martes, 30 de septiembre de 2025

Rodia 3

La gran plaza de la ciudad estaba plagada de gente. Todos estaban viendo con diferentes intensidades, lo que parecía, el inicio de un gran discurso de un líder. 


—Cuando el Rey le habló a su general –Empezó el hombre, cuya cadencia engalonaba– Las campanas, callaron. *Silencio* *la gente empezó a mirarlo y a dejar de murmurar* –Los nobles recuerdan el reinado de los elegantes Yitan. Ellos tomaron decisiones que sorprendieron a los feudos, por controvertidos –La plaza se llenó, finalmente –Y cuando los Yitan murieron fue un pesar enorme que cayó en las figuras principales de la vieja ciudad. Fueron años oscuros en donde los nobles no se sentían representados por las políticas, que eran una pesadilla que no parecian procesar; pero con el tiempo regresaron, pues no se esperaban que semejante hombre pudiese traer la paz al norte. Ese hombre que venía del fondo de las filas y se sumaba para cargar con la responsabilidad que suponía liderar un ejército, se hizo cargo. Todo lo que ocurrió después quedó en los libros; el amuleto, la promesa, el ejército esmeralda. La moneda fundada después –en un eco, dejó caer –Todo eso se lo debemos al general: cuando el Rey le habló, todas las campanas, callaron –Retomó mirando a la gente, nobles, entre ellos, pero mayormente campesino y paisano, que pisaba la plaza en busca de un poco de comprensión– Cuando el general le trajo el amuleto de los bosques fue el brillante verde talismán, en la oscuridad. La fundación de esta misma piedra. Un nuevo grabado de las entrañas de la tierra. Una firma... humana, y cuando el Rey le habló a su general... –Miro al resto, los guardias se movieron con las banderas color malva– Las campanas callaron. ¡Las campanas de un pasado horrible, distinto, peligroso! –La bandera tenía el símbolo de un ave picuda y alas gigantes que imponían control–: Y ahora yo tomaré su relevo en su honor. Será especial, un traspaso simbólico –Miró a la intensidad más alta de la población– Y ustedes me acompañaran. Las campanas vuelven a sonar, los tiempos oscuros amenazan con volver desde los bosques, como cuando el general partió con un sueño resguardado en una pequeño collar –Elevó la voz– ¡Y volverán a callar! –Las banderas ondearon– ¡Porque cuando el Rey le habló al general! –Tomo el amuleto y la mostró– ¡Las campanas, *callaron*!


El aplauso poco a poco se elevó como una catarata de clamor. El sonido berberó en toda la plaza en una lluvia que patino el corazón lobuno de un hombre en el centro de un poder  que amenazaba con tronar en la cabeza de todos los ciudadanos, con un voltio de color verde infinito


—¡Porque cuando el Rey ha–


*Shut up, babe, don't ruin the moment (don't do it)~*


*Aren't you tired of bein' alone?~*


*And don't you ever feel like you tired of searchin' for somebody like me? Like... me~*


*Shut up, babe, don't ruin the moment (don't do it)~*


*Aren't you tired of bein' alone?~*


*And don't you ever feel like you tired of searchin' for somebody like me?~*


*Movin' like you don't know where the fuck to find... me~*




PARTE I 


**Vencedores vencidos**


*Cállate y no cagues el momento~*


*¿No te mamas de buscar amor?~*


*Y algunas veces no te cansas de buscar lo que está frente de tí, de tí~* 


La mujer raspaba las cuerdas del laúd y su voz se elevó dentro del carruaje con una canción que hablaba de un amor oculto, ilícito y áspero. El clap de los caballos hacía buen acompañamiento de la caravana y cuando la mujer soltaba*de tí* con un látigo de sus botas varias personas, entre ellas dos jóvenes, prestaron especial atención. 


*¿No te mamas de buscar amor?~*


*Y algunas veces no te cansas de buscar lo que está frente de tí, como si yo no estuviera aquí~* 


Acabó la lírica y los demás aplaudieron, aunque más por cortesía que otra sonata. 


—Es una bonita canción, me gusta que no sea cortés –Dijo Jodie a la mujer. Ella sonrió. 

–Gracias. Es una forma de aligerar la carga del viaje –Dijo, con acento del este– No hay nada más poderoso que una canción que hable desde lo bajo –Los miró– ¿Vienen de turistas? Las cosas no están fáciles aquí, ya les voy avisando. 

—Podria decirse que venimos para ver cosas, si –Continuó Jodie– ¿Algo que debamos saber?

—Bueno –La mujer miró hacía arriba, su cabello salvaje caía a los costados con una belleza simple de semicorcheas– Estamos en una época estúpida, parece que los noblecillos y sus ideas de mandato pasaron un nuevo umbral, como se dice, hay un gobernador que citó al campesinado y mercaderes a activar marchas por el temor a una nueva catástrofe que nadie sabe bien que es. 

Jodie asintió, eso lo sabía. Incluso desde su universidad recibía noticias del distrito norte por medio de las habladurías del general mostaza. A veces prestarle atención a ese idiota servía de algo... Aunque cada vez que pensaba en él una sensación de pena le nacía. 

—Pero más allá de eso, lo mismo de siempre, peste, hambruna y tontería y media. Por suerte una sale adelante. Encontré gente que comparte mis ideas y estamos remando con lo que tenemos. Hay veces que la ciudad no debe quedarse somnolienta, sino activa. 

La mujer le sonrió y luego volvió a rasgar las cuerdas, con un sonido suave. 

—¿Y tu amigo el callado? Tiene una espada enorme allá atrás, ¿es para aparentar?.

Jodie miró a Rodia, él la miro a ella.

—Es nuevo en la capital, le estoy enseñando los lugares más emblemáticos. 

La mujer se le quedó viendo, luego sonrió. 

—Entiendo. 

Siguió rasgando las cuerdas, mientras el carruaje se detenía. 

—Les recomiendo la calle serenata, que está a unas cuadras, allí los artistas callejeros hacen números estupendos, aunque no hay Magicians. Una pena. 

Rodia se crispó al escuchar eso. Jodie se rió incómoda.  

—Por ahora estamos sobrados de *numeritos*, prefiero pensar en matemáticas serías. 

Los viajantes se pararon y salieron, dando diez Mirs. Jodie se acercó y pagó. 


Bajaron junto a la mujer.


—Un gusto conocerlos. Que tengan buena estancia, bona sera. 


La mujer se puso el laud en la espalda y partió con paso calmado. 


—Que mujer curiosa –Dijo Rodia, como presentación a la ciudad– ¿Por qué se sube a la caravana si es de aquí?

—Monedas. Es una artista ambulante –Jodie empezó a caminar mirando el cielo raso– Sube y baja. Se gana la vida cantando canciones populares. Es más respetable que los que hacen las mujeres en la calle de la seda, al menos. Aunque deja menos blanca.  


Jodie puso sus manos en alto, las gotas mojaron su piel con suavidad. 

—Debemos buscar un lugar para hospedarnos, sino la lluvia se nos vendrá encima.

—¿Sabes de un lugar?

—Si. El falcón gris. Es una posada que nos hospedabamos con mi padre cuando veníamos a ver a su otro... Estudiante.

Dijo lo último con un deje amargo. 


—Vamos. 


Caminaron en silencio. Rodia miraba alrededor; las calles eran más anchas que las del distrito sur, aunque la llovizna y la niebla densa tapaba las torres más altas. Siguieron caminando hasta llegar a la posada. Jodie entró y saludó. El hombre detrás la atendió. Pidió dos habitaciones, sin servicios extra. Subieron caminando. La madera de los escalones crujía y el ambiente olía a azufre y alcohol destilado.

Abrieron la puerta de la habitación: el cuarto era parecido al que Rodia se había hospedado en la primera noche en la capital. Tenía dos camas separadas. Jodie se sentó en el suyo. Rodia miró por la ventana, la lluvia caía en aguaceros.


Jodie sacó las cosas de su mochila: Un cuaderno con anotaciones, una barrita de cocoa y una lapicera (embase de vidrio y plumín de Iridio) y un mapa. También sacó unas gafas para soldar. 


Se quitó las botas y miró a su compañero. 


—¿Me pasas tu papel? 


Rodia se alejó de la ventana y sacó de su mochila el viejo papiro de las diez llavesferas. 


Jodie sentada en la cama alzó la mano sin apartar la vista del mapa en sus piernas. 

—Esto es viejo –tomó el papiro– las calles del distrito salty y las otras tienen otras entradas. Trazó con el bolígrafo nuevas rutas que no estaban disponibles antes. 


Rodia se sentó en su cama, mirándola trabajar sobre su viejo y arrugado papel. Detrás de ella un viejo espejo reflejaba su espalda enarcada. 


—¿Es importante mi viejo mapa? Lo único que tiene de útil son los puntos anotados de las llavesferas. Podrías dibujar los puntos en el nuevo. 


—Nunca sabemos cuando puede sernos útil –Se ajustó sus gafas– aquí hasta la basura se vuelve modelo. Hay una casa donde cambian viejas glorias por comida. 


Rodia resopló.


Jodie terminó de trazar y se quitó las gafas. Dió un largo suspiro mientras comía una barrita. 


Miró a Rodia. 


—Se lo que estás pensando... 


—¿Lo sabes? –Rodia la miró con intriga. 


—Es obvio. En el distrito donde marcaron a chispita la llavesfera estaba en el viejo taller de mi padre.


—...Pero en el tiempo presente la esfera no estaba ahí, porque Valdren lo había tomado hace unos años. 


Rodia miró la zona donde la tercera llavesfera se marcó. 


—Las posibilidades de que estén ahí son pocas.


La chica terminó de comer la barrita. 


—¿Quién hizo el mapa? Tuvo que ser alguien con precognicion sobrenatural para saber que mi padre tenía una de esas cosas. 


—El gran mago. Él la dibujó con el lazo de los antiguos y por eso brilla con plenitud, aunque no haga nada más. 


—Fluorescencia, se consigue con una fibra muy buena, la luz que capta es distinta de la que capta el resto de objetos, por eso el brillo es así de potente. 


—Ajá –Dijo sin prestar demasiada atención, mirando el mapa. Lo dejó a un costado y hurgo en su mochila. 


—Igual no dudo de lo que dices, la Hidromo y Chispita son pruebas de algo extraño. Quizá hay que hacer... más pruebas: quizá estén hechas de un elemento que desconocemos. Muchos científicos se esforzaron una vida en descubrir un nuevo elemento. Pero lo de la espada es inaudito –La miró apostada en la esquina– y luego las condenadas bellotas, te juro que no comprendo de donde proviene esa corriente eléctrica y cuando más lo pienso más se me va la cabeza. 


—Está bien, debe ser extraño para alguien entender que hay más allá de lo que vemos a simple vista. 


Jodie sintió fastidio, no por lo que dijo, sino por el tono. Se desató la coleta y dejó que su cabello castaño caiga, con aire cansado. 


—¿Qué tienes? –Pregunto en un tono más bajo, dejando de lado el deje académico. 


—No es nada. Perdona. 


Rodia se inclinó en su colcha, apoyando la espalda. 


—Puedes hablar conmigo si algo te pesa. Créeme que soy buena escuchando... Bueno quizá no, pero no quiero que te quedes con algo dentro. Sé lo que se siente. 


Rodia la miró y luego miró el techo. 


—Es algo que venía sintiendo desde que llegué a la capital, hay una vibra aquí que no pega conmigo.  


—Entiendo. A mi me costó adaptarme, preguntandome si jamás me sentiría a gusto, ahora... hasta extraño mi pocil... Mi viejo cuarto. 


—Supongo que tenemos formas de verlo. Yo aún no tengo intenciones de quedarme. Cuando todo termine regresaré al sur con mi hermano. 


*Suena muy aburrido*


Ese chico era más sencillo que una bolsa de piedras color marrón. Quizá por eso no le atrae ni un poco... 


Jodie sonrió. 


—¿Hay algo que quieras hacer mañana? Tal vez eso te anime. No tenemos porque ir directamente a ver si está o no la bola. 


—No lo sé, tal vez –Dijo suspirando–. 


—No seas modesto. La modestia me irrita. 


—Perdón.


Jodie se acostó y sacó la daga de su cinturón, la dejó bajo la almohada. Cerró los ojos. 


—¿De verdad que no confías en nadie, no? – Preguntó Rodia.


—No. 


Rodia cerró los ojos. 


*Menos tú* 


La lluvia repiqueteó por unos minutos más como un ronroneo imperturbable. Un leve trueno en la distancia fue como un arrullo. 



...



[Calle Salty]




El distrito norte era una zona mucho menos baja, con los edificios más antiguos de la región. Los comerciantes no eran la de los bazares y tiendas, sino gente con un caudal y patrimonio mas abultado. Sus conocimientos ya no eran de regateo. Era más soft y archy. Y la calle Salty era una mina de oro en forma de hilera de concreto pavimentadas en cemento blanco. Una mina de oro arquitectónico. Allí los eruditos se subían en aquellas baldosas para ejercer un trabajo más ordenado y deliberado. 


Era otro tipo de tributo. 


Mientras que los condes y duques migraban en castillos de tinieblas y arañas de oropeles, aquí la viveza juvenil había tomado su relevo en forma de oropendola. Fugaz y veloz, con un silbido elegante y la carga de una escolástica a sus espaldas, ya sea gubernamental o judicial. Era un orden establecido para mirar no solo el río, sino el riachuelo, la canasta básica, el papel enrolado, la fibra y la carta. Mientras emprendía vuelo y se empapaba de conocimiento de pago. 


Ya no era la moneda, aquí se ubicaba la representación del dinero con su filo del mañana cortando el bacalao tributario. Ya no era la pregunta, era la respuesta. El agua en estado de corriente. 


Y el agua había dejado un gran número de charcos que un joven saltaba corriendo, entre una gran marcha de personas. Ese gran cardumen embravecido gritaba y exigían al gobernador que los impuestos cesen su aumento. Ubicados en la plazoleta elevaban sus voces pero nadie parecía asomar el gran edificio del centro. Mientras la bandera ondeaba impasible, afectada por el viento. 


El chico entró en el edificio al costado con un un papel en su brazo. Llegó hasta tocar la puerta. 


Toc, toc.


Un hombre joven la abrió. Tenía el cabello revuelto y un traje elegante de alta alcurnia, aunque algo desordenada. Su mirada era expresiva, parecía de mal humor. 


—¿Cuanto es?


—Tres Corleones


—Debes estar de broma –El hombre apretó el puño– ¡La semana pasada eran dos!


—Tiempos complicados, ¡esquivé a una cuadrilla de guerra para llegar aquí!


—¡Mentiroso!


Aún a regañadientes sacó varias monedas y se la tendió. 


—No quiero verte la semana que viene. 


—¡La semana que viene sin falta!


—¡Niño!


Pero salió huyendo. El hombre joven cerró la puerta y se sentó en su asiento. Dejó el matinal en la mesa y lo leyó. Era unas hojas puestas encima de otras e informaban de las noticias de la semana. 


Tomó su taza de café, leyendo el titular


"Cuando el Rey le habló al general..."


—Cuanta tontería.


Se dejó caer en la silla.


—Pero efectiva. Es una buena jugada. Quiere apagar el fuego desde las brasas. 


—¿Otra vez hablando solo?


Un hombre un poco más mayor entró sin presentarse y se sentó frente a él. Tenía un traje parecido, pero más adornado. Su cabello era más corto y seco.  


—Este hombre es un peligro. ¿Recuerdas lo que pasó con el Rey del este? La guerra de los mil minutos, también el tráfico en la casa de la seda. Ahora está tramando algo que involucra al populacho..


—Ya sabes como es este negocio –Dijo el sujeto sonriendo, para pasar a una sombra recta y grave–: ¿Tienes pruebas, Nolai?


Nolai dio otro trago y negó con la cabeza. 


—Lo desconozco, pero hay que estar atentos a cualquier cambio. La gente ya está alborotada...


—Como siempre. Hoy tienes que pensar en otro asunto. 


—¿El payaso?


Negó con la cabeza


—El buhonero. 


—No, eso está resuelto. El viejo Sullyman solicitó tu ayuda, sé que no te gustan los ladrones pero...


—Trabajo, es trabajo, Eric. Pásame el informe. 


Lo leyó con cuidado. Luego se levantó, tomando su último trago de la mañana. 


—Hay que recolectar pistas.


El hombre se quedó alli, mientras Nolai se ponía la chaqueta.


—Vigila que no venga Rocio, es un peligro andante –Dijo poniéndose el sombrero. 


Salió de su oficina con las manos en los bolsillos. 


Pagó un carruaje y fue al centro. Allí bajó y sacó un prensado de hierbas, con una cerilla arrimó el papel en sus labios y exhaló el humo. 


—Que tenemos aquí –Dijo con la densa neblina en sus labios. 


Un guardia se acercó y cuando lo reconoció abrió los ojos. 


—Oh Señor Loulai, 


—Nolai. 


—Un crimen con navaja, el hombre entró y amenazó al señor Sullyman, ¡es una tragedia! 


—¿Heridos?


—No hay, solo un (muy) asustado señor Sullyman. 


—Tragedia se queda grande, entonces.


Se acercó a la cristalería, allí el vidrio destrozado hacía que la desangelado fachada pareciera más dañada. Nolai miró el resto del entorno, mientras se colocaba el prensado en los labios. 


*Rompeportones, es un método de impacto con objetos pesado, el guardia desordenó la mercancía* –sus ojos miraron una huella– *grasa, azúcar espolvoreada, de las manos del guardia* –se acercó más– *Mercancía, veinticinco en uno, rebajas, intacto, un montón de baratijas sin recoger* –volvió a mirar al guardia y se agachó para tomar un filamento de cristal– *Impacto severo, el cristal no se rompe con esta violencia sin intención* volvió a ponerse de pie. Se alejó de la zona.


—No es un ladrón. 


—¿Eh? –El guardia se acercó–.


—Nadie que quiera robar usa el método rompeporton, es algo que solo lo hacen los mercenarios a sueldo, esto no era una extracción, sino un llamado. Alguien quería dejar este desorden ¿Consiguieron dar con el supuesto atacante?


Él negó con la cabeza. 


—Alborotador astuto. Vuelve a llamarme si vez algo. 


—¿No quiere investigar nada más?


—Aqui el trabajo ya está hecho. Necesito hablar con Sullyman para acordar los honorarios ¿Le apetece una copa?


El hombre se alejo de la tienda y miró la plaza llena, con globos y espectáculo callejero. Dio otra calada y tiró el prensado al suelo. El agua se llevó el papelillo con la corriente, junto al resto de basura residual. 


...



Rodia caminaba junto con Jodie mientras la plaza se desplegaba con sus rarezas líricas a por mayor. Había gente danzando, haciendo malabares y vendiendo galletitas. Era un espacio seguro frente a tanta institucionalidad especulativa. 


Jodie sostenía una varilla con una fruta a medio comer mientras le daba a Rodia una manzana acaramelada.


—Este lugar es muy grande –Dijo Rodia algo más animado al ver un hombre danzar en aros de fuego– Me recuerda a las caravanas del pueblo. 


—Crei que eras de una cabaña –Le dió otra mordida– Come. 


—Cerca de la ruta donde vivíamos había un pueblo pequeño, allí en los días festivos las caravanas venían y daban este tipo de shows, con Ren siempre íbamos –Rodia seguía distraído admirando al hombre hacer su proeza. Estaba tan absorbido que el caramelo se le pegó en el cachete. Tomó la varilla y le dio una mordi-**_Crack_**


—Esto está durísimo. 


Jodie se carcajeo. 


—¿Nunca habías comido una antes? 


—Comia frutillas en chocolate y duraznos almidonados, lo vendían en tarros. Ren se quedaba con esto, supongo que tenía buenos dientes. 


—Que envidia. Aquí solo se venden estos cascotes porque tienen poco protocolo culinario. El azúcar se cristaliza y terminas mordiendo el anzuelo, es un detalle de feria, como la nube de azúcar que promete una degustación profunda y se deshace como agua chirlo, es todo una gran ilusión... –Suspiró– a Sunny le habría encantado... ¿Qué haces?


La manzana se posó por la hoja Lumenar como un cerdo a la plancha y un brillo naranja se escapó de la fruta, mientras el aire empezó a oler a azúcar tostada. El caramelo se derritió y Rodia aprovechó para darle otra mordida. El caramelo cayó sobre su boca y su barbilla. 


—Eso es trampa. 


—No. Es Lumenar. 


—*Muchacho, ¿Qué te dije de usar la espada para esos trucos? Solo te permito cortar leña*


Rodia se quedó estático. Jodie se puso alerta, sacando la navaja de su manga: un hombre detrás del muchacho sonreía, se veía bastante viejo y de una altura algo regordeta y pequeña. 


—¿Quién es usted? –Jodie sostuvo la daga en alto–


Rodia seguía quieto. 


—Baja la daga, muchacha, no quiero que te hagas daño


—Sueñas. Identificate, viejo verde


—¡No soy tan viejo!


Rodia se abalanzó sobre él y le abrazó. Eso desconcertó a Jodie. 


—¡Gran mago! ¿Qué haces aquí?


—Te podría preguntar lo mismo, pero creo que ya sé la respuesta... –Miro a Jodie con cara de pocos amigos– ¿Enamoramiento?


—¿Que? No, eso no: ¡las llavesferas! Estoy aquí para encontrar la tercera


—Oh, ¡Entonces es peor!


La música sonaba muy alto, no dejaba apenas  oír las voces. Los tres se apartaron y se sentaron en cerca de un bar. El hombre tenía un gran cargamento de madera detrás. Rodia parecía más entusiasmado que lo que jamás lo había visto Jodie. Ella solo miraba incrédula. 


—¿Hace cuánto estás en la capital? ¿No te di las bengalas? las vendiste para conseguir ratas envueltas?


—Las gasté todas en el bosque oscuro, no pude evitarlo, había muchos Osicortos y tuve que destruirlos a base de luz. 


—Debi haberlo sabido. Esos molestos animales andan en temporada baja.


Jodie intentaba integrarse a la conversación pero un malabarista se acercó para hacer su numerito, la muchacha estaba tentada de usar insertarle un tenedor en el ojo. 


—Escuché los rumores sobre el Magician Valdren y su hija, ¿fueron ustedes?


—¿Te refieres al arresto? –Preguntó Rodia


La voz del hombre bajó una octava


—El arresto, los asesinatos, todo, ese hombre terminó en malos pasos


—¿Como se enteró? –Jodie intentó incorporarse a la conversación– ¿Fue por la llavesfera?


—Oh, chica lista. Me gusta para tí, Rodia


*Pero si hace unos minutos me mirabas como si fuera un bicho raro* Pensó Jodie, mientras levantaba las manos para intentar espantar al animador. 


—Pero si, puedo ver a través de ellas: es un mapa interactivo ubicado en mi cabeza. Un sello que dejé en mis días mozos. En fin, ese tonto de Valdren, si hubiera sabido usar un mínimo su propia cabeza no habría incurrido en esos terribles actos, algo debió haberlo hecho actuar así, en fin, era un Magician –Tomó un vaso de agua.


—Por lo que me dijo, fue una estafa masiva por parte de sus organizadores –Aportó Rodia– Un engaño. 


—Uso la llavesfera y un ave para tener magia arcana –aclaró Jodie, levantando las manos con más violencia frente al sujeto– Eso no es de un ilusionista molesto. Es de alguien que manipuló los elementos. 


—Bah, ¡trucos baratos! Por lo que me enteré ni siquiera tenia una pizca de control. El ave era buena, pero él no. No tenía talento. De hecho que este le haya vencido es prueba suficiente que no tenía habilidad –le revolvió los cabellos a Rodia– has crecido, bastardo.


—Oye, técnicamente lo vencí yo... ¿¡Quieres dejar de bailar!? –Jodie se encaró con el sujeto, este posó su mano, para reclamar una moneda–


El gran mago comenzó a reir, su carcajada era rasposa y profunda, ¿sabes correr, amigo? –Le dijo al malabarista– Tengo un cargamento aquí atrás que te va dar miles de Corleones. El sujeto se acercó con entusiasmo en su mirada, frotandose las manos, el anciano le tendió el vaso de agua –Va a requerir toda tu destreza, así que prepárate, le dio dos toques en el hombro y cayó desplomado en la mesa. Para asombro de Rodia y horror de Jodie. 


El gran mago recuperó el vaso y tomó otro sorbo. 


—Esto le falta licor. 


—¿Y de que ese carrito? –Preguntó Rodia. 


Jodie se acercó al malabarista y le tomó la presión. 


—Ah, eso es lo que me tuvo ocupado este último tiempo. Es un nuevo negocio que estoy emprendiendo y lo conoces muy bien, Rodia 


—¿Lo conozco?


—Este tipo está muerto, no siento el pulso –Dijo Jodie, con tono neutro.


—¡Claro Rodia! ¡El durazno!


—¡Oh! ¡Justo me viene bien! Ya se me agotaron las reservas. 


—¡Pues qué bien! Ahora puedes comprar un frasco por cuatro corleones. ¡Es una ganga! ¡Aprovecha, chico! 


Rodia miró a Jodie entusiasmado como un niño. 


—¡Jodie, monedas!


—¡Hay un muerto en la mesa, Rodia! –Gritó Jodie con enfado. 


—No está muerto, está en estado de reposo –Dijo el gran mago, le tocó otra vez... y no pasó nada– Ah, está duro. 


—¿¡Qué!? 


Se levantó y lo empujó contra el suelo, se escuchó un leve quejido. La gente alrededor se acercó a ver, algunos lo atendió. 


—¿Ves? Es solo un muerto de sueño. 


—¿Qué le hiciste? –Inquirió Jodie. 

 

—Es un viejo truco llamado... Aspirina –Volvio a tomar un trago– se le pone en las bebidas para adormecer el nervio, el cuerpo entra en estado de rem-digo reposo. Este buen hombre se despartará en unas horas con jaquecas y no recordará nada. Pero estará bien. 


La gente alrededor se apelotono y lo tomaron de los brazos. Se lo llevaron a rastras. 


Jodie volvió a sentarse, un poco más calmada. 


—¿La pusiste tú?


—No, ya venian con la bebida –Levantó el vaso con una sonrisa, mientras saludaba al mesero– A mi no me afecta porque soy un mago muy poderoso, creo que alguien me quiere testear. 


—Tengo otra opinión acerca de porque está ahí, pero bueno –Concluyó Jodie y se quedó en silencio digiriendo la situación. 


—La ciudad es peligrosa –acotó Rodia–Hay que cubrirse las espaldas. 


—Aprendes rápido –Dijo el anciano– Y hablando de las llavesferas, de verdad vas a recogerlas todas, dime, ¿qué te hace pensar que podrás con semejante encargo?


—Mi hermano está encerrado, tengo que hacerlo. Ya estuve en la mansión Velmour y pude salir con vida, luego secuestrado por un Magician lunático y ahora haré frente a lo que sea. 


—Es verdad, tuviste muchisima suerte: Valdren Velmour es un hombre muy peligroso, con unos contactos que ya quisiera. Me sorprende que empezaras por ahí, yo no lo hubiese hecho.


—Su hija me salvó, sin ella habría muerto. 


—Eso explica muchas cosas. Rodia, en serio que eres un imán para las mujeres, has crecido. 


—N-no es verdad. 


—Mirando a la muchacha Fleming, no me das muchas pistas de lo contrario.


—¿Como sabes mi apellido? –Dijo Jodie, alarmada. 


—Todos saben tu apellido, niña, el gran Fleming es una leyenda de la capital. La gran estrella. Hay que ser un ciego para no ver su influencia. Además... Aquí reside su más talentoso aprendiz. 


Jodie sintió que se le crispaba los vellos del cuello. 


—Por supuesto.


—Los astros se alinean este año, puede ser un presagio –Tomó un frasco y se lo bebió–.


—Si sabes dónde están las llavesferas en todo momento y eres tan poderoso, ¿por qué no le diste a Rodia un mapa mágico con las ubicaciones buenas? –Siguió Jodie, aliviada de la salida del malabarista– Hubiera sido útil. 


—Porque no le cedí ningún mapa para empezar, este cabrón me las robó y se fue. Tomó una versión vieja. 


—No tenía de otra –Inquirió Rodia– Nunca me hubieras dejado irme. 


—¿Por qué no querías que fuera? –Preguntó Jodie.


—¿Donde estamos sentados no te da una pista? –Dijo alzando el vaso– Porque es un suicidio.


—Gran mago, yo–


—Ya lo sé, lo tenías que hacer, qué remedio.


—¿Y por qué no lo acompañaste? –Preguntó Jodie, ignorando al entusiasmado Rodia. 


—Porque sería un doble suicidio. Ni siquiera yo estuve en la posesión de las diez llavesferas antes. Ni siquiera un militarizado escuadrón cedido por el reino sabría buscar correctamente, e incluso con el conocimiento de todas, no podrían tenerlas. Hay barreras diplomáticas que deben cruzarse, y eso es más difícil de franquear que cualquier ley mágica. 


—¿Quieres decir que un gobierno puede estar en posesión de una llavesfera? –Dijo Jodie. 


—Quien sabe. Hay lugares donde ni los magos exploran. Además, los elfos...


Rodia prestó atención.


—Hay huecos en mi visión que tengo que rellenar con especulaciones. Incluso mi magia se anula frente a la de los eldrics. Por suerte estoy en la capital, aquí la gente solo se preocupa de tabaco contaminado –Se puso de pie– Ahora disfruten el resto de la tarde, tortolitos, yo tengo que seguir trabajando. Les voy a dejar cinco frascos a mitad de precio. 


—¿Donde podemos verte otra vez? –Dijo Rodia–Necesitamos tu ayuda. 


—Oh, ya sabes, siempre que necesites un consejo estaré al asecho. Sino busquen mi tienda, está en la esquina. 


Después de entregarle los frascos se alejó con el carrito de madera a cuestas. Rodia tomó un trago. 


—Esto ya se puso mejor –Concluyó Rodia, más animado que antes. 


Jodie no opinaba lo mismo. En algún lugar de su mente envidiaba la calma de su amigo.  


...



Nolai entró en su oficina. Tendió la chaqueta y fue directo a su asiento. 


—No se puede estar afuera, es un pandemonio


La puerta se abrió y un hombre anciano entró. 


—Sullyman, tome asiento.


El hombre hizo caso.


—Creo que tengo algunas noticias que le pueden interesar. 


Sacó papel de enrolar y se puso a fumar. El señor Sullyman miraba a todos lados, sin quedar su vista en nada. 


—¿De que se trata? ¿Ya atraparon al ladrón?


—No. Ese es el asunto. No hay ningún ladrón. Solo un escollo enorme. 


—¿Perdone?


—Como lo escucha. No tiene porqué alarmarse, a no ser que tenga algo que decirme...


Silencio.


—Muy bien, el asunto aquí es que hay una razón por la que un simple ladrón no se vio involucrado, el método de ataque es tan llamativo que es tonto. Está familiarizado con el término "Golfo"? Es alguien que le encanta tragar muchas salchichas


—¡Nolan! ¿De qué esta hablando?


—Mi nombre es Nolai. Y lo que me refiero es que aquí no hay una persona que busque robar, sino alguien muy golfo que busca un redito de un delito. 


—¿Qué insinúa?


—No insinuo nada, pero es obvio. No cree que sería muy conveniente que de pronto un pequeño negociante en la gran manzana reciba una tajada? Si existe la posibilidad de que el seguro que tiene pueda quedar saldado. Es un método simple. El problema aquí Sullyman es que me subestimó en demasia. 


—¿Perdón? Nolan, usted-


—Nolai. Y no me dejó terminar. Lo que usted hizo es un método de seguro, está bien, pero desesperado. Usó un subterfugio y creyó que con la ayuda de algún mequetrefe podía validar su recibo, se hace la fechoría, no se encuentra al agresor y yo le firmo el cheque. Todos contentos. Pero no es así como yo hago las cosas. 


—¡N-no tiene pruebas de nada de lo que se me acusa!


—Oh, no necesito pruebas, ya tengo algo mejor: Eric, trae al guardia. 


La puerta se abrió y tras de sí un hombre entró escoltado por varios guardias más que lo apuntaban con espadas. 


—¿¡De qué se trata esto!?


—Este señor de aquí colaboró con usted en determinadas ocasiones, según me contó, usted le daba ciertos beneficios en su tienda, le pasaba dinero, mientras le ayudaba con los cabos sueltos. Es un hombre muy desamparado que usted acogio con mucho recelo, cuando la crisis golpeó hace unas semana se planeo la obra maestra: él, usando su fuerza, destruiría el escaparate, les diría a todos que fue testigo, y si la situación se ponía dificil acusaría a algún mercader ambulante o un cirquero, después de todo, esa gente es indocumentada, si un guardia lo señala está contra las cuerdas –Tosió– perdone, usted aprovechó el día, sabía que hoy era un día de feria, así que apostó al buen soldado para avisar si todo se veía difícil ¿El error? Subestimarme a mí, el café y un buen hombro hacen cantar a cualquier loro.


—¡N-nolan!


—Por última vez –Su voz dejó el deje teatrero, por fin– Mi nombre es Nolai, y usted está bajo arresto. 


Los guardias agarraron a Sullyman. Nolai se acercó a él y le dió una tarjeta de contratación. 


—Nolai Parish, Abogado: Ahora sí, mis honorarios.

 


...



Al caer la tarde sobre la ciudad el entusiasmo general fue perdiendo fuerza. La gente recogió sus puestos y se iba alejando de la gran plazoleta, con paso agotado. Entre todas las personas, Rodia seguía allí, comiendo otra manzana. 


—Entonces... Es aquí. 


El gran edificio aparecía con piedra marmolada. Los caminantes pasaban por allí sin prestar atención, aunque él ya estaba pensando que debería subir y tomarlo. 


Jodie le miró con expresión severa y luego miró el mapa. 


—Si. La llavesfera está en la casa del gobernador, el capitolio. Que sencillo –Se agarró las manos a la cabeza—Esto no es bueno, Rodia. Imagina por un instante que lo tiene él o está como reliquia en algún lugar de aquí. Es tan ridículo que un campesino de veinte y una tonta de veintidós pueda siquiera...


—Lo tomamos y nos vamos, como si fueramos invisibles. 


—Rodia, eso es una pésima idea. 


—¿Que otra cosa sugieres? Podríamos pedirle ayuda al gran mago, pero... No creo que quiera...



—Y no debe, es un vendedor ambulante. Su libertad pende de esta organización, también mi vigencia como ciudadana, si en algún caso es una reliquia apreciada por todos aquí, estamos jodidos. *Todos*


La sentencia cayó como un latigazo, que Rodia no escuchó.  


—Yo no. 


Dio un paso adelante para constatar la falta de interés por el orden público.  


El viento revolvió sus cabellos. Los dos subieron, pero no llegaron lejos. 


—¿Tienen algo que hacer aquí muchachos?


—Eh, si –Comenzó Jodie– Somos turistas y queremos hablar con las figuras más interesantes de la ciudad, ya hemos hablado con Ian Lortell y Nicolás Esquirol, ahora estamos entusiasmados por hablar con el señor Delman en persona, sería un honor. 


—Licencia, orden de entrada y número. 


—Oh, eh, claro, nos la olvidamos en nuestra posada, ya regresamos. 


Jodie tomó a Rodia y bajaron las escalinatas. 


—Te lo dije, es imposible.


—Pero llegamos hasta aquí...


—No cruzaremos sin permiso


Caminaron de regreso. Pese a todo, Rodia se veía entusiasmado. Parecía haber recuperado una fuerza que perdió hace tiempo. 


—¡Debemos mejorar el plan!, Tal vez con–


En las puertas de la posada se cruzaron con un grupo protestando, los guardias parecían basilar entre sacar las espadas. 


Un ave rapaz se posó en una torre, cerca de allí y graznó. 


—Que demonios está pasando –Preguntó Jodie, la muchacha se acercó y pidió explicaciones, pero los empujones no dejaron que pudiera atravesar la multitud.


—¡Se los dije! ¡La posada el halcón gris está clausurada! Todos los que tienen pertenencias deben presentarse en la siguiente dirección pegada en la pared mañana por la mañana, de lo contrario todo quedará incinerado. 


—Rodia, ¡las llavesferas estaban en nuestra habitación!


Un hombre le gritó en la cara del guardia


—Es lo más injusto que escuche en mi vida. Nuestra ropa estaba allí, nuestras pertenencias! 


Una mujer con un niño en brazos fue sacudida por la fuerza de los guardias. 


—No hicimos las reglas, ¡la posada debía una gran deuda que no fue saldada y ahora deben ser clausurados! Es todo lo que podemos decir al respecto.


—¿Pero que tenemos que ver los turistas en todo esto?


—Se lo dijimos, si quieren recuperar sus pertenencias presentense a donde se les informa, paguen la multa y se les dara-


—¿¡Multa!? ¡Qué demonios habla de multa!


La gente se agitó, los guardias sacaron las espadas y empezaron a pegar con el canto. 


Jodie fue empujada por la multitud, ¡Rodia!


El chico sacó su espada pero cuando estuvo cerca de uno escuchó el ave graznar y emprender vuelo. 


Escuchó unos zumbidos y algo rozó su mejilla. 


Una bomba de estruendo hizo que una gran humadera hizo un esparcimiento, Rodia empezó a toser y a retroceder. 


Entonces lo vio, un sujeto con una capa y una espada, arriba de una carroza con gente de antifaz. 


El hombre bajó de la carroza, los guardias fueron apedreados por los sujetos en antifaces. 


—¡Rodia! –Gritó Jodie– ¡Debemos irnos!


Pero Rodia veía como el sujeto del antifaz pelea con los guardias. 


—¡Debo recuperar nuestras cosas!


Tomó un trago de la medicina y se puso a tono. 


Sacó Lumenar con esquives y fintas e hizo frente a los guardias. 


—¡Capturenlos! –El guardia golpeo a un civil –Arrggh, el beso de la daga corta de Jodie pasó por su pierna, el guardia cayó de inmediato. —¡Corran!


Rodia esquivo la hoja de dos guardias a la vez y cuando se disponía a contraatacar el hombre lo noqueó. Rodia empujó al otro y el estilete del sujeto le enterró en un costado. 


Los guardias irremediablemente se fueron en batida. 


Los civiles se juntaron. El sujeto le dio unas palmadas al hombro de Rodia y se subió al carruaje. Dentro los otros empezaron a sacar bolsas llenas de comida, bebida y ropa.


—No se preocupen, recuperamos sus pertenencias en el carruaje que los llevaba, todo está recuperando


La gente se abalanzó y se puso a buscar, algunos agradecidos y otros ignorando a los sujetos. 


Jodie atendió al civil herido y fue con él hasta el carruaje. 


Rodia se acercó al sujeto. El hombre lo vio.


—No peleas nada mal, chico –Dijo– ¿Como te llamas? Yo soy Riven Aris, mejor conocido como el mapache blanco. 


—¿Eres como un héroe? Soy Rodia, y mi amiga de aquí, es Jodie 


La chica se acercó, con su aire retraído. 


—Soy alguien que vela por los más necesitados, y ellos de aquí me dan una humano. Tienes pulso, Rodia, ¿Te gustaría unirte a nosotros?


Jodie lo miró y luego a su crew;


—Es bastante pequeña, deben ser buenos peleando –Acotó–. 


—Es un requisito indispensable, si quieres sobrevivir tienes que saber luchar. Es lo que toca. 


Sacó de su saga un frasco y lo bebió. Rodia se percató que era la medicina de durazno. 


Una mujer se acercó, tenía el antifaz del grupo y un alud a sus espaldas con correa. Le  susurró algo a Riven, él abrió los ojos y asintió. La mujer se aproximó a Rodia y Jodie. 


—Les dije –Se sacó el antifaz– la gente tiene que activarse. Un gusto volver a verlos, aunque ahora no tengo una canción para tocarles. Pero consideren a los vendedores vencidos. 


Rodia sonrió. 



El ave que estaba en la cornisa emprendió el vuelo por toda la cuadra, más allá del río, una gran multitud de personas caminaba perdida, con paso extraviado. El ave los surcó como quién esquiva obstáculos en movimiento. 


...


El ave finalmente se posó en el techo de otra cornisa. 


Graznó.


—Callate, ave estúpida. 


El ave se fue como vino, sin prestar atención a nada más en su vuelo. 


Nolai, que estaba en la terraza fumando, gruñó. Miró como el sol se ocultaba en la distancia como una bola rojiza en un charco de agua gigante.  


—Otro día más en el parfait de queso más grande del mundo, solo faltan los fuegos artificiales. 


