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| This is what you wait for, heavy is the crown!!! |
«Levanta el puño»
Violet estaba en la silla, luego de golpear al rubio y bajarle un diente. Lo rajó llorando a su casa. Ella dijo que se lo tenía merecido, pero no dio detalles de por qué. Vander se enteró por medio de Mylo, que imitaba el golpe con un osito de peluche. Cuando el chico le dijo de dónde venía ese ánimo, Vander se quedó paralizado, gruñó y se fue sin decir nada más.
Después de unos minutos fue al cuarto de la chica y, en efecto, un poco de sangre seca se hallaba en sus nudillos. Lo primero que hizo fue tomar su mano y lo segundo pedirle más detalles de lo ocurrido. Violet dijo que «No fue nada».
«Solo se hizo el gracioso. Se piensa que puede joderme.» Dijo masticando las palabras.
Una leve mueca se formó en la cara de Vander.
«Eres fuerte, lo podías haber noqueado» dijo, con tono bajo, mirando sus nudillos.
«Él también es fuerte. Su cara se sintió dura.» Dijo con cierto orgullo. Definitivamente la había fastidiado. ¿Qué había dicho ese chico?.
«Tu fuerza es distinta. Tienes talento para golpear» dijo mirándola. «Esto no lo había visto nunca en alguien de tu edad.»
Vi rodó los ojos.
«No seas dramático, bestia de Zaun: Te conocían por lo mismo.» Soltó con un deje de cansancio.
«Es distinto. Soy grande. Siempre fui grande.» Terminó seco. Vi se cruzó de brazos y no dijo nada más. Vander se le quedó mirando en silencio por un rato. Luego miró los pósters. Luchadores de distintos tipos de artes marciales, algunos famosos por el wrestling, también de chicas famosas por su talento en la pelea,
y otra más oculta en bikini. Chapó. Vander sonrío. "Son el día y la noche" - se quedó con esa conclusión.
Powder era menos extrovertida, más melancólica. Atenta y aguda, con interés especial por los juegos y los puzzles. Vi era un águila desplegada.
Una pelota en caída libre.
«Está bien ser fuerte, defenderte ante imbéciles» comenzó con un tono apagado «Pero la fuerza es ciega.» Se sentó en una silla. «Es un efecto de peso.» Terminó.
Vi se quedó perpleja, como diciendo "qué mierda estás hablando, Vander".
«Dime, ¿qué pasaría si te enfrentas a uno de esos tipos que ves en tus historietas?» dijo de repente.
Vi pareció divertida por la pregunta.
«Lo golpeo.»
«¿Y si no se cae?»
«Lo golpeo más fuerte.»
«¿Y si no se cae?»
«Lo golpeo hasta que caiga.» espetó dudosa.
«¿Y si viene uno más fuerte?»
«... no lo sé.»
Vander suspiró, quería llegar a ese punto. «Hay peleas que la fuerza no tumba. Siempre puedes superarte... pero habrá algo superior. Aprendí eso por las malas. Mira, no es alentador lo que te voy a decir, pero a veces tienes que saber cuándo es mejor retirarte y cuándo es bueno golpear. Si te dicen algo que no te gusta no deberías irte a las manos, debes aprender a controlarte e ignorarlo. Aprender... a rendirte.»
Vi frunció el ceño. La palabra 'rendición' era una línea divisoria demasiado grotesca para ella. «Qué gilipollez. Si de verdad piensas eso entonces todo lo que te dicen es cierto. Eres un cobarde» dijo, empezando a enfadarse. Su lengua era afilada y cortaba al raso.
«Golpéame» acotó Vander, tranquilo.
«¿Eh?»
«Dijiste que golpeas, ¿o no?» Levantó la mano.
A Vi le brillaban los ojos, pero lo escondía bien. Le dio un golpe seco.
Vander apenas lo sintió.
«Eres buena.»
«No seas arrogante.»
«Lo digo en serio: Claggor golpea parecido y es un grandullón.»
Volvió a golpear.
Vander lo sintió un poco más.
«Qué curioso» dijo «¿Estás golpeando con todas tus fuerzas?»
«Algo.» No mentía, Vander se dio cuenta.
«Otra vez. Soy la bestia de Zaun, no te contengas» dijo.
Vi golpeó con todas sus fuerzas. Una sonrisa se dibujó en su cara al ver a Vander cerrar los ojos.
Después de unos segundos
«¿Eso es todo?» se preguntó el mayor, abriendo uno, casual.
«¿Eh? Pues... sí» dijo consternada.
«Antes golpeaste más fuerte» aclaró.
Como si tuviese monos en la cara, Vi le miró. Vander pensó
Y un rayo atravesó su mente
Claridad,
«Golpea otra vez.»
Vi apretó el puño y asestó otro golpe.
«En serio pegas como Claggor.»
Dio otro golpe.
«Ahora como Mylo» Concluyó indignado.
La miró un segundo: su condición física era delgada, "skiny", hasta para una chica de su edad le faltaba ciertos atributos. Su propia madre a su edad era mas... En fin. Una chica así no debía alcanzar a mover un saco de boxeo.
«No tienes fuerza» determinó, frío. «¿Cómo demonios hiciste para sacarlo llorando? Ese chico era grande» soltó sabiendo que la provocaba.
Ella volvió a golpear. Gruñó al ver la expresión mansa de su maestro, frustrada
Vander siguió sin sentir nada.
«¿Ya está? ¿Tanto que pegas y ese es tu techo? Vamos a suponer que él tenía razó—»
¡POOOM!
Vander soltó un leve gruñido, sintió como cuatro filigranas atravesaban su palma. Apartó su mano por instinto. Tenía hormigueo y las cejas enarcadas.
Le había dolido.
«Ni se te ocurra...» siseó Vi en un tono bajo «darle la razón.»
Vander la miró, perplejo:
«¿Por qué? ¿Qué dijo ese chico?»
«Dijo que Powder era una huérfana hambrienta.»
Los ojos de Vi parecían centellear como un tigre de bengala.
«Ahora lo entiendo» Acotó Vander sonriendo. «Cuando te hablé de Claggor no golpeaste más fuerte porque te comparé, sino porque pensaste que me metí con él al decirle grandullón.» Rio un poco.
Vi parpadeó, agitada, iba a volver a golpearlo
«Fue un malentendido, lo siento» dijo Vander levantándose de la silla con las manos alzadas.
"Su fuerza no es ciega" pensó mientras se acercaba a ella y tocaba su hombro.
"No es efecto,
Es afecto."
