lunes, 13 de mayo de 2019

La crisis del cuarto de vida


La vida es dura (a veces) y cuando más maduramos, vamos comprendiendo mejor lo más enrevesado y complejo. Las aventuras del adolescente terminan cuando se da cuenta de una situación; él proyecta una maldición que en realidad necesita ser percibida como virtud tardía: la de responsabilidad. La maldita responsable. La que antes o después entendemos o necesitaremos entender.

Ged, Protagonista de Un mago en Terramar (Ursula K. Leguin), es un muchacho formidable y un hechicero prodigio, ya a sus trece es capaz de dominar runas y sortilegios estrechamente ligados a estudiantes mayores. Él se da cuenta de este talento, y entiende el alcance de su poder; pero no está satisfecho. Al principio de la novela se lo ve obcecado con sus habilidades; pasando de convertir el granito en oro pulido, agua en espuma y la forma de los animales en enseres y viceversa, y aunque brillantes se percata que los trucos que "se deshacen en segundos" son engaños y espejismos: inocentes e ingeniosos; pero engaños al final. Todos están de acuerdo con este tipo de runas; ya que representa un esfuerzo considerable el completar y replicarlos y siendo el aprendizaje de muchos maestros hechiceros desde generaciones inescrutables ¿cómo no estar conforme?, pero a Ged, que ya domina una gran parte de ellos con docto alcance, no le basta. Para él, la auténtica magia es la de los libros arcanos, las enseñanzas antiguas de ocultismos y paganería. Revivir a un ser legendario; perdurar, durar, prevalecer. Pero su desdichado destino no perdurará, pues, al poner en acción una de sus más poderosas runas para demostrar valía, es cruelmente desfigurado por una criatura nacida de su opaco conocimiento; una cruel imagen de su arrogancia que ahora vaga por el mundo atormentando y destruyendo todo a su paso. 

A partir de este suceso, la culpa y la vergüenza caen encima de sus hombros como el plomo; para poder enmendar su error, el archimago sacrificó su propia vida. El mago más antiguo y sabio de la Escuela de Roke, abandona su propia senda entre los vivos para dejar al menor comprendiendo su persistente maldición. En los años siguientes, la personalidad de Ged sufre un desgarro que es incapaz de sanar. Se vuelve silencioso, apagado, con mirada gélida y pasos lentos y torpes. Incluso su poder cede; ya no puede hacer la más sencilla de las ilusiones. Sus compañeros le abandonan, ellos crecen con su magia, pero Ged se queda atrás, con dieciocho años sigue practicando con los aprendices más pequeños el levitar objetos, el más básico de los trucos. A ojos ajenos a su nueva naturaleza, creerían que fracasó, el talentoso y majestuoso Gavilán ahora está acabado,

pero no.

Ged aprendió a sobrellevar su situación con presura. Ahora dejó de verse como una figura que necesita crecer en poder para ser valioso, empezó a sopesar la gravedad de sus actos e incluso probó que podía valerse por otras vías a la magia. Entusiasmado por las enseñanzas literarias de su mundo, emprendió un viaje para conocerse mejor, para tratar de razonar y averiguar cuál era su lugar y así, convertir su maldición en virtud.

Caminante no hay camino, se hace el camino andando. Y así se convirtió en navegante.

Las hazañas de Ged a  los diecinueve años son incontables, y su leyenda perdurará en canciones incluso póstumo a su muerte. Pero eso a él ya no le interesa, su travesía externa la mira de lejos, la del interior es la que quiere domar como un animal salvaje.

Alusión directa a nuestra maduración. Con dieciocho diecinueve o veinte, nosotros cambiamos de rumbo. El eje de nuestros principios, nuestro paso a la madurez. Nuestra aventura arrecia con nuevos amarres, y aprendemos a manejar mejor los lazos que hemos forjado hasta aquí. Manejando el timón de nuestra vida hacia aguas más remotas y apacibles.

Quitando la prosaica marina, hay que hablar de la crisis de la cuarta edad. La que nos ocurre cuando ya no somos adolescentes. Si sabemos que estamos en una época convulsa, que premia una inmediatez casi absurda y absoluta. La necesidad de ser alguien cuanto antes. Tener una carrera, conseguir trabajo y tratar de cambiar de domicilio (si nos es posible), pero también de adentrarnos en nosotros. Es edad de reafirmar valores y principios, moralinas y todo el cuento pensado. Hay una crisis, ahora más que nunca, de incertidumbre, pocas certezas, muchos cabos sueltos. No sabemos qué depara el futuro, y solo contamos con nuestro empeño. Siquiera talento. Solamente empeño en querer avanzar.

Aunque hay que recordar que nosotros solo somos más arrogantes que genios. Genios seremos el día que sepamos con claridad lo que necesitamos, arrogantes somos porque creemos saber lo que necesitamos. Yo no sé lo que necesito, tú seguro que tampoco lo sabes con entereza. Vamos, ese es mi anhelo. Te invito a que me prediques tu palabra de ser así. Aunque sospecho que tengo razón.

Hablo por entero a futuro. De aquí a veinte años en adelante. Por supuesto que se lo que necesito ahora. Y un abrazo no hace mal a nadie. Y una taza,

con el psicólogo.

Si supimos echarle cabezologia hasta aquí, confío que podamos sobrepasar este bache de  incertidumbre. No estamos viejos, aún nos falta, todavía no llegamos al auténtico horror que es la crisis de mediana edad. Aprenderemos a temerle al tiempo a su tiempo. 
Tengo veinte años, y recuerdo como si fuese ayer cuando solo tenía la mitad. Tal vez sea porque siempre fui tímido, lento y torpe, pero me gusta pensar que en algún punto de nuestras vidas todos nos volvimos así. Aprendimos a fracasar y a levantarnos como pudimos. A entender las razones y a manejar el auténtico poder ancestral, el que siempre nos cundió tarde o temprano: El poder de la responsabilidad.

Ay!, es lo que uno se aferra cuando solo es pobre </3

Este escrito está dedicado a un colega, amigo o como quiera referirse. Furro él, centrista, escritor amateur (porque quiere) y opinólogo profesional. Algún día se convertirá en un... europeo de pura cepa.

Ya tenemos un cuarto de camino recorrido, tratemos de hacerlo más fácil desde aquí, ¿no te parece?

"All the emptiness inside you
Is hard enough to fill
Without a sense of purpose
We're setting up to fail
You don’t have to make it right
Just hold your head up high"

Felices veinte años @Piers_s_Corner por nada del mundo cambies de carril todavía, por favor ^^

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