Se acercó a su cuarto. Vivía en un bloque de pisos extremadamente pequeño, pero habitable. No se escuchaba un solo sonido en la habitación, salvo la gotera. 


Se acercó en su cama y estaba dispuesto a dormir cuando sonó el timbre. 


—Ya va. 


Abrió la puerta. Una mujer de cabellos rojos le miró con intensidad. 


—¿Vienes a declarar tu eterno amor? 


—Sueñas despierto, Nolai. Alguien pagó tus tarifas. 


—¿Perdón?


—Te quieren de vuelta, sucedió algo. 


—¿Que más podría pasar?


—Eric está muerto. 


Nolai abrió los ojos. No se esperaba esa noticia, 


—¿Algo más?


Dijo sin reaccionar aún,


Le entregó una nota. 


—Solo esto. Es un bolígrafo, tiene un líquido en él. 


Nolai pasó su nariz sin recibir la información. El olor a tinta, cristal se mezclaba con un perfume, inconfundible de durazno. Era una esencia frutal y derretida. 


Nolai abrió los ojos, y miró a su compañera


—Esto es... 




PARTE II


**Twisted and shout**



Silencio absoluto. Nadie hizo ni el más mínimo sonido. Ni siquiera la araña ocasional del techo salió para ver que pasaba por el rincón; pero si lo hubiese hecho, lo que hubiese visto son estas (ocho) cosas:


Un hombre depeinado sosteniendo un frasco/una mujer sepia, yo diría pelirroja sosteniendo una carta/una lámpara sucia/una luz amarilla/ otra roja(mala calidad)/ una mosca/algo borroso que no lograra ver por muy mala calidad/el humo que sube como una mano espectral, atravesando las cosas e instalándose en la habitación como una apropiación de vida salvaje. 


Pero no salió a ver lo que pasaba, y jamás escucharía al hombre derrumbarse al suelo, la mujer frotandose la nuca primero y tratando de consarlo con su particular manera  severa, el rincón sucio de la cama, ni la luz roja brillando por el ojito dañado, ni nada de lo que cuento. Es una historia que la propia naturaleza pequeña jamás entendería, desde el punto de vista correcto, sin embargo, esto es lo más cercano a un derrumbamiento absoluto. La catarsis y el dolor como remanente. El humo como metáfora del fantasma que trepa y se apropia de los vivos con su aire sucio y viciado. Y el rojo de los ojos de Nolai, de tanto llorar un fantasma de que se le escapa y se apropia de las manos del alma. 


Irritado e hinchado. 


Pasaron varios minutos, la mujer en el umbral seguía pasando su mano en el cuello de Nolai, pero él no reaccionaba. 


—Oye, averiguaremos que pasó, tranquilo.


La chica trató de esforzarse por poner su voz suave. 


—No tenes porque sufrir. 


El hombre la miró un momento y luego sus facciones, sus ojos, su peca cerca del labio, su piel blanca y sus pecas, lo que quiso hacer en ese momento es tomarla y besarla con furia, como un instinto de supervivencia, pero en lugar de eso asintió, con la fueza que le quedaba. 


—Nos veremos después en el despacho, quiero... Estar solo. Ahora no puedo pensar, estoy...


La chica asintió. 


—Si necesitas algo...


—Estoy bien. 


La mujer se fue de la habitación, dejándolo solo. 


Nolai miró la carta, entintada y oliendo a cera negra, la dirección, que se distinguía, era de un bloque de apartamentos.


Volvió a encogerse, como una pelota de puro manojo y nervisismo. 


Como las arañas cuando mueren prendidas fuego. 


El silencio volvió a apoderarse del lugar, un silencio, como se ha dicho lírico e inevitable como la muerte, absoluto. 


...



Mustaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaard



En la plaza la gente se reunía como una gran colonia, sacando sus cosas con bolsas –ropa en forma de pelota– apretadas, como gotas de miel. Uno de los turistas, que tenía mal genio, metió todas las bolsas en una carreta y los empujó causando varias contusiones por el camino; Los aaah sonaron, pero el alivio por tenerlo de regreso fue un gran atropello a la razón. Era la espuma. El resto lo intentó poner en perspectiva: como su copa, corrian desbordados entre el arrebato y el blanco shot. 

"El arrebato es peor que el hurto porque una es con hambre" como lo entendia Riven con métrica de bar: "el otro es saña que odia. Un fondo blanco. Blanco shock." 


—Si siguen recto por la calle xanda hay una posada donde pueden quedarse hasta que todo se calme –Decia Riven, con su voz de baritono a la gran multitud que se alejaba– Hay suficiente comida y bebida para una semana, no tienen que temer con que los echen, es un establecimiento aparte. Fuera de los códigos de la capital.


—No está en los registros – Grace tradujo para Rodia y Jodie sosteniendo el Laud– No pueden hacer nada de lo que no ven los arácnidos, solo los que esta conectada a sus hilos de poder legal.


—Eso no está bien –Respondió Jodie que salió del gran montón con dos mochilas– Si mi departamento no hubiese estado en los registros, nunca hubieran aceptado venir a mi piso cuando ocurrió un incidente que requería a la guardia. 


Recordó cuando murió el general mostaza, pero también en un rincón apartado de su mente, un incidente anterior con el casero que quiso borrar y tuvo la impertinencia de aparecer ahora con mal tino. 


La mujer rasgó las cuerdas como respuesta corporal, con los ojos cerrados, sin verla. 


—No tenemos porque estar de acuerdo, pero tus cosas estarían en un lugar mucho más peligroso y tendrías que pagar para recuperarlo. Un secuestro a mano armada sería eso. 


Jodie le dio la mochila a Rodia. El hurgó, encontró sus frascos y la comida, pero no halló lo más importante. 


—Jodie, ¡las llavesfera no están! 


—No, claro que no –Se mordió la uña– Si el gobernador tiene la tercera llavesfera en su poder, es de lógica pensar que tiene conocimiento de cómo lucen y su sensibilidad mágica las hizo apoderarse de ellas. 


Riven Aris apareció


—¿Algun problema?


—Bastantes para contarlos ahora –Rodia contestó–¿Podrian ayudarnos? 


Jodie seguía mordiéndose la uña, en silencio. 


—Nuestra guarida no está lejos de aquí, podemos permitirnos dos nuevos integrantes si les apetece –Contestó Riven– Tendrán la atención que solicitan en una posada sin tener que pagar nada, si no quieren, en estos tiempos convulsos, es lo que toca.  


—Eso sería estupendo –Rodia sonrió– Después de toda este dolor de cabeza, tener un lugar...


—¿Rodia podemos hablar en privado?


Rodia miró a Jodie y parpadeó sin entender la expresión de la muchacha. 


—Claro. 


Los dos se alejaron de la vista de los mapaches blancos. 


—No me fio de esa gente, Rodia


—¿Crees que son... Malos? 


—No. Creo que son problemáticos, y eso a veces es peor. El mal es predecible al menos. Ellos se enriedan en un tema complejo que no nos ata, no deberíamos involucrarnos.


—Hm, pero ya no tenemos las llavesferas, tenemos que encontrar más ayuda, toda la que necesitamos, y el Gran mago no te agradó mucho... 


—No, pero por otros motivos


—Jodie –Por primera vez en todo el día, Rodia dejó caer su aire espontáneo de un suspiro– en serio, no podemos esquivar las oportunidades que se nos presentan. Tuve la suerte de tener a Orelia en la mansión Velmour, sin ella ahora no estaría aquí 


*Otra vez la niña* pensó Jodie con fastidio. 


—¿Y qué? ¿Qué con la niña?


—Que me pasó lo mismo en la ruta, cuando estaba herido una familia de granjeros me dio una mano, luego tú en la capital... Hacer esto por mi cuenta ya no es la solución


—Una niña tonta y confundida y una pareja ignorante no son lo mismo que una banda de bandidos, Rodia, comprendelo: esto es serio. 


A Rodia no le gustó el comentario sobre la niña


—Si no fuese por ella habría muerto, eso no lo olvido, además, ¿Tú que eres? Porque para mí, estás bastante confundida ahora mismo. 


Jodie soltó una carcajada amarga. 


—*No me compares* si de verdad queremos tener esta sociedad, tienes que respetarme y eso significa no compararme con una niña lunática. Me sé la historia de esa familia, Rodia, no están bien de la cabeza. Se creen dioses. 


—No me interesa lo que te contaron, hablo con experiencia y solo sé que si no te habría dado una oportunidad no estarías aquí conmigo tampoco. 


—Ni vivo, Rodia mira... Olvidalo, claramente no estamos de acuerdo. Ve con ellos, tengo un lugar al que tengo que ir. 


Rodia abrió los ojos de repente, una sensación extraña le invadió el pecho. 


—¿De verdad? Te puedo acompañar.


—Que caballero, pero en serio no, tengo que ir sola, quiero cerciorarme por mi cuenta.


Y con eso Jodie tomó su mochila.


—No te preocupes por mi, el guantalete sigue en la mochila. Puedo partir algunas cabezas. 


Riven llamó a Rodia. 


—El grupo ya empacó, nos vamos. 


Rodia volvió su vista y luego a Jodie


—¿Puedo saber a donde vas?


—¿Recuerdas que le mencioné al guardia a Ian Ortell? Digamos que de verdad lo conozco, era el discípulo de mi padre que te hablé. Voy a visitarlo, quizá el pueda darnos una mano. Te iba a proponer ir para allá antes de la revuelta, pero, tienes otros planes –Suspiró– Y si estás en lo cierto, será útil. Así que ve con ellos. 


—¿Esto es un adiós?


—Uno chiquito, las llavesferas son mi prioridad también, además, Lumenar me pertenece por ley, Rodia, tengo que reclamarla. 


Rodia bajó su mochila y sacó un frasco de medicina y unas bolas de erizo.


—Por si las necesitas, es todo lo que puedo darte. 


Jodie las tomó, Rodia se acercó y la abrazó, fue un gesto sentido. La chica abrió los ojos


—Cuidate –Dijo el joven, con el aire más serio que le vio Jodie emplear–.


Cuando terminó el abrazo Jodie tomó la mochila y se alejó con paso seguro. 


*Rodia* pensó mientras se acercaba al grupo de mapaches blancos *cuídate también*


Siguió su camino. 



...


Nolai caminó a paso tranquilo por la ciudad, en la zona oeste. Los árboles, que rara vez daban sombra (por tener pocas hojas) ahora asomaban su oscura biología en su rostro, tapando un semblante agotado. No había conseguido dormir las últimas horas y prefería seguir la estela de la vigilia entre los escombros de su mente, apoyado por la idea de seguir la pista. Llegó hasta el departamento de la última manzana, donde la nota le arrojaba a su suerte. 


Sacó un prensado y empezó a quemarlo. Tocó el timbre pero nadie asomó, así que subió. Del casero que los vecinos le expliquen, y del permiso puede encargarse Rocio, que nadie se atreve a decirle nada. Hasta llegar al bloque 303 siguió como un gato domésticado subiendo. Allí presionó el timbre, pero nadie atendió.


El prensado se consumía lentamente. 


Toc, toc, toc


Tocó, pero nadie atendió. Miró la puerta con atención, amarillo cobrizo descorchado, como una viejo óxido de espada. Leyó el 3 con aire pesado, el humo se coló entre sus ojos. Sintió la tentación de patear la puerta, pero se retuvo. 


Toc, toc, toc


Siguió tocando, el prensado poco a poco dejaba un barrido de ceniza en el suelo, por lo demás sucio. Nadie atendia. Miró por la mirilla, pero estaba oscuro. Escuchó una gotera en algún lugar lejano. Por un segundo pensó que se habían mudado, después de un rato creyó que se habían muerto.


Toc,toc,toc


De forma irónica esta vez. Ya sabía que no había nadie. El aire olía a viciado y el sabor de la hierba era agrio, colándose por el de las fosas. Tiró el prensado. Lo único que quedaba era bajar. 


PAM


Le dio una patada a la puerta, esta cedió sin resistencia, cansada de esperar. Entró al piso y miró, en la penumbra notaba algunos muebles viejos, enredados por telarañas. No le sorprendía ver una en un cajón. 


Caminó, el piso era mono-ambiente, el aire olía a carbón y a cera vieja de segunda. Inspeccionó todo lo que pudo, pero era poco.  Era como una tumba. Quién sea que viviera allí se fue hace mucho tiempo. 


*Que sentido tiene la dirección*


Miró por la ventana, allí se encontraba también una red haciendo noche, de día se veía débil, sin brote, ni bichitos atrapados. Se acercó. El cristal estaba sucio. De lejos se veía el cordón de la calle, la gente pasando con carretas. 


Era un segundo piso. 


Escuchó atentamente, pero no oyó nada. 


*No había nadie en todo el edificio*


Salió del departamento, no sin antes percatarse de varias inconsistencias, como el polvo de estantería con algunos rincones limpios. Alguien pasó los dedos para tomar algo. No sabía el qué, también asumió que era una inconsistencia el hecho de que el piso esté sin llave. 


Regresó, mirando el edificio por última vez. 


La ventana donde se tejia la red débil desde abajo se veía más grande. Como un cristal quebrado. 


Llegó hasta la oficina, se sentó y llamó a Rocio. Al poco ella apareció con su mirada impasible; no parecía haber cambiado desde la mañana en la que él deseó haberla besado.  


—¿Algo nuevo? –Preguntó ella con su tino neutral, su comisura tenían una mueca de tensión. Sus ojos verdes eran dos canicas profundas; recordó el cadáver de Eric, sus labios púrpura, su mirada agonizada con sus ojos hundidos. 

Pensó lo que sería besar unos labios muertos. Seguramente las parejas lo hacían todo el tiempo, cuando ya no quedaba nada. A Eric hubiese sido horrible: había muerto asfixiado. Le costó reconocer el cuerpo. La cara de un muerto era una foto que solo muestra un lado, y la expresión de él era de puro pánico. 


—Nada. No hay nadie allí; es un edificio fantasma. 


Rocio se tomó la cara con la palma, por un momento mostró un poco de lucidez. 


—¿Que hay del bolígrafo?


—Huele particularmente raro, pero revisé los registros y no hay nada sospechoso en la firma, ni el fabricante. Lo único llamativo es el olor a durazno. Pedí información y parece que es una nueva bebida. Un jarabe con efectos placebos. Eric no se drogaba, pero si lo empezó a hacer no lo sabría.


—¿Algo que llamase la atención sobre ese jarabe? ¿Fabricante?


—Es un anciano que vive cerca de la plaza Salty, no muy lejos de aquí. 


—¿No es sospechoso?


—Es muy pronto para dar con sospechosos, pero sí, cualquiera podría serlo. Ya tengo varios nombres y ninguno me gusta nada. 


La chica se quedó pensativa. 


—No soy de hacer esto, pero si quieres puedo acompañarte a ver al anciano, tal vez sepa algo. Si somos dos podría ser de más utilidad. 


—No hace falta, tu trabajo es organizar las citas y ordenar las fechas.


—¿Dije que lo hacía por trabajo? Eric también era compañero mío, Nolai. 


—Lo sé. 


La chica contrajo su postura, no era normal en ella compromerse, pensó Nolai.


Se paró y tomó su sombrero. Por un momento volvió a ver a sus labios. 


—Vamos


Salieron. La tarde daría paso a una noche con lluvias intensas. 


...


Llegaron a la tienda. Los peatones iban y venían. Los guardias estaban apostados en las esquinas sin hacer nada y Rocio tocó la puerta, sin que nadie atendiese. 


El humo del prensado se mezcló con el aire viciado. Rocío insistió en tocar y después de un minuto negó con la cabeza.


Nolai Iba a relevarla pero la puerta se abrió con un chirrido suave. Un anciano de metro y medio salió a atender, tenía la mirada desdeñoza que se gana con los años y el trato constante con las ciudades, vieja e iracunda. 


—¿Que quieren? No está abierto –Dijo seco. 


—¿Podemos pasar a ver la mercancía? Somos abogados –Nolai le mostró la tarjeta, con una sonrisa en la boca que no reflejaba sus ojos. 


—¿Abogados? ¿Es una broma? 


Nolai negó con la cabeza. 


—Le aseguro que es cierto. Venimos porque nos interesa mucho lo que usted vende y, de hecho, necesitamos inspeccionar uno de sus productos ya que está vinculado a un caso que estamos trabajando. 


El anciano miró a Nolai con el desprecio que se mira a una alimaña, pero entonces su vista pasó a Rocio. Seguía con la expresión mata-ratas, pero se suavizó un poco en ella. Nolai quemó el prensado en sus labios, mientras veía al viejo. Por largo rato se extendió el silencio. Nolai se percató de que tenía una barba espesa y blanca típica de los Magicians. Pero sería una coincidencia. 


—Pasen. 


Rocío parpadeó e indico a Nolai entrar. Lo primero que Nolai notó fue la cantidad de destilería. Había frascos en varias estanterías. Rocío miró a todos lados, no se dejó un solo resquicio sin avistar como un buho celoso. 


—No queremos comprar nada –Aclaré nuevamente tomando el prensado con los dedos, vacilando si apagarlo, pero el viejo tenía una pipa en el fondo, así que la dejé de nuevo en los labios– Solo queríamos ver... –Rocio se fue al fondo, miraba de arriba abajo– su producto estrella.


Me fijé en la repisa, unos frascos color rosa chicle y blanco espeso se hayaban a la vista. Su etiqueta ponía ser escencias del corazón y la mente en blanco.  


—¿Producto estrella? El hombre tomó la pipa prendida y la inhaló. Como quién retoma un hábito interumpido a la mitad. La hierba quemada era mas oscura que la de Nolai –Ah, se refiere a la medicina, por supuesto. 


—¿Medicina? 


—En realidad es un jarabe con extracto de flores extranjeras, con aroma a durazno. 


Sacó de la estantería unos frascos de vidrio color verde. Los dejó en la mesa. 


—Permiso. 


Nolai se acercó y tomó un frasco, pero el viejo no la soltó. 


—Si quieres ver la mercancía, paga. 


—¿En serio?


—No eres un guardia y no eres un inspector, así que te estoy dejando inspeccionar de buena voluntad, pero todo tiene un límite. El mío son tres con cincuenta. 


—Viejo... 


—*Nolai* –Salio del fondo, con una sequedad que rivalizaba con los árboles más viejos del bosque oscuro– Son tres tontas monedas.


El viejo alzó una ceja, no se esperaba eso.  


Y yo que pensé que solo el niño era tacaño –Dijo Nolai por lo bajo, agarrando el frasco. Lo destapó y lo olió. La esencia del durazno se mezcló llegando hasta su boca. Tomó un sorbo: sabía a hoja de mentol. Su lengua le picó y sus dientes resistieron la embestida. Era dulce, como un jarabe, pero más potente que una bebida común, era como un alcohol destilado. Definitivamente tenía un componente intrusivo. 

Cerró los ojos, su mente empezó a recordar destellos de la cara de Eric, las lineas de expresión y el secor de su mejilla derecha, la mancha por encima de la barba, el color de sus ojos avellana se ensancharon, con una textura que casi podía oler, era el recuerdo más vivido que sintió en años. Se esforzó por esquivar el impacto y cayó en la mesa con el postre a medio terminar del día anterior, casi podía morder el recuerdo, mascarlo y escupirlo. En vez de eso escupió el líquido. 


—Sabe horrible –Constató Nolai. 


—¡Eh! ¡Limpias eso!, y claro que sabe horrible si llevas fumando esa horrible hierba, hay cosas que son incompatibles por mucho que quieras mezclarlas. No puedas hacer algodón de agua y aceite. 


Rocio regresó del fondo, Nolai le dio el frasco mientras se recuperaba del shock mental, y ella le dió un trago, más modesto. Se lo tragó sin protestar. Parpadeó un par de veces.


—Sabe a durazno.


—¡Esta chica entiende! –el viejo mostrando su dentadura postiza sonrió– Es el secreto de todo. El sabor a durazno rebitaliza el ánimo, el componente hace que cures heridas y mejora las articulaciones. 


Rocio no parecía impresionada, desde que llegó no había hecho una sola mueca. 


—¿Digame cuántos de esos vende por día? He visto muchas personas por el camino tomándolo como jugo de fresas. 


—Pues no llevo la cuenta, pero debo decir que gracias a él podría retirarme en menos de un año. De hecho...


Un hombre entró al local y pidió por unos frascos. Su mirada era somnolienta y falto de interés, como los de Rocio. Pero su lenguaje corporal indicaba que era por fatiga, no por carácter. 


Salió con diez frascos en la bolsa. 


—¿Estos productos están regulados por alguna asociación? –Preguntó Nolai, ya más compuesto. 


—Por supuesto. El gobernador Delman autorizó la regulación de mis productos, todo está en regla. Desde los frascos hasta las pócimas y los perfumes. 


Los ojos de Nolai se ensancharon. Algo en esa vinculación no le gustaba nada. 


—¿Usted es de las montañas? ¿Desde hace cuánto está aquí? Y cuánto hace que sus productos tienen el aval para ser comercializados oficialmente?


—Soy de más allá del crisol, niño, y desde hace más o menos unos dos meses que estoy aquí, como un humilde servidor. 


—¿Dos meses? Espere, ¿Niño? Oiga, tengo veinticuatro años, cumpliré veinticinco dentro de unos meses


—¿Que edad crees que tengo yo? –Escupio aire –No eres más que un mocoso. 


El aire fresh de Nolai se quedó florando en el aire, Rocio parecía haberselo regresado con una palmada en el hombro. 


Nolai inspiró profundamente y sonrió. 


—Por supuesto, me disculpo. Como iba diciendo, estos productos tienen algo que no me cuadra, ¿tienen una etiqueta que indiquen todos sus efectos nocibos? 


El anciano le pasó un papel oficial. 


—Aqui tiene una larga lista de beneficios y perjuicios para la salud del conurbanado.


Rocio le echó un rápido vistazo y se lo tendió de vuelta al anciano, pero Nolai le indicó que se lo llevarían. 


—Una última cosa, ¿tiene idea de a quién pertenece este bolígrafo? –Saco la pluma oscura con capuchón de cristal de tortuga –huele a su producto. 


El anciano la inspeccionó pero no parecía interesado. 


—No la vi nunca –Nolai se esforzó por ver algo anómalo en su expresión, pero no encontró nada– Huele a durazno. Pero podría ser cualquier durazno. Durazno en almidón, por ejemplo. 


—El durazno en almidon no es muy popular estos días –Acotó Nolai sin fuerza en la voz– Pero está bien, le creo. 


Se la volvió a tender. 


—Bueno, se hizo largo el dia, ¿no? –Dijo Nolai con ganas de dejar esta cristalería adulterada– Creo que ya es momento de irnos. 


—Que tengan bonita noche –Dijo el anciano prestándole más atención a su pipa–. 


Nolai salió de la tienda y alejó caminando junto a Rocio. El camino de regreso fue casi silencioso. 


—¿Por qué no le dijiste lo del crímen? 


—Algo me dice que este hombre es experto en ocultar información bajo presión, cuando le pregunté del efecto nocibo de su medicina no pestañeo, decirle lo del crímen solo reforzaría su recelo, es un viejo astuto como un cuervo. 


Los dos entraron en la oficina, Nolai se sentó en su silla y miró el asiento donde Eric solía sentarse. Rocío permaneció de pie, impasible. 


—Puedes rebobinar –Dijo Nolai abatido, como quién pide que le incerten una puñalada. 


Rocio tocó su cien y un flashazo de luz celestina atravesó a Nolai, la saeta rebotó en sus ojos y chocó con el despacho, las paredes y los cuadros, proyectando una imagen fantasmal de frascos y pócimas. La luz era tenue, pero se mostraron todos los objetos que ella había visto por toda la tienda. Los habia registrado en su memoria. El haz de luz rebotó del techo hasta el centro de la habitación proyectando al anciano con su mirada impasible, desdeñosa que le había dedicado a Rocio cuando abrió la puerta y ella pudo verlo completo. Ahora parecía mirar a Nolai, como si la recreación sospechara algo.


—Viejo cuervo...


...



Rodia despertó con dolor de cabeza. Por suerte fue tenue. Cuando la luz solar se coló en sus ojos vio donde estaba. Era una habitación de hotel, pero con cortinas en lugar de puertas. Después de unos minutos Riven se acercó y le saludó. 


—¿Como estás? –Preguntó


Rodia se frotó la cabeza. 


—Cansado. No sé porque. 


Le dio una jarra con agua. 


—Es normal. La primera noche entre los mapaches puede causar este efecto. 


—¿De donde eres? 


El hombre sonrió, como si le hubiera contado um chiste. 


—Yo soy de aquí. 


—¿Todos lo son?


—Ahora si. 


Se levantó y se fue, mientras Rodia seguía sintiendo ese ligero hormigueo. 


—El desayuno está listo. Cuando quieras baja y conoce a los muchachos. 


Rodia se sentó en el cabecero, la luz se colaba con ases celestes que impactaban en su rostro cansado. A pesar de que nunca fue a una institución, entendía perfectamente a los que lo padecían. 


Después de lavarse la cara bajó, tropezó con una chica en la esquina. Tenía el cabello rubio, casi blanco, joven. 


—Hola –Dijo con tono distante– ¿Eres el nuevo?


*El nuevo* sonaba casi como un insulto, pero era correcto. Por otro lado la chica le miraba como buscando confirmación a su pregunta. El mundo no tendría sentido de otro modo, así que asintió. 


—Perfecto, vamos. 


Rodia la siguió todo el corredor: era el viejo corredor de una posada, había pintadas por todo el lugar. Lineas rebeldes que formaban animales, como cabras y gatos. También había un montón de puntitos azules dentro de una montaña. Era una colmena. En un rincón apartado asomaba el dibujo deun carpincho. 


—El dormilón, parece que no estás con nosotros en una temporada –Dijo otra voz, más alta al fondo. Rodia estaba demasiado dormido para notar de quién se trataba. 


Se sentó, frente a él había una taza de té negro. Lo bebió, y su calor le recorrió las mejillas. 


Junto a él la chica que lo trajo comía en silencio, mientras que otros dos sujetos hacían bromas sobre algún evento que Rodia desconocía. Estaban muy animados. Alzó la vista mientras daba otro sorbo y Grace le miraba. La chica tenía la boca llena y se bajaba un trago de algo. Sus cabellos estaban revueltos y una mirada igual de adormilada. Una sonrisa surcó la boca de Rodia. 


—Quej tantoj miras– Dijo ella con un tono defensivo –Noh te veo mejor que yo. 


Tragó.


—Todavia no es la hora de trabajar, no tengo tiempo de ponerme a tono –Su voz sonaba rasposa


—El chico no dijo nada y ya tienes que saltar –se jactó uno de los bromistas– Al menos peinate ese pelo, parece un nido de pájaros.


—Mejor tus greñas de vagabundo derrotado –Contestó ella– Te ves como si te contratasen para limpiar un establo. 


Los dos se rieron. 


—No hay nada de malo en trabajar en un establo –Dijo Riven Aris, sentandose al lado de Grace –Mi padre me solia llevar al cobertizo cuando era pequeño. Era un campesino astuto, teníamos un caballo que limpiabamos, con él ganamos unas cuantas carreras –Miró a Rodia– Disculpa a esta, por las mañanas se despierta con un humor especial


—Repite eso, don esteban de las fuentes ¿que prefieres, un té de jazmin o de Bergamota?


La sonrisa de Rodia se paralizó al oír esa palabra. 


Grace tomó otro trago y le dió un beso en la comisura de los labios a Riven. Rodia se sorprendió más. *Asi que estos dos son* 


La trovadora se paró y se marchó, Rodia la siguió con la mirada. La chica a su lado le patio el pie. 


—No mires tanto, es de mala educación. 


No sabía si lo decía en serio o no, pero de todos modos se disculpó. Riven sonrió. 


—Rodia, ¿a que se dedican tus padres?– Dijo el líder


La pregunta llegó a Rodia dos segundos después.  


—Mi padre era leñador, mi madre era vendedora ambulante. Los dos se conocieron en el camino. 


—Que bonito. Mis padres también se conocieron en una aventura. De inmediato se cayeron bien. 


Rodia miro los bollos de mantequilla y crema. 


—¿Y que pasó? Quiero decir... ¿Ustedes son bandidos?


Los dos sujetos que se reían volvieron a esbozar una sonrisa


—Bandidos, exacto, ¡Somos el peligro de la sociedad! ¡Robamos, saqueamos y luego nos amamos! Y comemos las sobras, por eso somos ¡Los mapaches!. 


—No digas tonterías –Dijo Riven– En realidad somos una asociación de gente necesaria. Ayudantes, por así decirlo.


Rodia asintió. 


—Tu nombre es llamativo –Dijo la chica a su lado– Suena rupestre, de más allá del oeste.


—Si, en realidad soy del sur, pero mi padre tenía un amigo extranjero cuyo nombre sonaba parecido, así que me lo dio en honor a él. 


—¿Del sur? Eso es cerca del bosque oscuro. 


—El bosque legendario –Combinó el bromista– Donde el legendario general fue para librar una batalla y cuando regresó...


—¡El rey habló! –Dio un golpe en la mesa el segundo– Ese gobernador tonto la usa siempre como cita, parece un loro periqueado. 


Los dos se carcajearon. 


—¿Y que vienes a hacer en la ciudad? –Continuó Riven, ignorando a sus compañeros.


—Vengo a recuperar las llavesferas. Los objetos que abren la puerta de piedra. 


De pronto la algarabía se detuvo. La chica lo miró, con un deje de sorpresa. Riven abrió los ojos. 


—Tenia dos en mi poder y el gobernador tiene la tercera –Continuó Rodia– Vengo a... Bueno, quitárselo. 


Los hombres silbaron.


—¡Y nos decía bandido a nosotros! Eso es tener agallas. 


—¡Brindo por eso!


Ambos alzaron sus copas. 


—¡Por Rodia!


Riven Aris sonrió con admiración. 


—Las llavesferas... Son objetos conocidos por todo el mundo, dicen que un héroe intentó una vez tenerlas en su bolsilloy llegó a siete, se volvió una leyenda. 


—No se si sea verdad, pero no lo hago por la hazaña... tengo que liberar a mi hermano. 


De nuevo los murmullos se detuvieron, pero fue menos grave. 


—¿Tu hermano está en las puertas de piedra? –Preguntó Riven. 


–Eso si que es extraño –Dijo la chica, prendida a la conversación– El mito dice que las puertas no se abren por nada. 


—El gran mago me dijo que una vez cada miles de años eso ocurría. 


—¿Gran mago, eh? Me fascinas Rodia –Dijo Riven– y sabes blandir una de estas, ¿te apetece un duelo conmigo más tarde? Es para probar. 


—Oh, si el jefe se bate a duelo hay que apostar por él


—Aunque ese Rodia es un misterio, tiene chances de tocarlo


Los dos se rieron y volvieron a brindar


—¡Por el duelo!


—Ellos pueden escuchar todo lo que dicen, par de idiotas –Dijo la chica–. 


Riven se paró. 


—Entonces será mejor que nos vayamos, o no, Rodia? –Se fue de la habitación con una sonrisa en los labios. 


Rodia lo siguió con la mirada. El aura de la habitación cambió, eran varias teclas sueltas sin un pie de apoyo. 


—¿Como te llamas? –Preguntó Rodia, para romper el murmullo. 


La muchacha le sostuvo la mirada. 


—Arabella. Por cierto, cuando Riven dijo que fueras con él, lo decía en serio. Te sugiero que lo vayas a buscar. Tiene algo para tí. 


Rodia asintió. Cuando caminaba por el pasillo escuchó unas notas musicales seguida de una voz suave y agradable. Siguió el sonido y en un cuarto aledaño se topó con Grace. Ella tenia sus manos en el alud y los ojos cerrados. Su cabello ya estaba peinado. 


—Bona sera. 


—Te ves más... arreglada. 


—Que observador, si sigues así serás un excelente espia. 


Rio con esa voz cristalina. A Rodia le gustaba como sonaba "espia", con un soplo de aire. 


—¿Buscas a Riven? Está en el tejado. Seguramente trazando un plan. Por cierto, ya que te vas hacía arriba... –Su voz bajó un par de tercios– Saluda a Bell. 


Rodia pensó de quién se trataba. 


—¿Que harás hoy? –Preguntó. 


—Lo que siempre hago –unas notas sueltas sonaron y ella abrió los ojos– componer. Saldré a pedir algunas monedas. Aunque en el último tiempo está lacio. La gente ya no se presta tanto.


Su cadencia al hablar era muy teatral, marcando con esfuerzo y con acento cuando decía las palabras con jerga. Su acento era al oido lo que una cuerda al sonido. Rodia sintió que era como algodón con mantequilla sonora. 


La mujer se levantó y pasó al lado de Rodia. 


—Me caes bien, aunque hablas muy poco. En el carruaje dejaste que tu amiga hiciera todo el esfuerzo, mudito.


—Lo siento, es que no tenía mucho que decir. 


Ella le apretó un cachete. 


—Eres joven, ¿Cuántos años tienes?


—Veinte. 


—Ah, igual que Arabella. Ustedes me hacen sentir vieja, así que yo y mis veintiocho nos despedimos. Cuida que Riven no se caiga del techo. 


Salió de la habitación, dejando su aroma a barniz de madera. 


Rodia se quedó allí un rato y finalmente subió las escaleras. 


Estaba tan absorbido por la sensación de Grace, que por poco se olvida de su encargo. 


En una de las habitaciones había un joven en una cama. 


El se asomó. La habitación tenía las ventanas abiertas. El rayo de sol tocaba el suelo e iluminaba el espacio que se sentía cerrado. 


—¿Hola? Grace me pidió que viniera a ver como estabas.


Rodia no atinó a saber si la bola en la cama era lo que él creía. 


—Ah, está bien. 


Lo era. 


La bola empezó a toser. 


*Asi que era gripe*


Rodia se acercó y miró al chico. Era joven, pero no tanto. Entre trece y quince. 


—¿Eres un mapache? –Preguntó Bell con voz ronca.


—Podria decirse –se quedó en una esquina– Aunque no creo que eso importe mucho. 


—Aqui es importante, los mapaches nos cuidamos entre todos. 


—Entiendo. En ese caso... ¿Necesitas algo? No bajaste a desayunar.


—No gracias. Estoy enfermo. 


—Aun así debería comer. 


—Si, pero no quiero. 


—¿De verdad? ¿Por qué?


—Porque no estoy de ánimos para comer. 


Rodia no pillaba la onda del chico, pero es un puzzle que iría descifrando poco a poco. De momento se contentó con saber que estaba despierto. 


—Voy a ir con Valdren. Si necesitas algo, pega un grito. 


—No tiene gracia –con voz más ronca– Estoy muriendo. 


—¿D-de verdad? Lo siento


—Es broma... ¿Ves? Así se hace un chiste, novato


Se rió pero volvió a toser. 


—Genial, bufón, pero lo que digo todavía aplica, si necesitas algo...


—Lo sé.


Rodia salió de la habitación. Intuyó que la gripe del muchacho estaba en su etapa más jodida, así que no se acercó demasiado. 


Siguió subiendo, en la ventana de último piso había una escalera. Se subió encima y siguió el camino hasta llegar a la terraza. Allí Riven estaba sentado, mirando unas hojas. Cuando se percató de la llegada de Rodia se dio la vuelta y sonrió. 


—Hola, ven, toma asiento. 


El hombre pateó un taburete. La terraza era bastante grande, el se encontraba sentado en medio con un parasol. 


—Estaba trazando una ruta para el golpe del domingo. 


Rodia se sentó. Las notas estaban escritas a mano, no había nada prefijo, parecía hecho todo a conciencia. 


—Perdona a los dos tontos –sin apartar la vista– Se dejan llevar


—No me molestaron, aunque si fueron un poco intensos


—Son buenos luchadores, sus fintas vuelan a la misma velocidad que sus chistes, así que ten cuidado. 


—¿Y Arabella?


Riven sonrió. Tenía la espada en la cintura, Rodia se percató cuando se acomodó. 


—Es una chica reservada, pero muy inteligente. Nos ayuda mucho para el tema logístico, también sabe pelear, aunque no lo prefiera. 


—¿El chico tiene gripe?


—Si. Cayó enfermo hace unos días. Pero ya se repondra, y por si te lo estás preguntando, es huerfano. Digamos que somos una red de contención bastante importante para él. 


Rodia miró los tejados. A lo lejos un pequeño río se tragaba la cordillera. 


—¿Bonito verdad? Este lugar lo encontramos con ayuda de Grace. Su trabajo ambulante le permiten conocer la ciudad; el distrito lo entiende como la palma de su mano. Podría decirse que esa es su utilidad, aunque, bueno, es más que eso. 


El hombre se ruborizó un poco, después de hablar con ella Rodia le entendía perfectamente. 


—¿Y que le pasó a la gente de esta posada?


—Es una larga historia, pero digamos que hubo una manifestación social hace no mucho que escaló como no debía y lo cerraron. Tal como pasó con el halcón gris. Adivina como se llamaba el sitio. 


Riven señaló el antifaz. 


Rodia abrió los ojos. 


—El mapache blanco. 


—Antes nos llamabamos los dragones imaginarios, pero no sonaba tan... urbano. Nos quedamos con este. De todos modos los dueños no lo van a echar de menos. 


—¿Que les pasó?


—Fueron ejecutados. Estos malditos tienen a la ciudad en un estado de miedo y con eso los controlan. Es una desgracia. Nosotros luchamos para que eso no ocurra, aunque tú tienes una misión más atrevida. 


—Jodie me dijo que este distrito era mucho más peligroso que el sur. 


—Lamento que no nos haya acompañado, parecía buena chica. 


Rodia pensó en Jodie, el abrazo aún lo mantenía animado. Le costaaba admitirlo pero ya la echaba de menos. 


—Vine aquí porque precisamente necesito ayuda. Si el gobernador tiene la llavesfera, entonces tenemos un enemigo en común. Sería bueno si unieramos fuerzas. 


—Suena épico. Como una saga de caballeros.


—Es lo que toca, no sé si tan épico pero si, será genial. 


Los dos se quedaron repentinamente en silencio. 


—Te propongo algo. Tú nos ayudas con algo que tenemos que hacer y nosotros te ayudamos a tí con tu misión, ¿que dices?


—De verdad me tienes mucha fe. 


—Oh te he visto blandir esa espada y no eres un novato. Y no te estoy verseando. Tienes talento.


Sacó su propia hoja y la empezó a dar vueltas. 


—Remolino, es una bella hoja, me salvó de muchas batallas con los guardias. ¿Como se llama la tuya?


—Lumenar –La sacó y enseño la hoja. La espada de Rodia absorbió el brillo de la nubes y el paraje. Mientras que la de Riven tenía un filo más blanco y pulido. Era una hoja que parecía guiñarte con galanteria. 


—Muy bonita. 


Por un momento Rodia pensó que iban a darse una demostración allí mismo. Pero Riven guardó la espada. 


—Bajemos, tenemos que ultimar los detalles con los chicos. Después tendremos el duelo. Si tienes ganas, claro. 


Rodia sonrió.


—Me parece perfecto. 


...



En la taberna la comadreja, habían entrado dos gusrdias a poner un aviso. El sitio se encontraría en clausura dentro de dos dias. 


El dueño tomó el cartel y lo tiró a la basura. 


—Tacaño, ¿como puesen hacernos esto? ¡Ya la gente no viene a beber! Solo tenemos extranjeros aquí, como ese idiota del fondo, o la niña de allá. Estamos jodidos. 


Miró a su bartender, que limpiaba una jarra. 


—A mi no me mires. 


—Por cierto, aquella niña lleva desde anoche aquí, ¿por qué no la has echado?


—No me dejó...


—Pamplinas


Se acercó a la muchacha, los cabellos castaños de la caían en bucles desordenados. Olía a alcohol. 


—No molestes. Estoy durmiendo. 


—Oh en serio, y por qué su majestad decidió dormir en mi jodido bar!? 


—Porque no quiero ir con Ian –Dijo con modorra.


—¡Y a mi qué me importa!? Sal de aqui!


Cuando le agarró el hombro sintió una mordida en su cuello. La hoja estaba a centímetros, ella lo sostenía con tres dedos. 


—Ya me levanto. No me toques.  


La chica se puso de pie mientras guardaba la daga.


—Lamento si causé molestias. Pagué todo. Hasta la estadía. 


El hombre miró al bartender. 


—Asi que pagaste la estadía ¿eh? 


Ella no dijo nada más, yéndose tambaleando. 


El bartender sonrió.


—Vas a tener que darme tu propina, es lo de menos por permitir que una vagabunda se de quede a dormir aquí. 