«Me merezco tu golpe, no debí decirte que ese chico tenía razón. Se mereció ese puñetazo.» dijo seriamente. «Me equivoqué. Si te enfrentas contra el siguiente que se te plante, levanta el puño»
Tomó su mano cerrada como una joya
«Y protege a Powder.»
Vi parpadeó, respiró hondo y asintió.
La fuerza de Vi no es por efecto del peso bruto. Es afecto por el peso del corazón.
...
La prisión de máxima seguridad Stillwater recibía a una nueva reclusa.
Violet era arrastrada al interior de su celda donde pasaría los próximos años en plena miseria. El reloj marcaba las cinco de la mañana del resto de su vida.
Suena como un final,
pero es un principio.
Cuatro comidas al día, ducha en la tarde y dormía. Recibía noticias del exterior por medio de los periódicos y el entretenimiento se reducía a golpear una pera en el gimnasio. Todo sería monótono y sencillo, si no tuviese que lidiar con el resto de internados durante el día. Todos la miraban como una especie de alimaña. Algunos se acercaban con intensiones escondidas, otros la amenazaban. A estas alturas no le importaba: ya había borrado sus rostros. Sus formas... solo eran manchas que pasaban a su lado. Otras que chocaban y le metían palizas o que se desahogaban con ella. Todo era una gran mancha, como aquella que vio en el suelo la primera noche.
La primera noche.
Las manos de los guardias.
El sonido brusco al empujarla contra el suelo. El sonido metálico de los barrotes al cerrarse.
El sonido.
Cuando resbaló también descendió con ella
«Powder.» cayó la palabra como una llave en el retrete. El recuerdo de su mirada asustada le colmaba. No tenía razón para culparla, ya no tenía sentido.
Pasó una hora mientras el sonido de otros internos parecía elevarse como un eco. Sollozaba.
«Lo siento... Vander.» dijo arrastrando las silabas. Su cuerpo se sentía cansado, se hacía un ovillo en el suelo. La piedra dura y gris le daba un reposo difícil.
Se puso a llorar.
«Si tan solo pudiera regresar...» Pero no podía hacerlo. El tiempo no regresaba,
al menos no para ella.
Pasaron varios días.
Su estadía fue difícil, nadie la trataba bien y comía menudencias. Su único consuelo era pensar que su hermana al menos estuviera a salvo.
El resto daba igual.
Pasaron meses.
Empezó a desdibujar sus rostros.
Nariz,
Boca,
Ojos.
Poco a poco.
Cada mañana se imaginaba liquidando mentalmente una parte del que le robaba la comida.
Del que le decía cosas obscenas.
Del que se burlaba de su padre muerto.
Todos ellos se volvieron una mancha borrosa.
Incluso las cosas lo hicieron.
La comida, el gimnasio, la pared.
La pera.
Todo perdió color.
Y sabor.
Pasaron años.
La textura... Todo perdió su porción.
Excepto aquél recuerdo con Powder que mantenía en la memoria.
Esa claridad que tenía color verde esmeralda.
Nada más importaba. Excepto ese verde y el maquillaje. El rimel, el lápiz labial rosa terroso de cada mañana. No lo hacía para nadie de alli. Todo quedó borrado y tapado con el delineador. Su sombra era para ella. Y aunque algún valiente le preguntaba para qué necesitaba ponerse así en un reclusorio, nunca lo aclaraba. Era una verdad que solo ella guardaba bajo llave.
Eso fue lo único que hizo durante mucho tiempo.
Hasta ese día.
«El submundo te comerá viva» dijo Vi sarcástica.
«Entonces vendrás conmigo» contestó Caitlyn.
Vi se quedó atónita.
Por primera vez después de muchos años. Por primera vez daba un paso hacía la libertad.
Y empezaba a recordar.
...
Pasaron todos los eventos. La caída de Silco, la furia de Jinx, la dictadura de Caitlyn y la liberación.
Estaban en la mesa de operaciones
Era el último paso.
Con la precisión de un cirujano, Caitlyn trazó la hoja de ruta que Vi seguiría.
«Eres el pilar, las manos de Piltover»
Vi suspiró. Sintió la firmeza en la voz de la mujer. Porque eso era: una mujer. Ya no era la joven caprichosa y mañosa que había conocido. Ya habían estrechado su lazo, como un cañon, directo a la alcoba. La celda fue un lecho. Con un halago tomó su mano fría. Recordó aquella vez. El suelo de la celda estaba helada pero el pecho era un horno, firme y adusto. Hermoso y equilibrado como una mordida. El recuerdo intacto colmaba el sabor del momento.
«Lo haré» dijo convencida en el fondo, pero la voz salió dudosa, blanda: Un melocotón hervido. Tragó saliva. Algo no estaba bien en ella. Un precio demasiado grande había tras el trato. El trabajo entintado de su vida.
¿El objetivo?: Aquella mujer de más allá del océano. Aquella dictadora de mano dura y voz áspera como una granada. La mujer más aguerrida que existió.
O eso pensaba Vi, que todas las mujeres lo eran. Todas las granadas explotaban en la cara
y caían como trompada.
...
Pero Violet no se equivocaba con Ambessa.
Ni los campos que la vieron nacer, ni las manos que la acunaron. Ni siquiera los nombres que grabaron su destino.
Ambessa Medarda caminó por primera vez sobre un cadáver cuando apenas sabía pronunciar su apellido. No fue una elección: fue una consecuencia. En Noxus, la infancia era un rumor atado con alambre.
Su madre le enseñó a hablar con una daga. Su padre le enseñó a desconfiar hasta de su sombra, porque jamás lo conoció para empezar. El afecto se medía en cicatrices bien cerradas. El fracaso, en las que sangraban.
«Somos marcas de guerra» le había dicho una vez su madre, sosteniéndole el mentón con dedos callosos. «No herederas. No hijas. No amantes. Marcas. Y si dejas de arder, otra marca tomará tu lugar».
Ambessa nunca se permitió enfriarse.
A los catorce ya lideraba escaramuzas. A los diecisiete tenía una reputación. A los treinta, un imperio en la sombra. Donde ella ponía el pie, la tierra temblaba. No por ella —decía—, sino por lo que traía detrás: ejércitos, acuerdos, amenazas. Un futuro que no pedía permiso.
No tenía tiempo para el arte ni para el amor, salvo como herramientas, salvo como placer pasajero.
Hasta que nació Mel Medarda.
Y por primera vez, no supo qué hacer con algo que no pudiera conquistar.
...
Recordaba ese momento.
Madre e hija y un pequeño blues que describió la corteza.
