sábado, 23 de agosto de 2025

Rodia 2

Toss your dirty shoes in my washing machine 

heart

Baby, bang it up inside

I'm not wearing my usual lipstick

I thought maybe we would kiss tonight

Baby, will you kiss me already?

And toss your dirty shoes in my washing machine 

((heart))

Baby, bang it up inside

Baby, though I've closed my eyes

I know who you pretend I am x2

I know who you pretend I am


But do-

mi-

ti


Why not me? Why not me?

Do-mi-ti

Why not me? Why not me?

Do-mi-ti...

Why not me? 

Why not me...



PARTE I

¿Por qué yo?


La lluvia caía en cantidades industriales. Las gotas tocaban la piel formando pequeños surcos fríos en el rostro de Rodia. Su cuerpo estaba encallado en el suelo, sus piernas no le respondían. 

Había atravesado un muro de cuatro metros de un salto y su cuerpo pagó el precio.  

Maldición

Se puso de pie. 

Tomó su frasco y lo bebió. Sus pulsaciones aumentaron. Dio un paso. El dolor punzante poco a poco fue mermando. Agarró su bolsa mojada y la empuñadura de la espada. 

El bosque era frondoso y oscuro. Solo podía ver gracias al brillo que proyectaba la llavesfera que alumbraba como un bichito de luz pálido.

Empezó a caminar a paso lento pero seguro.

Algún relámpago ocasional delataba la avanzada de la noche. Poco a poco iba amaneciendo.

—Debo encontrar...

De vez en cuando se detenía para orientarse y proseguía. 

—...una cama, argh maldición

Después de caminar un largo trecho el dolor volvió a circular. Tomó el frasco y bebió todo el contenido restante. _Quedan tres_. Pensó sujetando la bolsa con el resto de brebajes tintineando.  

La lluvia empezó a calmarse, pero los charcos eran hondos. Rodia cayó varias veces y se incorporaba como podía. Su ropa estaba completamente empapada. 

Caminó un poco más hasta quedar en un claro. 

—Refugio...

Escuchó el murmullo de voces en la distancia. Cuando se fue acercando se dio cuenta que no eran voces de pueblerinos comunes, sino guardias. 

—No...

Se dio la vuelta. Los cardenales hacían que gruñera como un animal herido. 

Pasó de largo entre los árboles. Cuando escuchó que las carretas y las voces perdian fuerza se permitió exhalar aliviado.

La claridad del cielo era cada vez mas notoria, y a cada paso escuchaba el trino de los pajaritos. Se imaginó volando para dejar el lodazal, como un ave; y un piedrazo atravesó su conciencia matando su plan. Se pensó entonces como sapo, croando para evitar las piedras de los niños, y el peso de una rueda lo hizo reventar. Retiró toda esas ideas. 

—Mejor como estoy... Solo así puedo defenderme con la espada... 

Los trinos se volvieron más fuertes mientras caminaba por el bosque. Estaba tentado a tomar otro frasco pero tenía que economizar.

—Pajaros, no dejen de cantar por favor... Si se van quiere decir que viene alguien detrás de mi más peligroso... 

Entre el cantar de las aves se mezcló voces lejanas 

Como un penitente Rodia seguía caminando con la espada a cuestas. El peso de la hoja lo mantenía alerta. 

En el fondo de una esplanada vio una casa de piedra. Había luces de velas, podía verlo desde arriba como nubes amarillas y esponjosas. 

—Refugio...

Creyó haber dado un paso 

Cayó desplomado, 

Rodando por la esplanada.

Quedó inconciente. 

...


[Universidad de la capital]

En un salón apartado una chica con el cabello castaño estaba escribiendo una fórmula en el pizarrón -con mucha violencia-.   

—Esta es la fuente eléctrica secundaria o alterna; es un conducto de energía muy parecido a las venas de un cuerpo -Vivo, claro- (sonrió a la nada). Es como si a las velas de las casas las encendiera una súper llama estando a kilómetros de distancia. Mi propuesta es: 

(Se escucha el trazo de tiza al apretar con la intensidad para dar dentera);

—...Tomar una fuente y usar un conductor: algo que sea sensible a la tracción de los rayos. Así todos pueden tener un excelente... Mierda, la tiza. Como dije, es el futuro de la fuente eléctrica"

Jodie miró a la audiencia, que se dividia en sillas vacías y algún que otro extraño dormido que venía a la universidad a pedir limosna. 

La joven suspiró. 

—¿Preguntas?– Dijo, parte ensayo parte ironía, mientras se sentaba al borde de la tarima. 

Leyó sus notas con cuidado. —Espero que sea suficiente. Estuve toda la maldita tarde...

Oye–El sujeto que se hallaba durmiendo se despertó —¿El comedor donde está? – llevaba un pedo de varios días -o noches–

Jodie le señaló la salida con indiferencia, el sujeto yéndose con paso somnoliento le agradeció. 

Ahora el salón estaba vacío. 

Como mi alma

—¿Alguna otra pregunta?– Su voz rebotó entre el vacío del salón y el sordo clack de la puerta al cerrarse.   


...

"Richi, Lorence, Fiona..." Jodie salió por el pasillo y se detuvo en la vitrina con el nombre de todos los estudiantes 'modelo' de la universidad. Todos son buenos, no lo voy a negar: pero les falta huevos.  

Su nombre apareció en el tablón anual:

Jodie Fleming, 22 años. Hija de Arthur Fleming, arquitecto cosmopolita (D.E.P)

—Aquí es cuando debería marcar la historia, como papá— apretó su mochila. —Espero que estés orgulloso –Le temblaba la voz– donde quieras que estés.  

Salió de la academia y caminó por la ciudad. El murmullo de las carretas al ir y venir y la gente haciendo su rutina la tranquilizaban, sentía que cada clavo estaba martillado, cada paquete bien entregado. Cuando todo opera correctamente sin mi, es como ver un sistema neurálgico, o una bonita maquinaría aceitada, suciedad que no me corresponde.  

Paso sus ojos por una tienda de souvenirs imaginando piedras de compuestos intercambiables en lugar de baratijas. Se quedó un rato rezagada, hasta que el dueño de la tienda se aproximó para preguntarle sobre precios, No, gracias y se fue sin decir nada.  

Recorrió varias calles hasta llegar a una zona de herrería. Allí los guardias de la ciudad solían quedar para comprar sus armas y hacer cotilleo matinal. No se le escapaba que la gente les rehuyera, así que también era el sitio perfecto para distenderse, lo que venía a significar trapicheos ocultos. 

—Pero si es la hija del gran Fleming –Dijo un guardia, de los recién llegados– ¿Cómo está la científica?

La sonrisa de ella desapareció

—Bien, quizá un poco acostumbrada a la suciedad. Pero bien. 

—¿Ah?

Los tres estaban apoyados contra el edificio de la herrería, no parecían tener prisa por entrar. 

—¿Me van a dejar comprar o tengo que pedir algún favor? Escuché que varias señoritas del distrito de la seda estaban hurgando paquetes y pegando salivazos por una protección que no querían. 

—¿Que insinuas? –Dijo uno de ellos, a la que Jodie bautizó como teniente/general mostaza (aunque sabía su nombre real, le daba igual)– 

—De paquetes, por supuesto –Su voz tenía un tono dulce y ácido. 

Los guardias la registraron de arriba abajo. 

—Las estudiantes como tú no deberían estar metiendo sus narices donde no le llaman. 

—Dijo la tetera al cazo —Jodie siguió— Todos estamos en la misma cocina, pero preparamos diferentes filetes ¿No crees? Ahora déjame cocinar.

—Por supuesto –El hombre se jactó– vámonos caballeros, dejemos que la mujer cocine. 

Me dejó en loading, que idiota soy 

Entró a la herrería maldiciendo. 

Un hombre corpulento estaba martillado un filamento plateado.  

—¿La misma de la semana pasada, Tyr? –Se presentó Jodie. 

—No. Esta es para un comerciante.

Le mostró la barra de metal al rojo, el calor se sentía incluso desde lejos, el rostro de Jodie sudaba pero le daba igual.   

—Unos cuántos centímetros de pesuña —la voz del hombre sonaba rasposa y grave, como cantante rebelde. 

—¿Para Navaja? No creo que pueda hacer mucho con eso, los bandidos suelen meterse hasta en la sopa de los comensales.

—Para asustar pringados basta con una pulgada de daga, mejor si es de un filo punzante. 

Jodie se acomodó en un asiento. El clank de los martillazos sonaba, recordando la metáfora. Todo funciona mejor a martillazos. 

—¿Tienes lo que te pedí?

—Tengo noticias, buenas y malas –clank– La buena es que tu pedido estará pronto –clank– La mala es que ese 'estará pronto' no es hoy.  

*Clank*

—No puede ser –jodie dejó de sonreir– Te dije que era importante, ¡no me dejes en banda! –sintió como el vapor le bajaba la temperatura corporal como sudor frío.  

—Lo intente, créeme, pero muchos pedidos de gente muy importante vinieron antes, ya te lo dije: a veces tien-

—...es que clavar un clavo. Llevo con esa idea en la cabeza todo el santo día. 

A la mierda la presentación práctica, ahora tendré que depender de mi léxico. 

—No sé qué hago aquí–Se levantó y tomó la mochila–Sin esa mierda estoy fuera.

—Si quieres puedes ayudarme con los pedidos. Hoy me llegaron del norte, ¿Qué dices? Así dejo un rato la herrería para beber.

—Ya te encantaría, pero estoy ocupada. Cuando dejes de pensar en zorras y correr mi pedido te ayudaré. 

—Dificil lo veo. 

Escuchó las risas de los guardias fuera. Probablemente hablando de otra víctima.

—¿Que con esos idiotas? –Jodie señaló con su cabeza– ¿Quieren encerrarte o qué? 

—Ultimamente andan por aquí con botijos, nada grave, solo mocosos jugando con fuerzas que no entienden. Como una que me sé. 

Jodie le señaló. 

El hombre rió. 

—después nos vemos –Se despidió Jodie. El hombre siguió martillado en un silenció elocuente. 

Salió de la herrería, el frescor de la calle le golpeó el rostro. El calor corporal se impregnó como el trabajo ajeno, insatisfecho, apagado. 

Los idiotas rieron. 

La suciedad ya estaba en su piel. 

La insatisfacción se prolongó incluso cuando llegó a su piso y se quitó la bata y las botas.

Revisó las facturas de su casero, que le pedía 'por favor' que la vaya a ver para hablar de su renta excelente, pero 'impersonal'. Como si existiese una forma de pago más agradable que pudiese realizar. 

Pervertido

Se sentó en la cama mientras miraba sus notas y comía bastoncitos de chocolate. Tal vez debería quitar esto, es demasiado largo... Esto es demasiado corto...— susurraba corrigiendo su proyecto. 

Al cabo de un rato dejó las anotaciones y se dispuso a ver el artefacto que había comprado en una tienda. Era un cubo con partes intercambiables, un juguete. —*Una fuente...*— Dijo mientras quitaba las partes y ponía otras de metal. —Si puedo conseguir que esto cuele entre las tormentas, quizá pueda retener electricidad... ¿Pero como hago eso? Además...— Resopló una hebra de cabello y miró su escritorio. —Ah... la ciruelo. 

Un afiche se hallaba entre colores violeta, con una imagen que retrataba una chica con un sombrero y una varita mágica. Un anuncio pomposo de una Magician en un espectáculo.

—¿Es hoy?. 

...

Salió de su piso, con una túnica y un chal verde que contrarrestaba su cabello castaño otoñal. La lluvia del día anterior había dejado charcos en el suelo que pisaba sin contemplación. 

Llegó al anfiteatro "mágico". Allí la gente se apelotonaba como si fuesen a servir el caldo de la última cena. Jodie se metió entre la multitud. 

En la tarima, cerca de la letras brillantes anunciaban el nombre de la principal artista

"¡¡El increible show de Sunny Penthra!! ¡¡hija del gran mago Valdren Revolución del espectáculo mágico!!"

—Dioses -musito Jodie al notar el excesivo ñoñismo hortera en aquél afiche. 

—¡¡Damas y caballeros, están a punto de ver un espectáculo inolvidable....!!

Un hombre entre bambalinas bajó con una cadencia de voz imperturbable, un murciélago con la capa cubriéndole el traje negro y violeta. 

La gente coreaba el nombre:

—¡Val, val, val, val!

—Engreido -Dijo Jodie, rodando los ojos, pero con tono cálido, de quién ya le conoce de hace años. 

—¡¡De la gran! Y digo GRAN Sunny Penthra!!

La gente ahora alternaba Val,val,val con:

—¡¡Sun, sun, sun, sun!!

El telón se abrió: había una puerta delante. No muy remachada, totalmente blanca. Se abrió, como si tuviese miedo de hacer ruido, lento. Una luz cegadora salió del lugar y se posiciono, de rodillas, con la capa cubriéndole todo el cuerpo, una figura; su mano enguantada en el sombrero haciendo una reverencia. Luego se lo sacó y dentro apareció un conejo. 

—El truco más viejo del libro, Sunny ¿No tienes otro? –Dijo Jodie, expectante. 

La liebre corrió ante la atenta mirada de todos los presentes, Sunny sacó una varita mágica y recitó "Surite Lunabell cascabel" con voz estudiada y (accionando un interruptor debajo de su bota blanca) la tarima emitió otro brillo cegador haciendo desaparecer al conejo.

—Oh, me pregunto dónde habrá ido–acotó con sarcasmo, sabiendose el truco de memoria.

Sunny movió la galera y dentro había un huevo blanco del tamaño de un balón. Lo dejó caer y dentro el conejo emergió. 

Los presentes estallaron de asombro, pero algunos, como Jodie, resoplaron. Claramente no eran primerizos.

Sunny elevó la varita al cielo y de repente una corriente de aire pasó vibrando por todo el recinto: un haz de luz flamigera giraba y hacía ondulaciones, dejando destellos de fuego. Sunny bajó la varita y la estela de fuego pasó entre la multitud como un cometa zigzageando entre obstáculos.

La bola de fuego se aproximó a la cara sonriente de Sunny y antes de tocarla Valdren detuvo la llama con una mano. 

—¡Mira!, ¡Una estrella caída del cielo, Sunny!, ¿Que nombre le pondremos a la maravilla, hermosa hija?

La chica se acercó con la varita y puso su dedo en el mentón —Destella como una bonita constelacion, así que se llamará... ¡Aurora!

El fuego se congeló y explotó en cristales de colores; dentro, un cacatúa salió con plumas vistosas. 

—¡Aurora, bonita, Aurora quiere a Sunny y Valdren por haberme creado!–Dijo el ave graznando. 

Y todos volvieron a estallar en aplausos. Incluso los más incrédulos debían admitir que era alucinante. 

Jodie arqueó una ceja sonriendo —Aurora, nunca falla. 

El show continuó hasta tarde con voltoreteas y salidas intrincadas de espacios cerrados, y la gente se quedó satisfecha. 

Jodie se acercó a Sunny que estaba escribiendo los últimos autógrafos, su sonrisa solemne y su encanto encandilaba a la gente. Cuabdo vió a Jodie levantó la mano y la saludó con efusividad. 

—¡Yody! ¡Te acordaste del show!

—Si, si, pasaba por aquí y... En fin, ¿Cómo estas?

La chica no parecía oírla, el barullo general era grande. Jodie miró con una ceja alzada voy a tener que esperar que todos se vayan, qué remedio. 

Después de unos minutos de egotrip se sentaron en el atril. La cacatúa volaba alrededor pareciendo especialmente contenta.

—Bonito espectaculo, esta vez te luciste –Empezó Jodie– aunque los trucos como los del guante están gastados —Le mostró el suyo.  

—Ese es un clásico– sonrió, Sunny –no puedo dejarlo fuera del repertorio –Miró a Jodie que hincaba el codo –¿Cómo estás tú? Te noto deprimida.

Jodie miró a las butacas, alli 'el señor' Valdren hablaba con un sujeto, probablemente alguien de catering.

—Nada —Suspiró—Es solo que se acerca la presentación y demanda mucho. No soy buena yipiyapa, sabes. Y las pruebas no salieron como quería –aclaró– nadie quiso ayudarme. Miró a Sunny, ella sacaba la lengua a modo de disculpa.

Encantadoramente superficial

—Lo siento Jodie,, pero estaba muy ocupada, papá y yo preparando el show para las siguientes fechas... tenía que practicar. 

—Como sea. De todos modos sin ellas la cosa esta en la teoría. Siempre se trata de tener la idea. Y que los demás retengan información, aunque sea a martillazos. 

Valdren terminó de hablar con el hombre y se acercó. 

—¿Quiénes irán?–Preguntó Sunny, moviéndo sus pies como una niña. 

—Profesores y compañeros revoltosos... es a los que debo convencer de que la propuesta funciona.

—¿Y cómo será? ¿Habrá algún truco? Ya sabes que la presentación es muy importante.

–No es espectaculo, Sunny, esto es serio: mi vida profesional está en juego, si lo hago mal...

El pájaro se posó sobre el hombro de Sunny y graznó. 

–Trabajo complicado, Sunny lo hace fácil, ¡Aurora acompaña encanto de Sunny y brillo de papá!

—Gracias por la confianza, Aurora–Suspiró Jodie– Pero si, te quería pedir consejo... No soy buena en los discursos.

Aurora graznó:

—Jodie opaca, ¡Necesita novio!

—C-callate, estúpido pájaro.

Sunny soltó una carcajada. 

—¡Ay! ¡Siempre puedes dejar la academia y venir conmigo! sabes que el show business siempre requiere gente dispuesta: ¿que tal si trabajamos juntas? ¿No sería genial? —Dijo Sunny honesta. 

—¡Su,su,su! ¡Jo,jo,jo!–Graznó Aurora.

—Paso. Solo necesito algún consejo. Dame las pautas y las seguiré a rajatabla. 

—Ese es el problema Jodie, no se trata de seguir una regla, ¡sino de sonreír! —Puso sus dedos en la comisura de la boca y una mueca estirada se le estampó en la cara, como una niña— La práctica viene bien para hacer acrobacias, pero dudo que quieras hacer eso.

Un "jum" de asentimiento salió de Jodie. Sonrisa o risa, todo eso parecía demente, no podía teatralizar como su amiga. 

—Va a tener que ser más que eso, Sunny; no puedo tener una cara perturbadora todo el rato. 

—Bueno, quizás debas relajarte un poco, ¡Y sonreír no es perturbador! ¿Que es lo que siempre te relaja?

—El alcohol. 

El pájaro graznó: 

—¡Jodie toma de lunes a domingos!

Jodie sonrió, siniestra.

Me parece que cenaremos pico de gallo

Sunny rió preocupada, frotándose un pliege de la capa. 

—Eso no servirá para nada. Vas a tener que encontrar la fórmula tomando cosas sanas. 

Valdren se acercó a paso elegante. Al ver a Jodie su sonrisa se volvió más angulosa. Aurora voló y se posó en su hombro. El hombre hizo una reverencia.

Payaso... Pensó Jodie.

—Mi encantadora jovencita, déjame darte estos dondiegos que con gusto saqué de la galera para agradecerte... —Abrió los ojos, de un amarillo difuso–

...La vida.»

—No, gracias.

—Tan arisca como siempre –Las flores se esparcieron en el aire cayendo como lluvia de loto– Qué encantadora. 

Sunny solo reía, cortez, aplaudiendo el truco. Era el acompañamiento musical de su padre. 

—Escuché que tienes un interesante espectáculo en la universidad –Continuó Valdren tomando un pétalo y deshonjandolo– imagino que irá todo el mundo o de lo contrario será un fracaso.

—No es un espectáculo: es una presentación, y no necesito tus opiniones, darling.

El hombre seguía sonriendo imperturbable. Tiró la flor que cayó como un botón amarillo.   

—Me parece perfecto. Algún día te invitaré a una cena, ¿Qué dices, querida? Cerca del lago, con velas danzarinas de colores intensos, como tu mirada.

—Alucinas, Valdren.

Aurora graznó de nuevo. 

—Papá tiene brillo, el brillo de papá crece cuando está cerca de Jodie ¡Jodie debería aceptar propuesta de papá! ¡Jodie necesita novio!

—Pajarraco, cállate. 

Valdren se rió con una carcajada profunda, clara y ensayada. 

—Ahora tengo cosas que hacer, luego nos vemos, querida. Piensa en la propuesta. 

—Ve por la senda correcta esta vez, Valdren —Contestó Jodie—no vayas a tropezarte con bandidos. Estos días la gente va agitada. 

—No te preocupes, querida —Dijo con una sonrisa que nunca llegó a sus ojos–me mantendré en el camino. 

Al irse, Sunny parpadeó.

—¿Qué demonios fue eso?

—Charla de adultos, no lo entenderías siendo tan pequeña. 

—Tengo diecisiete, Jodie. 

—Lo que dije: muy pequeña. 

Sunny se paró y se alisó el vestido violeta. 

—Bueno, voy a comer algo, ¿Quieres venir?

—Paso, tengo que dormir para estar fresca. Tomaré tu recomendación. Será de ayuda. 

Y Sunny sonrió como si se prendiera una lámpara incandescente. 

—De nada.

Jodie resopló. 

Sentía la suciedad en su pelo, piel y ahora más adentro. 

Soy un asco

...

Rodia despertó con dolores en todo el cuerpo. Sintió que el amarillo de las velas le invadia la vista como pequeños fantasmas danzando en sus ojos.

—Donde estoy...

Sentía la cabeza embotada. El aire olía a madera de pino, y a papel tinta. 

Miró al costado y vio una puerta de madera vieja. Se levantó, el fresco le erizó la piel; se dio cuenta que estaba desnudo, con cierta vergüenza se tapó de nuevo. 

—¡Ah! ya despertaste.

Una mujer entró a la habitación, era de mediana edad con un vestido blanco de campo. Su sonrisa medio amarilla daba una impresión humilde, pero no parecía descuidada; más bien ocupada. Rodia no quería responder pero la osadia de verse desnudo le envalentono.

–Señora... Donde estoy... Mis cosas están...

—No te muevas –Dijo poniendo su mano en el pecho de Rodia– te tuvimos que vendar, tenías cortes por la gamba y el costado...

Rodia recordó la huida.  

–Mi marido llegó con la carreta y dijo que vio un joven en el camino, mientras vos dormías en el fango a unos metros cerca del establo. Fue como invocar a la tagualpa'– Se rió. –Mis hijos te encontraron y le llamaron. 

—¿Mis cosas?

–Ah si, la bolsa estaba hecha minga y la tire, tenía un papiro arrugado, lo dejé que se seque pero quedó como bola de toro. La espada la empeñamos para comprar los vendajes. 

Rodia contuvo la respiración, el corazón se le aceleró.

–¿¡Qué hizo qué!? ¿¡A quién!? 

—Al don roque, un vecino que hace años le falta una buena mano en la chacra, lo va usar de escarba dientes mijo' igual que la bola, todo se vendió

La mujer le sostuvo la mirada unos segundos -eternos- y de pronto soltó una risilla:

–Es bromita: está ahí junto a las azadas. La bola y los quinotos raros también, y el jarabe verde. 

Rodia suspiró de alivio, por un momento se vio corriendo tras sus cosas bajo la lluvia en el campo. 

La señora reía, tenía una risa maternal y cálida, como un fogón en una noche fresca. 

–Ya te traigo la comida. 

Rodia se volvió a sentar. La señora se marchó de vuelta al rancho. _Perdí el mapa_ se dijo, pero al menos tengo la espada... y la llavesfera. El resto lo podía reponer. Además, los detalles no se le olvidaban. 

Recordaba su siguiente parada...

La capital.

–Señora, puede traerme algo de ropa... 

Los quinotos si que los tenía, desde luego que aún los conservaba. Pero la señora se había ido con un poco de su dignidad en la mano. 

...

En la capital la mañana no olía a pino ni a tinta fresca; sino a sándalo, perfume barato y cuerina. 

Jodie despertó cayéndose de la cama, oliendo la madera en el aterrizaje. Se frotó los ojos, se arrastró por el suelo y se levantó a medida que se acostumbraba a la luz. Miró su mochila y el reloj en la pared:

–Es la hora. 

Se enjuagó la cara, se cambió, se puso colonia y hasta tomó un trago de alcohol para estar más despejada. 

Llegó a la universidad más temprano que siempre. Allí la gente se reunía, entre compañeros profesores y algún casual que venía a comer -o eso pensaba Jodie. 

Cuando estuvo en la sala se acercó el rector.

—Mucha suerte, Jodie, lo vas a necesitar. 

Le tocó el hombro, acto que a Jodie la incomodó mucho. 

Pero además... Veía a la multitud; estaba llenó de gente. Personas que ni conocía. Casuales, pero también mercaderes y algún que otro noble. ¿De dónde salieron?

Carraspeó para aclarar su garganta. Quería hablar con ellos pero no tenía tiempo. Se paró frente al estrado y empezó la charla. 

—Hola, hoy les voy a enseñar lo que estuve trabajando estos días. 

¿Enseñar? Ya empezamos mal

La gente se quedó en silencio mientras sacaba los papeles y tomaba la tiza. 

—Esta es la fuente de energía ... Que hará cambiar la electricidad por décadas... 

Dibujó un sol, luego unas nubes; sabía garabatear, pero tampoco era Caravaggio.

Se dio la vuelta y sonrió, algunos sonrieron con ella pero se dio cuenta que estaba siendo una conexión muy extraña. Quería que la gente le prestara atención al proyecto; no a ella. 

