jueves, 10 de julio de 2025

Rodia

Nothing gonna change my world...



Nothing gonna change...



PARTE I


Un cambio en la historia


Orelia se imaginaba el mundo más allá del horizonte como un cuento épico. (Como niveles de un juego) vivia el amanecer de los dragones y la extinción de los elfos, cada nivel, diferente. La velocidad de los lirios que se enredaban y elevaban su raíz a cámara rápida, y el castillo al fondo colmando el paisaje. 

Era una imagen de libro con páginas en movimiento. 

En el juego:

Llegaba a su cama de cañamo con la almohada-sandia, las tazas lima-limón discutían sus ansias malsanas de destruir a todos los dulces del reino. "Es inaceptable" decía la sandía con voz de granito. "¿Verdad? Hay que hablarle al príncipe: él sabrá que hacer" 

Tomaba un peluche y una taza; los movia: "¡Lucio!" Llamaba, con voz dramática: "podemos intentar un pacto entre hombres": "¿O tienes miedo de quedar en ridículo? tontazo" La taza se movía haciendo tintineos, Orelia seguía: "¿Ves? ¡No se anima!" Lucio con la voz de Orelia, contestaba: "¡Vaya, que grosero! no tienes derecho a quitarnos los dulces, ¡Voy a tomar represalia!" entonces volteaba la taza y todo el té se derramaba al barro. Orelia sonreía "¿¡Ahora quién es el tontazo!? ¡Tontaza!" Tiraba confeti. "Solo quedarán las cosas ricas. Gracias, Lucio" y le daba un achuchon y terminaba de jugar. Entonces dejaba las tazas en la mesa y se iba a su cuarto. 

---

Por la noche miraba el techo esperando quedarse dormida y pensaba con intensidad colosal. Primero una imágen fugaz, un ataque de un goblin - un orco - emoción telegrafiada. Luego en un momento íntimo y edulcorado con el príncipe. No menos honesta, reproducia las escenas con los ojos abiertos. Soñando. Su proyección era tan vivida que se quedaba quieta, boca arriba, mirando la madera del techo. 

Lucio y su corcel la llevaría a una isla con forma de pétalo. 

Crick, crick

Los horizontes de flores. 

Crick

Las aventuras. 

Crick

*A su sueño vivido le faltaba un poco de sueño dormido*. Lo usual. Quizá ese desborde no era un problema, quizá era algo que pasaba con todas "las Orelias" del mundo: Pero no entendía el motivo. Como el viento: solo pasaba- 

Crick, crick, 

Inevitable. 

Orelia se arropó hasta el cuello al imaginarse los grillos. Tan desagradable–

Crick crick

[La zona] era propiedad alta y privada. No sabía de localizaciones, pero siempre que veía por la ventana de su cama se pintaba un frondoso bosque. El patio de la casa era de baldosa empedrada y decorada. Carruajes, estatuas, estanque que despedía agua: a Orelia le encantaba. El camino que se perdía por una hilera de rejas y un poco de profundidad

Eso era todo. 

(El viento silbaba con violencia.) (Orelia se tapó con la frazada hasta sentir el calor) 

Dentro, la mansión era más temática, con su mayordomo y mucamas.

Find me in the backyard~

Pero su interés principal siempre era el backyard.

Uh~~

El que veía por la ventana de su cama. 

Uh~~

El suelo de verde cesped y más allá, la hilera de bonitas flores que rodeaban el camino hasta el muro de piedra...

Uh~~

Esta Orelia quería saber qué había al otro lado...

Find me in the backyard

In the dark

(Apretó el peluche contra su pecho) 

Jugaba a que gobernaba su propio estado. Su propia nación de cielos celestes y nubes de polvo rosa... 

*Crick, crick*

... Y bichitos.

---

Por la mañana donde sus padres suelen tomar el té de tilo, manzana y Bergamota, Orelia se sentaba. 

Las galletitas espolvoreadas dilataban el regusto amargo de la 'mota, pero no siempre comía. Quería ser sagaz como mamá, así que se la servían en un platito. Lo probaba: lo escupía. Estaba lejos del paladar de su madre y más cerca de su regazo. 

—Ya,ya, retoño –susurraba su madre en una nana.  

Color, postura, sus padres eran dos personas con el mismo tipo de valores, o, al estilo de Orelia: dos reflejos del mismo cielo.    

Hermosos y peligrosos, como hermanos. (¡Sin serlos!)

Sus rostros parecían tallados para ser expuestos al mundo como el té para ser expuesto a los invitados, con rima y encanto.  

Un sable y una curva redentora... de un arco. 

Candor tenían, y el lenguaje era finado. 

My mama, lonely maid

Got her buns in the oven and she never got laid


My papa, 

renaissance man

Sailed away and he never came back

again 


A la niña le fascinaban. Con sus sir y lady. Su cadencia al hablar relajada, precisa, hipnótica. Las palabras liquidaban en una garantía eficiente. Entre invitados que movían los cuellos como cisnes negros, bellos pero ajenos, ellos eran dos palomas de clase conocida.) A su juicio, los imitaba, casi, a la perfección. 

—Porque si, mi senior, madmosuelle, surtido de frutas, souvenir, sotavento, mariquita, ampolla, hermosa, blancasota, blablabla –¡Se reía!

Ellos la miraban con interés. La adolescencia, pensaría su padre, la curva redentora, remataria la madre. Como un arco, los chicos deben alejarse de su trayectoria urgentemente. 

Después del desayuno tenían menesteres que ella ignoraba, así que se quedaba, como el agua que caiga del grifo, sola. Más lejos del regazo, pero no lloraba. Cuando estaba en el jardín y la dejaban entre las margaritas, los lirios y las rosas, se imaginaba una aventura que tapaba el valle de lágrimas. 

[El n° de Té era proporcional al mundo rico en imágenes que ella tenía ante sí, uno a uno, gota a gota.]

Allí no había una isla con forma de pétalo. 

Allí estaba la pétalorquídea.

---

"¡Terin ha vuelto!" Dijo la princesa Onera avisándole a Lucio que terminó de hornear a un dragón a fuego lento. "¡Pero si le quitamos todo la bergamota!" Se sacó el cubre manos y delantal. "Tengo a mis hombres aquí, ¡Que vas a hacer!" haciendo tintinear las tazas Terin dijo. "Haré lo que haga falta, te piensas que me da miedo un burócrata como tú, ¡Con tus ideas sacadas de viejos!" (Orelia lo escuchaba a su padre decir sin saber que significaba). Haciendo tin sin ton, mientras los ciudadanos margaritas se mecian con ayuda de la mano de Orelia, Lucio saco la espada. Terin consiguió echarle el té y perdió fuerza. "aaarghh" Onera contuvo el aliento, y con todo lo que disponía, saltó para salvar a su amado. Con su propio arco en mano lo tensó y lanzo una flecha que rozó la taza, tenso otra vez, ya casi llegaba, en ese momento la sandía dijo: "Estamos por vivir un cambio en la historia!" La flecha impacto en la taza y—

THUD

El suelo se sacudió. Orelia dejó caer a Terin del susto, rompiéndola contra el suelo. Un escalofrío le recorrió la columna. "Mis padres van a matarme". Pensaba tanto en la culpa que no llegó a notar qué sacudió el suelo. 

Ese qué era un cuerpo. 

Su mente se quedó en blanco. Se le erizó la piel y todos sus personajes se desvanecieron en un parpadeo. Lo único que se le ocurrió decir fue:

"¿Hol—"

¡Zik!

Un chispazo metálico prendió fuego a las lilas. 

Como si fuese un acto en cadena, el cadáver se movió. 

Quiso pedir ayuda, pero sus piernas no respondían. Estaba clavada.

El chico abrió los ojos y miró hacía delante, como si despertara de un sueño muy malo. Entonces se enfocaron y la miraron.

Ella lo supo. 

Ese joven era un príncipe. 

Bajo el hielo que sentía, el calor emergió.

El chico parpadeó. "¿Hola?" Su voz sonó áspera, como si hubiera tragado tierra. Orelia apretó el peluche. "¿Eres... un fantasma?" - (Eso explicaría el aterrizaje). Él miró sus manos, luego el muro. "Peor. Estoy del lado... de los vivos"

Le costó ponerse de pie. "¿Estoy... del otro lado?" Orelia ocultándose detrás del peluche. El chico vestía ropas sencillas, con una chaqueta color negro y unas correas que apretaban una pequeña bolsa. Sacó un frasco color azul eléctrico y se lo bebió.  "¿Quieres un poco? Está rico". Dijo con aire espontáneo "Sabe a durazno... oh", se giró y gimoteo. "Demonios". Tomó el trozo de metal con su mano como si fuera una pluma: 

"Perdón por las flores, esta cosa es rara" señaló el filo de la espada. 

Orelia asintió. "¿Eres de verdad?".  

"Vaya preguntita. A estas alturas diría que no, pero, tristemente lo soy" tomaba otra cosa de su bolsa, parecía un papiro muy arrugado "Según mis pesquisas, esto es la casa Velmour, ¿Eres de la familia?" 

"Eh..." 

"¿Puedes decirme si tu padre es de los que afilan las picas o los que invitan a entrar por las buenas? Porque ahora mismo no me apetece mucho... oh, mierda" 

Detrás de Orelia se formó un escuadrón, que se aprontaron al ataque. El chico se zafó de algunos agarrones y cuando estuvo a punto de usar la espada uno de los grandotes lo consiguió taclear. "Sueltenme, ¡Romperán las botellas!" El hombre gruñó "¿Esa mierda es veneno verdad?" "Si, pero de las que curan, si te lo tomas te corto la lengua–" Lo pusieron contra el suelo y le dieron un golpe en los riñones. "Así vas a aprender a cerrar el pico, ¡ladrón!".

Orelia se asustó; por un segundo se le ocurrió ir a socorrerlo, pero sus piernas le flaquearon. ¡N-no soy tan valiente como Onera! Pensó, con castigo. Un carraspeo sonoro. Ejem ejem, a su espalda. El señor Velmour en persona apoyo sus manos enguantadas sobre sus hombros. Sintió su pulso firme. "Pero quién es el encantador jovencito" recitó con cadencia de margrave. 

"¡Es un maldito ladrón! Tiene las pintas de que salió del sur, ¿no es así?" El chico gruñó "Quítame las manos de encima y verás el sur" Le dieron otro golpe en la costilla. El señor Velmour se acercó y tomó la espada. "¡Eso es mío!" Gritó el chico y le manducaron de nuevo.

El hombre escrutó el arma  "well... Barelybarely... Inusual..." Dijo al filo, empuñándolo. "Llevenlo en la despensa y atenlo, después decidiré que hacer con él" dijo Lucian Velmour. 

A Orelia se le aceleró el pulso. El hombre se acercó con paso firme y se inclino, su mirada inasible se posó en los de ella como un eclipse. "¿Te dijo algo raro? ¿Llegó a decir que quería?" Negó a todo, "Solo me preguntó si quería tomar de una botella que sabía a durazno". El hombre siguió inexpresivo. Su mente era un misterio. "Well..." contestó, y se dirigió a la casa; pero de repente se detuvo y miro atrás. "Cuando termines, regresa a tu cuarto". El hombre con un último gesto apagó el fuego de las margaritas. Orelia sintió un escalofrío en la espalda


PARTE II

NO SALGAS DE NOCHE


La mansión Velmour era como un mito vivo, de día la gente se maravillaba por la diversidad de la flora, la fauna Velmour era hospitalaria y bien portada, servían el té, daban la nota. Palomas que estaban en todas. El estudio siempre abierto para las visitas... por la noche todo se sentía diferente. Era como si la casa exhalara para alejar todo el cansancio y las malas energías. Pero además... 

las cortinas escuchaban.... 