—No es una vagabunda. Me dijo que era la hija de Arthur Fleming. Jodie Fleming.


—¿¡Que!? ¿Hija de ese Fleming? 


Salió corriendo hacía la salida. 


El bartender suspiró. Se acercó hacía la mesa del fondo, donde quedaba un único tipo. 


—Oye, ya no puedes quedarte, van a cerrar este sitio.


El sujeto lo miró, impasible. Asintió levemente y se sacó un prensado del bolsillo.


—Dile al dueño que le dejaré unas rosas al local cuando lo clausuren. 


Y Nolai Parish se levantó y salió a paso lento, por la misma puerta que salió la chica del cabello castaño. 


...



Parte III



Nolai se quedó en la esquina de la comadreja mirando a la gente pasar. El quemado del prensado le ennegrecia las yemas, pero solo cuando miró hacía sus dedos se dio cuenta del hollín. En una capirota los restos del prensado cayeron al suelo y se subió a una carreta. Había pasado la mañana en estado de nebulosa, y quería aterrizar. Se frotó la cara, el oleo burbujeante de la bebida aún invadiendo su mente.


Los demás le eran indiferente, pues parecían en un estado similar. El sonido de una melodía suave acompañaba el compás de la carreta. 


*No puedo creer que te hayas ido* 


Recordó cuando le recibió como joven promesa, fue gracias a él que tenía ese puesto. Y aún no se podía creer lo alejado que se sentía del concepto compañero, con él las cosas eran mucho más fácil. 


Hacía todo más armonioso y ahora solo quedaba un recuerdo sellado al vacío. 


La melodía murió con él y la mujer que tocaba el alud se paró frente a él. 


—¿Mal dia?


La mujer tenía acento del este, una barda, con encanto para las palabras, hermosa, seguiría adivinando atributos pero no estaba de humor. 


—Aun no empieza para mí. 


La mujer soltó un soplido


—Para mi termina, esta es la quinta carreta que me subo y la gente me dejó solamente veinte Mirs –se dejó caer y se quitó la bota para hacer caer una piedra– Son horribles tiempos. 


—Aja . 


La carreta frenó y los demás se bajaron pero ellos quedaron, compartiendo un lugar que aún no llegaba a destino. La mujer tenía la vista cansada y la coleta parecía apretarle demasiado a su pelo. Ella miraba en un punto intermedio entre su cara y el fondo. Tenía la mirada de verdad agotada, triste. 


—¿Fumas? Tienes los dedos en una cruz –Dijo sin apartar mirada de su punto fijo. 


—Hierba voreal, me ayuda a pensar con claridad –aclaró Nolai, también mirando para otro lado. 


—¿Eres de esos funcionarios, no? Yo también fumaría si fueses tú. Pero tengo que cuidar mi herramienta de trabajo. 


—Hm-hm. 


Cuando más hablaba más se filtraba ese tono suave y agradable. Era como una propia nota musical. La muchacha toco algunas cuerdas del alud. Cerró los ojos. Por algún motivo se veía más centrada así.  


—Alguna vez compuse una canción para un funcionario, pero no le fue bien. Rara vez funcionan las canciones protesta si no tienen  un pedacito de emoción cruda en él, así que lo enfoqué desde ese lado rabioso, y quedó. 


Nolai casi no le prestaba atención, preguntándose cómo le iría a Rocio. 


La carreta volvió a hacer su parada. El hombre  miró el camino cerca de la calle Salty, estaba abarrotado de gente. 


—Aqui me despido. 


—¿Qui? –Dijo la mujer–Es un buen título para una balada. Qui este tanto quiera verte, cada tanto.


—No te voy a pagar, lo siento. 


La mujer soltó el aire, como desinflandose.


—Ah, por favor, no me fue bien hoy...


Nolai sacó un corleon y se lo pasó. 


—No es mucho, pero la plática fue divertida. 


La mujer giró la moneda en sus dedos y sonrió. 


—Gracias señor de los dedos de cigarro –Soltó una risa cristalina como el agua– Que le vaya bien hoy. 


Nolai bajó de la carreta. Suspiró. Sentía el aire más tranquilo, su mente nebulosa ahora pasaba por un cordón de asteroides que desintegraban su forma. 


Entró a su despacho y se sentó en la silla. Al poco Rocio abrió la puerta. 


—¿Como estás? –Dijo con su particular tono que sabía a agua tónica– No dormiste bien. 


—Me la pasé en un bar. 


La chica parpadeó. 


—Espero no te moleste. 


Ella no dijo nada. 


—¿Cuál de los clientes me toca?


La mujer sacó las tarjetas. Nolai tomó la del prestamista corrupto. Según la historia el cliente le cedió dinero pero el sujeto no cumplir el pacto. 


—Sera sencillo, perfecto para un día sin ganas


Rocio la siguió con la mirada como si quisiera decir algo, pero no abrió la boca. 


En el juzgado el hombre que acusaba a su cliente era robusto. Mientras que su cliente parecía más de complexión regordeta. Era un buscavidas de los de oficina.


Nolai leyó el pericial. 


—Muy bien, el señor Norman tenia que recibir dinero a tiempo pero mi cliente no estaba aquél día fatidico, ¿podría decirnos donde estaba ese día?


—Era el dia del niño, estaba con mi hijito. Su madre no me deja verlo salvo en los días festivos. 


—¡Mentira! Yo lo fuí a ver ese día, la oficina estaba semi abierta, uno de sus matones me dijo que se había ido, ¡pero no para ver a su hijo!


El juez golpeó el martillo. 


—Silencio señor Norman, aún no le toca hablar. 


—Un mlmento señoria –Dijo Nolai– ¿Puedes decirme como era la puerta? Si coincide con la verdadera puerta


—Claro que si, era de color marrón


—¿algun detalle extra? Le sugiero que recuerde bien


—Tenia un barnizado muy notable, lo puedo distinguir bien


Nolai asintió y se dirigió a su cliente. 


—¿Podria jurar que estaba fuera para ver a su hijo ese día?


—Lo juro, fue así como pasó. 


El abogado defensor se levantó de su asiento


—Objecion, señoria, pero el juramento se hace desde antes de iniciar el juicio, ¿por qué hacerlo ahora? ¿Acaso es un juramento hacia usted como deber de un favor?


Nolai suspiró. 


—Por supuesto. Es un pacto entre caballeros. 


El juez habló:


—Abstengase de propuestas personales durante el juicio por favor señor Parish. Gracias. 


—Lo siento señoria; Norman, usted fue a ver a su hijo, luego regresó y vio a su socio tendido en el suelo.


—Asi es, este bruto le metió una paliza y me amenazó de muerte. 


—¡Eso es imposible! Yo me había ido a casa


—¿Tienes pruebas de lo que dices, Norman?


—Por supuesto, él tenía un collar color plata en su cuello ¡y cuando fui a casa de este hombre lo tenía en su poder!


—Objecion señoria, indicamos que el collar que posee mi cliente es de color cobre, y no de plata.  


Sacó la prueba acusatoria. 


Nolai sonrió. 


—Este collar fue herencia de la madre de mi cliente y no tiene nada que ver con el matón del acusado. Por favor, proceda. 


Se acercó al collar y lo tomó. 


—Es interesante ver como es el bañado en estos días, pues un collar podría ser de plata como oro bruñido si se le da el correcto patinado. En este caso permitanme dar con el detalle de la luz. Si la herencia es de cobre debería verse por cuestiones de reflejo –Lo puso a la luz de la candela– como ven la luz no impacta de froma agresiva, en las aleaciones más debiles este reflejo suele ser más violento, pero aquí la luz queda, como dicen en la jerga, preñada. Es un hermoso casamiento con varios anillos de boda. Los pequeños reflejos son borrosos pero profundos. Un hermoso y estancado gris nublado. 


—Objecion, la luz de esta candela no puede determinar semejante ejercicio, le sugiero que lo ponga en otra más clara. 


—Podriamos ponerlo en todas las de la ciudad y de todos modos la luz no rebotaria de forma cálida, como el cobre. Porque este collar es de plata. 


El cliente del abogado defensor se alteró. 


—No, bueno, no lo sé, yo lo veo de cobre, pero si dicen que es de plata, no prueba nada de todos modos, mi madre podía haber creído lo mismo y no saber la diferencia, como yo.


—No, claro que no, el problema es que sabe perfectamente que es de plata, por un detalle muy sencillo.


—¿Cual?


—¿Recuerda el detalle de la puerta, verdad? El barniz, usted lo dijo


—¿Que tiene que ver?


—No es que tenga o no que ver, pero notar el barnizado es casl lo mismo que el patinado. Usted podría distinguir que un collar está bañado en cobre, así como una puerta bañada en barniz. 


—Objecion, esa idea es conveniente y asociativa: que mi cliente sepa distinguir el barniz no significa que sepa distinguir el bañado. 


—Tiene razón, es una posibilidad, minúscula, pero está, sin embargo pasaste por algo un detalle muy tonto ¿Norman, qué es lo que le pedía su cliente?


—Me pidió que le trajera un martillo de bola


Los murmullos en la sala se hicieron más audibles


—Lo que quiere decir que el señor Clink no es un panadero, sino un herrero.


El abogado defensor se puso a gritar.


—Objecion señoria, mi cliente tiene su panadería en la sucursal que está al lado de la calle Spikle, no tiene más que cruzar la calle para pasearse por el local. 


—Se pierde en el presente y no revisa la historia, abogado –Nolai sacó un papel– Hace un mes la panadería de la calle Spikle recibió una notificación de que cerrarían por no pagar impuestos, es algo que sucede en muchos establecimientos hoy en dia. Pero esto es lo más curioso, la firma está anotada con el nombre P.P y no C.P ¿Señor Clink, tiene un hermano?


—No. 


—No lo podemos comprobar pero, de hecho hice mis averiguaciones y mi asistente tiene algo que comentar, Rocio?


La mujer con la mirada impasible sacó una hoja donde había una firma. 


—Esta letra pertenece al dueño de la panadería, por lo visto el hermano del señor clink le cedió el local porque sabía que no podía sostenerlo. Ese sujeto quedó arrestado y llevado al calobozo, pero gracias a su confesión podemos ver que en realidad, tiene parentesco con Flink. Osea que el panadero es el hermano, tú eres herrero. 


—Si fuese así donde está el horno? ¡La herrería, Parish! –Objeto el abogado defensor. 


—No posee herreria, porque no está registrado a la lista de trabajos oficiales, es un, como diriamos, ¿trabajador bajo mar? ¿En números negros? Es un clandestino. Como veía que su hermano le dejó un negocio muerto quiso barrer el suelo y traer de nuevo su viejo negocio. Y entonces sucedió lo de mi cliente. 


—¡Objecion! Eso no... ¡No significa que le haya pegado a Norman!


—La victima es suficiente testigo, pero si insiste –Se acercó a Clink– ¿Como te va, puedes mostrar tus manos?


El hombre miró a su abogado y accedió. Miró los dedos negros de Nolai.  


—Tienes los dedos de la mierda –Solto Clink– 


—Los tuyos no se quedan atrás, miren este curioso tono negruzco en sus nudillos, no les resulta parecido a los mios? No me malentiendan, mis dedos son de fumar, los suyos son por la ceniza del horno para hornear pan, primero eso nos indica que no es un buen panadero, lo cuál ya es una posible pisra, pero si limpiamos un poco... –Froto su dedo, Clink emitió un gruñido– rojo.  ¡La sangre de su víctima impregna esas manos!


Todos soltaron un gemido de sorpresa. 


—Asi que si, no tiene caso fingir más, Clink, fuiste a ver a ese hombre porque se tardaba con el pedido, golpeaste a su socio, le robaste el collar y luego llamaste a tu abogado pensando que ya estarías cubierto. 


—Objecion, señoria, ¿por que mi cliente querría el collar?


—Porque lo quería fundir, la panadería se iba a pique y lo que pretendió fue fundir la perla para hacer un material más deseable, quizá un brasalete o una espada con el precio inflado. Pero no lo pensó mucho, así que mejor decidió bruñirlo en cobre y llamar a juicio, así le pagarían la deuda y podría sobrevivir un poco más. 


—¡Sueltame la mano asqueroso! –Nolai le quitó la mano– 


—Así que eso es todo lo que pasó. No espero que confiese, pero si lo hace le aseguro que no irá al calabozo, solo más endeudado si cabe. 


—¿¡Que sentido tiene entonces!? Es un maldito mentecato, ¿en su mundo estar en la calle es mejo que la carcel?


Nolai pensó en la barda, como tocaba por un par de monedas con una mirada somnolienta y una jerga afilada y hermosa. 


—En la calle hay mas posibilidades de seguir luchando, en la carcel todos tus derechos desaparecen, no lo pensaste bien, igual que el bruñido. Señoria, dicte la sentencia. 


El juez lo pensó un poco


—Condeno a Clink Paddi a una multa de cinco mil Corleones por daños y prejucios. Caso cerrado. 


La sala aplaudió, el abogado defensor hablaba con el cliente mientras él bajaba de la sala junto a Rocio. 


Norman se acercó a él. 


—Gracias, ¡me salvaste! Ya te pago lo del honorario en seguida y te invito a una copa


—No tan rápido, Norman –Lo atajo Nolai– Usted ha incumplido el pacto de caballeros


—¿Ah?


—Usted dijo que se fue de su trabajo para ver a su hijo, y eso es mentira. 


—¿De que hablas?


Rocio se acercó y tocó su sien. El hombre sufrió un impacto azulado y el reflejo de dos personas apareció delante suyo. 


—Morena, alta, tacones rojos, una señorita dela calle de la seda. Le pagó por adelantado. 


—¿¡Que delirio es este!?


—Lo juraste, Norman, que fue por algo que no sucedió, mi asistente la siguió y descubrió su coartada. Por mentirme los honorarios suben, lo siento, pero así me manejo. 


El señor Norman salió de su asombro


—N, ¡no puedes hacer eso! Llamaré a ma guardia y...


—Y que, me llevabará a juicio? Soy abogado. Las pruebas son contundentes. Lo siento pero no soy el malo aquí. Usted si. 


El hombre firmó un papel y se lo dió a la asistenta. 


Se largó de allí. 


—Algo es algo. 


Se prendió un prensado. 


—Te invito a comer –Dijo resuelto– 


Rocío lo miró largo rato 


—No, gracias. 


—Al menos lo pensaste esta vez. 


La chica se fue sin decir nada. 


Dio una última calada y la siguió de lejos. 


...



Ortellian estaba en su taller, dibujando un escenario para una obra en la ciudad. Las pinceladas que le daba eran de mucha profundidad y técnica. Su cabello oscuro como el anselmo resaltaba en un mar de colores de acuarela. Su empleada domestica le trajo un té en una taza de porcelana. 


—Gracias, ponlo en el fondo.

 

Allí había folios de dibujos sobre catedrales. La empleada lo dejó por encima de un gran reloj de arena.


Después de un rato su mayordomo se acercó a él.


—¿Que es eso? Dijo admirando la obra.


—Es un escenario de colores, me lo ofreció el capitolio para representar la obra del general.


—Ciertamente el gobernador invirtió mucho este material.


—Asi es, él y saizo entienden el gusto por la arquitectónica. 


—Por cierto señor, alguien llamó a la puerta. 


—¿Quien?


—Dijo que era la hija de Arthur Fleming, señor, su maestro. 


Ian dejó caer el pincel. 


—Hazla pasar.


Los ojos del arquitecto se le iluminaron. Jodie tenía el cabello como el otoño recogido en una coleta, con una bufanda verde. 


—Hola, Ian.


—Cuanto tiempo –Contestó– ¿Quieres tomar té? Connor 


Ella miró la obra que estaba frente a ella. Su rssgo de indiferencia se tiño de un leve interés. 


—Avanzaste mucho. 


—Es lo que hay que hacer, así lo hubiera querido... 


Ella se sentó y agradeció el té que le tendió Connor. 


—Es un modelo interesante, tiene material liviano, podrías construir una bonita parcela con eso –Miro los esquemas de la catedral–. 


—Aun no está listo, así que no te puedo decir, pero desde luego es parecido al modelo que Arthur quería. 


Jodie sorbio violentamente, Ian sonrió. 


—Y que te trae por aquí, dudo que hayas venido a saludar. 


—No, estoy con un colega haciendo un proyecto, recolectando piedras preciosas. 


Dejó la taza y saco de la mochila algunos planos. 


—La ciudad ha cambiado, la última vez que estuve aquí no tenía esta forma. Está mas cerrada. 


—Si, el gobernador está teniendo problemas para adecuar sus planes y la gente se agitó en demasia


—Sufri algunas de sus medidas de primera mano. Vaya tipo más irritante. 


—Eh, no es tan malo, si lo llegas a conocer tal vez te caiga bien. 


—Ya veo, ¿Son amigos?


—No especialmente, pero si hemos colaborado para algunos planos de la ciudad, las últimas ideas se tuvieron que aplazar por toda la revuelta que se armó, pero poco a poco está volviendo todo a la normalidad. Pero basta de hablar de él, que hay de tí? Vas a la universidad?


Ella asintió


—Me tomé un hiatus, pasaron cosas un poco jodidas de explicar


—¿Es por eso que estás así? ¿Necesitas algo?


—Si, necesito hablar con Delman. El sabe algo de ese proyecto. 


Ian parecía triste de repente. 


—Por un momento pensé que, ya veo. Está bien, no será muy difícil de tratar, él suele venir aquí algunos días al mes.


Jodie sonrió. 


—Gracias Ian, lamento no visitarte, es solo que... Bueno, ya sabes. 


—Si, pero creí que tal vez lo aceptaste. 


—No lo acepté, pero viéndote siento que lo superé. 


Miró la sonrisa de Ian desvaneciéndose poco a poco. 


—No me mal entiendas, es un gusto verte y espero que podamos ser amigos. 


—Si, si ya entendí.


El ambiente se enrarecio. Por fortuna Connor llegó para traer más bocadillos. Jodie lo agradeció. 


—Vives bien –Soltó– mi departamento es una pocilga. 


—¿Y como está Victor? Su grado de Magician fue muy popular. Escuché que tuvo una hija. 


—Si. Bueno. Digamos que fue complicado. 


Ian tomó una galleta y se la comió, mirando para el plano del teatro. 


Jodie miró a Ian, la curvatura de su cuello era la de un atleta. Con un fuerte mentón. Si no hubiese sido pupilo de su padre tal vez se lo hubiera pensado con seriedad de lo guapo que era. Pero el físico no lo es todo. 


Recordó la última vez que se vieron. Ella apenas era una niña y él también. Sucedió dias después de la muerte de su padre. Debido a que el taller iba a cerrar los padres de Ian tenían que llevarlo. Ambos eran funcionarios exitosos y tenían qué ir al norte. El último día Ian tomó el la mano de Jodie le unió sus labios al suyo.  el sabor de la tinta fue lo último que sintió cuando se despidió de él. 


—¿Jodie?


Ella parpadeó. 


—¿Que pasa? 


—Parecias perdida. Te estaba hablando de los nuevo diseño de la plazoleta, está inspirado en la antigua era de los guerreros Dociers. 


—Perdón, no estaba prestando atención. 


Jodie estaba en un estado de abstracción intensa. La sola presencia de ese muchacho la confundía. No solo por lo que significó en el pasado, sino por las implicaciones que parecía tener en el presente. Conocer a Delman en persona... ser su colega... era algo muy grande. No se percató de qué tanto hasta que pasaron varios minutos. Si Delman tenía la tercera llavesfera y Jodie era lo suficientemente astuta, podría quitárselo. Solo tenía que jugar al juego social que tanto evitó toda su juventud. "Mosquita atrapada en medio de arañas, cargada de veneno" la sonrisa se le formó tan ancha que Ortellian también sonrió, Jodie dejó de hacerlo, sobretodo porque a su antigüo "amante" se le formaron hoyuelos. 


Esto sería complicado. El mayordomo le sirvió más té. 


—Podemos pasear un poco si te apetece, ya terminé por hoy, Connor ¿te encargas del correo?


El hombre asintió. 


Jodie le miró, ¿Sería otra araña jugando a las tazas? No podía saberlo. 


La chica tomó la mano de Ian y los dos salieron del estudio. 


—Las calles están algo complicadas, vamos a dar un rodeo. Por la plaza del muelle. Allí está todo más en calma.


Las frases salían cortadas, el chico estaba nervioso, agitado, o las dos. 


Jodie caminó erguida, pasando por la plaza de la calle miserere. El olor a flores y pasto se sentía en el aire, mezclado con cera y algo dulzón, como azúcar quemada. Hace unas horas había vomitado una gran bilis en una esquina y ahora sonreía como si nada. 


Se sorprendió al comprobar de que era otra alcohólica funcional que tanto admiraba. 


El chico pasó por una repiseria de orquídeas y sacó una margarita, se lo dió. 


—Se que es cursi, pero me nace dartelo. 


*¿Le nace?* Ella lo tomó. *Si esto va a ser así todo el camino será el viaje más largo de mi vida*


—Gracias –Sonrió y se puso el ramo en el cabello, sacando la lengua– Ahora tengo treinta por ciento más chances de atraer abejas.


Ian sonrió. 


*Maldición*


Llegaron hasta la orilla de la calle, el mar se desplegaba entre dos grande barcos comerciales de madera de pino. 


Jodie miró el nivel del mar, sin decir nada. Ian la estaba mirando, sin saber que decir. *No es muy sociable, maldición*. Jodie empezó a hacer malabares mentales. 


—Odio los pulpos –Soltó de repente. 


Ian le miró, sin comprender. 


—Son... Una especie extraordinaria. Tienen varios corazones, cerebros en los tentáculos y sangre azul... pero dos ojos. Es infame. Siento que ese detalle es una burla a todo lo demás. 


El chico la miró confundido pero intrigado. 


—¿Por qué? –Fue lo único que pudo acotar. 


—No lo sé, es como si la naturaleza entendiese que los ojos son lo más humano y quisiera dotarlo de un semejante: los mamíferos todavía, pero cuando miro un pulpo es como mirar un monstruo con un rasgo que no debería tener. Miré el abismo y el abismo me devolvió la mirada. Es lo que pienso del pulpo. 


Ian se rascó la nuca. Una brisa tensa pasó entre ellos. 


*Mierda*


—P-pero son muy deliciosos en su salsa. 


El joven sonrió. 


—Conozco un sitio donde sirven un buen pulpo y varios tipos de mariscos. Si quieres puedo acompañarte, cuando quieras, claro


—Estaria bien. 


Enarco una mueca, sin querer. 


—Ven aún no te mostré lo que quería. 


Los dos caminaron hasta el límite del puerto. Se subieron por la plancha del barco. Jodie miró que tenía un grafito que ponía "welcomebak". 


Cuando entró al barco sintió la madera en sus botas. 


El decorado del barco era excepcionalmente personalizado. Con dibujos de peces y cetaceos marinos por toda la proa, estrellas de mar y una fugaz estela que atravesaba todo el suelo y subía por el mástil. 


—¿Que es esto? 


—Es el Oceano. 


De pronto partículas de luz azúl aparecieron en el suelo en un efecto fancy entre el polvo. Muy bonito si querías causar efecto. 


—Esto fue de las últimas cosas que hice, es para disfrutar de las vistas y almorzar, aunque todavía no está terminado.  


—Es extraño, no digo que no me guste pero pense que eras más arquitecto que... freestyle. 


—Oh no, el diseño del barco es mío; pero las pintadas son de alguien más –Tocó una ballena arponada con forma de flecha, la punta tiene un corazón y la representación de la sangre en vibrante rosa– alguien las puso aquí cuando lo acabé, no sé por quién, pero debía tener a alguien a quién impresionar.  


Jodie volvió a mirar la escotilla. 


—¿No te molesta? Es tu trabajo después de todo. 


—Nah, siempre es bonito dar un soporte para el oleo, ¿no crees? Si solo yo pudiese hacer cosas sería aburrido.


—¿Entonces querias que viera las pintadas que hicieron unos bandidos? 


—Te quería mostrar la expresión de la ciudad. Aquí pones un vaso con agua y alguien la convierte en pintura. Le das a una chica una flor y... Brilla su sonrisa –Jodie no se dió cuenta pero se ruborizó– Hablas de pulpos y el ambiente se solidifica. Es mágico. 


*Maldición* 


—El pulpo es aterrador en cualquier parte. 


Una sombra se cruzó en la mirada del joven, después de ver el dibujo de un pescado en una red. 


—Tienes razón, volvamos. 


Jodie volvió mirar el pequeño espectáculo. Las motas azules volvieron a caer y confundirse con el polvo. 



...



[Calle Spikle]


Rodia tomó su mochila. Mirando al frente, Riven sostenía una manzana y avanzaba con paso tranquilo. A su lado Arabella caminaba con las manos en la espalda. En la periferia algo rojo aproximó y le dió tiempo de esquivarlo. La manzana cayó en el barro. Rodia miró a su costado. 


—Buenos reflejos, ¡nuevo! –dijo Rocco


—Vas a necesitarlo para más adelante – Añadió Billy


—¡Oigan! –gritó Riven, su sonrisa desapareciendo– No se desperdicia la comida. 


—¡Lo siento jefe!


Arabella masculló algo y negó con la cabeza. 


Siguieron caminando hasta llegar a un gran mercado. Allí se apostaron en las esquinas. 


—Muy bien –Acotó Riven– Arabella


La muchacha asintió y empezó a caminar entre la multitud.


Rodia miró desde su rincón como pasaba entre los guardias. 


—Oiga señor, cuánto vale esto?


El vendedor la miró extrañado. 


—El kilo son diez Corleones, no regateo, así que o lo acepta o no


La chica miró al guardia, fingió no entender 


—Esta muy caro, nadie podría comprar esto


—¿Que dijiste? ¿Vas a discutirme los precios a mi? Es infame. 


Los guardias se acercaron 


—Es un desastre, no puedo comprar nada con estos precios, ¡mi madre se va enfadar si no le traigo lo que me pidió!


—Bu,bu a llorar a la verdulería, aqui vendemos fruta. 


—Señorita quiere acompañarnos, está estorbando a la gente. 


—Oh, por supuesto que no, no pienso moverme de aquí. 


Los dos guardias la tomaron de los hombros. Y la llevaron a una esquina. 


El ojo de Riven parpadeó, 


—¡Rockabilly! –Susurró– Les toca. 


Los dos aparecieron detrás de los hombres. 


—¿Molestando a nuestra muchacha?


—¡Están perdidos, idiotas!


Los guardias se desplomaron al recibir el impacto de las hachas pesadas de los sujetos.


Los tres arrastraron los cuerpos y se la llevaron al escondite. 


Le quitaron los yelmos y el resto de la armadura. 


Riven se colocó la armadura y el casco. 


—Rodia. 


El chico miró sus ojos determinados bajo la visera de metal. 


Al cabo de unos momentos salieron del callejón cubiertos de pies a cabeza. Se pusieron delante del vendedor, el resto de guardias les dio paso. 


—Estas frutas –Dijo Riven con voz rasposa– están en sobre-precio, la señorita tenía razón. 


—¡Pero si son los precios que nos dejan elegir! 


—Debe ir al puesto de emergencia para reclamar, si no lo hace, cerraremos el local. 


—¡Maldito imbécil!


Más guardias se acercaron, estos tenían la cara destapada y les miraban con respeto. *Se creen que somos esos dos idiotas de atrás* 


—No me vengas con esos insultos, de lo contrario te llevamos al calabozo, decide tu destino: reclamo o clausura. 


—Siempre es igual con ustedes, ya no de puede respirar sin que te pongan una multa, yo no sé como tienen tanta cara de amenazar al comerciante común, no es mi culpa que estos...


El hombre salió del puesto y se fue caminando recto por la calle. 


—Sigamoslo, Rodia –Susurro Riven– Va a ir al puesto de reclamos, allí un funcionario importante está atendiendo... A un lado, nosotros escoltamos al comerciante. 


Los dos le siguieron. Rodia sentís el yelmo pesado. Miró al resto de guardias que pasaba por allá, ninguna llevaba yelmo ni armadura visible *¿de verdad que estos tontos son los únicos?* La implicación de que dos guardias iban vestidos como la era antigua para diferenciarse y que Riven los haya estado espiando estos días para preparar el golpe le hizo soltar una risa, pero lo camufló con en un estornudo. 


—¿Estas bien? –Dijo un guardia, al ver el desparpajo andante– Caminas raro hoy


—Es que ando con mal de estómago, por culpa de este señor! Su fruta está contaminada! –Riven lo empujó. 


—Shhh, Rodia, no queremos que lo ejecuten, solo queremos que entre alli y salga ileso. Calma.


Los dos siguieron caminando, hasta llegar a un edificio, allí había guardias por todos lados. El vendedor entró. Por su paso daba la pista de que no había sido la primera vez que entraba allá. 


—Ah son ustedes, los idiotas ¿Que quieren?


—El vendedor Fui solicita una audiencia. 


—¿Ah, otro más? Que horrible. Hoy están como una cabra. Pasen, antes de que vengan más. 


El señor Fui entro, allí había muchas personas esperando. 


Rodia siguió a Riven. Los dos se quedaron en una esquina. 


—¿Ahora toca esperar? –Preguntó Rodia– Me pica la cara. 


—No te preocupes –Miró a otro guardia de mayor rango y se acercó a él, susurrándole algo al oído. 


El guardia le miró asombrado. 


—¿De verdad?


La chapa de metal de la cabeza de Riven se movió afirmativamente. 


El sujeto salió despedido hacia dentro. Después de un rato hicieron pasar al señor Fui. 


—¡Ya era hora de que el servicio sea rápido! ¡Por fin algo se justicia!



Entraron. Era un espacio cerrado. Rodia se fijó que había dos guardias y en el centro un señor con marcas en la cara. Tenía la vista fija en los papeles. El señor Fui quiso hablar pero Riven sacó su hoja. 


—Primero las presentaciones –Acotó en falsete. 


El señor Fui esperó hasta que el recaudador levante la vista. 


—¿Señor Fui? –Preguntó después de leer la nota– ¿Así que usted pagará los treinta mil Corleones que debe?


El señor Fui se quedó de piedra. 


—¡Y-yo no debo eso! V-vine para un reclamo, ¡están amenazando con clausurar si no pago lo acordado!


La candela parpadeó por un segundo, el hombre se sacó las gafas y los puso en la mesa. 


Riven miró a Rodia. 


—¡Ahora!


Rodia desenfundó


Torbellino ya chocaba con la espada del otro guardia.


—¿¡Que hacen idiotas!? –Exclamó el guardia. 


—Lo justo –Riven le golpeó con la mano y levantó en un borrosa finta le asesto en la cara. 


Rodia empató con el guardía su hoja y dio un cabezazo.


Quedó con la cabeza en blanco mientras blandio y dió un tajo contra el hombre, que también cayó, abatido. 


Riven se quitó el yelmo. 


Los dos apuntaron al recaudador que tenía las manos en alto. 


—Terrence, tiempo sin vernos –Saludó Riven–


—Mapache blanco, ¿Que buscas? 


Rodia se quitó el yelmo. No soportó la comezón. 


—Información. Escuché que Delman tiene pensado reunir a un grupo grande de gente, entre ellos Suizo, ¿es verdad? 


El señor Fui estaba en una esquina sin poder moverse del miedo. 


—¿Que te importa lo que haga el gobernador? ¿Acaso planeas un atentado?


—Me lees como uno de tus informes, Terrence –El filo mordió el cuello de su contrincante– Vamos, no tengo todo el dia y tu cabeza me tienta ponerla en nuestro salón de trofeos. 


—E-esta bien –Sacó una carta– Acá la citación oficial con los detalles, ¡déjame en paz!


—No tan rápido, colega, tenemos que negociar los precios de la calle Spikle. Los precios con los que venden están inflados y son abusivos. 


—¿Oh, de verdad? Bienvenido a la realidad, no podemos bajarlo. 


—No pido una revolución, pero estoy bastante seguro que puedes congelar los precios por un buen tiempo, solo tienes que dar una firma.


La puerta se escuchó al otro lado. Estaban golpeándola con fuerza. Rodia miró como Fui daba brincos con cada impacto. 


—¿Sabes que es un dígito indivisible, verdad? Los precios del mercado en el exterior no se correlativizan, sería un número inventado. 


—*¡No me importa!*–Un hilo de sangre corrió por la garganta del hombre– Los planetas colisionan y estas regateando las naranjas, Terrence. ¡Usa la cabeza antes de que esa estúpida cabeza ruede!


El hombre tomó la pluma y firmó con au pulso destrozado. 


Rodia notó como la puerta cedía.


—¡Riven! –Gritó. 


El hombre tomó la carta y también la invitación y ambos se pusieron en guardía. 


Un sujeto entró con una ballesta. 


Una saeta silbó cerca del cuello de Riven. La saeta seguía disparando, una de ellas terminó en el cuello de Terrence, cayendo muerto. 


Riven le clavó el estoque en el estómago al ballestero y lo dejó en el suelo. 


Fui se fue arrastrándo hasta la salida. 


Rodia se deshizo de los otros dos guardias que llegaron. 


—!Rodia, vamos antes de que los refuerzos nos habrán el culo!


Los dos salieron por el pasillo, lleno de gente gritando. Rodia siguió la espalda de Riven. Los dos se des hicieron de las armaduras y corrieron por toda la calle hasta perderse en el fondo. 


Riven levantó la firma, ante los ojos de todos los vendedores de la calle Spikle. 


Una gran cantidad de manifestantes se juntaron e hicieron una enorme barricada. 


—¡A partir de ahora los impuestos al insumo bajan!


La gente aplaudía, Rock y Billy junto con los guardias desmayados también aplaudieron. 


Arabella se acercó a Rodia con una sonrisa en sus labios. Rodia le sonrió de vuelta. 


*Esto es diferente*


Cuando regresaron a la guarida con una bolsa llena de peras, durazno, y demás frutas Grace estaba en la puerta. 


—¿Vaya, y eso? 


Rock y Billy junto con Rodia pusieron las cosas dentro. 


Riven la miró. 


—Ahora podremos tener esa cena. 


Y mordió la manzana. 



...



Nolai miró el vaso de agua frente a su acompañante. Ella sentada con la espalda erguida como si en cualquier momento tuviera que irse. La gente pasaba y ellos se percataban apenas. Él demasiado concentrado fumando y ella en un estado de suspensión extraña. 


—Esto es un poco incómodo –Dijo soltando una calada– Si no hablas, no parece que fuera una cita.


*Podría decir lo mismo de mi, pero no es que no hay nada que esta mujer no sabe* 


Nolai esperaba romper un poco el escaparate diciendo algo trivial pero su colega estaba completamente rígida, ante la idea, una pared de indefencia.  

"No sé como tumbar este titan" suspiró Nolai. 


Ella pestañeo un poco. 


—Hace fresco. 


—¿Tienes frío? Podriamos ir a un lygar más caluroso. Escuché que abrieron unas aguas termales. 


—Dije que hace fresco. No te pedí una aventura. 


*Irónica. Al menos es una reacción* dio otra calada. El anochecer se colaba entre los vitrales, mientras los dos se manifestaban en comentarios sueltos los azes naranjas sacaban el último sencillo antes de apagar su tonada. 


Ella parpadeó de nuevo. Su nariz llena de muecas olió un poco el aire.


—Es Shusi. 


—Te gusta el Shusi? Es una delicia de pescado envuelto en arroz. 


—No. Pero, recuerdo que Eric lo comía. 


*En serio* Nolai sintió que un nuevo titan aparecía a su derecha, mientras sostenía el tonelaje del primero con sus manos. Sintió el desborde y quizo salir de ahí antes del segundo impacto. 


—Suficiente –Acotó tomando el vaso de agua– Ya tuvimos nuestra cita, estoy satisfecho. 


Ella se acomodó y miró para los demás asientos. 


—Ellos beben licores... ¿como se siente?


Nolai estuvo a punto de marcharse pero de repente se detuvo en seco. 


—¿Eh? 


—Estar borracho.


—Hmmm se siente como estar limpio, demasiado resbaladizo, mentalmente todo es mas correcto, no sabría decirte, es un super poder. 


—Un superpoder que te causa dolores de cabeza, destrucción neuronal, pérdida de memoria-


—Te entendí. ¿Quieres probar? 


Le dio la pista al camarero para que se acerque y sirba un trago de cerveza y otro de vodka sabor afrutado. 


—Me costó un ojo de la cara, espero que lo disfrutes


El comentanrio se perdió por encima de su cabello rojizo, como suponía. 


Ella tomó un trago. 


—Sabe a agua. 


—Por supuesto, todo te sabe a agua. Es parte de quién eres. 


Por un segundo deseo no haber dicho eso, pero lo sintió así. 

Ella volvió a beber hasta acabarlo, no hizo ni una mueca. 


—A veces me pregunto como funcionas realmente. 


Ella parpadeo. 


—Soy una medium, puedo proyectar cosas, creí que ya lo habías notado –Le miró con esos ojos impasibles, el sarcasmo hizo sonreir a Nolai– Soy lo que se conoce como un medio vivo para proyectar recuerdos que ya no están. 


—Ya lo sé. ¿Pero no te afecta nada? ¿El agua te moja? ¿El aire te pesa? El... En fin.  


—El en fin, es un final. Yo me quedo solo en el principio. 


—Ve mas despacio. Mi cerebro arde. 


—Nolai te quiero preguntar algo, ¿tú gustas de mi?


Esa pregunta le shockeo. Hace unos años cuando estaba en la oficina y era solo un ayudante de Eric recordó cuando la trajo. Dijo que era una chica especial, diferente. Que venía de otro continente a hacer las cosas que no hacen los de la capital. Nolai sospechó que en realidad le gustaba y soltó una sarta de idioteces grandilocuentes. Aún después de su deceso, lo cree. Pero cambió de parecer con respecto a ella. De verdad es especial. A su modo. Es una entidad que sabe que está ahi, que respira y haata donde sabe, que siente, pero el efecto que tienen las cosas en su paladar son nulos. Es como si su cerebro no pudiese descibrar los sabores y su cuerpo decodificar los efectos. Pasa todo como una gran fibra, blanca y atona. Ella misma no recuerda nada más allá de los días de escuela. 


Eric estuvo haciendo averiguaciones: su madre fue una medium, un catalizador de energias esenciales, o una gurú de las quinielas, según como se mire. 


Nolai jamás creyó en los chakras y la alineación de los planetas, pero cada vez que la miraba sentía estallar un universo en esos ojos. Metafóricamente, eran muy bonitos. Claro que le gustaba. 


—Es una pregunta demasiado personal. No puedo contestarte. 


Ella parpadeó en respuesta. 


—A no ser que tengas algo que confesar, en ese caso podría hacer un esfuerzo. 


La chica miró a un costado. 


—No sé lo que es... Lo siento. Creo que recuerdo lo que se siente... Pero no me llega ahora. 


*Bueno, es un avance*


—¿Quieres comer Shusi?


—Seria malgastarlo, no me sabe a nada.  


—Consideralo un obsequio de mi parte. No lo sientas mal, yo comeré mi porción. 


—Pero no puedo saborearlo. 


—Entonces aprecialo ¿Puedes apreciar lo que no te afecta?


—Creo que si, de lo contrario no tendría caso que esté aquí. 


—Caso resuelto entonces –Concluyó sonriendo.


El camarero vino con los rollitos y dejó el plato en la mesa. Nolai tomó un trago de cerveza y veía como el titan tomaba el tentempié, lo insoeccionaba como un objeto extraño de este mundo, y lo mordía. No le supo a nada. Pero al menos era un avance en esta batalla. El trago le subió a la cabeza. 


Podría jurar que vio una sonrisa en esos labios. 


...



Jodie se encontraba en el ala este de la habitación. Se había negado a pasar la noche en su casa, pero Ian Ortell había sido franco. Al final pensó que estaba siendo muy prejuciosa. 


Se quedó de pie mirando el reflejo de su cara después de darse un baño. El cabello castaño le caía a los costados con un tono más luminoso. Se vistió, con un conjunto esencial, pero que no resaltase tanto su fisionomia y bajó a comer. 


Llegó a pisar el suelo y miró la estantería com los volúmenes se varias sagas, también libro ensayos y algunas más académicas. La lista conformaban "Picaportes y Clavijas" "La estructura de Leonard Di Janci"  "Los jardines colgantes de dolonia" sacó "Talos Benyudo, Las ciudades Invisibles" y se puso a ojear. Las descripciones vividas de las legendarias ciudades de un aventurero le recordaron a la cartografía mezclada con poesía. 