Estuvo con los efebos aquél día. Mientras sostenía un vino, sus amantes acariciaban su cuerpo repleto de cicatrices. Las líneas ardientes de batallas pasadas y el placer traido en pequeños sorbos. Una estela de bellos párpados, caídos. Corruptos por el manantial de la plata y el bronce.
«Oh, Mel, ¡Qué agradable sorpresa!» dijo tomando un trago con gracia. «Ven a divertirte. Patrick estará complacido de servir a todas los Medarda esta tarde aburrida.»
A Mel se le crisparon los vellos del brazo. La sola idea de pasar un día agasajada de aquellos chicos le parecía igual de placentera que una patada al hígado. «No. Gracias. Solo vine por una carpeta. Tengo trabajo que hacer. Sabes perfectamente que esto es importante.» Miró al chico; «Patrick puede prescindir de las caricias.» Concluyó con una sonrisa apagada.
«¿Te refieres a Piltover? Sabes que son un montón de cerebritos sin un apice de control geopolítico. Armas, luces y artificios. Lidiar con ellos es problemático.»
«¿Problematico? Ja, no me digas que la gran conquistadora no sabe como tratar con hombres pensantes.» Replicó directa.
Ambessa ignoró el comentario y siguió con su tono, apacible «Solo digo que no te subestimes, querida: aquí gobierna el que mejor entiende el juego. Y tú tienes el toque de seda. No lo olvides.»
«No lo hago.» contestó sosteniendo la palabra como un palo contra el viento. Se ajustaba el vestido mirando a los chicos dispuestos a atacar con sus (largos) sables enhiestos. «¿Tienen que estar aquí, mamá? Preferiría intimidad...»
«Se qué no te subestimas» Dijo su madre, ignorando lo último. «Pero dime: si llegase el momento de poner un orden, y no hablo de un sostén, sino de una muralla ¿Lo harías? Y más importante: ¿Cómo?. Un pueblo rebelde es como una cerilla encendida que no tardará en consumirse.»
Mel suspiró. «Piltover no es un pueblo consumido, madre, están abiertos al diálogo y la paz. Si tengo que poner murallas colaboraré con los arquitectos. Son inteligentes.»
Ambessa bebió con lentitud mientras dejaba que las caricias le animarán a continuar entonando. «Hija, sabes que la palabra correcta no es colaboración. No somos misericordiosos. Tú menos. No eres una chacha sin claras, hija de mi sangre, una regente. Los grandes vínculos solo se mezclan en el campo de batalla: allí los recuerdos del sexo se funden con los grandes sinsabores de la tierra. Pero tu deber es permanecer arriba, sostener el agua a mano y actuar como un zorro» acariciaba el mentón de su amante mientras seguía, con ojos brillosos, suspirando de placer, mirando a Mel en una lágrima: «Para el momento sea propicio despojar de tus ropas y volverte una fiera de ojos abrasadores. Tu fuego tiene que arder como la chispa del pueblo consumido, pero con la dirección del pegaso alado hacía la nueva época. Un corazón estrellado hacia una nueva conquista.» terminó con grandilocuencia mientras soltaba un gemido.
«Tú y tus metáforas, Madre. Solo hablas así cuando estás cómoda.» Se impulsó con la palabra "Merciful" y se enojó: «Se nota que estás disfrutando del sable de Patrick.» acotó fría. «Pero no estoy de acuerdo con tu idea de conquista, lo sabes: somos distintos al resto de Noxus. Ellos piensan que el orden es el poder de las masas. Solo piensan con la rudeza de los martillos. Aprenderemos de Piltover. Iré allí y traeré el fuego que la falta a nuestro pacto, un fuego celeste. Cálido. No abrasador.» Pensó en los ojos de la princesa de Ionia. «No muerte. No dolor decrépito. Disfruta atravesandote todas las espadas que quieras, que una sola gota no llena la corriente de sangre. ¿Te gustan mis metáforas? Las aprendí de un lobo.» Dijo ajustando su brocado yéndose con paso seguro.
"Ésta chica..."
Ambessa no olvidaba ese día, y le dio por recordarlo cuando estaba a bordo de avasallar aquel fuego colaborador de Piltover.
«Apagar todo rastro de calor
Ese es el pacto.»
...
En el presente el batallón de los Medarda estaba en la orilla.
Vi se quedó cerca de las tropas, en una de las esquinas. Miraba el mar al fondo, el viento soplaba con aire caliente.
Pensó en su hermana. Trató de recordarla de niña, la pequeña y poco convencida —de sí misma— Powder. Trató de imaginar su cara, su nariz, sus ojos con forma de lémur, pero no logró visualizar absolutamente nada. Podía pensar en Jinx, claro. Pero ese recuerdo verde... era difuminado, borroso, alejado... como un cuerpo celeste.
(¿heterocromia mental?).
Escuchó el primer cañonazo y el grito de sus aliados. Se puso en marcha.
Empezó a correr por las líneas de fuego con el recuerdo a ciegas, tratando de armar el rompecabezas.
Las fuerzas de Noxus se aprontaron al campo como un batallón organizado. Se escuchaban sus cañones disparar en brasadas largas filigranas de plomo. La lluvia de proyectiles caía a su costado, arriba, abajo, todo estaba marcado y a punto de desaparecer. Si no lo hacía ya. Ayudó a unos Piltonians golpeando algunos oplitas con su fuerza descomunal, su derecha encajó en un soldado, pero era duro; después de varios golpes su mandíbula tronó y cayó al suelo con la sutileza de un trapo. Suspiró. El día no era prometedor. Las nubes empezaban a formarse y tenía todavía mucho trabajo que hacer. Siguió golpeando, a veces sin ver la aniquilación.
...
La batalla se había torcido en favor de Noxus. Los soldados se congregaban, mientras tiraban los cadáveres de Piltonianos en una manaja disuelta. Cuerpos irreconocibles por la violencia. Cuando hubo un gran número, difícil de enumerar a ojo, se detuvieron en fila. La mujer de más allá del océano descendió de su flota y apareció: era alta, fuerte y recta. Un mástil y una bandera, ondeando al viento. La gravedad de su representación pesaba tanto como su habilidad en combate: y así lo hizo ver. Caitlyn disparó su cañon y frenó el arma de energía hextec con una sola mano. Era demencial. Sacaba las cadenas y los lanzaba con dos hojas ardiendo, enganchando y por pura fuerza bruta derribando Piltonians. La mujer sonreía. El campo de prácticas era su campo de batalla. Siguió subiendo la apuesta: golpeaba, esquivaba, y se movía implacable. Un siniestro: imposible de evitar. Pero Caitlyn no se amedrentó: el objetivo era derribar el cascarón dónde Victor apolillaba. Confiaba en su gente.