Cuando Orelia se acostó rememoró todo: El chico, la espada, el frasco. Era un sueño febril. El patio expulsó a un principe desde el pasto. 

No. Fue el muro: salió de las entrañas del propio mundo. 

El joven parecía alguien... normal. Natural y raro como un durazno. No había visto muchos chicos en su vida para ser honesto, pero los pequeños herederos de los mercaderes eran inmaduros. 

Nada que ver con su príncipe azúl, delicado y atento.

Aunque una vez llegó a conocer a uno mayor, que respiraba un aire distinto. Era menos almidonado, más rústico. 

Le recordó a él. 

("inusual...") Había dicho Lucian Velmour. 

Tomó su peluche y miró sus botones. 

Su cabello negro, sus rasgos. Una espontaneidad de cuento. No lucía bonito con su aspecto, pero... esa espada, podría jurar que impregnaba un aura roja, con un centro... dorado. Podía saborear ese brillo.

Era hermoso. 

Ese chico era especial. Un principe extraño, pero no podía estar equivocada. 

"La mesa aguarda señorita Orelia. Su plato parece triste sin su presencia. Y la comida fría es... traicionera" dijo el mayordomo inclinándose, a modo de presentación. 

---

Orelia bajo a los diez minutos, en silencio. Se sentó en su silla y se quedó mirando un punto fijo. Su padre comía como un ensayo, lento y articulado. Su madre parecía más distraída, ondeando el vino con el dedo. picoteo un poco de caballa, pero no le dió ningún bocado. Su padre tomó un trago de vino. Orelia miraba el rojo pardo del vino cuyo cristal le devolvía su reflejo con nariz deforme y sus ojos más bizcos. 

"¿Pasa algo querida?" –Dijo su madre. Ella procesó la pregunta y comió, negando con la cabeza.  

"No es nada, madre". 

El señor Velmour la miraba de soslayo con ese ojo clínico. Orelia quería decirlo, pero se esperó al postre. Como una espada al rojo, su pecho quería sacar la duda de una vez, porque ya empezaba a quemar. "Que pasó con...?" Susurró, pero se detuvo. Su padre agudizó el oído. 

"¿Exactamente como entró el saltamontes? –Dijo su madre, que bebía un trago de cava blanco– El jardín tiene un muro para apartar a los raritos". 

Un silencio se hizo en la sala. Solo el tic tac del reloj de cuerda hacía eco. Después de unos segundos Lucian respondió:

"No lo sé querida. Seguramente pronto sacaremos algo en claro. Por lo que sabemos es que se le ve... Práctico. Un chico del campo." – Lord Velmour la miró con su ojo clínico, como quién mira un bello cuadro sin fondo, sus ojos nunca dejaban los de su mujer. 

Tic tac, tic tac,

Después de unas tarta con peras y crema de bergamota, Eloisa se puso de pie. 

"Pues tal vez deba interrogarlo para saber si salta" – acabó con tono pícaro.  

Lucían impactó el cuchillo en el corazón del plato, tarta incluida, extrayendo el carozo de la pera:

"Me di cuenta. Es una rareza, de la que estoy seguro que sacaremos respuesta – pronunció con filo, mirando a Eloisa– y preocúpate por tus deberes" volteó "Orelia". 

La niña se quedó tan impresionada por el acto de violencia de su padre con la pera que tardó en reaccionar.

"¡No dije nada!" Rezongó. 

Lucian ordenó al mayordomo que la llevase de vuelta a su cuarto. 

"El postre estuvo delicioso, felicita a la cocinera por mí, Lean. Pero para la próxima añade más crema, creo que el gusto primitivo se acortará" Concluyó Lucían, antes de ponerse de pie y retirarse. 

---

Por la noche a Orelia le costó pegar ojo. Se enroscaba en la cama en un ovillo y miraba el patio que descansaba con sus grillos. Se imagino encadenada y sin poder sentir el aire fresco. ¿Cómo pudo saltar el muro? No tenía donde meter las narices, pero sentía curiosidad de saberlo. Grillada, el chico con grilletes y ella grillada. 

Sentia,

Queria,

Necesitaba, 

abrirlos. 

Y con el chico era más hondo: tenía una curiosidad completa. Primero los grilletes y luego la puerta: ¿de donde venia? ¿Qué era esa espada? ¿podia ir con él?

Podía,

Quería,

Necesitaba,

Abrirlo. 

Después de intentar dormir sin caso, se levantó y a hurtadillas abrió la puerta. 

El pasillo estaba a oscuras. El aire frío de la noche se filtraba como una brisa que helaba los huesos.  

Caminó todo el pasillo hasta las escaleras. Bajó, poco a poco, hasta encontrarse en la sala. Un carraspeo en su espalda le helo la– 

"¿Dónde va, Señorita?" –Dijo el viejo.

"Voy al baño" – mintió. El anciano arqueó una ceja, admirando la sagacidad. "El baño de la señorita está arriba, cerca de su cuarto – ese monoculo inquisitivo reflejó la mentira– como recordará".

Orelia escudriñó el cuarto de atrás, completamente oscuro.

"Qué tonta. Debí darme cuenta. Con su permiso regreso arriba". 

Orelia resopló camino a su cuarto. El mayordomo no estaba allí para estirar las piernas. ¿Por qué?

Porque le estaban ocultando al chico.  

Orelia tomó el peluche "Así es como veo a todos los héroes... Por eso te puse Lucio, como mi padre, y no Ocultin: no quiero que seas un embustero ni me ocultes secretos" Un presentimiento invadio su sino. Una corazonada. 

Soltó el peluche. 

Quería despejar la duda poniéndolo en palabras y por eso dejó la pregunta en el aire. ¿Por qué? 

Se acostó y se esforzó por cerrar los ojos. El hilo del sueño llegó a destiempo, y lo siguió hasta perderse en el laberinto oscuro, la puerta del fondo. Nokki. Escon. Ocultin. 

La pregunta seguía en el aire. 


---


A la mañana siguiente volvieron a desayunar en el backyard, pero su padre no se había presentado. 

Últimamente desayunaba en el estudio que Orelia evitaba, por un recuerdo de cuando le llevó un dibujo de mamá y papá. Y él ni lo vió. No es que no le interesase, es que ni siquiera se percató. 

Lo atribuyó a su trabajo, pero con el tiempo ese recuerdo se volvió gris y pesado. No quería pensar en ello. 

Tenía a Lean. 

"¿Señorita Orelia quiere más té?" Ella negó enérgica, seguía mordisqueando las pastitas de jengibre: "¡Prefiero tomar jugo de nabo!". El mayordomo sonrió. 

–Con filo en la voz–: "Mi padre te puso allí anoche, ¿verdad? No me mienta, se lo diré a mamá si lo hace" El hombre no perdía su actitud simpática, se ajustó el monóculo "Esa afirmación tiene muchas implicaciones señorita, ¿A qué se refiere?" 

"Ya sabe a lo que me refiero, Lean, no se haga el desentendido". 

"Lo que yo entienda y lo que entienda el amo puede ser distinto, pero estamos convencidos que hacemos lo nuestro por lo que es importante –Acotó– la seguridad de la casa". "Si, si. Menudo chiste". Siguió masticando. 

Cómo es posible. Su madre midiendo a todos con la altura del betún y Lean era su favorito. Su padre le ponían una bola de arroz y tenía la misma expresión que viendo a Orelia, pero veía al mayordomo... y sonreía. ¿Cómo?

Para ella él no significaba más que un viejo cuervo. Siempre interesado en algo brillante y lejano. No confiaba en los hombres con monoculo, 

"son monocuervos"

Su madre le trajo el peluche "Te olvidaste de tu oso en tu cuarto". Orelia miró los ojos negros del peluche y dejó el bocadillo en la mesa con desagrado. "No lo quiero". 

Eloisa parpadeó; sus ojos celestes eran como el invierno mas bello. "¿Ya no te gusta? Puedo conseguirte otro. Mañana iré con tu padre de viaje a la capital" la niña negó, retraida. "¡Ya no me gusta!"

El mayordomo Inquirió "La señorita parece que entró en la etapa de rebeldía, absténgase de hacer preguntas inadecuadas" la señora Velmour soltó una risotada clara como el agua. "No seas tan dramático Lean. Las felinas no nos hallamos bien entre caninos, y hoy es un día de perros –Se frotó el brazo– hay ventosa, parece que lloverá" Lean atizo su bigote. "Entonces le sugiero a la señora que busque un abrigo adecuado, ya que el clima altera el ánimo general y también... la salud". 

La mujer cruzó los brazos "Que abusivo es usted con esa lengua de pajarraco, Lean. Evite tantos doble sentidos que solo tiene una lengua. Y dígale a Lucian que voy a escribir la carta y a preparar las maletas: no se puede pensar con retraso, físico y mental" asentuando la erre. El ojo astuto de Lean guiñandole "La señora sabe que el humor ácido no es lo mío, pero ese doble sentido fue delicioso" Eloisa se carcajeo y repitió "rretraso" con acento seductor y le ordenó que tenga las carretas a punto. Como una dama de honor regresó al interior, contoneando sus caderas. Era muy hermosa.

Lean la miró alejarse y recordó el análisis que hizo cuando llegó a la mansión la primera vez, pues Eloisa Velmour era otro caso de estudio: mujer con rasgos firmes, como donna del este. Pelo negro, cejas tupidas, mirada feroz. Noble. Orelia la admiraba, pero era difícil verla como su madre... parecía haber caído en un embrujo de juventud poderosa. 'Señora' era solo el título nobiliario. Respetada por sus iguales y temida por sus rivales. Virtuosa, de las que valía la pena luchar con espada en la mano en una guerra tontisima. Y a mucha honra. Velmour o Vermouth, perdias las facultades con cada sorbo de ella, pero no podías parar. (Orelia la tomaba de referencia para imaginarse los senos de Onera, según le había dicho): (Divertido y revelador experimento de proyección adolescente, según Lean.)

"Lean, ¿no tienes nada que pueda hacer? Ya sabe: ayudar a buscar malas hierbas, regar el pasto, hablar con invitados que no tengo idea quienes son..." La chica cortó los estragos de Lean. El hombre pensó "La gente no suele buscar trabajos forzados, los trabajos forzados los encuentra a ellos – la miró– pero si. Puedes acompañarme a hablar con el chófer. Se encuentra en el patio del frente" 

Casi a rastras fue con él. Llevándose varias galletitas. 

---

El carromato era un buen punto de fuga para ir a la ciudad. El cochero esparaba a Lean con un cigarro en la boca...  

"Se me hace raro que quieran ir mañana ¿Acaso no ve el clima que se aproxima este hombre? Con esos ojos de basilisco..." Dijo como saludo. Lean le tomó de las riedas y ajustó su monóculo. El cochero parecía salido del sureste, ropa remangada y sencilla con un sombrero alto, casi de copete.   

"Como confidente notará que es natural que no diga ni pío señorito, pero si, es muy arriesgado. Sobretodo si el carruaje no está..." Se escuchó un traqueteo... y ni habían arrancado. Lean encarcó una ceja "...En fin, por eso venimos a comprobar el chisme".

No le dió tiempo a responder cuando lean carraspeó: "Y cuidado con el dicharacheo sobre los ojos del amo, que no es lo más peligroso de su arsenal" el chófer tragó el humo de su cigarro deseando irse a freir castañas. 