—Es un libro fascinante –Acoto Ortellian, que estaba de pie en el umbral– La historia de un hombre que se va de aventuras por el mundo y le describe las cosas que ha visto al duque, es una historia inspiradora. 


Las frases del libro se enarbolaban en la mente de Jodie queriendo penetrar una estructura de acero, sólida. Leyó la parte donde el duque de la tierras arrasantes le pedia al héroe más historias para deleitar su imaginación. 


—Es como las miles y sendas noches, la historia que intenta ganar tiempo a costa de un maravilloso y esquemático plan de historias conjugadas. Es muy estratégico. 


Ian se acercó y puso su mano en el mentón, con el gesto de pensar. 


—Es una perspectiva prometeica de como ver la arquitectura, yo lo veo así. 


—Cada uno ve lo que quiere ver –Dijo cerrando el libro– Es un buen libro. 


Se giró para mirar a Ortellian, ya no le pesaba tanto la mirada como el mediodia. 


—Y tú, ¿Qué quieres ver?. 


—Bueno, un poco de todo, me considero un aventurero también a mi manera. Lo que no puedo es empuñar una espada ni luchar contra criaturas, eso no está en mi jurisdicción. 


—Yo estoy aprendiendo a hacerlo –Dejó el libro en la estantería, se sentó en una silla, cerca de la mesa. 


—Crees en las criaturas del bosque oscuro, Ian? Las historias...


El joven se sentó frente a ella. Connor se preparó para el pedido de su amo. 


—Quiero creer que son reales, aunque no le veo el sentido si no puedo experimentar su magnificencia. Es como caer en un mundo fantástico y andar a galope por un prado. Hay una sostenibilidad real que encumbra la maravilla. Aunque vivas en el mismo barrio, a veces no llegas a ver nunca el puente de Zaen. 


—Ese puente lo construyó mi padre... Es su obra maestra. 


—Brindo por ella. Ojalá haber podido trabajar con él en la edad de la reconstrucción. 


La chica bajó la vista, sus ojos se cerraron en un recuerdo lejano. Connor trajo las dos bebidas. Eran fermentaciones de un color rubí profundo, casi rosa. 


—Old fashioned de hibisco y cítricos –Explicó Connor– Una bebida espesa que se toma para noches sin nubes. 


La chica abrió los ojos y sonrió. 


*Ojala tener el paladar para entender esta cursilería* Se bebió un trago largo, sabía a cerveza mentolada, con regusto ácido. 


—No está mal –Era fuerte, lo notó en sus ojos–. 


—No te lo bebas se una sentada, es para tenerlo en la mano a sorbos –Dijo dando el ejemplo–. Quería preguntarte sobre tu compañero, ¿como es él?


Jodie tomó otro trago, le supo dulce


—Es un capirota. Me recuerda un poco a Sunny, la hija de Victor. Los dos tienen una forma de ser envalentonada, como si el peso físico no les doliera, pero el emocional los quebrase. 


—Espiritus salvajes y afectivos. Dos excelenes aventureros.  


—Supongo. Él es... especial, de algún modo. Si te soy sincera aún no lo llego a entender del todo. Pero su convicción es casi tangible. 


—Sientes algo... Por él –Esa pregunta le costó formularla, se notaba incluso desde la distancia.


—Honestamente, no. Al menos no de esa forma que piensas. No es mi tipo, pese a ser increíblemente raro y que me guste ese rasgo en la gente, no es para mí. 


Los hombros de Ortellian se destensaron, como cuerdas sujetas a un acantilado. El mundo volvió a ser más seguro. 


—Cuentame del gobernador –acotó Jodie– Me dijiste que era un tipo interesante –Tomó otro sorbo.


—No es que lo crea. Lo es. Tiene el espíritu de un gran visionador. Es como un arquitecto a su manera. Pero en lo social, que es algo que no manejo. Tiene una forma de ser que no se la he visto a nadie. Siempre con una idea, es un sujeto aparte. Si fuese uno de nosotros, sería sin duda superior. 


—¿Es superior a mi padre?  


Ortellian se le atragantó la bebida.


—Oh, vaya pregunta. No es así. Ambos son genios en su propio terreno. Son incomparables. 


—¿Que opinas de todo lo que está pasando? ¿No crees que la tensión en la gente está justificada y que quizá se le fue de las manos?


—Supongo que el mar embravecido azota a todas las barcazas. La gente no debería ser despiadada. 


*Con una alegoria todo suena bello, Ian. Como en el libro de Benyudo. La poesía atrae a las nubes y destiñe las sombras*


—¿El recientemente vino y te habló de las llavesferas?


Ian se quedó mudo por un segundo, antes de soltar una risa. 


—Vaya, Jodie, no sabía que tenías idea de la leyenda.


—En lo que a mi respecta, no es una leyenda. ¿Te trajo las llavesferas para que las veas?


El joven tomó otro trago. 


—Me los enseñó hace unos dias cuando estaba ultimando cosas para el priyecto del teatro. Nunca había visto algo parecido. El mar brillante y el fuego abrazador que proyectaban esas esferas, era ojos puestos en fenómenos naturales. 


*Asi que si es cierto, Delman tiene protección arcana como Valdren y Rodia* 


—¿Que quiso conseguir? Me figuro que te pidió que hicieras algo. ¿Te pidió construir una herramienta que le dieses pistas de como usarlo? 


El joben negó. 


—Me dijo que en el pasado ya había intentado abrirlo pero no encontró la manera. 


—No la hay, Ian, es... Yo... Lo intenté


El joven abrió los ojos. 


—Jodie, ¿acaso esas...?


—Son nuestras. Delman nos la arrebató hace unos días. 


—Pero el me dijo que sabía sus propiedades desde hace años.


—Porque tiene una tercera. Esa es la que estaba en el la calle Salty, en el capitol. Es el corazón de la ciudad. Ian, él te oculta información, quiere hacer algo con la llavesfera y no sé qué. 


—Pero el jamás haría algo malo. 


—Tal vez debas replantearte lo que sabes de él. Quizá te sorprenda –Se terminó la bebida– Estuvo deliciosa. Gracias, Ian. 


Jodie se paró y se alejó. Ian se quedó pensando. Justo antes de abandonar la habitación un sujeto apareció en la puerta. Los ojos color grises, se le puso la piel de gallina. La mirada del hombre era suave, pero tenía una profundidad indomita. Pensó inmediatamente en Victor. Ya quisiera que Valdren tenga esa mirada. 


—¿Zuizo? –Preguntó Ian–  ¿Q-que haces aqui?


Tenía varias cicatrices en la cara, eran cortadas diminutas, Jodie apenas las notó, pero cuando lo hizo retrocedió. Su mirada se clavó en ella un segundo más, inspeccionado, antes de caer en Ian. 


—El gobernador tiene una fiesta este fin de semana –Dijo con voz baja, caminó con paso cerrado, su sonrisa se curvó– Quiere que asista la gran gente de la ciudad. 


Ian tomó la nota. Jodie notó que el sujeto se tensaba. 


—La noche es muy bonita, ¿verdad? Ideal para doncellas de la calle de la seda. 


Zuizo inclinó su cabeza hacia Jodie, ella se puso tensa. 


—Ah, oh, no te confundas, ella es Jodie Fleming, hija de mi maestro. 


—Fleming... –Volteo su rostro y se le iluminó, era una lámpara amarilla en el fondo del sótano, demasiado oscura– Así que tú eres la muchacha que apareció hace unos días por la ciudad. 


—¿Como sabes...?


—Adivine. 


Ian notó la tensión y se rió. 


—Ah Zuizo, así estamos entre colegas, no te apetece tomar un trago de Old fashioned, es una bebida intensa que te hace relajar los músculos


—Prefiero Whisky –Dijo sin apartar su mirada de Jodie– Es mas convencional, rápido y llega a la cabeza, directo. 


El hombre se volteó, Jodie sintió como su estrangulamiento cedia. 


—¿Aceptas la invitación, Ortellian? Será interesante. 


—Claro, dile a Delman que con gusto, estaré a allí. 


—Y dile a Fleming que también tiene invitación –Dijo mirando a Ian–. 


Asintió con la cabeza a Ian y después se acercó a Jodie. Le tomó la mano. 


—Es un honor. 


Sintió los labios, como un sello filoso.


—El honor es mio –Respondio ella, sin amilanarse– Ya nos conoceremos en profundidad. 


—Oh, sin duda –Sus ojos volvieron a su estado de profundidad abisal– Nos vemos. 


Pasó entre ella y salió por la puerta. 


Jodie miró la carta de Ian. 


—Ese es zuizo, la mano derecha de Delman, un sujeto sombrio, sin duda, pero no causa problemas, es... Ordenado


La chica recordó lo que dijo Ian minutos antes. Lo de ir galopando por un prado en un mundo mágico sin ver lo indescriptible. 


Ahora mismo deseaba seguir en aquél prado. 


...



Grace se sentó, tenía los labios pintados y una sonrisa tontisima, su cabello rubio blancuzco apenas tapaba la fascinación púrpura de su mirada, Riven se sentaba del otro lado con su largo cabello planchado, o eso aparentaba. La candela con el vidrio rosa en el centro de la mesa hacía de esto una mesa tecnicolor. El dibujo del carpincho en el fondo hacía de vigilante noble.  


Los "chef" se aproximaron:


—Como plato principal –dijo Rock– Estofado con hierbas de mercado en deflación


—Y como acompañante un buen pan de trigo con un excelente vino cosechado en un bar.


Los chicos salieron, dejando a la pareja sola. 


—Debo decir que me sorprendiste. Incluso para los estandares tan elevados que tienes, esto se sale de la escala. 


—Ah, no es nada, los chicos se esforzaron mucho para que todo quede exelente.


—El pan es de hoy, es algo –Dijo tomando un pedazo–. 


—Es mi especialidad, siempre llego a tiempo para sacar lo mejor. 


Rodia se sentó en la sombra, viendo como los gemelos pasaban a la cocina. 


Arabella se sentó a su lado, admirando a la pareja, mientras comía su plato. 


—¿Desde cuando se conocen? –Preguntó.


—Siglos. Es típico de ellos cenar en la terraza, pero hoy quisieron hacerlo más acogedor. 


Rodia miró a la mujer del este mientras que el hombre tomaba su mano con ternura. 


—Ella nos salvó. Fue la que nos unió como grupo. 


—Mamá dragona–Sugirio Rock


–Y papá mapache– Culminó Billy.


—Que gracioso –Arabella rodó los ojos–. 


Rodia se quiso centrar en su cena, pero no podía dejar de pensar. 


Se paró y subió la terraza. Arabella le siguió con la mirada. 


El chico se quedó mirando la ciudad, las hileras de casas que se perdían en el horizonte. Después de unos momentos alguien subió con él. 


—¿Que haces aquí? Hay mosquitos –Dijo Bell. 


—Te podría decir lo mismo. 


—No es que me importe, además, están haciendo mucho ruido abajo. 


Se sentó a su lado. 


—Que fastidio, todo lo romántico me produce arcadas. 


—Porque no lo entiendes.


—¿Uh? Claro que lo entiendo, conoces a alguien, te enamoras y lo besas. Fin. 


—Vaya, me equivoqué entonces, ¿te gusta alguien, Bell? 


El chico negó con violencia. 


—No, claro que no... Bueno, quizá


—Espero que no sea quien creo que es, porque te meterias en problemas.


—¿Que? ¿Que clase de perversión tienes? Por supuesto que no es Grace. 


—Estaba pensando en Arabella, pero Grace sería mucho peor. 


—No es ninguna de los mapache. Es alguien diferente. De todos modos no la conoces, rústico. 


—¿Rustico? –Rodia se enfado– ¿Así que quieres pelear?


—A ver que tan bueno eres. 


Se paró pero una voz lo detuvo en seco. 


—¿Asi que soy parte de la tertulia eh? –Dijo Grace– Bell, ¿no estabas enfermo?


—No estoy enfermo, ya no. 


—La fiebre no miente, vuelve adentro. 


Bell se enfadó y miró a Rodia con su cara de "esto no termina". 


Grace rio y se sentó con la piernas cruzadas con su alud. Rodia fue atravesado por el perfume de la mujer. 


—¿Haz comido? Arabella me dijo que apenas tocaste el plato. 


—No tenia hambre, estoy... Distraído. 


—¿Por qué exactamente? ¿Extrañas a tu amiga?


—Eh, no, al menos no ahora. Es mas una sensación. Cuando llegue a la ciudad sentía que las cosas rodaban bajo un colchón, la gente era demasiado, bueno, ajena a los problemas del resto. Se sumergian en ellos... pero aquí noto complicidad, me hace acordar un poco de donde vengo. 


Ella sonrió, la brisa hizo que su cabello ondease. 


—Es justo lo que queremos, Rodia. No parecernos a ellos. A la gente que se pasa la vida mirando su ombligo. Queremos que se entienda, yo particularmente lucho por eso. Es lo que te dije la primera vez que nos conocimos, recuerdas? Actividad. 


Miró la ciudad, con esos ojos adormilados. Rodia miró su semblante, admirando las facciones. 


—¿De donde eras pasaba igual? –Preguntó Rodia– ¿O era diferente?


La mujer se puso sería. 


—De donde vengo no había espacio, para nada. Mi familia tuvo que mudarse cuando era huerquita. El acento cantado no ayudaba. Conocí a alguien en aquellos años, que, me enseño cierta perspectiva. Pero no duró demasiado. Tuvimos diferencias. Ahora la ciudad está sumida en este vortice que quiere engullirlo todo. Es un desastre.


Grace descansó el instrumento en su regazo. Miró a Rodia y le apretó la mejilla. 


—Eres dulce. Te pareces a Riven. Tiene una vitalidad y una mentalidad increíble, si tuviesen sus cualidades, esta ciudad sería mucho mejor. Y en cjanto a ti, si solo hablases más me caerías mejor, aquí la gente es aburrida y no se saben ni una balada. ¿Te sabes alguna, Rodia?


—Eh, bueno, no. 


—Vaya desastre –La mujer se echó a reir, su risa cristalina como el agua invadia el fondo de Rodia– Supongo que tocará pensar en un clásico. 


Volvió a poner sus manos en la cuerdas. 


Rodia miró la ciudad otra vez. 


—*Callate y no arruines el momento, no te mamas de buscar amor? Y algunas veces no te cansas de buscar lo que está frente de tí, como si yo no estuviera aquí* ~


La mujer cantó un poco más.


La melodía recorriendo invisible por la terraza.


...

 


Un licor rojo fue saboreado, mientras se hondeaba la copa. 


Una sombra miraba la ciudad, sentado desde un cómodo sillón.


Un montón de ideas pasándole por la cabeza mientras un buen discurso de formaba, con una buena melodía. 



...


PARTE IV


Idas y venidas



Frente a un día nublado y una estela de gente con banderas moradas, Delman se acercó a la multitud desde una tarima de madera. Escuchó los vitores. Lo sintió parte de su ánimo y así empezó su discurso. 


—Cuando el general se acercó al rey a tocar su mano, este se preguntó si le iba a dar el honor de ser parte de la corte, porque hacía mucho tiempo que un guerrero no representaba la gran región en bonanza. Ustedes recordaran: "cuando el rey habló las campanas dejaron de sonar", ese es un inicio severo, pero para marcar la pauta de lo que vino después, es adecuado o, mejor dicho, certero. Si –Hizo una pausa dramática– vamos a usar esa palabra. Algo que no se había visto en años estaba pasando ese día. Los que conocen, desde que me eligieron, entienden que yo no he confiado en supersticiones o en historias mal fraguadas. En los corsos de la lengua: bonapetit, y lo que yo profeso, mi dictamen, es como un rayo que parte del cielo a la tierra. Certero. Lo que yo tengo es alma de regionario, de granjero que espera la cosecha crecer. No soy un adalid, ni historiador, solo me inspiro en los procesos. Me inspiro –Miro las banderas y luego a la gente, bajando dos octavas de tono– En las historias, en los cismas climaticos de las multitudes, de los pueblos, de las casas, de las mesas; me inspiro al ver crecer la bonanza y repartir las partes. Mi gran hito es convertir esta ciudad en una leyenda, con sus callejones llenos de frutos y canciones. En unas donde no haya equivocaciones en su relato; en la que un todo forme una parte y que, cuando hablamos de las partes, sea el todo lo que se cuenta. –Dio una pausa para ver el animo de la multitud y tomar una copa de agua– Es algo que se va hilando, –Dijo con un gesto de la mano, dejando el vaso–. Por eso cuando se escucha que las medidas que tomo por el cierre de los bares, de las posadas y los bazares es severa, recuerden: es parte del proceso. En un mal día como hoy se pronostica lluvia, en una mala sostenibilidad de dinero se pronostica bajada de linea, el invierno llegará para todos, porque la parte forma parte del todo y todos formamos parte, porque cuando el general tocó la mano del rey para también formar parte, ¡las campanas dejaron de sonar y cambió la era! 


La multitud aplaudió con distintas intensidades, en la latitud este, del lado del gobernador, Zuizo miraba con precisión de relojería. Miró a un grupo de jóvenes con un antifaz blanco y sonrió.


Delman repitió:


—Todo forma parte del proceso, porque el proce-


*It's not enough*


*Few bitches that'll really step, but it's not enough*


*Say you bigger than myself, but it's not enough*


*I get on they ass, yeah, somebody gotta do it

I'll make them mad, yeah, somebody gotta do it*


*I'll take the G pass, shit, watch a g do it

Huh, we survived outside, all from the music what?*


Zuizo escuchó una tonada acompañando las frasws y la multitud aproximarse


—Debemos irnos –acotó a Delman. 


Los guardias se pusieron en posición, pero la que estaba frente a ellos sostenía un alud, el cabello ceniza y una mirada severa debajo del antifaz. 


—Sus explicaciones no son suficiente, y por eso estamos aquí –Dijo Grace.


Riven Aris miró a la multitud que quedaba en las calle con las banderas del águila. 


—¿No se dan cuenta que este cobarde pretende arruinar la ciudad? No es un mal momento, ¡Es un huracán que va a arrasar con sus hogares. Ya le quitaron los trabajos y ahora en la cara les digo, están jugando con naranjas mientras los planetas colisionan.  


Zuizo miró a Delman, este tenía una sonrisa abierta, seguro de si mismo. 


—Que romántico. ¿Que pretenden hacer ustedes? –Dijo Delman– Si siguen por este camino solo será peor para ustedes. 


—Es una amenaza –Acotó Riven–. 


—Es una advertencia –Sentenció Delman mientras bajaba del estrado, detrás de la gente y los guardias, los gritos empezaron a sonar– Ustedes pasan por soldados, pero no son aptos. 


Zuizo se puso delante de él, previendo cualquier intento de ataque. Detrás de Riven los gemelos rockabilly tensaban las ballestas. 


*No van a disparar, la multitud es demasiado abultada, no están aquí para atacar, no es su estilo*. 


Delman se alejó de la plaza y cuando estuvo suficientemente lejos le hizo una señal a Zuizo para que se aleje. 


Grace se sentó encima de un tambor y empezó a cantar, mientras el resto tocaba los instrumentos pesados, a ritmo de una canción de protesta. Pero como un rayo en un día despejado, una bomba de estruendo cayó encima de un guardia y desenvainaron como una vieja tropa en un campo abierto, 


estallando el caos, 


Las bombas de humo impactaron como tronadas de piano. Riven desenvaino y dio varias estocadas a los guardias, las saetas silvaron como palomitas directo a los escudos,


Arabella estaba entre dos mares de la multitud sintiendo la asfixia de los contrarios, Rodia tocó el cuello de varios de ellos y cayeron al suelo acalambrados. Tomó su mano y se fueron corriendo de allí, 


—Esto se puso divertido –Dijo Rock mientras sus saetas daban a los guardias,


—Y peligroso –Complemento Billy de un impacto severo. 


Rodia y Arabella salieron de la plaza, escapando de la multitud enardecida. 


El corazón le martilleaba como un tambor en el pecho. Esto no fue parte del plan. Los dos siguieron corriendo hasta dar en una esquina, las pedradas eran carambanos que caían desde el cielo.


Rodia miró la gente que corría.


—¿Quien demonios tiró la bomba? –Preguntó Arabella, agitada.


—Ya se la respuesta –Rodia apunto con su espada a un joven gritando revolución en medio– Bell. 


El chico fue interceptado por un guardia que le dió un buen manotazo en la cara. 


—*¡Hijo de puta!*


El guardia sacó la espada pero fue desarmado por Rodia, dándole un golpe y derribandolo. 


—Haz visto ese de allí!, Esta- ¡oye!


Rodia le tomo la mano con tal fuerza que sintió que la muñeca se le doblaba. Lo arrastró hacía el final de la calle. 


—¿¡Perdiste la cabeza!? ¡Te dijimos que te quedes! 


—Lo siento, ¡pero teniamos que actuar! Era ahora o nunca, ¡la revolución tiene que hacerse!


—¡Asi no funciona, idiota! –Objetó Arabella, tosiendo– Tenemos que volver a la guarida. 


—Oigan, pero tenemos que ayudar a Riven y Grace


—Ellos pueden apañarse solos –Aclaró Rodia– Vámonos. 


—¿Y Rockabilly?


La sujeción bajó, la muñeca del chico ya no apretaba. 


Las risas al fondo era inconfundibles, los gemelos estaban divirtiéndose. 


—Si había algún inconveniente a la guarida, las ordenes fueron claras. 


—No, ¡Pero puedo hacer algo!


Y lo arrastraron calle abajo dejando el último pero en suspensión permanente. 


Aún se escuchaban algunos gritos a lo lejos. 


...


Bell se encontraba de brazos cruzados en un rincón. Rodia estaba sentado con las piernas abiertas como un padre, pasándose alcohol en la herida abierta que le provocó un piedrazo en la frente. 


Arabella miraba por la ventana, viendo pasar a gente corriendo en el fondo como parte del paisaje. En un instante reconoció a las figuras que se aproximaban y salió a recibirlos. 


—¿Chicos, están bien?


Rock llevaba a cuestas a Billy, con una sonriea en los labios. Los dos se sentaron en el sofá. 


—Que divertido. 


—Cssi morimos. 


—No sean idiotas –Reprendio Arabella– ¿Donde estan Riven y Grace?


—Se quedaron en la plaza para ayudar a los heridos. Las cosas allí se calmaron.


—¿Y los guardias? –Preguntó Rodia. 


—Se calmaron, al parecer recibieron nuevas ordenes –Rock.


—O se dieron cuenta que no podrian con Rockabilly –Dijo Billy. 


Arabella se puso el abrigo otra vez. 


—Voy a ayudarles, ustedes quédense aquí –Rodia se levantó y sacó varios frascos de durazno, Arabella los rechazó de cuajo– No queremos esa porquería, Rodia. Tíralo. 


La chica salió electrificando la escena con su actitud dominante. 


—No nos vamos a ningún lado –Dijo Rock


—Somos princesas, arrfg –Acotó adolorido Billy.


Rodia miró a los gemelos tendidos. 


—Estan jodidos. 


—Mira quién habla. 


—El que tiene la cara cortada. 


—Yo estoy bien –Dijo tomando un trago de durazno– Tomen un trago –Les tendió dos frascos. 


—Normalmente diriamos que no, pero ahora mismo es mejor eso que nada. 


Los dos tomaron junto a Rodia. 


—La multitud corría como pollos sin cabeza, debían haberlo visto –Afirmó animado Rock– Riven repartía leñazos como un experto y Grace no se quedaba atrás


—Vaya imprudencia... –Dejó caer Rodia. 


—Por parte de quién!? –Se pronunció Bell. 


—Sabes bien de quién, esto no es un juego. 


—¿Me lo va a decir el nuevo? Quién te crees que eres para decirme lo que hacer.


—Alguien que piensa mejor que tú. 


—¿Te crees mejor que yo?


Rockabilly miraban el intercambio con diversión. 


—Si quieren duelear por el puesto vacante haganlo en la terraza, si uno de los dos se tira, será considerado empate, todo ventajas. 


Rodia desatendió la broma. 


—Si de verdad tienes tantas ganas de formar parte, la primer regla que deberías seguir es hacer caso a Riven, él te lo dijo: no estás listo. Te creiste listo, y esto es lo que pasó. 


—¡Estoy mas que listo! Es solo que fue una mala idea, eso es todo, ¡no me dejaron planear algo mejor! Además, ¿Quién eres tú para decirme las reglas de los mapaches? Eres un iniciado.


—Se mas que tú. 


—Oh ¿de verdad?


—No me pruebes, mocoso.


—Vamos


—Esto no va a llevar a ningún lado. 


—¡Arriba, vamos!


—No voy a obedecer tus caprichos –Negó Rodia– Esperaremos aquí, hasta que Riven y Grace regresen. 


El chico bufó. Con el antifaz puesto y esa postura parecía todavía más un personaje que no sabía lo que quería. Si ser héroe o villano. 


Después de un rato los cuatro se quedaron en silencio. 


Unos momentos se escucharon unas risas. Rodia se animó al reconocerla. 


Riven abrió la puerta, en su regazo iba Grace cojeando. 


—Malditos adoquines –Mascullo Grace mientras se tiraba en una silla– Al menos el alud está intacto. 


—¿Estás bien? —Preguntó Rodia, alarmado. 


Riven sonrió –Se torció el pie, pero estará bien, tiene los tobillos frágiles


—Tengo los tobillos mas fuertes que los ladrillos de la cloaca, que dices, reyesito


Riven miró a Bell en el fondo y dejó de sonreir. 


Se acercó al muchacho y le quitó el antifaz. 


—No mas juegos, a partir de ahora harás lo que se te dice. 


El chico hizo un amago de llorar y se levantó.


—Todo es su culpa –Dijo señalando a Rodia– Desde que él está aquí todos son problemas. Deberíamos echarle. 


Arabella se aproximó al chico


—No te hagas el pobrecito, fuiste tú el que tiró la bomba de estruendo.


—No me refiero a eso, me refiero a todo, ¡y no te pongas de su parte!


—Si no podemos confiar en un mapache todo se desmorona, Bell –Concluyó Riven– Y lo sabes. El plan no era salir a la guerra, era un llamado de protesta, sin incidentes. Si alguien iba a mover un dedo que sean ellos, no nosotros, ¿Entiendes? No somos guerrilleros, esa era la demostración. 


El joven negó con la cabeza. 


—No estoy de acuerdo, asaltaron a un cobrador de impuestos atacando su base. 


—El plan era que firmase una deflación, y los obstáculos tenían espadas y estaban entrenados para el ataque, además no había civiles involucrados, solo el señor Fui, y lo protegimos. 


—Delman es un manipulador, pero no es un incendiario –Reafirmó Grace– él jamás tiraría a su gente contra la nuestra. Sabíamos que no iba a atacar, por eso accedimos a liderar la marcha. No los mandamos a que hagan de barricada, Bell, son gente común y corriente, que está enojada, nosotros solo les dimos voz. Ellos son los protagonistas, no nosotros. 


Riven tocó el hombro del chico. 


—Te decimos todo esto para que entiendas, eres un mapache y estamos siendo francos contigo. Cada uno de nosotros es indispensable. No podemos hacer que corran riesgo, por más que los idiotas de allá atrás digan que es divertido.


—No nos hagas caso Bell, solo somos espectadores con pochoclos,


—O palomitas de maíz. 


—No tenemos idea de nada, solo actuamos –Concluyó Rock– Eso si, procura no hacer nada imprudente, no quiero que mi hermano salga herido. 


Riven le dio unas palmadas en el hombro y se alejó se sentó en una silla con aire agotado.


Bell parpadeó un momento tal que pareció calmarse. Miro a Rodia, después de que este viera el tobillo de Grace su enfado con él se renovó. Así lo entendió Bell, cuando subió por las escaleras pensando en todo lo que pasó.  


—Ese idiota –Dijo Arabella–. 


—No le eches mas tierra encima – Riven objetó– Creo que entendió. 


—Si no lo entendiese, no sería parte de nosotros –Terminó Grace– Aunque si, es un poco idiota –Hizo una mueca sonriente.


Rodia miraba el tobillo de Grace


—¿Hay algo que pueda hacer? Solo tengo frascos de durazno. 


—Esa medicina está prohibida aquí –Dijo Grace– Pero si quieres ayudarme a aliviar el dolor...


—Puedo conseguir un buen médico, una vez me salvó de una caída de siete metros. 


Riven abrió los ojos. 


—¿¡Siete metros!? Eso es como caer de la terraza. 


—No está muy lejos de aquí. Voy a llamarlo, todo estará a saldo, es un buen amigo mío. 


—Rodia –Grace le apretó la mano– Ten cuidado. 


Rodia asintió. Salió de la casa. 


...




Jodie se quedó toda la tarde escribiendo en su cuaderno. 


Las notas ponían cosas, como:


zuizo = palmera. 


Una extraña nota debajo que complementaba la afirmación: ¿tormenta la dobla?


Seguía:


Delman = Coco

Connor = Té ¿Delicioso?

Ian = ¿Ayuda? Infancia, beso

Rodia = Mapache / Tormenta 


Tap, tap, la lapicera se quedó allí. 


Soledad = Jodie. 


Tap, tap, sonaba debajo de esa anotación solitaria. 


Un montón de ecuaciones que empezaban con uno y acaba partiendose en mil ceros, todos conectadas con un hilo extensible de varios dígitos más, colgaban debajo. 


Pensó en la presurizadora de metal, las sombras que se colaron en su mente al ver a la mano derecha del gobernador... 


Zuizo = Plutonio

Delman = Celenio

Ian = Hidrógeno

Connor = Carbono

Rodia = Oxígeno


Lo que quema, lo que alucina dentro, lo que moja...


lo que nutre, lo que-


Al escuchar la puerta abrirse, respiró. 


Connor estaba con una taza de té. 


Tomó de la taza. Después de saborearla borró las comillas en su nota. 


—El señor está en su estudio, me solicitó que la vaya a buscar. 


—Esta bien, Connor, gracias. 


El hombre estuvo por girarse pero vio las notas


—¿Que son exactamente, señorita? Si me perdona la curiosidad.


—Ideas sueltas, todo lo que está aquí termina cayendo en el mismo centro de gravedad. 


Escribió "llavesferas" y se levantó. 


En el estudio estaba Ortellian dando los últimos retoques a su dibujo. 


—No está mal –Concluyó Jodie– Tiene encanto. 


—Le falta un poco de presencia, no lo sé, quizá un poco de... Técnica. 


Volteó a ver a Jodie. 


—¿Quieres que te ayude? Ian, 


—Se que no, la cortó, solo necesito un poco una guía. 


—Esto no es lo mio. Yo soy más de bolas que caen, energías eléctricas... 


—Esta bien, no tienes que ayudarme ahora. Pero piénsalo... 


En un rincón de su mente tachó la palabra que iba al lado de su padre y colocó un asterisco. 


...



La tienda estaba cerrada. 


Dentro una gran neblina se asentaba. Rodia empezó a toser de inmediato cuando entró. 


—Que... maestro... 


—Rodia, ¿qué haces? –Dijo exhalando el humo de la pipa, parecía un dragón exhalando un secreto *feo*. 


—Te podría decir lo mismo... Puedes... Apagar eso...


El Gran Mago hizo desaparecer el aire viciado con un movimiento de mano. La cortina de humo poco a poco se fue desvaneciendo. Rodia podía sentir que el aire regresaba. 


—Estoy creando una obstrucción, para los espías. 


—¿Espias?


—Me están vigilando, sospechan de mi exito y ahora quieren quitarme lo que poseo, ese joven perspicaz y su ayudante, la pichona petirroja. 


—No se de que quiénes hablas. 


—No claro, que no. Como te está yendo? ¿La paloma como anda?


—¿Paloma? ¿Te refieres a Jodie?


—Esa misma –Dijo mirando celosamente la vidriera. 


—No la he visto en una semana. Nos separamos. 


—Oh que pena, hacían buena pareja. Bueno, ¿que quieres? Más durazno? ¿Un tónico para los nervios? Nada de llavesferas, ya te lo dije. Es un suicido.


Pero Rodia no atendía


—No nos separamos en el sentido... Ah, no importa. Sé que eres bueno curando...


—Es una de mis cinco especialidades, la otra es divagar, ¡cuidado!


Sacó de su túnica una bola de erizo. Electrificó el aire y cayó una mosca. 


—Era muy escurridizo. Bueno, si, lo que decías ¿Nececitas que vea a alguien?


—Si


—¿Es una señorita?


Rodia asintió no gustandole mucho dónde iba el dislate del viejo. 


—Ya sabes que no soy de hacer las cosas gratis. 


—Lo hiciste gratis para mí y mi hermano. 


—Eso es porque había algo extra que me impulsaba, creo que era deber de mago. Ahora estás por tu cuenta. 


—¿Quieres Corleones? ¿Te contagiaste de la vibra de la ciudad, verdad? 


—Chico tonto, el dinero lo consigo aquí, lo que quiero a cambio es un favor –Dijo mirando una de las pócimas –Quiero que atrapes al tipo que me manda zancudos.


Rodia miró la mosca.


—No esa, sino la que está allá atrás –Fumo su pipa y ladeó la cabeza– En la calle. 


Por la ventana, había personas, pero entre ellas una destacaba. tenía un traje desarreglado e iba extrañamente peinado. 


—Es un holgazán que me quiere muerto, o algo así. 


—Esta bien, voy a buscarlo, pero cuando lo atrape, quiero que ayudas a esa chica.


El gran mago miró a Rodia de nuevo 


—¿Es muy bonita?


—Gran mago


—Esta bien, acepto, solo ve tras ese sujeto, creo que podría haber más, así que cuidado. 


—Lo que digas.


Salió del local arrastrando el cansancio del día. Se aproximó al otro lado de la calle y el sujeto salió corriendo. Rodia se detuvo. 


*¿En serio?*


Empezó a correr también. 


El sujeto era rápido, se colaba entre la multitud que estaba desperdigada. 


Rodia lo seguía detrás con intención. 


*No me hagas perder tiempo*


El sujeto resbaló y cayó al suelo. Rodia se aproximó a él y cuando lo tenía a tiro de piedra resbaló y cayó también. 


*Que demonios* 


Unos pies ligeros pisaba los charcos y levantaban al tipo. Los dos volvían a emprender la marcha. 


*Zángano, Holgazán, Zancudo... Ahora Zancada* 


Se levantó y se quitó la tierra de sus hombros. Su pelo cobrizo se manchó de tierra, pero no le importó. 


Los dos se subieron a una carreta. 


—Te dije que era peligroso, Phenix


—Maeve, cállate. Vamos con Parish, le decimos que ese viejo no es para nosotros y nos vamos. 


—Y todo por una apuesta perdida...


—Maeve, ya llegamos. 


Bajaron y cruzaron el edificio, sin saber que Rodia estaba arriba de la carreta. El chico se lanzó al suelo y entró tras ellos. 


...


Nolai Parish estaba sentado como siempre, con un prensado en sus labios. El humor por la cita lo cambió ligeramente.


Ni siquiera se molestó cuando Phenix se sentó junto con su pequeña asistente Maebe.


—No se preocupen, que los haya descubierto era normal, lo importante es que ya están de vuelta. Deuda saldada, Phenix, sin rencores. 


—¿Estas bien? –Preguntó Phenix– Te noto demasiado tranquilo, ¿Que tal si es un sicario?


—Somos abogados, Phenix, lidiamos con fuera de la ley a diario. 


Se levantó para despedirlos. Maebe susurró algo entre drogadicto, por lo bajo. 


Nolai cerró la puerta y cuando se alejó, el filo de una hoja penetró la madera


*Oh, mierda*


El giro vertical, luego horizontal y el trozo de madera cayó.


Un joven con el pelo cobrizo tenía la mano extendida en un saludo casual. Luego abrió la puerta. 


*Estabas tranquilo, Nolai, no pierdas los estribos ahora*


—¿¡Quién demonios eres tú!?


El joven enfundó la espada. 


—Perdón por la puerta, pero tu asistente me retuvo mucho tiempo y tuve que entrar a hurtadillas. Cuando llegué los dos ya se habían ido y justo habías cerrado la puerta. 


—¿Que te hacia pensar que no te habría atendido? Espera ¿¡Rocío está bien!?


—No cambies de tema, quiero hablarte sobre mi maestro –Dijo acercándose con paso amenazante– Tú eres el que lo estuvo vigil–


—¡No! –Rodia retrocedió, le había asustado– ¡No cambies TÚ de tema! ¿¡ella está bien si o no!?


—S-si. 


El joven tragó saliva. 


Nolai se frotó la cara. 


*Esto me pasa por confiar en ese idiota*


Se sentó en su despacho. 


—Imagino que no vas a dar tu nombre –Puso un prensado en sus labios y saco una cerilla y la encendió–


—Me llamo Rodia. 


—¿Ah, tan así? ¿No eres mercenario?


—No. Solo quiero ayudar a mi maestro. Quiere saber porque le molestas. 


Nolai detuvo la cerilla, y miró un largo rato a Rodia. Quería determinar si era rematadamente imbécil o la persona más astuta del mundo. 


—Estoy investigando un homicidio –exhaló una calada–. 


—¿Y el está involucrado?


—No. Osea, no es sospechoso directo, pero creo que tiene que ver. 


—¿Por qué?


—¿Porqué? Oye, a ver –Se frotó la frente– Tú no trabajas con él, ¿No te contrató?


—No, fue mi maestro. 


Nolai analizó cualquier mueca o fisura en su expresión. Se sorprendió al no encontrar nada. Miró la puerta tajeada. Luego su expresión tranquila, pero determinada. 


—¿Tu maestro?


—Es un Gran Mago, el mejor que existe.


*Mancha de mugre en el cuello, tierra en el cabello, sonrisa bobalicona, espada grande y afilada, postura de guerrero, joven, temerario con los objetos, pero precavido con los bramidos...*


Puso toda su ímpetu, toda la astucia en detectar una mínima expresión que delatara su fachada en la nube negra con los vientos arreciando, pero Rodia seguía siendo Rodia. 

Era como una casa con las luces encendidas y la puerta abierta. No había nada oculto. 


—Estas loco –Exhaló el humo– Es la conclusión que saco. Y si, tiene que ver, pero al parecer eso no te incumbe, o no te interesa o no lo entiendes. 


—Mi maestro puede arreglarse solo, no es que me interese su seguridad. Pero enviar espías está feo, deberías ir y preguntar.


—Podria mentir. ¿Sabes lo que es ese concepto, Rodia? –Dijo exhalando el aire– La mentira. 


—Claro que sí, pero también creo que si tratas a una persona como un criminal, no va a querer saber de tí –los dos se miraron– En lugar de querer inspeccionar deberías ser más claro. No vas a sacar nada de mí si solo te quedas mirándome, das miedo. 


Nolai empezó a reir, de verdad que ese chico era demasiado espontáneo. 


—Que básico. Podrías haber desollado a mi asistente, a Phenix y Maebe y estar aquí a punto de ejecutar tu plan. 


—Mi plan ya fue ejecutado –Se levantó– ¿Puedo preguntar de qué se trata ese homicidio?


—No creo que sea asunto tuyo.


—Tienes razón. 


Se alejó de la puerta. Su espada en la espalda con la funda recordando a Nolai su naturaleza física.


—Perdón por la puerta, en serio. 


Salió de allá. 


Después de unos momentos Rocio apareció. 


—Vas a tener que arreglar esa puerta –Con su aire monótono–. 


—Tambien te quiero. 


Rocio parpadeó y se fue, sin decir nada más. 


Nolai se carcajeó.


...


Jodie empezó con trazos simples, pero Ian ayudó a mejorar su precisión.


—Asi... Ah, perdón.


Se alejó y dejó que ella siguiera. Después de un rato pudo hacer un plano de la catedral de San Lucas. Miraba como sus otras creaciones estaban dibujadas con la misma precisión, pero la catedral era su trabajo de relojería.


—De verdad que tienes talento. Solo necesitabas el empuje. 


Jodie sonrió. 


Connor se acercó a la habitación. 


—El señor Delman está aquí. 


Jodie se estremeció, sin embargo el sujeto que estaba del otro lado era todo lo contrario a lo esperado. 


—¡Hola! –Saludó– ¿Perdón, interrumpo algo?


Ian sonrió. 


—Oh, hola, no. Estábamos haciendo unas cosas con mi amiga. 


El hombre se paró en medio de la habitación y se sorprendió 


—¡Que increíble! La catedral de san Lucas tan fielmente representada, y ¡aquello es el museo de san angelo! ¡Tuto benito, bonito!


Ian se rió. Jodie se le quedó mirando un largo rato. 