Confiaba en su chica.
Ambessa volvió a girar sobre sí misma estilo peonza, rajando gargantas con el filo de sus espadas.
...
«We are merciful» rezó Mel, cuando su madre le dijo lo que significa su linaje. Una marca de guerra. Ambessa sonreía, esa chica era astuta pero poco práctica; la cabeza devanada de la princesita de Ionia ajustó un par de tuercas en su carácter. Había sentido el peso cayendo y sus ojos abandonando el castaño. Su enfado iba creciendo; cuando más trataba de entender, más difícil era. Recordó ese momento cuando la vio de frente y empezó a lanzar todo lo que tenía contra su madre. Ella esquivaba y la superaba en términos de fuerza y destreza. Decidida, con el punto ciego cerrado, Ambessa avanzó. Impecable. «Still a Fox».
inmediatamente después Caitlyn cayó derrotada. Su mentora era demasiado fuerte, quizá demasiado para su propio talento bruto. No debía haberla enfrentado de cara. El cascarón fue un decoy y solo quedaba morder el polvo. Intentaba golpear, pero ella esquivaba e interceptaba, un buen puñetazo la había dejado en un banco de estrellas. Mel a su lado usaba su poder para tejer barreras que su madre sobrepasaba, ese condenado amuleto atado a su brazo. Si tan solo pudiese arrebatarselo... Pero una nueva patada la dejó fuera de combate. Sus ojos se nublaron, la lluvia empezó a manar de su nariz. Pudo ver la tormenta aproximarse a su cara: «Se acabó, niña» dijo la fría voz de Ambessa. El golpe que sellaria el destino casi aterriza, pero jamás impactó.
Se escuchó una explosión. Una figura apareció en el área al mismo momento que Mel caía rendida por exceso de esfuerzo. Su potencia agotada. Con un último intento miró a la figura aparecida que se erguia y notó que ella hacía lo mismo. «Esos ojos..» El recuerdo de la niña de Ionia se cruzó y —sin querer— ambas se alinearon. Los ojos sin luz de la princesita y las iris de la chica diferían con la intensidad de una luciérnaga en un tarro y un fuego abrazador dentro de una esfera, contenida. Una chispa vacilante.
Una llama crepitante y celeste.
Por un segundo el fuego fluctuó y desnudó la flama. Vio otro color. Otra niña. El pensamiento se le resbaló de las manos cuando sus piernas cedieron. cayendo, inconsciente.
Vi dejó de ver a Mel y se giró hacía Ambessa, gritando
«¡Suéltala!»
Ambessa tomaba la mandíbula de Caitlyn. que no podía defenderse estando demasiado ebria por los puñetazos y el esfuerzo diluido en una botella. Embotada.
«Vaya, pero si es la Zaunita» dijo con un deje de jolgorio en su voz, le quitó las manos de encima a la franco, la imagen era bastante angulosa y cruda; un mandril que deshojaba una margarita. «No te preocupes, ella y yo solo estabamos ajustando... cuentas pendientes. Ahora es tu turno, guerrera». A Vi le exasperaba la confianza de la mujer. Apretó los puños de metal para remarcar su distancia.
«De verdad te crees que puedes dominar el hexcore? Eres más tonta de lo que pensé» Dijo Vi, no muy convencida. La llama crepitante y vacilante en su interior, ardiendo.
Ambessa avanzo con su paso decidido, Vi se puso en guardia pero la Noxiana la sorprendió con su velocidad y dió el primer puñetazo en el estómago, Vi exhaló el aire de un suspiro. El rostro de la guerrera se acercó a su oído, y le susurró con la voz de serrucho: «No es el hexcore, sino lo que sostiene; si las manos son débiles, el poder es débil». Vi arremetió con un derechazo que Ambessa esquivó con gracia y le dió otro golpe en la mejilla, esta se dobló y cayó en las escalinatas unos metros abajo. Por un momento su mirada quedó borrosa de verdad. «Esta zorra...». No era una zorra, era un lobo: Pero a Vi esa apreciación le traía sin cuidado. Se levantó, sintiendo el peso de sus manoplas. Miró hacía arriba: su contrincante bajaba con delicadeza, parecía disfrutar bajando.
Solamente descendiendo.
Se volvió a poner en guardia. La lluvia caía por los flecos de su cabello.
Ambessa volvió a arremeter y Vi se cubrió. La veterana esquivó de nuevo y volvió a interceptar, pero Vi no cedió esta vez y consiguió un manotazo firme. No era sensible con las manoplas pero Vi sintió el golpe, opinó que fue como darle a una roca. «Hermoso golpe» atajó la mujer y empezó a lanzar puñetazos más firmes y rectos, de boxeadora nata. Vi se cubría con disciplina, recibiendo los impactos, pero la técnica de Ambessa era más variada y una patada en la rodilla consiguió desestabilizarla, volvió a recibir otro puñetazo de lleno en su nariz, cayendo hacía atrás.
Vi siguió cayendo hasta terminar en el liso suelo. Sintió el olor a humedad de la lluvia y algo metálico. Sus fosas nasales se taparon. Se levantó y se sonó el coágulo. «¿Eso es todo?» Dijo con su particular sarcasmo. Ambessa sacó una risa seca, deliberada. «Sabes... siempre me intrigaste, ya te dije. Tienes fuego en tus venas. Pero cuando más peleo contigo más me doy cuenta de la diferencia entre nosotras».
Vi soltó otro puñetazo y Ambessa alzó la suya a la vez
¡PAM!
Cerró los ojos un instante y cuando los abrió quedó perpleja; su puñetazo se detuvo con el de Ambessa, empatando en fuerza. Imposible, las manoplas de Vi pesaban lo que un transporte entero.
Ambessa no se detuvo en apreciaciones y golpeó con su otra mano, impactando.
La guerrera desestabilizó una vez más la balanza. Vi quiso darle otro jab pero Ambessa la había anticipado y empezó su combinación de puñetazos y patadas. La bola invisible de energia de Vi comenzaba a desgastarse. A quebrarse. Otra vez Vi cayó hacía atrás con un tono seco, de cara. Esta vez permaneció en el suelo más tiempo antes de levantarse. Ambessa ajustó sus cadenas. Las espadas tendían a sus costados como rizos de metal. «Terminemos con esto, pequeña» dijo. Su plan era sencillo: un razor sharp a la garganta. Empezó a girar el sable. Vi se quedó quieta, respirando con dificultad, pero manteniendo la compostura. La espada giraba y giraba.
