Asimov planteo la duda más dolorosa en su cuento de 1956 titulado
"la última pregunta". En ella unos científicos, medio en broma,
preguntaron a la computadora que abarcó todo el entramado tecnológico del mundo
y protagonizo las historias cortas más populares de ciencia ficción en el siglo
XX lo siguiente:
"'¿Se puede revertir la entropía?"
Esta pregunta, de difícil resolución, se topó con una barricada que
los científicos en su momento no lo tomaron muy en cuenta, pero que
representaría una de las resoluciones más recurrentes en el curso de la
evolución humana. Pues con todos los teras de metadatos, y sus más de miles de
millones de circuitos y microchips, la maquina, no era capaz de dar con una
respuesta esclarecedora.
Una mente pragmática, como la mía, tiene que estar constantemente
buscando información, recolectando ideas novedosas, estar a la última en la
cultura popular, entender qué es la estética y qué es la información. Pero
también está mi lado b: la sensación de dejarme la filosofía de lado. Que hay
algo que nunca logro entender. Como una máquina que no puede entender el
significado de las pinturas de Monet o la sensación de melancolía.
Por supuesto: revertir la entropía significaría detener el curso de
las cosas. Dejar en paro al tiempo. Pero un salto hacia arriba requiere
impulso, el avance de un paso el retroceso de otro, necesitas dejar algo para
quedarte con algo. No hay victoria sin sacrificio, dicen. Y detener el tiempo
implicaría dejar las cosas quietas.
Quizá, pero también está el reinicio, la revitalización, la
reencarnación si nos vamos a lo metafísico. Al final del cuento de Asimov, la
humanidad acotó su último suspiro y su ser se fundió con la estela de estrellas
moribundas. Pero la máquina aún seguía cargando la solución. Aún seguía analizando
el cómo. Hasta que finalmente la encontró, reiniciando el universo.
Tal vez la pregunta no era para tanto después de todo. En realidad, si
analizamos el hilo del tiempo que se tomo para llegar a esta conclusión (toda
la existencia) entenderemos que a alguien en un fogonazo de ingenio o una
predicción accidentada, se le pudo haber ocurrido algo así. Pero nunca fueron
escuchados, despreciados o descartadas sus teorías por significar el fin de un
ciclo. Buscando soluciones inmediatas. Charcos en mares salados. Ninguno fue
capaz de entender que la propia
máquina era la respuesta.
El cuento de Asimov trata de la oportunidad perdida. De no darse
cuenta cuándo es demasiado tarde. Dejar todo para el último segundo y, no saber
lo que tienes hasta que ya no está ahí.
Nosotros somos afortunados de existir en este tiempo. Si investigas el
pasado te salen a la palestra eventos que nos serían difíciles de afrontar. En
la alta edad media la higiene no existía, la escritura y la lectura eran un
privilegio, los pobladores era más pobres que en un cuento de Dickens y la
esperanza de vida no pasaría de los 40 o incluso 30. Y eso si no contamos
guerras y genocidios en el nombre de la iglesia evangelistica.
Pasaría muchas décadas para que esto cambiase una milésima. Y si vamos
a la edad moderna, te das cuenta que hasta el siglo XX los avances en medicina
no habían descubierto la penicilina. Algo tan común a día de hoy como una
simple pastilla para la fiebre no existía.
Y solo con esta idea en mente, nos retrotraeremos al 15 de abril. La
catedral de Notre Dame se incendia y con él, casi 900 años de existencia. A los
poco apasionados por el arte, la historia o la arquitectura esto no pasa de un
tema trending. Después de todo, es el evento del día. La catedral que vieron
adaptada por enésima vez en el jorobado de Disney. Un patrimonio para la
humanidad, que no significa nada en realidad. Es solo una vieja iglesia que no
nos repercute en absoluto en nuestro día a día. Y es verdad. En 80 años
transcurridos uno puede tener una vida feliz e ignorante de la catedral, del
big ben, de la torre eiffel, del taj majal o el coliseo. Nada de esto tiene que
importarnos. Solo son vetustos edificaciones generadas en un contexto histórico
que nos puede dar lo mismo. Si total, es pasado.
Nosotros solo somos carne y huesos, placer o dolor, todo lo demás, es
para el examen del colegio.
Continuando con la cultura popular, ahora, en habla hispana está de
moda la batalla de los gallos. Gente qué, improvisando, formulan frases que
sirven para derrotar al rival en una confrontación verbal. Hay muchos otros
factores, pero en la base quién suelta las más ingeniosas líneas, gana.
Uno de los celebres competidores, llamado "Chuty" es
conocido en la corriente de competidores españoles por ser casi imbatible.
Siendo uno de los mejores a nivel internacional. Es también
conocido por
repetir una línea, refiriéndose a su nivel de fraseo:
"Puedes no creer en dios, pero no infravalorarlo". Este
competidor se llama a sí mismo "dios", debido a que en redes sociales
quisieron hacer un paréntesis de categoría con otro competidor mexicano,
conocido por llevarse todas las ligas, llamado "Aczino" que se
renombra como "demonio" por su
nivel infernal a la hora de batallar.
Aczino en una de las competencias internacionales le tocó rapear
contra Invert, favorito local en España y principal representante de su país en
ese año. Al comenzar su turno Aczino suelta esta frase:
"¿Crees que jugar en casa te va a dar suerte? lo mismo decía
Brasil y ya ves le metieron siete!"
Refiriéndose al mundial de futbol 2014, dónde, Brasil, siendo el país
anfitrión de esa jornada, tuvo que sufrir la humillación doble por parte de
Alemania al perder por 7 tantos. Siendo una cifra
demasiado abusiva para
cualquier equipo del deporte rey.
Pero miento si digo que fue humillación doble. En realidad, era
triple. Porque Brasil es conocido por ser el país que impulso el futbol soccer
a niveles jamás alcanzados por ningún otro deporte. Con jugadores como
"Pele", Roberto Carlos y más adelante Ronaldinho, le dio repercusión
y lo convirtió en un patrimonio cultural más de su país.
Ese mundial representó un hito porque precisamente significaba la
caída del rey de reyes. Algo a lo que mucha gente puede importarle o no. Puede
alegrarse o sentirse angustiados. Pero, como dice Chuty, no puede ser
infravalorado.
Si te gusta el deporte y entiendes este hecho, entiendes un pedazo de
historia.
Ahora, trata de pensar este punto. El futbol, con todas sus ligas, con
todos sus años, con todos sus millones de dólares invertidos y ganados, con
todos sus hitos históricos, con sus representantes, atomizados y lanzados por
Aczino en una frase.
Esa sola mención a modo de punch line, puede ser tan nimio y minúsculo
como ver en el noticiero o leer en twitter esta otra frase:
"Se incendia la catedral de Notre Dame"
Te puede dar igual, pero no puedes...
No podremos responder a la última pregunta, si no nos damos cuenta de
a quién se la enviamos.
Porque además de ser, es importante saber.
"Cogito ergo sum"
"Skere"
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