Orelia distraída por el relinchar de los equinos entró en el compartimento de atrás. Era espacioso. Diría que caben todos sus juguetes, "una party entera". Si tuviese que dictaminar el vehículo ideal para que Lucio..., Oh" chasqueó la lengua. 

Lean terminó de hablar con el chófer y se sentó a su lado. Orelia estaba mirando por los vitrales, buscando una grieta en la realidad.

Lean sacó una goma rosa y empezó a mascar. "Qué tal, ¿es cómodo?". Ella negó con la cabeza "Falta un surtidor de Muffins o Chocodelfins". El hombre rio con solvencia natural: "No llegué a viejo por bombardear mis venas, tenga cuidado, no le recomiendo el vicio"

El carromato empezó a moverse despacio, el protocolo era dar unas vueltas por el patio y luego volver. 

Después de unos minutos en silencio, viendo el patio como acuarela borrosa, Orelia inquirió: 

"¿No va muy lento?" 

–Primera vuelta, segunda y tercera= 5km por hora: 

¡Ahora va muy rápido! ¡Dile que pare! "La velocidad se sirve por intereses, y la señorita es propensa al azúcar" el hombre tocó la madera, Toc, toc. El carro hizo una frenada. El resoplido de Orelia impulsó el animó de Lean, que sabía que su forma de hablar la volvía loca. "Es mi marca personal". "Lo que digas"

–Shake, shake, shake, cuarta quinta y sexta=10km: La sacudida hizo tirar el monoculo al suelo, casi. Orelia seguía mirando por la ventana los árboles que se deformaban por la velocidad, a punto de vomitar. "Al grano. ¿Qué quería hacer anoche?" Interrogó Lean. 

"Qué le importa? ¿¡No ve que vamos a morir!?" 

Lean tocó la madera.

Toc,toc 

El carro frenó de nuevo.

Orelia volvió a sentir el alma chocando contra la madera del asiento.

Respiró hondo. Las pulsaciones bajaron y su ánimo volvió "No me perdí mientras iba al baño?" – Inquirió. El hombre volvió a ponerse el monóculo "que despistado soy, pues que sepa la señorita que los ventanales son gruesos, ¿lo ha comprobado?" Orelia no supo como pero captó la indirecta: "¿Es tan raro que quiera ir a verlo?" el hombre se inclinó "No, por eso me preocupa que haga alguna estupidez, no le sugiero ir a ver a nadie de noche. Es la hora de los cuervos" Orelia gruñó "Como digas. Espero que mi padre te haya pagado un corleon por estar parado como idiota, como estatua... o como sea". 

Orelia ya estaba exhausta. Últimas veinte vueltas=20km–: Lean era un borrón; unas gomas de mascar del bolsillo se le escapaba como perdigones: "Su padre se lo avisó, no es asunto de la señorita lo que le ocurra al chico, aunque, debería intuir que eso ya lo sabe, ¿verdad?" Otro traqueteo hizo que la acuarela se volviera terremoto, el chirrido era total: "¿¡Qué!? ¡No escucho una salmodia, qué dice!?" El borrón de Lean repitió "Sjdbbjajajajaj ajsjsjsjssbahsbsb" 

¿¡Qué!? 

"¿Eudydydyusjsbsj shshsjsjsjsbss?" 

"¡Ni siquiera le veo!" Esquivó un balazo de goma que fue a parar al vidrio, rompiéndolo.

Toc,toc

La carroza otra vez se detuvo.

Lean estaba como si nada. "Decía: ¿A qué se debe tanta desobediencia? ¿Debo concluir que el chiste a su madre no iba desencaminado?" Orelia miró el hueco que dejó la goma, pensando lo cerca que estuvo de morir. "Quiero bajarme ya" 

"Concentrece. ¿Por qué?" Las palabras le resonaron con un toque distinto, su interés ahora personal.

Por qué. Si, porque, si lo tienes todo Orelia. Porque si no tienes problemas. Porque. Orelia. Why. 

Bubblegoom. 

La chica le miró, como si se hubiera dado un topetazo y lo volviese idiota. "¿De verdad quieres saberlo?

Ella tocó la madera.  

Toc,

Toc

El chófer abrió la ventanita pequeña de delante. 

"Copetín, ponga segunda marcha, vamos a atravesar las rejas" el hombre miró a Lean que hizo un globo. Entendió el mensaje. "Lo siento señorita, pero no me está permitido cruzar las rejas sin el permiso del señor Lucian" 

Ella miró a Lean "¿Ve? Por eso" 

Lean escrutó al hombre que cerró la ventana como alma en pena –Ahora de verdad, última vuelta–: "Hay más cosas que querer ir fuera y amigarse con rapaces, están... Lasusueuiififfidns didididisdkdjsj Fifududjsudjdjddudj iffifjdjsjsksksksdk" "¿¡Qué!? El traqueteo fue tan violento que creyó haber pasado el espacio-tiempo. Juraba que el borrón de Lean se acababa de dislocar la mandíbula y seguía moviendola. Orelia no podía ganar. "¡Vamos a morir!"

Toc,toc

"¿¡Qué demonios le pasa a esta cosa!?" Lean se inclinó, su aliento olia a menta suave y barniz de caoba "Su seguridad es muy importante para el amo, por eso no deja que salga. De todos modos... Me gustaría saber otra cosa: ¿por que no quiere ver al peluche?" El ojo avizor del mayordomo localizó los puntos vitales. Era su ataque final. Y fue tan llamativo que hasta Orelia se dio cuenta, "Acaso el peluche tiene algún desperfecto que la señorita haya... notado?". Ella negó, temiendo que le vaya a sacar las tripas. "No. Es solo que me recuerda a mi padre, y no quiero pensar en él hoy". El mayordomo volvió a su estado normal, como si estuviera drogado.

"Entiendo. Bueno, pido disculpas. No es mi intención estar sobre usted, solo son órdenes. Es algo tan sencillo como los juegos que usted disfruta, solo que a veces... No quieres jugar". Dicho esto golpeó el cristal. "Con eso ya estuvo, bajemos"

Después de un breve saludo, a Orelia le quedó claro varias cosas:

°Nunca se subiría de nuevo si quería vivir

°El mayordomo era un espia

°El peluche tenia algo raro

°Le dio una salida: de noche no, pero...

Miró el cielo encapotado. Mientras los dos regresaban a la mansión. 



PARTE III 

PREGÚNTALE QUE HICIERON CON LA MONEDA GENERAL THALION

Una vocecita de hada en su cabeza le cantaba mientras ayudaba a una mucama a limpiar los cajones. Orelia atendía a su hadita metiche mientras replegaba las sabanas. Se moneaba, se reía con soniditos, muda. Era toda una diva imaginaria que dejaba aparte para pensar. 

¿El ladrón de qué región era? Si ellos, los Velmour se ubicaban cerca de la gran capital... de qué lugar, Orelia desconocía. Pero se podría intuir por el acento de la ama de llaves que era del sudeste - donde primaban las casas suburbanas, dijeron. 

El hada revoloteaba y se escondía bajo la cama.

Los guardias debían ser de otro sitio, curtidos por el frío, huesos duros como roca (con botas y barba integrada por manufacturacion divina, suponía). 

El chico, con su ropas raidas, no podía ser de allí. Y gracias a dios. Orelia nunca había visto a alguien del sur, (allí estaba el bosque...) El hada tiritó.

Lo imaginaba. El bosque prohibido donde solo salen leñadores y senderistas de caminos, recordaba que un amigo de su padre era del sur. O tal vez un amigo de un amigo...

("Señorita no hace falta que haga la comida, d-de verdad...") Pero ella no escuchaba a la pobre cocinera, pelando la zanahoria en tiras mientras veía el hada mágica. ¿Entonces es de la zona prohibida? El hada encarcó los hombros. ("M-e meterá en un problema con el amo...") Orelia seguía en su nube: (...)eso lo hace más sospechoso. Si es cierto que allí están los seres que ella se imagina, ¡PAM! Es un chico con habilidades mágicas. ("¿¡Por qué cortó así la batata!?..."). La espada era la llave. Tenía que hablar con él. Y antes de que anochezca. (La cocinera tomó sus trozos, los cortó mas pequeño y los metió en la cazuela, suspirando una plegaria "gracias al lord, se detuvo"). 

---

Orelia salió de la cocina sin voltear atrás, casi tropezando con Lean que la miraba con una ceja alzada "Cualquiera diría que las habilidades culinarias necesitan un retoque". 

"¿De qué habla?". El hombre se ajustó el monóculo "Oh ya sabe, por lo general hay un orden natural, los cocineros cocinan y las princesas piensan en príncipes. Pero las zanahorias se cortan en rodajas circulares, no se pelan como si estuvieras, dicho coloquialmente, despellejando una clueca en agonía. 

Pensé que era una mandioca. 

"Si la señorita quiere distraerse le sugiero una tarea que requiera menos relojeo, ¿Alguna vez intentó costura?. 

Ella negó. "La ropa me la traen hecha" 

"Es lo que dije, ¿No sintió curiosidad por saber el truco?" 

Lo cierto es que había tenido una niñera que le quiso enseñar a tejer pero después de la séptima brocheta a la lana lo dejo. 

En aquél tiempo Lucian juzgaba a la niñera con el ojo que puede encerrar a un batallón completo en las profundidades del infierno. No volvió a aparecer. 

"No es lo mío" determinó. 

El hombre caminaba junto a ella por el patio, con su paso metódico y los brazos como un rector "¿Podría aprender a contar el dinero que posee? Y no, antes de que responda: no POSEE dinero, pero tiene una herencia grande. Podría acostumbrarse a la economía teniendo un pensamiento más ordenado." "Ajá" Ella se le quedó mirando.

"¿De qué me va a servir? No se me tiene permitido hablar con los sirvientes y cuando vienen los mercaderes están más contentos hablando con pa' y ma'," 

Él sonrió: "Ya sabe, uno nunca sabe cuándo necesita aprender un truco nuevo. Ve ese banquillo de ahí; ese vale dos corleones, esa ventana seis, y así puede ir contando todo lo que ve".

Ella le miró, mas bien, le atravesó con la brocheta de su mirada y se le dibujó una 'Ꞓ' en la cabeza. "Veo que aprende muy rápido. No, no intente averiguar mi precio. No lo conseguirá. 

"Dieciocho Corleones, con cuatro Mirs". 

El hombre respondió tajante: "No." 


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El mayordomo-coin se marchó con toda la cabeza de Ꞓ y Orelia siguió contando todo lo que veía. Ya tenía un dígito elevado que sonaba a cachink, de alcancía. Cuando vio pasar uno de los guardias "Veinte corleones" cachink, cachink. Se reunía con un segundo, bastante poco agraciado: "ochenta Mirs y dos latas", cachink, cachink. El hombre susurró "Sigue sin hablar, solo cuando el amo viene se pone cantarin el pájaro". A Orelia se le cayó la cuenta al suelo. "Me sorprende que no lo haga con la ama, si me llega a poner en el regazo esa mujer suelto todo". 

"El chico es mojigato, solo quiere el sable" 

Orelia graciosamente había derrumbado la especulación financiera cuando le señalaron al ladrón. 

"Tengo que verlo" acordó. 

Se quedó en la esquina y se preparó. Hizo gala de su famoso y natural método de camuflaje que consistía en poner expresión insulsa, caminata anodina e identidad de mueble.

Pasó frente a ellos sin ser notada en absoluto. "Como es usual".  

Con paso lento pero seguro llegó al sótano.

Le costó respirar. El aire del lugar estaba viciado, no parecía que ventilaran en días. Había latas de conserva en varios estantes viejos. Incluso algunos con polvo de varias eras. Estornudó y siguió bajando hasta que piso el suelo firme, la madera crujia. 