No obstante en el breve lance, en la multitud vio a una figura que le sonreía y le levantaba los pulgares, con el cabello negro y una túnica que le quedaba grande.

—Sunny –soltó sin pensar y se dio la vuelta– Em, digo: sorry. Voy a empezar

Carraspeó

«Como bien saben nos hemos valido de incontables–Digo, de una sola fuente de luz, la natural. La que sale de las fogatas y hogueras. Todos nos hemos valido de la espontaneidad de nuestro amigo fuego (dibujó unos hilos que representaban el elemento). El calor es universal. Nos ha servido a lo largo de la historia para ilustrar el avance de la especie; desde que nacemos hasta que morimos, es la llama interior la que se apaga en nosotros. Eso es inevitable, pero si contemplamos la historia de cerca –dibujó un círculo en medio de las nubes– recordamos que un rayo cayó entre los árboles y pulverizó una rama, allí surgió la primera firma o como dirían los Magicians –miró a Sunny–, un spell de energía surgido de los cielos. Ese fue el calambrazo divino. Si fue místico o no ahora no es nuestro asunto, pero también cometimos el error a la inversa; nos centramos demasiado en la consecuencia, pero teníamos que habernos fijado qué lo generó (dibujó unos símbolos) Coruscatio. Inazuma. Sagitta Ignis. Fulmen. (golpeó el pizarrón con la tiza) El rayo. Esa es la verdadera fuente de energía humana. 

Miró a todos, pero no notó un cambió sustancial en la sala. Era como si la espiga de arroz les hubiera servido en un plato frío. 

Estaban totalmente tiesos. 

Qué demonios pasa...

Retomó la explicación, más dudosa. Saltandose algunos pasos:

—En la fuente natural existe algo más natural y eso conecta con el metal corporal, también con ese metal retiene la carga eléctrica y da sostenibilidad a todo el sistema. Es algo que estudie desde muy pequeña. Aunque no tengo fuentes verificables –me temo que eso lo veremos en otra ocasión– miró a todos los presentes, sintió una punzada en el pecho– La ... Ah, perdón, se rompió la...

Silencio. 

Algún carraspeo interrumpía la incomodidad del momento. 

—...como decía. El rayo cae y el material conduce, el metal sostiene. ¿Alguna pregunta? 

Eso es Jodie, dinanismo

La gente abrió los ojos, como si se sorprendieran de ser llamados. Sunny miró alrededor no sabiendo muy bien que preguntar por más que estuviese interesada. 

—Yo tengo una, ¿Cuánto duraría el efecto de la luz? –Preguntó el rector.

Jodie tragó saliva.

—Buena pregunta, hasta que el conducto se desgaste, dependiendo de la durabilidad, meses o años. La idea es-

—¿Quieres decir que esto podría alumbrar un establo por años? ¿Luz natural... por décadas? –Preguntó un mercader, asombrado y eseptico. 

—La idea es tener electricidad para siempre.

Los profesores se miraron, los compañeros hablaban en voz baja. Sunny aplaudió como si hubiese hecho un occus poccus y sacado un conejo de la mano. 

Uno de los presentes –un noble adivinó Jodie– dijo:

—Usted es la hija del arquitecto Arthur Fleming, ¿no?

—Ajá –Jodie se olió lo que se venía.

—¿Usted tiene idea de como... Ya sabe, cartografiar? –Continuó.

—No. Mi trabajo se centra en la teoría cientifica, no soy mi padre –Dijo lo último con hiel en la voz. 

—Pero su padre ha construido el puente que une la capital con el norte y el sur. También las calles pavimentadas y el gran museo. 

—¿Y?

—Pensé que naturalmente había seguido con los planes póstumos de él. Había entendido que tenía pensado contruir otra gran catedral cerca del cementerio, donde yacen la buena gente de la ciudad. 

¿La gente muerta? ¿En eso piensa?

—No tengo idea de eso, mi padre no me cedió ninguna instrucción. Su más 'brillante discípulo' vive más al norte. Él y yo no nos carteamos. 

—¿Para nada?

—No.

Más gente empezó a murmurar. El que dió el comentario volvió a la carga:

—Bueno, es una pena que los planos de Sir Fleming no se usen. 

—Es una gran pena, si, pero esto no se trata de él. Es sobre mi proyecto. ¿Puedo seguir con la explicación? Esto es importante...

—Ah, no disculpe, joven, solo venía porque creía que hablaría sobre los planes a futuro de la reconstrucción de la catedral.

Se levantó y se fue sin decir adiós.  

—¿Alguien más que haya venido por Arthur Fleming? –Preguntó el rector. 

Un gran número de personas se paró y se fue de la sala. Ver eso fue como fulminar un establo donde el corazón de Jodie sostenía las vigas 

La quedó semi vacía. 

Solo los compañeros y los profesores se quedaron a contemplar el final: 

Jodie tragó saliva. Se sintió como brea. 

Mi sueño recurrente... 

—Como decía –Retomo con apatía en la voz– esto será revolucionario...

—Perdón Jodie, pero exactamente ¿Que metal o conductor tienes pensado para la electricidad? –Preguntó un profesor.

Mi pesadilla...

Jodie ya no veía a nadie.

—Aun no lo sé, estuve investigando pero no armé nada a tiempo que pueda retener el voltaje, además de que nadie me quiso ayudar para la presentación...

—¡Porque estás loca! –uno de los pocos estudiantes se paró y le señaló– ¡Quieres que nos quedemos con un tonto objeto en las manos a que nos de un rayo!

Maldito

—Eso no es cierto, Ritchie, se los expliqué, cuando el rayo se acerque tendrías protección para que no te afecte...

—¿En serio estabas consultando a compañeros para un experimento así de peligroso? Es una irresponsabilidad que puede devenir en castigo – Dijo el profesor, fulminando el techo. Jodie, a corazón abierto empezó a arder.

—¡Porque nadie me hacía caso!

Elevó la voz. 

—¡Los profesores me dijeron que demostraciones fuera del laboratorio estaban prohibidas!

—¿Y por qué insististe?

—Porque...

Se quedó sin palabras. 

—¿Por qué? ¿No podías contentarte con un atrapar luciérnagas y hacer experimentos con luces orgánicas? Es algo que estaba en los planes de estudio, o con lámparas de sal...

—Eso es una tontería...

—¿Por qué?

—¡Porque nada de eso sirve! –Dio un golpe al pizarrón, motitas de cal cayeron en su cabeza–¡Tenemos que avanzar! tenemos que unir a la gente y la luz natural es...

—Es peligroso...

—Ya lo sé... Pero...

—Es solo un proyecto académico, Jodie, no necesitas hacer más... 

—Tengo que hacerlo...

—¿Por qué?

—¡Porque papá lo hizo a mi edad!, ¡Consiguió revolucionar la arquitectura!... Y quería... Quiero...

Se consumió poco a poco y el murmullo se convirtió en una lluvia fría y sostenida. Jodie se derrumbó en el suelo, agarrándose con los brazos. Su cabello lleno de caspa de tiza era lo único que resaltaba en ese cuerpo encerrado. 

Escuchaba voces pero no recordaba de quién ni de donde salían

—Jodie, no eres tu padre...

Pero soy su estúpida hija...

Los compañeros se fueron reuniendo uno en uno y retirándose. 

La presentación había terminado. 

El fuego consumió todo lo que quedaba. 

Los profesores hablaron en voz baja. Se retiraron en silencio. 

—Hablaremos en privado– Dijo el rector, entre los escombros de Jodie. 

Ella no respondió. 

Después de unos momentos escuchó los últimos pasos

—Lo siento– la voz suave de Sunny llegó a los oídos de Jodie como una herida

—Tú los trajiste, ¿no es asi?

Silencio. 

La temperatura volvió a descender.

—Pense... que sería buena idea. Para animarte. Pensé que tal vez con más gente podrías...

Jodie explotó

—¡No me jodas, Sunny! ¡No soy tú! ¡No tengo problemas de atención!

Sunny se llevó las manos a la boca, mirando la expresión de ira de Jodie

—Pero-

—¿¡Pero qué!? Eres solo una mocosa, Sunny, ¡No entiendes nada! ¡Tu tonto padre te heredó sus problemas y quedaste imbécil!

La luz de la Magician se fue apagando con esa sentencia.  El dolor que solo trae la vergüenza creció fosforescente y venenoso.  

—Solo quería ayudarte – Dijo con un hilo de voz débil e intimidada. 

La pequeña luciérnaga de ánimo que se posaba en la humedad se fue apagando. 

Un silencio se apoderó de la sala. Después de unos momentos Sunny se fue, dejando que el desborde de nubes se formase en los ojos de Jodie. 

El diluvio universal fue una gota comparada a la gran tormenta que asotaba las puertas del cielo. 

No hay nada.

De la historia se sabe que un rayo retumbó como última evidencia de lo sagrado y lo mundano en el gran bosque. Jodie supo que el árbol cayó y la rama de su cuerpo se lo llevaron cuatro ebrios. 


PARTE II

La ciudad nunca duerme


Rodia se levantó, se colocó los guantes de cuero y salió del cobertizo. Respiró el aire cargado a hierbas y descomposición de guano. 

Cada cosa tenía su causa:

La vaca se ordeñaba por la mañana, se agarraba la ubre y se frotaba con gusto,

De las gallinas sacabas el preciado huevo, y las malas hierbas se arrancaban cada fin de mes. 

La vuelta era el estrés. 

La vaca tenía que tener buen pasto –Regado, limpio, silvestre– si no se aburría;

La gallina salía disparada, Rodia sufrió más de un raspón en la pierna al caer al barro. 

De estar confinada y lejos de ruidos molestos y no empollar había un visillo diminuto.  

La chacra —que parecía complejo a simple vista— era cuestión de una buena relación: tenías que hacer que florezca con intimidad y trabajo. 

Las plantaciones debían su frescura al sol, hidratación y buena altura.  

Los Morata —a diferencia de la familia de Rodia— eran labradores. Su plantación de fresas siempre dependía del señor de la casa. Rodia entendió que lo más fácil para una planta era esperar; lo más difícil era que el clima tenga la paciencia, porque un despechado ex-amante rompe menos las bergoñias. 

Dicho de forma bonita: el patrón de los cielos celaba a su compañera elemental en forma de lluvia (a veces de lágrima de cocodrilo). Con el impacto ocasional de una saeta que abre la tierra. A veces quemándola, a veces ahogándola.

Rodia ayudó con lo que pudo. Ordenó vacas y extrajo algún huevo después de recibir picotazos. El sabor de la leche al tomarlo era una base prioritaria, de materia prima. Pero lo que más le atraía con corazón era el perfume de las fresas. A diferencia de las vacas y las gallinas, que eran cascar piedra y robar crías, la fruta era como un amor silencioso. De sacrificio. 

Tuvo la suerte de caer en tiempo de cosecha y ayudar a los hijos con la cesta. 

Los campos de un manto verde de rosedales frescos. Cosechaba y se secaba con un paño que le quedaba pegajoso y rojo, con una herida dulce. 

Inhaló y exhaló. 

El corazón de la naturaleza parecía pulsar con las semillas de la fruta. Rodia, sediento, apoyaba sus labios en el rubor dorado y le daba otra mordida de amante. 

Los picotazos y los mujidos están bien. El tamaño de la vaca y la bola clueca que enloquece como pura vida es divertida. Pero el rosedal era un hilo que deshenebra un estambre y enhebra un abrigo. Cálido.

Rodia se puso el abrigo y le agradeció a Pendola. 

La alegría se veía en la mirada de la mujer;

—¿Creias que te iba a dejar en bolas por ahí? La bordé hace poco y el pantalón es de mi marido, te queda bien. Eres fuerte. 

—Gracias doña Morata.

—Trabajas bien. ¿Tuviste experiencia como peón? 

—Mi familia es leñera, estoy acostumbrado al trabajo al aire libre –Se rascó el cabello, seco y algo sucio. 

—Ya veo. Me alegra oír eso –Dijo recta pero amable. 

—Tengo que seguir mi camino a la ciudad –Concluyó Rodia– los días aquí fueron como mi hogar. 

La señora Morata masculló un quejido. 

—No te culpo que te largues. Las cosas están extrañas últimamente, las gallinas ponen huevos negros. Mal augurio. 

—No es por eso, es que tengo una misión que cumplir.

—Está bien, muchacho. Pártete una pierna. 

—Yo también la voy a extrañar. 

Pendola sonrió. 

Rodia partió con un sentimiento de renovación. Tenía un par de corleones del señor Morata, además de una mochila. Con un poco de suerte llegaría pronto. Y esperaba que sea suficiente. 

Pero como todo en el campo, los picotazos llegan;

El camino se le hizo pesado y agotador. Se encontraba mejor de salud, pero toda la energía de carne de estofado se esfumó rápido de su estómago. 

Caminó por un par de días hasta que llegó a un claro donde varias carretas iban y venían –La razón por la que no pedía aventón era para ahorrar– ahora que veía las edificaciones las monedas le tintineban en los bolsillos. 

Clink,clink,clink

Había llegado a la capital.


[Capital]

La ciudad, a diferencia del campo, tenía su propia circulación, su propio aire y su forma de mover la corriente. Rodia entró por el pulmón derecho. Distrito oeste: el lado "sano" de la capital. El complejo comercial estaba en cada esquina, los olores eran de incienso intenso y las miradas ocultas de los comerciantes daban personalidad. Las dos cosas que más destacaban según precisó Rodia eran los edificios y el dinero. 

Los edificios se alzaban como torres encajadas con formas que no había visto nunca. El riñón estaba en la pinacoteca, el museo mayor. Los bazares improvisaban con lámparas azules y violeta para lucir la mercancía. Los nobles en carreta pasaban por la plazoleta con ademanes apurados. La gente se amontonaba para sugerir, preguntar —acusar—: todos tenían algo que comentar, pero nunca juntos. Los grupos segregados se juntaban en distritos cerrados.

Y allí, en esos distritos salía a lucir el corazón de la ciudad. 

Clink, clink 

Entablar diálogo en los bazares casi nunca tenía sentido social, sino comercial. Todo pasaba de mano en mano con rodamiento de monedas. El tiempo se comprimía y el espacio se estrechaba. Caía el peso. Había una relación de poder en la sociedad de los Corleones que Rodia no había visto antes. Peniques, Mirs, La C. mayúscula. Todos ellos tinteaban entre la multitud con un giro de muñeca. Comida, bebida, descanso, vicio y virtud: todo tenía un precio.

Sus pasos lo llevaron al mercado, luego a las callejuelas y finalmente a las casas. Vio el estilo urbano con ventanales y una simetría de hileras. En la ciudad no solo la economía se media en Mirlas, sino que tenía su propio idem geográfico, su propio trazo de suelo. Cada zona marcada. La mansión Velmour era solo un impasse. Lo grande que podía llegar a ser la creatividad humana si le dabas una chance. Su nariz percibió el aroma – dulce – de las tartaletas de limón, frambuesa y leche. Incluso eso parecía medido. 

La gente compraba desde finas telas hasta perfumes, comida deshidratada y asada.

Se acercó a un puesto y tomó un bollo de crema. El azúcar quemada le llegó hasta la fosas y el agua de su boca se estímuló con el mordisco. A diferencia de la fresa, era un manjar mucho más metódico, tocando puntos sensibles a propósito. 

La frutilla estaba hecha para ser degustada, la bolleria para ser consumida. Lo bajó con un trago de espumante leche de cocoa que le costó otra mirla. Cuando terminó de comer su lengua ya estaba hablando el idioma local a un precio alto. 

Se quedó en un puesto para ver mejor el panorama. Los pajes y eruditos de academia caminaba por las calles. Las carretas llevaban a los grajos más ricos a dar una vuelta. Todo parecía moverse, hasta las pequeñas alimañas brincaban más alto para picar. Rodia tenía que analizar bien, porque en uno de esos puestos de madera con una etiqueta pegada podría estar una de las preciosas llavesferas. 

Era tan grande la ciudad que quizá la bola se hallaba dentro de una casa entre escondites. En cajones junto a la hebra de estambre y la aguja quién sabe que círculo de pequeño oceano brillase en un cristal cerrado, como un souvenir barato. 

Que fastidio

—Me va a llevar días explorar todo.

Se puso de camino, viendo pasar a gente apurada con mochilas de cuero, chocar contra él sin fijarse, ni disculparse.

Ren me dijo que en la capital hay varias academias. Quizá alguien de allí pueda darme un mapa

Recordó a su hermano sonriente y sagaz y sintió una punzada en el pecho. Se puso serio.

—Debo seguir.

Preguntó la localización de la academia. Los jóvenes le miraban como un araña en la pared, con curiosidad y precaución. Los adultos con un ánimo más modesto, pero igual de distantes, le ayudaron. Él los miraba a todos por igual. Eran gentes de ciudad, él de campo, así se sintió. 

Cuando se quiso dar cuenta ya estaba en las escaleras.  

Entró a la escuela.

Pasó por un pasillo angosto y miró el decorado. El aire que se respiraba era más contenido, los murmullos y las sillas al moverse más audibles. El aire tenía una vibra juguetona y azúl, color del nacimiento y la agudeza. Cuando Rodia llegó ya era hora vespertina, así que el sol se colaba por los vitrales dando un brillo corrosivo, de ebrio ámbar. El polvo se movia por el aire como motitas de pincel desordenadas. 

—Asi que esto es una escuela...

Se fijó en las aulas, algunas estaban cerradas.  Ninguna parecía ocupada, salvo por un rezagado ocasional que dormía en su taburete. 

No me imagino estando aquí mucho tiempo, sería muy aburrido 

Siguió caminando y vio una habitación que le llamó la atención. Era un aula más grande, con sillas desplegadas por todos los rincones. Entró, haciendo eco con sus botas. Miró alrededor. 

Había una chica en una tarima, sentada hecha un ovillo. Rodia dudó si acercarse, sabía que le pasaba algo, así que se dispuso a irse. Pero escuchó un gimoteo. 

—Disculpa –

La chica dejó el hipido y lo miró; sus ojos marrones eran claros y agudos.  

—¿Eres otro vagabundo? El comedor está cerrado a esta hora –Dijo con un dejo de desgana en la voz, limpiando las lágrimas. 

—¿Vagabundo? Claro, solo me falta la bolsa que tenía antes... –Su broma no caló, la chica se tensó, él carraspeó– Estoy en una misión y necesito ubicarme, ¿Conoces un mapa de la capital?

Ella estaba ausente, demasiado triste para prestarle atención suficiente, pero escuchó lo último. 

—Tsk ¿Por qué todo el mundo me pide cartografía? ¿Tanta cara de pelmaza tengo?

—Disculpa.

La chica se incorporó, dejando la postura de niña y lo miró con más atención:

—Habla con el rector, camina recto y gira a la derecha, ahí hay una puerta que pone rectoría. Él sabrá guiarte.

Rodia asintió y se dispuso a irse, justo cuando giró al pizarrón. 

—¿Lo hiciste tú? Se ve interesante.

Ella no se molestó en elevar la mirada. 

—Es basura. No le des más vueltas.

—Ok...– Rodia se giró y salió de vuelta al pasillo.

Siguió caminando hasta llegar a la oficina del rector. 

Tocó la puerta. Un hombre con anteojos y calva incipiente atendió. 

—¿Quién eres?.

—Me llamo Rodia, soy del sur, quería saber si tenias un mapa de la zona–

El rector arqueó una ceja, frenandolo con una mano:

—¿Del sur? Espera: repite.

—Me llamo Rodia, vengo del sur. Quería saber si usted –o alguien– tenía un mapa de la zona. 

El hombre se le quedó mirando y luego alrededor como diciendo quién dejó entrar a este?

—Aguarda aquí. 

Cerró la puerta y Rodia esperó en el pasillo. La luz de los vitrales era menos potente.  Escuchó unos pasos, giró la esquina. Allí la chica con el ánimo opaco salió hacía la salida. 

Algo debió golpearla, se la ve echa polvo

La puerta se abrió y el rector se aproximó con un papel en la mano mientras ajustaba sus lentes. 

—Aqui tienes... 

—¿Quién es ella? – Preguntó Rodia tomando el papel. El rector miró a donde apuntaba. 

—Ah, ella es una de nuestras alumnas mas brillantes, aunque demasiado... intrépida para su propio bien. Es hija de Arthur Fleming, el arquitecto más famoso. Si eres un viajero seguramente viste varias de sus construcciones en la ciudad.

—Lo he visto –Dijo categórico, sin apartar la vista de la chica– Gracias por el mapa.

—¿Eres escolar? 

—No, vengo por algo concreto para salvar a mi hermano, el mapa serán mis ojos. 

—Eh... Esta bien...

El hombre no le perdió de vista mientras se alejaba. Si le preguntaban diría que pocas veces –o nunca– había visto un chico tan espontáneo en la escuela a estas horas.

—Sin una gota de alcohol encima, que maravilla. 

Seven days 

in the high

too cool 

foor school

Saliendo por el pasillo la chica se dirigía hacía la salida con las manos hacia abajo con un andar derrotado. Era muy expresiva, concluyó Rodia. Él –En cambio– caminó por el lado opuesto y llegó a una calle poco habitada, destinada al hospedaje. 

Lourdes & Florence

Una posada. 

Entró allí para pagar con el dinero que le quedaba. Meditaba los Mirs que iba a presentar cuando el posadero le aterrizó la mandíbula al suelo:

—¿¡Tres Corleones una noche!? ¿¡Estás de broma!?

—Es una posada, no una pocilga, niño –Dijo con cara de pocos amigos– si quieres precios módicos ve a sandy y cindy. 

—Maldicion, pero es todo el dinero que me queda...

—Yo no hago las reglas, si te dejo entrar por menos me cortan la cabeza. 

Rodia aspiró fuerte y pagó. 

Entró a su cuarto –decente, amueblado, y amplio– y miró por la ventana. 

Las Ocho P.M ya había indundado las calles con su filtro oscuro. 

Rodia se quedó en el alféizar, aspirando el aire helado.

Las lámparas doradas y verdes daban a la cuadra un aire de noche embotellada.  

Destapó el corcho del frasco de durazno y se lo bebió para quitarse el mal sabor del pago.  

Las luces se volvieron estereotopicas. La botella empezaba a ondular por el mar de estrellas con un vaiven lozano. 

Escuchó los pliegues de los colchones de los cuartos ajenos, con risas y gemidos. 

La gran ciudad le daba la bienvenida.


...

[Bar Joes]


El barman dejó su jarra cargado de agua en la encimera de la barra. El dueño del bar lo miraba como un extraño suceso.

—¿Que pasó?

El hombre –joven pero con experiencia– señaló una mesa apartada, allí una chica con el cabello alborotado caía como hebras mojadas. 

—Aquella muchacha llevaba bebiendo desde hace unas horas, y no se va –Agarró la jarra–

—¿Y crees que el agua la ayudará a espabilarse?

—A ella no, –y le dió un trago–. 

—No solo está ella aquí –Señaló en la otra dirección– Hay dos idiotas allá atrás que también están algo tensos, los vinal entrar. Deberías ir a checar que les pasa. 

—Como sea... Pero tu te encargas de la chica, boss, será más rápido así.

—Te salvaste por un pelo de que te baje el sueldo con esa última frase, empleado.

—Como siempre. 

El barman fue para ver a los dos tipos en cuestión. 

Los plugiles tenían sus vasos vacíos y parecía reticentes el uno del otro, algún problema de dinero o rencillas que afloran por exceso de confianza en el alcohol.

—¿Algún problema, caballeros?

—Este idiota –Bebió como cosaco– me dijo que iba a pagar y se está pavoneando de mi.

El otro dió un golpe en la madera que hizo temblar los vasos: —¡Repite eso, mentiroso, dijiste que tú pagarias!

—Muchacha–El dueño le tocó el hombro. Arggggh –Respondió ella. 

—Mujercita. 

—argggh.

Con un demonio, está como una tortuga

—Niña –un manotazo la apartó la suya del hombro.

—No me llames niña, respeta.

Que lúcida

—Tienes que pagar lo que has bebido.

—Cállese.

—Soy el dueño del bar.

—Cállese.

¿En serio?

Los dos cosacos seguían en la suya como si el barman no importase. 

—Esta bien, está bien, vamos a hacer esto bien, como si fuese el otro día.

—No es el otro día. 

—Escucha –Carraspeo– lancemos una moneda, si sale cara te rajo, si sale cruz te rajo.

—¿Y si sale la puta que parió?

—Tambien te rajo y me la follo.

El hombre sacó un florete, el barman se la sacó, no fue difícil. 

—Por favor, si quieren matarse que sea fuera del bar, aquí solo aceptamos los florines en metálico o en líquido. 

—Como quieras florecita.

El otro sacó su navaja. 

—Señorita, insisto, debe irse. Es muy tarde y es peligroso.

—¿Dijiste que eras el dueño? Se inclinó para verle —Desde cuando *hipo* vienen a verme gente tan reputada.

—Desde que no le haces caso al bartender.

—Es solo un nadie.

Él tomó su hombro con más fuerza:

—Levantate y paga. Ahora. 

Ella sonrió. 

El cosaco de la navaja se quedó estático, el barman había sacado su propio cuchillo. 

—No lo hagas más dificil, tu amigo entendió. 

—No quieras jugar con lo que no entiendes, florecita –Dijo adoptando el apodo de su colega.

—Lo que entiendo –Dijo con la navaja en alto– es que son dos borrachos que bebieron de más y estan molestando la buena vibra del lugar.

—No me hagas reir, ¿Si te machacamos aquí que harás? 

El barman tragó saliva.

—Entonces tendrán que verselas con joe.