Hasta que descendió.
Vi se cubrió y su guantelete activó su campo de fuerza, brillando en un domo eléctrico azulado.
El cuchillo no pudo atravesarlo. Ambessa volvió a girar y a golpear, pero el campo seguía recibiendo los impactos, era un escudo de pura eficiencia. «Qué maravilloso es el hextec» Soltó Ambessa, regresando las espadas a sus manos.
Empezó a correr hacía Vi
¡¡Craaack!!
De un golpe, Ambessa resquebrajó el cascarón de luz con el mismo brazo que detuvo el puño de acero.
El mismo que ahora brillaba con una luz tenue.
El escudo de fuerza se volvió a regenerar (era luz petrificada) pero Ambessa volvió a quebrarlo con éxito, atravesandolo.
El escudo se restauraba y se quebraba. Repetía. Restauraba y se quebraba. Repetia.
Probo su punto, así que sacó la espada y dió contra la coraza de luz yendo más allá, alcanzando a Vi; que se cubrió por reflejo. El filo del cuchillo perforó el mecanismo del guante, y el escudo se desmorono como el agua. «Trucos de defensa contra el ataque perfecto» dijo antes de volver a atacar con la espada. Vi esquivó, por poco, el filo. Luego esquivó otro, y otro, cada vez mas cerca de tocarla con las hojas
Sskt
Retrocedió al percibir un corte en su cara. El filo había besado su mejilla. «Maldita sea» Dijo, la lluvia volviendo a caer sobre ella, como un manto triste de lágrimas.
«Vamos, niña, sorprendeme, así como sorprendiste a Caitlyn» Ambessa se gozaba cada instante. «No me digas que solo eres una cara bonita, que chiquilla tan básica». Vi se enfadó aún más, el espíritu de pelea aún seguía firme. «Si eso crees, dame tu mejor golpe, perra huarga» respondió con un tono amargo. No sabía que pretendía, pero sabía que quería superarla. «Acaso quieres impresionarme, entonces?» torció la mujer, queriendo dominar todos los puntos de ataque. «No: ¡Solo quiero aplastar tu cara contra el suelo!» gritó Vi, apretando los dientes.
«Eso sería una ironía» Ambessa empezó a mover sus cadenas con precisión. En esa danza de inagotable entrega. «¡Una estúpida ironía!»
La espada derecha dejó de dar surcos en el aire y descendió como un látigo, Vi esquivó; luego cayó la izquierda con el mismo impacto, también logró evadirlo. El polvo empezó a elevarse. En una coreografía mortal, Ambessa alzó ambas espadas y descendió las cadenas en una sentencia final, pero Vi se adelantó. Las espadas chocaron contra el suelo con un ruido seco, quebrando el pavimento y levantando el polvo cubriéndo a la boxeadora por entero.
Por unos segundos solo se escuchó la lluvia descendiendo, provocando charcos. Por unos segundos el mundo era un cuadro melancólico, sin vida a la vista.
Ambessa miró hacía el frente y su sonrisa, por primera vez, desapareció.
«Polvo de Piltover, que fastidio» susurró la pugilista, que tenía las cadenas agarradas, su cabello tan sucio como el aceite.
Apretó con todas sus fuerzas, y en una imagen que parecía sacada de una propaganda viral, Vi rompió las cadenas.
El grito que profirió fue estrepitoso. Sordo y enquistado, como de un animal herido. Remitiendo al grito que soltó cuando venció a Sevika en aquella taberna destartalada.
Ambessa la miró severa, soltando los restos de su arma como si soltara una colilla de cigarro. «El fuego de lucha aún sigue allí. Qué sorprendente» dijo mirando a la agotada contrincante con un deje monótono, como si estuviera recitando lo obvio. «Si, bueno, no jodas.» respondió Vi con un deje de cansancio. «Es una pena que tenga que matarte, porque me hubieras servido en la guerra» Continuó la regente, acercándose con paso seguro. Vi aprovechó el momento para emplear una táctica que le sirvió contra rivales duros: tomar aire. «¿Así es como consigues a las tropas? O te siguen por los antros hasta que les ofreces chocolatada?» Ambessa se masajeo el cuello ignorando la frase, y miró atrás, luego regresó su vista «Sabes, pequeña, lo que le dije a Caitlyn no fue una fábula: el mundo es demasiado difícil para que un círculo privado lo dirija. Por eso conté con ella: tiene sangre de metódica guerrera.» Se detuvo a un metro. «Pero tú eres otra cosa» siguió, Vi no la cortó. La escuchaba con claridad y, pese a la lluvia, se dio cuenta que se habían alejado del consulado: las torrecitas altas con banderas Noxus se desplegaban como el día patrio. Cuánto tiempo había pasado desde el inicio del asedio lo desconocía, pero Piltover estaba jodido. «No pareces... Tu carácter no es fuerte» siguió Ambessa con su particular talante «Lo estoy notando conforme más avanzamos en esta pelea» Continuó Ambessa apretando su puño, Vi se percató que tenía un objeto extraño en mano. Como un collar de cuentas con formas rectangulares que emanaban un brillo verdoso.
"Así que ahí está tu escudo", Pensó Vi.
«Peleas, pero no lo haces desde el honor, ni desde el placer; sino desde el dolor. Te duele todo» Dijo Ambessa
Vi abrió los ojos en plural
"¿Qué?"
Los pensamientos se le congelaron. El enigma naciendo y muriendo al mismo tiempo que la sonrisa de Ambessa se ensanchaba. «Las que luchan desde el sufrimiento... son mi placer culposo.» aclaró con una sonrisa profunda.
Vi tragó saliva.
Ésta zorra...
Por primera vez en todo el combate, su vacilacion se transformó en algo más. Empezaba a ondular su llama.
«¡Los de Noxus son unos brutos sin consciencia que destruyen a su paso!» espetó, escupiendo a su costado: «Son todos perros que se guían por lo que les dice su amo. No creas que no me sé las historias.» terminó con hiel y el pecho caliente.
La guerrera ladeó la cabeza, aburrida. Maldición, soltó un eslogan, lo sabe; pero tenía que creerselo: tenía que tener la convicción. De lo contrario esa mujer sacaría trapitos al sol. No podía permitir que siga leyendola.