—Un placer saludarla señorita –Dijo en una voz espontánea y abierta– Es un gusto. Zuizo me habló de tí, eres la hija de Arthur Fleming, es un honor


Se inclinó. Luego se puso de pie y sacó un artefacto del bolsillo. 


—Ian, mira esto, lo descubrí en una tienda de antigüedades, no es genial? Una bella cosa, beleidosa


—Eres Delman...


Si Zuizo era un Rodwailer, Delman parecía un pastor alemán. No era la criatura que se esperaba.


—Si. A no ser que me conozcas por otro nombre, pero lo dudo, la verdad. Siempre he sido yo. Es importante ser fiel a los principios para que las cosas se sostengan, oh, ¿son pokis? Me encantan. 


El hombre tomó los chocolates y empezó a comerlos mientras seguía viendo los planos. 


Jodie se le quedó viendo, su energía juvenil, no debía tener más de veintitantos, treinta como mucho. Su cabello corto y desarreglado lo hacía lucir más joven. 


—¿Donde está esa energía intimidante de los discursos? –Susurró a Ian– No parece el mismo tipo que me contaron.


—Ah, si, es que le gusta dramatizar, dice que es parte de que la gente tenga interés. 


—¿Pero cree en lo que dice?


—Oye Ian, mira te traje este diseño que sería molto bienvenuti –Miró a Jodie– ¿Sucede algo?


—No es nada, es solo que... Nada. 


—Connor tienes algo para bajar los pokis? –Pidio Delman– Están un poco graso. 


—En seguida señor Delman.


Cuando el mayordomo se fue Delman asintió.  


—Muy buen hombre, le quise ofrecer que atendiera para mi, pero su lealtad es con el buen Nortellian. 


Después de unos momentos se sentaron todos a tomar el té. 


Jodie seguía precavida, esperando que en algún momento le saltase frente y le arrancase la yugular a alguien, pero Delman se mostró tranquilo y con garbo. 


—Algun día tenemos que ir a esa montaña que te dije, es grandísimo. Tiene muchas rutas y se parece a un gran obelisco de chocolate. 


—Suena divertido –Ian rió–. 


—Oye, Delman, ¿sucedió algo hoy? Escuché por parte de Ian que hubo disturbios en tu discurso.  


—Ah, si –Tomó un trago– Es normal. Siempre suele haber una o dos protestas, es previsible. Lo que lamento son los incidentes, eso sí que fue trágico. Por suerte no hubo víctimas –Terminó el té y dejó la taza con un click suave– Hubiera sido una tragedia. 


—No es por meterme en lo tuyo –Pinchó Jodie– Pero ¿Las protestas no se hacen porque hay necesidades insatisfechas? Es lo que pasa cuando la gente está padeciendo. 


—Si, lo sé. Yo mismo fuí a protestas cuando era más joven. Es parte de la sociedad, pero una cosa no quita la otra, digamos que no estamos en buenos tiempos. Las fuerzas del este se ponen agresivas, en el oeste están pasando una crisis de feudos. Todo eso se arrastra al norte. Es un problema endémico, aquí solo se siente el síntoma. 


Claramente disfrutaba hablar de política. 


—Pero –Objetó Jodie– Que significa para tí esta crisis? ¿No es un problema que deban solucionar? En el distrito sur estamos más relajados con esos asuntos, allí solo está el lío de los manteles y los buhoneros, pero aquí parece algo más sistémico, hay contrarios por todos lados. 


—Si, tienes razón. El gobernador Traden es mucho más inteligente que yo, maneja el distrito con más perspicacia y entereza. Yo trato de ajustar el relato a un porvenir menos peligroso para que la gente no tenta que sufrir, pero entiendo que no es suficiente. Pero de nuevo, intentamos lo que podemos. 


¿Era cierto? El sur no sufría la inflación que tenía el norte, pero los tratos del Rey quizá sean mas mezquinos en un lugar que en otro. ¿Sería posible que todo esto se deba a una pandemia que no le correspondía? No. No podía ser. Era demasiado bueno para ser verdad. El pulso eléctrico siempre se desvanece después de alejarse. O eso analizaba. No puede ser que sea tan simple como un carambano de hielo por parte del resto del mundo. Había algo que no cuadraba, pero... Lo miró. Era guapo. Muy guapo, y quizá ¿Ingenuo? ¿Era posible?


El hombre se ajustó el saco.  


—Y a que se debe tu visita, Delman –Dijo Ian– Es un poco tarde para estar aquí, ¿no te parece?


—Ah, si, Zuizo me insistió que te trajera esto –Dejo la llavesfera en la mesa– Creo que ahora quizás podías abrirlo, aunque no dio detalles de porque. Tal vez tenga que ver con tu amiga. 


Delman miró a Jodie. 


Ella no aparto la mirada de la esfera. 


*Chispita*


—¿Sabes de que se trata? 


—Si. De hecho esa esfera es mía –Dijo con un tono tenso en la voz– Me la quitaron cuando llegué a la ciudad, tus guardias. 


Delman parecía de verdad perplejo.


—Oh, lo siento. Zuizo me dijo que nadie vino a reclamarlo, así que por eso nos las quedamos. Tiene energía arcana. Es algo en lo que tu padre estuvo trabajando, según me habló Ian.


Jodie miró a su antigüo amante con una furia velada en sus ojos. 


*¿Por qué demonios le dijiste...?


—S-si, es que él trabajo mucho en esto. Fue un proyecto paralelo que tenía entre manos. 


Delman se quedó pensativo. 


—Si no me equivoco hubo gente que quería reunir las esferas hace tiempo. Gente con grandes terrenos. El lugubre Lucian Velmour era uno de ellos. Desconozco sus vínculos, yo era demasiado joven en la época que el era, bueno, lo que haya sido. 


Jodie se quedó mirando la esfera. El misterio que desentrañaba para la ciudad era aún más alarmante. Y Delman tenía la tercera, o espera...


—¿Tuviste una antes? 


Delman asintió.


—Existe la teoría de que hay una en el capitolio, pero nunca pudimos comprobarlo. Al menos, no que yo sepa. Es una historia larga, pero se cree que lo que el general tenía en el pecho cuando regresó de su conquista era...


—La tercer llavesfera. 


Delman asintió. Por un momento parecía tan extrañado y fascinado como el propio Rodia. 


No se parecían, pero había algo en Delman que le recordaba a Rodia. Tenían esa misma energía de ida y vuelta. De llevar y traer problemas. 


Jodie sonrió, ya le saltó la ficha. Si Jodie era la mente pensante entre él y Rodia, podría ser que Zuizo sea el verdadero mastermind detrás de Delman?


Recordó su mirada y la piel se le erizó al recordar su beso en la mano. 


Era un sujeto muy astuto. 



...



Cuando Grace sintió el ungüento empezó a gruñir. El Gran Mago frotó por toda la zona afectada. 


—Recomiendo reposo. 


—Yo te conozco – Dijo la mujer– Eres el feriante perverso que le gusta pasar por la calle de la seda, no te tenía por médico. 


—Soy una caja de sorpresas – Tomo un trago de alcohol– Ahora descansa, pequeña.


Se levantó, dándole un último vistazo a la chica antes de salir del comedor y volver a la cocina. 


—Se pondrá bien –Se fue a la alacena y reviso los estantes –¿Tienen algún mata-ratas por casualidad? Tengo la tienda infestada. 


—No tienes una receta para eso? –Constestó Riven, mientras tomaba un trago de alcohol– No. No tenemos de esas tonteras. 


—Que lugar tan acogedor, casi se podría hacer un buen destilador por aquí, solo les falta la máquina y el somellier 


—Preferimos mantenerlo como guarida –Riven miró a Rodia. 


—No se preocupen, les juré que no diría nada. Aparte no sé quienes son. Ni me importa. Yo ya estoy servido con lo que hago, ayudar al pequeño Rodia es como un respiro de tanto trabajo. 


—¿Es cierto que eres un mago? –Preguntó Bell del otro lado de la puerta– Podrías enseñarnos algún truco de magia. 


—¿Tienen una pluma y un papel? –Rodia le pasó lo demandado, y empezó a escribir – Aquí tienes, se la pasó al chico que lo leyó. 


La nota ponía: 


No soy un Magician, sopenco.


—¡Hey! 


Sacó un frasco de whisky y se lo tragó. 


—Suficiente por hoy. Ya ayudamos a la comadrona. Es hora de irnos. 


—Vivo aquí. 


—Oh, ¿de verdad? Podría ofrecerte algo mejor, si te apetece. Este viejo edificio se caerá en menos de un mes. 


—No estoy interesado, gracias, te acompaño a la puerta.


Los dos pasaron por el salón hasta la salida. 


—Gracias por sacarme de alli Rodia, porque realmente no quería irme


—No creo que Riven te permita quedarte, aunque le podría decir algo al respecto. 


—Bueno, esto es incómodo de confesar pero estoy enamorado. 


—¿Eh?


—Esa chica, Grace, es hipnótica. 


—No creo que sea de tu edad, además está saliendo con Riven.


—Que pena, hubiésemos hecho buena pareja, porque ya sabes, a toda corriente de energía mágica le hace falta un buen conductor. Ella maneja una sensibilidad muy grande, Rodia. 


El chico no supo que responder. 


—No quiero irme –Acotó. 


—Eh, por favor Maestro, esto es vergonzoso.


—No tienes que decirme que si o no pero si le traigo unas azucenas del fondo del bosque oscuro, que tengan el color de las llamas del infierno crepitante en sus hojas, me daría una oportunidad. 


—No creo que esté interesada.


—¿Tu estás interesado en ella acaso? Noto cierto aura...


—Que tal si ya te vas, ya se hace tarde. 


El hombre finalmente se despidió.


Rodia entró, agotado. 


—Vaya viejo pervertido –Dijo Arabella desde el sillón.


—¿Escuchaste todo?


—Para no hacerlo, es más estridente que un elefante en cristaleras. 


—Es un sujeto complicado, pero me enseñó todo lo que sé, así que no le culpo, no creo que sea mal tipo. 


—Yo tampoco, pero que pesado


Arabella respiró agotada. Los dos se hallaban solos en el salón. 


—Bueno, debo irme a dormir. Mañana no será un buen día. Hay que ir a patrullar la ciudad, ya sabes, hacer el trabajo que Grace ya no puede hacer. 


—¿Es necesario?


—Casi nunca, pero es un deber. Sin eso posiblemente no estaríamos a salvo. Créeme que sin ella en movimiento este lugar se cae a pedazos. Es el soporte literal.


Es la primera vez que la escuchaba hablar tan seguido. Siempre solía ser la más callada. Incluso más que Rodia. Grace y Riven ha estaban en su cuarto y Rockabilly estarían en algún rincón planeado algo. Se encontraban solos. 


—¿Como te uniste a los Mapaches?


Arabella lo pensó, o hizo que pensaba. 


—Es una historia larga, pero puedo acotarla: Yo era huérfana, vi a Grace en una protesta junto con los chicos, quise ser como ella y aquí estoy. No es muy épica... pero es real.


El tono cortante exasperaba a Rodia, pero tuvo paciencia. 


—¿Fuiste la última en incorporarte?


—Bell lo hizo un mes antes que tu, oh, bueno, si es que te consideras de la familia. 


—Soy parte de la familia. 


—¿De verdad? 


—Eh... Si. ¿Que te hace pensar que no?


—Tienes tu misión aparte, las llavesferas esas, que por cierto, me interesa que me cuentes, aunque no hace falta si te parezco una plasta. 


—¿Por qué lo pensaría?


—Bueno, Bell me dijo que te parecía una molestia, no le creía al mocoso, pero hablaron en la terraza y jamás hemos interactuado tú y yo, así que no supe a quien creerle. 


—Ese chico es un problema... 


—¿Entonces es mentira?


—Por supuesto que es mentira. 


-—Tambien me dijo que gustabas de Grace, pero me trae sin cuidado. Es algo que debería preocuparle más al jefe. 


—E-eso también es mentira. 


—No te veo muy convencido al respecto... –Una leve sonrisa cruzó sus labios– De todos modos está bien, ella es muy bella y particular.


—¿Particular? ¿Que clase de huérfana usa esa palabra?


Ella gruñó. 


—Una lunática, ¿te gusta más así? Una cabeza de tacho, que le gusta indagar entre la basura intelectual, una pordiosera mental, no sé que mas palabras usar, lo siento. 


—No hace falta que abuses, Grace es un poco excéntrica, nada más. 


—Y tanto, tararea melodías todo el rato y sabe tocar con los pies. 


—Si lo dices así parece que la detestas.


—Es más un recordatorio que incluso tus ídolos aterrizan en algun mingitorio a mear. Pero ella es genial. 


—Y crees que me gusta porque sabe comer con los pies. 


—Te gusta, lo acabas de confesar


—No es... Ah, ¿Podemos volver al punto?


—¿Cual es? 


Rodia se dio cuenta que estaban hablando sin ningún objeto por un buen rato. 


—¿Te vas a quedar con nosotros después de recuperar la llavesfera?


—No. Tengo que seguir con mi misión. Pero seguiré siendo parte de los Mapaches, donde sea que esté.


—Que romántico. Aquí es cuando me besas y cerramos la noche. 


Rodia la miró y recordó su noche con Sunny. Fue un experimento para ella, una experiencia para él. Arabella de algún modo le recordaba a Jodie, pero más provocadora si cabía.


—No soy así. 


—¿Eres... virgen? ¿Con veinte años?


—Basta. 


—Demonios, voy a tener que hacerlo, ¿verdad? Sino quedaré como una bully. Debo besarte. 


—Ahora entiendo porque no abres nunca la boca. 


Ella se quedó mirandole un rato y acercó a él. 


—¿Quieres que te bese? Seguramente allá arriba Riven y Grace ya lo estén haciendo...


Rodia esperó, paciente. 


—¿Por qué me miras?


—Quiero verte de verdad


—No sé de que hablas, ¿de verdad? ¿En que sentido? Eres idiota.


Él notó como ella se enfadaba. De algún modo formo un dique bastante resistente, pero no resistía. 


—Idiota.


—¿Por qué?


—Pense que gustabas de Grace...


Se acercó a Arabella, la muchacha puso una cara de sorpresa cuando sus labios se tocaron. Después de un rato, ella lo tomó y le dio un beso más prolongado. Subiéndose a horcajadas. 


—Le dije pordiosera, Rodia, mira lo que me hiciste decirle...


Sus lágrimas se colaron entre sus cabellos. Después de una fachada prolongada, se desmoronaba en un río de vulnerabilidad. 


—Esto es muy difícil... Rodia...


—Por fin te veo


Ella volvió a golpearlo y llamarlo idiota, los dos se volvieron a besar, esta vez con más apuro. 


Los dos cayeron juntos. 





PARTE V


*Hagoromo*


Una rosa en un parque crecía. 


No era una sensación de crecimiento natural, como una sesión de montaje: primero la planta, luego el capullo y después las hojas. 


Naturaleza hecha pedazos. 


Los chicos pasaban por allí, buscando una firma en el cesped, una huella en el fango. Pero ella estaba allí, entre el lodo y la sorpresa. 


Rocio recordaba la planta, pero no recordó si la desfloró. Su madre le sostenía la mano. Ella sentía su agarre y como se iban alejando. 


En un momento todo se volvió borroso. No se distinguían ni los colores ni la melodía. El monocorde y el ruido blanco se apoderó del parque.


Y despertó.


Estaba sola en la habitación. Se puso de pie, se ajustó las pantuflas y entró en la cocina. 


Se preparó un café. Los flecos le caían como rayos de sol flameado. Al llevarse el líquido a sus labios sintió el sabor inexistente. Ni siquiera sentía el calor en la comisura. 


Se sentó y escribió los archivos que le quedaban por hacer. Se puso los pequeños zapatos y salió del piso hacia la calle. 


Saludó a unos vecinos. Pasó por el parque. 


Pensó en Nolai. La cita que tuvieron. ¿Significó algo? Eso quería averiguar. 


Escuchó los arbustos. 


—Sal, ya te vi –Dijo en tono neutro. 


—¿Como es que siempre lo haces? –El chico salió de los arbustos, tenía la camiseta sucia– Te traje un postre. 


—No hace falta, Bell. 


Se lo dejó el en banco y se sentó a su lado. 


—¿Como estuviste? 


—Estuve bien. 


—No te veo muy convencida.


Ella no parpadeó, simplemente se quedó con el mismo gesto de siempre. 


—¡Es un chiste! –El chico soltó una carcajada–. 


Rocio recordó la primera vez que se conocieron. En medio de una protesta, camino a la oficina de Nolai un hombre se le aproximó para amedrentarla y él salió con una espada y la rescató. Desde entonces se volvieron amigos.  Siempre se veían en el parque. Al principio él creía que era una sosa, pero después de explicarle su condición se asombró y se quedó prendado. Ella lo intuyó, y bastante acertado, como una fantasía juvenil de una novia ideal. Trató de decírselo, pero era terco como una piedra. A partir de ahí le empezó a caer mejor, ambos tenían algo en común: Su total rigidez, una de carácter y el otro emocional. 


—Vamos, no seas así, además donde las compré cerraran la semana que viene. Es la última edición. 


Ella probó el dulce. No supo a nada. 


—Está bueno. 


El sonrió, satisfecho.


—¿Vaya semana, eh? Cada vez la gente está más loca. 


—Escuché lo de la plaza. 


Él se reclino. 


—¿Estuviste ahí? –Continuó ella. 


El volteó su cara. 


—Fue... Un error, teniamos que contener a la gente.


—Bell, no quiero que te metas en problemas. 


—Pero soy un héroe, ¡Los héroes siempre se meten en problemas!


Ella suspiró internamente. No sabía que decir para que entrara en razón.


—Hay héroes que son más inteligentes que otros, ¿no te gustaría ser un héroe más astuto?


—Riven ya ocupa el puesto de estratega, Rockabilly los de acción, yo tengo que ser el que cargue con la valentía del grupo.


—¿Que hay del nuevo?


El chico se le formó una mueca. 


—Ese... No es parte del grupo. Es solo un intruso. 


Rocio intuyó lo que pasaba pero no quería atormentarlo. 


—Deberias aceptarlo, los mapaches aceptan a todos, ¿o no?


—A todos los que quieran estar, ese chico vino de la nada y se va a ir. Además... –Apretó los dientes– Anoche lo vi, besándose con Ara. Maldito. 


—¿Que tiene de malo? ¿Ella te gusta?


—¿Eh? ¡No! A mi me gustas tú, ya te lo dije antes pero no pareces querer... –Se podía intuir en su cara que no estaba conforme con la respuesta que estaba formando y la descartó. 


—Soy muy grande para tí, Bell, tienes que mezclarte con chicos de tu edad. 


—Ya soy grande, los chicos de mi edad ya son gente complicada...


Ella hizo una mueca y le frotó los cabellos. 


—Intentalo, yo ya me voy. 


—¿Ya tan pronto? ¿No íbamos a ver la obra que estaban haciendo? 


—Eso lo dejamos para mañana. Cuídate Bell. 


Le dio un beso en la mejilla y se alejó. 


El chico se frotó el cachete con una sonrisa de consuelo. 


La mujer llegó piso el mármol del estudio jurídico.



...



—¿Revolución o atentado? Los mapaches blancos asaltaron el discurso del gobernador. 


—Son cuatro Corleones. 


—¿¡Cuatro!? –Nolai apretó los puños, el chico tenía el antifaz blanco que ya era un símbolo de revolución. 


—Tengo que cuidarme para proteger la ciudad, señor.


—¡Pero tú no combates!


—Yo lucho entregando las noticias


Le dio los cuatro Corleones y se fue corriendo. 


Nolai se sentó en la silla, frotandose la sien. 


Rocio apareció por la puerta. 


—Estamos en punto muerto –Declaró Nolai– El viejo es inexcrutable. 


La mujer se sentó con su mirada de indiferencia habitual. 


—¿Podemos descartarlo entonces?


—Como sospechoso directo, si. Pero hay algo que no cuadra... Sus bebidas se comercializan hace unos meses y se vuelve el producto estrella, la gente en las calles lo consume y deja de ir a bares. No parece una coincidencia más. 


—A mi me suena a que es un hombre haciendo bien su trabajo.


—Quizá demasiado bien. ¿Tienes algo para mí hoy?


—Un grupo de mal vivientes que robaron retos del cementerio para hacer satanismo.


—Que lugubre.


—Ellos sostienen que simpleme estaban paseando por el lugar, el enterrador dijo que estaban sacando los huesos de un reputado lord del crimen, además de buen hostelero. 


—Suena a un choque de intereses.


—Lo es. Estuve hablando con el hombre, y– puso su mano en la sien y una imagen blanco espectral apareció en medio del cuarto– Tiene marcas en las muñecas y cortes cerca del cuello.  


—¿Otro que le debe dinero a unos prestamistas?


—O podía ser un man wolf. 


—Ja, ja. Voy a tomar el caso. Pero será demasiado sencillo. 


—No tomamos caso por valor, sino por deber. 


—En fin. ¿Alguna nueva? 


—Bueno, si. Ayer me llegó... Esto.


Sacó la invitación. 


—Es del gobernador Delman. 


La tomó, allí figuraba su nombre y también el de Rocio, y Phinex. 


—Invitó al bufete completo.  


—¿Que se está tramando?


—¿Una fiesta?


—No parece tener motivo para celebrar, con esto en primera plana –Señaló el periódico– más bien debería estar trabajando. 


—Algunas personas trabajan mejor en su tiempo libre, les ayuda a pensar. 


—Tuvo varios meses para pensar, además ya ha hecho varias cosas antes que lo dejan mal parado. Vi su discurso. Es muy dogmático. No es el método que usaría alguien que no tenga algo que decir, es un pensamiento mágico y la magia... 


—Soy una medium. 


—¿Pero él es un mago?


—Nunca lo vi en persona, así que no sabría decirte.


—¿El viejo que bebe brebajes en la cuadra lo es?


—Es muy probable. 


—Eso solo lo hace más complejo. Necesito salir a pensar. ¿Cuando es la fiesta?


—Por la noche, ¿vas a ir?


Se prendió un prensado.


—Es mi trabajo buscar esqueletos en el armario y ese hombre tiene más secretos que el enterrador. 


...



Jodie se quedó pensativa. Antes de anoche creia que el gobernador era un tipo abyecto y repulsivo y resultó tener más cosas en común con Ian que con Zuizo. 


Anotó en su lista. 


Zuizo=¿Manipulador?


Delman=¿Victima?


Parecía demasiado obvio, pero no descartaba nada. Además aún tiene las llavesferas. Se las pidió amablemente, pero dijo que la ley las resguardaba.


Tomó a chispita.


—En qué lío me metiste, Rodia. 


Ella se metió en el lío sola, pero pensó en él. Su confianza con los mapaches lo pusieron en riesgo. Quería verlo, pero no sabía donde estaba la guarida de ellos o de plano localizarlo, solo si encontraba a la trovadora en un carruaje de los muchos que pasaban por el distrito. Además jamás sabría si alguien la espiaria, era un riesgo intentar pisar fuera de la casa de Ian. 


Abrió los ojos y se puso a escribir. 


Delman dijo que las llavesfera que estaba en el capitolio seguía allí, pero nunca lo encontraron. Podía estar mintiendo. Recordó el cristal en su pecho, ese verde que destellaba...


Connor traía el desayuno. Dejó la bandeja a su lado. 


—Connor, ¿sabes la historia del capitolio?


Soltó de repente. 


—Bueno, la historia del capitolio es conocida por todos.


—No me refiero a la oficial. 


El hombre se atuso el bigote.


—No se que es lo que pretende que diga señorita, la leyenda es bastante clara. Después de derrotar a las tropas del sur, el general le trajo al rey el cristal de la esperanza y con él fundó el capitolio. 


Jodie se levantó y se dirigió a la pizarra.


—¿No quiere comer? La tostada tiene extra de manteca.


El estómago de Jodie gruño, pero ella negó. 


—Tengo que comprobar una cosa... Delman dijo que trató de contratarlo porque sabía de estructuras.


—Asi es, pero es algo que el señor también sabe. 


—¿Puedo pedirle un favor?


—¿Hm?


—¿Puedes venir con nosotros en la cena? Sé que tiene cosas que hacer pero es una invitación formal, además, Delman no le cerrará las puertas del capitolio al mayordomo de su amigo. 


—No se preocupe, le preguntaré al señor si es posible.


—Gracias. Créame que es importante para mí. 


—¿Puedo preguntarle a la señorita porque requiere mi presencia en tan exclusiva fiesta?


—Te lo diré cuando lleguemos. Es... Una sorpresa.


—No puedo aceptar sin un motivo.


Ella anotó algo en la pizarra, parecía un plano de una catedral. 


—Se lo pido por favor. Es importante. 


El hombre suspiró yéndose de la habitación y dejando a Jodie pensando. 


*Lo que muere dentro, como un secreto feo*. 


...



Las hojas caían del cielo,


eran filos fríos de filigrana rosa pálido.


Impactaban en su piel, sin dañarla. Leía una nota que ponia "los elementos de la gran plaza se contraen" 


Y volvían a caer contra su cuerpo. 


Por primera vez sintió algo parecido al picor. Su brazo le dolía.


Abrió los ojos. 


Rocio se había quedado dormida en el trabajo, al lado de unos papeles que tenía que llenar. 


Su brazo sostenía su peso. Se sentó y se acicaló los párpados. El abogado defensor se acercó a ella. 


—¿Roxy, estás bien?


—Si –Dijo con ya voz algo ronca– Últimamente tuve mucho trabajo. 


Por el costado Maebe se apareció. Al verla, Rocio recordó a Bell. Ella sería un año o dos mayor, pero tenía esa energía juvenil que lo cubría todo. 


—Desde luego que esto es digno de reporte –Dijo Maebe– Que vergüenza que el gran Nolai Parish tenga una secretaria tan holgazana. 


—Podria decir lo mismo de tí –Dijo Phinex– te la pasas comiendo y durmiendo por los costados, no sé como no engordas. 


—Por última vez, ¡no soy tu secretaria soy tu ayudante! Y como porque así me lo recomendó el médico, estoy muy flaca. 


Rocío miró a Maebe, no se equivocaba, tenía la contextura física de una adolescente, Incluso sus curvas no se habían desarrollado del todo. Era casi una joven adulta en el cuerpo de una puber. Una florecita pequeña, con espinas. 


Rocio, ya despertándose, dejó de pensar en espinas y se puso más sería, –¿Que quieren?– Preguntaba, con su tono neutro y aburrido de siempre. 


—Hablar con Nolai para arreglar lo del gobernador, ese hombre no se pone las pilas se la pondré yo. Tenemos que arreglar al jurista lider. 


—Y los trajes –Acotó Maebe– La lista de vestidos, los presentes, los logros del último año, ¡esta fiesta es importante para el futuro de la juripendencia!


Rocío parpadeo. 


—Esta en su oficina, como siempre. 


Los dos se alejaron, y su mente divagó en nada particular. Deseaba volverse a dormir, pero en ese instante alguien pasó a su lado. Tenía la vibra contaminante del Monsanto. 


—Hola, Rocío –Dijo el hombre con su rostro tallado en una roca ignea de un peligro alarmante– Es un placer ver tu belleza otra vez. 


—Zeizo. 


—Nolai Parish –Dijo con peso– está en su oficina, me imagino.


—Ahora mismo está ocupado, recibió la vista de Pinex Frigh –Desinteresada– si quiere puede esperar. 


Su voz era totalmente neutra,


—Muy bien –Los de él grave y elegante con un carraspeo de humo barato. Dejó caer su cuerpo en la silla frente la recepción, con las piernas cruzadas. Su mirada no dejo la recepción, mirando la mesa, la silla, el espacio y, luego, a Rocio. Sus ojos eran dos pozos oscuros de interés metódico. Ella no paraba de escribir mientras imaginaba la situación en la oficina de Nolai, sus ojos empezaron a mostrar una mueca que, cuando miró el rostro de zeizo, desapareció: se imagnó una lista interminable de fantasmas detrás de esos ojos oscuros. Una Zarza de espinos que impactabas al caer y ella tenía experiencia con las espinas. Se acicaló la nuca. Sus ojos casi destellan en celeste sin querer, mostrando fantasmas pasados, que seguramente ese morador de las sierras estaría encantado de vislumbrar. 


—¿Todo bien? –Zeizo acotó– te noto. 


*Nota. Rara palabra.* 


—Estoy un poco agobiada del trabajo, es todo. 


Los ojos de él no la abandonaron, pero ella no se inmutó. Los papeles eran garabateados. El aire se volvía viciado, pero ella seguía anotado, hasta que en el pasillo la puerta se abrió. 


Zeizo se paró y pasó a su lado, saludó al abogado y su ayudante y entró en la oficina del concentrado Nolai Parish. 


—Zeizo –Dijo Phinex para confirmar que no necesitaba nada más. 


—Ese hombre me da escalofríos –Combinó Maebe mientras se abrazaba a si misma con frio inventado. 


A mi también, habría querido decir Rocio, pero realmente no sentía ese frío, a pesar de que lo veía y lo entendía. 


La rosa volvió a pensar en el lodo de donde todas las especies nacen y pensó si Zeizo no era esa clase de ser que su madre la previno cuando la jaló aquella tarde cuando era una niña. 


...



Rodia tomaba un frasco de durazno. 


—¿No te causa ningún efecto negativo? –Pregunto Riven a su lado.


—Me mantiene a tono, veo las cosas con más textura. Es raro, pero efectivo.


Los dos estaban sentados en la plaza, mirando la gente pasar. 


Arabella –Acotó Riven, como una finta, sin mirar–. 


—Si –Atajó Rodia, entendiendo el mensaje– Es... Complejo, pero si, es lo que piensas. 


—El amor no es complejo, Rodia, se siente o no –Se encorvo, su figura alta se veía más desgarbada. De vez en cuando pasaba algún sujeto y venía a saludarlo– El sexo menos. –Puso su mano en la empuñadura, viendo pasar a la gente más alejada, no perdía vista–lo sentimientos son como puertas, se cruzan o no. 


—A veces no puedes hacer eso –Miro tratando de procesar a la gente, como Riven, pero con mayor dificultad. 


—Porque no tienes las llaves de casa, ¿alguna vez intentaste entrar cuando te olvidaste las llaves dentro? Es duro. 


—¿Y si no puedes?


—Rompes el vidrio y entras por la ventana, así fue con Grace, hablando de ella anoche me dejó un buen muerdago en el cuello, parecía un punzón al rojo. 


—Si ya te entiendo. 


Riven se rió mostrando sus dientes. 


—Es como un chucho en la cama, necesita cariño y te devuelve unos mimos juguetones. 


—Callate, no quiero saberlo. 


—Solo te estoy provocando Rodia, no te preocupes. 


El chico suspiró, Riven podía ser bastante impertinente cuando se lo proponía. Era como un verdadero cachorro. 


—En realidad no tienes que romper nada, así no funcionan las cosas.  


Rodia entendía la metáfora. 


—De todos modos ustedes se entienden mucho, lo nuestro con Arabella es... No lo sé. 


Cuando se despertó en el sillón ella ya no estaba allí. Por la mañana los Rockabilly pasaron y se burlaron de la resaca mental de Rodia. Fue el momento de mayor vergüenza que pasó con los Mapaches.  


—Ella es complicada, tienes que darle espacio. Mantiene una forma de ser arisca, no permite que nadie se acerque si no es estrictamente necesario. 


—¿Pudiste verla?


—¿Verla? La veo siempre. 


—Pero me refiero a, de verdad. 


—Eso dije. De verdad. 


Rodia parpadeó, Riven se paró y le tocó el hombro. 


—Vamos. Tenemos que volver con las compras –Cargó el canasto lleno de insumos– Rodia le siguió el paso. 


—Hoy es el día, Rodia, como prometí; te voy a ayudar a conseguir esa cosa. Los detalles ya están trazados. 


—¿Como será entonces?


—Mientras ellos estén reunidos en su bonita reunión, los guardias y el resto estará concentrado allí, así que nos escabullimos por la otra dirección. 


—¿Y que tal si están en el mismo lugar que la llavesfera?


—Esperamos a que se alejen, los guardias tendrán puesto el ojo en el gobernador, solo tenemos que vigilarlo a él. 


—No crees que el resto también tendrá seguridad.


—Podremos ocuparnos de ella –El canasto se sacudió– Demonios. 


—Te ayudo. 


—Por favor y gracias —Le tendió un par de tomates y tomó una– Hoy estará nublado, me lo dijo, ferran el panadero. Será un desastre si llueve. 


...


Jodie se miró en el espejo, la mucama que ajustaba el vestido atrás la miró con interés. 


—Está hermosa.


Jodie miró su rostro, sus labios carnosos y rojo por el lapiz labial, el coqueto maquillaje que resaltaba sus ojos claros, sus cabellos le caían en rulos que brillaban, como caoba nueva. Sacó la lengua en una arcada.  


—No es mi estilo. 


—No necesita serlo, señorita, solo trate de verse bonita sin tanta...


—¿Mierda encima?


—Bata, e instrumentos de trabajo. 


—Ella miró el vestido blanco de seda y el collar rojo en el pecho, regalo de Ortellian. 


—Es exagerado, pero funciona –Dijo Jodie. 


Se sentó frente al espejo y recordó al suyo del departamento, partido por tres partes. Esta tenía todas las piezas mostrando el rostro más bello que vio nunca, el suyo. Y no era una muestra de arrogancia, ya que ella lo veía todo con ojo crítico. Ella la que más. Se puso los aretes mientras seguía viendo la linea oscura del eyeliner en sus párpados. 


—Está inconfesablemente bella señorita.


Connor había entrado con una bandeja de té. 


—Como una princesa, sino es que más. 


Ella sonrió.


—Connor tenga todo listo para esta noche. Será una ocasión especial y lo quiero alerta en todo momento. 


Él suspiró.


—¿De verdad tengo que hacer algo peligroso? Me gustaría simplemente estar ahí y servir el té, conocer a mis colegas de la casa Mortian. 


—Lo hará, pero tambien me ayudará. No se preocupe, valdrá la pena. 


—Si usted lo dice. Tomé el té al menos. 


La expresión triste del mayordomo angustiaba a Jodie, quería darle un abrazo. Pero no se podía permitir debilidad. 


—Al demonio, Connor, no quiero verlo mal. Si quiere puedo cancelarlo. 


—No puede hacer eso, si cree que es lo mejor, entonces lo creo –Le sirvió la taza– Solo necesito el ímpetu.


—Pero hace dos segundos estaba cagado en las patas-


—Disfrute el té, me voy a prepararme.


El hombre se fue apresurado. 


—Este hombre es un caso –Dijo la mucama. 


Ian debía estar alistándose también. Su mirada pasara con la suya, y los dos trendran que lidiar con lo que ven. Para él será un tormento, Jodie lo sabía.


Tomó el té.


Le faltaba un poco de azúcar. 


...


Nolai miró al hombre frente suyo. El sujeto se quedaba estático, con los ojos como dos flechas apuntando a su rostro. 


—Asi que decidió ir. 


—¿A eso viene? A presionarme.


—Oh, no se confunda, Delman estaba convencido de que iba a venir, solo que no sabía de que manera. Por suerte ahora lo sabrá.


—¿Usted insinúa que voy a hacerle preguntas incómodas durante la velada?


—¿No es obvio? Para que vendría. 


—Porque el bufete entero está involucrado. 


—Ah, si, pero eso es una formalidad, es parte de la casa ser... hospitalario. ¿Además que fiesta sería sin la gente?


—Que se celebra –Dijo contundente, su huella no estaba funcionando en él. Nada parecía hacerlo. 


—Las nuevas arquitecturas de la ciudad. Serán presentadas junto al gran Ian Ortell. Los detalles ya están ultimados. Será interesante. 


Por mas que hablase nada de lo que decía parecía llegar a sus ojos, por lo demás, impenetrables. 


—Lo veo... Formalisimo, señor –Acotó Nolai– Pero está bien, vamos a ir y disfrutar del buen banquete ¿Que habrá para comer?


—Barajamos cosas con el cocinero, pero será estofado de cordero, con un vino rojo espeso, de la bodega sureña de donde vengo, ¿Le parece suficiente?


—¿Postre?


—Tarta de manzana, fría. Será un deliciosa forma de acabar el encuentro. Nada de exquisitez extravagante, así todos lo disfrutan. 


El hombre sonrió, su sonrisa trata de penetrar pero no llegan a sus ojos. Era tétrico.


Se sacó del abrigo una cerilla y se prendió su propio prensado, el humo negro se coló entre sus fosas nasales. Nolai aspiró ese humo, era como aspirar los restos de un bosque en llamas. Se empezó a marear. 


—Estos días –comenzó suave– Que dias estos dias. 


—Muchos casos curiosos, los manifestantes, grupos clandestinos como los mapaches. 


El hombre tosió, era el primer rastro de humanidad que lo vio hacer. El cuero de sus dedos se tensaron haciendo un sonido de goma.


—Los mapaches no son un problema, ya tenemos localizado a todos los miembros y solo es cuestión de tirarla de la cola para tenerlos en bandeja. 


Nolai no mostró expresión alguna. 


—En cuánto al resto de comerciantes, sabemos que usan sus influencias para planar un golpe de estado, pero no lo conseguirán. 


—¿Por eso le quitan sus puestos? Para que tengan armas contra las que defenderse. 


—Cuidado con lo que dice –La voz de Zeizo se enfrió– esa lengua a veces es muy ligera. Procure que no se le vaya a caer. 


Nolai tragó saliva, el cambio lo sintió de cerca,  empezaba a toser.


—¿De que está hecho esa mierda? –apunto a su prensado.


—¿No le gustaba fumar? Ya veo que la costumbre no hace al hombre fuerte, solo más sensible. 


Nolai siguió tosiendo. 


—¿Puede apagarlo al menos?


—Una cosa que me di cuenta, Parish, es que usted y yo sabemos como la ciudad se mueve, entendemos las idas y venidas de los ciudadanos, los leemos como un libro, pero yo no temo a cruzar al otro lado de la acera ni apagar –apreto la colilla, el tssk lento de la ceniza al enfriarse sonó– el fuego que contamina. ¿Tiene algún caso hoy?.


El aire regresaba a los pulmones dañados de Nolai. 


—Unos raideores de tumbas, desenterradores y cadáveres. 


Un gesto de interés salió de la garganta de Zeizo.


—Vaya. Ojalá poder estar en la audiencia para verle desvelar la verdad. O complicarla, sea lo que busque. 


—Yo siempre busco la verdad. 


—Disfrute buscando. 


Se levantó y se puso el abrigo. 


—Nos vemos en la fiesta. Allí habrá tiempo para hablar con mayor soltura. 


Abrió la puerta y se fue, dejando a Nolai solo. 


Pero esa soledad era un alivio gigante ante tanta presencia indeseable. 



...



Grace comió el tomate crudo, un hilo de jugo se le pasó por la barbilla.


—Que frescjo– Dijo con la boca llena– ¿Y trajeron zanahoria?


—Lo que te imagines, amor –Acotó Riven–


—Y más, amorcito –Concluyó Billy–


—Te patearia, pero no tengo ganas –Grace volvió a dar una mordida– ¿donde esta tu hermano?


—Rock está dormido, es como un tronco ahora mismo. 


Rodia los miraba desde más atrás. 


—¿Entonces vas a ir con nosotros?


Grace los miró y asintió.


—Ya estoy mejor, así que... Además la fiesta necesita un buen bardo ¿no es así?


—Crei que ya habian repartido todas las invitaciones. 


—Digamos que una se extravió por el camino –Dijo Billy– Muy agradable el bardo Jericho, lastima que no va a poder asistir. 


Grace se puso de pie y tomó el alud. Cerró los ojos y Rodia volvió a sentir sus notas flotando en el aire. Tocaba como los ángeles. 


—Arabella también irá, pero Bell se quedará –Dijo Riven– Aún no está listo. 


Grace detuvo su guitarra. 


—Ya hablamos de esto anoche, honey. Ese chico necesita un empujón para sentirse seguro. 


—Es muy peligroso, además de que la guarida estará desprotegida. Necesitamos a alguien aquí.


—Billy –Acotó Grace– ¿Puedes hacerle el favor a tu amorcito de quedarte aquí con tu hermano?


—¿De verdad? Pero... Bah, realmente no me apetece ir, pero mi hermano ya eligió traje. 


Riven la miró. 


—Grace...


Ella desafinó algunas notas. 


—No. Riven. Ese chico necesita sentirse incorporado, ya suficiente pelea tuvo con Rodia. 


Riven asintió. 


—Ademas estaremos todos juntos –Terminó– No nos pasará nada, Rodia ¿Puedes cubrirlo?