Los dos hombres se vieron, consternados:

—¿Esta aquí el dueño?

—Está bien, me desarmaste; no tengo nada que hacer contra el maravilloso señor Joe en persona –Dijo Jodie. Le tiró el dinero a la cara y se levantó como pudo.

—¡Oye!

—Pagué, déjame espabilarme un poco. 

—¡Me tiraste las monedas!

Jodie seguía frotándose el hombro.

—Veinte Corleones, equivalen al noventa por ciento de lo que bebe una persona, es decir cinco litros antes de caerse de cara. Es más de lo que bebí, más de lo que bebieron los dos tontos del fondo, que la chica que estuvo a mi lado, que los tres amigos que vinieron sospechosamente juntos para... 

—Para ser la hija de Arthur Fleming te faltan modales.

Jodie interrumpió su flujo y abrió los ojos y se quedó fríamente quieta, le miró a los suyos;

—¡Repite eso! –Tronó como un relámpago. 

3-3-4-5-1÷2π1...; Se acercó tambaleando y lo agarró de la solapa, el hombre sintió el olor a alcohol y tragó saliva. 

—¿¡Hija de quién!?– Gruñó. 

Los dos cosacos miraron a la mujer que hizo temblar los vasos como la dueña de la orquesta y tenía agarrado al mismísimo señor Joe. Se miraron entre ellos. El barman sintió el grito por el bajo de su estómago, más preocupado por la situación con su jefe.

Por primera vez parecían más reticentes de seguir parloteando.

Esa chica asusta a cualquiera

Bajó la navaja.

—¿¡Hija!? ¡Yo no dije hija! Maldita borracha, ¡Suéltame!

¿Lo había dicho? ¿Es hija de ese tipo?

Las preguntas se le agolpaban en la cabeza no sabiendo que hacer, parecía inminente el puñetazo que se le venía encima. Cerró los ojos esperando otro grito.

Escuchó otro hipido. 

—Cero. 

Le palparon el hombro. 

La chica volvió a tambalearse y se alejó del bar.

El barman se acercó. 

—¿Que le ha dicho, jefe? Había estado en silencio desde que llegó.

—Nada, solo le dije que parecía muy lúcida para haber tomado... –Se cortó desorientado– ¿Y los rufianes?

—Se fueron. Los gritos de la chica les hizo sentir que algo siniestro se aproximaba, no quisieron quedarse para verlo. 

El hombre asintió. 

—Necesito un trago –Dijo Joe.

—Tengo agua. 

Joe consideró la propuesta.  

...

Jodie empezó a caminar por las calles, la brisa le quitaba el aire a despojo. Fue a su cuarto, se quitó las botas, la chaqueta y se tiró de cara por el colchón.

—Se está pudriendo esta basura. 

Se durmió hasta la tarde. 

Se vistió para ir a la universidad, apenas peinada y desaliñada. 

Caminaba como un sonámbulo. Se preguntó como hacían los borrachos funcionales para poder seguir viviendo. Los pájaros le sonaban a grillos, le dolía la cabeza. 

Llegó a la academia y hasta la cafetería se sirvió un café amargo. 

Miró a los otros que ya estaban desde la mañana. Fue la única que había llegado tarde –Se sentó– lo que significaba que de los quince alumnos que estaban allí... ella era la única que entró por la puerta de salida. –Miro a uno de cuarto año, hablando con una chica que apenas le prestaba atención. ¿La conozco?– El guardia debió haberla visto; fue a avisarle a un profesor que hacía turno doble, que le avisó a otro minutos antes... –La chica seguía sin prestar atención al coqueteo del cuarto, su vista demasiado apagada, tal vez preocupada por algo terrible– ...el hombre rio, pasó el decano y se unió por la tonta risa, el tonto decano fue a rectoría, miró la lista; Jodie no estaba anotada –Se percató de que Jodie la miraba, no sabía cómo, y alzó la vista, Jodie sintió la piel de gallina–... entró al aula y le preguntó a un rezagado si la había visto y fue directo a la cafetería –Tenia los ojos oscuros, como verse en un espejo, ¿Estaba borracha? Jodie sintió una angustia extraña– sonido de pasos, en segundos, aparecería en cuatro, tres, dos...

La chica le sonrió. 

Sintió algo pesado en su hombro.

—Puedo explicarlo. 

—¿Explicar qué? – Le saltó un latido; por una fracción de segundo creyó que la chica del fondo se había materializado a su lado; falsa alarma. Con ojos cansados y un puñado de hojas se presentó su compañera –Este práctico me está matando, estuve toda la noche intentando resolverlo

—Ah, Betty. 

—Si, soy yo. Escucha perdón por no ayudarte con la presentación, pero no me convencía del todo, ya sabes, parecía peligroso.

—No te estoy culpando, Betty, todo el mundo me dejó de lado... solo eres un poco más responsable que ellos, así que te perdono...

Betty no parecía escucharla, parecía querer pasar inmediato de página. 

Jodie exhaló

—¿Te habló el rector, verdad?

—Lo siento, Jodie.

—¿Su oficina?

—Si.

Crei que vendría en persona, ese cobarde...

La chica del fondo se había ido. Jodie pensó en ella mientras caminaba rumbo a la rectoría como un fantasma de su propio impacto. 


...

Se sentó en la silla con los brazos cruzados. Miró los papiros, los carteles con las distintas asignaturas y algún que otro diploma. 

—¿Me querías?

Había hilos del techo que colgaban juguetes en miniatura de sistemas prototipo y otros proyectos estuantiles.

Era una colección de grandes éxitos. 

—Si. Llegaste tarde, te saltaste las clases, llegas justo antes de que la escuela cierre por hoy y...

—Perdón, no me había fijado la hora.

El rector no había terminado de hablar.

—... Además hueles a alcohol.

Sonrió. 

—Es el perfume extra fuerte que suelo llevar –Dijo Jodie, sintiéndose algo rara.  

El rector le clavó la mirada. Algo había vislumbrado. Como si...

—No sueles llevar perfume extra fuerte, Jodie.

La muchacha arqueó una ceja.

—Voy a asumir que no le prestas atención a que huelo siempre...

—¿Y si le presto atención?

La confianza de Jodie recibió un navajazo con esas lineas.

—¿Qué insinua? 

Un brillo agudo pasó por esos ojos. Este viejo...¿De verdad?...

—Eres muy importante para esta academia, Jodie, aunque no lo veas así...

—Si dice que es porque soy la hija de Arthur Fleming le voy a tirar el borrador en la cara, con su permiso. 

El hombre rió. Estaba esperando esa réplica. 

—Siempre bordeas la expulsión con esos comentarios, ¿lo sabes o no?

—Por eso dije "con su permiso".

—Y por eso no te expulsé, además me caes bien...

Jodie resopló, el hombre lo dijo seriamente A dónde quieres llegar, viejo bufarra 

—Lo confieso, estuve bebiendo ¿y qué? ¿Busca chantajearme?; ¿¡Busca que esté a su merced lamiéndole las botas!?

El hombre, ante el espanto de Jodie, volvió a sonreir.

—QUE-

—No, mujer. Todos los estudiantes beben: es parte de la cultura de la ciudad.

—Que cínico. 

—Solo espero que no estés en malos pasos. 

—Le puedo asegurar que mis pasos siempre andan de buenas con el asfalto. Y con la tierra, el mármol, la piedra caliza, la arena en verano...

—O que que no sea por algo más que lo curricular, sería una pena que por un mal de amores...

—¿Ah?

En serio viejo... 

Los hilos se movieron y los juguetes giraron. Pintura seca. Parecían más bien...

—Cuidate, los chicos en estos días son muy inmaduros, necesitas a alguien que sepa lo que hace.

Los juguetes disecados, colgaban como recuerdos petrificados.

—Eso dice usted, pero no es hijo del hombre más querido de la ciudad. 

—No lo soy, pero también tengo mi responsabilidad. 

—¿Y la cumple?

—No siempre.

Volvió a sonreír con ese brillo inteligente en sus ojos. 

Los hilos colgaban esas figuras. Sin escapatoria. 

 Jodie empezó a sudar.

—... ¿Ya me puedo ir? 

Se le secó la garganta. 

—Adelante.

Jodie se paró en seco y se alejó de la rectoría.

Aferrándose a su mochila se alejó del lugar lleno de sombras.


... 

Caminó por la calle no me olvides, pasando por la cuadra te olvidaré en seguida. 

Su ánimo pésimo convertía el camino en un sueño febril. Recordó la presentación, el árbol sagrado partido por un rayo. 

—Con que esas tenemos... seré una chupatinta y le haré favores a ancianos para que no me echen...

Miró un escaparate, la siguiente cuadra:

toda la maldita vida

Suspiró. Siguió caminando, tenía tres ideas en su cabeza sobre el futuro: una era vender sus artefactos e internarse en el bosque; peligro regular. 

No sobrevivirá. 

El segundo seguir estudiando como una alumna promedio, agachando la cabeza como una mediocre. 

Chupatinta

Si tan solo...

Y el tercero,

Se miró las muñecas, 

y recordó aquél día en que la vida de aquél tipo corría peligro. 

Lo pensó de verdad:

No sobrevivirá.

Se miró las venas. 

Dejarlo morir. 

Dejó de caminar. 

¿Por qué lo salvé?

La tercera opción es

La gente empezó a gritar. 

Jodie miró al frente: un sujeto salió despedido contra un bazar. Los demás corrían despavoridos para resguardarse. 

—Oh, debería irme.

La gente corría en dirección contraría a donde estaba Jodie, ella se disponía a darse la vuelta cuando vio el rayo impactando contra otro de los alborotadores.  

La espada de uno de ellos restayó con un brillo rojo. 

—¿¡Quien sigue!?– Dijo el joven con la espada encendida como una gran vela de sangre.  

Jodie le vio las facciones. 

Es el vagabundo de la academia ¿Qué hace aquí?

Su vista no se apartó de la espada. 

Energía concentrada como un maldito conductor. ¿Es una ilusión? ¿Me quedé dormida?

Pero el arma volvió a brillar. 

—Te lo dije, aquí no deberíamos estar, estos idiotas tienen armas raras, lseguro alertó la guardia.

—¡Vamonos!

Los bandidos se alejaron corriendo, el chico enfundó su espada, uno de los guardias se acercó a él. 

—Que pasó aquí?– dijo el general mostaza. 

El chico le miró un rato y luego contestó

—Una pelea.

—¿Tienes licencia para estar aqui y portar esa espada?

—¿licencia?

Jodie no lo pensó más. 

—Buenas, gracias general por salvar a mi sobrino –Dijo rodeando su brazo con el joven sígueme la corriente le susurró

—Ah, Fleming, así que este joven es su pariente –Dijo con un brillo más contenido

—Asi es, el es menor de edad y estabamos comprando para llevarle un regalo a su madre.

—Pero por lo que tengo entendido tú no tenías hermanos, ¿o si?

—Hermanos políticos, General, existen. 

—En cualquier caso, si es menor no puede llevar una espada.

—Oh, mi culpa, mientras compraba se la dejé para proteger la mochila. 

La tomó y se le cayó.  

Maldición

—Ya sabes que paso por la herreria seguido, este es uno de los últimos encargos que hice. Una espada estupidamente pesada ¿Qué le parece general, ¿quiere probarla?

El hombre guardó escribió una nota

—No hace falta, le creo: la próxima, evite que su sobrino ande causando problemas.

Jodie tomó la multa y el guardia fue a consultar con el mercader lo que le faltaba

Los dos se alejaron.

—Eres rápida –Dijo Rodia –Te conozco de la academia.

—Y tú eres fuerte.

Le tendió la empuñadura, sintiéndo alivio en su mano. 

—Tu espada es única. 

—Lo sé. 

Se giró a él. 

—¿Dónde te hospedas? 

—Me hospedaba en Lourdes & Florence pero me echaron por la mañana así que ando viendo dónde quedarme. 

—¿No tienes dinero?

—No...

—Entonces si eres un vagabundo.

—Bueno, ahora sí –Se rió nervioso

Jodie volvió a mirar la espada. 

—¿Me dejas verla más de cerca? 

Un hombre que pasaba por allí los miró.

—Eh...

—¿No eres menor de verdad o si?

—No lo soy: cumplí los veinte hace unos meses. 

—Mira, te puedo ofrecer mi piso y ahí me dejas verla, ¿está bien?

El hombre silvó. 

—Imbecil, metete en tus asuntos...

—De verdad puedo quedarme en tu piso

—Si, siempre y cuando me dejes ver la espada. Me comí una multa por salvarte así que es lo menos que pido. 

Rodia aceptó sin pestañear. 

—Gracias, eres muy amable.

—Muy amable... 

Miró donde estaba parada, la cuadra de las posadas, donde la gente llegaba para ceder a sus bajos instintos.

—La calle melancolía, donde la ciudad nunca duerme.

—¿Hm?

—Nada. Sigueme. 


...

Subieron por las escaleras, Rodia miraba los otros cuartos. Jodie le previno:

—No hagas mucho ruido, los vecinos suelen tener poca tolerancia conmigo después de mis asuntos. 

Abrió la puerta de su cuarto, la ventana s la ciudad, la cama y el tocador con el vidrio roto reflejaba todo como piezas sueltas. 

Rodia en comparación a lo que se esperaba se sorprendió. 

—Desde fuera se ve más machacado. No está mal.

—Es lo que necesito, no soy una persona que se gasta mucho en lujos inmobiliarios. 

Los dos se quedaron sentados uno frente a otro. Rodia en el piso con la espada al costado, mirando su bolsa. Jodie le miraba sin perder de vista la espada. 

—Aclaremos las cosas: ¿Eres un extranjero? ¿De donde vienes? Se nota que te faltan algunos modales de ciudad

—Que directa. Soy del sur. 

Jodie saboreó la palabra. 

—Donde el bosque oculto y los extrañas leyendas. Me gusta, tiene encanto. ¿Me dejas ver tu bolsa? Es por curiosidad cientifica. 

—¿Eso siempre te funciona?

—Soy científica de verdad. Aunque bueno, aún estoy en prácticas...

Le pasó la bolsa. Jodie se puso los guantes.

—Interesante. ¿Que son esas bolas? Parecen castañas de árbol –Los inspeccionó de cerca– Tiene huecos. 

—Cuerpoespin, con una pulsacion una descarga electrica te paraliza el cuerpo. 

Jodie lo miró sorprendida.

—Increible... Anula las propiedades del sistema nervioso... Me recuerda a algo que yo cree hace mucho para... No importa, ¿y esto qué es? 

Sacó el frasco de durazno. Rodia tragó saliva. 

—Medicina. 

—¿De verdad? –Lo destapó y lo olfateo– parece perfumado ¿Es una fórmula? ¿La hiciste tú?

—No, me la dio el gran mago. 

—¿Gran mago? ¿Así le llamas a tu proveedor de fármacos?

—¿Eh? ¡No! Es el gran mago. En el pasado salvó el reino del sur de los elfos con sus poderes mágicos. 

—Tienes una imaginación curiosa... ¿Puedo tomarlo?

Rodia dudó un instante. 

—Mejor no. 

—¿Por que?

—No es para todo el mundo, tiene algo que lo hace... Adictivo. 

—Jodie le dio un trago. 

Sintió que su pulso se aceleraba. 

—¿Estás bien?

Jodie no respondió, su mente estaba cargada con un fuel infinito. 

—Solo dame un segundo. 

Los números le bailaban en la cabeza como fantasmas. Recordó flashazos de conversaciones anteriores y aterrizó en la imagen de la chica con las pupilas dilatadas en la cafetería. La sonrisa. 

Tengo una teoría

Lo volvió a tapar.

—Esta mierda está muy conentrada, Rodia –Volvio a parpadear mientras se calmaba– y actúa muy rápido. Creo que mientras más tomas el efecto es más prolongado, no más intenso. 

—Te dije que no era para todo el mundo, solamente se toma en combate.

—¿Haz bebido mucho de eso? 

—Unos cinco frascos. Tuve una travesía compliacada.

—¿Peleas mucho, eres un guerrero?

—Si, supongo que es una manera de definirme.

¿Que vienes a hacer en la gran ciudad? 

—Tengo que rescatar a mi hermano. Se quedó encerrado en el muro de piedra del bosque. 

—¿Hace cuánto?

—Un años y tres meses. 

—Debe estar cadáver, sin ofender.

—No... Siento que sigue ahí dentro, su esencia vital está... Intacta. 

Jodie suspiró. Se acomodó en su colchón. Su cabello le caía por los costados, apenas notandolo por el frenesí anterior. 

—¿Me dejas ver la espada?

Se la tendió. Jodie le costó alzarla. Usó las dos manos y la dejó tendida en la almohada. La estudió como uno de los artefactos de su estantería.

—Metal fino, con una ligera ondulacion, no es recta perfecta. Pesada como el demonio...

—¿Sabes blandir espadas?

—¿A tí que te parece?

—Se que Lumenar no es una espada común, por eso pregunto

Jodie siguió mirándola. Había captado el punto de la pregunta pero no era menester responder antes de seguir estudiando.

—Dije que–

—No. Soy más teórica que práctica. Pero llevo una daga en caso de emergencia –Siguio mirandola, cada vez con mas recelo– Esta espada tiene buen material. Es eficiente. ¿Cómo haces que... cargue los rayos?

—Generalmente cuando me enfado, salen solas.

—¿Cómo haz dicho?

—Creo que responde a la ira. No sé cómo lo hace, pero sucede. 

—¿Puede captar el... cuerpo? ¿Como un medidor de pulsos o algo así? 

—Es complicado.

—Pues descomplicalo, necesito saberlo.

—¿Por qué? 

—Digamos que me servirá para un trabajo que estoy haciendo, por eso te salvé allá abajo. Creo que podemos llevarnos bien, Rodia. 

—Hablas como una comerciante.

—Mis intereses son más elementales. 

—Los rayos.

—Y las personas, me importa mucho el avance científico. 

—Entiendo... Es interesante, recuerdo haber visto lo que escribiste en la pizarra en el salón de clases. Se veia prometedor, aunque no lo entiendo.

—¿Y como sabes que es bueno entonces?

—Se veia elaborado. 

Jodie asintió, tratando de encontrarle algún punto que pudiese ser de su interés.

—Eres como un campesino. Lo elaborado no necesariamente significa que algo sea bueno.

—Lo sé, he visto cosas simples volverse complicadas, como un huevo negro.

—¿Que andas buscando en la ciudad exactamente? Dijiste que querías salvar a tu hermano, buscas ayuda de un herrero o un maestro cerrajero para abrir el muro?

—El muro no se abre con simples clavijas... Sino con La llave. Busco las llavesferas.

Jodie estaba tocando el filo con la uña y de repente se detuvo. 

—¿Llavesferas? 

Rodia señalo la mochila.

Jodie extrajo una esfera que parecía una bola de nieve.

—Parece la esfera mágica de una bruja o algo así. ¿Está hecho de vidrio?

Rodia se acercó. La mano de Jodie casi le da en la cara. Pero no vio mala intención así que se detuvo. Rodia pasó un dedo por el cristal. 

Una bruma empezó a ondear como olas de mar brillante. 

—De verdad parece magia. 

Fascinante

Rodia regresó a su posición, más animado. 

—Es un artefacto arcano. El gran mago me dijo que pertenecía a los antiguos habitantes, ellos lo crearon. Por medios convencionales es indestructible. Esa la conseguí hace dos semanas. 

Jodie miró la esfera y recordó los cristales de la escuela que estudió cuando era chica, pero definitivamente superior. Había algo que la hacía sentirse rara, como cuando hablaba con Valdren.

—Nececisto las diez para colocarlo en el gran muro. Solo así se abrirá. 

—¿De verdad es tan sensible? Quisiera hacer experimentos con él, si me dejas...

—¿Que clase de experimentos?

Jodie se levantó y sacó un martillo de uno de los cajones. 

—Para enmpezar: resistencia.  

—¿¡Que haces!?

Jodie se posicionó y apretó el metal. 

—Tranquilo, algo me dice que...

Clanck

La esfera sonó hueca. La superficie del vidrio quedó intacta.

—No será fácil romper esto. 

Le doy varias veces con toda su fuerza, pero no ocurrió nada. 

—Oye, para ya. Ya te dije que no se rompía. 

Jodie la agarró y empezó a moverla. Ni una abolladura. Suponía que si lo lanzaba desde una pendiente no habría una gran diferencia ¿Y una montaña? ¿Que pasaría si lo lanzaba desde las nubes contra la tierra? No era pesada, pero si era tan resistente la fuerza tendría que venir de algún sitio...

—Ojala entender de que vidrio está hecho para poder extraerlo. ¿Puedo usar un taladro?

—Mejor no te emociones mucho. Tampoco voy a sacrificar la esfera. Me dijiste que tu interés era la espada.

Jodie le mostró una sonrisa formal, negociadora. 

—Quiero hacer un trato, tú me dejas esa espada y te doy lo que quieras.

—¿Lo que quiera?

—Menos mi cuerpo. 

—¿¡Eh!?

—Tengo una pequeña fortuna y puedo dárselo a quien quiera ¿no? Así que te lo podría dar a tí a cambio de la espada

—¿Tan importante es ese proyecto?

—Podria cambiar a la sociedad. 

—¿Pero regalar dinero así no es irresponsable?

—¿No te preguntaste eso cuando gastaste tu dinero en Lourdes & Florence, Rodia?

—Bueno...

—Además de otros gustos, como pastelitos de limón

—¿Como lo sabes?

—Te olvidaste de tomar agua para bajarlo, aún se queda el aroma en tu boca.

Le lanzó la esfera.

—Necesito la espada para mi proyecto, Rodia. Y tú no tienes dinero. ¿No te parece un intercambio justo?

Rodia miró la espada. 

—No acepto.

—¿Por qué?

—Tengo un viaje largo, necesito protección. 

—Pudes comprar una espada similar al herrero. Si quieres te acompaño mañana. 

—No es lo mismo. Además tiene un valor sentimental; la espada es de mi hermano. 

Jodie rodó los ojos.

—Entiendo. Pero tiene que haber algo que pueda hacer para que me la prestes un rato, ¿No se te ocurre nada? Cualquier cosa. 

En ese instante se dio cuenta tarde de lo que había dicho, miro los ojos del chico a ver si había un destello de extra interés. Pero no encontró nada. Bajó los hombros aliviada. 

—Te la puedo ceder un día o dos, pero la necesito para salir fuera. Es peligroso. 

La chica se quedó pensando. 

—Esta bien. ¿Donde está la llavesfera que buscas?

—No lo sé. Está en este distrito pero no sé el lugar exacto, puede estar...

—Entre cien casas a la redonda. Lo entiendo. No es buen punto de partida, pero quizá se pueda hacer algo. Definitivamente algún llamado de atención podría resultar útil. 

—¿Vas a ayudarme? 

Jodie le miró, por primera vez pareció pensar en el chico. De verdad está desesperado. Es la primera vez que veo este tipo de desesperación en alguien así. Por un hermano 

—Está bien, te voy a ayudar. Lo bueno es que tienes una llavesfera, puedo garabatear un... No importa, ya se me ocurrió que hacer. 

Se levantó y le tendió la mano. 

—¿Trato?

El chico no mostró emoción alguna, pero le tendió la mano, su pulso era seguro. 

—Trato. 

Jodie volvió a tenderse en la cama. 

—Puedes dormir en la cama de abajo. Hay un compartimento allí, lo jalas y sacas un colchón.

Rodia hizo caso.

—¿No temes que te haga algo mientras duermes? 

—No lo harás

—¿Como estás tan segura?

Porque eres un tonto, los tontos no se le ocurren esa clase de cosas 

Jodie no respondió. 



PARTE III

Fragmentos



Rodia miraba el espejo fragmentado, los artefactos que usaba Jodie para analizar y jugar -aunque ella no lo admitiría así- y se quedó impresionado. 

Los sonido de la llave eagle de Jodie rompían la monotonía de la madrugada.

—¿Siempre estás...?

—¿Haciendo cosas? Si. 

—Iba a decir si siempre estás sola. Lo otro ya lo estoy notando. 

No me dejaste siquiera acabar la frase

Jodie se quedó pensativa por un segundo y volvió a ajustar tuercas. 

—Supongo, como todo el mundo mas o menos, aunque no es momento de hablar de eso. Tenemos que buscar la boladromo. 

—?Te refieres a la Llavesfera? 

—Estuve haciendo algunas prácticas mientras dormías y definitivamente es una boladromo. 

—¿Que demonios es una boladromo?

—La llavesfera –Dijo laconica

Rodia se exasperó. 

—'Definitivamente' me estás tomando el pelo. Que seas inteligente no te da carta para... 

—¿Ser una cretina? Lo sé. 

Rodia miró la ventana. Las calles ya se podían ver en su totalidad con las carretas pasando y los primeros comerciantes tirando sus alfombras.  

—Pero no puedo evitarlo –Continuo con un hilo de voz más pequeña– si no lo hiciera esos imbéciles se aprovecharían.  

Él vio su expresión sombría.

—¿Quiénes son esos?. 

—Los de la academia. Los bares. Las calles. Siempre hay alguno que quiere pasarse de listo... Pero no dejo que se aprovechen. 

Él asintió. Imaginaba que el dinero podía comprar cosas, pero cuando no podías comprar el permiso de alguien y tenías que afrontar la negativa... Entendió uno de los problemas que tenía la gran urbe. 

Ella se puso los guantes y las botas. Se peinó un poco el cabello y se giró hacía Rodia.

—Vamonos, nuestra primera parada será en lo de una... Magician. 