Allí un guardia estaba apostado en una esquina, mirando distraídamente un estante. Éste estaba atento, así que no podía usar su táctica infalible. 

Se acercó a él y carraspeo. "Disculpe, señor, creo que el mayordomo quiere verlo" El hombre ni se inmutó "¿Para qué?" Orelia tocó su cabello, pensando fuerte una razón. "Escuché que... necesita ayuda a contar el dinero de la cuenta corriente, está viejo." El hombre no terminó de tragarselo, pero abrió los ojos con brillo. "Está bien" dijo mascando las palabras y subió las escaleras. Cachink, cachink. 


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De repente en la zona solo quedaba ella con el eco de las botas del guardia. Una respiración al fondo sonaba profunda. 

Ella sabía que remitía al muerto que regresó a la vida. El ladrón. 

Se acercó a lo oscuro. El aire viciado le empezaba a pesar. El hada ahora era una sombra con alas y rímel. Quiso imaginarse en la mazmorra de una dungeon, pero le costó. Se puso nerviosa así que volvió a su tarea. (uno...dos...tres...). El corazón se le aceleró, pero lo mantenia en un cronómetro mental. suspiró (cuatro...cinco...seis...). Agudizó la vista y lo pudo ver; allí estaba. Tenía la misma chaqueta roja y los pantalones con arreglos. Estaba sentado, con la cabeza gacha. (siete...ocho...ocho...); (ocho...ocho...ocho...) "ocho" dijo Orelia. El chico reaccionó al instante, mirándola con interés. "Hola" dijo con una seguridad quebrada – "¿Vienes a sacarme de aquí?" Añadio con anhelo en la voz. 

Los dedos de Orelia tamborileaban en su falda, el ocho repetía como un mantra Atascado. Dudó. "Mi padre dice que eres un intruso". El chico rio, parecía a punto de derrumbarse. "Miente" ella gruño "¿ah si?" Él volvió a asentir "No se lo que cree tu padre, pero lo que está haciendo conmigo es inhumano, tienes que ayudarme. Me quitó la espada. Sin ella... No puedo salir"

Orelia volvió a la realidad, y se puso a la defensiva, "¿Qué quieres de nosotros? ¿Qué haces aquí?" *¿No eres un principe?* Estaba a punto de decir también, pero le sonó estúpido. 

El chico tenía los ojos hundidos y ojeras, no parecía haber dormido en absoluto. "Tengo una misión que cumplir... aquí se encuentra una de las diez llavesferas. Las quiero recuperar todas" le miró, con una expresión severa "para liberar a mi hermano". 

¿Llave-esfera? ¿De qué estaba hablando?. Se centró: "Tu espada... Brilla. ¿Por qué?." Y continuó su interrogatorio. 

"Porque tiene una propiedad Arcana, honestamente ni yo sé a que se debe, pero puede hacer cosas que otras espadas no pueden". Ella miró su sonrisa, al principio parecía asustado y ahora esa mueca, este chico era extraño.

"Cosas como cortar cabezas de... Dragones?" Él empezó a reírse. "¡Qué ocurrente eres! Claro, si existieran los dragones, sería capaz, pero se extinguieron hace mucho" la información le cayó como un regalo del cielo: "¿En serio existieron? ¿Igual que los... Elfos y los duendes?" Él negó, "Los elfos se extinguieron hace mucho tiempo, pero los duendes siguen apareciendo. Estoy viendo uno ahora mismo, y hace preguntas muy divertidas". 

El hada se prendió en llamas y se incineró por completo: "¿¡Duende!? ¿¡Cómo que soy un duende!? Arrgh, mi papá tenía razón, solo eres un revoltoso ladrón" El puso sus palmas en alto "No, no quise decir en apariencia, quise decir como venías contando... Mierda, la cagué ¿verdad?" La hadita cayó como mosquita fulminada. "¡Palabrotas!". 

"N-no quise decirlo. Por favor lo siento" ella se hizo la ofendida un rato más. "¿De donde vienes? ¿Cómo te llamas?"; Tomó una lata de arvejas como pudo y escupió el tapón con un movimiento hábil y sorbió los porotos a medias, derramando más de la mitad, 

"Demonios. Vengo del sur, de los bosques silvestres de Wozak. Vivía con mi hermano y mis padres. Solo digamos que pasaron cosas y aquí acabé" Se alejó del charco con presuroso ánimo. El tono casual del joven le empezaba a exasperar, pero por lo menos ya tenía la repuesta que tanto quería. Sur. "¿Por qué crees que aquí está esa llavesfera como se llame?" El chico terminó de comer. "No es que lo crea, es que está indicado en el mapa. La llavesfera fue enterrada en estas tierras hace siglos. Quizá más".

La chica pegó una frenada intentando procesar la información. ¿Qué haría Onera?. De repente el joven le señaló para que se acerque. Ven, ven. Ella lo hizo, parecía que le iba a dar la clave de algún misteri– "arrgh" El joven le aferró el brazo con fuerza, su expresión se endureció: "Por favor, niña; lo que digo es cierto. Necesito mi espada, estos tipos me están partiendo al medio" Orelia se asustó "¡Suéltame!", "Para seguir mi viaje, solo necesito mi espada–" el discurso del joven se cortó en dos, Orelia salio despedida hacía atrás como un relámpago. 

El mayordomo la tomó de los hombros deade atrás, como lo hizo Velmour el día anterior:

"Gustav me ayudó a contar monedas; vengo a darle algunas",

¡Clink!

Giró un corleon de plata con precisión de pistolero y se lo puso entre los ojos. Petrificada, Orelia se quedó mirando la cara del general Thalion Vaeltorm, primer centinela, con sus ojos acusiantes diluidos en metal ferretro. "Parece que la señorita ahora le interesa el lío financiero de los adultos" dijo al chico con tono neutro. Orelia tomó la moneda como si ardiese. "Le sugiero que salga de aquí, antes de que pesque un resfriado". La chica se fue caminando por las escaleras, no sin antes ver por última vez abajo. 

El mayordomo sonrió al chico "La próxima vez utilice una cuchara, así la camiseta permanece limpia". Dijo yéndose de ahí con paso resuelto. El chico quedó confundido. 

"viejo..."


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¡BAM!

Después de cerrar la puerta con un azote Orelia se acostó en su cama y miró a Lucio. El osito le devolvia una mirada vacía. "La curiosidad mata al gato" decía con esa sonrisa que helaba las flores de Cheshire.

¿Era el sur lo que teme entonces, Donde vienen los mercaderes?. "Pregúntale a tu madre, o a Lean" decía su padre. Golpeó el colchón; ¿Por qué tenía que estar tan alejado de ella? Entendía: nunca le faltó ni pasó hambre, ¿por que preocuparse si sus necesidades estaban cubiertas? Volvió a golpear el colchón. "Lucio, ¿Por qué mi padre tiene que ser así?" El osito le devolvió una mirada vacía, no dijo nada; "Por qué tú tienes que ser como él?" No dijo nada. Se movió para estar más cerca de la ventana.

"Con que allí está... de acuerdo al princi-, al joven ladrón". Ahora su curiosidad se convertía en puente. Necesitaba ver más allá del muro. Las nubes nocturnas se movían inquietas y el viento arremolinaba en una danza siniestra.


PARTE IV

AJEDREZ

A la mañana siguiente las nubes iniciaron el silencioso rito del "rainfall". El gas se mezclaba con el aire caliente y empezaba a licuarse en forma de tormenta. Los rayos rasgaron el cielo y despertaron a la naturaleza durmiente del bosque. En menos de cinco minutos los criados y los guardias se abrigaron. Los sirvientes limpiaban lo ya limpiado, y Gustav se las arregló para seguir en su descanso fingiendo dolor de tripa. 

La lluvia despertó a los Velmour antes de lo previsto, como si el clima tuviese su propia agenda. Con modorra se vistieron y bajaron a desayunar. La cocinera tropezó con la porcelanosa antes de servirles el té de bergamota. Ellos tomaron con menos ceremonía y Orelia fingía otro dolor de tripa. 

Si alguien se sentía indispuesto era protocolo de la casa analizar el recipiente que tomó, si descubrían una mala praxis la sirvienta se le responsabilizaba con una boleta de despido, y con su marca de sangre si fue veneno. Y un descuartizamiento si fue bergamota. 

Como las otras veces Lean tomó la taza de Orelia y lo inspeccionó "Si quiere saber mi opinión–" Orelia tajante "No es el té, es el clima". El mayordomo sonrió, y dejó la conversación ahí. Como siempre. 

Después del desayuno, los señores Velmour se subieron a las carretas. El chófer los guío. "Como bien saben la ruta estará plagada de charcos, así que no se asusten si hay una sacudidita" se rio, Lucían lo aplacó con una sonrisa y el copetín corrió despavorido. Eloisa dio un beso al aire cerca de la mejilla de Orelia, "Nos vemos mañana, Margarita" su padre le dedicó una mirada de las que penetran sin decir nada. La carreta empezó a moverse con lentitud mientras el repiqueteo de la lluvia crecía en el interior de Orelia.   

"Ahora la carreta va lento. Hasta en eso me quieren joder"


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La joven se quedó en la escalera, contemplando la posibilidad de que Eloisa le dijese Margarita porque se olvidó de su nombre. 

La chica que limpiaba el rincón la vio tan quieta y tan pálida que no pudo evitar acercarse "¿La señorita necesita algo?, ¿le regresó el dolor de estómago?" 

"Los sirvientes no tienen permitido hablarme" dijo sorprendida. 

La chica, como si fuese un insecto terrible soltó el plumero y pegó un saltito "Oh, lo siento, ¿D-de verdad? llevo aquí desde ayer, sepa disculpar mi ignorancia" Orelia la miro como si hubiese descubierto un nuevo color. ¿Cuánto cobra?", Como una bofetada, la sirvienta miró para todos lados "Qué pregunta, señorita, la verdad es que aún no cobré, pero deberían ser quince Corleones y algunos Mirs. Me llamo Naira –Le estrechó la mano como si saludara a una comadre. "Ah, cierto que no puedo saludar así, lo siento" se arrugó como una margarita mojada. Orelia negó con la cabeza, "No se preocupe". 

Se quedó pensativa: quince corleones era el mínimo que cobraba el servicio. Con eso no birlabas nada. Los guardias cobraban un poco más, la mucama menos, pero tenía más sueldo por año... el dinero no era solo un parecer, movía montañas. Lean tenía razón. 

Un relámpago iluminó la sala y se le encendió una luz. Naira miró la ventana frotando el plumero "Parece que el cielo ruge, espero que no llueva mucho". 

Qué simpática, pensó Orelia. "¿Tiene algo que hacer ahora?. "Eh, tengo que limpiar, mi plumero se cayooo–" la tomó como una rama de abedul "Ya lo tengo. Limpiar el salón y ayudar con los quehaceres". 

"¿Puedo pedirle que me acompañe al sótano?, allí hay cosas que necesito que limpie" Naira la miró como le hablase en chino: "¿El sótano? Pero allí no se encuentra aquél rufián...?" Orelia resopló de fastidio. La noticia había circulado hasta llegar a los novicios. "Si. Pero está maniatado, le prometo que es inofensivo además cobrará quince corleones más". La sirvienta dudó un segundo "Está bien, si es tranquilo entonces no tendré problemas". Fool. La palabra inglesa para la gente ilusa. En ese instante Orelia había entendido el significado.  

