voy a hacer que desssoarezcas» dijo Roni, casi sin voz.
«Hablaste mucho, ¡déjame hacerte descansar para siempre!».
Roni se agachó y tomó el peluche, el dragón le lanzó una llamarada a bocajarro esparciendo una cantidad de fuego insuscitada.
Al acabar de rugir, esperó paciente para ver el cadáver rostizado de la muchacha.
«Te dije que haría que desaparezca tus huesos» soltó la chica dando un sablazo en el aire y haciendo desaparecer las cenizas alrededor. En su mano tenía una espada cuya empuñadura tenía el relieve de la cara regordeta de My Melody.
«Filo de cuarzo mata-dragones, no existe la materia en esta dimensión, así que la busqué en otra y la traje aquí»
«¡Imposible!» dijo el dragón claramente asustado.
«Lo es, pero tú también lo eres, ¡así que te haré desaparecer!» la chica corrió hacía el frente, el dragón soltó otra llamarada que ella esquivó, subiéndose a un estante, el dragón dió un coletazos que impactó en la librería, pero la chica ya había saltado con la empuñadura en alto.
Mandó un sablazo que fraccionó el aire y fue a parar al pecho de la criatura. Hundiendolo. El dragón se tambaleó y cayó de espaldas dando un último rugido. Destrozando la pared de las puertas a otras dimensiones.
Roni soltó la espada llena de acril brillante escarlata y cayó al suelo, abatida por el cansancio.
Miró al dragón por última vez, antes de que se des-hiciera en cenizas y las partículas desaparecieran por el aire. Como una hoja reducida a polvo.
«Me dijiste que algo que no está hecho de la materia y volumetria del mundo en el que procede tampoco puede existir en otra dimensión. Te equivocaste, idiota: solo no tiene el deber de existir; pero si el derecho. Solo necesitas la llave de la imaginación y una fuente mágica que se lo... con...ceda». Dicho esto se desplomó en el suelo.
En una mezcla de niebla y cenizas se hallaba tendida, con la respiración entrecortada. Poco antes de perder el conocimiento escuchó las sirenas,
cada vez más cerca.
...
Después de despertar en la parte de atrás de un camión de bomberos quiso acercarse a la la zona de las llamas, pero no le permitieron pasar. Todo estaba destruído. Solo quedaba la reja negra intacta. Vió como el quiosquero de la esquina hablaba con un uniformado (el mismo que la interrogó a ella, con muy poca satisfacción ya que no pudo sacar nada en claro). Después de que todos se fueran se despidió del tipo y se acercó a la reja con el quiosquero.
«Y pensar que estuve aquí desde hace años y jamás pasó nada».
«Dígame, ¿Como fue que obtuvo la llave?».
«Un dia entré para ver si podía sacar algo y upa, la pequeña llavecita ahí en la cerradura, se me hacía muy linda para dejarla tirada, y bueno, la tomé».
«¿Dijo que estaba en la cerradura de entrada?».
«Estaba metida ahí, ¿por qué?».
«No, por nada» Dijo Roni acercándose un poco para ubicarse mejor.
"Finalmente entiendo porque Víctor no podía salir, la puerta era la entrada a otra dimensión; por eso la parte de detrás de la reja es tan extraña, es un pasillo que lleva al otro local donde estaba él. Al abrirlo el Quiosquero entró en la otra dimensión y no se dio cuenta. Había abierto la puerta para que llegara a esta realidad. Pero estaba muy débil para actuar, por eso pidió el combo".
La extraña magia que asolaba la zona podría persistir, pero sin un edificio será difícil que alguien vuelva a contactar con cualquier resquicio del flujo espacio-temporal. Todas las puertas quedaron destruidas, junto a las llaves. Pasaría mucho tiempo para que un fenómeno similar suceda de nuevo.
Se alejó de la zona y miró el celular.
«Ya es la hora de volver».
Se fue hasta la parada y esperó el colectivo. Al rato llegó y se subió. Se acercó para escanear la Sube y se dio cuenta que aún tenía las monedas de oro en su bolsillo. Las sacó y sonrió.
«La época del cambio en el monedero ya pasó» dijo el chofer.
«Pero es más valiosa» las volvió a guardar y sacó la tarjeta magnética. Después se sentó y vio como se alejaba de la zona más delirante de capital.
Como dijo un adicto a la adrenalina.
«Noche mágica ciudad de Buenos Aires».
Epilogo
Unos meses después del "incidente de la mansión" Roni se hallaba con unos amigos en un local de comida rápida.
«Te dije, GTA VI ya se anunció». Dijo el chico que ya conocemos.
«Todavia no sale el tráiler, aunque ya no me importa mucho, solo espero que sea un buen juego, no me haré ilusiones» Acotó Roni sin probar bocado de su hamburguesa.
«¿Estás bien?» dijo una chica a su lado.
«Si, es solo que... estoy un poco mal del estómago, ya vuelvo». Roni se fue a los baños.
Se enjuagó la cara y se lavó las manos. Desde que pasó todo aquello aún se preguntaba si había algo que pudiera hacer para regresar a eso mundos, tenía que decirles a los exploradores que ya estaban libres después de todo. Además, los echaba de menos. Recordó los símbolos de las llaves y se rió.
«Triangulo Iluminati». Miró a la pared y se detuvo. Había un triángulo en la puerta de entrada. En ella la silueta de una persona con falda daba la indicación que era para chicas. Se quedó pensando en la forma del cartel. «Un Triangulo... No será que» se volteó asustada. del otro lado de la salida había una puerta que no vió antes. Se acercó a ella, despacio como un venado. Se fijó en el pomo. El símbolo "∆" se dejaba ver.
«No puede ser».
Del otro lado de la puerta de salida un par de chicas hablaban.
Se quedó mirando la puerta.
«Te dije» dijo la chica antes de entrar «El jugo de limón es mas rico, hay que hacerlo cuando no está mi mamá, te echas un vaso, fijate» dijo una chica al entrar, abrió la llave y se lavó las manos.
«Ay por cierto, sé quién me robo la cartuchera, Matías me dijo que vio un chico del otro grado con una lapicera manchada, después se la voy a pedir» Volvió a hablar, la otra se reía.
A un lado de ella, y cerca de los baños en la pared había una puerta abierta que daba a un compartimento con una fregona, un balde y agua goteando en una canilla; el agua paró de caer, pero no estaba nadie más.
Espero lo hayas disfrutado ^^, lo hice con mucho cariño y respeto.




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