—¿Magician?

—Si, Magician. 

Le señaló el cartel cerca del espejo. 

—Su padre es el Magician más popular de la ciudad, imagino que 'el gran mago' que hablas se dedica a algo como eso. 

—No realmente –Miró de vuelta el cartel de la muchacha con la varita en la mano y estelas violaceas– él dice que los Magicians en realidad son embusteros. Engañan a la gente con trucos. No son auténticos magos. 

—¿A que se dedica él? Si no le gusta alardear de trucos...

—Es un destilador. Él fue el que me proveyó de las medicinas para el viaje. 

—Vaya, eso explica mucho. 

—¿Mucho de que?

—Te lo diré después. 

Y su cara dijo que no bromeaba. Tenía una cara sería.

Dio pasos a la salida.  

—¿Me sigues, o que? 

Rodia le echó un último vistazo al espejo roto y se dio la vuelta con la mochila a cuestas. 

...

Caminaron por las calles. Los transeúntes por la mañana se movían con más apuro. Parecían querer evitar el contacto visual a toda costa. Rodia supuso que era por el incidente con los bandidos de ayer pero no estaba muy seguro. 

Un sujeto con un abrigo abultado y mirada afilada se acercó por la derecha, en una esquina.

—Oye, niño ¿quieres un poco?

Y le mostró algunas varatijas y brebajes sin eiquetas, el vidrio era difuso y no se veía el contenido con claridad. 

—No gracias, ya tengo un poco. 

—¿Quieres más?

Jodie le tomó de los hombros y sonrió.

—El no está interesado. Gracias...

Le jaló hacia su lado. Rodia sintió su agarre bastante apretado. 

—Primera regla de las calles: no le hagas caso a los buhoneros. Te van a quitar hasta el último Mir de tu cartera. 

—No creo que sea para tanto...

—Primero piensas eso y después amaneces en una cuneta. Hazme caso.

Rodia miró, había más de uno, y todos hablaban bajo.  

—¿Por qué aparecen por la mañana? Ayer no los vi por las calles, y eso que recorrí...

—Jurisdicción. Los guardias están menos alerta en el primer turno. Después se ponen... más contentos. 

—Alguna vez haz caído...

—¿En su trampa? Todos fuimos ilusos alguna vez. 

—¿Me vas a dejar terminar una frase? Iba a decir si caíste en un pozo. Cuando era joven mi padre vino a la capital, casi tira toda la mercancía que venía a vender.

Jodie pensó, como llegando a un entendimiento profundo.  

—Mi padre. 

—¿Uh?

—Nada. Luego te explico. 

—Primero no me dejas acabar mis frases y después no terminas las tuyas, pero que–

—Shhh, ya llegamos. 

Los dos se pararon en la puerta del anfiteatro. 

—Aqui es donde la magia... sucede.

Rodia miró las letras escritas en violeta, la entrada era bastante grande, desde fuera era llamativo. 

—Magicians... ¿Que venimos a hacer aquí exactamente?

Jodie suspiró. 

—Veremos si Sunny nos da una mano. 

...

Dentro, las lámparas de vidrio de colores estaban encendidas dando a todo un aura de teatro antiguo y espectacular. 

Rodia se fijó en la cantidad de títeres y aros que estaban colgados en el techo. 

Valdren Pentrhal se acercó como un espectro por el ala este. 

—Oh, mi buena amiga Jodie –Dojo mirando a Rodia con ojo especial– ¿Qué haces aquí y quién es este buen amigo tuyo?

—Corta el teatro, Val. Este chico de aquí viene a buscar una esfera de poder ilimitado, ¿lo has visto?. 

Le mostró el garabato. 

Valdren abrió los ojos, procesando la información. Dudó si seguir con el tono actuado pero se contuvo. 

—¿Dices un artefacto mágico...?

—Como lo llamas? – Dijo mirando a Rodia

—E-en teoria es Arcano –Sono mas inseguro de lo que le gustaria, carraspeó su garganta.

Valdren negó con la cabeza. 

—Me temo que lo más arcano que hay aquí es mi manager. No he visto algo como esto... Aunque si quieres detalles sobre que es lo que llevo encima podrías aceptar la cita Jodie, ¿que dices? Será una noche interesante, trataré de que te sientas cómoda. 

Jodie resopló. 

—Bueno, descartado entonces –Ingorando completamente la sugerencia de Valdren– ¿Dónde está Sunny?

Valdren mantuvo la compostura. 

—Está practicando para el show del sábado, si quieren puedo hacer que venga. 

Jodie suspiró. Se notaba algo angustiada.

—Esta bien

Después de unos momentos la chica de cabello negro y pony tail se acercó. Parecía algo reticente.

—Hola Jodie, ¿Cómo estás?

—Mejor.

Se hizo un silencio incómodo. Rodia miró a las dos, intentando procesar la situación. 

—Creo que vine en el momento equivocado –Comcluyó 

Una cacatúa voló por todo el lugar. 

—¡Chico nuevo! ¡Chico nuevo! ¡Jodie hizo caso a Aurora! ¡Aurora feliz!

—¿Qué estás diciendo? – preguntó Jodie 

—Jodie con novio, ¡hizo caso de Aurora!

Jodie gruñó, Rodia lo ignoró, fascinado por la idea de que pudiera hablar. 

—¿Se llama Aurora? Aurora ven –Dijo mientras le daba una rodaja de fruta. 

Aurora se posó en el brazo de Rodia y le picoteo el cabello. 

—Oye ¡no hagas eso!

—¡Le gustas a Aurora! –Dijo Sunny, alegre. 

—¡Aurora ve brillo en novio de Jodie! ¡Aurora detecta el brillo!

—El soborno no cuenta como cariño – Dijo Jodie, seca. Aunque la imagen no le disgustaba en absoluto. 

Mientras el chico acariciaba el lomo de Aurora, Sunny se acercó a Jodie. 

—¿No es tu novio, o si?

—No. Es un... conocido, quiere recuperar esto. 

Le mostró el garabato. 

—¿Nos puedes ayudar? Sé que dibujas mejor que yo...

Sunny la miró consternada. 

—¿Quieres mi ayuda de verdad? Después de...

Jodie apartó las dudas. 

—Es colocar un cartel, Sunny, no es gran cosa. Además él necesita ayuda. 

Aurora volaba alrededor de Rodia, él parecía contento. 

—¿Por qué se lo das? No es que seas muy caritativa... 

—Digamos que tengo mis... Motivos

Miró la espada.

—¿Qué dices? En el show del sábado colocan el cartel de 'se busca', por las gradas y listo. 

—Esta bien Jodie, lo haré. 

—Gracias Sunny... 

Las dos dejaron que el silencio se adueñara de la sala, haciendo el ambiente ominoso más difícil de contener. Se sentía una gran sala extraña con luces raras. 

—Hoy hace fresco, ¿no es así?

—Algo...

El silencio se extendió, solo interrumpidos por el aleteo de Aurora. 

Valdren volvió a aparecer y silbó. Aurora se posó en su regazo. 

—Brillo, Aurora detecta brillo en novio de Jodie.

—¿Con que novio eh?

—No es lo que piensas –Aclaró Jodie– Es solo un conocido. 

Valdren parecía realmente interesado en el asunto, mirando al joven con una perspectiva diferente. 

Para qué abrí la boca, ahora irá tras el como mosca

—Amigo Rodia –Comenzó Valdren– ¿Te apetece tomar una copa un día de estos? No estaría mal si hablamos de algunos asuntos. Puede que te interese... 

Miró la espada en su espalda.

—Bonito instrumento, ¿Eres un guardia?

—No, es una herencia familiar –Dijo no sabiendo muy bien como actuar frente a Valdren– De mi hermano. 

El hombre asintió.

—¿Es cierto que eres un Magician?

Aurora empezó a aletear otra vez y salió volando.

—¡Papá es el mejor Magician de la ciudad! ¡Aurora ayuda con la función!

—Asi es. Valdren Pentrhal, a su servicio. 

Hizo una pose teatral. 

—Mi hija también es una gran Magician. 

La chica se puso frente a su padre y también hizo una inclinación de cabeza

—Sunny Penthral, a tu servicio, Rodia 

El joven asintió. La inocencia de Sunny le gustaba.

—Que genial –Dijo sin más– Aunque mi entrenamiento me dice que me aleje de los Magicians, no son de fiar

Valdren levantó la vista. 

—Oh, ¿entrenamiento? ¿Acaso tienes algún maestro de ceremonias en tu galera?

—No. Es es un gran mago, pero no fuí entrenado como uno, sino como guerrero. 

—Warrior. Ya veo. Debió haber sido un hombre precavido tu maestro. Yo también conocia a alguien a quién admiraba, pero pasó a mejor vida...

Jodie se acercó y se aferró a Rodia. 

—Creo que mejor nos vamos, tenemos más lugares que visitar, gente que ver ¿Verdad Rodia? 

Él asintió.

Sunny se despidió con espontaneidad

—¡Adios Jodie! ¡Adios Rodia! ¡Fue un gusto conocerte!

—¡Igualmente!

Aurora los siguió hasta la salida

—¡Aurora quiere al novio de Jodie!

Jodie la miró con odio.

El pájaro graznó. 

—¡Aurora morirá si se queda más tiempo! ¡Aurora huye por su vida!

Y los dejó marchar. 

...


Saliendo del Anfiteatro Jodie suspiró

—Vaya par. 

—Valdren me dió esto –Le tendió su tarjeta de presentación– parece simpático, aunque sea un Magician. 

—Me da igual que sea un Magician, no confío en él –Dijo mirando la tarjeta– Si no fuese por Sunny no regresaría allí. 

Rodia se preguntó si había más de lo que había dicho, pero no indago.  

—Bueno, ahora vamos al herrero, que es colega mío. Vamos a licenciar esa querida Lumenar tuya, así no andas peligrando como un novato. 

—¿En serio? Gracias. 

—No me agradezcas, recuerda que hago esto por el botín, no por tí. 

—Que directa. 

Jodie sonrió. Empezaba a agradarle de verdad, aunque le costaba admitirlo. 

Pasaron por las garras de varios buhoneros antes de llegar a la zona comercial más concentrada. 

—Aqui es donde se juntan los soldados para afilar sus cuchillos, y beber. Las mujeres en general no pueden caminar tan libremente, pero gracias a que tengo licencia estudiantil puedo acceder siempre que diga que es por motivos académicos

—Ya veo. 

El general mostaza estaba alli con otros soldados, señalaron a Jodie pero no se animaron a acercarse. Ella los miró con vacilación contenida. 

Rodia sintió el sabor a hierro en su boca y el olor a estaño. Jodie lo invitó a pasar y ambos entraron a la herrería.

—Tyr como estás. 

El hombre se encontraba tomando una espumosa cerveza. Miró a Rodia, cuando bajó el trago eructo. 

—Ah, muy buenas. 

Jodie le frotó el hombro a Rodia —Traje a un espadachin aquí. Quizá te pueda interesar. Rodia saludo con la mano, no sabiendo bien que decir.  

El hombre se le puso los ojos vidriosos. 

—Asi que por fin te decidiste a–

—No es mi novio –Corto Jodie –Es solo un colega

—No iba a decir eso. 

Si como no 

—Rodia, muéstrale al buen chico. 

Rodia retiró la espada, el filo se escuchó muy agudo y plateado, el herrero agudizó el oído como un melomano que escuchó la sinfonía perfecta. 

Tomó la espada. Jodie observó que el hombre –Musculoso, robusto y grandote– tenía ligeros problemas para sostener la espada con una mano. 

—Es pesada. Parece un mandoble... aunque no es tan larga, debe ser un metal denso –Ojeo la punta, mientras la empuñaba recta, se vio reflejado en ella–  Uh, lindo filo. ¡Brilla como una perla en el mar! ¿Puedo? –La blandio, sin esperar respuesta– tiene buen agarre –la ondeo y escuchó el filoso sonido de la hoja– ¡Esto podría cortar las barbas de Merlín! Parece que la forjaron en el culo de una cueva de obsidiana; las muescas no son nuevas. ¿Me lo dejas a cuarenta Corleones? 

Jodie se sentó en un taburete y contestó:

—No esta a la venta Tyr, solo quería que lo vieras para que estés alerta. Con esa espada te puedo cortar la cabeza. Es mi reliquia. 

—Es mía –Objetó Rodia. 

—¡Ah! Por cierto, muéstrale la hidromo. 

—¿Hidromo? ¿Quieres dejar de inventarte nombres por el camino?

La sacó y se la tendió. 

—Dale un buen golpe, es para ver si saltan chispas –desafió Jodie. 

El herrero la miró, menos a gusto que en su elemento. 

—¿Cristal, no? 

—No se va a romper, si es lo que te estás preguntando. 

Rodia ignoraba toda la acción mientras miraba las espadas del fondo.

El herrero la puso en el yunke y le dio con el martillo. Saltaron chispas, en efecto: pero no dejo ninguna abolladura.

—¿¡De que está hecho esta cosa!? 

—Eso quería que me lo digas tú –Dijo Jodie con interés –No pude ubicar nada extraño en su blindaje, es un ensamblado de cristal maduro, pero convencional. 

—Pues, no lo sé. Es cristal, uno muy resistente ¿Han hecho más pruebas con ella? ¿Ponerla en hielo o agua hirviendo? 

Tyr sacó un balde y lo puso allí, para hacer prueba. 

—No, pero me figuro que el resultado sería el mismo.

Lo sumergió en el agua y lo sacó, el cristal estaba caliente, ardía, pero no hubo ningún cambio. 

—Qué extraño objeto –Concluyo el herrero. 

—¿Haz visto una así antes? – Preguntó Jodie

—Temo que no. Se parece mucho a las bolas que se venden en las tiendas de souvenirs. ¿Así las hacen ahora?

—Gracias, Tyr, como siempre de gran ayuda –Dijo irónica Jodie

Rodia de fondo mirando las hachas. 

—Si sigues así, te voy a cobrar la estadía –Dijo Tyr

—No serías capaz...

Tyr rio y le tendió la esfera. 

—¿Algo que te guste muchacho?

El chico siguió absorto en las hachas. 

—No. Es solo que me recuerdan mucho a mi cabaña, son como las que usaba mi padre y hermano para cortar leña. Me trajo recuerdos. 

—Vaya, que chico más risueño.

—No lo juzgues, Tyr. Está en serios problemas y no sabe ni donde está parado. Necesito una licencia para su hoja. Pagaré lo que haga falta. 

—Yo no hice la hoja

—No, ¿pero la puedes adoptar no? Como un bebé, después nos las cedes por licencia. 

—Jodie...

—Creeme si hay un problema cargaré con la responsabilidad, te lo prometo. 

—Esta bien, solo porque es una muy bonita espada. 

—El nene no defrauda –Citó Jodie 

Tyr le dió el papel, aunque Jodie le susurró algo al odio justo antes de poner la firma de la licencia. Entonces Jodie firmó, y Rodia también. 

Los tres salieron y Rodia se sintió más afianzado a su espada. 


...


Jodie dijo que la ciudad se divide en tres categorías: comercial, militar y religioso. 

—La última es la que mejor le llega a la gente, así que piensa en adoptar la mentalidad de un deamenor. 

Los deamenores eran los que repartían la palabra como postales. Cultistas adoradores del dios moderno. Iban de casa en casa con las manos en una plegaria, para el padre, el hijo y el espíritu santo. Un jarrón de agua fría –y una taza de leche hervida– para el terroso verano y el inclemente invierno. En teoría. 

—Usaremos el efecto de la esfera para asombrar a la gente y la palabra para conmover. Si alguno lo tiene lo devolverá. 

—Diremos que es un producto de ¿dios?

—No podemos arriesgarnos a que crean que es de brujas y magos. Necesitamos alumbrar, no deslumbrar. 

—¿Y eres cientifica?

—La ciencia tiene mucho de fe. 

Empezaron a preguntar por las urbes si habían visto la esfera de "adan". El pecado original se distinguía entre el diluvio del cristal. "Eva busca a su costillar. Miren como brilla en expansión" – Rodia tocaba la esfera: –Es el llamado de una amada desesperada por conocer el paradero de su alma gemela." Pero nadie había visto la esfera o, mejor dicho, la que tenían ellos como referencia parecía demasiado ordinario para que alguien vea diferencia con un cristal de bazar. Incluso cuando lo tocaba Rodia, el bello efecto ondulante solo confundía a la gente. Creían que era un bonito decorativo hecho de alguna flama patinada, pero poco más. Nada como una 'Eva desvanecida'. 

—Cambio de enfoque, si no logramos conmoverlos debemos infundir temor. Lo terrorífico también fascina. 

Tocaron la puerta. Un hombre con cara indiferente atendió: " ¡Vas a morir! El pecado original de Lilith, la ramera de Adan que busca su venganza de sangre: ¡En los mares donde el viejo Noe no pudo dividirla, yase su ojo maldito asechando a todos los hombres virgenes e infieles como el primero! Rodia toca el cristal: –¡Necesitamos su otro ojo sino la marea se abrirá! ¡Ya está moviendo sus hilos rojos y pronto el mar se teñirá de sangre, las bebida se pondrá sucia! Rodia sacó su espada y empezó a destellar de color rojo: –¡Ya está afectando a las armas, el siguiente serás tú!

El sujeto azotó la puerta. Se escuchó cómo salía corriendo y sollozaba. 

—Creo que nos pasamos –Concluyó Rodia.

—Fue la espada –Dijo Jodie– A la próxima no la sacamos. 

...

[Bar Joe]


Jodie se echó contra la madera desgastada. Rodia se sentó frente a ella mirando por las ventanas como la gente pasaba –Y reconociendo a varios por la ayuda humanitaria fallida–. 

—Nunca había caminado tanto. Mis pies son dos pinzas al rojo –Se quejó Jodie– Más vale que me den la reserva de San Pedro ahora. El barman le trajo cerveza y ella dio un trago. 

—No hay suerte. Ya hemos visto más caras que un monarca y nadie sabe dónde está la llavesfera.    

—No pasa nada, mañana lo intentamos de nuevo. La táctica no estuvo mal, el problema es que... 

Jodie seguía tomando, ajena a lo que Rodia decía.

—No lo sé, es un problema que estoy notando en general. Hay algo aquí que me perturba.

Jodie le miró mientras inclinaba la jarra:

—El bar es bueno. Hay algún que otro zafado pero nada que no se pueda lidiar. 

No me refiero al bar

—¿Tu no vas a beber?

—No me suele gustar el alcohol, sabe a madera rancia. 

—Pero tienes esa medicina especial –Tomo otro trago. 

—Si, sabe a durazno. 

—No te voy a decir lo que pienso aún, pero huelo peligro. No soy quimica, pero no suelo fiarme de bebidas perfumadas, sobretodo si pueden alterar tanto la cabeza

—Como digas –Objetó Rodia– De todos modos tengo que guardarlo, solo me quedan dos frascos. 

—No creo que te hagan falta, por suerte aquí está el general mostaza. Es un idiota, pero al menos es eficiente.

El resto del bar estaba calmado, alguna que otra mirada furtiva se desviaba hacía ellos, pero todos seguían a lo suyo. 

—Mañana tengo escuela... Maldición, ¿Puedes quedarte en el piso sin romper nada?

—A veces tengo mala suerte pero no soy un desgraciado. 

Volvio a tomar otro trago:

—A todos nos hunde un poco la miseria. 

Rodia puso su mano en la mejilla, mirándola.

—Hablando de hundir, recuerdo que dijiste algo sobre tu padre, pero no lo desarrollaste. Era sobre los pozos. 

—Ah, si, el viejo –Tomo otro trago– Mi padre era un gran hole filler, llenaba todos los huecos de la ciudad, hasta que murió. 

—Vas a tener que ser menos criptica ¿Hole digger?

—Eso sería yo. Él era arquitecto, todo lo que ves en las calles, el asfalto, el alcantarillado, los puentes, todo eso fue su idea. Era un gran cerebrito, demasiado bueno para curar las heridas de las calles. Demasiado tonto para preocuparse por su seguridad. Ni siquiera se planteó la idea de que quizá necesitase protección siendo la persona más famosa de la ciudad.  

—¿No te caia bien?

—No lo llegué a conocer lo suficiente, pero todo los que sí hablan bien de él, ¿por qué debería? Buen tipo, mala suerte. Eso es todo.

Algo en su expresión no convenció a Rodia. Había un rencor oculto.  

—¿Qué le pasó?

—¿Ahora eres un guardia? 

—Solo quiero saber. 

Jodie se puso a jugar con un tornillo que sacó de su bolsillo.

—Un sujeto que derrocha su tiempo nunca será capaz de ver la belleza del esfuerzo, no vería jamás lo que papá hizo, y lo tratará igual que a cualquier celebridad. 

—Criptica. 

—Lo asesinaron, Rodia –Tomo un trago largo– eso pasó. Lo encontraron un dia en el canal con una puntazo en el esternón, murió desangrado. El mar solo acogió lo que quedaba de él. 

—Lo siento. 

—No tuviste nada que ver, no te disculpes –Pidió otra ronda– Cuéntame de tí, ¿siempre te comportas como si estuvieras a punto de salir corriendo?

—Se llama estar alerta, pero debo admitir que desde que estoy aquí no dejo de distraerme...

La miró largo rato sin añadir nada más. 

—¿Esa es tu forma de flirtear?

Él nego.

—No me refiero a eso, Jodie, mis padres también murieron.

Ella abrió los ojos. 

—Vaya, estamos en las mismas. 

—Supongo, tal vez por eso sentía cierta afinidad hacía ti, pero no es romántica. Eres parecida a esta ciudad –Ella le miró no sabiendo interpretar esa metáfora hasta que volvió a inquirir– Fascinante. Y esta ciudad lo es, los olores, los colores, la gente. Es muy grande. En donde yo vivía era mucho más tranquilo. Pero aquí todos parecen tener su agencia. Se les nota más... Solos. Como tú.

Se quedó callado, Jodie seguía tomando. Retomó;

«Justo antes de venir había pasado por una granja, allí una familia cultivaba frutilla 

Recordó el paño rojo de la pulpa de ese día: Todo era mucho más simple, podías ver el corazón de las cosas. Aquí es todo más indescifrable, más cerrado y cuando lo intentas abrir está fragmentado. La gente parece perseguida, extraña y partida. Incluso cuando hablas con ellas, no te dirán jamás lo que piensan. Los buhoneros hablan mucho, pero callan más.  

—Asi funcionamos los humanos, Rodia. Cada uno mira su propio cuello. Los Demeanores se persignan en hablar de cosas que a veces no creen, pero lo necesitan para comer. Parece irónico pero casi nunca se preocupan por lo que dicen, no todos, pero sí un gran número de ellos. Ser un santo de día para ser un diablo de noche –Tomó otro trago– Cada uno mira su ombligo. 

—Quizá demasiado. Hoy hablamos con muchas personas y ninguna parecía interesada en nada de lo que deciamos. Era como si tuviesen miedo de que algo les cambiase. Aquellos imbéciles que decías ¿Son como ellos? 

—Peor –El barman le trajo la ronda, se fue mirándola de reojo, Jodie se imaginó su cara de preocupación por lo de la otra noche– Desde que soy pequeña me crié para ser independiente y aprendí a no dejar que me pasen por encima –Tomo otro trago, más largo– Siempre hay alguien que busca algo de mi. Ya sea mi apellido, o mi cuerpo. Yo los ignoro y me centro en mis estudios, porque sé que no puedo ir por ahí apuñalando a nadie tampoco. 

—¿Pero quienes quieren propasarse contigo?

—¿Quieres ser Principe azúl?

—Jodie...

—Solo bromeo –Miró al resto, que estaba más interesados en su historia que en sus bebidas– Ya conociste a algunos hoy. 

—¿Tyr?

—No, ese tonto es más de dinero, aparte era amigo de mi padre y me aprecia, supongo.

—No pareces muy convencida

—Es que estoy pensando en otras personas. El Magician Valdren. Es uno de esos idiotas, mi casero... o el rector. Ese tipo es siniestro.

—¿El rector de la academia? Me dio el mapa. No parecía mal tipo, aunque creo que ya entendí que nadie dice lo que piensa. 

—Nadie es quién parece.

La chica volvió a tomar otro trago, más dispersa. 

—Hace poco noté eso, aunque en mi caso era una jovencita –Comenzó Rodia– Era directa, curiosa. Parecía fuerte y quería venir conmigo, pero no podía. Tenía una condición rara que no le dejaba salir. De todos modos no la hubiese llevado, era muy joven.

Hipido. 

—Tan joven y ya rompes corazones, bandido, Ja,ja que simpático. Eres el tipo de chicos que a Sunny le vendría bien. 

Su carcajada sonó bastante clara. 

—Ella es linda –Admitio Rodia– y oarece muy simpática. 

—Construyó un imperio en base a su simpatía, la quiero y la detesto porque jamás podría lograr algo así. 

—Su padre es extraño, pero parece querer algo contigo. 

—Es un idiota. Lo conozco desde hace mucho tiempo –Tomo otro trago– Era uno de los ayudantes de mi padre –Su voz bajó de intensidad, Rodia lo notó– Siempre tan... Pesado. Quería convertirse en Magician, siempre queriendo llamar la atención. 

—¿Por qué lo detestas? ¿Porque desea tu...?

—¿Fortuna? Tal vez, pero no veo para qué, es el mago más convocante de la ciudad, ¿dinero no le sobraría? y ¿Cuerpo? Prefiero no pensarlo. 

—¿Pero tanto? Creo que hay algo que no me estás contando. Lo noté desde que salimos del anfiteatro: ¿Tiene que ver con el asesinato de tu padre?