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Caminaron hasta el pasillo de servicio. Gustav bloqueaba la entrada con su cuerpo de ropero. "Bueno, bueno que tenemos aquí: la señorita y la doncella, ¿a donde vas bombón?" Naira se enfadó "No es de tu incumbencia, lechugo, debo pasar para ayudar a la señorita a mover y limpiar algunas cajas". 

¿Lechugo?, Orelia la miró, sorprendida, por segunda vez. Casi se le escapa una sonrisa.

Casi. 

El hombre se puso más robusto si cabe. "¿No te llega el aire? Allá abajo está el ladrón. Mira que llevar a esta pobre niña..., Mira su cara, está blanca, se nota que está siendo arrastrada por tus encantos de paloma" Orelia miró con su semblante de "vales menos que mi cena". 

"No seas molesto, solo déjame pasar, la señorita no tolerará tu insolencia". Gustav le sonrió: "Paloma, te dejaré pasar si prometes una vuelta conmigo por el jardín y un besito" Naira soltó una carcajada "Pero si está lloviendo, ¡idiota!, Mira a quién no le llega el aire, ahora hazte a un lado, fush, fush, fush" el hombre se movió a regañadientes. Las dos pasaron. 

"¿Saldrás con él después?" Con más ánimo en el cuerpo y algo de comezón Orelia bajó. "Es un tonto, pero no es malo" contestó Naira "Puedo tratar con él". 

Fool and Fall?. Le estaba preocupando su bienestar.

Me cae demasiado bien, y eso no es bueno.


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Naira se las arregló para tirar de la oreja al guardia del estante, y cuando estuvieron solas se permitió estirarse. "Este lugar es un desastre, un plumero no basta para todo este polvo. ¿Dónde está el rufián...?" Al escuchar las cadenas, apuntó su plumero como una espada. 

"¡Q-quieto!" El joven la miró y se sorprendió: "Acabas de echar a un guardia como si fuese polvo ¿y te doy miedo?, ¿¡En serio!?" Miró a Orelia y se puso alerta "¿Vienes a liberarme?". Ella negó con la cabeza "Me debes una disculpa por jalarme ayer" el resopló, se lo veía más flaco "Lo siento. No debí hacerlo. Fue un impulso del momento. ¿Contenta? Entenderás que estoy un poco en problemas ahora..." "¡Silencio, ladrón!" Naira se acercó con el plumero-espada "¡No tienes derecho de dirigirte así a la señorita!" Orelia la calmó.

"Disculpas aceptadas" dijo. El joven se quedó un poco igual, "¿Entonces que vienes a hacer aquí? ¿Vas a limpiar?" Orelia se sentó en el suelo. "Vengo a acompañarte y que me cuentes más de tí, quiero saber," se mordió la lengua y no continuó. Naira la miró y luego al chico. Le saltó la ficha. "¡Qué bonito! Pueden seguir hablando tranquilos, yo limpiaré aquí y aqui y aqui..." 

El chico resopló, "Más de mí, bueno, tengo el ánimo un poco decaído, pero puedo continuar, ¿por donde lo dejamos?" 

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Naira siguió limpiando a hurtadillas. Paso el plumero por el estante, sacando las motas de polvo. "Soy de una familia humilde de leñadores, todo sobre mis padres es simple, trabajadores sin mucho dinero. No sé metían en problemas. No puedo recordar bien... pero nos atacaron. En ese momento mi hermano que era el portador de la espada Lumenar barrió con esos imbéciles, pero algo pasó".

Naira cuando escuchó barrió se dió cuenta que el suelo necesitaba un repaso. Orelia seguía escuchando atenta: "¿Lumenar? ¿Así se llama?" El jóven siguió: "Siempre fue bueno luchando, yo nunca pude igualarlo, era como comparar un pollito mojado con el latido de la naturaleza". Naira paso el estante con un trapo mojado dejandolo húmedo. "Me faltaba engrasar". tocó una caja y lo escudriñó con los dedos. "También mentalidad ligera, estaba demasiado disperso" Separó varias cajas pesadas para dejar libre el camino. "Mi madre era buena cocinera, mi padre buen constructor. Recuerdo el carbón en la chimenea y el aceite en la sartén" Naira empezó a sudar, sintió que el calor le subía mientras barria. "El pescado frito de estanque era,". Sintió su estómago rugir. "deliciso". Debió ser triste perderlos" –Acotó Orelia– "¿Esa espada la fabricó tu padre? Dijiste que era constructor. Naira abrió una caja. 

"No. Lumenar salió... De ninguna parte. Un día estaba allí tirada, como si el viento lo trajera para llenar espacio, lo encontramos..." Naira sacó un panecillo con moho. "Entre el trigo y la semola". Puaj. 

"Se nos hizo raro, pero después de llevarla con un hechicero de la montaña mi hermano aprendió a dominarla, domó su filo". "¿Lo secuestraron?" Preguntó Orelia. El joven nego, "No exactamente. Iba tras los imbéciles que... se abrió paso," 

Naria abrió otra caja, sacó un jarrón y lo puso en el suelo. "Lo seguí pero una luz me cegó"/ quiso elevarla pero pesaba lo que un día laboral. "Cuándo me di cuenta mi hermano quedó encerrado en un muro de piedra,"/ click, click, tocó la cerámica. "Diez huecos había en la pared, descubrí lo que significaba después". Naira leyó el grabado y lo dejó ahí: siguió limpiando y escarbó en otra caja. 

Orelia quedó pensativa "Las llavesferas van en esos huecos"/ Naira sacó un tablero, y lo sopló. Él la miró solicito, "¿me crees?" / Desplegó la tabla. Orelia asintió "Te creo. ¿Pero esa llavesfera estan aquí?"/ Sacó las piezas. "Están por la región, en distintos lugares. Tengo que reunirlas," / Las colocó en el tablero. "y el muró se abrirá con–";/ Achus los dos miraron a Naira que había estornudando.

"Perdón". Había tirados las piezas al suelo. 

Se escucharon voces estruendosas arriba. Naira subió un breve momento y bajó corriendo. 

"Señorita Orelia, creo que la llaman. Yo terminé aquí, así que podemos irnos" acabó resuelta y sudorosa. El joven sonrió. "Que simpática". Volvió a poner el plumero en modo espada: "¡No hables ladrón!". 

Subieron juntas y Orelia tuvo que dar explicaciones concretas a Lean. Naira se salvó por un pelo gracias a que era su segundo día y no veía a tres en un burro. Pero Gustav y el otro guardia se llevaron un castigo y solo podían patrullar fuera de la casa, les gustara o no. "Parece que la cita se canceló" concluyó Orelia. 

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Pasaron las horas, la lluvia repiqueteaba en las ventanas. Orelia estaba en el salón, en silencio. Su mente vaciada de imágenes pero con una emoción latente, apretó una pieza que tenía en la mano. Los relámpagos iluminaban la habitación proveyendo sombras majestuosas. Lean la miraba. Hasta que se abalanzó con un tablero en la mano. 

"La sirvienta que la acompañó lo cargó... parece que no se dió cuenta. Es bastante despistada esa muchacha. Ordené que lo limpien. Miró la pieza en su mano ¿Sabe las bases del ajedrez?"

Ella miró a Lean "No" fue lo único que podía decir con energía. No. 

El sonrió y le mostró las piezas. "El juego trata de avanzar con tus soldados, hasta la base enemiga y acorralar al rey" empezó a mover un peón hasta que llegaba del otro lado: "Simple" Orelia seguía sin interés. "Cada pieza tiene un movimiento concreto, la idea es hilar estrategias, anticiparse al rival y, en última instancia, proteger al rey" ella miró las piezas, se las imagino con caras y nombre, los peones, las dos torres. El rey y la reina también. Le hizo gracia imaginar sus vidas fuera de esa posición rígida, como las sirvientes y los guardias. 

El mayordomo la miró, interesado: "¿En qué piensa?". "No, en nada; solo me preguntaba que pasaba despues de perder las piezas" El hombre se ajustó el monoculo, avivado por el interés. "Ah, pues se descartan, todas las piezas son dispensables, excepto el rey: si él cae, pierdes el juego". 

Ella le miró, su monoculo reflejaba el brillo de las velas. "¿Todas son dispensables, excepto el rey? Que juego tan terrible. En mis juegos cada batalla es una historia" El hombre se ajustó el vidrio, el reflejo de la niña, las piezas y el candil se reflejaban ovalado: "Ya veo, quiere decir que piensas en todas las piezas como seres sintientes, primero los conoces y luego los nombras y te relacionas con ellas... aquí no. Los nombres se les dan por su función. El rey es porque la regla lo reconoce así para la partida. en tu juego el rey es solicitado, en el ajedrez solo su posición es lo que importa" dijo resuelto.

Un trueno sonó, acompañando y asintiendo a su discurso. "Le sorprendería señorita, pero en muchos lugares se aplica las reglas del ajedrez. En el mundo real, por ejemplo" 

Quince corleones. 

"Lo importante no son las piezas, señorita, sino la estrategia, el porcentaje: por ejemplo si una torre se tiene que sacrificar para salvar al rey, lo hace; y no es una pérdida, sino economía" ella le miró extrañada, la regla del ajedrez en la vida real, sonaba... siniestro. Pero sentía esa sensación. Era cercano. 

Como la sonrisa de Naira. 

"Usted también juega señorita, es maravilloso, porque incluso lejos del tablero ve las piezas"

Orelia se quedó helada, un sudor frío le recorrió la espalda. No se tomaba a los enemigos en sus historias en serio. Recordó que en una ocasión hizo que uno de los peluches se amistara con Lucio. Y le gustó todavía más. "¿Qué pasa si quieres una tregua? ¿Se puede? Es mejor que perder piezas" 

El hombre rio, afable: "Simpática perspectiva, pero todo depende de la regla, podrías hacer que todos sean aliados, pero no sería lo mismo, además, la gente juega... siempre juega" El candil fluctuó y su luz brilló en la cara del anciano, sus arrugas acentuándose. 

"Por ejemplo, el chico del sótano, ¿Está en lo cierto?" Ella dejó de mirar las piezas y lo miro a los ojos.

"¿A qué te refieres?", La suave luz del candil le estaba irritando la vista. 

"Digamos que tiene que salir de aquí, el necesita su espada y una reliquia del amo, su intención es loable con la espada, pero la reliquia no le pertenece, ¿Por qué dejarlo ir?".

Ella pensó la respuesta un momento "¿Porque no busca hacer daño?" El hombre negó.

"Quiere algo del amo sin su permiso, así que sí quiere hacer daño, además..." Puso un peón blanco en territorio de las negras "Está en nuestro territorio, es nuestro deber defender al rey. Son las reglas" 

Ella meditó la respuesta. "Pero el rey no está aquí ¿De que sirve la regla de defender al rey si no está el rey?" Lance esperable, el viejo sonrió. "No ha entendido la señorita, lo que hace al rey no es su ficha sino su posición. Significa..." 

Quitó la pieza del rey de la tabla 

"... aquí está el rey. La representación, señorita, está todo en la cabeza".

Volvió a mover el peón de la blanca "Hay una regla más; cuando el peón llega suficientemente lejos dentro del territorio rival se convierte en una pieza más peligrosa. Si queremos ganar, tenemos que evitar que ese peón llegue al fondo, no lo cree?. Miró el peón, las cadenas se caían.

¡Plam!

"Bueno, se hace tarde. Voy a decirle a la cocinera que haga tu plato favorito. Le sugiero que arregle su cuarto" dijo y se levantó para irse. 

Orelia se quedó en silencio asimilando el screamer de las palmas. La llovizna empezaba a ser mas pronunciada; era, ante todo, un espectador frío, sin pertenencia, ni propósito. Solo una gestación inestable del poder cayendo sobre las cabezas de los guardias, obligados a estar en sus posiciones. 