Maldita zorra
«Si creyeras las tonterías que dices no hubieses adquirido el estandarte del lobo en tu chaqueta» Terció Ambessa «Es parte de Noxus»
Sintiéndolo mucho, era cierto. En el fondo Vi era una cartuchera de colores bordados por ese lugar; Un lápiz de Zaun con ojos color bordo. Noxus era la estructura más organizadas de su alma Zaunita. Después de todo, allí salían los guerreros más famosos. No temia a Noxus, pero sí a sus dirigentes. Luchar por conquista y mandar a la guerra era algo que no comprendería jamás.
Y esa mujer la estaba poniendo de los pelos.
Mejor atacar de una vez y parar el teatro:
«Yo también sé la fuente», se paró erguida. Ambessa la miró, más interesada, animándola a continuar. «Esa cosa que tienes en la mano atada es lo que te tiene hablando como una despechada, pensé que los perros luchaban con honor» dijo apretando sus manoplas. «Pero veo que son igual de cobardes que el resto». Ambessa sonrió, de verdad disfrutando el intercambio.
«Se lo que buscas, pero no te servirá» replicó «No voy a quitarme los amuletos. Tengo una misión, querida» terminó, tranquila. Ese Querida sonó tan fuera de lugar que Vi resopló con fastidio:«¡Entonces te lo destrozaré de un puñetazo!». Ambessa volvió a ponerse en guardia, con una sonrisa de ganadora «Demuéstramelo. Ya tomaste tu respiro: ahora ataca.» dijo en un tono bajo, retándola a superar sus expectativas. Vi odiaba aquello, su arrogancia era más pesada que sus puños. Deseaba apagar su voz de una vez por todas.
Cargó contra ella con un derechazo, reuniendo todas las fuerzas que le quedaba. Ambessa soltó un grito ondeando su mano otra vez contra el guantelete
¡PAAAM!
El choque de ambas hizo que la lluvia alrededor se dispersara un segundo por la onda expansiva. Vi miró a la mujer, sus ojos seguían siendo dos órbitas impenetrables, su mano en pulso. Sintió su brazo pesado. Muy pesado. Aguantó un suspiro; la manopla se había destrozado por la parte de los nudillos, donde había impactado el puño de Ambessa, el mecanismo hextec se hizo añicos. Sintió el peso del metal demasiado plomizo y tuvo que quitarsela.
Un clang metálico sonó por la zona. Kilos y kilos despojados en un instante.
Ambessa volvió a cargar de un empellon, luego dando puñetazo largo.
Vi recibió el impacto, luego otro. Contra-ataco con su mano buena y Ambessa esquivó y le dió un rodillazo en el estómago, empujandola hacía atrás. Quiso levantar la guardia pero Ambessa fue más rápida y la patada le dió de lleno, derribandola.
Cayó de nuevo.
Esputó sangre.
La esfera estaba a punto de romperse.
Vi la miraba, oscilando entre la furia y la resignación. Era como luchar contra una pared.
Si esto era una pelea de arena ya habría perdido.
Capturó el aliento. Sentía como su cara ardía al rojo y su estómago dolía como una puñalada. La sangre manando sin control de su nariz.
Gritó de dolor... El quiste aumentando, sin embargo no dejó que la sensación la consuma.
Subió un pie
Luego otro
Se levantó.
Usó el propulsor del brazo que arrancó un sonido de turbina y con el izquierdazo de la manopla arremetió violenta:
¡Thud!
Ambessa volvió a frenarlo en seco.
El choque género otra onda expansiva que alejó las gotas en un radio azúl eléctrico. El amuleto brilló con intensidad. "Sigues terca» soltó Ambessa. Se le iluminó el rostro con centellas azules de la energia hextec inestable del guante a punto de colapsar,
Hasta que se apagó
¡Clang!
Vi se quitó el guantelete y cayó con un sonido sordo.
Se quedó con las manos desnudas
Se puso en guardia
Y atacó.
Ambessa esquivó y dio un jab, luego otro, Vi los esquivaba con dificultad, hasta que una interceptó. Se le blanqueó la mente, su visión se volvió borrosa. Solo veía una sombra dispersa que daba golpes duros, que cada vez sentía menos.
Una,
Y otra,
Y otra,
Quiso escabullirse en su memoria, abrir la puerta de aquél cuarto, pero otro golpe la alcanzaba y la alejaba,
Se escabullo como pudo,
Se disuadió por un instante,
Rompió la puerta,
Pero no halló nada.
«No la recuerdo...» dijo mientras caía de espaldas. Su cara llena de moratones y cortes.
Ambessa exhaló aire y se tronó los nudillos.
«Me voy a permitir el gusto» dijo acercándose a ella. Soltó una risa ronca, estaba estasiada.
Vi sintió pánico.
«Qué estás... No, espera»
Su rostro era...
«¡Espera!»
Ambessa la tomo del torso y le aplicó un abrazo letal usando sus músculos para apretar con todas sus fuerzas
Un ojo de sangre traslucia en la esfera, como una luna roja que no cabía en la noche
¡Craaack!
La esfera se rompió
«¡¡¡Aaaaaaaarrhhhhggg!!!!»
Vi gritó como nunca lo había hecho
El fuego se apagó
«¡Suéltame! ¡Por favor!»
Ambessa gruñó como una depredadora que captura un cervatillo
«Aah ¿Sabes lo bien que se sienten tus gritos pequeña?, ojalá pudieses escucharte a la vez que te sientes, me encanta como rasgas tus cuerdas»
Apretó,
«Como hace hervir tu sangre»
Más fuerte
«¡Tu corazón!»
Todavía más fuerte
«¡¡Aaarggh!!»
Sintiendo el chasquido de sus huesos tronar, Vi suplicaba. Después de un rugido gutural de Ambessa, la liberó.
Vi cayó al suelo con un sonido seco, respirando con dificultad. Sus músculos comprimidos, al querer moverse la atrapó un dolor blanco
El mundo se le vino encima
Sus ojos se le humedecieron
«Mamá...» suplicó.
Ambessa la miró, con disfrute
Vi gateó, lejos de la mujer, que la miraba con ese fuego grisáceo. Quiso irse lejos, muy lejos, alejarse de ese muro impenetrable. De esa urraca que quería entrar y devorar sus entrañas. Pero no llegó muy lejos.
Ambessa la tomó del cabello. Vi volvió a suplicar.
Y a delirar.
«¡Vander! ¡Lo siento Vander!»
Ambessa la miró entretenida. «¿Es tu padre, verdad? ¿Te enseñó a pelear?» la soltó, y Vi siguió gateando, pero una contracción en sus abdominales la detuvo y cayó, sollozando.
Apretó los nudillos, sentía el sabor de la tierra y el metal de la sangre en sus dientes. Tenía el cuerpo castigado con finos surcos morados
y los sentía todos y cada uno.