Ella sonrió, sardonica:

—¿Me vas a hacer hablar, verdad? Y pensé que eras un principe azul en un flamante corcel y solo eres un metiche hijo de mostaza. 

—Jodie, solo quiero conocerte. Ya te explique que nadie aquí es claro y ahora trabajamos juntos o no?

—Trabajo es una palabra pesada, colaboramos, mejor.

—Lo que sea, ¿Qué pasó?

—El dia que mi padre murió Valdren fue a su estudio para robar algunos planos, los planos de la famosa catedral que a todo el mundo le interesa.

—¿Robar?

—Le debía Corleones a unos tipos, se metió en un buen lío por dinero. Los malditos no podían soportarlo más y lo esperaron a la salida del taller. Valdren, o mejor dicho Victor, se asustó tanto que llamó a mi padre. Sin esa deuda esos tipos no vendrían, y si no venian mi padre seguiría vivo. Es el resumen: Victor es el responsable de la muerte de Arthur Fleming, su mentor y también mi padre. ¡Salud!

Y se vacío la jarra entera. 

Rodia se quedó pensando. 

—No sé que decir –Concluyó.

—No digas nada y trae otra jarra. 

—Creo que ya has bebido suficiente.

—Crees bien –Levantó la mano para que viniera el barman.  

—¿Por qué insiste?

—¿Ahora te diriges a mí como usted? Me falta el zapatito de princesa

—Me refiero a Valdren. Tal vez quiera decirte algo o, no lo sé. Si era su maestro tal vez sienta culpa, a veces me pregunto si podía haber hecho algo para que mi hermano no caiga en ese pozo.  

—Es un idiota, los idiotas no se arrepienten, ni siquiera saben lo que es eso. Lo único que vale la pena de él es su hija. Es la persona más amable que conocí, junto a tí. Esa chica vale oro, Rodia.

—¿Ella te gusta?

—No. Siento más una necesidad de protegerla, es una sensación de madre. 

—Serias buena madre entonces. 

—No vayas por ahí, no voy a salir con Valdren, es un vetusto morla. 

—Pero no creo que quiera nada romántico, Tal vez quiere arreglar las cosas, ¿no lo pensaste así?

Jodie miró el tornillo largo rato.

—¿Entonces que hago? ¿Le acepto la cita? ¿Como una buena samaritana? Se te pegó lo Deamenor, Rodia. 

—Al menos así sabrás que quiere. Lo ves casi siempre ¿No? Quizá quiera disculparse por lo que hizo...

—Siempre dice que quiere agradecerme por salvarle, resulta que soy un ángel y él reza por mi todas las noches. 

—¿Ah?

—Hable de más –Tomo otro trago. 

—Creo que ya bebiste demás, es otra cosa. 

—Estás alucinando –Solto una risa– Hablame de tí ¿siempre fuiste así de plomizo? No entiendo el asunto de la espada, tu hermano...

—Familia humilde e hijos intensos, ese es el resumen –Suspiró– Si hubiese sido más rápido tal vez mi hermano no hubiera entrado al gran muro. A veces me pregunto si incluso fue mi culpa que mis padres... Muriesen. No puedo quitarme la imagen de la cabeza. Creo que por eso soy un bueno con ese Magician. Quiero recoger las llavesferas por reparar mi error, quizá el quiera recoger los pedazos, también. 

—Los fragmentos –Tomó otro trago– Sabes que en la física clásica la gente creía que veniamos de las plantas y los elechos. También creían que el cielo se caía, que idea más tonta. 

—Otra cosa que parece que no saben, nadie habla de los elfos, ni de la época antigua, es como si no existiese

—¿De verdad existe la magia Rodia?

—Si. Pero solo pocos lo poseen. Gente con una afinidad especial. 

—Tal vez por eso la esfera solo brilla si la tocas tú. Tienes el don. 

Rodia asintió. 

La chica se frotó la cara, sonriendo.

—Quiero esa espada Rodia, vas a darmela por las buenas o las malas.

—No lo harás.

—Claro que lo haré y te cortaré en pedacitos

Rodia alzó la mano. 

El barman se acercó:

—¿Quieres algo?

—La cuenta. 

—¿En serio? Que aburrido eres, recién empezamos a entendernos. 

—Creo que no estás pensando con claridad.

—Quieres probar que tan lúcida estoy? Pásame esa cosa

—¿Que? 

—Te leeré el futuro, ahora soy Joladromo

El barman veía el lance.

—¿Quieres la cuenta o no?

—Si. 

—Tu eres el príncipe azul y yo la joladromo que viene a joder, para variar.

El barman le pasó la cuenta. 

Jodie sacó Corleones.

—Si quieres que pague vas a tener que sacarmela de las manos– sonrió –Vamos principito. ¿Tienes miedo?

Rodia ya le estaba pasando las monedas al Barman. 

Jodie vio su mano completamente vacía. 

—¿Como hiciste *hipido* eso?

—Es práctica.

—Asi que eres ratero, te dedicas a robarle a las mujeres indefensas, te vas a enterar.

Rodia se levantó y la tomó del brazo. Le sonrió al barman. 

—Vamos, joladromo, es hora de volver a casa. 

Los dos salieron por la puerta. 

El Barman suspiró. 

—Al menos ahora se regentó a un homosexual que le ayuda con las brake downs 


...


Rodia caminaba pegado a la chica, que tenía un aroma a hierro y alcohol. 

—¿Quieres que te cargue?

—¿De verdad? ¿Estás loco?

—Sera más fácil.

—Si, como no.

Se soltó de su lado y fue a una esquina a vaciar el estómago.

Rodia esperó paciente. Mirando para los lados. 

—Pásame tu medicina

—¿Eh? 

—Solo hazlo

—¿No crees que tomaste suficiente?

—No es para tomar.

Rodia le pasó el frasco. Jodie se tomó un trago pero lo usó para enjuagarse la boca.  Luego lo escupió. 

Rodia la miró sorprendido. 

—¿Tienes más de eso, verdad?

—Solo dos. 

—Ah, bueno. 

Se tambaleó, Rodia la tomó y siguieron caminando hasta llegar al piso de Jodie.

—Escaleras, me va a explotar la cabeza, ahhh

Rodia la tomó de las piernas y la subió como una bolsa de patatas. 

—Eres un criminal, ¿y si te mató? –Se quejaba Jodie. 

Rodia abrió la puerta y la echó en la cama, tenía los cabellos castaños revueltos. Ruborizada, agitada y su aliento olía a duraznos. Rodia la miró un instante mientras ella respiraba con dificultad y le sonreía. Lo admitía: era un desastre. Pero también muy bonita, como un choque de carretas llena de sortilegios mágicos. Rodia le quitó las botas.

—¿Qué haces?

—Procuro que duermas cómoda. 

—¿No vas a ponerme una mano encima ahora que estoy vulnerable?

Rodia la miró y alzó una ceja. tragó saliva. Era muy linda, pero no se sentía de aquella manera con ella. 

—¿Eso quieres? –Preguntó

Ella negó. 

—No me interesas, solo quiero la espada. Es mi boleto para salir de esta mierda. Quiero que me pongas una mano encima para poder apuñalarte el pecho y tirarte por la ventana. 

—Yo tampoco quiero nada, además estás muy mal ahora. 

—Eres un mojigato, Rodia. No tienes huevos. 

—Quizás. Aunque si mi vida peligra tampoco me voy a arriesgar. 

Jodie sacó la navaja de su cintura y lo lanzó contra el suelo. 

—¿Y ahora?

—Jodie, en serio. 

—¿Tienes miedo de que tenga otra daga guardada?

Rodia se acostó en su propio colchón. 

—Además, solo pienso en Ren ahora mismo. Quiero sacarlo del gran muro. No tengo tiempo para estas cosas. 

—Pobrecito. 

Después de unos minutos Jodie alzó la mano y un clink suave se escuchó.

De verdad tenia dos

Rodia se quedó mirando como se giraba para dormir. 

Que chica tan complicada 

Miró por la ventana, el sonido de la ciudad cambiaba radicalmente en la noche, las risas eran mas audibles. 

Volvió a mirar espejo. Se preguntó porque no lo arreglaba. Era como ver pedazos de una persona incompleta. 

Como si vieses tu cara desde distintos ángulos sin llegar a entender del todo.

—Está fragmentado. 

Rodia se quedó allí pensando en lo que le dijo de su padre. 

Hole filler. 

Parecía una broma, pero había más. Llenar huecos de la ciudad no solamente podía significar reparar la euta. Como un Deameanor, que quieren arreglar los huecos de individuos con la palabra de dios, deshonesto o no, traía seguridad–. Le hubiese gustado estrechar su mano. Tal vez así podía entender mejor su visión del mundo. 

And I was told

The streets were paved with gold

And there'd be no time for getting old when we were young

It's alright, if you dance with me tonight

We'll fight the dying of the light, and we'll catch the sun

Destapó el frasco que había tomado Jodie. 

Dudo por un segundo, y se lo bebió.

El filtro sabía a hierro y alcohol, con un regusto a sal. 

We'll catch the sun. 

Entonces el durazno lo colmó todo, como un sol apagado. 

Rodia cerró los ojos. 

Jodie dormía. Su respiración más estable. 

La ciudad sonaba más lejana.


PARTE IV

Hole filler, hole digger


Rodia despertó, la boca la tenía seca. La luz se filtabra con un haz blanco, sucio. Se levantó del colchón y se incorporó con ruido de cascos de las carretas en su mente, cabalgaban con azotes, cada uno era una punzada en su cráneo. Recordó la noche, con flashes agotados de aparecer. Tomó un trago de durazno. La fruta le sabía dulzón, podrido. 

Jodie dormía; su cuerpo yacia inerte. Como un cadáver sepultado de varios kilos de fines de semana, apenas respiraba. ¿Y para ir a la academia con esa cruda, como hace?

Sacó su mochila. Hoy estaba determinado, al igual que ayer, iría por la llavesfera y si no era suficiente saldría otro día, más determinado todavía que hoy. Ojalá tener la determinación del futuro, para caminar con las piernas del mañana, porque las tengo de la mierda 

Tomó la espada. La blandio para cortar los malos pensamientos y respirar disciplina. La enfundó y salió del piso. 

Como un loto sagrado en una esquina humeda, era un día nublado pero resolutivo. El calor se sentía por todos los poros de la piel. Lloverá. 

La mañana se colaba en las pestañas de las calles, los mercaderes tendían con legañas su bazar y ofrecian su servicio con un bostezo. 

¿Dónde demonios empezar?

Los buhoneros eran faros cosmopolitas que ofrecian salidas inseguras. Quizás con la lógica de un mercenario, podrías pagarles para que encuentren la bola, si es que la hallaban. 

Siguió caminando, pasando por varias ideas, cada una más desesperada que la anterior. 

Jodie, en su cama y contra todo pronóstico, movió un dedo. 

El haz de luz parecía más sucio.  


...


La rutina de Sunny era importante. Se ajustó la galera, los guantes: tenía que salirle todo a la primera y dar un buen espectáculo. No importaba la enfermedad, estado de ánimo ni del tiempo: solo importaba el show.  

Su padre la hacía saltar por distintas plataformas, el truco más físico le tomaba varios días perfeccionarlo. Pero lo conseguía.  

Su rutina se dividía en varias fases; la mañana donde era medianamente humana, desayunaba, hablaba con el staff y jugaba con Aurora. La tarde donde trabajaba ayudando con los preparativos, y la noche, donde estudiaba lo que tenía que ver con el resto de asignaturas extracurriculares, hasta dormirse.  Los fines de semana eran entrenamiento. 

Tengo que mejorar decía. Su padre y ella vivían de la misma sustancia divina: el reconocimiento. Tenían que hacer los ritos adecuados para invocar los aplausos.  

—Aurora ven. 

El ave aparecía por una esquina y salía por otra. Después aparecía por la puerta y salía por el suelo. Era un truco donde lo que no se vislumbra importa más. Donde lo que se ve era solo la punta del esfuerzo.  

Últimamente su padre también aparecía para ayudarla con las partes de alto riesgo. Luego se esfumaba para lidiar con las cuentas y los alquileres, todo el trabajo económico requería cabeza fría, como estar encerrado en el sarcófago de cristal.   

—Aurora lo hiciste increíble. Dijo jadeando por el cansancio mientras tomaba agua. Hasta su galera se veía de capa caída.   

—Las dos estuvieron increíble. Dijo su padre. 

—¡Aurora hace feliz a Sunny y papá!, ¡Aurora feliz!

—Tengo que prepararme para hablar con algunas personas, Sun. Sigue practicando sin mi, pero antes, quiero recordar una cosa, ¿que se aproxima?

Sunny puso un dedo en el mentón, pensando en voz alta. 

—El show del sábado. 

—Exacto y qué más...

Una persona del staff se acercó y le susurró algo a Valdren. El hombre se puso serio. Volvió a sonreir, pero era obvio que perdió su humor teatral.

—Sigue practicando querida, tengo que hacer algunas cosas. 

—¡Aurora también va con papá!

Valdren sonrió con esa rara expresión que delataba dos estados de animo en colisión. 

—No hace falta. Necesitamos afinar los trucos para el sabado, luego regreso. 

Salió junto al hombre directo a su despacho. El aire del lugar cambió. 

Sunny sonrió y exhaló aire. 

—Creo que practicamos suficiente, ¿verdad Aurora?

La cacatúa inflo las plumas. 

—¡Aurora puede seguir!, ¡Aurora fuerte!

—No lo dudo Aurora, es solo que estuvimos toda la semana sin descanso.

Miró las pelotas y las muñecas de porcelana.

—¡Aurora quiere mango!

Sunny río. 

—El único que te dio mango fue ese chico. Lo recordó y una sonrisa le cruzó la cara,

—¡Aurora siente brillo en novio de Jodie!

—Lo se, Aurora. 

Sunny se paró y se quitó la capa y la galera, yéndose para su cuarto. Allí había también utilería, junto a una cama, las paredes tenían dibujos de estrellas y constelaciones.

Se fue al cuarto de baño y se quitó el esfuerzo del día. Regresó a su cuarto se sentó en la cama y suspiró. El espacio se sentía posesivo. Menos abrazador y más viciado. 

—Necesito un cambio de aires 

Se puso un vestido violeta oscuro y unas sandalias del este, se miró al espejo y dio una vuelta. Sonrió. Era menos vistoso que su indumentaria habitual. *Esto está bien*. Su cuerpo esbelto la hacia lucir joven y enérgica.

Aurora se sentaba en su perchero, acurrucada. 

—¡Sunny estrella del este! ¡Sunny siente felicidad!

Se volvió a sentar en la cama mirando el estampado de las paredes. Lo que Jodie dijo una vez era cierto: Las estrellas aparentan pero en realidad no están juntas. Desde nuestro lado parecen centimetros, pero cuando más te acercas, más se alejan. Sunny le había fascinado desde ese dia. La perspectiva de algo lejano y cercano a la vez. Algo que parecía como una amistad que se medía en dos manos entrelazadas, pero con una distancia indeterminada. El afecto que se acerca en perspectiva pero nunca en realidad. 

Con su mirada en la pequeña ventana que daba a la calle miró el resto de la gente que pasaba, sus vidas no eran años de estrellato y más en el día a día. 

—¡Aurora quiere mango!

Una mueca de agrado se formó en la cara de Sunny. 


...


Jodie despertó y se cayó de la cama. Con esmero se puso de pie y fue arrastrándo los pies al baño, como una superviviente. Se lavó los dientes y la cara con agua tibia, quitándose la ceguera temporal. Arrastró sus pies con un lamento y tomó la mochila. 

Bajó las escaleras, sintiendo un peso atómico mayor abajo que arriba. El sonido de la urbe se colaba en su sistema auditivo como una cacofonia indescifrable. El cableado mental apenas podía recibir una porción del colchón de firuletes de los mercaderes y noblecillos. 

Llegó a la academia y se sentó en su banco. Sacó su carpeta, que se sentía como una biblia de cemento. Tomó el lápiz y alzarlo fue más difícil que la espada de Rodia. Su brazo temblaba, apretaba los dientes y cuando escribió la primera frase que vió en el pizarrón se volvió a desplomar en el banco. Se quedó así hasta que su respiración se reguló.

—Solo bebí una copa –Dijo al rector cuando la citaron. –Seguramente tenía una muestra de metal residual que se les pone a los reos condenados a muerte.

El rector no dijo nada. 

—Una gota de mercurio. 

—Ya entendí Jodie –Aclaró– no tienes que sobre-explicarte. Sé que tuviste una semana complicada y con muchos fracasos personales, pero esto es una institución sería y te necesitamos lúcida. –Sus ojos se pusieron vidriosos– A no ser que te hayas dado por vencido y quieras trabajar de otra cosa... 

Ya quisieras, viejo bufarra

—Prefiro el vaso de mercurio. Es menos tóxico. 

Aquí viene

—Solo era una broma.

Claro que sí, viejo, siempre dices lo mismo; con tus cuerdas y tus hilos porque no te haces un sombrero y bailas en medio de la plaza en bolas

—Lo que quiero que entiendas que si sigues viniendo con resaca se te quitará tu licencia estuantil y no podrás visitar la herrería.

La expresión de Jodie cambió. De repente el peso del castigo empezó a hundirla hacía el suelo. 

—Usted no haría eso ¿verdad?

—Vas a tener que convencerme de no hacerlo. 

Jodie parecía perpleja. 

—¿Cómo? 

—Ya me escuchaste, si no quieres que te quite la licencia, vas a tener que usar tus... Capacidades naturales. 

Jodie la miró decepcionada. 

Yo siento el peso de la resaca, pero el que tocó fondo eres tú, viejo

No quiso seguir allí un segundo más. Se puso de pie y se fue. 

—Revoqueme la licencia, no me importa una mierda.

Cerró la puerta con ganas y suspiró. 

—Necesito un trago. 

Regresó al piso, cargando con el peso de una nueva mochila, con una carga más sentimental y rota. Se tiró en la cama y se frotó la cara. Tomó uno de los artefactos y suspiró. En los tornillos sentía apretarse un nuevo mecanismo. Los pernos la hundían en una fosa común, donde lo único que importaba era la seducción. Recordó la mirada lasciva del rector y tiró el artefacto contra la pared. En la mitad partida por la mitad estaba su orgullo desperdigado por el suelo. 

Se levantó pensando en todos los idiotas que querían hundirla en el sarcófago de cristal de sus vitrinas. Tomó la carta de presentación de Valdren y lo apretó. 

—Al menos tú sabes salir ellas. 

Se sacó la bata, las botas y se dejó el pelo largo castaño ondular. El vidrio le devolvía una mirada dividida. En un cajón, sacó un viejo estuche donde tenía cosméticos de belleza. 

Extrajo un lápiz labial y lo presionó como si fuera una maldición.

—Si he de caer, que sea buscando respuestas. 

Y empezó a arreglarse. Cuando terminó con el delineador de ojos, su cara, de por sí un ejemplo de belleza, era una estampa de clase única. Ella se miró disgustada, por el lugar más partido del suelo, notaba el agua filtrarse por los pernos de su mente. Miró el reloj: era ya tarde, el día sucio empezaba a dar lygar a una noche fresca. 

Se puso de pie.

—Espero que tengas razón, Rodia.

Y fue a ver a Valdren Pentrha. 

...


Rodia vago por la ciudad por horas. Las carretas pasaban a su lado, se cansó de pararlas para mostrarles el dibujo. Pero nadie le prestaba atención. Si la tenían o no a ellos no les importaba. Era como pisar lo que tenían delante con indolencia. Se preguntó de forma más rotunda si fuese una enfermedad lo que les describía, sabrían que la tenían. 

Están demasiado ocupados pensando en mañana, para preocuparse en lo que pasa hoy

Se cruzó a un buhonero. El hombre rápidamente abrió su gabardina. 

—Quieres...

—No quiero comprar –Rechazo los brebajes– ¿haz visto este objeto?

El hombre ni siquiera vio el papel. Cerró su abrigo con celosa presunción. 

—No he visto a nadie. 

—No me refiero...

—A NADIE 

Rodia retrocedio varios pasos. El hombre escupió la palabra y le golpeó en la cara. Demonios ¿Que le pasa a este? 

—Tranquilo, no soy un guardia. 

Al escuchar la palabra guardia el hombre se escapó despavorido. Ahí va el último buhonero del día

Siguió caminando hasta pasar por la zona militarizada. Allí la gente se portaba más normal, esperaba. 

De lejos fue interceptado como una presa:

—Es el que estuvo con la academica –Dijo uno. 

—¿El primor? 

—Esa misma, aunque es bastante arisca. No sé cómo lo habrá conseguido ese chico, pero me gusta su espada.

—Ah si, es su sobrino postizo. Claramente una jugada. No sé de que cloaca salió, pero me gustaría averiguarlo. 

—¡Oye! – Le gritaron. 

Rodia se dio la vuelta y un par de guardias lo rodearon. Reconoció al del medio, con su sonrisa suave y modales bruscos. El general mostaza

—Eh, no quiero problemas. 

—Solo quiero hablar. Escuché que ayer estaban haciendo ruidos raros con la Fleming, que estuvieron molestando a la gente en las casas y que acabaron en un bar –Tomó una fruta de una cesta y la la mordió– Estás llevándola en malos pasos, ¿eres un adicto?

—¡Eh, no! Ella me quiso ayudar. Es muy vehemente. Yo conocía la ciudad y me ayudó a dar una vuelta para buscar esto –Le tendió el dibujo de la llavesfera– *y no soy un adicto*

El hombre se lo arrancó de su mano. 

—¡Oh! –Dijo. –Interesante objeto, parece una reliquia de un vidente. 

—En realidad es algo arcano, por lo que sé su energía es de otro tiempo. 

—Si, si –Le dio otra mordida, interesado más en la parte trapichera y no tanto histórica del asunto– Se ve curioso, podría jurar que lo vi, así con esos rayos. 

Rodia le miró incrédulo

—¿De verdad? ¿Puedes ayudarme? 

—Podria, pero –Terminó de comer la fruta– No me da la gana ayudar a un bandido. De todos modos tomaremos el cartel, hablaremos con ciertas personas, nos has dado algo que hacer hoy, gracias. 

El chico se quedó quieto. Claramente estaban abusando de él, lo que no le hizo ninguna gracia. 

—Bonita espada la que llevas en la espalda. ¿Me dejas verla más de cerca? –Añadió– Solo será un vistazo. 

El joven los miró uno en uno, y su semblante cambió a una sonrisa. Desenfundó el sable y se la dejó para que lo tendiera por la empuñadura.

El hombre tomó el filo con confianza, en cuanto Rodia la soltó, la espada se cayó al suelo. El hombre miró la hoja con incomprensión. 

—Esta pesada, me olvidé avisarte. 

El hombre hizo un amago de reirse y la intentó subir. Pero no pudo. 

Se rió histérico.

—Que buen truco. Está bien, me lo gané.

Rodia la tomó y la blandio como si nada. 

Los guardias de atrás se lanzaron miradas, pensando que debió ser algún tipo de truco. 

—Si no tienen nada más que decirme me marcho, con su permiso. 

—De hecho si –Se recompuso– Con los chicos y yo nos gustaría un reto. 

Rodia arqueó una ceja. 

—¿De verdad?

—Tranquilo, no queremos lastimarte, solo es un sparring amigable, ¿no crees que sería divertido? 

Rodia miró su espada. Su confianza creció un tercio. Ahora estaba más consternado por sus habilidades. 

—Podria estar interesante... para pasar el rato. 

Los guardias se pusieron en posición. El general pimiena en 

—Cuando quieras, ataca –Dijo El general mostaza. 

Rodia se posicionó y la blandio como siempre. 

Uno de ellos se acercó con la finta en alto y dio una estocada rápida. Rozando el costado de Rodia que esquivó por poco. Eso iba al cuerpo. 

—Oye, dijiste que ibas a ser amigable

—Estoy siendo amigable

Volvió a dar una finta dura. Rodia la paró con el filo, más trabajo esta vez. Los otros se acercaron por los costados. 

—Eso no es divertido, puede haber un herido– Dijo Rodia mirando al resto y calculando sus embistes. 

—¿De verdad?

Dl general le dio un tajo, que Rodia esquivó por los pelos. 

Ok... Esto se puso serio

Los tres guardias atacaron a la vez. El filo del medio casi le toca el pecho; los otros dos pasaron su acero con dos fintas que paró con su espada. No tenían buena fuerza, pero oa espada estaba afilada. 

—Nada mal, ¡para un ladrón!–Gruño Mostaza

—¡No soy un ladrón! 

Cuando iba a parar su sablazo una patada lateral le impactó en el pecho y lo tumbó. 

Rodia gruñó.

En el suelo el general le dió una estocada que iba a las piernas, Rodia lo esquivó. El filo llegó a besarle la piel rompiéndola, por milímetros. Rodia miró su cara reflejada en el acero pulido con los ojos abiertos. 

—Perdón –Retiro la hoja que se clavó en el suelo– los accidentes ocurren, ¿verdad?

Le tendió la mano. Rodia le miró sin expresión aparente. 

—Claro que sí –Soltó sin exaltación en la voz. 

Le dio la mano y cuando se sentó arremetió con un topetazo desmemorizador. Escuchó el sonido del hueso nasal partirse. 

El general mostaza cayó hacía atrás agarrándose la cabeza. 

—¡Arrggh! 

—Lo siento, los accidente ocurren...–Dijo Rodia en el suelo, poniéndose de pie.  