PARTE V

LA CARTA


El tablero de ajedrez con las piezas caídas, el peón que avanza, el sacrificio necesario, el rey que no está...

"Si el peón llega hondo será peligroso" se refería al ladrón de duraznos. Lean siempre hablaba sin decir, era como sugerir suave. Para Orelia otro juego de imaginación, pero llevado a las palabras. Si su padre era una pluma que se mecia en la brisa y te erizaba, el viejo era una caja encriptada. Tenías que descifrar sus secretos. "Qué lío" pensó.  odiaba admitirlo pero empezaba a pillarle el truco. La lluvia golpeó la ventana, lejos el muro apenas se vislumbraba. No era estrategia, era táctica... Y honor. Salió de la habitación y fue a la de sus padres. Naturalmente estaría bajo llave. Ellos se la habrían llevado, pero el estudio... No. Recordaba haber escuchado algo, una conversación pertinente sobre réplicas de llaves como emergencia.

Seguramente la llave la tenía Lean. "¿Qué demonios hago?". Se regresó a su cuarto. No miró al oso, pero sentía sus ojos en la nuca. El estudio era el sitio de la casa que menos había estado, tenía perfecta cuenta, no obstante, de todos los objetos que se guardaban allí. Le costó imaginarse toda la pila de corleones bajo un dragón durmiendo. Ese lugar era parte de su padre y no suya. El único sitio que no se sentía bienvenida en absoluto. Era su casilla.

El rey que no está...

Siempre estaba allí. 

Después de unos momentos Lean anunció que la comida estaba servida. 

Comió el salmón con hierbas y papas confitadas que tanto le gustaban. Después se acomodó en el asiento y se lo preguntó directamente: "¿Tienes la llave del estudio de papá?" El mayordomo que estaba en una esquina se ajustó el monoculo "Tengo una réplica, que sirve para abrir en caso de emergencia". Ella asintió. "¿Me lo... Das?. Lean sonrió, divertido. "y para que quieres entrar al estudio de tu padre, señorita Orelia, ¿hay un peluche que quiera conseguir, o quizá un recuerdo que quiere revivir?" Ella negó. "Solo quiero verlo, no voy a tocar nada, solo me dio... curiosidad" el mayordomo ajustó su lente y le habló a la ama de llaves, después de un minuto regresó: "Muy bien, puedes entrar, pero cuidado, no vaya a cortarse con nada... afilado" ella asintió. Maldito cuervo. 

Abrió la puerta del estudio. Allí se replegó como una tienda, un espacio lleno de cachivaches extraños. En una estantería había un reloj extraño que se movia hacía atrás. Un extraño artefacto que parecía una cruz, pero con la punta afilada. Se adentró más allá y se percató de una extraña moneda, recordó el altercado con Lean y como le mostró aquella amenazante sonrisa de metal. Más allá estaba la silla principal, donde un estante plagado de libros se habría. Entre todas las cosas, había novelas con títulos rocambolescos, con inscripciones en idiomas que no conocía. En el despacho había un papel a modo de carta, a medio escribir al lado de un tintero. Orelia lo leyó con cuidado: 

«La misiva que recibí es importante, Zaen. Necesito corroborar que lo que dice el gobernador es cierto, de ser asi, nuestra investigación corre peligro. Tenemos que acelerar el proceso. Ya hablaré con los demás y daré el pagaré. Si las cosas se hunden, entonces tenemos que pensar en el plan B. Eloísa no puede pensar en otra cosa estos días, está muy preocupada. No quiero alterarla, pero Sir Claver no puede esperar. Es necesario poner de manifiesto todo lo que veníamos hablando. Claver está muy molesto, de Johansen y Ruth ni que decir. Estoy de camino a la ciudad para poner paños mojados pero es una tormenta, Zaen. El mundo está cambiando y el bosque prohibido se alza cada vez con más brío. Los científicos estan investigando las propiedades de los artefactos, pero no tiene sentido ocultar el poder que contiene, recuerda a ellos, los que derrotamos. Hace unos días un chico apareció y puso en entredicho lo que ya tenía pensado. Ahora las cosas cambiaron. No puedo pensar que hay asechando nuestras vidas, nuestra casa, la ciudad. Como recordarás Wozak, Kain y Kasel. Los del sur están nivelado su poder, el chico dice que viene por el hermano que está encarcelado bajo una protección antigua. Desconozco el tipo, pero si precisa de llavesfera tiene que ser del tipo A, quizá S. Su espada tiene una propiedad que desconozco. No soy guerrero, pero puedo ver algo especial. Es algo que roza lo que manejan más allá del continente y no me gusta nada. El tiempo apremia, mi amigo. Puse ojos por todos lados, ya lo tengo listo. Hablaremos de ello cuando lleguemos. 

Tu amigo, Lucian»

Cuando lo terminó de leer Orelia quedó más confundida que nunca. Le sonaban esas personas, pero no tenía idea de a qué se refería su padre con los artefactos y el plan. ¿Qué plan?, Es algo de adultos que no averiguaría. Miró arriba y contuvo el aliento; alli estaba, la espada. La vela hacía rebotar su brillo y la devolvía con un color rojizo. Era metal incandescente. "¿Como la sacó de aquí?" 

Toc, toc

Se dio la vuelta, asustada. Lean estaba con el candil en la mano. "Veo que sigue aquí. Le advierto que no es muy acogedor estar aquí dentro, aunque supongo que ya lo habrás notado" se acercó con paso seguro. Orelia se hizo la desentendida. "¿Qué son estás cosas?" Dijo apuntando hacia los artefactos que había visto antes. "Esas son armas, señorita. Algo que por lo que tengo entendido no está en circulación para cazadores, pero se disparan a larga distancia, como un pequeño dardo de metal" ella asintió. "Como vera, su padre se ha dedicado a explorar el mundo y recolectar objetos de su interés, como la moneda de plata sagrada que habrá visto. Son cosas que hacen dar cuenta de lo que ya sabemos". "¿Qué cosa?" El hombre sonrió "que el mundo es grande y peligroso". Se le quedó viendo un largo rato. "Dame las llaves, el estudio se cierra por ahora". La chica le entregó el manojo de llaves y ambos salieron de allí. El hombre miró la espada antes de cerrar: el brillo rojizo no le pasó desapercibido. "Es una pena que esté lloviendo, no podrá continuar sus juegos en el jardín. ¿Crees que puedas entretenerte en tu cuarto?" Ella asintió "No es muy difícil, me quedó ahí la mayoría del tiempo" la dejó en su cuarto, ella lo vio alejarse con las manos en la espalda, el metal de dos llaves entre sus dedos. 


PARTE VI

NO ESTÁS A SALVO FUERA

Lucian Velmour tenía sofisticaciones y rarezas además del estudio. Sofisticados por no decir extraños. Por ejemplo mirar a todos los asistentes mas de una vez antes de asentir, o quedarse en la cocina cuando la cocinera prendía el fogón. No como tarea inútil, sino como espiacion espacial. Es como un mantra de hombre rico. 

En aquella fiesta se sentaba en una esquina mientras los demás bailaban. El vino rojo en sus dedos y el cristal ondeandolo como ola controlada. Era un margrave en la bahía del salón, controlando la orquesta con sonrisa petrea.

Eloisa hablaba con Lean y algún que otro invitado. Entre piropos y propuestas no se sentía a gusto en conferencia de amantes ocultos. 

Orelia se sentaba más al fondo, con su vestido de niña de porcelana. Nadie la miraba ni le sacaba a bailar. Aunque ella deseaba que pasara. Resoplaba de tristeza.

Hasta que ocurrió. Aquél chico rústico que parecía delicado se acercó a ella, tomando su mano. 

Lucian miró la secuencia completa: su hija se levantó y emprendió unos pasos, torpes pero tiernos, de vals. Tomando la copa con lentitud medida, no dijo nada.

Orelia por el contrario se sentía en una nube con pies descalzos, acariciando el suelo y disfrutando del pequeño baile improvidado que el joven le otorgaba. Era un obsequio de cielo estrellado en forma de movimiento. Su luz interior le sonreía al chico.


Se sintió princesa.

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–Los guardias hablaban en el sótano

–El chico escuchaba 

–La cabeza gacha

–Uno de ellos se acercó a al chico -se inclinó-

–Burlas

–El chico tenía el labio roto

–Moretones

–El guardia le puso la mano en el hombro

–Mas moretones

–Burlas

–Mika se levantó con paso resuelto

–Preguntó al otro guardia llamado Kilan

–Hambre

–Pasos

–Se alejaban

–Pasos

–Silencio

–Dolor

–Silencio

–Mas dolor

–Silencio

–Silencio

–Silencio

–Ruido

–Pasos

–Presencia

–Tintineo de llaves

–¡!

Nada más escucharlo el joven se movió como un rayo, agarró una lata, lo giró como una dropball apuntó- "¡Wow cálmate!" Dijo Orelia poniendo los brazos como escudo. "Vengo a sacarte de aquí".

El joven la miró, confundido: "¿De verdad?" con la voz más ronca posible. La chica asintió y le mostró la anilla de metal. "Gracias..." dijo con un hilo de voz dejando caer la lata. Ella se acercó y puso la pequeña. "Espera, ¿Como sabes que llave...?" La cerradura cedió. "Solo lo sé". 

Orelia dejó que se incorporase. Le tendió la bolsa marrón. "No lo abrí" él la tomó y sacó un frasco del líquido sabor durazno. Lo bebió como la última cosa que bebiera. "Había olvidado lo bien que sabe, ¿Segura que no quieres probar?" ella lo meditó un poco y decidió tomar un trago. El líquido bajó con un regusto dulzón y caliente. "Sabe a durazno" concluyó. "Claro, es la parte buena, pero además te cura. Un poco" Orelia se aproximó a las escaleras "Se fueron hacía la cocina, vamos antes de que regresen". 

Ambos salieron hacia el pasillo. Un rayo iluminó la sala. El mundo se sentía más pequeño que antes. 

Entraron a una habitación aledaña. "Tu espada está en mi cuarto" soltó Orelia, tenemos que buscarla. "¿De verdad? Sería mucha molestia pero..." Cuando ella iba a replicar se avalanzo con velocidad y le tapó la boca. "¿Q-que haces?" Dijo. "Shhh" creo que hay alguien cerca. 

Orelia guardó silencio. 

–Pasos

–Pasos

¿Los guardias? Agudizó el oído. 

–Silencio

–Pasos

–Silencio

¿Desde cuando eran tan silenciosos?. Un relámpago iluminó la habitación. Las sombras se alargaron. La mente de Orelia empezó a entumecerse y los pensamientos le empezaron a ir como con gravedad lunar. Los aromas se expandieron: sentía el olor a sal y sudor del chico, también el perfume de la fruta, lejos. El chico tenía poco pulso.   

Crack, crack. Alguien bajaba las escaleras. Tenía una cadencia balanceada, como si cada paso contase. Definitivamente no eran los guardias.

El aire se hizo más espeso. Las manos del joven olían a hierro y azufre, natural en el sudor. Orelia ya los diferenciaba. 

Después de lo que se sintió una eternidad volvieron a escucharse sonidos de pasos. Cada vez más cerca. Estaba del otro lado. 

–Respiracion

–Puerta

Sintió girarse el pomo. El chico no se movía. "Oye..." Dijo Orelia "Ya está bien ¿si?". Pero el chico parecía en un trance sensorial. 

–Silencio

–Ruido

Sus ojos se movian ante la menor partícula de polvo. 