Rodia asintió. 


—Estoy seguro que Rodia querría atender a su dama de gala –Dijo Billy– tiene su propia base de operaciones. 


—Billy, dices algo más y te corto la lengua –Acotó Grace– En fin. Hay que tener todo listo. Rodia ve a hablar con Bell. Confío en tí.  


—Esta bien.


Rodia subió para ver al chico. Este se hallaba en su cuarto. 


—Iras


El chico se paró de la cama 


—¿De verdad? 


—Con una condición, no te separaras de mi, si te veo haciendo algo que no debes estarás a tu suerte, ¿de acuerdo?


—Grace no te va a dejar hacer eso. 


—Pero eso no lo sabrás –Dijo Rodia suspirando, se frotó los ojos– Mira, no nos llevamos bien, pero ambos queremos que esto salga bien, por favor coopera esta vez.


—Esta bien... ¿Ara'ira?


—¿Araira?


—Arabella, si irá.


—Iran todos, menos Billy. 


—Tiene que ser muy importante esta fiesta entonces. 


—Bell, no es momento para


El chico salió de la habitación y se fue a la terraza. Parecía muy contento. 


Arabella se acercó a Rodia.


—La va a cagar, siempre la caga. 


—No lo hará si estoy con él, no lo dejaré hacerlo.


Ella le tomó la mano. 


—¿Eso quiere decir que no podremos bailar?


—¿Te gusta hacer eso? 


—Por supuesto que no, solo los lunáticos bailan. Pero... Sería bonito. Para variar. 


Los dos bajaron. 


—A donde iras cuando tengas la tercera llavesfera.


—Recuperar la segunda, y primera.


*Y buscar a Jodie, si es que quiere venir*


—¿Y después?


—Irme de la ciudad. 


Sacó el mapa y lo puso en la mesa.


—La próxima llavesfera está lejos, cerca de las montañas, después la quinta y la sexta están...


—En el bosque oscuro. Que fascinante. 


Rodia la miró, sus ojos brillaban de interés.


—¿Quieres venir conmigo?


—¿De verdad crees que no iría?


—Aqui tienes a tu familia. 


—Pero puedo irme y regresar cuando quiera o no


—Arabella, tanto tú como yo sabemos que cuando regreses este sitio estará.


—Si ya lo sé, pero Grace me dio una dirección nueva, allí será nuestra próxima guarida. Ya está acordado. Además... Quiero conocer el mundo. 


Por un segundo Rodia recordó a Orelia, y una punzada en el pecho lo sacudió. 


—Esta bien. 


—Planenado la luna de miel –Riven se acercó– Que buen mapa, no parece de las rutas, ¿Lo hizo tu amiga, Jodie? 


—Si, ella lo marcó. 


Riven señaló con el dedo. 


—Hay rutas aquí que en realidad están cerradas, está un poco fuera de forma, pero no está mal. Es una pena que esa chica no nos halla acompañado, necesitamos a una cartografa. 


—Ella es más del lado científico. No le gusta que la emparenten con su padre de algún modo. 


Arabella escuchaba y enarco una ceja. 


—Esa Jodie vino contigo en la ciudad, ¿no? Donde está ahora.


—Fue a ver a un amigo. 


—¿Amigo? ¿Que amigo?


—¿Por que el interés? –Preguntó Rodia– No tengo porque saberlo todo. 


—Fue un poco desconsiderada al dejarte a tu suerte. 


Riven asintió, como comprendiendo la situación y una ligera sonrisa de zorro se le dibujó en los labios. 


—¿Que te ries? –Se enfadó Arabella.


—¡No dije nada! –Levantó los brazos con presunra inocencia. 


—No fue desconsiderada, tenía cosas que hacer, es una chica de acción, como yo. 


—¿Ah si?


—Asi es.


Riven bajó las manos


—Esta bien, Romeo, te dejo discutir tranquilamente, voy a ver que quiere Grace.


—No, yo voy a ver que quiere Grace –Y Arabella se fue con paso decidido.


—Nunca la había visto así –Riven parecía fascinado– Es mucho más bonita cuando se muestra de verdad.


—Riven.


—No me malentiendas, solo disfruto de la situación. Si se va a ir contigo, procura no mencionar las cualidades de tu amiga Jodie cuando estés con ella. Es un asunto de territorio, los mapaches somos muy territoriales. 


—¿De verdad?


—No lo sé –Tomó una manzana y la mordio– Pero esa chica a pasó por mucho estando sola, ahora que se abrió un poco, está mas defensiva que nunca. No la provoques. 


—Yo no la... Está bien, es algo que tendré que lidiar. Lo entiendo. 


—Eres un buen chico Rodia, lamento que tengas que descansar con tanto –Le tocó el hombro– Voy a la terraza, a ultimar los detalles. Cuando baje ya estaremos listos, ¿está bien?


Rodia asintió. 



PARTE VI


**Otro aplastamiento**



El carruaje ya estaba puesto.


Jodie bajó, vestida de la damisela que nunca fue. Usando un vestido que nunca se pondría. Pero su percepción de objetivo y subjetivo se emborrona a este punto. Era bella, ¿pero tenía que edulcorarlo? ¿Donde estaba el gusto por la belleza natural? 


Cuando vio a Ortellian vestido como muñeco de torta, una sonrisa se posó en sus labios. Casi se olvida que se fue de boca ayudando a Delman. 


Casi prefería que se haya ido de boca de otro modo. Casi.


Ese pensamiento fugaz y radiactivo lo deshecho, temiendo que prosperara. 


—Estas lista –Dijo Ian, con un poco de compostura fingida– Estás... muy hermosa. 


—Gracias, tú también estás muy bien, como siempre, en realidad. 


El asintió. Ian siempre iba de chalecones y ropa holgada de explorador. Pero debido a su personalidad tan suave cualquier cosa le quedaba bien.


—Connor me dijo que nos acompañaria, pero no sé porque ¿es algo que deba preocuparme?


—No, es que lo ví muy solo y quería que se diviertiera un rato –Lo miró bajar e hizo un asentimiento– ¿Es parte de la casa o no? No tengo intensión de dejar a nadie atrás, si por mi fuera venían todos...


La mentira salía fácil, años de práctica en la facultad. 


—Esta bien –Dijo, no muy convencido. En este paseo la reina manejaba la orquesta. Por lo menos así lo dictan los canones de cortesía. Fiesta para mujeres = trabajo para varones. No le hacía gracia, pero es algo que tiene que acostumbrarse y usar. 


Connor salió para fuera, con su talante de hombre de mundo concentrado en una aspirina. 


—El carruaje del señor Delman ya llegó, señor, señorita. 


Jodie se sentó en el asiento, procurando que el vestido blanco no rebelara el liguero negro de abajo. Era una imagen peligrosamente incómoda. 


El carruaje empezó a partir. Jodie estaba concentrada en la misión. La noche, vaya como vaya, era aparte. 


...



Rocio se miró largo rato en el espejo. Su cabello rojo y el vestido negro le daba una imagen de mujer fatal, pero su expresión la hacía de porcelana. Los pendientes plateados le daban un toque espectral. 


Se irguió y bajó de su departamento, en la esquina Nolai ya se estaba fumando un prensado. Cuando la vió su rostro se iluminó. 


*Gusta de mi* 


—Te ves... Ah, bueno. El carruaje ya debería estar al caer. 


—¿Por qué aquí?


—Porque las calles están agitadas últimamente, y creo que somos un blanco fácil aquí, oh bueno, eso supongo.


El carruaje no tardó en llegar. Dentro el abogado defensor Phinex y su asistenta estaban sentados. 


—Guau, Rocio, te ves... Arggh


El pie de Maebe se incrustó en su pie, a fondo. 


—Estas babeando. 


Nolai y Rocio entraron, mientras el carruaje se volvía a poner en marcha. 


—Imaginate ser un evasor de impuestos y ser invitado a la fiesta donde se te exige impuestos –Argullo Phinex– Es el colmo de la comedía. Y para cereza del pastel: con abogados en él. 


—No puedo opinar de lo que no tengo pruebas, Phinex –Dijo Nolai, con humor– Pero si, es una ironía fatal.


Rocio miró por la ventana, las calles estaban clausuradas, incluso el parque con el que veía a Bell estaba lleno de guardias. Era como un toque de queda monumental. 


—¿Tambien lo notaste no? –Susurró Nolai. 


Rocio no contestó. 


...


El capitolio se ergia como un centro incuestionable de fuerza. Es el símbolo de la ciudad donde la ley y el orden se chocan con la representación, el poder y la voluntad. La paloma blanca de todas las voluntades era su aguja. Apuntando al cielo y desafiando a todos los dioses imaginarios. 


Era un coloso moderno. 


El carruaje de Ian Ortell y Jodie fue el primero en arribar. 


Jodie bajó de allí y unos guardias los guiaron dentro de la gran estructura. 


—El capitolio fue construido hace cien años –Dijo Ian– Es lo más cercano a una institución física que jamás existió. Los seres humanos más destacables de honran aquí, y algunos pasaron por sus puertas. Desde el rey de la vieja era hasta el general. 


Jodie esperaba el remate. Algo como "y ahora nosotros" pero en lugar de ese final Ian se quedó callado. Para él no había tal final, solo el comienzo. Era una persona en constante renovación y nunca dejaría una frase completa. 


—Recuerdas lo que te dije –Jodie miraba las escaleras y pasadizos, lleno de cuadros de gente que entendía era importante– Sobre el abismo con dos ojos de pulpo. Creo que aquí yace algo peor. 


La última puerta del pasillo se abrió y allí plantado estaba Delman, a su lado Zeizo. 


Cuando Delman se giró y localizo a Ian su expresión cambió. 


—Oh, fueron los primeros, que gusto verles. 


—De nada –Ian lo abrazó– dejamos los abrigos fuera, espero no lo necesitemos.


Zeizo se acercó a Jodie. 


—Esta muy bella, señorita Fleming –Dijo tomando su mano y besándola, incluso con el guante de seda, sus labios se sentían incómodos– Espero no hayan tenido problemas por el camino, la ciudad es un caos esta noche. 


Delman soltó una risa. 


—No asustes a los invitados, Zeizo. 


El hombre se acercó a Jodie. 


—Es un honor que estén aquí, trataré de que la fiesta les sea amena. Ian ya está sobre aviso que estará a mi lado en todo momento, para presentar las obras. 


—¿Quien más está invitado? –Acotó Jodie. 


—Oh, solo gente con flema y fuego. El gobernador del sur. Algunos burócratas y funcionarios. Gente valiente. 


Un mayordomo se acercó a Connor. 


—¿Señor quiere que le deje el abrigo en el perchero? –Dijo el noble sujeto–.


Connor sonrió y negó con la mano.


—Oh no hace falta, ya lo hago yo. También tengo brazos –Se quitó el traje–. 


Jodie sonrió. Era como ver interactuar a dos científicos, ambos sabían que el otro sabía. Pero tenían que proceder por el bien común. A favor de la ciencia, a favor del humano. 


Aunque, bueno. 


Si miraban a Zeizo, parecía de todo, menos eso. 


Los demás invitados no tardaron en llegar. Varios funcionarios y un sujeto muy resuelto que resultó ser el gobernador de su distrito. Quería cruzarle para decirle unas cuantas cosas, pero se contuvo. Al final terminó saludandolo y también a varias personas que no conocía, ni le apetecía. Claramente encantados por su belleza. Había mas mujeres, una pequeña muchacha que parecía seguir a un fulano como una asistente, pero en cuanto a presencia femenina, Jodie era el plato principal. 


—Vaya casta –Soltó al aire. 


Connor se acercó a ella, con una soltura que no le había visto, aunque manteniendo su porte. 


—¿Necesita un trago? 


—Si, por favor. 


Él se acercó a la mesa y sirvió la copa. 


—Hay mayordomos aquí, Connor no necesitas...


—Si permite el comentario a tan esforzosos sujetos, son aficionados. 


Le tendió el trago y se lo llevó a los labios. 


Un hombre se acercó a ella, tímidamente. Aunque sus cabellos enpicados daban un aire rebelde. 


—Hola, me llamo Phinex Wrogh. Soy abogado. 


Le dio el beso.


—Un gusto –No lo era. 


La pequeña asistente lo tomó de la solapa del traje y la jaló. 


—No hagas el ridículo, ya suficiente tengo que cargar contigo. 


—D-disculpa a la señoria. 


Y los dos se alejaron. 


Jodie volvió a mirar a todos los invitados. 


Una mujerona que parecía al borde de los cuarenta. Un anciano. Otro anciano. Una pelirroja con pendientes de plata.


Se le quedó viendo. Era una muchacha muy bonita, pero se le notaba... Ausente. Era lo más intrigante que vio en toda la noche. Parecía estar viendo a todos, sin disimulo, sus ojos parecían querer verlo todo. Cuando inevitablemente pasó sus ojos por ella, susurró algo o eso parecía. Parpadeó y volvió a su escaneo de halcón habitual. 


Fuera de ella el otro que parecía distante era Zeizo, que miraba a todos como en una pecera de rarezas. Su mirada pasó por los de Jodie varias veces. *El abismo con forma humana* lo había bautizado en la entrada. También él veía a la pelirroja. Jodie concluyó que solo se fijó en las dos mujeres más bonitas de la fiesta con un grado de persistencia que podría traducirse como interés, aunque de la peliroja llamaba la atención sus ojos veloces de picaflor, Jodie no tenía nada más para mostrar que su carita de porcelana, así que debía asumir que Zeizo era un hombre, después de todo.


—Ojala fuese una sepia –susurro ella tomando otro trago. 


Unos bardos empezaron a tocar melodías suaves. Entre ellos se distinguía a una que llevaba un maquillaje blanco con dibujos intrincados entre los ojos, parecía un payaso. 


Los trovadores pasan entre la multitud. La mujer con pintadas se acercó a ella y le tendió una flor. En la gran gorra que tapaba su cabello se percibió un tinte albino. 


Tomó otro trago, "fondo blanco". 


Su corazón dió un vuelco. 


—Esa chica es... 


Delman tocó el cristal de su copa. 


Los trovadores dejaron de tocar. 


—Las cosas –Empezó, Ian Ortell estaba a su lado– A su orden. Hoy los he reunido principalmente para hablar de un proyecto que un buen amigo mío está construyendo, la gran estructura, que podrá verse desde la plaza Salty. 


Jodie ya había visto los planos así que no le mostró interés. Su mente divagó en el hecho de que la trovadora Grace de los mapaches estuviese allí. Esto podía ser muy malo. 


*Rodia, ¿estás aquí?*


Tal vez se imaginaba cosas. Tal vez solo venía en calidad de músico. Era su especialidad después de todo. 


Volvió a mirar el rincón de trovadores. Allí la mujer se hallaba sentada, rasgando las cuerdas, los demás le susurraban algo, pero ella parecía abstraida. Después de una o dos copas empezaron a reir, pero ella seguía sería. 


Se giró. Ian Ortell enseñaba los planos de la gran anfiteatro móvil. Parecía orgulloso. Otra punzada le atravesó el corazón. Ese muchacho tan resuelto en su juventud estaba frente al lado del gobernador de la capital cumpliendo su sueño, ¿Por qué no podía sentirse feliz?, Si quitamos todo el mal rollo de las personas con las que trabaja, ¿no debería sentirse bien por él? ¿Acaso tenía envidia?. Jodie recordó el trato que su padre le daba a Ian, era como su hijo postizo. Mientras que a Valdren lo trataba como un empleado aplicado. Será ese el punto de no retorno, quizá. Por qué siempre tenía que ser su condenado padre. 


Tomó otro trago. 


—Y bueno, ya que está todo dicho es hora del banquete.


Connor sugirió que se sentaran en una de las varias mesas. 


Cuando vió la comida recuperó el apetito.


Miró a la fila de trovadores, allí ya no estaba Grace. 


Una pieza fuera de lugar. 


Un hombre empezó a hablar acaloradamente con Delman, aunque desde su posición no podía saber lo que decía. Se fijó en la peliroja, aunque ya no movía sus ojos frenetica su mirada ausente no desaparecía ni cuando comía. Era una muñeca móvil. Sin expresión. 


Después del banquete los trovadores volvieron a aparecer, entre ellos, Grace. 


Todos se pusieron de pie y empezaron a elegir pareja. 


—Toca bailar, señorita –Connor lo sabía.


Ella tomó su mano y empezaron la danza, lenta, ceremoniosa. 


—¿Algo le preocupa?


—Muchas cosas me preocupan, pero ahora mismo estoy bien. 


Los demás bailaban. La asistente del abogado bailó con él, aunque parecía desganado. Delman estaba bailando con la muchacha peliroja ahora, su mirada ausente no la dejaba ni con el ritmo y la melodía. 


Connor soltó su mano,


Ian Ortell la tomó –Hola– dijo con una sonrisa.


El baile se hizo más lento. 


—Espero que lo estés pasando bien –Confesó Ian–. 


—¿Tu lo estás?


—Por supuesto –Dijo con una tristeza velada en sus ojos– Después de esto quiero encerrarme en mi estudio y dibujar. 


Jodie esbozó una sonrisa. 


—Siempre quisiste esto, ser... Relevante para la sociedad, lo estás consiguiendo. Deberías estar orgulloso. 


Una tristeza velada se asomó a su rostro. 


—Si, tengo todo lo que quiero, bueno... Casi todo –Jodie giró y se arrimó más cerca de él– Solo me falta algo para completar mi vida.


—Ian, no empieces. 


—No empiezo, pero quiero terminarlo...


En ese momento varias parejas cambiaban de manos, un hombre tocó el hombro de Ian y este se giró. 


—Me permite la pieza. 


Ian miró a Jodie, ella asintió. 


—Por supuesto –Dijo Ian, que tomó la mano de la peliroja–.


Jodie bailó con él sin verle la cara, fijándose en Zeizo, que bailaba con una señora de armas tomar, con esas caderas. 


—Te conozco. 


—¿Disculpa?


El sujeto sonreía. 


—Eres Jodie, ¿no? Jodie Fleming, te conozco.


El sujeto sonreía, a Jodie no le cabía duda de que era un arrogante. 


—Todos lo hacen, mi padre es el arquitecto más famoso de la ciudad. 


Él negó.


—No, te conozco de verdad. Hace unas semanas te vi en el bar de la comadreja. 


Jodie abrió los ojos. 


—Te gusta el trago.


—¿Ah si? Allí no iba maquillada, que sorpresa que me identificaras, además estaba tirada contra la mesa. 


—No me olvido un rostro, y el tuyo es, bueno, como la primavera, se ve venir.


—¿Que rayos significa eso?


Jodie contra su voluntad esbozó una sonrisa. 


—Si estabas ahí entonces también eres un borracho, ¿como se llama el señor?


—Nolai, Parish. Soy un vil funcionario, conocido como abogado.


—Ah, otro de esos tontos a favor de la ley, que corriente. Tu compañero me saludó hace un rato. 


—Yo defiendo al acusado, así que soy mucho más vil que mi compañero. 


—Lo que digas.


Ese sujeto le había hecho reír. Era un patán, pero al menos divertido.


—Dime Jodie, una persona arisca, perceptiva, que no se fia de casi nadie y además baila con un patán, ¿que hace aquí?


Nada mal.


—¿Todo eso sacaste con verme recién? Que prespicaz.


—No te quité ojo en toda la velada. 


—¿Teniendo novia ves a otra chica? Que atrevido. Yo también te vi, pero no te pesqué en absoluto, tu novia es más interesante. 


—Es mas interesante que los dos, pero ahora estamos hablando de nosotros.


Jodie soltó una risa amarga. 


—¿En serio eres tan tonto de creer que vas a conseguir algo conmigo solo por soltar una frases y decirme que usas tu cabeza? ¿Te crees que estoy tan necesitada? Eres muy gracioso.


—No parecía muy feliz con ese idiota.


Le piso un pie. Nolai gruño pero siguió moviéndose. 


—No es un idiota. Te permito libertades, hasta cierto límite. Empieza de nuevo, Nolan. 


—Esta bien. No se te veía feliz con el arquitecto. Se ve bastante aburrido. Los monotributistas son lo peor. 


—Dios, que clase de obra de segunda te viste. Eres irritante. 


Siguieron bailando. 


Jodie miró por primera vez al resto, no podía creer que ese sujeto la haya distraído por tanto tiempo. 


Ya casi era el momento.


—Bueno, tengo que dejarte. Otra persona se acerca con una gran vibra, disfruta de él.


Nolai soltó su mano y Zeizo la tomó. 


El hombre le sonrió. Jodie tragó saliva.


—¿Se esta divirtiendo? –Su voz sonaba con un carrapeo molesto. 


—Interesante, como poco. 


Miró para otro lado. Trató de concentrarse en el resto de invitados. Incluso el abogado le pareció interesante.


—El mayordomo de Ortellian sabe bailar, es bueno con las piernas, ¿no cree?


—Ah, si. Se presume que un hombre dedicado al servicio tenga esas habilidades, es parte de su protocolo de emergencia. 


—¿Y que más conoce? 


Le dió una vuelta, no le gustó ese tono. 


—Tendrias que preguntarle. 


Dio otra vuelta más.


—Tu también tienes buena marca, te noto más... Armada, para esta situación.


Lo sabía. Como no. Sabía que tenía la daga debajo del vestido. 


Maldijo por lo bajo. 


—¿Es por protocolo también?


—Emergencia. 


La daga le mordía el liguero, en un susurro que le invitaba a clavarsela en el corazón. Para ver si sangraba. 


—Procura no moverte mucho entonces, solo en caso de verte en un giro inesperado. 


Jodie no contestó. Zeizo siguió bailando un rato más, hasta que Delman pidió el relevo. 


Después de un par de pasos, Delman soltó un comentario abierto. 


—Bailas bien. 


—Gracias. Aunque no tengo muchas ganas ya.


—¿A que se debe?


—Digamos que estoy un poco preocupada por el estado actual de mi distrito, por eso me gustaría hablar con el gobernador Feiman y clavarle una daga en el costado. 


Delman se rió. 


—Eres muy graciosos, Jodie.


Jodie le miró, su sonrisa parecía de verdad. Su corazón parecía latir al son del compás.


—Dime la verdad... –Dijo como deseando que sea cierto– ¿De verdad te preocupa esta ciudad? ¿Crees en serio en tu propuesta?


Era una súplica escondida. Deseaba que por una vez no fuese verdad su sospecha. 


—Claro que si, ¿porque habría de mentir? Soy el gobernador, Jodie, todo aquí es mi responsabilidad. 


Jodie le miró a los ojos con tristeza. La tristeza de no saber bien que se esconde. Él era guapo y abierto. Abiertamente oxigenado, como un vaso con agua. Si lo besase ahora, se ruborizaria, pero no la tomaría de regreso. No se acercaría a sus labios para reclamar más. Ian tenía más fondo romántico. Este hombre parecía demasiado puro... Demasiado. Ni siquiera para una novela de infiledidades serviria. 


—¿Que sucede Jodie?


—No es nada. Es solo que desearía que fueras más... Olvídalo.


El hombre sonrió. 


—El amor a veces te muerde y no te deja nunca –Dijo con una voz más severa que no le había escuchado hasta ahora– Eres hermosa; todas las mujeres lo son, pero no soy un animal. Soy un político y a veces, eso puede ser más insultante.


—No estoy enamorada de nadie. 


—Lo sé. Pero yo sí. 


Jodie abrió los ojos. 


*¿Acaso eso era verdad?*


—No me digas que enamorado del pueblo, ya sería el colmo. 


—No. Una mujer. 


Jodie le miró con sorpresa. No mostraba ningún interés en ella, eso era sabido, y explicaría la distancia. 


Le susurró algo más. 


*Ella está aquí*


—A veces es mejor dejar las espinas clavadas. 


La soltó. 


Los invitados empezaron a aplaudir. 


Pero faltaba gente. Las ausencias más alarmantes eran la peliroja y Zeizo.  


*Espinas*


Empezó a hacer cálculos. 


Delman se quedó hablando con Ian.


Jodie llamó a Connor. 


—Acompañame al baño. Tengo que hacer del tres.  


Era la hora.


...


—A donde se dirige, señorita? –Dijo el guardia


—Oh, quiero ir al baño, este encanto de aquí atrás es mi guardaespaldas –Dijo Jodie mientras tocaba el pecho del hombre *tragatelo, por favor* –¿Que dices? Nos dejas pasar o –Se acercó a su oído– ¿Tengo que hacer algo que no está en los modales de etiqueta? 


El guardía se puso tensó. Sintió su piel de gallina. 


—Pasen, pero que sea breve.


Jodie y Connor salieron al pasillo, caminando a paso seguro. 


—Perdón por lo de atrás, pero fue necesario. 


—No se preocupe, la conozco. Esto no es lo suyo, pero son aficionados.


Jodie sonrió, mientras sacaba un mapa. 


—Donde estan todos es el salón principal, el vestíbulo está en el ala este... De acuerdo a la instrucción del viejo, la llavesfera originalm estaría...


Abrieron la puerta que lleva a la sala de los espejos.


Era una habitación grande plagada de estatuas y decorado con espejos, Jodie podía verse reflejada por toda la habitación. 


—Señorita, esto es...


—Si.


Se acercó al mármol tocado por sus manos. 


—Esto lo diseñó Ian. Tiene su estilo. 


Connor asintió. 


—¿Sugiere que está aquí?


—Eataba. Ya no está. Es un decorado vacío. 


Se alejó de allí, Connor le siguió. 


Abrieron otra puerta, era la sala de audiencias. Otra, el archivo, lleno de tratados. 


—Señorita, no espera que sepa dónde está...


Bajaron por unos escalones. Se escuchó un sonido sordo. Ambos se frenaron en seco. El sonido persistió, hasta que se detuvo. 


—Sigamos. 


Los dos bajaron hasta otra sala de audiencias. Jodie consultó el mapa y luego miró a Connor. 


—Este lugar no figura en el mapa. 


—Sigamos... 


Connor guío a la chica por una escalera angosta. Subieron hasta encontrarse en una escalera angosta. Allí habia dos habitaciones a los costados, pero la más importante estaba al fondo. 


La puerta se abrió. 


Connor se detuvo. Jodie no dio tiempo y abrió la puerta de la derecha. 


Un par de pasos se escucharon. Pisadas suaves, mediadas por el sigilo. Después de unos segundos se dejaron de oir. 


Jodie tuvo un presentimiento. 


*Rodia*


—Son los Mapaches. 


—¿Los bandidos?


—Nada. Sigamos. 


Los dos entraron a la última estancia. Allí una gran vidrieda resaltaba junto con una estantería enorme en la pared. Varias candelas con luces iluminaban el salón, demás ordenado. 


Connor se acercó a la ventana. 


—Este es el despacho del señor Delman. 


Jodie miró los libros; llenos de economía, finanzas y algunos ensayos sobre soberanía. Jodie sacó uno, era el libro de un tal Marquinavelo. Un famoso erodes que jugó entre dos bandos con sutilezas. 


Connor cerró los ojos y exhaló.


—Cuando la lealtad se enfrenta al porvenir la desidia oculta su perfume. Es una de las tantas citas que el señor Delman me dijo, estando aquí, aquella vez que vine con el amo. Aquí es donde me ofreció ser su mayordomo.


La miró, Jodie tenía una determinación en su rostro. 


—Aquí me quería traer ¿o no? –Sugirió Connor, con un temor en la voz. 


—Los mapaches estuvieron aquí, buscando la llavesfera, ñ y no encontraron nada. Porque salvo Delman y usted conocen donde se oculta la cámara.


Delman se puso pálido. Estaba en lo cierto: en aquella ocasión no lo quiso admitir, pero el ojo clínico de Connor fue lo suficientemente sagaz como para identificar un patrón en la habitación.


Connor tomó una candela y acercó sus manos a un libro. Tiró de él. Luego otro. Y luego otro. Después se acercó al despacho y bajo la mesa presionó un botón. Jodie seguia todo con un fuego persistente. 


Finalmente Connor tomó el libro que Jodie tenía en las manos y leyó una cita. 


—Los que no están dispuestos a morir por la causa, no deberían ser considerados capaces de ver el verdadero tesoro. La esperanza no está en la cabeza, sino en el pecho. 


Recordó lo que Delman le susurró a Jodie


*Sigo enamorado*


Notó un destello verde y la estantería de libros se abrió. Detrás de ella un cristal grande conectaba con la estatua de un hombre, que tenía en sus manos la gema. 


—El general... 


Jodie se acercó allí. 


Tomó la daga en el liguero de su pierna y apuntó al centro del vidrio. 


—Connor, retrocede.


Calculó el sitio correcto. 


Y lo clavó.


El vidrio empezó a resquebrajarse y partirse en varios pedazos. El sonido fue portentoso, imposible que no lo hayan escuchado. 


Miró el rostro marmolado de la estatua y tomó el cordón del amuleto. 


—S-señorita. 


Jodie se giró. 


Los ojos de Zeizo se posaron en los de ella. 


—Fleming, no creo que su amigo tenga de buena fe que usted robe al gobernador. 


Jodie apretó la pieza. Zeizo tenía una espada corta en el cuello del hombre. 


—No quiero lastimarlos, así que le sugiero que suelte el amuleto y vengan los dos al vestíbulo. Ya es hora de despedirse. 


Jodie se acercó a Zeizo y le tendió la mano, el cordón del amuleto cayó como un péndulo. Zeizo aflojó la mordida de su espada. 


—¡Connor, agáchate!


La daga rozó el rostro de Zeizo, cortandolo, Connor se le escapó y sintió un impacto en su pecho. 


Jodie presionaba la otra daga entre su pecho.


Zeizo sonrió. 


Jodie bajó la cabeza. 


—No sangras...


—Hace mucho tiempo que eso dejó de ser un problema. 


Jodie notó la cara del hombre plagada de cicatrices. Se desplomó al sentir un impacto en su nuca. Connor también se desplomó. 


Zeizo se quedó de pie, quitándose el cuchillo y sonriendo, con un chiste interno que nunca llegó hasta sus ojos. 


Los guardias los tomaron. 


—¿Con el resto? 


Los ojos de Zeizo miraron al guardia como si hubiera dicho una blasfemia. 


—No. 


Miró a Jodie y su expresión volvió a cambiar. Con una diversión velada. 


—Se me ocurre un lugar mejor. 


... 


[Una hora antes]


Los invitados ya estaban todos en el vestíbulo. 


El guardia que hacía guardia fue silenciado por Riven. 


Bell y Arabella les siguieron detrás. 


Riven bajó por el techo y se coló junto a ellos. 


Todos estaban dentro. Con un traje y pajarita todos entraron al vestíbulo.


—Ignorar a los invitados, solo pasen entre ellos –Susurró Riven con tranquilidad tomando una copa que le ofrecía un mayordomo– Disfruten de la fiesta. 


Rodia y el resto se quedaron en medio. 


—¿Ahora que? –Dijo Bell, desconcertado. 


—Ahora a esperar, Billy nos dará la señal –Dijo Arabella –Como dijo Riven, vamos a esperar. 


Arabella guío a los chicos a una mesa vacía, en la esquina. 


Los tres se sentaron. 


—Esto es lo más cercano a una boda que estuve nunca –Concluyó la chica. 


Rodia miró a los invitados y su corazón se saltó un latido. 


La chica enjollada con cabellos castaños. No podía ser otra. 


—Jodie. 


Arabella miró a donde Rodia,


—Asi que esa es la laboriosa mujer que tanto hablas. Mírala, juntandose con los pajarracos y los cogotudos –Tomó un trago que estaba en la mesa– Te lo dije, ahora pertenece a ellos. 


—No es así, tal vez es una coartada o no tuvo alternativa. Ella fue a ver a un arquitecto famoso, así que seguramente haya venido y ella lo acompaña. 


—¿No es igual? 


—Basta, Arabella. Ella es mi amiga, te lo aclaré. 


La chica hizo una mueca, y se calló. 


Bell se posaba encorvado. 


—Que aburrido, solo pelea de parejas. Espero que Billy llegue pronto. 



Riven se acercó a los trovadores, entre ellos una con maquillaje de bufona y la beso. El resto de bardos hizo la vista gorda y otros aplaudieron. 


—Te sienta bien el blanco. 


—No seas ridículo –Sonrió– Los conté, no hay guardias en los pasillos, así que Billy podrá desplazarse. 


Los trovadores se movieron y empezaron a tocar. Los invitados empezaron a bailar, se veía a Delman tomando la mano de una mujer y a Jodie bailando con el Mayordomo. Grace iba a tocar el laud pero la mano de Riven se posó en la suya. 


—Si me permite la doncella, ¿me permite esta pieza?


La chica resopló, si dijera que esa osadia no es la razón principal por la que está con él sería mentira. 


Grace tomó la mano de Riven y los dos empezaron a bailar, detrás de la columna, alejados de la vista de todos. 


O eso creían. 


.


Bell se quedó con la cabeza agazapada entre sus manos, exasperado, sin prestar atención a nada. A su lado Rodia miraba a las parejas. Mientras los demás bailaban pensó compartir la pieza con Arabella, pero era demasiado arriesgado. Solo miraraba la expresión de Jodie con Delman mientras compartían el número, y se decían cosas al oído. 


Arabella miró a Jodie y luego a Rodia. 


—Lo siento. 


Él se giró. 


—¿Por qué?


—Por lo que dije antes –su expresión cambió– No debí decir eso de Jodie. Me ganó el impulso. 


Rodia se dio cuenta, la batalla de la muchacha no era solo física, la tensión, el ambiente. Todo la estaba quemando. 


No estaba en su elemento. 


—No te preocupes. Es difícil para mi también esto, ya falta poco para el siguiente plan de la misión ¿está bien?


Ella asintió con una mueca de dolor. 


*Este lugar pone depresivo a cualquiera* Tomó un trago. 


—¿Bell? –Dijo Arabella.


Rodia miró al chico, sus ojos se abrieron como platos. 


—Que demonios, ¿Rocio? 


Rodia se giró, la mujer con el cabello pelirrojo bailaba con un sujeto con una mirada inquietante. 


Bell se paró. 


—No, no, te quedas aquí –Rodia lo detuvo. 


La pareja detuvo su danza. Después de un segundo la peliroja se alejó del salón. 


—¿Esa es la chica que me decías estar enamorado? –Le pregunto Rodia. 


El hombre que la acompañaba en el baile fue a su misma dirección. Rodia notó un destello brillante en sus manos. 


*Tiene que ser una broma*


Bell se dio cuenta y se escabullo de sus brazos.


Rodia golpeó la mesa. 


—Maldicion. 


Arabella y él corrieron tras Bell.


—Quedate aquí, tienes que avisar a Riven


—Voy contigo. También es mi responsabilidad.


La mirada de la chica no aceptaba réplica.


*Al demonio*


Rodia corrió por el pasillo y Arabella le siguió por detrás. 


.


¿Donde están los chicos? –Grace se giró a la mesa– ¿Billy dio sobreaviso?


—No. Dijimos que se reuniría con los trovadores. 


—Dormimos Riven, ¡vamos!


Los dos se alejaron de la sala hacía donde Rodia se perdió. 


—Donde demonios... 


En el pasillo el ambiente se puso más opresivo. 


Billy apareció corriendo. 


—Oh aquí están, el pasillo está despejado. El despacho de Delman está en el ala este, vengan. 


—¿Billy haz visto a Arabella y Rodia? –Grace lo detuvo– se perdieron. 


El chico negó con la cabeza. 


—No podemos irnos sin ellos. 


—Voy a buscarlos –Acordó Billy– Después nos reunimos en la guarida. 


Riven y Grace corrieron donde les indicó su compañero. 


—Este lugar siempre me dio mala espina –Acotó Grace– Desde que era joven 


—No sabía que habías estado dentro antes. 


—Tengo que estar en todos lados, es mi trabajo. 


Los dos se pusieron en la esquina cuando escucharon un estruendo. 


—¿Crees que hayan sido...? –Preguntó Grace.


—Cualquier cosa es posible. Vamos. 


Los dos hicieron el recorrido llegando al despacho. 


Riven sacó a torbellino y empujó la puerta. 


—Que bonito –Aclaró– Parece que no somos los únicos que estuvimos aquí –Miró la daga al lado de la puerta– buena pieza. 


Grace miró el lugar, los libros y la ventana. 


—Hora de inspeccionar –Dijo Riven–. 


Pusieron el salón patas arriba. 


Después de un momento los dos se cansaron de buscar.


—No está aquí. Maldición –Miró por la ventana– Hay varias habitaciones más que podemos buscar.


Grace se quedó absorta en un punto de la estantería. 


—Hay algo detrás de la madera... Puedo sentirlo... No... Está en el ambiente...


—¿Cariño?


Grace se giró. 


—¿Estás segura?


Ella asintió. 


Riven tomó la hoja y con una precisión inaudita clavó la espada y abrió la biblioteca en dos. 


Detrás de ahí una gran estatua se encontraba. 


Grace se acercó más. Miró la estatua del general. 


—Caro. Pero no tiene lo que buscamos –Dijo Riven–. 


Grace asintió y cuando se giró empujó a Riven. 


Una daga impactó en el cristal del fondo. 


—Zeizo –Riven apuntó su espada hacía la suya. 


—Los mapaches restantes. 


*¿Restantes?*


—Esta noche no podía finalizar sin los líderes con sus cabezas en una pica –Zeizo soltó una finta– 


Los dos empezaron a enzarzarse en una batalla con espadas. 


Riven era más hábil, pero Zeizo no se cansaba. Después de una finta que debería haber penetrado carne, Zeizo se rió. 


—¿Eso es todo lo que tiene el gran jefe?


Atacó y en ese momento Grace salió al paso con un cuchillo corto. 


—Si quieres nuestras cabezas, vas a tener que sudar más, malnacido –Acotó Grace–. 


Los dos se pusieron en posición. 


—Está bien, podemos jugar a ese juego un momento. 


Zeizo atacó y los dos le frenaron, después de unas cuentas fintas, Zeizo recibió varios cortes, pero no cedia. Grace lo apuñaló, pero sintió su daga atravesar manteca. 


—¿Que... demonios eres?


—Tu peor pesadilla.


Zeizo sacó una daga corta y se la clavó en la pierna. Grace gritó y retrocedió. 



—Maldición –Riven atacó con torbellino, se lo clavó hondo en el corazón y lo empujó contra la pared. 


Grace con la vista nublada veía como la hoja de Zeizo atravesaba el costado de Riven.


—¡No! –Gritó desde el fondo de su garganta. El grito se sintió como un rugido. 


Los guardias llegaron. 


Zeizo empujó a Riven hacía atrás, él seguía de pie, pero dejó caer la hoja. 


Los guardias con las ballestas apuntaron a Grace que estaba sobre la ventana. 


Y dispararon.


Grace sintió su cuerpo caer varios metros y girar. 


El impacto llegó. 


Grace, con la cara blanca y roja miró el rostro de Riven. Varios cristales se le incrustraron en la espalda durante la caída. 


Riven sonreía.


—¡No! ¡No! Ni se te ocurra...


La mano de Riven se elevó y le secó los ojos. 


—No llores payasita, ya pasó... 


Sus ojos vidriosos se vaciaron de luz. 


Plaf.


Su brazo cayó a su costado.  


Grace exhaló un suspiro ahogado, su cara se ocultó entre el cuerpo de Riven, sin vida. 


Los guardias empezaron a rodearla. 


Unos pasos se escucharon desde el fondo. 


—Les dije, que no servía de nada jugar a ser guerreros.


Delman miró a Grace de rodillas. 


Los guardias la tomaron y se la llevaron. 


Delman se quedó mirando a Riven. 


La lluvia empapaba la sonrisa velada del último mapache. 


—Te quedaba bien el traje –Remató Delman. 


Y se fue. 


...


[Una hora antes]



Una rosa estaba en la mesa, era una señal. 


Rocio miró al resto de los invitados. Ya se había fijado en todos ellos. La más destacable junto al gran mago era la muchacha de pelo castaño, que también tenía una mirada calculadora. 


—¿También lo notaste verdad? –Susurró Nolai a su lado–. Ella asintió. Habia varios personas que no estaban invitadas mezclados en la multitud, entre ellos, él. 


Bell. 


Tomó un trago. No se había percatado de su presencia, era imposible que de hacerlo se contuviera y no fuera tras ella. 


Mejor así. 


Lo que sea que hagan los mapaches no le incumbia. Solo estaba allí para asistir a Nolai y los demás abogados. 


—Que fiesta más aburrida –Declaró Phinex– nadie quiere hablar con nosotros 


—Es porque estás tú –Declaró Nolai– No debiste haberte acercado a ella –Señaló a la mujer de castaño– Es un peligro andante. 