Tocó su frente, un líquido rojo le mojaba la cara.

No debí precipitarme 

Tomó la espada y se puso de pie, girandola. Los guardias lo miraban con más respeto. El general moztaza aún luchaba por ponerse de pie

—¡Atrapénlo! –Gritó, señalandole con ira. 

Los otros dos sacaron sus espadas y Rodia los instó a acercarse.  

Una finta rápida, y Rodia esquivó. Estaba alerta. Otra finta, y con un giro lo esquivó. Con el canto de la espada le dió a uno en la cabeza, dobló Lumenar y lo puso en la garganta del otro.

—Creo que ya estuvo. Nos divertimos–Dijo sin humor en la voz. 

El general mostaza ordenó la retirada. 

Los tres salieron despavoridos, peleando igual que huyendo, como tres perfectos patanes. 

Rodia no les perdía de vista. Destapó un frasco y se lo bebió. 

—Payasos. 

Enfundó la espada y se giró. 

Caminó sin rumbo hasta notar su cabeza mojada y sus hombros mojados. Empezó a lloviznar. Decidió que ya tuvo suficiente y se fue al piso de Jodie.

Empujó la puerta y se dirigió al baño. Tomó un largo trago de agua y se sentó en el colchón.

—Maldición. 

Después de unos segundos la llovizna cesó. Pero otro repiqueteo sonó en la puerta.

Rodia se paró y abrió la puerta. Detras de ella una muchacha sonriente en una coleta y un vestido violeta se presentaba.

—Hola Rodia, ¿está Jodie?

Él negó. 

Sunny miró su cabello y notó la sangre. Inhaló un suspiró. 

—Oh dios, ¡estás sangrando!

—Estoy bien

Sunny se acercó y le corrió el flequillo. 

—Dejame ayudarte. 

Entró en la habitación sin pedir permiso. 

...


Jodie entró por la puerta principal del anfiteatro sin pedir permiso. Allí la gente del staff se aglomeraba como piezas coordinadas y grises. 

—¿Donde está Valdren?

Preguntó a uno que apenas reconocía. El hombre señaló al fondo. Echándole un vistazo más profundo. Deja de mirarme pensó Jodie mientras pisaba la vieja madera con laa botas largas de tacones. Es extraño

Entró a la oficina: allí el hombre tenía una mirada concentrada en un papel. Parecía apagado. Incluso cuando levantó la vista para ver a Jodie le costó reconocerla. 

—¿Eres tú? 

Dijo no entendiendo bien lo que veía. Se podría decir que ni en sueños se esperaba una visita de Jodie en ese estado de arreglo femenino: sus labios rojos, sus ojos con delineador e incluso las pestañas parecían mas suaves. Le daban a su rostro una energía magnética.

Ella se sentó, atrayendo la luz del lugar a su merced, no sabiendo que hacer con los codos.

—Eh, si soy yo –Dijo tratando de sonar suave pero fallando en el momento– Dijiste que querías tener una cita conmigo cuando quisiera ¿no? Vengo a liquidar esa oferta. 

El hombre sonrió, aunque no era la sonrisa que ella esperaba. Parecía más abatido. Pero contento a la vez. 

—De verdad que me sorprendiste...

—Si, si, –Rodo los ojos sin querer verlo– no lo hagas más incómodo.

Valdren se puso de pie.

—Te llevaré a comer al lugar que siempre quise llevarte, donde el cielo y la tierra se funden como el licor en la roca. 

Jodie se ruborizo, sentía que de algún modo le estaba cumpliendo el sueño a un hombre extraño, no se sentía en su elemento, pero tampoco le desagradó el sentimiento. 

—Esta bien. 

El hombre se puso de pie con gesto teatral. Jodie se paró también, no sabiendo donde mirar. 

Salieron del anfiteatro, había dejado de llover y el se sentía fresco. 

—Vamos a ir a uno de los mejores lugares para probar bocado. 

Interesante, pensó Jodie, con algo de expectativa. Sabía 'porque' había aceptado la cita y no tenía nada que ver con su encanto "Magician". 

El sol caía como un medallón de fuego sobre el horizonte. Las sombras se alargaban por toda la calle como dedos de manos invicibles. 

Los dos llegaron a un restaurante que estaba en cerca del final del distrito. Allí Valdren se presentó y pidió la mesa más cercana a la ventana. 

—Desde allí la luna se deja ver en toda su gloria en los cielos.

—Esta nublado, Valdren. 

—Ya se despejará. 

Los dos se sentaron en las sillas de madera recien barnizadas. Jodie sintió de inmediato la comodidad del ambiente, el aire olía a condimento y perfume del caro. La orquesta músical tocaba unas notas suaves para acompañar la comida. 

Valdren encendió unas velas. Jodie miraba el día completamente nublado por la ventana. De nuevo no sabia donde poner los codos. 

—¿Que vas a pedir mi querida Jodie? –Comenzó Valdren

—Eh, no lo sé, no soy muy tiquis con la comida, ¿tal vez una sopa?

—Puedes pedir lo que quieras –Se acercó un chef– Yo me pediré un bistec de ternera acompañado de un vino chantec y como acompañamiento le pediré la rue de los corazones rotos. El hombre anotó todo con aire profesional, se giró a la chica. Jodie tragó saliva. 

—Un pato a la naranja y una buena cerveza espumosa. 

El hombre anotó y se fue. Jodie suspiró.

—¿Pato? 

—Iba a pedir crema de calabaza pero me di cuenta que prefiero tomar cerveza antes que sopa. Pedí lo primero que se me ocurrió. 

—A veces se me olvida que te gustan mucho los sabores fuertes. 

Les trajo la comida. El hombre se puso a picar su carne y Jodie apenas tocó su pato naranjo. 

—Sabes que no es muy de mi agrado estar compartiendo este espacio contigo, quiero creer que sabes porque estoy aquí también. 

Lo sé, contestó el hombre tomando un trago de vino. 

—Pero quiero que te sientas cómoda antes de empezar con las preguntas complicadas. 

—Vaya, pensé que estarías mas aturdido por toda la situación –Jodie se tocó el cuello– pero no pareces sorprendido. 

—Se que no aceptarías una cita conmigo sin una intención detrás. 

Jodie tomó un trago de cerveza y regresó a su elemento. 

—Muy bien, ¿Entonces si lo sabes por qué no empezamos?

Los músicos aparecieron y La rue empezó a sonar en la mesa. 

...

Rodia sentía el paño mojado mojarle la cara. Su rostro parecía dejar de arderle

—Gracias, aunque insisto que soy bastante resistente

Sunny seguía concentrada mojando el paño y lavando su frente. 

—Pero tu cabeza sigue herida, creeme, yo también he sufrido muchos cortes y raspones en las prácticas, creo que Jodie me dijo una vez que guardaba un botiquin en la gabeta, a ver... –Tomó unas vendas–. 

Después de unos cuidados extra Rodia se sentía mejor. Sunny se sentó a su lado. 

—¿Ves? Mejor momia que ternera. 

Rodia se sentía cohibido, mirándola con el vestido y su aire menos teatral parecía otra chica. Aunque su energia no desaparecía del todo. 

Sunny se aproximó al espejo roto. 

–Que siniestro, ¿no? Jodie nunca me dijo porque no lo cambió. Debe tener algún significado. 

—Cualquier cosa que signifique no creo que sea bueno. Un espejo roto es mala suerte. Quizás lo tenga como recuerdo de algo que no quiere olvidar.

Sunny se vio reflejada y luego miró su afiche. Sonrió. 

—Es divertido, ¿sabes? Hacer los shows –Se sentó al lado de Rodia otra vez– pero lo mejor de todo es la parte final, cuando ya sientes la energia del público, es como una aceptación. Todos quedaron satisfechos por el esfuerzo. Rodia no supo bien que decir, pero no quería dejar a la chica hablando sola.

—Entiendo, debe ser difícil manejarse cuando estás en el escenario –Pensó– debe ser duro. 

—No tanto como ser guerrero, pero, si, ser Magician es complicado. Mi padre lo fue desde que recuerdo, antes fue discípulo del padre de Jodie. 

—Si, lo sé. 

—Y bueno, todo es genial, pero, cuando las velas se apagan y todos se van, se siente... Vacío. No es lo mismo que cuando estás arriba, cuando estás abajo hay otro tipo de vibra, no sé como explicarlo lo siento.

Rodia creía intuir. Sunny se acercó a la ventana. 

—Parece que el cielo se está despejando, ¿te animas a dar un paseo con una Magician, Rodia?

La chica río. 

—No soy buena compañia, Sunny

—No hace falta que hables si es lo que te incomoda, solo quiero pasear.  

es todo completó Rodia, No hay nada como un poco de distracción para poder sentirse mejor. Asintió, solemne. Se paró. 

Sunny dio media vuelta y tomó un artefacto de Jodie. 

—Nunca entendí como funcionan estas cosas, mis juguetes son mas sencillos, dijo haciendo girar la esfera de metal entre sus dedos –¿Te decidiste?. 

Rodia miró por la ventana, la luz de la luna ya iluminaba el resto de la calle. 

—Si te apetece. 

Sunny sonrió de nuevo. Rodia miró esa sonrisa como un increíble truco de magia.

Los dos bajaron. La calle vespertina era mucho más peligrosa. Los faroles con luces verdes daban a la cuadra un aire de noche de cuento pirata. Solo faltaba el oleaje al fondo y los marineros con las mujeres maquilladas; no falataba algún que otro gañan y alguna dragonzuela de pestañas postizas, pero no era exactamente el tipo. Sunny sonreía mientras tarareaba una tonada, caminando con los brazos detras de la cintura. Rodia la seguía con paso tranquilo, mirando de vez en cuando delante para no perderse algún detalle imprevisto. 

Pasaron por un bazar donde vendían frutas, allí Sunny compró una manzana.

—Mira esto –dijo girando la fruta, después de un rato desapareció y apareció debajo de su vestido. Rodia se vio sorprendido por la característica del truco. Si hubieran sido dos manzanas en lugar de una...

—Esto me servirá cuando sea mayor –Rio –Es algo que venía practicando, para llegado el momento. 

Magician...

—Se te da bien

—Es cuestión de práctica. Todos son trucos. 

Pasaron por un charco de agua, Rodia quiso ayudarla a pasar, pero ella se solventó sola. 

—Es divertido, la calle así es como otro escenario más –Salto otro charco, este mojó sus sandalias, pero no parecía importarle– ¿Qué te parece la ciudad?

Rodia piso el charco sin tanta parsimonia.

—Es un lugar extraño, aún no me acostumbro del todo, pero poco a poco.

Siguieron caminando hasta el final de una cuadra, donde las luces verdes cambiaban por azules. Las urbanizaciones se abrían camino. Rodia conocía muy bien esos lugares cuando pasaron casa por casa preguntando por la llavesfera como dos enviados del demonio. Viéndolas en ese estado más en calma, con los arbustos que se dejaban rociar por la luz crepuscular se dio cuenta de lo estúpido que fueron. 

—Por aquí vi un banco bonito el otro día –Dijo emocionada y se puso a buscar, señalandole con el dedo.

Rodia vio la madera degastada y se acercó. Más allá del horizonte, las luces claras daban a la calle un aire más etereo.

Sunny se sentó y exhaló un aire cargado, muentras movia sus sandalias llenas de barro –Que bien sienta el aire fresco después de la lluvia, es mi favorito.

Rodia se sentó a su lado. Se quitó la funda de la espasa y lo dejó al lado. 

—La verdad que el aire así se siente más natural. 

Sunny sonrió.

—Yo pienso que odias esta ciudad –Dijo Sunny riéndose.

—No la odio, pero definitivamente no es mi tipo. Todo se siente de plastilina.

—Estoy de acuerdo, pero es divertido.

—Aja.

Miraron al frente, el viento posaba sobre ellos y movía el cabello de Sunny. Ella sonreía sin contemplación. 

—Perdon por no hablar, en serio que no soy buena compañia –Insistio Rodia.

—Tranquilo, no pido que hables. Solo quería salir a despejarme. Fue un día largo, y la noche se siente bien. 

Los dos se quedaron callados por un rato. El sonido ocasional de un vecino interrumpía el aire calmado, fuera de eso, todo se sentía correcto. Como una palabra perfecta no dicha. Era cómodo. Rodia se dio cuenta que Sunny no buscaba conversar, sino sentir ese silencio. Dejar que la envuelva con su manto invisible. 

—Debes estar agotada –Soltó Rodia– Cuando te fuí a ver con Jodie parecias exhausta. 

—Un poco, pero si no entreno el show no quedará bien, además, es parte de quién soy –Dijo sin mirarlo– Todos tenemos nuestro ambiente, el mío es ese.

El tono cambió un poco, Rodia lo percibió.

—Te gustaría... otra vida, ¿acaso?

—No lo sé, creo que hablo un poco con la garganta y no tanto desde dentro cuando lo digo, pero, de verdad que no conozco otra cosa. 

—¿No tienes amigos? 

Ella negó

—Mi única amiga, además de Aurora, es Jodie

—¿Donde está Aurora?

—La dejé ocupada con un asistente que le cae bien, espero que se esté divirtiendo. Le gustaron mucho los mangos que le diste. 

—Eran los últimos que me quedaban.

Sunny movia los pies. 

—Y Jodie... fue la única persona que conocí que no estaba en el ambiente del espectáculo. Desde pequeña que eramos amigas. 

—Me habías dicho que tu papá era discípulo del suyo

Es raro pero cuando el viejo Arthur vivía, mi padre lo tenía como un hijo más, después del incidente dónde murió, las cosas cambiaron. 

—Jodie parece... Odiarlo. 

—Si. Le odia. 

—Pero él gusta de ella.

Sunny miró sus pies, el aire azotaba su cabello, dándole un aspecto más solemne.

—Si, le gusta.

—¿Por qué? 

—Ella le salvó la vida. 

Rodia parpadeó y trató de darle lógica

—¿Te refieres a que lo sacó de las calles? 

—Ese fue el viejo Arthur. Jodie le salvó de morir. 

—¿Te refieres ah...?

—Asi, es, pum. Estuvo a punto de morir de una herida, y Jodie lo salvó –Rodia abrió los ojos de impresión– desde entonces le gusta. 

No es solo el fisico, o el dinero, es una deuda pendiente

...

Jodie ya tenía la cara en la mesa, agobiada por el aire cargado de tanta solemnidad. Se tomó otro trago, y se manchó la mejilla.

—Ya entendí, Valdren, te salvé –elevó su cara– y por eso me das todo este lujo de etiqueta, pero te conozco, no creo que sea solo eso.

—¿Por qué dudas de mi, querida?

—¿Tengo que explicarlo de nuevo? Eras un ladrón que le debía dinero a unos mercenarios, hiciste todo lo posible por robarle a mi padre y cuando el viejo murió, te volviste un proxeneta de la ocultación, eres un... golden digger. La razón oculta detrás del sentimiento. Siempre buscaste el botín en el botiquín. 

Valdren sonrió y aplaudió sin sonido en sus palmas

—Que bonitas palabras. Siempre supiste que decir en todo momento, por eso te admiro. Pero no te confundas: de verdad te aprecio. Y te admiro. Eres una chica valiente y encantadora. 

—No mientas.

—No miento. Yo tuve que hacer un gran esfuerzo para estar donde estoy, tú solo tienes que ser tú misma y todos quieren poseerte de algún modo.

Maldito infeliz 

—Si, claro –Tomó otro trago, el rouge se quedó impregnado en la copa como un beso descarado– Y no me impresionas.

«Ya piensas como un golden digger, admirando a alguien que tiene potencial para ser otro show más. Pero no te confundas: yo no soy el espectáculo de nadie. A mi nadie me puede tomar; quiero que me admiren por mis logros, no ser un logro, por eso odié el legado de mi padre, todos me buscan solo por eso»

—Yo no te busco por eso, Jodie, yo veo el potencial detrás del apellido.

—Si claro, tú ves el oro, cabrón, a tí nunca te importa el apellido. Solo buscas el reconocimiento; por eso me admiras, porque si fueras yo podrías cabar más hondo de lo que ya cabaste. 

—¿Por qué aceptaste la cita entonces? Si crees que todo esto no es más que uno de mis trucos. 

—Porque quería saber la verdad –Su tono se volvió más fluctuante, su mano tembló– ¿Querías al viejo, en algún... momento lo quisiste?

Los ojos de Valdren por primera vez se velaron. Hasta la balada parecío bajar dos tonos. 

—Arthur era complejo. Entendía su punto de obrar por el bien de la ciudad, pero yo quería darle glamour, sabes, un poco de personalidad. 

—Y por eso lo traicionaste. Te sacó de la calle, Victor, de tu estancamiento de pacotilla y ahora estás en la cima, ¿Cómo lo conseguiste? ¿Fue por Sunny? Si dices una respuesta equivocada, te advierto que te apuñalare donde más duele.

Valdren se frotó el brazo. 

—No fue por Sunny, aunque ella es una gran adición al show, estoy tratando de que sea la estrella del espectáculo. Ella heredará todo lo que yo soy. Tenemos una excelente simetría padre e hija. 

A Jodie le tembló la voz. La hoja que ocultaba en la pierna se sentía dulce, casi la llamaba a penetrar aquél animal herido de humo y espejos rotos.  

—¿Entonces? ¿Qué fue? –Tomó otro trago– a veces hasta el más perdedor se saca la lotería de vez en cuando. 

—Jodie...

—De verdad que no... No puedo. Intento mirarte Victor, creer que eres distinto, pero el maldito viejo murió por tu culpa y me quedé sola –Sus ojos se llenaron de lágrimas– por tu culpa. Solo por tú estúpida ambición desmedida. Sabes lo que se siente despertar todos los días sabiendo que el responsable de la muerte de tu padre sigue allí, con una hija perfecta, cumpliendo su sueño? No lo sabrías. Sunny no se merece esto y por eso la quiero, porque sé lo que se siente tener una sombra rondando a tu alrededor. Que la quiere poseer para sacar beneficios. 

—Yo no soy así Jodie

Le dio una cachetada.

—Cállate la boca –Grito, la orquesta se detuvo, Valdren se quedó quieto– Te odio. Y que me busques para besarme me da asco. Solo eso siento por tí, Victor. Una inmensa pena. 

Jodie se fue, sorviendo las lágrimas. 

Valdren se quedó en silencio. Se tocó la mejilla. Luego tomó el vaso de vino y se lo llevó a los labios. No sonrió, no dijo absolutamente nada. Su silencio llenó el lugar. La luna estaba en el cristal, como un disco de luz inalcanzable. Su luz reflejó sus ojos. 

La copa de Jodie quedó allí, con el rouge de sus labios como una estampa obligada a beber. 

...


Rodia quedó pensativo, su mirada se posó en un bichito de luz que subía y se perdía. 

—¿Te sabes el truco de la moneda? 

Rodia la miró. La chica sacó un Mir– lo giró entre los dedos y sopló.

Entonces puso su mano en la parte de atrás de la cabeza de Rodia, sacando el brillante cobre de los cabellos del chico. Rodia sintió cosquillas. 

—¿Genial, no? Es uno de los trucos más básicos y también de los que más les gusta a la gente. 

Rodia sonrió. El truco más básico para impresionar a la gente. Entendía porque, aquí todo parece esperable, si le sacas de su rutina y les haces creer que la magia existe entonces les descubres un mundo 

—¿Quieres tomar a Lumenar?

Sunny le miró

—¿Ah?

Rodia desefundó la espada y la tendió de la empuñadura. 

Sunny la tomó, y sus manos se tocaron. 

La chica le miró. 

—¿No vas a soltarla?

Rodia le sostuvo la mirada un instante, y la soltó. 

Ella la sujetó. 

—Es... Bonita.

Rodia sonrió

—No te pesa. –No lo dijo como una pregunta. 

Ella negó. 

—La siento ligera, como una pluma. 

La ondeo un poco, con cuidado y luego se la devolvió.

Rodia la tomó. 

—El gran mago me dijo que Lumenar es una espada mágica que conecta con el corazón. Cuando más oscuridad lleves en el interior, más pesada la sientes. 

Sunny pareció de verdad impresionada. Rodia recordó a Lucian Velmour y su facilidad para dominarla en su primer encuentro. 

—Pero pudo estar mintiendo. 

—¿Tú la sientes pesada?

—Un poco. 

—Entonces no eres digno, charlatán.

—Me lo dice una Magician. Definitivamente estaba mintiendo, un Magician no podría sostenerla. Si el viejo mago te viera, se le caería la mandíbula al suelo. 

—¡Unica de mi tipo entonces! –Sonrió.  

—Puede ser. 

Sunny se volvió a sentar. 

—Lo que más quiero es dejar de sentirme así.

—¿Asi como?

—Unica... Toda esa atención, cuando el espectáculo se va. es como que todo se va con él. Mi padre me quiere, lo sé, pero no puedo dejar de pensar en los momentos a solas. Es mucho bullicio. 

Ella está conectada con su trabajo, cuando habla de su show siempre de toca el pecho. Es como si lo sintiera en el alma. De verdad que el espectáculo es su vida. No tiene nada más. Es una chica estupenda, ahora entiendo porque Jodie la quiere proteger, pese al fastidio que le da ver a Valdren. Es la clase de personas que lo valen... como Ren

—¿Y no hay nada que desees hacer? Cualquier cosa. 

—Bueno, ya que lo mencionas... Siempre quise saber como sería besar a alguien, ya sabes, como una pareja. 

Rodia tragó saliva

—¿De verdad? 

—Es una fantasia tonta, ya se que solo es pegar labios, pero quiero probarlo, además... Ya pasamos las doce de la noche

—Si, pero... Que tiene que...

—Es mi cumpleaños, Rodia

La sonrisa de Sunny le devolvió una cachetada. 

Por eso buscaba a Jodie, quería pasarla con ella. Ahora todo cierra

—Entiendo. Bueno, no lo sé

¿Que demonios hago?

Sunny la miró, con una sonrisa más tranquila

—Dime: ¿Te gusta Jodie? 

—Ah, si, osea, ella es linda. Muy linda de hecho. Pero no me gusta de esa manera. Me cae bien –Dijo forzando una sonrisa.

—¿La sientes tu amiga?

Su sornisa se esfumó. Se detuvo a meditarlo por un segundo. Se sintió avergonzado al admitir que no lo había pensando. La conocía hace poco, y todo lo que descubría de ella le fascinaba más. 

—Creo que sí. La siento como amiga. 

Sunny asintió, complacida. 

—¿Y ella gusta de ti?

—No. Me lo dijo abiertamente. Y no en las mejores circunstancias. 

Volvió a asentir. 

—Ella necesita amigos, es una persona muy... solitaria. 

—Como tú.

Y como yo

—Puede ser. Si, quizá por eso nos llevamos bien pese a todo. 

Se paró. 

—Bueno, ¿me vas a cumplir el deseo?

—Te refieres a...

—Si tontín. 

Rodia se acicaló.

—Bueno, está bien. 

—No seas tan mojigato, Rodia, es solo un beso. Las personas los dan a diario, y en la noche sé que en no me olvides están la de la casa dragón, que se dedican a...

—Si, si, ya entendí. 

Ella se acercó a él. 

La brisa hizo que su cabello se sienta más fresco. Rodia sudaba. No se le daba bien esta clase de cosas. 

Sunny se aproximó, su sonrisa se desvaneció, sus mejillas se ruborizaron. Rodia cerró los ojos en el banco. 

Sintió sus labios siendo tocados. Pensó en mil cosas, entre ellas Jodie, y Orelia. Una punzada de confusión invadió su pecho, pero lo acepto. Era parte de la conección. 

Sus labios se separon. Rodia sintió el sabor a cítrico en su boca. 

—Se sintió bien. No tiene nada de especial, creo que es más tu tipo de magia que la mía.

Aún tenía rubor en las mejillas. 

—Debo volver, mañana tengo que seguir entrenando. 

—Te llevo.

—Ah, gracias, pero el camino está cerca, no me va a pasar nada, los guardias conocen a mi padre y las personas me conocen a mi. La linda Sunny. 

—No es que crean que vayas a hacer algo malo, Sunny sino... En fin. Olvídalo.

—Dale un abrazo a Jodie de mi parte. 

Sunny se alejó canturreando. 

Rodia miró el cielo, las estrellas distantes que parecían tocarse con la luz, de algún modo.


...

 

PARTE V

One of a kind


Tyr se puso en marcha, buscando la mejor piedra para engarzarla en el filo. Tomó la empuñadura, la atizó y la dejó en el mandoble. Luego la dejó reposar. Cuando la espada estaba lista el hombre la dejó en el agua para que repose.

Tomo un paño y se secó la frente. Esto le llevó toda la mañana y quería descansar. Un hombre lo vio y se sentó junto a él. 

—El encargó ya está listo, puedes decirle que se lo lleve. 

El noble miró la obra y sonrió. 

Tyr estaba acostumbrado a armar espadas, hachas y toda clase de metales. Pero nunca en su vida había visto algo como lo que le trajo Jodie el otro día:

—Esa espada es extraña. 

No era el patinado, el acanalado; era el acabado. La hoja estaba hecha de un metal que no había visto nunca. Era un filo salido de un sueño infantil, pero armado con la vitalidad de los ángeles runicos.

El yunque al frente para cuchillos y navajas, las que tardaban más las dejaba 'secar' un día o dos. El resto de armas las dejaba al fondo, donde aún tenían que esperar para que se endurezca.

Pero lo que le encargó Jodie...

Estaba al fondo del fondo. Sin duda su obra más completa. Cada vez que lo pulia notaba la naturaleza del encargo. Se sentía orgulloso de él. 