De pronto se oyeron más pasos, esta vez Orelia los pudo notar. Los guardias. Orelia lo pateó, "auch" dijo el joven y la soltó. "Hay otra puerta allá" señalo con el dedo. El chico parecía pensar una salida. "Vamos".

Los dos entraron a la habitación de servicio. Grande como la anterior. "¿Alguna vez recorriste todo este sitio?" Soltó el joven que se aproximó a una tinaja llena de frutas. "Claro que sí, aunque no es que me entretenga. Vamos por allí" señaló una entrada. Abrieron la puerta. 

Orelia se sentía ansiosa y algo mareada. "Esa cosa me está haciendo efecto". Recordó el vino de Lucian, como su reflejo se ahogaba en el líquido fermentado de color sangre. Empezó ver las puertas mejor pintadas. 

Pasaron a la otra habitación, ya las voces se escuchaban lejanas. El barniz lo podía oler.

Llegaron hasta el salón principal. "Arriba está mi cuarto". El chico asintió. Sacó el papel arrugado. "De acuerdo a esto la llave esfera está en el jardín, ¿Puedes decirme dónde..." La chica le señalo "en aquella puerta, si sales por allí tendrás que pasar por el comedor, luego la cocina...". Un trueno iluminó la sala. La gárgola de la entrada se mostró mucho más prominente. El chico mascullaba algo con la palabra "viejo" mientras miraba por las escaleras. Se inclinó "Escucha, haz hecho mucho por mí y te lo agradezco, prometo no molestar más" empezó mientras la miraba "Pero por ahora tengo que ir al patio trasero. ¿Podrías guardar la espada? Será hasta que regrese, después de eso prometo irme. La chica parpadeó. El joven le sonrió. "Te ves graciosa" dijo, antes de pararse.

El corazón de Orelia se aceleró. El joven se alejó de la escalera y abrió la puerta aledaña. Le dedicó a la muchacha una última sonrisa. Tenía morado el labio, ojeras de koala pero aún se veía decente cuando sonreía. 

En ese momento se hizo el silencio, interrumpido por un rayo. Orelia se quedó quieta. Notaba el polvo mal limpiado de Naira debajo de la escalera, el vuelo de un mosquito, pasos a un kilómetro. Olía el sudor de Naira aún en el aire, el perfume de almizcle... Y caoba, muy fuerte. 

Se dio la vuelta, pero no vio a nadie. 

Sintió dos manos en sus hombros. "Señorita Orelia, le sugiero que vuelva arriba, está siendo un día complicado". El tono era tranquilo, pero había una tensión bajo la calma, notó la textura de su voz. Subió por la escalera pintada de barniz oscuro semi marrón. 

---

Encerrada en su cuarto y con la llave del estudio y la del cuarto de invitados en su bolsillo, miró al peluche y este le devolvió una mirada ausente. Se fijó como las gotas dibujaban distintas líneas de expresión, como una silueta triste de agua en la ventana. El frío era palpable, y las velas apenas llegaban a alumbrar algo. Orelia se sentía mareada. La oscuridad danzaba sus sombras. El peluche la miraba. Sus ojos le decían algo. La orden: no saldrás de esta. 

La espada estaba debajo de la cama. escuchaba su latido. El corazón rojo de la hoja se sentía como una lámpara, pero no alejaba a las sombras, ni la duda. ¿Volvería? Y lo que más le desconcertaba ¿Acaso no estaba equivocado? La llavesfera no podía estar en el patio. Tiene que estar en el estudio. 

Miró la puerta, que parecía más grande que antes. el peluche se hallaba extrañamente cerca. Apostado. "Lucio... No me digas que..." El peluche no respondió, pero un rayo particularmente cercano sacudió la ventana, dando sacudidas. El rostro empezó a llorar gotas de niebla. Se le erizó la piel. 

"Tengo que salir de aquí". Sabia que en el momento que ponga sus pies en el suelo, el juego volvería a empezar. 

Y esta vez no habría pausa hasta que la partida terminara. 

Orelia volvió a mirar a Lucio y recordó las palabras de Lean: "El rey no abandona la casa, solo se ausenta". Miro a Lucio de nuevo, el peluche estaba extrañamente quieto. Sintió un nudo en la garganta. Algo tenía que significar. Algo... No puede ser. 

Si se refería a eso entonces... 

El viento movía las bisagras haciendo tronar la ventana. 

Puso los pies en el suelo.

Tomó la espada y la empuño.    

A partir de ese momento ya no era Orelia, sino Onera: la guardiana de la llavesfera y esto era el castillo oscuro de Lucio.

Un último relámpago iluminó su figura.

Salió de la habitación. Las paredes ahora tenían grietas y se veían los ladrillos. Los candiles eran antorchas y el pasillo tenía un fondo más extenso. 

Onera(Orelia) suspiró, el baho impregnó su mano. La espada le pesaba. "Debo encontrar la llavesfera" fue corriendo por el pasillo.  

De repente su campo de visión se manchó de una luz, como ecolocacion mortecina. La onda salía de su habitación y recorría todo el pasillo desapareciendo al fondo, para volver con un verde-azulado pulso. 

"Lucio... ¿Qué haces?" Escuchó un graznido.  "El cuervo anda cerca" acotó, con temor.

Siguió corriendo hasta cruzar el umbral de la puerta de sus padres: una gran reja oscura se alzaba y al fondo percibió dos huecos celestes donde la lluvia caía a trompicones.

La puerta del estudio estaba al fondo. 

La luz de las antorchas parpadeó, asi que siguió corriendo, temiendo quedarse a oscuras. Sus piernas eran más ligeras pero el peso de la espada la desequilibró. Se estrelló contra el suelo de cara haciéndose un chichón en la frente. Le dolía la cabeza. 

La luz del pulso se volvió más roja. 

Las antorchas se apagaron. 

Se levantó como pudo y miró hacia atrás: la sombra se acercaba, lejos aún para vislumbrar su silueta. 

Siguió corriendo hasta llegar a la puerta del estudio. Esa cosa empezó a trotar, lo supo por los repiqueteos encabalgados. Su corazón iba a mil por hora cuando tocó la puerta.

La abrió y- 

¡Ah!

Profirió un grito agudo que le salió de dentro. 

Miró a su costado, vio al enorme cuervo-persona con un cristal en su córnea,

Se aproximaba.

 No tuvo más remedio que entrar

---

Allí los estantes estaban llenos de ojos dilatados dentro de cristales y frascos, algunos en vidrieras, otros colgados de cuerdas / incluso los cuadros tenían ojos que se movían. Sacó de su interior el frasco de durazno y lo bebió. "Concentrate, tiene que estar aquí, vamos" digo ajustando su vista, pero cuando parpadeó su punto periférico cambio; 

ya no estaba en medio del estudio, sino en un cuadro; su cuerpo estaba de pie, con la vista ciega;

Parpadeó y estaba en la mesa ratona; no sentía su cuerpo. No sentía nada más que el latido de la espada.

Parpadeó de nuevo y apareció en el líquido de durazno. Su pupila se dilató y parpadeó. 

Ya no estaba en el cuarto. 

«Ojos...» 

Sino en una frase de la carta: 

  «Ojos

por

     todos

lados»

Parpadeó y la frase cambió: 

«No estás a salvo

Fuera»

Volvió a parpadear, el líquido del tintero se corrió y manchó la carta, ahora se leía alquitranado. La luz de las velas reflejaba un negro que absorbía el amarillo del fuego como un agujero negro en una nova crepuscular:

«¿Qué demonios haces aquí,

 _V-_io_-le_-t_?»

Parpadeó

M-_-i_-_r_-_y_-a_-_m d_-e-_-j_-_a_-_d_-_e_--_l_-_e_-e_-_r_-y_-_a_-_y_-u_-_d_-a_-_m_-_e_-_

-A-_j_-e_-d_-_r_-_e_-z

Siguió parpadeando, las palabras le bailaban en la córnea con una gotita azúl: 

«Un-_-_-hombre--_-que-_-_-perdió-_-_-a-_-_-su hija_

--_-El-_-_-chico-_-_-

-_-cinco_-_-apostoles_-_-

La-_-_esp-_-ad_-a -_--_de-_-_Lumenar-_-

_Le dolía, 

su cerebro estaba por_–

***_¡BRAMM–MM–MM!_***

La puerta se abrió y el viento azotó todas las velas en un soplido fenomenal. Orelia sintió el suelo de madera contra su cara. 

Un graznido empezo a sonar por el lugar. El cuervo estaba sobre ella.

Orelia abrió los ojos y vio

La llavesfera.


PARTE VII

PRINCESA

En el carromato con otro sombrerero. Así recordó Orelia la primera vez que vio al Mayordomo llegar a la mansión. Su padre lo recibió con un abrazo y su madre con una sonrisa satisfecha. El sonreía con los ojos. El bigote espeso y estilizado, el mentón firme y el vidrio que brillaba como un solcito en su cara. Todo eso era el mayordomo en la cabeza de Orelia, al menos eso vio la primera vez. 

Cuando habló su perspectiva cambio. 

"¿Quién es usted señorita?" 

"Soy una princesa" dijo orgullosa Orelia. 

"Ya veo" –Ajusto su monóculo– Comprenderá que las princesas tienen que depender de gente como yo para que pueda brillar con luz propia". 

"¿Eh?" 

"Que nos vamos a llevar muy bien, señorita" dijo soltando una risa bonachona, mientras le acariciaba la cabeza. 

Lean siguió a Lucian por la casa mientras recordaba su monóculo, 

El solcito se reflejaba en el monóculo como espejo de la luz de Orelia.  

---

Los ojos de Orelia se nublaron: la llavesfera

destellaba como un oceano luminoso contenido en una perla al fondo de un mar oscuro. Se deslizó para tomarla. El cuervo la agarraba con sus brazos, pero ella lo empujó contra una repisa, destruyendo el cristal. 

Había tirado la espada lejos, pero logró tomar un fragmento puntiagudo. Lo apretó hasta derramar la luz vital de su palma y clavarlo, el cuervo e deshizo en cientos de plumas negras. 

Los cuadros la miraban sin juzgar, sin pasión, como un párrafo hecho para saldar. 

Orelia siguió arrastrándose hasta alcanzar la esfera y al tocarlo la habitación volvió a la luz.

Onera(Orelia) se puso de pie y con la llavesfera en su mano vio materializarse el cuervo-persona delante suyo. 

"No podrás detenerme" exclamó iracunda. 

El cuervo solo grazno y ella lanzó el puñal de su mano. El esquivó. Aprovechando la distracción corrió a su costado y le dió un topetazo. Sintió que volvía a perder su cuerpo, apareciendo en un cuadro artístico bellamente incómodo. 

Parpadeó... y de pronto estaba frente a la salida. Sin la espada pero con la llave, salió de la habitación. 

Fuera, el pasillo estaba oscuro, pero la llavesfera se movía como una premonición del nimbostrato. Eran nubes de tormenta contenida en la palma. 

"Tengo que ir por el principe" dijo y bajó corriendo las escaleras. La oscuridad interrumpida por los relámpagos. Onera se detuvo.

–Silencio

–Ruido

–Derecha

Osciló y esquivó un ave gigante que siguió de largo hasta estrellarse contra la mesa del salón. 

"No me vas a atrapar" gritó con violencia 

Corrió hasta el fondo de la casa y empujó la puerta con el hombro. La potente ráfaga le dio de lleno en la cara. El ambiente se enfrió varios celsios. Siguió corriendo.

Tropezó y cayó. Le sangraba la rodilla. Había un cuerpo ensangrentado delante suyo. Soldados tirados en el barro derrotados, con líquido marrón saliendole de las tunicas, era como Bergamo-

¡THUD!