—¿La conoces acaso? 


—Solo digamos que tuve el gusto de verla en una situación comprometedora, no es lo que parece –Nolai echó el humo– Delman está demasiado ocupado hablando con ese idiota. 


—¿El arquitecto?


—No me trago que nos haya invitado solo para mostrarnos el nuevo juguete turístico, pero tampoco parece insistir en otra cosa. 


Los demás empezaron a bailar. 


Maebe presionó a Phenix para ponerse a bailar. 


Nolai sonrió. 


—No necesitas pedirlo –Dijo ella con tono neutro– sácame a bailar. 


—Creí que no te gustaría el ritmo. 


—No me gusta, pero no queda de otra, además tienes un plan. 


—Como me conoces. 


Los dos se tomaron de la mano y empezaron a bailar, lento. Rocio notó cómo Nolai se ponía ligeramente más tenso, nervioso. 


—Se te nota –Declaro Rocio con su expresión seria –Te está gustando esto. 


Sintió la mano de él en su cintura. 


—Rocio... –Susurro. 


—Calla –Le tomó del cuello– sigamos un poco más. 


Los dos bailaron un poco más. Su corazón empezó a sentir algo parecido a una sensación cálida. 


Luego de separarse empezó a bailar con el arquitecto. El chico era tímido y parecía acomplejado, le evitaba la mirada. Se mantuvieron así hasta que cambiaron de pareja. Delman tomó su mano. 


—¿Lo estan pasando bien Nolai y tu? –Susurró a su oído. 


—Es pasable – Su tono no cambió – Decente.


El hombre se rió, su risa era demasiado alegre para ser auténtica. 


—Siempre me pregunté cómo sería bailar contigo, no porque lo deseara, pero eres muy interesante, Roxy. 


—No te di permiso para que me llamaras así. 


—Lo siento, no quería incomodar. 


—Solo sigamos bailando. 


—Dime ¿Te gusta Parish?


La chica se lo pensó un segundo. No sabía lo que significaba amar. Pero después de unos momentos recordó la sensación en su pecho. 


—No está descartado. 


La respuesta sastisfazo la curiosidad del gobernador. 


Delman la soltó para bailar con la chica de cabello castaño y ella se detuvo en seco.


Zeizo le tomo la mano. Su seriedad empataba con la suya. La expresión era lo mismo. Pero ella era un río en una presa. Detrás de su pasividad no parecía haber nada. 


Los dos empezaron a bailar, rígidos, como si el contacto de uno quemase al otro. 


Rocio recordó la sensación intoxicante, y por un momento sintió miedo. 


El hombre sonrió. 


Siguieron bailando en silenció. 


Su temblor fue en aumento. Había algo que no cuadraba, pero no podía saber el qué.


El hombre siguió sonriendo. 


Rocio siguió sería. 


*¿Acaso es otro...?*


Lo pensó, varias veces. La idea de que sea un médium la ponía tensa. Pero había algo en el fondo que no cuadraba. 


No era solo la expresión de mentira, que ella también tenía. Sino los ojos. Eso es lo más desconcertante. 


Recordó a Eric. 


Soltó su agarre de súbito. 


—Fue un placer –Dijo el hombre con una sonrisa. 


Ya sabía la verdad. 


Se acercó a la mesa y tomó un trago. Miró a Nolai con la mujer de cabellos castaño. 


*Deberia avisarle... Debería...*


Pero se detuvo al verlo tan pegado a la muchacha. Tuvo un raro presentimiento. 


Y se alejó de allí. 


Le aviso al guardia que iría al servicio. 


.


Nolai no perdía de vista a Delman, ni cuándo tomó las manos de la chica ruda. Le hizo gracia su réplica. Creyó que le estaba coqueteando, pero en realidad era todo una caortada.


*No ligo tan mal*


Cuando se separaron y ella se fue, se volvió a sentar junto a Phinex. 


Delman e Ian se sentaron junto a ellos. 


—Como les va caballeros. 


—Excelente –Dijo fumando– Así que todo el cotarro es para presentar el teatro en la plaza, un poco costoso no crees? Podías haber enviado una felicitación y ya está. 


—Asi sería más divertido, además... Verlos todos juntos siempre es bueno. 


*Lo que digas*


Volvió a pensar en Jodie Fleming. Ella estaba alerta, mirando para todos lados. ¿Que buscaba? Su novio idiota estaba allí, podría preguntarlo directamente. Miró hacía donde se había ido la muchacha. Ya no estaba en el salón. *Tampoco el sujeto con puntas de mayordomo, ¿es una situación de amantes? De ser así lo tienes jodido, muñeco* dijo mirando a Ortellian. 


—Parece que tu pareja tiene un asunto que atender –Soltó–. 


—Muchos tienen asuntos que atender –acotó Delman por él– las damas se asean. 


*Rocio no está*


Siguió fumando el prensado. 


—Dime –Delman cambio su tono– Notaste algo interesante 


—¿A que te refieres?


—Algo raro, en la fiesta. 


*Los mapaches* 


—No. Todo en orden. 


—Me alegro, ya van a traer la tarta de manzana. Era el plato favorito del general, ¿lo sabían?


—Inventos –Declaro Phinex– Su favorita era la de zanahoria. 


Delman por primera vez en toda su vida, o así creyó Nolai,  miró a alguien con auténtico desprecio. 


—Eso es porque no le conocían, tenía un corazón agradable, su pecho era su mejor arma. 


Dicho esto se tocó el pecho. 


Nolai se fijó en el collar. 


*Será el famoso collar del gobernador*


—Oh veo que te diste cuenta –Delman sacó el relicario metálico–.


—Que bonito –Dijo Maebe sin contenerse– Debe valer mucho. 


—Si, vale mucho, pero su valor sentimental es mayor. Este es el mismo que le dio al Rey, según la leyenda. 


—Apasionante –Declaró Nolai– ¿Por qué nos lo muestra? 


Ortellian carraspeó. 


—Las chicas se tardan mucho ¿no?


Se escuchó un tronido. 


—No te preocupes Ian, Jodie estará bien. 


De inmediato Nolai supo que algo no iba bien. 


...



Rocío bajó por las escaleras. 


Las sentia pesadas. 


Se quitó los zapatos y empezó a correr por toda la sala. 


Abrió una puerta. 


Un montón de reflejos suyos proyectaban su imagen.


Tocó la figura marmolada de la mujer que estaba allí. 


—Por fin podemos tener una cita a solas.


Zeizo cerró la puerta. 


En ese momento los ojos de Rocio destellaron con luces celestes 


—Alejate –Dijo


Zeizo se acercó más a ella y en ese momento alguien lo empujó. 


—No.


—Quien te crees que eres? Idiota déjala en paz! –Bell sacó la espada y fue tras el. 


El hombre levantó la mano y detuvo su hoja.


Rocio corrió tras él y un rayo estalló en toda la habitación. 


Ella cayó. 


—¡Sueltalo! –Rodia apuntó Lumenar contra Zeizo– ¡o habrá consecuencias!

 

—Rodia... –Arabella se acercó con cautela – ¿Tu espada acaba de lanzar rayos?...


—Te lo explico después 


—No habrá un después –Dijo el hombre que agarró a Bell del cuello– Despidete de tu amigo. 


Los ojos de Zeizo se iluminaron por un segundo proyectando imágenes de gente en el suelo. 


Soltó el agarre de Bell y este se escabullo. 


Rocio tocaba su sien con sus ojos brillando contra los de Zeizo.


—¡Vamonos! –Declaro Rodia pero un birote pasó rozando su mejilla– los guardias la están aquí. 


Zeizo se acercó a Rocio, Bell le clavó la espada en el pecho y este le apartó de un manotazo. 


Arabella estaba rodeada de guardias, Rodia la miró al siniestro sujeto que se acercaba a la mujer. La energía que se desprendía entre ellos era tan lugubre como flores marchitas. El vidrio entre ellos se partió y rocío cayó al suelo. 


Iba a matarla. 


Arabella cayó al suelo presionada por varios guardias. 


—¡Maldicion! 


Apuntó contra Zeizo y disparó una luz rojiza constante. 


El impacto fue directo, Zeizo empezó a gruñir pero no detuvo su marcha. 


Rocio vio como su rostro se descomponía pero aún seguía avanzando. 


Los rayos fueron tan potentes que hasta ella recibió un calambrazo. 


Lo guardias de atrás se quedaron afectados. 


Zeizo no cedia. 


Su rostro ya era una vela apagada, pero seguía avanzando, arrastrándose.


Rodia soltó la espada y se desplomó. 


Rocio sintió como sus manos llenas de estética la encontraban y presionaba su cuello. 


—Ahora por fin te de tengo...


Las luces se apagaron. 


Sintió como el aire abandonaba sus pulmones. 


El filo de una hoja atravesó de nuevo el pecho del hombre, pero no se detuvo. 


Olía a carne incinerada. 


—¡Dejala! 


Rocío le dio un shock de luz a Bell y este se alejó tambaleándose. 


Ya no sentía las piernas ni los pies. 


El campo de flores, la plaza. 


*Lo siento, madre*


Las flores se marchitaron. 


...


Todos fueron corriendo al oir los estruendos en la sala de los espejos. 


Nolai sintió el aroma a carne quemada y metano en el aire. 


Una tira de cuerpos yacia. 


Un chico sosteniendo una espada en el centro. 


Un joven llorando encima de un cuerpo. 


Sus rodillas flaquearon. 


—No... 


La mujer tenía los abiertos. 


No había nada allí. 


El chico seguía sollozando encima del cuerpo. 


Nolai sintió como el mundo se desmoronaba. Después se otro aplastamiento.  



PARTE VII


Qué fácil es, para una rosa morir. 


No se oye ningún lamento.


Qué duro fue, para tí sobrevivir, después de otro aplastamiento. 



...


Nolai no veía nada. 


Estaba tirado en medio de su departamento. 


La araña que no salió antes tampoco saldría...


Las conexiones en su mente terminaron haciendo cortocircuito y no podía ver nada. 


Pero ella si salió, bajo por la pared, lentamente. Pasó por el rincón hasta el suelo. Después de unos pasos vacilantes tocó un tejido. Era piel. Sus patas pasaron por encima y empezaron su recorrido, lento, por el resto del cuerpo. El sonido le indicaba que había vida debajo de toda esa piel, pero que no atacaría. 


Siguió subiendo hasta tocar el labio, y luego los ojos. 


Llegó hasta el cabello y bajó pasando del otro lado de la pared. 


Nolai seguía echado, con los ojos abiertos. 


Las conexiones le fallaban, y no podía mover nada. 


Recordó como Phinex le sujetaba y lo abrazaba, como Maebe pegó un grito de dolor. 


*Estúpida niña* 


Estaba enfadado. Con ella, con Phinex, con él mismo. Por no conseguir llegar a tiempo. 


Algo tan simple como darle alcance a una persona. 


No fue capaz, así como no fue capaz de hacerlo con Eric. 


¿Pero que iba a hacer? Si las habitaciones no son transparentes.


Por más que desee, no podría hacer que los muros caigan a voluntad,


Y ahora que habían caído, no podía volver a erigirlos. 


Estaba destrozado. 


La araña siguió ascendiendo y él se quedó en el suelo, sin entender como ponerse de pie después de otro aplastamiento.


...



Lumenar volvía a estar fuera de su alcance. Recordó el rostro de Arabella, cuando el rayo le atravesó el pecho. 


—No puedes culparte –Dijo El gran mago– Hiciste todo lo que pudiste, si lo hubieras matado


—Era defensa, él la iba estrangular a la mujer. 


—No estabas invitado, perteneces a un grupo de bandidos y encima atacaste a la mano derecha del gobernador, ¿crees que tenías las de ganar? 


—Da igual, ya no importa. De todos modos estoy en un calabozo, Arabella no está y el resto de mapaches...


—Lo siento Rodia –Dijo el mago, cuyo título le quedaba grande– de verdad. 


Recordó el rostro de Arabella. La promesa de llevarla, de traerla consigo para su misión salvaje y estúpida. 


—De verdad que no quiero hablar más, déjame solo. 


El gran mago se paró, con paso dolorido, como un anciano, y se marchó. 


Rodia se quedó en la oscuridad. Recordando como todo se derrumbó. 


...


Jodie despertó, tenía un moretón en el labio. 


—¿Donde...?


Tenía las manos encadenadas, arriba de ella pendía un candelabro. 


Este empezaba a ondular.


Midió la ondulación. 


Un hombre abrió una puerta lateral. 


—¿Donde estoy?– Pregunto con la boca pastosa, antes de que él alcanzara su posición –¿Hola?. 


El sujeto no contestaba, solo caminó hasta estar frente a ella.


—Eso ya no te incumbe –Dijo con voz severa. Parecía un guardía. 


—Si ya no les importo, ¿por qué no me matan? 


El hombre le dio un manotazo, el pecho de Jodie subía y bajaba con agitación. 


—Eso no te interesa. –Le tendió un plato de comida– Ten. 


—¿Acaso ese es el plan? Tenerme aquí encerrada como si fuera una damise-


Otro manotazo. Este fue más fuerte. Jodie esputó sangre. 


—Calla, y come –La voz del sujeto era inalterable, quedaba claro que no era la primera vez que lo hacía. 


—Tengo las manos atadas –Declaró la chica– *o quieres que abra la boca, iba a redoblar, pero si lo hacía se llevaba otro manotazo, ya aprendió la lección*


El hombre puso el plato en el suelo y para sorpresa de la chica, desató las cuerdas. 


—Come.


Se le pasaron mil ideas por la cabeza, pero el hombre iba con un ridículo peto y yelmo puesto y no tenía sentido intentar nada, estaba muy débil, además las piernas seguían en subjeccion. 


Tomó el plato, el recipiente tenía unas gachas de avena. El hombre se fue con la misma cadencia de cuando vino. 


Jodie sintió un odio visceral en su interior. ¿Tan seguro estaba de que había ganado? Ese maldito. 


No sabía quién más estaba involucrado, pero lo haría pagar.


Empezó a comer con desgana. 


El candelabro empezó a ondular de nuevo. 


...


Le tocaron el hombro. Fue Phinex, dijo que era la hora,que debía bañarse, debía ir al entierro.


Por la mente de Nolai solo pasaban imágenes de la fiesta. La mirada apagada, el amuleto del gobernador, el sabor de la tarta de manzana dulce con un toque ácido. Todo eso pasó por su cabeza, sin entrar en la situación.


Se lavó, se puso el suit y salió junto a su colega. 


—Tranquilo, Nolai, ya capturaron a los asaltantes de la fiesta.


Recordó al muchacho que lloraba junto a ella, abrazándola. También al otro, en los brazos de su compañera, muerta. 


—No. 


El hombre a su lado detuvo su cháchara. 


—¿Hm? 


—Que no me lo creo. Conocí a ese chico, a uno de ellos, cuál es... ¿De que se le acusa?


—Doble homicidio. Es grave. 


—Pero no... No lo entiendo. 


Su mente intentenaba prenderse pero no había manera. 


—Estas conmocionado. Es normal. Todos lo estamos. 


*Eres abogado, Phinex, como puedes...*


Se detuvieron al llegar al entierro. Allí había poca gente. Solo colegas de profesión y una mujer de cabellos desvanecidos, como cenicientos. 


La madre de Rocio. 


Todos estaban tristes. Incluso alrededor de la tumba las flores crecían cetrinas, y débiles. 


Después de concluir la ceremonia todos se alejaron. 


Nolai se acercó a la madre de su ex amiga y ex amada.  


La mujer tenía la mirada de ella, pero más animada de carácter. El proceso de convertirte en medium te transformaba en lo que ella era ahora. Así lo explicó cuando aún vivía. 


—Espero que puedas recuperarte –Dijo Nolai a modo de presentación– Ella era especial.


La mujer lo miró 


—Lo era. Nos distanciamos este último tiempo, pero, siempre la tuve presente. Sabes que me dijo una vez? Que quería volverse floristera –Sonrió, con cansancio, sus ojos seguían hinchados– Ojalá lo hubiese sido, así al menos...


Atender las flores. Entender el infinito en un junco.

O simplemente hablarle a las ofelias. Desconocía ese sueño. Es algo que jamás había pensado que a ella le gustaba. Pero apenas la conocía. 


—Lo siento.


Los dos se quedaron en silencio, hasta que la mujer se alejó. En la bruma de los mundos. Sabía que ella moriría, que él moriría. Y que ese momento compartido era el canal de conexión entre dos tierras extranjeras. 


Volvió a mirar el cajón, después de unos momentos más, exhaló el aire pesado del día y se alejó. 


...


Pasaron dias, 


Se tomó el pulso. 


Miró el candelabro.


El hombre la miraba, le hablaba sobre comer, pero ella prestaba atención al candelabro encima de él. Encima de todo. 


Su ondulación, al ritmo de su pulso. 


—Come.


La voz era hierro al rojo, empezaba a penetrar, pero ella solo tocaba su brazo. 


Le dio un manotazo. 


Ella no se inmutó. Su rostro se puso colorado. Pero siguió manteniendo el pulso al ritmo. 


Era un reloj. 


Segundos que se disolvieron en minutos y en horas. En dias. Se escuchó un estruendo. El hombre fue a ver de que se trataba, alguien lo golpeó y cayó. 


El candelabro ondulaba. 


Alguien tomó el hombro de Jodie, el sujeto tenía la cara magullada. 


—Connor –Susurró. 


—Vamonos, tenemos que salir de aquí.


La liberó, Jodie sentía irritación en sus pantorrillas donde su pierna estuvo amarrada. Se puso de pie. 


—Estamos en una catedral –Dijo Jodie– Y pasaron tres días. 


—Ah si? Miró por la puerta, se le veía visiblemente agotado. 


Jodie corrió hasta el sujeto y sacó una espada. 


—Tenemos que volver a la casa del señor. 


—No. –Pensó en sus cosas, en su guantalete, la llavesfera – Ellos ya lo tienen. Tienen todo lo que quieren. Tenemos que salir de aquí. 


Los dos pasaron por el pasillo. 


Entraron en una sala llena de prisioneros.


Connor se interpuso.


—Señorita. Este lugar es peligroso. 


—Tengo que buscar a un amigo. Tiene que estar aquí. 


Los prisioneros empezaron a vitorear, a aplaudir y transgredir. Connor se agitó, no por la descortencia, sino por el atrevimiento sin reprenda. 


Jodie también sintió la agitación del ambiente pero no aminoro la marcha. 


Un guardía en la puerta sintió el punzón en su cuello. 


—Dime donde están los mapaches blancos. Ahora. 


El hombre se asustó.


—N-no están todos –Su agitación era notable. 


—No tenemos tiempo. Muéstrame a quien tengas. 


El hombre los guío, llegaron a unos barrotes. Allí había un chico. 


—Abre. 


El hombre dudó, pero Jodie le clavó el filo en la espalda. 


La reja cedió y el hombre se apartó. 


Por un momento creyó ver a Rodia, pero no era él. 


—¿Hola? ¿Vienen a sacarme de aquí? La comida está de la mierda.


Connor lo miro, cínico. 


—Como te llamas –Quiso saber Jodie. 


—Me dicen Billy, porque ni hermano se llama Rock y así hacemos un par con buen gusto. 


—Señorita, sugiero volver a cerrar la reja y dejar al buen joven cumplir su condena. 


—¡No estés jugando! 


—¿Conoces a Rodia? ¿Donde está?


—¿Conoces a Rodia? ese chico conoce a todas... –Jodie se impaciento– No lo sé, desde que me capturaron no sé nada de nadie.


—¿Sabes donde está la guarida de los mapaches?


—Alli es donde quiero ir ahora, mi hermano está ahí esperando.


Se acercó a ellos. 


—Quien sea amiga de Rodia es amigo mío, les llevaré hacia la guarida. 


Lo sacaron. 


Billy miró a los otros apresados. 


—Esto no es una cárcel –Declaró Billy, mirando al resto de reos– todos estos son manifestantes encerrados. 


—¿Estas completamente seguro?


—Si. Los conozco. 


Se acercó al viejo Fui. 


—Oye, que haxes aquí, coleguita. 


El hombre no decía nada, estaba apagado, tenía en sus manos el frasco de durazno y se lo bebía a tragos. 


—Donde conseguiste eso, oye, ¡dame un poco! 


—Suficiente tontería –Se cansó Jodie– tenemos que salir de aquí. 


Billy se puso de pie. 


—Hay cuerdas, podemos subir por los salientes, pero es arriesgado. 


—Mejor eso que nada. Vamos. 


Los tres empezaron a subir. Jodie tomó el canto de la espada y le dio un golpe al cristal. 


Fue la primera en escapar. 


Fuera, el lugar era como un campo de batalla. 


—Que demonios pasó aquí...


Los tres salieron de la catedral y empezaron a caminar por las calles. 


Había carteles tirados por el suelo, y algún que otro guardia tomando a un sujeto de las manos. 


Se subieron a un tejado y empezaron a pasar, de tejado en tejado. Las calles estaba llena de guardias. 


Los tres siguieron caminando, entre los tejados. 


—¿Hacen esto todos los dias? –Jodie caminó junto a Connor que la tenía a ella, por miedo, aunque nunca lo admitiría– Los mapaches. 


—Es el protocolo, tenemos que ser rápidos como gacelas e intrépidos como, eh, lo que sean intrépidos. Sino te cazan. 


*Rodia se lo habrá pasado bien haciendo esto*


Los tres llegaron hasta el borde de la ciudad. 


—Oh no –Dijo– aquí hay guardias. Eso no es buena señal.


Los tres pasaron sigilosos y llegaron al barrio graznos. 


—Es un lugar abandonado... –Susurró Jodie.


Billy tomó impulso y corrió hasta llegar a la entrada de un antigua posada. El edificio estaba semi derruido, sin ventanas. 


Jodie entró.


—¡Rock! ¡Riven! –Gritó, Jodie se fijó en las pintadas, los animales y recordó el barco de Ian, con el mismo patrón artístico–


—No hay nadie –Declaró. 


Jodie asintió. 


—Tal vez se hayan mudado –Jodie miró por la ventana, allí entraba el río. 


—No es posible, nosotros siempre nos mantenemos comunicados. Tal vez están todos en la celda. 


Billy subió la escalera. 


Connor se internó en la cocina, mirando todo con ojo crítico. 


—Este lugar es infame –Concluyó– Pero lleno de animosidad. 


—Ellos lo escogieron por el lugar estratégico –Aportó Jodie, mirando las pintadas– Ellos lo llenaron de vida.


*Y ahora ya no están*


Connor se fijó en la ventana. 


—Señorita, tal vez deba ver esto. 


Los dos salieron y caminaron por el baldío. 


Llegaron hasta la orilla del río. 


Había un cuerpo flotando allí. 


Jodie se detuvo y se asustó, su rostro era terriblemente parecido al de Billy. Por un segundo se le pasó la alucinada idea de que lo mataron cuando no lo veían pero entonces él llegó junto a ellos. 


Vió el cuerpo y se aproximó a él. 


Empezó a llorar. 


Jodie se quedó en silencio, mirando el agua pasar. 


Las cosas se estaban precipitando hacía el vacío.  


...


Nolai estaba en su oficina, solo y cabizbajo. No se escuchaba ni el aletear de una mosca.


Decían que la nueva secretaria llegaría el martes. 


Su mente empezó a conectar ideas a gran velocidad, pero tropezaban en el último escalón. Recordaba el momento en la fiesta. La charla con Delman. Su amuleto. El gran mago. 


La secretaría vendría el martes, a más tardar. 


Los hilos estaban rotos. La oficina vacía y el en silencio. 


No había nada que hacer, ni siquiera podía darse una vuelta por la ciudad en pleno caos.


*Eric, perdóname, pero no pude resolver tu muerte* los ojos se le llenaron de lágrimas al recordar. 


El primer caso, la  torpeza de él y la experticia de Eric. *Algunas cosas necesitan verse desde el prisma adecuado, solo así podremos dar con la pista correcta* había dicho. Después vino Rocio, su belleza como el río, calmo y misterioso. La había cautivado, pero nunca lo confesó abiertamente. Ella era como una luz, no especial por su condición de Medium, sino por lo que ella representaba en la oficina. Sus ojos eran dos luces celestes incluso antes de conectar con la habilidad. Quieta, pero siempre observando, incluso cuando le informó de la muerte de Eric, sabía que ella quería, lo notó en su expresión. Estaba atada a su condición y aún así lo intentó. 


Intentó ser mejor, abrirse a la vida. Aquél chico... No lo conocía, pero ella había dicho que había más gente que él esperando ahí fuera. No lo entendía del todo. Su madre dijo que quería ser floristera. Ahora podía entenderlo. Ella se había ido, dejado todo atrás para reunirse de nuevo con Eric, no como proyección del más allá. Sino como recuerdo celeste en su memoria y la nueva secretaria llegaría el martes. 


Se frotó la cara, tomó su pluma y empezó a llenar un formulario, pidiendo la renuncia. 


Ya no solicitaba a la secretaria el martes porque él se hiria antes.  


...


Los tres se quedaron en la vieja guarida. 


—No sabemos quién lo asesinó, pero suponemos quién pudo haber sido. 


Billy se quedó helado, no entendía tampoco nada de lo que pasó.


—Imagino que te refieres a la misma persona que nos encerró en la catedral. El problema es que es la mano derecha del gobernador, solamente está por debajo de él en cuanto a poder, no podemos apuntar con el dedo sin más. 


—No, pero ¿Que más podemos hacer? Ellos tienen la llavesfera, mis armas, todo. Algo se tiene que hacer. 


Billy siguió en silencio. 


No podemos dejar que nos destruya, ya suficiente hemos padecido. Tenemos que buscar una salida. La mano derecha no puede ser tocada. Por nadie. 


Recordó la fiesta.


Abrió los ojos. 


—Existe alguien que puede hacer que la mano derecha caiga. 


Se puso de pie. 


—No es seguro –Miró a Billy– pero es nuestra única salida. Es la única alternativa que nos queda.


*Esto atenta con todo lo que soy, pero si hay un único poder que puede rivalizar con la de Zeizo...*


—La justicia.


Billy la miró. 


—Eso es lo más gracioso que escuché en mi vida –No sonrió– Y no puedo reírme, es la mayor tragedia de todas. 


*Jodie sonrió por él, y por todos*


—Suena estúpido, y parece estúpido. Pero es nuestro poder estúpido. 


...


Nolai salía de la oficina cuando de repente escuchó pasos detrás de la puerta. Alguien lo abrió con energía abrupta. 


La mujer con el labio partido y el cabello revuelto le miró de pies a cabeza. 


—Necesitamos tus servicios. 


Él se detuvo en seco. 


—Ya no atiendo casos. 


Ella asintió.


—De acuerdo, este será tu último caso entonces. 



...

 


—¿Ah?


La chica miró la oficina descorchada. 


—Todo depende de tí. 


Nolai miró al hombre elegante y el joven deprimido. 


—No sé que quieres que consiga. 


—Zeizo nos mantuvo cautivos, además de muchas personas en la catedral, además de que asesinaron a su hermano –Señaló al chico de la esquina– Yo no puedo hacer nada, sola. Pero con tu ayuda eso se acaba. 


Miró un instante al joven y después a la chica. 


Se desplomó como si sintiera una gravedad de un nuevo planeta bajo sus hombros. 


—¿Que quieres que haga? No puedo señalar y que explote, el feed de abogados está localizado y rastrean todo lo que hacemos. Acusar a Zeizo sin pruebas contundentes es un suicidio. Lo que dices de los manifestantes es algo legal y está aprobado, ellos pueden encerrar a los disidentes si son violentos, ¿No escucharon las noticias? Los manifestantes atacaron, se volvió una guerra civil.  


Jodie miró a su costado. 


—Que demonios significa entonces, ¿las cosas se pusieron tan feas de la noche a la mañana?


—No niego que Zeizo no sea trigo limpio... Pero, no tenemos nada contra él. 


Jodie lo pensó y se sentó frente a Nolai, con sus manos en su sien, cerrando los ojos. Nolai se estremeció, por un segundo recordó a Rocio, en la misma pose. 


—Maldición –Concluyó– hay alguien además de Zeizo que esté involucrado, quién sea. 


—El gobernador –Acotó Nolai– Tu novio, el arquitecto. 


—El no. 


—¿Entonces? A quién deb-


Se puso de pie y sonrió. 


—Ya te tengo, hijo de puta. 


—¿Que sucede? –Preguntó Jodie. 


Nolai sacó un prensado y empezó a fumarlo. 


Jodie hizo una mueca de asco. 


—¿Es un buen producto, verdad? El de la calle Salty. 


...



El gran mago estaba haciendo sonar una tonada cuando escuchó la puerta abrirse. 


—¿Que necesita? Dijo por reflejo. 


—Parece que nada, pero usted necesita un buen abogado.


El gran mago se giró y vio a Nolai Parish con dos guardias. 


—Francis Grand Gracifull queda arrestado por vender sustancias ilicitas. 


—Pero si todas mis productos estan en regla. 


—No todos –Sacó un frasco– ¿O acaso olvidó lo que dijo en la fiesta? 


...


PARTE VIII


La batalla final




Horas después Nolai firmó para ser parte abogado acusador. 


Llamó a Phinex para que tome su lado como defensor. 


—Llegó la hora de hacer lo que hay que hacer –Dijo. 


Salió de la oficina camino al juzgado. 


El camino de ida estaba lleno de gente manifestándose, de reojo vio una barricada frente al capitolio, encima una mujer con un antifaz blanco. 


No le prestó demasiada atención. Se fue directo al desenlace. 


Llegó al juzgado, del otro lado Phinex asintió. 


El gran mago estaba allí.


—De verdad que es esto es una perdida de tiempo. 


Nolai se acercó y le susurró:


—Ya no tienes a tu chico para defenderte, estás jodido, viejo.


—Señor juez, me está amenazado. 


El juez tocó el martillo


—Nolai. 


—Lo siento, fue un desliz. 


Empezó a describir la acusación y los hechos que lo llevaron a estar frente al dictamen. 


—Como vera nuestro querido vendedor es un sujeto muy funesto, le gusta el tabaco, el alcohol, el comercio y las mujeres. 


Phinex habló,


—Ninguno es un crimen, señoria. Son vicios. 


—Ninguno es un crimen. Es cierto. Pero mucho en cantidades es nocivo. Si la sangre recibe más de la sal necesaria empiezan los problemas. Lo mismo con un crimen, si bordeas la linea de lo legal las cosas se ponen serías. 


—Vaya al grano, Parish –dijo Phinex–. 


—Sin magnolia, este hombre ha vendido un producto que no sabe que vende, dentro de un producto que cree vender.


—Esa es una acusación grave –Dijo el juez


*Por eso estamos aquí, viejo* replicó en su cabeza. 


Sacó el frasco de durazno. 


—Es una sustancia que según sirve para recuperar la condición del cuerpo después de una herida, es la panacea. Podemos estar de acuerdo en que es real, que este hombre es hábil para hacerlo posible. Lo que no capta es que su producto no está correctamente distribuido. 


—Pamplinas, yo lo distribuí bien. 


—¿Quien firmó la petición para que lo distribuya? 


—El gobernador Delman, por supuesto. 


—¿Y quién lo distribuye?


—Su hombre de confianza, Zeizo. 


Nolai sonrió. 


—Llamo a declarar a Ze-Ze. Zeizo Zelman, al estrado.


El juez por un momento dudó, pero la conexión era incuestionable. 


—Procedan a traer al señor Zeizo al estrado.


**Plaf**


El sonido de la sentencia sonó por todo el lugar, hasta la gente pareció contener el aliento. 


En el estrado, Jodie estaba viendo todo con interés, cuando fue llamado Zeizo se hizo un sombrio silencio. 


Después de un rato escucho la sala abrirse y el hombre caminó con paso decidido hacía el juzgado. 


El juez carraspeó. 


—Digame como se llama y profesión.


—Zeizo Zelman, administrador de la realeza, tesorero del gobernador y –Miró a Nolai– buen comerciante. 


Nolai se arremangó los pliegues del saco. 


—Muy bien, conoce a este hombre –Apuntó hacía el Gran mago.


Zeizo ni siquiera volteó.


—Asi es. Es el famosos comerciante de la calle Salty. 


—Usted aprobó que sus productos circulen por todo el distrito, ¿no es así?


—Asi es.


—Segun su informe –Sacó un papel– la distribución se hizo en los últimos t-r-e-s m-e-s-e-s, lo que significa que en ese tiempo la suba y la riqueza del señor Mago fue muy grande. 


—Eso lo asumo –Dijo Zeizo sin abandonar el tono–.


—En ese tiempo puede haber muchas cosas que suba, señoria usted ¿tiene novia?


—No, hace unos años que soy hombre de mundo, aunque una vez conocí a una mujer...


—Es suficiente, señoria, lo que quiero decir es que en tres meses puede surgir un romance, una intimidad tan adictiva como el alcohol –Volvio a sacar el papel– En estos tres meses el consumo en los bares decayó en un noventa por ciento, fue tan en caída que tuvieron que clausurar varios, entre ellos la propia cantina más prestigiosa de la capital. Pienso que el gobernador podía haberla saneado, pero él no bebe alcohol, así que eso le daría igual.


Carraspeó y volvió a leer el papel:


«Lo siguiente, hostales, las posadas y las tiendas. Todo eso llevó a una inestabilidad económica del noventa y cinco por ciento, algo nunca antes visto»


—Tiempos duros –Acotó Zeizo sin ningún problema. 


—No me estará acusando de todo eso a mí ¿no es así? –Preguntó El gran mago. 


Nolai sonrió como un depredador. 


—Oh, pero su medicina tiene componentes adictivos: deshinibicion, cese de la actividad cardíaca, incluso acedonia. 


—Solo si se toma en grandes dosis. 


—No he acabado. También forja una fuerte dependencia, su medicina es una droga que reforma las células cerebrales. Es, la razón por la que muchos no quieren comer, es extraño que un simple vendedor sea capaz de formar un componente tan poderoso, pero más raro que esté regulado, no les parece. 


Phinex se levantó. 


—Objeción, esto que describe es común en las drogas de calado, como la twity que es la hierba que usa el señor Parish para fumarse el prensado. No es algo tan descabellado que un nuevo producto descomponga la genética, lo hacen todos. Incluso la sal, el aire y los hongos. 


—Asi es, pero, objeción –Dijo suavecito– mi prensado no afecta tanto mi neuroquimica cerebral. Es un caso excepcional de adaptación que poseo. Así como el prensado que posee Zelman es suyo –El hombre no se inmutó– Osea, mi producto es para mí, como la sal light para el dietético. ¿Acaso también la sustancias como los hongos tienen aprobación legal? Sé que no. No existe libertad de circulación pero para esto –tintineo el frasco– Si que lo hay. Es inverosímil, ¿Para que dejar libre una cepa tan peligrosa? Tengo la respuesta. 


Se acercó a Zeizo. 


—Usted se ve bien –El hombre sonrió– se lo ve sano, fuerte, ¿hace ejercicio?


—Al grano –Replicó. 


—Usted aprobó la entrega de una sustancia que no es para todo el mundo, y lo peor de todo no es eso.


Se acercó al gran mago. 


—Usted no se dio cuenta que está adulterado.


—¿Que dice? Como puede probar... 


—Mi maestro, que en paz descanse, estuvo haciendo averiguaciones, grandes, sobre la sustancia y descubrió un edificio a las fueras, allí encontró esta muestra –La tiró– Esto es el frasco, intacto. Señoria le sugiero que pruebe ambos frascos. 


—Seguro que hay mejores formas de hacer esto, Parish –Objetó el juez–. 


—Tiene razón, mejor probar con alguien que trabajó con el señor Gracifull como conejillo de indias. Leyó una lista de reos –Traigan al estrado al joven Rodia. 


Jodie se puso de pie, ¿Como demonios le conocía? Quiso acercarse pero Connor la detuvo. 


—Mejor dejarlo actuar, Jodie. 


Esperaron hasta que los guardias sentaron al chico. Tenía ojeras bajo los ojos y una mirada de miseria profunda. 


—¿Van a encerrarme? –Dijo con voz debil.


Nolai pasó frente a él y le susurró algo. 


—Rodia, ¿tengo tu palabra de que no vas a mentirme?


El chico no miraba a nadie, estaba en un estado de tristeza profunda. 


—Por favor – 


**Plaf**


—Nolai, ¿otra vez con eso del juramento personal?


—La tienes –Dijo el chico, y Nolai sonrió. Le tendió los dos frascos– ¿Puedes decirme si hay una difer entre uno y otro?


Rodia miró los frascos, lentamente destapó uno y otro. Probó el primero, sus ojos se dilataron, se sintió más seguro. probó el segundo... 


La escupió. 


—Que demonios... 


—La tolerancia del chico es hacía el primero.


—¿Que significa esto? –Quiso saber el juez interesado.


—Significa que el primer frasco está hecho para él, le sugiero a alguien más que lo pruebe. 


–Pero que cobardes– Maebe probó el frasco que a Rodia dio repulsa –Sabe a manzana y probó el primero– Esto sabe a mierda.


—¡Boca! –Phinex se enfadó– El primero es para él ¿y qué?


—Significa que el segundo fue diseñado para afectar a las masas, es un veneno peligrosamente gestado¡por orden de él!


Apuntó a Zeizo. 


La gente del estrado empezó a murmurar. 


Zeizo sonrió. 


—Es una buena fábula, pero ¿por qué querría hacer eso? 


—Esos tres meses que dije antes, son un tema complicado, una ruptura, un avance, en este caso fue por el avance politico. Delman está llamado a elecciones la próxima semana así que usó un químico hecho por un personaje traído de las tinieblas para su propósito. 


—¡Oye! –El gran mago objetó sin fuerza, mientras sacaba una pipa– Soy hijo de un hombre respetado hecho de madera del bosque oscuro, muchas gracias. 


Zeizo empezó a reírse. Su risa no tenía ni un apice de jolgorio, era como escuchar azotar una puerta. 


—Parece que quiere acusarme de lo que hizo un comerciante despistado. Incluso si fuese verdad que el producto está adulterado no puede señalarme más a mi que al resto de catadores del lugar, yo solo soy otro despistado –Sacó un prensado– ¿Se puede fumar aquí?


El juez bajó el martillo.


—Proceda. 


El tipo exhaló el humo negro. 


—No... Quise decir que proceda el abogado...


—En fin –Cortó el aire con una mano– Es cierto, por más que haya sido el que aprobó no lo ata directamente con un crímen organizado y debería pagar una multa, pero los frascos de medicina y los últimos días me llevaron a la siguiente idea


Se frenó en seco y señaló a Rodia. 


—Los mapaches blancos ¿Estuvieron en la fiesta no es así?.


Phinex alzó el brazo


—Eso no tiene nada que ver con el juicio presente. 


—No lo tendría, pero el señor Rodia aquí presente tiene está atado al gran mago, que a su vez está atado a Zeizo. 


—¿Acaso está insinuando que?


Nolai bajo el brazo. Con un hilo de voz severo, procedió:


—Zeizo –Su voz fue grave– Usted organizó el asalto de la fiesta donde Roxy mermaid fue asesinada, mi asistente. 


Todos en la sala estallaron. El juez llamó a orden. 


—Señoria, re abro el caso: homicidio agravado. 


El juez lo pensó, quiso decir que no, pero las conexiones lo obligaban a bajar el martillo con violencia.


—Descanso. Después de esto Nolai Parish puede proceder. 


Nolai miró a Rodia, luego al gran mago y finalmente a su verdadero rival, Zeizo. 


*Te tengo donde quería*


Se fue al estrado. Jodie se acercó hacía él con furia renovada:


—¿Que pretendes? ¿Planeas vender a Rodia a cambio de vincular a Zeizo con los asesinatos de la fiesta?   


—Los grandes casos requieren grandes sacrificios.


—¡No digas estupideces!, ¡Rodia es inocente! ¡Y Zeizo no tiene nada que ver con el asalto de los mapaches blancos!


—Lo sé. Pero necesito que crean que si, solo así llegaremos a la verdad. 


—Todos vamos a morir aquí, ¿verdad? Desalentó Jodie. 


—Intentaré que no. 


El descanso había concluido. 


Phinex se levantó y declaró que sería el defensor de Zeizo, si él estaba de acuerdo.


El hombre aceptó.


Nolai empezó a explicar los hechos de la fiesta, como encontraron el cadáver de Rocío y los demás Mapaches. 


Llamaron al estrado a Bell. El chico se sentó, presentando las misma dolencia sentimental que él. El chico les pasó a explicar de que se trataban los Mapaches blancos, corroborado por Rodia. Después de unos minutos explicó su coartada. 