Tosió hasta vomitar.
Luego soltó otro grito ahogado.
«¡Vander!» volvió a inquirir. «¡Fallé a Powder, a tí, Vander!, Ya no la recuerdo... ¡no la recuerdo!»
«Asi es la guerra, niña» replicó Ambessa que se acercó a la caída: «La gente muere. Tu madre. Tu padre. Todos murieron un día y tienes que sobreponerte, así son las reglas» se puso de cuclillas a unos centímetros de Vi y pensó en Mel, deseando que su hija también entienda. Miró al frente, como si notase algo entre los matorrales. La lluvia seguía cayendo. El sonido de fondo tomaba notas de un nuevo sabor. Algún animal se acercaba entre los árboles a espiar. El tiempo empezó a dilatarse. Apretó el amuleto y el leve destello esmeralda con el "shrink" asustó al animal –presumiblemente una corneja–. Ambessa tomo aire y exhaló. «Nadie quiere a los guerreros: es un camino lleno de sombras, gente como nosotras está destinada a estar por debajo, o por encima, pero nunca entre los demás. Solo nos toca las espinas.» continuo, respirando con normalidad, su deseo de lucha interrumpido por su hilo de sabiduría: «Se piensan que eres débil, por eso te subestiman, luego te subestimas y la palmas, porque así es como se resuelve. Cuando crees que eres lo que quieren, es cuando te dominan. El método de ¡Agrandar su sombra! para empequeñecer al resto. Qué típico.» volvió a mirar a Vi «De donde vienes casi todos fueron así, ¿verdad?... Ese tal Silco me suena como una mosca. Por eso estuvieron todos viviendo bajo su alargada sombra, y ¿qué pasó? La miseria les dejó en un estado lamentable, por temor al hombrecito más pequeño del mundo una nación quedó en las tinieblas. Conquista por subyugacion, ¡Patético!.» Pegó un puñetazo en el suelo para remarcar su enfado, Vi sintió las vibraciones debajo de sus dedos, su cabello se agitó brevemente y el polvo volvió a elevarse. No se podía negar que las manos eran un martillo como su mente. «El secreto es cortarlo. Así no habla, no responde, no reposa... solo es un eco que está detrás de tu oreja, sin cuerpo ni voz. Un pequeño bastardo. Se basa en dominar tus instintos, en dejar morir lo que ellos ven vivo. La conquista es sumisión. Encontrar lo que nos duele para arrojarnos en él.» Dio una pausa. El sonido de la lluvia seguía tiñiendo el paisaje de lágrimas, la guerra un calco de la tristeza, cada vez más apagada: Vi seguía respirando con dificultad, su mente era un atolladero, su corazón latía. Ambessa continuo: «Tú eres diferente... porque no te arrancas el dolor: Te lo tragas. Como un polluelo guarda sus huevos en una copa de un árbol, te lo dejas para tí hasta regurgitar. Allí los dejas y allí vuelves. Para tí, no existe mayor gozo que luchar para salir, y para mi, no existe mayor gozo que luchar para entrar.» Suspiró por un instante. Metió dos dedos en la tierra y sacó arena. Dejó que los granos se deslicen de sus manos, hasta volverse húmedo barro. «Soy demasiado áspera para los ritos de alcoba. Los morreos y los pétalos. La ley del cordero manso. pero tú...» Dijo mientras volvía a ver las pupilas que dilataban el temor, el miedo al desnudo. Vi ya no lo ocultaba. «Tú conservas tu lapiz labial y adoleces... con locura. Qué chica más intrigante. Por eso Caitlyn te mira con esos ojos de gata. Conquistas porque peleas con tu temor intacto y sales adelante. Ven eso como miel y atraídos como abejas van a tomarlo, a doblegar; pero no te dejas. Sabes responder. Tu corazón delator no es de piedra, está hecho de velos celestes. Con anhelante –e ilógica– voluntad» Vi escupió saliva y gruñó «Conmovedor» espetó Ambessa, sonriendo «Por eso te quieren como espectáculo, porque no pueden dejar de ver cómo te desgarras y te partes dejando el corazón en los puños.» Acercó lentamente su mano y acarició su mejilla hinchada, bajando por el mentón, Vi temblaba sin comprender nada. «La gente es cruel. Me siento parte de esa crueldad, pero no sin sentido. Admitir que es divertido me gusta, por eso dije que me gusta destrozar a gente de tu tipo. Entender lo que las mueve a pelear...» acarició su labio inferior «Ese recuerdo familiar o ese amor viril, o pétalo oculto en matojos. Es un placer. Si no estuvieramos en duelo, te haría parte del cortejo privado como concubina, con gusto» Vi gruñó apartando la cara, su espalda en cardenales sintió los latigazos. «Arrrgghh». Se alejó unos centimetros. Se arrastró a gatas cayendo por su peso. Temblaba. Ambessa la siguió con la mirada «Si te sigues moviendo te dolerá, tienes la espalda en carne viva. No lo notas por el rocío, pero dejará marca. —Vi cayó, su respiración frenetica. No paraba de pensar en sus amigos, en Caitlyn, en Jinx. ¡No, no, no, NO!—. «Es fascinante. Tu amor es una distracción muy clara y pensándolo, tu sino se ensucia, pero tu voluntad le da otro tipo de valor, otro cultivo más sagrado». «El placer para mí es una repartija, que se reparte entre el pan de la guerra y el de la paz. Un interludio. La espera de la siguiente gran escaramuza y otros mil ejemplos de sexo. Mel es alérgica a todas estas cosas, por eso eligió el camino del zorro, esa chica escurridiza... Sumisa en el arte de la seducción, y sensible al dolor, pero desconectada de su deber» Ambessa gruñó ante esa idea «Solo quiero que sepa pelear de una vez... Que aprenda el método del lobo, para que esté completa.»
Los gritos de Vi le quitaron la ensoñacion:
«Por qué... ¿¡Por qué me cuentas todo esto!? por favor no... ¡Basta! Por favor... déjame Irme»
La tomó de sus mejillas como una tenaza, el dolor de su mandíbula le llegó hasta la cien, su impotencia creciendo a mares.
Lloraba, como Powder el fatídico día que ella tomó su rostro
La misma mirada de anhelo,
pero esta vez no fue por buscar perdón,
sino la puta y jodida razón de que todo acabe de una vez
«¿¡Acaso escuchas lo que digo!? Te estoy diciendo que te voy a dar una última oportunidad porque me pareces una ternura. Una manzana muy jugosa para dejar que se pudra» terminó y le dió otro golpe. «¡Espabila!»