Escuchó pasos y decidió volverse a atender. 

—Tyr, tenemos que ir a una misión, ¿tienes lo que te pedimos? 

El general mostaza, con su característico andar arrogante, salió al paso con sus hombres. Tenía la nariz hinchada por el cabezazo de Rodia. Tyr lo miró, con leve curiosidad. 

—¿Algún asunto complicado? –Dijo con voz grave, mientras se levantaba y caminaba con su talante robusto. 

—Podria decirse – Remató, sin dar detalles. 

El hombre sacó unas espadas, con un acalanado de joyas verdes y un filo correcto. Los tendió a los hombres y salieron sin dar detalles, el general mostaza se dio la vuelta. 

—Por cierto hemos recibido la orden de que Fleming no puede entrar en la zona, le revocaron el permiso. 

—Ya veo –Tyr se sorprendió, En qué te metiste, pequeña 

—Asi que ya sabes, si la ves por aquí informa a las guardias. 

El hombre asintió. 

Los soldados salieron por la puerta sin decir nada más. El hombre se quedó en silencio, el vapor extendiendose como un sentimiento diluido en agua. 

...

Rodia abrió la puerta, Jodie se hallaba tendida en su cama. 

Cerró la puerta y se encaminó a su colchón. Aún sentía el sabor a manzanas en los labios. Se acostó con una experiencia ganada. Casi sonriente. 

Casi cerraba los ojos cuando de repente escuchó un gruñido. 

—Haz vuelto –Dijo Jodie mientras se ponía de pie y encaminaba hasta el cuarto de baño. El rimel corrido parecían gotas negras surgidas de la suciedad de su dolor. Rodia vio como se quitaba el maquillaje, luego se secaba y regresaba a su cama. 

—¿Que hacias arreglada? –Miro el vestido blanco.

—Nada, padre –Ironizó Jodie– Salí con el idiota.

Valdren

—¿El Magician? –

—Si, quería ver si notaba algo en él –tenia la voz ronca y low ojos hinchados– pero no puedo leerlo. Puedo hacer una ecuación sobre la térmica del agua en un minuto, pero ese patán habla y no puedo pensar con claridad. Le detesto. 

—Espero que no te haya hecho nada –Advirtió, mas tenso– No te lo mereces

—Que considerado –La miró– ¿y tú donde estuviste? Se te nota diferente, como si hubieras visto algoque te dejó cara de idiota

¿Tanto se me nota?

—No es nada. Por cierto hoy es el cumpleaños de Sunny, ¿vas a ir a verla?

Jodie le miró largo rato, aún tenía el rouge corrido. 

—¿En serio vino aqui y...?

Rodia se puso serio

—No es lo que piensas. 

—Ah, creo que si lo es. 

Lo dijo con tanta gravedad que Rodia sintió venirse el mundo encima. 

—¿Y como se siente? Se nota que no habías besado antes, tienes la cara de lelo de los que reciben su primer beso. 

—Eh... Bueno... Bien, supongo... 

Jodie pareció más animada.

—Esa tonta

Lo dijo con cariño, como quién reconoce el encanto en otra persona. Rodia podía notar el aprecio en esas palabras. Al menos no está celosa... recordó sus palabras como un navajazo: "Quiero tu espada" y se le alejó la sonrisa despavorida de su rostro. Creo que hubiese preferido que esté celosa, su fijación en el botín da miedo

—Duerme –Dijo Jodie– mañana será un día complicado, deamenor. 

Rodia se acomodó en su colchón. 

Esa noche cerró los ojos y se sumergió en un vacio extraño. 

En la habitación, esa noche, un relámpago anaranajado iluminó el cielo y se escucharon los cristales temblar. 

Rodia escuchó la corriente y sintió escalofríos. "Algo" había pasado. 

Se quedó en silencio. Esa noche una enorme actividad mágica se concentró en un rincón de la ciudad. 

Inusual y auténtica. 

....

[Academia]

El rector sabia qué estudiantes daban la nota y cuáles no. Sabia lo listo que podía ser garret, y lo impertinente de Lily. Los profesores le advertían de un potencial a despertar y coleccionaba sus avances como trofeos. Era un gusto adquirido que le gustaba  ejercer, primero los veía de lejos, como quién cuida de ver un polluelo dar sus primeros pasos. Luego salía el efecto de la nota: sus calificaciones destacadas, y finalmente su promoción: la dulce fruta de sus logros. 

Y entre todas las frutas, la más dulce era ella: La hija del legendario Arthur Fleming. 

Esa chica arisca que miraba a todos con ojos de cordero. Como si necesitase esa aprobación. Supo su historia, por supuesto. Sabía quién era Arthur y sabía de la conexión con todos sus discípulos, Igor, Tavian y Valdren. Ese último lo volvió a ver como Magician. Si no recordaba mal sus notas eran flojas, un tipo descuidado y pretencioso, pero sin talento que acogió Fleming por lástima. Arthur era brillante pero demasiado ingenuo, no sabía separar la paja del heno. Le sorprendió el éxito posterior del chico, pero los Magician son como un buen comerciante, no hay talento allí. Son opio barato. Al menos su cerebro le llevó a lo que quería, la fama. Un paje seguido por ratas por una flauta. Pero no le importaba. Quién de verdad tenía potencial de llegar lejos, la verdadera joya era la niña de los ojos de Arthur. Muchacha inteligente, atrevida y carácter fuerte. Le fascinó desde que posó sus ojos en ella. Con sus vicios aprovechó una oportunidad de oro para acercarse a ella. Le gustaban los desafios y esa chica le provocaba. Quería ese sol y saber que tan lejos podía llegar antes de quemarse con ella... esa expectativa lo obsesionaba. 

Ese día la vio entrar como siempre. Aún tenía que arreglar sy presentación. Vio un rastro de lapiz labial en sus labios, eso le prendió como una llama. La chica ha crecido sus ojos se dilataron. Quizá podía hacer que la lleven a dirección. Hablaria otra vez con Betty para llamarla, ¿pero con qué excusa? No había llegado tarde, no había hecho nada malo. Quizas el rouge, la reglas de vestimenta. Qué hacer, que hacer. 

El rector se machacaba pensando una forma de tener a Jodie de nuevo en su despacho. Se hubiese pasado así el resto del día, de no ser porque la mismisima chica de sus onsesiones apareció frente a él ese día. 

Sus ojos se dilataron

—Vas a devolverme la licencia estudiantil. 

—Podemos negociar

—No –la respuesta segura le sorprendió– vas a devolverme eso ahora

Los ojos de la chica parecían fuego concentrado. 

Por primera vez desde que la conocía, su carácter le intimidó. 

Y no de la manera que le gustaba. 


...

[Dos horas antes]


Rodia se levantó primero, quería asegurarse de tener todo listo para su nuevo scout ball day. 

Miró a Jodie tendida. Ya iba notando parte de su carácter cuando estaba dormida. No quería lidiar con su humor cuando se despertaba. 

Puso las cosas en la bolsa y la espada en la funda. Los pormenores le resbalaban, por ahora. Justo cuando se disponía a irse miró el espejo. 

Entre los fragmentos de vidrio Sunny miraba en su afiche de Magician intacto. Quizá ella podia ayudarla hoy. Sobretodo en las casas que no había visitado. Quizás sería forzado si... Cierto. Se urgo los bolsillos, sacó la tarjeta de Valdren. Había olvidado que quería verme, tal vez pueda pasar por allá con la excusa perfecta, después de todo, había dicho que nos ayudaría mañana en el show colocando una pancarta

Volvió a ver a Jodie. Tengo que tener cuidado con Valdren y tratar de no tocar el tema de Jodie, de no ser necesario

Bajó por la puerta con humor extraño: las calles resacadas le daban una mirada de horror: los comerciantes le miraban desdeñosos, hasta los buhoneros no se atrevían a acercarse. Intuyó el problema: estaba más contento de lo usual. Carraspeó y volvió a sentirse más calmado.

Solo fue una noche diferente. Es todo. 

Se acercó al anfiteatro. El sonido de sus pasos le hicieron percatarse de que el bullicio había acabado. Entró por la puerta, esperando ser recibido por gente, pero ni siquiera las luces estaban encendidas. 

No había nadie

—¿Hola? –Su voz rebotó en las paredes, sin respuesta. 

Caminó por el pasillo con una rara sensación en el aire. No sonaba nada, excepto el sonido de sus pasos. Esto no está bien...

Quería ir a la sala de prácticas, pero prefirió ir al despacho de Valdren. 

Entró por el pasillo, y abrió las puertas. No podía notar realmente nada al fondo, la luz blanca del exterior no insidia en al fondo. Estaba a oscuras. 

Al fondo vio una luz de vela. Se acercó y escuchó unos gruñidos. Abrió la puerta y entró. 

La vela iluminaba tenue, pero allí vio al hombre detrás con una mano en la frente y una expresión de dolor: era Valdren.

Rodia se acercó queriendo que lo notara, el hombre tenía los ojos cerrados. 

—Sientate – Dijo opaco el hombre.

El chico se detuvo por un segundo. Parecía que la meditación del hombre no se interrumpía, Rodia tomó asiento. 

—¿Estas bien? – Dijo Rodia, con un hilo de voz precavida –Se le ve raro. 

Valdren abrió los ojos y Rodia notó las iris, no le gustó su expresión. El hombre forzó una sonrisa

—Rodia, el amigo de Jodie, claro

Parecia constatarlo, él asintió. 

—Señor Valdren, ¿donde están todos? ¿Hoy es el dia libre?

El hombre jugó con la luz de la vela

—Están despedidos. 

Rodia esperó a que continuara. Pero el hombre solo jugaba con la luz de la vela, llenándose el dedo de cera.

—¿Y Sunny?

El hombre no respondió de inmediato. Lo que angustió a Rodia. Parecía que la información le llegaba con letargo. 

—Esta en la sala de prácticas –Sin voltearse– Gracias por ponerla contenta anoche, me dijo lo que pasó.

No había rastro de alegría en su voz. Parecía estar sumido en un pensamiento profundo. 

Rodia tragó saliva 

—No somos novios si es lo que le preocupa, es una chica estupenda, pero no es eso. 

El hombre no dio ninguna señal de haber oído nada. 

—Dime, Rodia ¿alguna vez llevaste un proyecto complicado? –Solto de repente– Ya sabes, como un negocio de espectaculo.

La pregunta lo tomó tan por sorpresa que olvidó lo que pensó y recordó la palabra "despedidos". 

—No. 

—Ah, es un trabajo bonito, cuando las cosas salen y la gente se acerca te sientes realizado, es algo que siempre supe que quería hacer, incluso desde joven. 

—Lo entiendo, si le soy honesto no es un trabajo que haría

—¿Por qué no? 

—No me gusta. 

—Cuando las cosas salen –Continuo como si no hubiera oido la réplica– las ofertas llegan, ven aquí, ve allá, entonces el negocio se expande, necesitas gente de confianza que mire por lo que se te escapa. Es algo que aprendí de joven: sabes que fuí discípulo de Arthur Fleming.

—Lo sé. 

—El viejo tenía unos problemas muy grandes con su gente de confianza. Era bastante tonto. Pero se dejaba querer.  

Rodia se puso inmediatamente alerta. La luz del fuego onduló. 

—Se la historia, le debías dinero a unos mercenarios – Dijo seco. —No necesita decirme su momento más bajo, Valdren. 

El hombre dejó de jugar con la vela. 

—A veces desearía que hubiese sido más ambicioso, menos inteligencia emocional, más sutil, sabes. 

Rodia pensó en Jodie y su semblante se tensó. Algo que habría hablado con ella era su padre, ¿por qué hurgar en la herida?

—¿A donde quieres llegar? 

El Magician sonrió más calido. 

—A que la confianza le jugó una mala pasada. Eres un buen chico Rodia, se nota, te quiero advertir que la gente en la que confías algún día podria darse la vuelta. Mi gente es un ejemplo.

—¿Un ejemplo?

—Este último tiempo estuve teniendo problemas de dinero. Mis shows no generaban lo suficiente a pesar de que venía toda la condenada ciudad. 

En el costado de la habitación algo se movió, Rodia podía notarlo.  

—Los malditos jugaron sucio, Rodia, y me robaron, te voy a dar un consejo: si te juntas con los mismos patanes que alguna vez mataron a tu maestro para cobrar tu deuda, jamás le aceptes sus hombres como regalo. 

—Valdren, ¿Que demonios está diciendo?

El hombre rió bajo, parecía más un gesto de nervisismo. 

—Hable con Jodie anoche, quería verla, sabes que ella me salvó la vida, ¿no? También quería saldar esa deuda pendiente y gasté todo lo que tenía en esa cena. 

—Por lo visto no fue suficiente. Ella regresó llorando. 

—Nunca es suficiente, Rodia. El pasado no se olvida, pero está bien, me lo gané por jugar sucio. 

—Mire, su historia es trágica y hasta cierto punto siento pena, por eso le pedí que te fuera a ver. 

—¿Asi que fue por ti? 

La flama onduló todavia mas. 

—Si. Pero lo que sea que tiene con ella, no está interesada. Ya saldó su deuda, Valdren, le pediría que no ande tras ella

—No lo entiendes Rodia, la gente te traiciona y se va, pero lo que ella me dio fue mucho más que la vida

—¿A qué se refiere?

La flama onduló con mayor intensidad. 

—Es algo que no tuve la valentía de decirle pero sin ella no podría haber conseguido alzar mi espectáculo –Elevo un dedo hacía la vela y tomó la llama entre sus dedo, luego la llama regresó a la vela– Rodia vio todo con angustia.

No puede ser.

—Tienes... magia de verdad, pero si es... Un magician.

—Lo soy. Estás ante el primer Magician que sabe usar magia de verdad, gracias a Jodie.

En algún lugar alguien hizo tronar un rayo con esa revelación como unas campanas sacrilegas. 

—No termino de entenderlo, el gran mago me dijo que una persona no puede hacer surgir magia natural si no naces con ese don. Yo lo poseo, por eso puedo invocar el brillo en las llavesferas, pero tú... No podría

—Es correcto, no podría, pero la magia me encontró a mi en forma de... una bonita mascota

Rodia abrió los ojos. 

—Se refiere a...

De pronto la sala destello con una luz amarilla, la bola de fuego pasó por el lado de Rodia y se posó en la mesa del despacho con patitas elegantes. 

Era el ave.

—¡Aurora especial! 

Siempre fue el ave. 

Valdren le acicaló por debajo del pico. 

—La conseguí en un viaje de prácticas cuando era discípulo de Arthur y no sabía que hacer, era otra más de la "utilería" de Magicians que no importaba si estaban o no en el número, demasiado extraña para que la gente guste de ella. ¿Es mejor un conejo, no te parece?. Pero yo me resenti, quería llevarlo. Ese día fue un fracaso, pero se puso a hablar... Del brillo.

—¡Aurora detecta brillo en novio de Jodie! ¡Igual que en papá!

No puede ser, entonces a eso se refería 

—Es la forma que tiene el ave de decir que detecta la magia elemental. Magia arcana. Fue en aquella práctica, donde no paraba de decir que había brillo en la habitación. Casi me volví loco al intentar comprender... Hasta que lo saqué. 

Abrió la bageta y lo dejo caer con fuerza en la mesa

THUD

Rodia le miró hasta que la luz lo atrapó.

Era la llavesfera, que destellaba como un pequeño sol –A diferencia de la que tenía que era como un mar en movimiento–. 

—¿Donde la consiguió?

—Arthur no solo tenía viejos planos sobre estructuras. Me dijo que en un viaje con unos amigos encontró aquella esfera. Me mostró lo que había descubierto: era indestructible a todo. Lo vi como una reliquia vieja, pero nada práctica. Él me dijo que me lo podía quedar un tiempo, quizás me inspire a ser mas creativo. Lo acepte como un obsequio, como un souvenir más. 

Rodia se esforzó por escuchar, quería tomar la esfera en sus manos, pero el hombre lo percibió. 

—¿Bonita verdad? 

—Sigo sin entender como lo hizo, como pudo invocar su magia elemental. 

—Cuando Aurora dijo del brillo saque la esfera y ocurrió. El fuego dentro de ella invadió toda la esfera y el ave se prendió fuego como un fenix. Cuando se calmó el ave seguía allí, como si nada. Ahí lo comprendí todo –Miro a Rodia con ojos vidriosos– Desde ese momento lo quise tener, la habilidad mágica, revisé en las anotaciones del viejo y descubri que tenía más cosas de las que pensé; historias de los elfos, y un montón de criaturas mágicas capaces de tranferir su magia de un cuerpo a otro estaba allí, pero no entendía el método. Empecé a sacar cosas del estudio para venderlo en los bajos fondos, me junté con tipos equivocados de gran poder adquisitivo, les prometí devolver el dinero de todo lo que conseguiría. Fue una obsesión

—De ahí su deuda, pero si necesitaba instrumentos para operar porque no se la pidió a Arthur? Se la podía haber dado.

—Lo hice, pero me sirvieron. Necesitaba instrumentos más sofisticados y dificiles de conseguir, así que me sumergí de lleno en la búsqueda. Cuando vinieron a buscarme para matarme, estaba buscando en las anotaciones de Arthur una última cosa, mi cabeza solo pensaba en conseguirlo y Arthur llegó y reñimos. Los hombres fuera querían mi cabeza en bandeja y el viejo salió para defenderme. Yo lo acompañe y en ese momento nos atacaron a ambos. Me dejaron allí pensando que moriría; hasta que apareció Jodie.

Rodia escuchaba con una aceleración en el corazón. 

—Jodie conectó un aparato directo a mi corazón, un invento que se le había ocurrido antes, la electricidad me invadió y desde entonces puedo manipular magia. 

—Pero...

—Lo sé –Se desabrochó la camiseta debajo de la gabardina, sacó su pecho pálido, allí unas cicatrices y venas moradas como un árbol enfermizo que se extendía por todo el brazo izquierdo– me había inyectado la sangre de Aurora. 

Rodia tembló y se paró del asiento. El rayo sacrilego que sonó de lejos ahora retumbaba en su consciencia. 

—Como puede ser...

—Aurora me traspasó su energía a través de su sangre, que me había inyectado segundos antes, mientras me arrastraba con una puñalada en el bajo. El ave ya estaba puesta para el traspaso, solo faltaba el recipiente

Maldito...

—Sangre de ave... ¿Como es que sigues con vida?

—Jodie me encontró en el estudio y cuando me puso el diapason eléctrico en el pecho cortó la circulación del veneno, la energia mágica hizo que el voltio controlara la sangre.  Fue como volver a nacer. 

—¿No se percató de nada más?

—Estaba asustada, había perdido a su padre y solo pensaba en salvar a un amigo. Es la chica más especial que conocí

—¿¡Y aún con todo eso decidiste ocultarle la verdad!?

—Queria decirselo, pero aquella vez los gusrdias me tomaron testimonio y aunque dijeron que no tenía nada que ver, Jodie se enteró que fuí responsable, desde entonces no me perdona lo ocurrido

—¿Y Sunny?

—Era muy pequeña cuando eso pasó, no sabía lo de la esfera hasta hoy, tuve la gentileza de confesarte la verdad, porque anoche la pusiste contenta. 

Lo miró en silencio. Todo lo que temia Jodie de él era verdad. Es un tipo siniestro. Sus venas parecían infecciones que llegaban a su brazo. Si fuese curandero podría jurar que es una rareza que esté con vida. 

Volvió a escuchar algo al costado, esta vez fue mas claro: había alguien ahí. 

—Sé que la quieres pero no puedo dejar que te la lleves, sin la esfera no podría resurgir. Además las cosas se pusieron complicadas, ¿recuerdas que te dije que debía dinero? Digamos que por la tarde vinieron a arrestarme...

De pronto las luces de los faroles se encendieron. En la esquina un chico se hallaba acostado y amordazado. 

Era el guardia.

—Como le decia Jodie –Dijo el hombre mientras sacaba la espada de cuencas verdes– General mostaza, estúpido chico

Rodia desenfundó, o creyó, hacerlo, antes de sentir el impacto en el pecho: sintió su cuerpo arder.

Valdren tenía la mano en alto, la luz de la vela se extinguió. La cacatúa revoloteó. 

El Magician ondeo la espada mientras se acercaba, Rodia tocó la herida, no era profunda, pero el hombre con la mano en alto lo tenía acorralado. 

—No puedes matarme... Es una locura

Valdren iluminó la habitación, Rodia se dio cuenta que había más cuerpos a su lado; todos tenían heridas de quemaduras. El hombre consumió su última carta. 

Ya estaba perdido.

Consiguió ver a Lumenar, estaba aún con la funda. El hombre quiso levantarla, pero no pudo subirla. 

—Es magia arcana –susurro, atrayendo una galera. 

Rodia veía a General Mostaza con lágrimas en los ojos, se movía como podía, arrastrándose en el suelo. 

Volvió a ver al Magician: tomó la empuñadura y envolvió la hoja, poco a poco, como una serpiente que come a su presa. 

Mostaza se acercó a la ventana, estaba cerrada. Rodia sabía que Valdren le estaba prestando atención a él y no al pobre diabloz que hacía lo que podía para abrir el manillar con la nariz. 

Valdren subió la galera y la dejó en la mesa. 

—Despues averiguaré de que está hecha

—No vas a poder saber nada – Rodia tomó la espada del cadaver y la empuñó... 

—Tampoco podía tener magia, en teoría

La ventana se abrió. 

Rodia se levantó y atacó al mismo tiempo que mostaza se dejaba caer en el patio. 

El haz naranja rozó a Rodia que blandio la espada. El filo tocó Valdren que la tomó con su mano, el calor que emergió se mezcló con el metal al rojo. La hoja se derritió, con la otra mano repelió a Rodia, lanzandolo lejos. 

Miró su mano herida y después la ventana abierta. No muy lejos el guardia se arrastraba.

Valdren estaba por salir a acabar con él, pero cambió de idea: que se vaya. Que traiga a los que quiera, ya tenía decidido desaparecer de la ciudad. 

Miró a Rodia inconsciente al fondo. 

...


Toc,toc,pam!

Jodie escuchó golpetazos en su puerta. Parecia que se iba a derrumbar

Se levantó de un salto y abrió la puerta. Un cuerpo se desplomó hacía ella, fue tan de repente que no le dio tiempo a sacar el cuchillo. 

Plaf

Empujó el cuerpo y lo vió; tenía morstones y quemaduras por todo el cuerpo. Sus ropas eran harapos. Su cara estaba hinchada.

Hizo un amago de ir a buscar su botiquín, pero lo agarró de la pierna

—¡No te vayas por favor!

Jodie reconoció la voz

—¿Dan? 

General mostaza. 

—¡Por favor Jodie, no te vayas

Estaba aterrado. 

—Tengo que buscar el botiquín, déjame. 

Con esfuerzo le retiró la mano y corrió hacía la gabeta

Cuando regresó el hombre se había hecho un ovillo, era un desastre. 

—Bebe. 

Abrió la boca. Después de hacer una revisión, lo dejó tendido. 

—Jodie, el Magician, Rodia está con él

Se detuvo

—¿Que dijiste?

—Rodia y el Magician, están juntos... ahora...

—¿¡Valdren te hizo esto!?

—Mató a mis hombres... Están todos muertos... La esfera, tiene la esfera que buscaban, lo habiamos visto y... Fuimos ayer a... Hacerle unas preguntas y acabo con todos...

—¡Maldicion, Dan! ¿¡Sabias que lo tenía!? Por qué no nos dijiste nada

El hombre gruñó. Jodie seguía pasándole alcohol por las heridas, pero se veia muy mal. 

—Tiene que verte un curandero, no puedo hacer nada...

—Jodie... Lo siento...

El joven apenas respiraba, su voz se fue apagando. Al cabo de unos segundos dejó de respirar. 

—¿¡Dan!? –Jodie lo movía, pero no había reacción. Le tomó el pulso. 

—Maldito idiota –Jodie sintió una punzada en el pecho– Por qué tenias que ser tan estúpido

Se levantó y se puso rápido la ropa. Tenía que ver a Tyr, no le quedaba remedio. Recordó que no tenía la licencia y maldijo en voz baja. 

Volvió a ver el cadáver, que ya llenaba un esapcio. Su sola presencia reanimaba los ánimos de la chica. Lo inspeccionó: tenía las manos con cortes y moratones en forma de anillo. Estuvo amarrado. 

Bajó las escaleras y se fijó que sangró todo el camino. 

—Idiota...

Fue corriendo, camino a la academia. 

Allí pasó entre todos, con la navaja en la mano.

Abrió la puerta de rectoria. El hombre se le iluminó el rostro, la chica fue clara:

—Vas a devolverme la licencia, ahora.

—¿Vienes a negociar?

Plaf

El cuchillo impactó en la mesa con un sonido sordo.

—No. Vas a devolverme la licencia, ¡hay vidas en juego!

El hombre procesaba lo que dijo.

—Me estas amenazando

Retiró el cuchillo 

—¡Ahora!

El hombre se levantó y le dio la licencia. La chica lo tomóy se fue sin mediar palabra. El hombre de quedó consternado. 

La mujer pasó por la zona de guardias y presentó el permiso. Allí entró a la herreria. 

—¡Tyr!

El hombre estaba atizando una hoja y la vio

—¿Jodie? No puedes estar aquí

Le mostró el permiso. Ahora si, respondió. 

—¿Que pasó?

—Tyr, llegó la hora

Y eso es todo lo que necesitó el hombre para percatarse que las cosas iban en serio. 