Phinex objetó.


—No habías visto a este hombre malo antes,¿verdad?


—No tengo diez años, idiota. 


—¿Es el lider de los Mapaches?


—¡Es el que mató a Rocio! ¡Y lo voy a matar a él!


Los guardias lo retuvieron y la sala estalló. 


Zeizo solo reía. 


—Que locura. 


Phinex ajustó su corbata. 


—Queda claro que, de ser el lider no hubiese reaccionado así. 


Se acercó a Rodia.


—Hola –Rodia se esforzó por mirarlo– Puedes decirme si este hombre es el lider de los mapaches.


Rodia negó. 


—¿Quien es? 


—Era... Riven Dalis. Fue asesinado. 


—¿Por quién?


Rodia miró a Zeizo, y negó con la cabeza.


—No lo sé. Pero si tuviera que adivinar, diría que es ese sujeto. 


El juez tosió. El humo negro de Zeizo estaba por toda la sala. 


—Señor Zeizo, es suficiente, puede apagar su cigarro. 


Phinex se acercó a él con aire resuelto, no sabiendo bien de qué. 


–Como lo ve señoria, Zeizo Zelman no es el lider de los mapaches, ni está familiarizado con una operación homicida.


—Objeción –Dijo Nolai– Puede que no esté conectado con ellos, pero ambos coinciden que fue él quién acabó con Rocio Mermaid. 


—¿Pruebas? –Dijo Zeizo– No puedes declarar nada sin tener pruebas contundentes, y estos dos de aquí entraron a una propiedad privada asaltar.


Nolai leyó el informe. 


–Ella fue hallada con signos de estrangulamiento, sin fluidos, el chico que se le encontró tenia las manos manchadas de sangre. Él no pudo haberla extrangulado. El otro tampoco. Solo nos queda el testigo de ambos. Phinex no me dejará mentir, es cierto que Rocio había interactuado con Zeizo antes de abandonar la sala. 


—No lo sé, no estaba prestando atención –Recibio un zapatazo, de Maebe. 


—Si. La última persona con la que bailó fue ese hombre, luego desapareció a los aseos, eso le dijo al guardia –Maebe dijo con voz cristalina– Está todo anotado en el perito –Nolai la miró sorprendido– ¿Qué? ¿Te crees que no indague los antecedentes? También era mi amiga, Nolai. 


Rodia –Dijo Nolai mirándolo– tú también estabas en la fiesta planeando el asalto ¿Viste a Zeizo cerca de Rocio?


—Si. ellos bailaban, después Bell Ara y yo la seguimos porque Bell notó que la seguía. Cuando al encontramos ella forcejeaba y él puso sus manos en su cuello. La mató. 


Los murmullos volvieron a subir de intensidad. 


—Curioso, los testigos parecen coincidir en todos los puntos. 


—El problema es que nadie lo vio salir –Dijo Phinex– todos entramos y no había manera de que él saliese sin que nadie lo notase. 


—Eso lo resuelve –Declaro Zeizo– No tuve que ver con su muerte.


Nolai cerró los ojos y dejó caer la carpeta con los registros en su mesa. *Finalmente, llego el momento*


—Hace unas horas, un cadáver fue hallado en la calle Grajo, en la orilla del río que corta el distrito. Puedo dar fe de las personas que me lo dijeron. Zeizo, usted ordenó el rastreo de los Mapaches que asaltaron el capitolio ¿no es así? 


—Asi es. Pero no sabía donde se hallaban, además, si apareció muerto será por obra del guardia no mía.


—Es curioso que lo diga, porque no mucho usted me dijo que sabía dónde estaba. 


—Imposible. 


—De hecho me dio todos los detalles ¿Como es posible? Si no lo sabía. Zeizo, propagó el virus que alela a la población por medio de un agente externo, luego asesinó a todas esas personas por un agente externo. Lo que quizá no se dió cuenta, o sí. 


Se acercó a el. 


—Es que usted también es un agente externo. 


Tomó su mano, Nolai la comparó con la suya. Nolai tenía los dedos ennegrecidos por el prensado, mientras que los suyos estaban en perfectas condiciones. 


—Señoria no se asuste... –Sacó un cuchillo y se lo clavó en la mano. Los guardias de pusieron alerta, incluso Rodia se sorprendió–


Hasta Nolai. 


Todos menos Zeizo. 


La daga se quedó clavada, el hombre la miró como si fuese un mosquito en su mano. Y se la retiró.


No había sangre. 


Phinex se alejó.


—¿Que acaba de pasar?


—Señoria –Dijo Nolai sin apartar la vista de Zeizo, le recordaba a la última vez que vio a Eric– El señor Zeizo Zelman no está vivo. Es un morto quiparla. 


Todos se quedaron mudos. 



Hasta los manifestantes fuera parecieron detener sus reclamos. 


Jodie abrió los ojos. Rodia los cerró. 


—Este hombre de aquí es solo una proyección del verdadero hombre detrás de todo. 


Miró hacía la tribuna. 


—Delman Mortis. 


La sala estalló en murmullos y algunos gritos. 


Nolai señaló al frente


—Llamo al verdadero acusado al estrado, el Gobernador Delman. 


—¿Es eso posible? –Preguntó el juez– ¿Podemos traerlo?


*Se pregunta más eso, que si es verdad lo de Zeizo* 


—¿Quien me llama a declarar?


El hombre apareció con su andar tranquilo. 


Connor se puso de pie.


—Señor. 


Ian Ortell se acercó a ellos.


—Hola, parece que las cosas se pusieron feas. 



...


Delman bajó los escalones uno por uno hasta encontrarse en la sala. Miró a todos con ojos curiosos. 


—Me llamaron porque habían dicho algo sobre Zeizo. 


Nolai sacó un prensado. 


—Voy a tener que tener paciencia con este


—Señor Parish, no se le permite fumar, en la sala. Señor Delman suba al estrado, le van a hacer un par de preguntas. 


Zeizo se puso de pie y cedió el paso a Delman. 


Este le miraba mientras se alejaba. 


Se sentó. 


—Nombre y ocupación. 


—Delman Mortis, soy el séptimo hijo de una familia de castizos. Gobernador del distrito norte. 


—Muy bien –Dijo Phinex– Usted estaba en la fiesta la noche que asesinaron a Roxy Mermaid. 


—Asi es. Estaba con ustedes, caballeros, explicando asuntos del pasado. La historia del general y el amuleto. 


—Esta bien, queda claro que el acusado no pudo haber sido la mano ejecutora, ya que todos vimos que no tienen nada que ver en este asunto.  


—Objecion –Dijo Nolai– Tal vez el shock los haya confundido, pero les recuerdo que la mano derecha de este genio, con su permiso, es un cadáver andante. 


—Vaya imaginación. Me gusta la gente que tiene esa capacidad –Se puso serio– Pero no tengo tiempo para perder con teorías conspirativas de taberna. Zeizo siempre fue juzgado como frío y lejano, difícil al trato y con mirada inquietante. Pero condiciones así no hacen que una persona sea homicida ¿o me equivoco?


—Claro que no –Corroboró Phinex– De hecho es bastante común encontrar gente siniestra con buen corazón o gente amable a priori que parece grillada. 


Nolai miró a Jodie, a su lado estaba el arquitecto. 


—Lo que dice es una verdad como una catedral –Asintió Delman– Es increíble como la gente tiende a juzgar el libro por su portada. 


—No se haga el inocente, que usted perfectamente conoce la mente humana –Dijo Nolai, de repente– Usted le hizo algo a Zeizo que es parecido a una resurrección. No sé cómo, pero a las pruebas me remito. 


—Zeizo tiene una condición en la sangre, que hace que no circule por el cuerpo como debiera. 


—Objeción –Dijo Jodie– Puedo corroborar que lo que dice Nolai es cierto, si me dejan verlo. Soy científica y he tratado cuerpos heridos antes. 


Ortellian la tomó de la mano y esta se la quitó de encima. 


Bajo los escalones y entró en la sala. 


Rodia la miró. 


Jodie miraba a Zeizo, este tenía una cara sería. 


Con su permiso, quiero intentar algo. 


Se acercó a Zeizo, este seguía serio, pero toda la atmósfera oscura que lo rodeaba se transformó en una máscara incómoda, como una habitación derruida por la mañana, las sombras eran ruinas erguidas. 


Jodie sacó sus gafas y los puso en sus ojos –Este es un método eficaz para saber si la sangre sigue circulando en un cuerpo– Siéntese.


Zeizo hizo caso, Jodie dio un golpe en la pierna. 


Esta no respondió. 


Delman miró a Zeizo, este solo miraba a Jodie  apretando los dientes, demás blanco. 


—Muy bien, puede darme su prensado. 


Zeizo miró a Delman, este asintió. 


Jodie olió la sustancia. 


—Que peste, huele a un barco en llamas. Es perfecto para invocar una aproximación al tabaco más puro y con eso esquivar los olores corporales latentes. Mejor apestar a humo seco, que a carne podrida, ¿verdad?


Los murmullos se oyeron. 


—Puede quitarse la camiseta, solo para comprobar una última cosa. 


—No. 


El juez golpeó el martillo. 


—Estamos haciendo avances aquí, Zelman, le sugiero que copere. 


Se quitó el saco, luego la camisa. Jodie miró su cuerpo pálido, su torso tenía cortadas superficiales que lo envolvían como correas firmes. 


Nolai se acercó a él. 


—¿Por qué un político tiene cicatrices de dios de la guerra? ¿Acaso ha estado en la última gran guerra por la cebada?


—El trabajo es duro y lo que sucede aquí es algo muy sencillo: este cuerpo sufrió una reconstrucción completa. 


Nolai leyó la ficha técnica de Zeizo


—Viene del sur, estudiante erudito y poco práctico, se desvanecía por un estilo más teórico dentro del campo de su trabajo, el mejor de su clase, condecorado, fue a la gran ciudad a buscar oportunidades. Su camino se cruzó con Delman. 


Cerró el informe. 


—Murió en un accidente, hace no menos de un año, cuando ya todos lo conocían como la mano derecha de su jefe, y luego, empezó a ser la mano ejecutora de todos sus fechorías burocráticas. 


—Eso último es fantasía –Dijo Phinex– ¿O es que tiene pruebas además del cuerpo magullado de un pobre político en prácticas?


—No tengo pruebas –Dijo mirando a Jodie– Pero... Tengo testigos


Jodie se sacó las gafas, miró al estrado. 


—Ian Ortell –Declaró Nolai– De su testimonio. 


El hombre bajó con paso vacilante y se sentó del otro lado del juez. 


Nolai se acercó. 


—No me cae bien, Ortell, pero supongo que es un hombre de palabra. ¿Puedo confiar en usted? ¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad?

 

El hombre miró al estrado, luego a Jodie. 


—Responda –Dijo el juez.


—Lo juro. 


—Usted es muy allegado a Delman, fue jefe creativo de varias de sus obras, entre ellas el acueducto, la tarima ambulante de la plaza Salty y la sala de espejos, donde hallaron muerta a mi secretaria. 


—Si. 


—¿Eso lo coloca en una situación de prestigio frente a otros colaboradores del gobernador? 


—No. 


—¿Entonces qué lo hace tan especial a sus ojos? 


—Soy buen amigo. 


—¿De verdad? La amistad se forja de la confianza mutua, usted no podrá mentir entonces. 


El joven dudó pero asintió. 


—No. 


—Entonces dígame ¿Usted sabía la condición de Zeizo?


El hombre miró a Zeizo y después a Jodie. 


—Si, lo sabía. 


—¿Y cuál es esa condición? Dígalo en alto. 


Delman se giro para verlo. Pero Ortell solo miraba a Jodie, esta tenía los ojos tristes y expectantes. 


Ortell cerró los ojos y los abrió de nuevo, respirando hondo. 

 

—T-todo lo que dijeron es cierto, Zeizo está muerto. 


Se hizo un silencio glacial en la sala. Lo único que se escuchaba era la pipa del gran mago y un carraspeo ocasional de Phinex. 


—Le recuerdo que está bajo juramento –Dijo Phinex– Todo lo que diga está siendo señalado por la ley, si miente...


—No miento –se puso más erguido– Es así. 


Nolai sonrió. Por fin las cosas empezaban a esclarecer. 


—Entonces dígame, Ortell, ¿qué es este raro proyecto que trabaja junto a Delman? ¿Algo relacionado a unas llavesfera? ¿Que es eso?


Rodia se desperezo, por primera vez parecía interesado en la conversación. 


—Son esferas de poder mitológico y arcano. El gobernador los quería quitar del recipiente, para poder estudiar sus propiedades. Me encargó la tarea de encontrar un recipiente más apto para ellas. Es lo que estaba interesado últimamente. 


—¿Que está diciendo? –El juez se rasco la barba– ¿De que hablan?


—De un interesante artefacto que el gobernador le quitó a esta bella dama de aquí. Son artefactos mágicos que no siguen las leyes de la física. O algo así. El asunto es que esos juguetes no le pertenecen a él sino que se los quitó a esta mujer, luego la mantuvo bajo vigilancia por medio de Ortell y finalmente la quiso quitar del medio matandola, podía haberlo hecho, pero decidió negarse porque le resultaba un desperdicio de recursos. Viendo el cadáver andante podemos intuir que Delman no es de la clase de personas que dejan ir a la gente así como así. ¿Todo lo que digo corresponde con lo que usted percibe de Delman Mortis? 


—Si.


Sin saberlo dio en un clavo, incluso más profundo de lo que Nolai supo en ese momento. 


—Excelente, Ortell, puede bajarse.


Delman le miró, pero sus ojos no reflejaban humor, ni decepción, solo una vibrante contemplación. 


—Ahora volvemos al gobernador –Tomo un trago de agua– recopilemos: El mercado de los frascos y los homicidios son perpetrados por un hombre muerto, cuyo derecho le caería en caso de no saberse su condición. Pero como la ley solo penaliza a civiles y no individuos muertos, toda la responsabilidad de estos hechos pasan al propio Gobernador. 


Se giró y lo miró, su desprecio era total. 


—Usted no es un buen hombre, es un corrupto que asesinó para conseguir sus objetivos. Asesinó a mi asistente, a los Mapaches blancos y seguramente, ahora Ortell esté en la lista. Pero que no se preocupe, que de aquí no saldrá bien parado –Nolai golpeó la mesa– Ahora confiese, que usted mató a Roxy, ¡a los mapaches y a Eric! 


—No. No maté a Eric. 


Nolai lo miró con confusión.


El juez lo miró de cerca. 


—¿Usted se confiesa culpable entonces?


El hombre negó. 


Nolai recopiló los datos. ¿Eric no murió por su culpa? La manera de morir. Todo encajaba. ¿Por qué le creía?


—Maldición, en serio tengo que hacer esto? La gente no se da cuenta que no estoy en contra suya? Si logro retirar las llavesferas todo este lío económico será cosa del pasado. 


Empezó a haber un gran tumulto en la entrada del juzgado, las rejas cedieron. 


...


El dueño del bar la comadreja miró a su colega. 


—No se puede hacer nada al respecto.


—Salvo manifestarse. 


Los dos patearon las calles hasta reunirse con el tumulto de personas con carteles y pañoletas golpeaban sus pancartas y empujaban a los guardias, entre ellos una mujer tocando un Alud sentada entre escombros se erguia y bajaba de la pila de escombros. 


...


—Delman calmsese –Dijo Nolai– No estamos en un mitin


El hombre perdió la compostura –Tu lo quisiste de esa forma. 


Zeizo se paró y saco una espada. 


Saltó del estrado y golpeó a varios guardias. 


Phinex tocó el hombro de Nolai


—Me parece que el juicio terminó.


Antes de que pudiera decir algo sintió como lo empujaban hacía atrás. 


—¡Vamonos!  –Maebe y Phinex se alejaron corriendo, mientras Nolai veía como Jodie volvía a zafarse de las manos de Ortell y dirigirse hacia Rodia. 


...


—¡Tenemos que irnos! –Dijo Jodie, que sacudía a Rodia– ¡Por favor!


Lo empujó hacía abajo, mientras las dagas volaban. 


Ortell la tomó de la espalda.


—El chico está en estado catatonico. Vamos.


—¡No puedo dejarlo!


Bell salió de la tribuna y le quitó la espada a un guardia degollado. 


—Pagaras por lo que hiciste maldito. 


Zeizo que peleaba con otro guardia recibió el espadazo directamente en el pecho, pero le dió un codazo y se lo sacó de encima.


Con paso tranquilo, casi mecánico, se acercó a Delman, que bajaba del estrado y se puso a su lado. 


Zeizo rompió una tabla y sacó un guantalete. 


Jodie miró con sorpresa como Delman se ponía su guante. 


*tiene mi guante, maldito*


Una furia renovada se apoderó de ella. 


—¡Me mentiste! 


El hombre la miró


—No te mentí, solamente que hay cosas más importantes. 


Apuntó el guantalete contra Jodie, una luz azulada salió desprendida de ella


Jodie salió despedido hacia abajo, los brazos de Nolai estaban sobre ella. 


—Me debes esa. 


Bell con sangre en la boca se puso de pie y fue contra Zeizo otra vez. 


—Eres persistente.


Se entablaron en un duelo más equilibrado. 


Nolai vio el brillo en el guante de Delman. 


Se extremecio. 


—No puede ser –Declaró– Acaso es


Delman miró el guante y luego a él.


—Lo siento. Pero lo que dije es cierto –Apretó el guante y toda la sala recibió una tenue luz azulada, como cuando Rocio rebobinaba– su habilidad era demasiado valiosa, espero que sepas entender. 


Nolai quiso ir tras él pero Ortell lo detuvo. 


—No somos guerreros, Nolai, ten cabeza. 


—Callate, ¡idiota! 


Connor se acercó Delman.


—Mas guardias vendrán, ¿de verdad esto es lo que querías hacer? Por un mito. 


—No es un mito –Declaró Jodie– Es real, el tiene el amuleto en su pecho, esa es la tercera llavesfera. 


—Oh, esto –Dijo sacando el relicario– Está vacío. 


—¿¡Vacio!? –Dijo Nolai, confundido– Pero si en la fiesta dijiste que era del general, tiene sus años


—Oh, eso es cierto, pero aquí no está la llavesfera. 


—La llavesfera estaba en su despacho, en el capitolio –Declaro Jodie– lo descubrimos con Connor.


—Tampoco –Dijo Delman– La tercera llavesfera no sé dónde está.


El gran mago se acercó a Rodia. 


—Como lo llevas, colega. 


Rodia lo miró con ojos ausentes. 


—¿No deberías huir? –Dijo Rodia. 


—¿Y perderme la diversión? Además estoy atado por contrato a ese canalla, no puedo hacer nada. 


Rodia miró el suelo sin ganas de participar. 


—Tu amigo está teniendo la batalla de su vida allá atrás, no quieres ayudarlo.


—No puedo... Perdí a Lumenar y las ganas de luchar.


—Todo por esa chiquilla, no seas necio –El hombre lo tomó de los hombros– Vamos, haz algo, levántate y ataca, destruye. 


Le dio una espada del suelo. 


Concentró toda su ira contra Zeizo. 


Bell estaba al límite de sus fuerzas, cuando zeizo estaba a punto de lanzar el golpe de gracia Rodia le clavó la espada y se lo clavó contra la pared, como una brocheta. 


Rodia fue corriendo tras Bell 


—Te dije que no estabas listo. 


—¡No me importa! ¡Lo voy a matar!


Zeizo retiró la espada de su pecho, con una sonrisa torcida fue tras ellos. 


Las espadas de los dos colisionó con la suya. Las fintas de Zeizo eran precisas y las de Bell agresivas, Rodia eligió ser estratégico y atacar en los momentos precisos. Zeizo recibió varias tajadas, pero seguía igual de firme, era hábil y letal. 


Las enormes puestas del juzgado se vinieron abajo. 


—¡Aqui no habrá revolución sin mapaches! –Dijo Billy que agarró una piedra y la lanzó contra Delman. Este la agarró con el brazo sin dificultad. 


—Otra vez, eso. 


Un tumulto de gente empezó a tirar piedras. Jodie y los otros se pusieron a cubierto. 


Delman pulsó el guante y los ojos de todos se pusieron azules y cayeron rendidos. 


Grace caminó frente a los escombros, con en antifaz blanco y una ira constante. 


—Delman... –Susurro por lo bajo– Te arrepentirás de lo que hiciste.


El la miró y un hilo de tristeza cruzó su mirada. 


Rodia junto a Bell remataron a Zeizo y Billy con el hacha terminó por cortarle la cabeza. 


—Por nuestros hermanos. 


—Grace, estás tan contaminada como yo –Declaró Delman–Y lo sabes. 


—Lo sé. 


Jodie se incorporó. 


—Estan hablando como si se conocieran de antes, que sucede. 


—Y lo siento pero esto se acaba ahora. Apuntó el guantalete contra ella. 


—No. Esto acabó en el momento que cortamos. 


Sacó el Alud.


Sus ojos cambiaron de color. 


Rodia se acercó y sintió una energía desigual. 


Recordó las palabras del gran mago. 


—Ella tiene energía residual... 


Nolai recordó lo que dijo Delman. No mató a Eric. Le creía. 


Recordó la araña. 


Jodie recordó lo que dijo Delman. *sigo amando. Está aquí*


Y abrió los ojos. 


—No puede ser. Entonces ser refería a ella.


Rodia se acercó. 


Las palabras de ella rezonaron en su cabeza. 


Una persona que compartían ideales. Que iban por caminos separados. Se refería al gobernador. 


Los restos del laud cayeron y un brillo verdoso se posó en las manos de Grace. 


Se quitó el antifaz blanco y una marca negra empezó a surgirle en los ojos, sus uñas se volvieron más alargadas.


Las abrió. 


Nolai sintió como una cuerda la sujetaba del cuello. 


El resto de personas de la sala cayó hacía atrás, atrapados del cuello. 


Bell, incluso Billy sintieron el latigazo. 


Delman miró la escena con fascinado terror. 


—Siempre la tuviste. 


—Las dos la descubrirnos, solo yo supe como sacarla de ahí, querido. 


La cuerda lo sujetó, dejando caer el guante. 


Los hilos invisibles se extendieron fuera del juzgado. Todos pendian de un hilo. 


—Esto es control, no tu basura de los frascos. 


El gran mago prendió sus manos en fuego y quebró el hilo


—¡Que mujer!


Grace sacó más hilos, pero el hombre preparo un campo de fuerza mágico alrededor que detuvo el ataque. 


Grace formó un alud de energía y empezó a tocar. 


El gran mago fue tras Rodia y le quitó la sujeción. 


—Grace... Tenemos que... –Tosió en el suelo– esto es...


El gran mago sacó su fuerza y Lumenar salió de su sombrero, cayendo al cielo inerte. 


—Tienes que –Un hilo le rodeó el cuello que corto al instante– Tienes que hacerlo Rodia. 


El miró la espada, luego al gran mago.


—No puedo... No soy tan poderoso. 


—Si no lo haces arrgg! –Otro hilo los sujeto a amabos y lis cortó– ¡todos moriremos!


El chico tomó la espada y la blandio. 


Grace seguía tocando, mientras flotaba como un ente fantasmal, sus cabellos plateados desprendían un brillo verdoso. 


—No creo que sepas lo mucho que me quitaste, maldito.


Delman se ahogaba entre los hilos. 


—Tu elegiste tu camino y yo el mío, amor.


La chica cerro los ojos y con unas notas, unas cuerdas trajo un cuchillo, que perforó el corazón del hombre.


—Mi amor era Riven, tú solo eres una sombra. 


Le arrancó el corazón y lo mordió como la naranja que había probado antes. 


—Amargo. 


La escupió y presionó el órgano.


—Pero es mi corazón. 


Lo destruyó entre sus manos. 


Volvió a tocar el Alud, con lágrimas en los ojos. 


Todo se quedó en silencio.


Solo roto por los pasos de Rodia. Su respiración entre cortada y aterrada, cada vez que se acercaba.


—Grace –Dijo. La mujer dejó de tocar y lo miró sus ojos eran dos órbitas blancas.


—Rodia. ¿Quieres hacerme entrar en razón? 


—No. Sé que sufriste –Tomaba la espada con temor– Todos lo hicimos. Pero la verdad es que no tememos que pelear. Tenemos que seguir adelante, por el bien de todos, ¿recuerdas? Es lo que Riven habría querido. 


Volvió a tocar. 


—No lo entiendes... Rodia –Dijo y su voz con eco adquirió un matiz doloroso– Mi condición siempre... Fue... 


La energía ondulo


—No tiene que ver con la llavesfera, es algo que llevo dentro. Apunta tu espada. Lanza tu rayo espectral, sé lo que es capaz de hacer, siempre lo supe, desde que llegaron. 


El hilo de sujeción liberó a Jodie. Esta se tiró al suelo buscando aire como podía. 


—Todos estan en mis redes. Todos. 


Jodie miró el guantalete y se acercó a él. Se lo puso. 


Rodia apuntó su espada contra ella. 


—No me hagas hacerlo, por favor. 


Jodie dudó, miró su guante. 


La chica siguió tocando, un estrado fue lanzado contra Jodie, ella reaccionó tarde.


Un chorro de energía salió de la espada y llegó hacía Grace, pero un campo de energía retuvo el ataque y lo desvío. 


Rodia se dejó caer de rodillas. 


—Maldición. 


Jodie fue elevada por hilos invisibles y su guante fue triturado. Cuando estuvo frente a ella, Jodie presionó


—Linda balada. 


El impacto fue total. 


Los dos cayeron al vacío. 


Jodie se levantó y miró un lago donde gente pasaba. Recordó el libro de mitología que leyó. 


—¿Esto es el lago de muerte?


A lo lejos Grace estaba de pie, frente a ella Rocio la miraba.


—Hola –Dijo con su voz neutra– Es un honor conocerte.


Jodie se acercó a ellas. 


—Eres la asistente del abogado –Dijo Grace– Lamento lo que te pasó. 


—No lo hagas –La gente a su alrededor empezó a ondular– Ya no pertenezco a ese mundo.


—Creo que sé una o dos cosas sobre la muerte...


—Lo sé. Eres una nigromante. 



PARTE IX


La rosa y la melodía. 


Rodia miró al frente, como Jodie y Grace. Flotando, Grace seguía tocando su Alud y Jodie seguía quieta. 


—Que demonios... –El techo se derrumbó.


El gran mago se acercó a él y lo sacó de ahí. 

 

Apartaron a los cuerpos que ahí se encontraban. El pulso verde que tenían los hilos se volvió azul. 


—Esto es incómodo de decir explicar pero Grace es una chica que trae muertos a la vida. 


—¿Ella tuvo que ver con todo el asunto de Zeizo?


—Probablemente. Déjame que haga un poco de mis viejos trucos.


—No estoy entendiendo mucho.


—El poder de un nigromante es traer a gente de la muerte, pero debido a la llavesfera potenció sus habilidades. 


—Siempre me sentí raro cuando estaba con ella, era...


—Un roce en el cuello, una brisa en el alma. Los nigromantes saben como sujetarte. Pero ahora ella está conoció a su contraparte, la Medium, cuya función es recrear momentos que vio y traer gente a la escena. 


...


—Que quieres decirme.


—No tienes que matar. 


—Es tarde, ya lo hice


Las corrientes ondularon. 


—Yo también perdí gente. 


—Y por todos tus muertos que lo pagarán –Las lagrimas cayeron en el rostro de Grace– por cada vida mal vivida y cada muerte mal cobrada, la ciudad caerá. Por Riven. Por Rock. Por Arabella. Por todos. 


...



Esto está mal –Rodia tiró la espada y se agarró la cabeza –Vamos a morir.


—Lo haremos si tiras la espada, tienes que ser fuerte


Un rafagazo de energia lanzó al gran mago contra un pilar de forma violenta. 


—No...


...


—No...


Los sollozos de Grace sonaron en todas partes. Los muertos se acercaron a consolarla.


—Alejense –Hizo desparecer todos los cuerpos– Esto está mal. 


Jodie se acercó, con el agua hasta los talones.


—Tienes que luchar, no puedes quedarte allí


Una enorme tormenta los envolvió. 


—No puedes hacer esto, por Riven


—Tu nos rechazaste –Miro a Jodie con desprecio– Igual que todos los que estuvieron con él. De que sirve luchar si ya eligieron su destino. 


Jodie cayó hacía atrás, empezó a ahogarse en  el agua mística.


—N... No... Puedo...


Grace presionó su cabeza. 


Los espíritus azules giraban con la energía verde que salía de su cuerpo como breves chispazos. 


Rocio se alejó.


—No puedo tener influencia en una cabeza tan poderosa. Los muertos como yo tienen influencia en los vivos. 


Jodie se acercó. 


—Yo sigo viva, proyecta en mi. 


Rocio la miró. 


Grace seguía creando un remolino de destrucción.


...


La ciudad entera empezaba a colapsar. 


El pavimento empezó a levantarse,los edificios a derrumbarse. 


Rodia seguía allí. 


...


—Toma mi mano.


Grace miró al frente. 


Primero vio la imagen de Delman y después la de Riven.


La tomó y se irguio.


—Lo siento... No quería llegar a esto. 


Y la abrazó. Con un abrazo sentido. 


Podía sentirlo. 


Era real. 


Elevó su brazo y lo abrazó. 


—Perdon por todo. Pero tengo que hacerlo. 


—No tienes que hacerlo.


—Tengo que hacerlo. No hay alternativa... Solo así podremos estar en paz.


Riven finalmen la miró


—La paz es un fin, pero no un medio, payasita.


Y lo sintió. 


La hoja roja atravesó su pecho. 


La sonrisa de Riven se desvaneció.


Y en su lugar la mirada desesperada de Rodia se formó.


El remolino se detuvo. 


Los hilos se perdieron poco a poco. 


Grace miró a Rodia, este lloraba, como un niño pequeño. Ella le acarició el rostro. 


—Te pareces tanto a él –Un hilo de sangre cayó de su boca– Si no fueras tan callado... 


El brazo descendió,


La tonada dejó de sonar. 


Los hilos desaparecieron. 


Grace murió.


Jodie resurgió como de un mar y tosió. 


El resto empezó a despertar.


El juez miró su martillo. 


Bell se acercó a Rodia, este aún tenía la espada enterrada en el pecho de la mujer. Llorandola. 


—¡Que haz hecho! –Gritó.


—Tranquilo –Billy le puso la mano encima– el chico se descompuso y volvió a llorar en su regazo. 


Rodia sacó el filo, con el calor de su acero volviendo la sangre en humo espeso. 


Jodie se acercó y lo abrazó. 


—Ya está. Ya pasó. 


Él la abrazó, fuerte, como temiendo que desapareciera también. 


—Lo tuve que hacer...


—Lo sé... –Ella sollozó con él– Lo siento.


El resto de las personas se miró confundida. 


Los restos de el gobernante se encontraban en el atril. Triturados.


Nolai miró el panorama.


—Tenemos que limpiar esto –Preguntó Phinex–.


El juez lo miró como si fuera un nuevo especimen. 


—No. 


Los chicos seguían abrazados. 


Y no pensaban soltarse. 


....


PARTE X


Lo que dejamos en el camino. 




Nolai se quedó sentado en su despacho viendo a Phinex y Maebe como revolvían sus cosas. 


—Deja eso –le quitó una pelota de cuero– Era de Eric. 


—Las calles estan tranquilas, al menos por ahora. 


—Mientras el reino no responda abiertamente, estamos a nuestra suerte. 


—Lo que significa...


—Que el gobierno ahora pertenece a la calle. 


Se levantó y se puso el saco. 


—Voy a dar una vuelta. Ahora vengo. 


...


Joide tomaba el té mientras arreglaba su guante de metal. 


—No puedo creer que hayas dejado... –Suspiró– No importa. Ya me acostumbré. 


—Te lo dije, perdón –Ian se veía de verdad arrepentido– No sabía que tenia el guante, como muchas cosas. 


—No pasa nada –Le sonrió detrás de las gafas– Lo hiciste bien en el juicio, se le cambió el rostro. Esa determinación fue crucial.


Ortellian asintió.


—Honestamente no sabía lo que iba a declarar, ese lugar no era mi elemento, pero lueg recordé lo que me dijiste, del explorador que engaño al emperador con historias, de algún modo me sentí ese tipo y ya no quería seguir contando cuentos. Quería ser franco. 


Jodie sonrió. 


*Asi que por fin te aventuraste al peligro, de verdad*


—Con eso ya estuv –Dejó el guante a un lado– ¿tienes los restos del Alud?


Los restos estaban en la mesa. Un brillo verdoso salía de ellos. 


—Como demonios lo haremos –Preguntó Ian– 


—Necesitamos ayuda de ese cretino. 



...



Rodia miró los escombros del mapache blanco. 


—Habra que empezar de nuevo –Declaró Billy– Era cuestión de una buena reprimenta de la jefa. Iba a llegar tarde o temprano. 


Rodia pensó en Grace, en su sonrisa y su música tranquila. También en Riven. Su voluntad de acero. 


—Hay muchas cosas que empacar –Le dijo a Bell– Yo ya me voy. 


—¿Te vas?


—Tengo que hacerlo, mi viaje continúa.


Billy se acercó. 


—Nos dejas en nuestro peor momento, que considerado. 


—No es eso. Es que...


—Es broma. Los vecinos de la calle Spikle nos darán una mano, encontraremos una salida rápido. ¡Ahora la ciudad es nuestro patio! Pateó una piedra.


Dio un salto y bajó. 


Le dió la mano a Rodia. 


—Gracias por todo. 


—Oye hay algo que me quedé pensando. En el juicio, dijeron que mis fracos eran personalizados y cualquiera que tomé de él que no tenga afinidad mágica le daban arcadas, eso significa que tú y tu hermano...?


—Quien sabe Tal vez por eso no nos echaron a pesar de ser unos pesados. 


Rodia se le quedó mirando, sorprendido. 


—O tal vez solo aguantamos las ganas de vomitarlo. Nunca lo sabrás. 


Bell pateó a Rodia. 


—Me debes un duelo. 


—Algun día, mocoso. 


—¡Te voy a acabar!


Rodia le frotó la cabeza. 


—Eres incorregible. 


Billy miró la hora. 


—Es tiempo de irnos. 


—Cuida de Bell y el legado de Riven –Rodia le tendió la mano– Eres el lider ahora. 


—Somos una dupla, estoy acostumbrado, por cierto Rodia, sobre Arabella y los demás –Le susuró algo al oido–


—Es cierto. 


El asintió y le palpó el hombro. 


—Tu hermano –Dijo Billy, y una sombra de tristeza se le asomaba en los hombros– Rescatalo, en honor al mío. 


Rodia asintió, no sabiendo si abrazarlo o estrecharle la mano. Pero al final Billy se decidió por resolverle el dilema con un sentido abrazo.


—No te rindas –Susurro Billy– es lo único que te pido. 


—No lo haré –Las palabras salieron con emoción–. 


...


Nolai se quedó frente a la tumba de Rocio. 


—Lo resolvimos por fin. 


La brisa sonó como una velada respuesta. No es la clase de cosas que iban con Nolai, pero lo aceptó. 


—Espero que estés en paz. Solo faltaría que la carga en vida la lleves en el después. Espero que el viejo Eric no esté causando problemas también. Era muy dado a dar la lata. 


Se quedó sin palabras mientras daba una calada, sus manos se pringaron de ceniza. 


—Hasta siempre, hermosa. 


Se alejó de la tumba y vio a un chico con una espada en la espalda que le resultó familiar. 


...


Rodia se detuvo ante unas tumbas. 


Entre ellas una estaba reservada al gobernador. 


Pero fue más allá. 


Allí estaba la tumba de Arabella. Era una piedra tallada con su nombre, pero era más que suficiente. 


Se quedó allí un rato. 


—Vaya, aquí te encuentro aprendiz de mago –Exhaló una calada–. 


—Ah, eres tú. 


Se puso de pie.


—Estoy aquí para ver a, ya sabes. 


El asintió. 


—Estoy un poco en crisis –se acicaló la nuca– Y no tengo tiempo que malgastar, pero te acompaño fuera. 


—¿No estoy en problemas?


—No soy un guardia, ni inspector, soy solo un abogado. 


Le cedió la tarjeta. 


—Es la segunda vez que me giran una de estas, la otra no salió bien. 


—Considerame de buena suerte. 


Los dos caminaron con el peso de lo que perdieron en el camino. 


—¿Ahora que harás? No es por vigilar, es simple curiosidad


—Encontrar a Jodie, las llavesfera y salir de la ciudad. 


—Tienes una misión complicada.


—Lo sé, pero tengo que salvar a mi hermano. Cueste lo que cueste. 


Los dos se quedaron en el llano del cementerio. El lugar desprendía esa energía residual de historias incompletas y finales abruptos mezclado con una sensación de desasosiego. 


—Vaya, así que aquí estás


Rodia se dio la vuelta. 


El gran mago, Jodie y Ian Ortell estaban en la entrada.


—Que hacen aquí. 


—Jodie le mostró la esfera. Estaba hecha de cristal claro sujeto por un refuerzo metálico con un bruñido dorado. Rodia lo sujetó y una luz verdosa apareció dentro, como pequeñas pecas incandescentes que revoloteaban alrededor.  


—Esmeraldita. 


La tercera llavesfera finalmente estaba en su poder. 


Jodie sacó el cabezal del Alud. 


Rodia la tomó. Recordó las notas de Grace. 


Miró donde había localizado su tumba y la plantó allí. 


Al lado de las piedras de Riven. 


...


Nolai regresó al trabajo. 


Maebe y Phinex tenían malas noticias. 


—¿Accedieron a mi renuncia verdad?


—Asi, es. Lo siento Nolai. 


—Era inevitable, lo encontraron antes que nosotros. 


—¿Podemos hacer algo al respecto?


—Lo dudo. Creo que es definitivo, por ahora. 


—¿Y donde irás, que vas a hacer? —Preguntó Maebe—.


—Ya se me ocurrirá algo. Phenix –Saludó a su rival– Buen juicio el último. Serás un dolor de huevos ejemplar cuando afines tu discurso. 


Phinex sonrió. 


Maebe se largó a llorar.


—Ahora quién salvará a la ciudad de los canallas si Phenix es un inútil


—Aprenderá —Dijo Nolai— Te tiene a tí, después de todo. Si quisieras nos ganarías a todos. 


Maebe se seco las lágrimas. 


—Prometo escirbirles. Es más de lo que puedo hacer. 


...



Ian Ortell firmó un pase para que Rodia y Jodie vayan por una carreta hacía el final del distrito.


Con sus mochilas a cuestas los dos viajaban en silencio.


Rodia recordó el sonido de unas botas y el rasgado de una cuerdas. 


Salieron de allí y fueron camino a unas ruta boscosa.


—Me sorprende que no te quedes, parece que iba bien con el arquitecto —Dijo Rodia.


—Ian es bueno, pero al igual que tú yo tengo esta misión entre manos, y la espada, no lo olvides. 


—Eso tendrias que preguntarle a-


Los dos miraron atrás, Nolai estaba respirando con dificultad.


—Dios, me costó llegar aquí. 


—¿Que demonios?


—Voy con ustedes. Estarian jodidos sin un buen fiscal. 


Los dos se miraron. 


—¿Estas seguro? —Preguntó Jodie— No es un camino de rosas. Lo aprendí a la fuerza. 


—No tengo nada que hacer aquí, así que en fin. 


—¿Sabes pelear?


—No. 


—Sabes cartografía, geografía.


—Soy muy bueno preguntando y ejerciendo poder por otros medios. 


Jodie señaló la espada de Rodia.


—Dime, la espada es mía o suya? Firmamos un papel.


—¿El papel llevaba una firma?


—Del reino. 


—Entonces me pertenece, soy el que tiene la última palabra en un tratado. 


Rodia por primera vez desde hoy, sonrió. 


—Me agradas. 


Se dió la vuelta. 


—Cargas la mochila con comida. 


Jodie se lo pasó. 


Nolai suspiró. 


—Podria haber sido peor. 



Y avanzó junto a sus nuevos compañeros, hacia el camino, hacia la luna, hacia donde sea



*Fly me to the moon


Let me play among the stars


Let me see what spring is like


On a, Jupiter and Mars


In other words, hold my hand


In other words, baby, kiss me


Fill my heart with song


And let me sing for ever more


You are all I long for


All I worship and adore


In other words, please be true


In other words, I love you


Fill my heart with song


Let me sing for ever more


You are all I long for


All I worship and adore


In other words, please be true


In other words, in other words


I love you.*

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