Se alejó un poco mientras flexionaba sus brazos. Vi respiró confusa y frustrada, se secó las lágrimas y se levantó con dificultad, su confianza perdida en el barro.
«Muestrame lo que tienes, o muere» retó Ambessa con su aire resuelto.
Siempre resuelto.
Vi se puso en guardia y recibió los golpes de Ambessa sin defenderse. Muy confundida para subir la guardia.
«Sigues atajando los golpes con la cara» escuchó de repente. Con un eco sordo por el dolor. Se centró mecánicamente en el combate. Golpeó sin convicción, pero con potencia. Consiguió conectar un jab en la mandíbula de Ambessa y ella sonrió. «No eras una batalladora de arena? Eso es todo lo que tienes?» dijo y dejó que le diese otro puñetazo, más duro. Luego otro, y otro hasta que Vi se cansó y retrocedió.
Ambessa escupió sangre. «Qué pena» dijo y agarró la nuca de Vi y le dió de lleno en la cara, ya demasiado magullada. Vi escupió un hilo rojo más grande. No sabía cómo aún seguía de pie.
«Lo siento» escuchó a alguien gritar al fondo de su mente
«¡No me dejes violet!» la figura que tenía delante se transformó en el cuerpo celeste que poco a poco adquiría forma.
No vió nada más.
«Suficiente diversión» concluyó Ambessa: «Hora de acabar esto» Apretó su puño con el amuleto. Con todas sus fuerzas, cargó contra Vi, que seguía quieta y con la mirada perdida. El puñetazo fue directo a su mandíbula
Todo se volvió un mar negro
Entonces Vi levantó el puño
¡Crack!
El puñetazo de Ambessa chocó con sus nudillos
La sangre caía como un cáliz desbordante
Ambessa miró su puño intacto, Vi tenía destrozado el suyo
Por segunda vez, la sonrisa de Ambessa desapareció
«Qué demonios...»
Los ojos de Vi la volvían a mirar.
Ambessa lo notó
En sus ojos, la determinación.
La flama volvió a prenderse con una fuerza renovada
y un color distinto.
«Esto es lo que querías...» dijo Vi, con una voz fría, contenida.
Ambessa retrocedió su brazo y luego volvió a arremeter. Vi recibió el impacto con el torso,
el choque rompió sus costillas,
Escupió sangre,
Pero no se detuvo
Ambessa gritó al sentir en su cuello el filo del dolor,
Vi le había mordido la clavícula de manera feral.
Con un empellon usando todo su cuerpo Vi la tumbó, y en el suelo le empezó a desencadenar puñetazos
Uno, dos, tres, cuatro
Sin parar
Diez, once, doce, trece
Sus nudillos se llenaron de marcas oscuras
Se puso de pie y se alejó arrastrando sus pies. El peso de su vida pendía de un hilo y sintió todo más liviano. Tomó el guantelete roto, con una fuerza incomprensible
Ligero como pluma
"Si la mano es débil, el poder es débil"
Ambessa vio como Vi se ponía el guante.
Y lo levantaba.
El metal muerto no sabía cuantos kilos pesaba, cuántos eran elevados por esa condenada niña.
Vi se acercó a ella, que se estaba poniendo de pie, desorientada.
Por primera vez en un tiempo no estaba segura
Por primera vez en muchas décadas no supo que pensar
Vi le encajó un puñetazo directo.
Ambessa cayó de nuevo. Vi se puso encima y le dió otro impacto. Ambessa se cubrió con el amuleto, pero Vi la apartó con su mano rota
Y volvió a golpear
«¡Esto es lo que querías!»
Pieza a pieza
¡PAM!
Nariz,
¡PAM!
Boca,
¡¡¡PAM!!!
Dientes,
¡¡¡PAM!!!
Ojos,
Mejilla,
mandibula,
¡¡¡PAM!!!
Pieza a pieza
El rostro de Powder regresó a su mente
¡¡¡PAM!!!
Con una sonrisa reluciente
...
«¿Qué te parece? Sé sincera».
Powder sostenía los pliegues del vestido verde como una dama mientras daba una vuelta, aunque debajo tenía su blusa de tirantes oscura y las botas grandes que solía llevar.
Violet se frotó el rostro.
«Bien, supongo» dijo con un tono apático.
Tenía muchas ganas de irse.
Vi había visto esta casa derruida cerca del acantilado en uno de sus viajes y pensó que sería buena idea ir a inspeccionar sus baratijas. Vander dijo que sería buena idea que llevase a su hermana "así se divierten".
En el cuarto del lugar (acabado por el fuego que lo consumió) estaban las cosas de valor, la zona era de madera mohosa, parecía el camastro de un barco. Las chicas se quedaron prendadas por los relicarios, una vez tomado el botín ya no había nada que hacer allí, pero el vestido verde esmeralda, algo carcomido por las polillas, llamó la atención.
Al menos de Powder.
«No estás siendo sincera» reprendió la niña.
«Es que no es lo mío» dijo, mientras seguía mirándola, cada vez con más extrañeza. Bajo su opinión lucía como una muñeca demacrada. «Y tampoco es lo tuyo» concluyó.
«Bueno, lo intenté» dijo suspirando y se quitó el vestido. «Algún día me veré bonita y podré usarlos de verdad» dijo resuelta mientras sacaba un fibron del bolsillo y regalaba a su bomba una nueva ceja «Solo necesito maquillaje» terminó y miró a su hermana con una mueca «Y tú también» dijo y acercó el lapiz a la cara de su hermana, Vi ladeó los ojos «Si tú lo dices...».
Powder se alejó tomando su mochila, y Vi se quedó mirando el vestido una última vez.
Se fijó en el espejo.
Sonrió.
«Algún día»
...
Cuando hubo acabado el rostro de Ambessa era un manojo irreconocible de cartílagos y piel. Una gran mancha roja en el suelo. Su amuleto brillando en su brazo como única prueba de que alguna vez había sostenido la vida.
Vi no recordó cuando cayó de cara. Sintió el sabor de la grava. La lluvia en algún lugar penetraba su piel.
Su cuerpo le ardía.
«Por fin la recuerdo»
El fuego era verde esmeralda
Y azúl.
"Eres el pilar, las manos de Piltover"
Tenía los nudillos destrozados y una muñeca rota. Soltó una risotada amarga.
«Piltover se puede ir al diablo» concluyó.
Con un ritmo lento comenzó a arrastrarse, hacía arriba. Hacía Caitlyn.
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