—Ya lo tienes

El hombre asintió y se fue al fondo de la forja. El vapor hizo que Jodie empezara a sudar, cuando regresó el hombre regresó con un gran masa de metal dorada. 

Jodie se le iluminó el rostro y por un momento una leve sonrisa cruzó sus labios. Por fin.

Tomó el guante de metal.

—Puede cargar grandes cantidades de peso, soporta el calor, la oxidación...

Y se la colocó. 

—Y también para los relámpagos. Como pedías. 

La chica apretó el guante, un leve vapor salió de ellos, se sentía firme, fuerte y el acabado era imponente. 

—Mi mayor creación. 

Jodie apretó con fuerza y el vapor salió con más fuerza, como un gran chorro de presión liberada.  

—Gracias, Tyr. 

—Cuidate, Jodie –Le posó una mano en el hombro– Usalo bien

Pasó las calles y llego al anfiteatro. Su mirada se posó en la puerta. Pegó un grito y golpeó la puerta.

La madera cedió y cayó. 

Ella entró. 

Frente a ella todo estaba a oscuras, no parecía haber rastro de gente. *¿Los líquido a todos?* 

Pegó un grito. Escuchó el eco.

Siguió caminando y se detuvo. Frente una chica se posó al frente. Jodie contuvo un suspiro. 

—¡Sunny!

Ella no respondió de inmediato. Sus ojos estaban hundidos e hinchados. Había llorado.

—Hola Jodie 

Escuchar a Sunny sin su habitual aire alegre era descorazonador

—Sunny, tengo que hablar con tu padre. Es urgente.

—¿Buscabas esto, verdad?

Dijo y mostró la esfera apagada. La llavesfera. 

—Lo siento, p-pero no puedo dartelo. 

—Sunny, por favor... tu padre es peligroso 

Dudo si decirlo pero no hacerlo sería peor, ya estaba cansada de secretos

—Mató a personas... Sunny, esto serio

Ella negó con la cabeza

—De verdad que no puedo, sin esto él... se va a la quiebra y no podremos continuar ningun espectáculo. Necesitamos el show, vivimos de esto, Jodie...

—Tu padre vive de esto, no tienes que hacer lo mismo

—Jodie, mi vida es esto, ¡Tengo que protegerlo!

Jodie siguió caminando

—Sunny... Por favor... Somos... amigas... ¿o no? 

Hasta a Jodie le costaba reconocer esa palabra, que se le atoraba en la garganta

—Ayudame, Sunny, por favo

—Él es mi padre... 

Jodie dio otro pasó y Sunny retrocedió

—Ya te ayude antes...

—Hazlo de nuevo... Por favor...

—No puedo... 

Sunny empezó a lagrimear

Pagarás por esto, Victor

—Tu padre es un manipulador, Sunny, solo quiere el beneficio, por eso nos mintió a las dos. No nos dijo la verdad nunca

—No...

Jodie avanzó

—Por favor Sunny

—¡No!

Las luces empezaron a vibrar, las farolas se encendieron, detrás de ella una puerta apareció como un deslumbrante truco. Era la misma del show que vió Jodie. 

Sunny salió corriendo y abrió la puerta. 

Jodie corrió trás ella y cuando alcanzó la puerta ya se había desvanecido. 

—Sunny... no tengo tiempo para esto. 

Intento abrirla con la mano limpia pero no hubo caso. 

—Estupida puerta 

Al diablo

Le dió un golpazo con la manopla 

La puerta voló y Jodie entró 

Dentro había un pasillo largo lleno de puertas

—No conozco este lugar...

Sunny apareció en otra puerta

—Aqui es donde guardamos la utilería que usamos en shows. Por supuesto que hay más de una puerta.  

—Sunny esto no es un juego. 

—Ya lo sé, lo repites siempre. 

Aurora apareció volando

—¡Jodie viene a jugar! ¡Aurora quiere jugar también!

—Aurora...

El ave se posó en el hombro de Sunny

—Lo que ensayamos, multiple choice doors 

—Sunny

El ave chispeo 

Jodie empezo a correr tras ella

Sunny entró en una puerta que daba a otro pasillo, con tres puertas más. 

—Que fastidio...

Jodie eligió una y la abrió despacio. 

Estaba otra vez en la sala de las puertas

—Ya me estoy agotando. 

Todas iguales

—Con un demonio, Sunny, esto ni siquiera es divertido 

No había nada que pudiese distinguirlas. 

Abrió una a una. Ninguna parecía estar mal. 

—Piensa Jodie... Esto tiene que ser un truco

Recordó haber visto algo, en la presentación, la puerta tenía una ligera mueca. Lo recordó bien. 

—Ya te tengo

Jodie abrió la de la izquierda

...


Rodia abrió los ojos, estaba demasiado aturdido para pensar con claridad, pero una idea tenía clara:

—¿Por qué no estoy muerto?

Quiso liberarse pero no pudo. 

—Tengo que encontrar a ese maldito...

Se aproximó a la puerta,

Estaba con llave.

—Que demonios hago ahora...

Aurora apareció en una esquina. 

—¡Aurora se divierte!

—Esto no es divertido, es serio. 

—Aurora no entiende

—¿Puedes sacarme de aquí? Aurora por favor...

—Aurora protege papá. Novio de Jodie está a salvo por petición de Sunny, pero Aurora no entiende

Eso lo explica

—¿Novio de Jodie en problemas?

Aurora batió sus alas, angustiada. 

—Aurora no quiere que nadie se sienta mal, Aurora quiere que todos sean felices

—¡Entonces ayúdame! Tienes que sacarme las cuerdas

Aurora seguia batiendo sus alas. 

Rodia empezaba a sentirse asfixiado.

—Aurora por favor, si no salgo de aquí... Jodie podría estar en peligro y también Sunny

—¿De veras? 

—Jodie me buscará, ella quiere la espada y querrá saber que me pasó, 

—Jodie estar jugando con Sunny

Maldición

—No tengo tiempo Aurora, ¡por favor! ¡Quitame las cuerdas!

—Aurora hace caso a papá, ahora ser buena chica y no desbodecer 

—Aurora es buena chica, pero puede ser mejor chica si me liberas

El ave graznó

—Aurora no querer ver mal a Jodi

—¿Entonces me liberarias Aurora?

Aurora batía sus alas.  

—Aurora tener hambre

—Lo siento Aurora, no tengo nada que darte, tengo las manos atadas. Si me sacas de aquí....

—Aurora no puede ayudar a novio de Jodie si novio de Jodie no tiene nada para dar de comer a Aurora

—Que tacaña. Si me liberas te daré de comer

El ave graznó

—Aurora volverá 

El ave salió volando hacia el fondo y desapareció a la distancia. 

Después de unos interminables momentos regresó. 

—Aurora ya comió maní, Aurora al cien por cien

Con un giro Aurora empezó a desprender hilos azules. En unos momentos ya era una ráfaga de anillo celestino. 

La energía mágica de esta ave es increíblemente fuerte

Pasó por lado de Rodia que sintió calor en sus manos; la cuerda se cortó. 

El ave dio un último giro y se estrelló contra la puerta, sin dañarla.

Un segundo después se abrió con una fuerza invisible azotandola. 

Empezó a elevarse de nuevo 

—Gracias Aurora, sabia que podía confiar en ti

—Aurora espera, necesito que hagas una última cosa por mi

El ave graznó

—Y tendras mucho mango si lo haces 

—¡Mango!

Rodia volvió a recuperar el control de la situación. 


...

Jodie al abrir la puerta, se vio de cara con Sunny, acurrucada en el placar

—¡Vete!

—Sunny, por favor

Sunny rehuyó de ella. 

—No quiero hacerte daño, Jodie

¿Tu hacerme daño, en serio? No creo que...

Lo pensó mejor. 

—Cierto que eres diez veces más atlética. Me podrías dar una buena paliza... de no ser por esto

La saludó con la manopla de metal. 

—No voy a pelear contigo – Insistió Sunny. 

—No quiero pelear, pero si no me das la esfera, te juro que-

—No insistas

Jodie acercó su mano y Sunny la apartó. Salió del placar y se quedó en el medio con la esfera en la mano. 

—No puedo...

Buena chica – Se escuchó de ningún lugar y de todos los lugares a la vez.  

Detrás de sunny apareció con un aura naranja, Valdren Pentrhal. 

—Jodie querida, como te encuentras 

—Deja el teatro, estúpido; ya no puedes reponer lo que hiciste, esto es grave Victor.

Valdren no respondió con palabras: abrió su mano y el cristal destelló. Su mano se prendió fuego. 

Jodie puso su manopla en alto. 

—No serás capaz. 

—No me hagas comprobar de lo que soy capaz. 

—Yo seré el que juzgue eso –Rodia apareció en el pasillo, con una mirada de profunda rabia. 

—Te dije que dejes en paz a Jodie. 

—Sin tu espada no eres un peligro –Dijo Valdren

De repente un ave con la espada en las garras  se materializó en el aire. 

—¡Aurora ayuda a novio de Jodie!

Dejó caer la espada y Rodia la tomó. 

Apuntó su filo. 

La espada destelló con un rojo sangre: 

Valdren desapareció. 

Sunny salió corriendo dirigiendose a una puerta lateral. 

Jodie la siguió, cuando se dio la vuelta escucho un gruñido. Rodia estaba en el suelo diciendo corre. Ella dudo por un segundo, pero se dio la vuelta y siguió a Sunny otra vez. 

—Esta vez te voy a matar – Dijo Valdren, con la espada de los guardias. 

Lanzó un rayo de fuego, que Rodia esquivó. 

El jcen atacó con la espada y el mago esquivó, varias veces. 

—¡Empuña!

Valdren paró el filo de Lumenar con su hoja, pero de inmediato sintió la diferencia de potencia: su espada empezaba a inclinarse hacia él. La cara de Rodia sintió la patada ascendente, saliendo despedido hacía atrás. El joven volvió a ponerse de pie escupiendo un hilo rojo. 

Volvió a blandir la espada.

—Ahora si, estamos de igual a igual. 

El mago arqueó una ceja y volvió a atacar, con energía sobrehumana. 

Rodia se cubría y esquivaba con más precisión. 

El mago tambaleó al sentir una tajada precisa. 

Rodia apuntó y un rayo salió expulsado del acero. Valdren esquivó por poco. 

...

Jodie seguía a Sunny con la esfera. Abrió otra puerta que daba al vacío, arriba del teatro. 

—Que demonios... 

Sunny se colgó de las lianas y bajó. 

Jodie se lo pensó y cerró la puerta. 

Sunny corrió todo el pasillo hasta llegar a la puerta de salida; al abrirla se topó de frente con Jodie

—El juego terminó. 

La tomó de la mano, y Sunny la golpeó.  

—¡No voy a dejar que te lo lleves!

Jodie insistió y ambas empezaron a forcejear, Sunny volvio a zafarse y corrió hasta la puerta de salia. La mayor también llegó allí y las dos volvieron a estar en el pasillo con las puertas. Jodie se acercó a Sunny. 

—No puedo golpearte Sunny

—Entonces jamás me tendr–

—Con la mano

Le pegó una patada. 

Sunny cayó hacía atrás y dejó caer la llavesfera. 

Jodie la tomó. 

Sunny se puso de pie y la empujó contra una puerta. 

Era la del teatro. 

Ambas cayeron cuatro metros.

Jodie sintió el golpazo y por un segundo creyó ver las estrellas. 

...

Rodia seguía dando fintas que Valdren esquivaba a duras penas. El filo de Valdren chocó contra Lumenar, de nuevo sin efecto. 

Rodia decidió cargar con rayos y la hoja se volvió una centella escarlata. Dio otra estocada y Valdren la agarró con una mano. 

La sangre cayó de nuevo. 

—Rindete –Declaró Rodia. 

Valdren gruño, y las lamparas empezaron a bajar, puso su mano al rojo, pero Lumenar no se derretía. 

Las lamparas de fuego cambió de colores y empezó a bajar en intensidad. 

—Si voy a morir te llevo conmigo 

...

Jodie se levantó como pudo, y Sunny seguia en el suelo. 

—Esto no... 

Dijo Sunny arrastrándose, Jodie siguió caminando y la agarró contra el suelo, presionandola con su propio peso.  

—Ya fue suficiente. No puedes ganar Sunny. No esta vez.

—¡No quiero pelear!

Jodie la tomaba con la manopla. 

—¿No tuviste suficiente? Siempre haz sido mejor que yo en todo. Desde pequeñas. ¡Lo único que hice bien fue salvar el corazón de tu padre y fue un error!

—No digas eso de mi padre, ¡el tuyo no está!

—¿¡Crees que no lo sé!? 

Jodie levanto las manos de Sunny y las estrelló contra el suelo, la chica apenas se percató. 

—¡Todos los malditos días lo pienso!

Con otro golpe fracturó la madera del suelo. 

—Todos los dias pienso en lo mucho que desearía que esté... que hicieramos cosas juntos, que pudiesemos... Ser como tú y Victor. Siempre te envidié Sunny, en la forma más patética posible, siempre lo hice. Y siempre lo haré, porque a pesar de nacer en esta maldita pocilga, a pesar de estar rodeada de humo y puertas, tienes algo que yo no tengo: una familia. Incluso ahora dudando en salvarle lo haces con lágrimas en los ojos...

Sunny empezó a llorar. 

—No quiero ser como tú, Jodie, no quiero quedarme sola; sí mi padre se va...

Las lámparas del teatro empezaron a temblar, la llavesfera empezó a desprender un brillo abrazador. 

—No soy tan fuerte como tú, lo siento, Jodie, no soy como piensas, no puedo dejar que te lleves eso. Si el show se va, mi vida también. 

—No te queda alternativa Sunny, llevo con el mismo vacío hace más de diez años, sé lo que sientes en este momento. 

—Jodie...

Sunny dejó caer la llavesfera que salió rodando. 

Jodie la liberó y fue a tomarlo.  

—Lo siento... Sunny, de verdad.

Y salió corriendo hacia la puerta de salida.

...

Las lámparas empezaron a consumirse en fuego rojizo. Valdren soltó Lumenar y una llama pasó por el rostro de Rodia. 

—¡Moriras aquí!

Una bola de fuego se aproximó y se posó en una esquina. 

—¡Fuego! ¡Papá y novio de Jodie en peligro!

—Ahora no es tiempo –Gruñó Valdren– Vete

El pájaro voló por todo el lugar. 

Valdren atrajo las llamas que formaron un círculo en su mano, Rodia apuntó y un rayo pasó rozando al mago

—Mi turno. 

La bola salió despedida contra Rodia, pero Aurora se interpuso absorbiendo las llamas. 

—¡Aurora no permite que papá dañe a novio de Jodie!

—Ave estúpida, ¡él es el enemigo! ¿¡Por qué no me haces caso!?

—¡Aurora nota brillo en novio de Jodie tanto como en papá!

Rodia aprovechó para blandir la espada y aproximarse hacía Valdren. El hombre esquivó la hoja. Otra bola de fuego impacto contra Rodia, que cayó hacia atrás. 

Valdren tomó la espada del guardia.  

—¡Desgraciado! – Gritó Jodie, que ya estaba allí. 

—Jodie, querida. El lugar está en llamas, no te das cuenta

—Callate. ¡Vas a pagar por todo lo que hiciste!

Valdren se puso al frente de ella.

—Me di cuenta desde que tuvimos la cita que no sientes lo mismo que yo, no tiene caso que sigas hablando conmigo

Detrás del mago Rodia cargó Lumenar con relámpagos.

—Yo soy la que te salvó el culo, estúpido

—Ya no te debo nada

La espada tronó en destellos rojos. Valdren lo sabía, esquivó el rayo que venía de atrás. 

El pájaro grazno y se volvió a interponer en la linea de fuego.

¡Crack!

Su cuerpo se estrelló contra la pared, esta vez no absorbió el impacto. 

Rodia volvió a lanzar los rayos, pero fueron a parar al cuerpo de Jodie. 

—¡No!

El cuerpo de Jodie se estrelló contra la pared de madera mohosa atravesandola como papel. 

Rodia quiso lanzar otro rayo pero ya no le quedaban fuerzas.

Valdren empuñó la espada del guardia. 

—Acabemos con esto. 

Se acercó al joven con la espada en alto y su mandibula se rompió en pedazos, su cuerpo se estrelló contra la pared de la esquina rompiéndola en pedazos: 

Jodie le había dado un derechazo contundente con energía eléctrica de su guante:

—Eres un buen receptor, sin duda

Su manopla estaba cargada de energía eléctrica. 

La energía de los cuatro ebrios fue devuelta a la rama principal. 

Jodie cayó exhausta, tenía el cuerpo magullado. 

Sunny bajó por las escaleras. Vio todos los caídos, el pájaro graznó y fue a verla El fuego de sus llamas se estaban apagando. 

—Aurora feliz, salvó a amigo de Sunny, Aurora pudo...

Su vida pendía de un hilo. Sunny empezó a llorar en las plumas del ave. El pájaro se hizo cenizas. 

—Lo siento Sunny... –Dijo Rodia poniendose de pie y tocando el hombro de la chica, que en seguida la apartó. 

—¡Jamas me vuelvas a tocar!

—Lo siento...

Sunny le empujó y se acercó a la hoja. Con ambas manos quiso tomar Lumenar para atacar a Rodia. 

La hoja se resintió. Rodia lo notó. Con gran esfuerzo Sunny quiso levantarla pero solo lograba moverlo levemente, no fue capaz de elevarla un palmo.

—Ya no eres única en tu tipo – Dijo Rodia completamente sin humor.  

Lo que ella siempre quiso. 

Sunny profirió un grito desgarrador, que hubiera partido las estrellas. Colapsó en el suelo en un enorme llanto

Todo quedo indundado de aquél dolor que calaba los huesos y se quedaba en las entrañas. 

Jodie se acercó a ella con la mano en alto y Sunny la abrazó, la sintió ligera como una pluma. Como si su llanto la hubiese roto completa. 

—No es tu culpa –Susurró Jodie

Los ojos hinchados de Sunny de clavaron en el chico. 

—Es de él –Gruño Sunny. 

 y le palpó la pierna a Jodie.  

—Q-que haces... –Soltó Jodie sin fuerza en la voz

La chica sacó la hoja y se encaminó a Rodia. 

—¡Maldito! Gritó Sunny, su garganta donando a un doloroso azote

—Sunny... –Titubeo Rodia

El cuchillo casi impacta en la garganta del joven, a centímetros, no toco piel. 

—Maldito... –Gruñó

Sangre fresca cayó en el suelo. Jodie quiso ayudar pero el chico le pidió que no se acerque.  

Rodia sostuvo el filo con la mano abierta, cortándose en el proceso. Su cuerpo temblaba por el esfuerzo, Sunny seguía presionando la hoja. 

—No puedes evitar... Que duela... Sé lo que sientes... –Dijo Rodia 

—¡Cállate!

Sunny Empujó con más profundidad, Rodia sintió la mordida de la hoja en su piel. 

—Mi muerte... no... resolverá... Nada...

La hoja fue más a fondo. 

El dolor se hizo más punzante. 

La chica tenía los ojos bañados en lágrimas y apretaba los dientes con la fiereza del máximo esfuerzo. 

Del esfuerzo del que ya no tiene nada. 

Jodie lo notó

La mano la tenía en carne viva.

—Sunny... Entiende... Que no es el camino... Por... favor..

La chica no parecía oírla. 

—Sun...ny...

No iba a convencerla. Se dio cuenta que no podía apelar a su corazón. 

THUD

Cuando iba a elevar la otra mano Sunny cayó desplomada en sus brazos. Jodie tenía el guantalete extendido y le temblaba el cuerpo. 

—Habia que noquearla –Dijo antes de caer de rodillas por el esfuerzo. 

Clank

El cuchillo cayó al lado de Rodia, con un golpe seco. 


[Bar Joe] 


Joe miraba las ganancias de aquella semana. —Tienes razón – Soltó el barman–Ultimamente la gente dejó de venir.

Joe se rindió en contar los modestos Corleones y miró a su empleado:


–¿Que sugieres? –Como si no lo supiera ya. 


—Un nuevo brand, como los del bar de zodiac


—Suena a pérdida de entrada, además, ya estamos bien con lo que tenemos, los habituales siguen llegando. Mientras el techo no se caiga estaremos bien


—Solo digo que quizá hay que remodelar, es dinero perdido que luego se recupera


—Lo tendré en cuenta. ¿Aquellos tórtolos siguen en el fondo? ¿No son los del otro día? ¿Que le pasó? Y ¿al chico?


—Por lo que me dijeron tuvieron una noche complicada. 

—Esta ciudad es cada vez más imposible

—Como sea. –El barman se acercó a ellos: ¿Oigan, van a pedirse algo más?


La chica negó mientras seguía pasándole el alcohol puro por el cuello del joven. 


El barman regresó. 


—¿Que es lo que está bebiendo el joven? Es un frasco extraño, pero me suena.

—Medicina, según entendí. Debe saber bien ¿Lo has visto antes?

—Algo me suena... Pero en fin, imaginaciones mías, sigue alrededor de ellos con la tusa, algo se van a pedir. Hazme caso. 


Y Joe se fue del local con la misma ceremonia digna de un empresario de cantina en horas bajas. 




—Duele– dijo Rodia, sintiendo el paño húmedo en su espalda–¿tenías que sacarme la camiseta? Estamos en un bar. 

—Deamenor –La chica siguió presionando en el omóplato– No hay nadie además, no seas mojigato. Yo también me la quitaría si no atrayese problemas. Tienes un cardenal como una víbora.  

—Por cierto, ¿hablaste con Sunny? Arggh

–Si. Me dijo que vuele de su vista, casi tan lejos como Aurora lo hizo. 

Rodia miró su mano vendada. Ya había sentido su ira atravesarle la piel. 

Jodie se sentó al otro lado de la mesa. 

–No hay nada que puedas hacer Rodia. Ese bastardo nos mintió a todos. Dijo que no tenía la llavesfera, y resulta que todo el rato lo guardó en su despacho –Apretó su mano– solo se lo dijo a Sunny cuando fue mayor de edad, para que se quedase con su independencia. Era peligroso, había que pararlo. 

—Tienes razón –Volvio a poner el frasco en sus labios– pero no dejo de pensar en ella. No se merecía lo que le pasó. 

—Lo sé, yo también me siento culpable, Rodia. Pero me dijo que se iria y que no la siguiese. Tiene sus planes: quiere empezar de cero. Mi mayor miedo era que se quedase con él y ahora se ha ido al calabozo con muchos dientes menos –Miro la bolsa donde guardó su mayor creación– no tiene caso seguir preocupandome. La sombra desapareció de su vida. Si está bien, el resto me importa una mierda.

Había algo en su tono que dejaba caer una insatisfacción latente, pero lo ocultó bien. 

—Ese guante es increíble –Comentó Rodia. 

—Tenia pensado usarlo el dia de la presentación pero, las cosas no llegan cuando te la propones. 

—Solo cuando la necesitas –Completó Rodia, y volvió a subir el frasco de durazno–. 

El barman se acercó. 

—Chicos, ¿algo para tomar ahora que se sienten mejor?

—Justo a tiempo –Aclaró Jodie– Una cerveza espumante. 

—¿Y el chico?...

—Agua, si hay. 

—Tenemos. También aire fresco, por si necesitas acompañar con algo fuerte –Cerró el barman y se retiró a la barra. 

Rodia ignoró el sarcasmo del tipo y se centró en Jodie:

—¿Ahora que harás? 

Jodie resopló

—Imagino que ahora que tienes el guante no necesitas el...

—Oh, si lo necesito: el guante es el conductor, pero Lumenar es la fuente. Necesito ambas. 

Rodia tomó un largo trago. 

—Será solo unos días, Rodia. Ya te la devolveré después de eso. 

—Está bien, es solo que tengo que pensar como haré para el camino. Ahora tengo que partir al otro distrito, que dicen que es más peligroso que este. Sin la espada será como ir descalzo en una jungla de cristal.

—No seas pesimista, algo se te ocurrirá, Deamenor –Jodie sonrió, con un moretón en su pómulo y tomó otro trago amargo– A veces la adversidad es el camino. 

—Pero no hoy. 


Siguieron hablando hasta que la luz de la tarde se fue apagando en el horizonte.


...



Rodia tomó la mochila y se fue por la cordillera. Miró hacía atrás una última vez, antes de mirar al frente. 

Dio un paso y escuchó a alguien detrás. 

—Ten –La voz era de Jodie. 

Lumenar en su mano se veía como un obsequio enorme. 

—¿No dijiste que me la devolverias dentro de tres días?

—Pues... Cambié de idea. Resulta que cierta chica amenazó al rector de muerte y un cadáver en un piso asustó a un casero. Así que esas dos cosas terminaron por condicionar mi estadía en la capital, quedé suspendida y aunque el casero entendió lo que pasó con Dan, aún así no podía quedarme allí. Serán como vacaciones extra curruculares. Además, esa espada tendrá un mejor uso de tu parte. 

Rodia la tomó. La chica sonrió; tenía google glases y una mochila a cuestas. Parecía algo meditado. 

—¿Hidromo y Chispita están bien ahí? Tengo un cristal especial para ellos. 

Rodia se giró y caminó de espaldas a ella:

—¿Vas a seguir dándole nombres raros?

Jodie sonrió:

—Por supuesto.

—Está bien –Le pasó las esferas–

Jodie tomó ambas en el aire. Rodia apretó el paso. 

El sol en el horizonte se fue poniendo, y las calles se tiñeron de un verdoso color de botella en cristal. 


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