El hombre-cuervo apareció en el umbral. "¡Vete!, ¿No te dije que no te necesitaba?, ¡Deja de seguirme! Tus tontas ideas de ajedrez mira como a acabaron, ¡todos están en el suelo!" Se puso de pie, furiosa, y fue para atacar pero tropezó y cayó.

La esfera se le escapó de las manos y fue a parar a las garras del cuervo. 

La tormenta le empapó el rostro, gimoteaba y sollozaba. Le costaba distinguir lo que veía y lo que no, pero un brillo de cristal la cegó. 

Escuchó pisadas por el barro... 

"Señorita Orelia, vas a tener que volver a la casa, esto se pondrá peor" dijo con las manos en la cara para ver en la tormenta. "Rindase"

Orelia parpadeó, Lean se aproximó con la esfera en la mano. 

Se volvió a poner de pie.

Alguien estaba detrás...

"No voy a rendirme, no voy a dejar que–"

Sintió una mano posarse en su hombro izquierdo.

Lean se detuvo. 

Un filo rojizo emergió de su lado derecho. La mano que lo presionaba bajó hasta el frasco que la chica tenía en los remedos del vestido, Orelia sintió su mano en el bolsillo y agarró el frasco y se lo bebió entero. 

"¡Dame la llave!" Acotó el joven, devolviendo el frasco a las manos de Orelia. Ella lo tomó sin mirar. 

"Tienes que entender que no puedes llevártelo, no te pertenece" respondió Lean, con un deje urgente pero compuesto. 

Orelia distinguió los truenos del cielo, y la espada centelleaba a su lado como una extensión de la ira contenida del chico. 

"¿¡Tienes idea de lo que me hicieron pasar!? Anciano, lo dudo. No tengo otra alternativa, o me lo das o-"

El siguiente trueno iluminó el umbral y Lean se movió como el ray-

¡¡SHRAKK!!

La espada expulsó un voltio de luz que entró por la puerta como si fuera una boca, los cristales se partiron por el impacto y la joven se cayó hacía atrás. 

---

Después del retumbar, los oídos de Orelia solo escuchaban un pitido. Cerró los ojos. 

Poco a poco volvió a escuchar. 

"¿Estás bien?" Dijo el chico, mientras la ayudaba a ponerse de pie. Al mirarlo de cerca se percató que le corría una mancha de sangre por todo el rostro que le daba un toque sombrío y decadente. 

Miró la espada con un color rojo lava "¡Me pusiste esa cosa en el hombro!" dijo crispada sin pensar. el joven parpadeó dando un opaco asentimiento de cabeza. "Si, te lo debía por robarme el frasco. Eres rápida" – "¿Rápida? Perdí esa espada en el estudio hace unos minutos, no sé como hiciste para ir y regresar".

El joven paso al lado de ella. 

Onera puso el frasco en sus labios (que aún contenía algo de durazno) y lo siguió. La tormenta la empapaba, pero no sentía el frío. La casa parecía silenciosa, salvo por el viento que le daba un aura temible. 

El chico se acercó a la entrada y tomó la llavesfera. 

"Hora de salir de aquí–" 

Lean tomó su mano. "No tan rápido". El chico lo empujó y Lean se puso en guardia. Sacó un estilete. 

"¿Sabes pelear, anciano?"

"Diez años en la guerra de los centinelas" dijo empuñando el filo blanco "Poseedor de la energía ancestral del águila" 

El chico arqueó una ceja. 

"Vaya, con razón eres tan metiche, tienes velocidad sobrehumana"

En un parpadeó Lean atacó, el chico esquivó por muy poco. 

Orelia se quedó muda. 

Era rápido. Muy rápido. El chico apenas le podía seguir la finta. 

El relámpago iluminó el cielo encapotado. El joven lanzó un tajo rojizo que Lean esquivó por los pelos, haciéndolo Retrocer varios pasos. 

Ondeo el estilete.

"No pelea mal. ¿Está entrenado?"

"Algo así" dijo sonriendo, su respiración agitada delataba su cansancio "Pero estoy en mi límite, anciano. Ven a acabar conmigo"

La espada del joven empezó a dar destellos eléctricos.

Orelia miraba a Lean y al joven. Sus pies seguían clavados en el suelo. 

El siguiente movimiento decidiría todo.

Lean miró con su ojo clínico: no mentía. Si lo alcanzaba se acababa todo. 

El rayo centelleó iluminando el monóculo. 

Lean empezó a correr.

El chico elevó su espada, pero sintió un fuerte golpe en su pecho, luego otro en su mandíbula. Lean usó su rodilla para tirarlo al suelo. 

La espada voló y se clavó cerca de donde estaba Orelia. 

El chico impactó contra el suelo, le brotó un hilo de sangre de la nariz. Lean lo tomó con los brazos en la espalda.

"Hora de terminar con esto" dijo Lean. 

Orelia tomó la espada.

Lean se detuvo, miró el filo de la espada despegar sus rayos rojos en su monóculo. 

"Señorita Orelia... No lo intente"

Orelia apuntó al mayordomo. Presionó la empuñadura hasta que sus manos se tornaron blancas. Miró el brillo del monoculo, como una pequeña tormenta y se fijó en el ojo derecho, miró su tristeza en su ojo azul. Sintió su miedo.  

No podía. 

Lean seguía mirandola con preocupación. 

Bajó la hoja.

El joven tosió. 

Lean se percató tarde del brazo suelto del jóven con el cascarón.

El joven lo rompió

"Qué estás–"

De repente sintió su cuerpo entumecido, cayó de costado, inmovilizado. Aún respiraba con dificultad pero no podía moverse. El cuerpo entero le hormigueaba.

El chico se puso de pie con dificultad. "Cuerpoespin, te falta costumbre para soportar su electricidad. Yo estoy demasiado... habituado"

Siguió caminando mientras tomaba la llavesfera. 

Bajó por los escalones directo a Orelia. Agarró el frasco de su mano y le dio un trago. "Ya está" dijo dándole unas palmaditas. Gruñó por el peso, que arrastraba por la tierra. 

Se movió cojeando recto por el jardín. Pisando las margaritas y los lirios. Tenía el cuerpo entero magullado y se movía lentamente. 

"Espera" dijo Orelia siguiéndole, sin prestar atención a los cuerpos heridos del suelo. El joven principe se dirigía a paso firme hacía el muro. La tormenta mecia su cabello y parecía tener una larga capa en su-

"Deja de seguirme... Por favor"

Orelia se detuvo, confundida. 

"Pero... el cuervo estaba compinchado con Lucio, sabía que él no podía ser el verdadero principe, eres tú, tú eres el principe que vino más allá del muro ¿No recuerdas? Me diste la mano en la fiesta... bailamos, sabia que volverías, eras tú..."; 

El escupió el suelo, aún sintiendo las pulsadas de Cuerpoespin en todo su cuerpo. Se giró y se acercó. Hincó la rodilla maldiciendo por sus huesos maltrechos, para estar a su altura: 

"No soy un principe. Me llamo Rodia y esta es la primera vez que estoy aquí" Acotó despacio. Un rayo iluminó su rostro, la sangre de la frente se secó, pero se le notaba agotado. "Solo vengo por la llavesfera. Te lo dije. Todo el caos que hice... me hizo mierda. Tuve que defenderme de gente muy jodida y solo quiero irme a dormir. me duele hasta en lo más recóndito, cuando vuelva tu... padre dile que no fue personal..."

Ella negó con la cabeza.

"Pero... ¿No vienes a rescatarme? Crei que me enseñarias el sur y me enseñarias a pelear... Creí". 

Rodia miró los ojos dilatados, que antes había dicho que eran "graciosos". Tomó el frasco con la medicina de la mano de Orelia. 

"Estás delirando. Bebiste mucho de esto, no debí ofrecertela, tiene efectos secundarios, no es apta para todo el–" 

"_¡Por qué no quieres llevarme!_" gritó la joven, con su voz herida. "¿Acaso no soy lo suficiente para tí? ¿acaso no mostré que soy capaz? Que debí hacer, dime por qué–" 

"¡Porque es peligroso!" atronó el joven también, perdiendo su entereza. "Perdí a mi familia y lo único que tengo es a mi hermano, lo necesito de vuelta ¿Entiendes o no? ¿Qué te pasa en la cabeza? Basta ya". 

Ella lo empujó.

"¿Así que me usaste para conseguir la llave?"

La lluvia atronaba, su rodilla le dolía, su mano sangraba.

"No. te dije mi meta desde el momento que nos conocimos. Entiéndelo: no puedes venir conmigo. Tienes una familia que se preocupa, que te cuida... que te quiere"

"¡Ellos no me quieren, toda mi vida estuve encerrada aquí! ¿¡Por qué me querrían!?" 

Unos pasos más allá reveló a Lean con paso agotado. "No otra vez viejo, estoy en una racha de mierda" dijo Rodia apretando los dientes, le costó ponerse de pie, tomó la espada deseando no tener que usarla. Estaba en su límite.

"Orelia, estarás a salvo si te quedas, no estás bien... querida"

¿Querida? Nunca le había tratado asi. 

«Tienes una condición extraordinaria que no puede ser tratada aún; si sales fuera tu estado empeorará, necesitamos investigación para entender cómo funciona, tu padre y tu madre están aquí para abrigarte, mientras pueda haber una posibilidad de entender quizá haya una forma de tratarlo" 

"No puede ser... No" se le nublaron los ojos. 

"Tienes que creerme Orelia". Dijo Lean que tiró el estilete. 

"¡Por qué no me lo dijeron! ¡Por qué me lo ocultaron!"

"No sabíamos cómo responde realmente por eso no te dijimos nada"

La tormenta arreció. Rodia sintió un cambio en el ambiente, como si estuviera por aprontar un tornado. 

"Qué demonios..." Susurró.

Pero el viento se detuvo.

La muchacha se encogió en su sitio y se echó a llorar. 

"Los odio..."

Lean se acercó la tomó de los hombros y la abrazó. Los pequeños voltios de la espada de Rodia centelleaban. 

El mayordomo tomó a Orelia y la cargó contra su pecho y miró a Rodia.

"No voy a perseguirte, muchacho. Ya te dije que mi intención es cuidar la casa, si te vas y no vuelves estaré cumpliendo mi propósito" 

Rodia lo miraba "No confío en ustedes, anciano ¿Después de todo lo que hiciste para llevarte con la llavesfera quieres que me crea eso?" 

Lean asintió. 

"Lo sé. Pero yo también estoy herido y a veces es mejor saber cuando dejar las cosas en tablas". 

"¿Puedes prometerme que esa chica estará bien?" Dijo con un deje en la voz, ondeando la espada. La chica ocultándose en los brazos del hombre, mientras negaba "No puedo garantizar nada, lo siento. Pero puedo prometer que mientras yo esté en la casa mi intención será que no se haga daño, ni dañe a otros" 

El chico asintió. "Está bien". Miró atrás, un batallón de guardias se aproximaba desde la casa.

Orelia vio como el joven se alejaba sin decir palabra. Sus ojos llorosos. 

Rodia la miró por última vez. 

"Hasta pronto, princesa". 

Justo cuando los guardias estaban a punto de alcanzarle, puso el filo en el suelo y la espada lanzó un tronido. Lean tapó los ojos de Orelia. 

Cuando los abrió solo había humo y fuego en las margaritas. Una hilera se extendía más allá del muro, como la estela de un cometa. 

Orelia sintió como el vacío en su pecho regresaba. Se sintió como el grifo, goteando en silencio, sujetandose en el regazo del mayordomo.  

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